Prefacio
Suspiros, gemidos, pieles chocando, olor a sexo y a deseo. Una habitación puede ser testigo de demasiado, las paredes mudas guardan secretos y sonidos. Una buena compañía es más que suficiente para pasar un buen rato, y si de sexo se trata, mucho más.
—Acaba de abrir tus piernas para mí, Jimin. —Apretó y amasó el trasero entre sus manos.
—Te he dicho demasiadas veces que que me hables con más respeto, Jeon —dijo, imitando la misma acción con una de sus manos.
—Sé que te encanta oír tu nombre en mis labios, al igual que tú sabes cuánto me excita que me llames por mi apellido. —Le mordió el labio
—Tengo que disciplinarte, cariño. —Aceleró el vaivén de su mano libre en la gruesa erección de su amante, sacándole un jadeo—. Aquí, yo tengo el control.
Jimin agarró la muñeca de Jungkook y, sin importar la diferencia de estaturas, pudo voltealo con facilidad y dejarlo con la mejilla pegada a la pared, totalmente a su disposición. Mordió el lóbulo de su oreja, le besó la nuca y presionó su erección contra el trasero expuesto, frotándola entre ambas nalgas. Jeon gimió de placer, el calor de ambas carnes rozando era embriagante.
—¡Joder! Eres demasiado sexy. ¡Déjame follarte, Jeon! —le susurró al oído—. Cede. Cede y te llevaré al cielo y más allá.
Jungkook aprovechó el debilitamiento en el agarre en su muñeca producto a la creciente excitación contraria, y se volteó. En ágiles movimientos llevó a Jimin hasta la cama, ganando territorio con besos apasionados que poco a poco los dejaban sin aliento. Le sostuvo ambas manos por encima de la cabeza, liberó sus labios y descendió en un camino de besos hacia su pezón, donde succionó con maestría y mordió con deseo, haciendo al profesor arquear la espalda y gemir.
—¿Quién tiene el control ahora? —sonrió con suficiencia. Un sonrojo tiñó las mejillas de Park, demasiado tentador a ojos de Jungkook, llevando más sangre a su pene—. ¡Cede tú, joder! Te follaré hasta que pierdas la voz por gritar mi nombre. ¡Cede, y te mostraré qué tan tentador puede ser el infierno!