Prólogo.
Prologo:
Jeon Jungkook, o mejor conocido por Dong-soo, era uno de los nombres más conocidos en el país, y porque no también en el continente asiático, muchos hubieran preferido ser conocidos por distintitas maneras, pero Jeon Jungkook adoraba que se lo conociera por ser el jefe de la mafia mas poderosa del mundo.
Tenia poder, riquezas, armas, drogas y todas las propiedades que se le antojaba tener.
Jungkook se caracterizaba por ser un ser despiadado, cruel y sin corazón, asesinaba a sangre fría a cualquier pobre idiota que se pasara de la raya, cada persona que osaba desafiarlo prefería suicidarse, o si quiera una muerte rápida y sin dolor, nadie en su sano juicio prefería morir en manos de Jeon, sus torturas eran tan crueles que sus victimas suplicaban la muerte, y nadie pudo vivir para contarlo, porque cuando entraban a esa habitación oscura con el señor Dongsoo, no salías con vida.
Jungkook no había tenido una vida sencilla, más allá de criarse en una familia de escasos recursos, un padre ladrón, una madre alcohólica, y sus hermanos drogadictos, Jungkook se aventuro en las calles sin ningún destino aparente, las ganas de vivir no existían en su mente, las ganas de progresar, de ser alguien bueno, o ser amable con alguien, no estaban en su diccionario.
A Jungkook no le importaban las personas, no le importaba la cantidad de veces que su madre desapareció de casa y volvía a los dos días luego de que la policía la encontrara en una zanga, desmayada por la cantidad de alcohol en el cuerpo. O cuando su padre llegaba drogado hasta las trancas y golpeaba a su madre, o a sus hermanos. Su padre jamás llegó a golpearlo, pues cuando veía su estado, él simplemente saltaba por la ventana de su habitación y se perdía en la ciudad por días enteros, para cuando volvía a casa, los efectos de la droga ya habían abandonado a su padre, su madre seguramente tirada en algún lugar de la habitación y sus hermanos, bueno, no tenia idea de donde se escondían.
El crecer sin amor brindado por algún miembro de su familia, el no tener educación en una buena escuela, el no tener valores, principios o si quiera cultura Jungkook se dejo llevar por la vida y por lo que esta le ofrecía. El no seguía ordenes, jamás obedeció a nadie que le impusiera un mandato, y por ende pasaba la mayoría del tiempo acorralado en algún callejón siendo golpeado por alguna pandilla.
Una noche como cualquiera, cuando llego a casa luego de dos días de ausencia se encontró está rodeada de policías y ambulancias. Al principio no se acercó, pues suponía que alguien había denunciado a su padre por el consumo y venta de drogas, o quizás a sus hermanos por robar algo, lo que no se espero fue enterarse mediante los vecinos que su padre había llegado loco a su casa, drogado hasta la sangre y asesino a su madre y a sus hermanos, para luego suicidarse, que cobarde.
No le dolió. Jungkook no lloró, ni mucho menos se lamentó, simplemente se quedó sentado en la escalera de su casa, sin expresión alguna; porque su corazón estaba tan frio y marchitado que no le importo la muerte de su familia, no le importo saber que a partir de ese día estaba solo, con tan solo quince años de edad, no tenia familia ni a nadie a quien acudir, pero vamos, jamás lo tuvo, ¿Por qué lamentarse ahora?
Como supuso, el gobierno decidió que al ser menor de edad lo mandarían a una casa de acogida, donde si tenia suerte una familia lo adoptaría, pero Jungkook no era tonto, sabia que las personas que querían un hijo no querían uno de su edad, si no un bebé al cual poder inculcarse buenos sentimientos, Jungkook no tenia eso, y no estaba dispuesto a demostrar lo contrario.
El orfanato no era tan horrible como su casa, había comida todos los días, como también desayuno y cena, tenia un baño en su habitación, que, aunque compartía lugar con dos niños más, el lugar era tranquilo. Tenia su propia cama y cada sábado pasaba una anciana para cambiar las sabanas.
Shi era el nombre de la directora del orfanato, era una mujer mayor, que raramente era una mujer amable, tierna y muy delicada, trataba bien a todos los niños del lugar y solía engañarlos diciendo que, si se comportaban, les daría premios. Los premios, eran el postre, comúnmente era helado, pero en un mundo de mierda en el que vivían esos niños, era el mejor premio del mundo.
Jungkook nunca recibió uno, porque jamás se intereso en portarse bien. Recibir y no recibir, era la misma estupidez.
Los primeros días, habían sido duro para la mayoría de los niños, de por si entrar a un lugar como ese era un infierno, y encima tener que aguantar las palizas de los niños mayores con el propósito de “demostrar quién manda” era una mierda. Pero una vez mas, para Jungkook no lo fue. Porque cuando esos cinco niños lo encerraron en los baños de la cafetería para golpearlo, terminaron esparcidos por el suelo, con golpes en el rostro, cortaduras de labios, narices por donde chorreaba abundante sangre y el orgullo y ego por el suelo.
Jungkook no era cualquier niño, Jungkook no temía a la muerte, no le importaba morir, porque creía ciegamente que el infierno estaba en la tierra y no podía existir un sitio peor.