Saboreando lo Prohibido • kookmin

Summary

En el planeta Talus, cinco niños fueron entrenados para ser lo último en máquinas de matar para el Imperio Constantino. Crecieron aprendiendo a ejecutar a un hombre de cien maneras diferentes. Ellos son el arma secreta del Imperio contra los Merodeadores. Jeon Jungkook y su unidad han sido asignados para cazar a lo peor de lo peor. La galaxia Zarino está por celebrar del mayor tratado de paz que el universo ha visto y no quieren que nadie altere el delicado equilibrio. Park Jimin es humano, considerada la especie más baja de toda la galaxia. Sorprende a la mayoría que él tiene una posición como técnico. Cuando el almirante asigna a Jimin a la unidad de Jungkook, Jungkook sabe que está en problemas. Desde la primera vez que puso los ojos sobre Jimin, Jungkook ha estado dominado por la lujuria. Lástima que será asesinado si alguien se entera, porque para Jungkook, ser gay es un delito, penado con la muerte.

Genre
Romance/Erotica
Author
Rubi
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
4.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo Uno


Jeon Jungkook trató de impedir que su labio inferior temblara mientras era escoltado fuera de la enorme nave y llevado a un edificio blanco que le recordaba a un monstruo gruñendo. No conocía este lugar y quería ir a casa.


Pero sabía que no podía. Su enfermera le había dicho que era especial desde el día en que nació. Pero en este momento, Jungkook no se sentía tan especial. Su corazón latía salvajemente en su pecho y él estaba un poco mareado, pero nada especial.


El guardia lo condujo a una habitación con camas de acero que contenían colchones delgados. Mientras miraba alrededor, vio a un niño de cerca de su tamaño de pie junto a cada una de las camas, excepto una.


Jungkook fue dirigido a la litera solitaria en el final y le dijeron que se quedara allí hasta recibir más órdenes. La voz del guardia era áspera y hostil, haciendo que Jungkook obedeciera al instante por miedo a lo que el hombre podría hacer.


Eso no le impidió seguir mirando por el largo pasillo que iba desde un extremo de la habitación al otro. Tampoco le impidió contemplar a los otros niños pequeños que parecían tan asustados como él.


Jungkook quería volver a la guardería donde había estado viviendo desde que fue traído a Talus. No era muy agradable, pero al menos conocía a la enfermera que cuidaba de él. No conocía a los hombres imponentes que custodiaban las puertas. No le gustaba la forma en que estaban vestidos de negro como si ningún otro color en el universo existiera. Hizo que los guardias parecieran hombres del saco cobrando vida.


—¡Atención!


Jungkook parpadeó. Él sabía que esa orden significaba algo, cuando los soldados se pusieron tan rectos que parecía que le dolía. Lo que significaba, sin embargo, Jungkook no tenía ni idea.


Un hombre alto y moreno entró en la habitación y Jungkook sintió como si no pudiera respirar. El hombre estaba tan al mando que él sólo podía mirar con asombro.


—Mi nombre es Draven Wootnon —dijo el hombre mientras estrechaba las manos detrás de su espalda y empezó a pasear lentamente por el pasillo—. Recuérdenlo.


Jungkook tragó con fuerza, sintiendo las lágrimas amenazando con derramarse cuando los ojos de color marrón oscuro se posaron en él.


Rápidamente se dio la vuelta y miró al frente, rezando para que la poderosa fuerza del hombre no lo seleccionara. Draven era alto, musculoso, y si Jungkook no se equivocaba, olía extrañamente como el gato que había tenido antes de ser enviado aquí. Banji había sido un gato atigrado, suave y adorable. Jungkook sabía que este hombre no lo era.


Su lobo gimió y Jungkook quería cambiar, correr, huir de ese lugar aterrador. Pero él tenía cinco años y ya era hora de comenzar su entrenamiento. Eso era lo que su niñera le había dicho. Ella le dijo que se iba a Talus para aprender cómo ser un gran y respetado hombre.


Sin importar lo que pasara, Jungkook estaba decidido a hacer que su enfermera estuviera orgullosa de él.


—De hoy en adelante, cualquier conexión que tenían con su anterior vida ha terminado. Estos hombres son sus hermanos. Este cuartel es su casa. Yo soy su instructor, su entrenador. El incumplimiento de una orden o no sobresalir en su entrenamiento será motivo de castigo inmediato. Continúa el fracaso y se les enviará a casa. Van a llevar la vergüenza arruinándolos por el resto de su vida.


El hombre hizo una breve pausa para mirar a cada uno de los niños pequeños. Sus ojos estaban evaluando, como si estuviera midiendo el valor de cada niño de pie allí.


Jungkook quería hundirse en el suelo cuando el hombre lo miró. Parecía como si Draven lo miraba con esos ojos penetrantes sólo un poco más de lo que él se quedó mirando a los otros niños.


—De aquí en adelante —Draven dijo cuando se iba— aprenderán cómo convertirse en los hombres más temidos en el universo. Comerán, dormirán y respiraran su entrenamiento hasta que se conviertan en mortíferas máquinas de matar. No espero nada menos. Exijo nada menos. En el momento en que sean liberados de mi cuidado, serán un Casta de Asesinos.


Jungkook sabía que tenía que mantener la boca cerrada. Incluso sus enfermeras le habían dicho que su curiosidad sería su final. Él simplemente no podía evitarlo. Quería saber las respuestas sobre a las cosas que pensaba.


Entonces, él levantó la mano.


—¿Señor?


—¿Tienes una pregunta, Jungkook? —Dios, el hombre ni siquiera se dio la vuelta.


¿Cómo había sabido que Jungkook estaba hablando?


Se tragó su nerviosismo, aunque entrelazó sus dedos juntos, rezando para que el hombre no lo castigara por su curiosidad.


—¿Qu-que es un Casta de Asesinos?


La fría sonrisa en el rostro de Draven, cuando el hombre se volvió, fue suficiente para que Jungkook deseara haber permanecido en silencio.


Rápidamente tiró de su mano hacia abajo y bruscamente giró la cabeza para mirar al frente, su pecho agitado por el miedo. Los ojos oscuros de Draven brillaron con algo que Jungkook nunca había visto antes y nunca quería volver a ver.


—Las cosas de las que están hechas las pesadillas.




Jungkook gruñó mientras su oponente consiguió otro golpe de suerte en las costillas y una descarga eléctrica le atravesó el cuerpo. Los bastones eléctricos dolían como una perra. Los extremos de los bastones estaban amortiguados pero eso era sólo para que no rompiera la piel. El amortiguador no hizo nada para mitigar el dolor. La descarga eléctrica fue casi suficiente para derribar a Jungkook fuera de sus pies.


—¡Mantén tu arma levantada, Jungkook! —una voz fuerte le gritó—. No bajes la guardia así.


Jungkook gruñó ante la reprimenda. Había momentos en que odiaba a su instructor. Él sabía que Draven estaba allí para enseñarle, y Jungkook respetaba eso, pero el hombre no le estaba diciendo nada que no supiera ya.


Él fue golpeado porque no había seguido los conceptos básicos de combate. Jungkook había calculado mal cuando su oponente fingió ir a la izquierda en vez de siempre esperar lo inesperado. Su nivel actual de dolor era toda

culpa suya.


Cuando su oponente fue para otro golpe de costilla, Jungkook contrarrestó el movimiento, bloqueo el bastón con el suyo, luego balanceando el extremo hacia abajo para conectar con el estómago de Logan. Jungkook se estremeció cuando Logan gruñó y cojeó hacia atrás unos pasos. Empezó a disculparse, pero se contuvo. Draven tendría su cuello si Jungkook hiciera algo que podría ser percibido como débil.


Un timbre fuerte sonó, indicando el final de la sesión de entrenamiento. Jungkook retiró su arma y se inclinó ante su oponente. Si esto hubiera sido un verdadero campo de batalla, no habría dejado de luchar hasta que su enemigo estuviera muerto. Como se trataba simplemente de entrenamiento, él amablemente agradeció a Logan por una buena pelea. Además, él no quería a Logan herido. Tenían un juego de dados previsto para más adelante.


Draven pasó por delante de los hombres.


—Agarren sus almuerzos y reúnanse conmigo de nuevo aquí.


Jungkook tenía un brinco adicional en su paso mientras seguía las órdenes de Draven y se dirigió a tomar su almuerzo. Amaba la hora de comer sobre el campo de entrenamiento. Era la única vez que Draven se sentaba y, de hecho hablaba con ellos, respondiendo a sus preguntas sobre el mundo que los rodeaba.


Después de haber servido en muchas de las guerras, Draven estaba bien versado en lo que tenían que esperar una vez que Jungkook y los demás fueran soltados en la sociedad. Con los años, Draven les había enseñado cosas que no estaban en sus planes de formación, cosas que el entrenador sentía que necesitarían para mantenerse con vida.


Nada de esto era sancionado por el Imperio Constantino, y de hecho, Draven podría verse seriamente castigado si sus superiores alguna vez aprendían los fragmentos de sabiduría que había pasado a sus hombres.


Jungkook y los otros reclutas nunca habían estado fuera de Talus desde que fueron traídos aquí a la edad de cinco años. No tenían idea de lo que había más allá del planeta. El Imperio esperaba que ellos se desempeñaran como drones Asesinos, sin hacer preguntas, sin pensar consciente para nada excepto sus misiones.


Pero Draven parecía que quería que los hombres mantuvieran una parte de su humanidad. Él les enseñó cosas como las costumbres extranjeras y la filosofía. Él hablaba con ellos sobre los asuntos del corazón y lo que se sentía al tener una mujer en los brazos.


Jungkook no le había dicho a nadie que se encontraba interesado en hombres en lugar de mujeres. No es que no encontrara a las mujeres atractivas, pero su corazón golpeaba cada vez que él puso sus ojos en un hombre hermoso.


Desde que su nacimiento se registró en Synia, a Jungkook se le prohibió bajo la ley de Synian participar en una conducta homosexual. Esto había sido decretado por el rey Arador, gobernante de planeta de nacimiento de Jungkook. A pesar de que se había criado en Talus, se le exigió a todos los reclutas que acataran las leyes de su planeta registrado.


Así que guardaba sus sentimientos y deseos para sí encerrados del universo. Eso hizo que llevara una existencia muy solitaria. Pero ¿qué esperaba?, él estaba siendo entrenado como un Asesino. No habría espacio para el amor o cualquier tipo de relación, legal o de otro tipo.


Jungkook agarró su bolsa junto con el resto de los chicos en su manada de entrenamiento. Todos ellos habían tenido cinco años de edad, la edad de reclutamiento, cuando habían empezado esto. Ese no fue el día en que fueron sacados de sus planetas de origen. Eso había sucedido el día en que nacieron. Su quinto cumpleaños fue justo el día que su entrenamiento militar había comenzado.


Ahora, a la edad de dieciséis años, Jungkook aún no había descubierto la manera de que cualquier madre podría dejar a su hijo después del parto.


Había dejado de hacer hincapié sobre esa pregunta hace mucho tiempo, aunque el pensamiento siempre se aferraba a la parte posterior de su mente.


Mientras corría, Jungkook chocó hombros con Namjoon. Se apresuró a regresar al roble donde Draven estaba sentado comiendo su almuerzo, tomando asiento con los restantes miembros de su manada, Logan, Namjoon, Hoseok, y Taehyung.


Los cuatro chicos no sólo eran miembros de la unidad de Jungkook, sino sus mejores amigos. Comían, se duchaban, dormían, y entrenaban juntos. Había crecido para amar a cada hombre como un hermano. Eran como una familia para él.


-Muy bien, muchachos -Draven dijo mientras apretaba su espalda contra el árbol y alzó la mirada hacia los brillantes soles gemelos- ¿De qué estábamos hablando de la última vez?


Jungkook levantó la mano derecha junto con los demás, cada uno de ellos con ganas de ser llamado por su instructor.


—Jungkook.


—Usted estaba hablando sobre las guerras y cómo teníamos que mirar hacia el pasado para entender mejor el futuro.


—Muy bien —Draven asintió mientras mordía un pedazo de fruta—. Mucho de lo que se ha aprendido a través de la destrucción de mundos es olvidado rápidamente cuando surgen nuevos conflictos. La gente se olvida de la muerte y la destrucción y los seres queridos que dieron sus vidas para proteger a aquellos que les importaban. Incluso los guerreros que valientemente lucharon y murieron son olvidados cuando una facción decide atacar a otra.


—¿Vamos a ser olvidados, Draven? —Preguntó Logan.


—Con el tiempo, sí, al igual que yo seré olvidado.


—Nosotros no lo olvidaremos —Jungkook insistió. Draven podría ser muy exigente, no aceptar la pereza o aflojar en su formación. Pero Jungkook vio al hombre como un mentor, una figura paterna. Él simplemente no compartió ese último sentimiento con nadie.


—Oh, lo harás, muchacho —Algo brilló en los ojos de Draven—. El tiempo pasará y te convertirás en el Casta de Asesinos que estabas destinado a ser. Irás a tantas asignaciones que no vas a tener tiempo para recordarme.


Jungkook casi se cruzó de brazos cuando un pequeño enfurecido incendio se encendió dentro de él. Se negó a creer que él olvidaría Draven.


—Está bien, Jungkook —Draven dijo como si supiera exactamente lo que estaba pensando Jungkook. Él hizo eso mucho. Jungkook y los otros tenían una apuesta permanente que Draven podía leer la mente—. Es menos importante que te acuerdas de mí y más importante que recuerdes las cosas que te he enseñado.


—¿Esa es la única razón por la que se supone que debemos recordar el pasado, Draven? —preguntó Logan—. ¿Para qué no olvidemos a los que han luchado y muerto?


—Sí y no —Sonrió Draven cuando todo el mundo se sentó allí y se quedó mirando al hombre—. Si recordamos las cosas del pasado, lo bueno y lo malo, entonces podemos construir un futuro mejor. Y sólo comprendiendo los acontecimientos del pasado podemos asegurarnos de que la historia no se repite.


—¿Cosas malas, Draven? —Preguntó Namjoon—. ¿Qué cosas malas?


—Hay muchas cosas que se hicieron en nombre de la libertad, en nombre de la victoria, tanto dentro como fuera del campo de batalla, cosas que eran horribles y nunca deberían permitirse que vuelvan a suceder. Los antiguos Terrains mataron a personas por millones durante una de sus guerras planetarias. Ellos experimentaron en sus ciudadanos como si fueran menos que animales y todo se hizo en nombre de la ciencia y ganar su guerra. Sus guerreros proclamaban a todos que simplemente estaban siguiendo órdenes. —Draven señaló a cada uno de ellos, mirándolos directamente a los ojos de uno en uno— Y eso es lo que ustedes necesitan recordar, muchachos. Si ustedes no conservan su humanidad, no serán nada más que una máquina de matar.


Las palabras de Draven contradecían el propósito para el que los estaban entrenando. Jungkook recogido en eso. No estaba seguro de si Draven estaba tratando de decirles algo, advertirles.


Logan golpeó su hombro y sonrió. Jungkook rápidamente se olvidó de lo que estaba pensando y disfrutó el resto de su almuerzo.




Jungkook niveló a su respiración, metiendo aire a sus pulmones y luego dejándolo ir. Cada vez que inhalaba, él desaceleró su pulso hasta que su corazón era casi indetectable.


Recuerda tu entrenamiento. Rápido, conciso, sin problemas, sin desorden.


A pesar de que Jungkook había pasado trece años preparándose para esto, no pudo evitar que sus palmas sudaran. Los nudos en su estómago no ayudaban tampoco. Tenía dieciocho años ahora, estaba listo para su primera misión. Al menos eso era lo que pensaba Draven. Todavía estaba por verse.


Empujó la ansiedad a un lado, cerrando una tapa hermética en ella mientras se deslizaba entre las sombras, cada paso afilado con precisión.


Sus movimientos eran silenciosos, una mera agitación en el aire. Jungkook escaneó cada centímetro de su entorno, a sabiendas de que el peligro estaba siempre presente, siempre pendiente. Así era él.


Su objetivo estaba sentado en una cabina en la parte posterior de una taberna de mala muerte, rodeado de otros hombres. Llegar a él no sería fácil. Dejarlo con vida sería aún más difícil.


No pienses demasiado esto.


Esta misión podría hacerlo o romperlo.


Regresar a casa con su misión completada aseguraría que él tomaría su lugar entre los otros en su manada como un verdadero Casta de Asesinos para el Imperio Constantino.


De regresar a Talus con su objetivo todavía vivo significaría que Jungkook sería avergonzado delante de la gente que lo era todo para él, sus compañeros Asesinos, sus hermanos.


Él no fallaría.


Él no podía fallar.


Jungkook había aprendido todos los medios para eliminar a un objetivo. No tenía ninguna duda de que él sería capaz de eliminar al hombre con la menor cantidad de alboroto y escabullirse en la oscuridad. Jungkook se sentó cerca de su objetivo, recostándose en las sombras.


Las luces de la húmeda taberna eran lo suficientemente bajas que si alguien miraba en su dirección, no serían capaces de distinguir su rostro. E incluso si lo hicieran, gracias a su disfraz recordarían a un anciano con una gran nariz bulbosa y una cicatriz sobre un ojo. Sus oscuras ropas estaban sucias y deslucidas, con olor a hollín y metal quemado de la fábrica local.


No era más que un hombre oprimido relajándose de un día triste trabajando en la fábrica con los demás habitantes de este planeta apartado en el borde de la humanidad.


Cuidadosamente para mezclarse en su entorno, Jungkook bebió de la cerveza en la jarra. Era la primera vez que había bebido alcohol y encontró el sabor intrigante. Si él no hubiera estado en una misión, habría pedido otra. Pero él no estaba aquí por placer. Había llegado el momento. Jungkook se levantó y agarró la jarra de cerveza de la mesa. Él deslizó el cuchillo escondido en su muñeca en su otra mano. Su ritmo cardiaco se aceleró ligeramente sabiendo que éste era el momento de la verdad.


Se tambaleó por el suelo, fingiendo estar borracho mientras se dirigía hacia la puerta.

En el momento adecuado, Jungkook deliberadamente tropezó en la mesa frente a su objetivo. Su cerveza salpicó a uno de los hombres que estaban sentados allí. El hombre enojado sobre el que había derramado la cerveza se puso de pie, le gritó, y lo empujó hacia su objetivo.


Jungkook se aseguró de que se tambaleaba en la mesa de su objetivo, riendo y derramando su cerveza de nuevo mientras deslizaba el cuchillo en el muslo del hombre que debía matar allí, cortando la arteria femoral otro golpe rápido entre las costillas perforó un pulmón. Los ojos del objetivo se abrieron como si acabara de darse cuenta que iba a morir y no podía hacer nada para impedirlo. Jungkook se tambaleó hacia atrás, balanceando su taza hacia atrás, cerveza volando por el aire. Deslizó su cuchillo en su escondite y se dio la vuelta, tambaleándose entre la multitud y por la puerta antes de que alguien se diera cuenta de que acababa de matar a un hombre y completó su primera misión.