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— Está precioso.
Suspiré.
Mis Tardes eran desperdiciadas en el aula del colegio, solo para verle resolver los cálculos de Física. Suspiraba lentamente, pues mi corazón palpitaba tan rápido que las ganas de llorar se acumulaban, y no precisamente saldrían mojados mis ojos.
¡Era tan inteligente!
¡Tan Aplicado!
¡Tan responsable!
¡Tan Aburrido!
Realmente mi tipo.
Me acerco hasta su pupitre, el cual estaba frente a la pizarra, pues el chico sufría de miopía o algún problema de vista.
Inclino mi cuerpo para levantar el lapicero que accidentalmente deje caer al suelo, haciendo que mis bragas rositas aparecieran entre mis muslos.
— Disculpa ¿Es tuyo? — Deje la pluma en el pupitre, e incline mi cuerpo hasta este
El dirigió su mirada a mi y levanto una de sus cejas, me sentí un poco avergonzada, pues no parecía una mirada dulce
— ¿Quieres que sea mía?— dirigió su vista hacia mí y me dedico una sonrisa ladina.
Sentí un pinchazo en el vientre bajo.
— ¿Uhm? ¿A que te refieres?
— Pues estoy utilizando una Pluma negra, no escribo con azul.
Apenada, volví a incorporarme.
— ¿Qué sabré yo? — Me mofe, sabía que el escribía con pluma negra, además está pluma era mía.
— ¿Qué sabrás tu, verdad? más de lo que debería saber, Azumi ¿A que sí? — Su mirada hizo que humectara mis bragas, Peino su cabello hacia atrás, esperando mi respuesta.
Una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo, y de repente me sentí la chica más atrevida del mundo. Acaricie mi cabello y le miré mientras levantaba un poco la falda.
— Apuesto que deseas probar un poquito. —
Estaba bastante cachonda, era mi oportunidad de lanzarme al tío que me gustaba. Taehyung abrió sus ojos, tan sorprendido como cuando fue nombrado el mejor estudiante del instituto, apartando del lugar a su hermano mayor.
— Y-yo... — Trago tan duro que lo oí.
— ¿Podemos ser tan solo honestos? Esos son los Requisitos.
Su mirada era confusa, no sabía realmente si esto era un sueño. A pesar de ser más grande que yo, me pareció el tío más mono jamás antes visto
— A-Azumi yo, yo no quiero mal interpretar las cosas.
Me senté en su regazo, con toda la confianza del mundo. Acerque mis labios hasta su odio y me susurré.
—¿Crees que puedes ser mi único amor de verdad?