CAPITULO UNICO
—¿Verdad que tú y yo siempre estaremos juntos, Jungkookie? - fue la pregunta más tierna e inocente que él pudo hacerme en algún momento de nuestra infancia, a la cual no dude en responder de manera afirmativa y sin un ápice de vacilación.
—Si, Jiminie... Nosotros siempre estaremos juntos juntos. - porque sin importar lo que la vida nos tuviera preparado a futuro, no había nada que anhelara más que poder compartir mi vida a su lado.
Pero a veces los prejuicios son innecesarios e injustos, mientras que la sociedad disfruta regocijandose con su burda crueldad, dañando con comentarios audaces e hirientes todo lo que esté a su paso de la manera más ofensiva posible, dejando severas laceraciones tan profundas que son incapaces de evaporarse con el transcurso del tiempo, dejando marcas indelebles que terminan corrompiendo la pura y transparente burbuja de cristal dónde resguardamos aquel sentimiento más puro que un ser humano es capaz de manifestar.
Eso me quedó bastante claro al darme un golpe a la realidad a lo que nos enfrentamos en nuestro día a día, tal vez lo descubrí de la peor manera, o tal vez se trató de algún tipo de epifanía, o de algún tipo de revelación divina, dónde por primera vez fui consciente de cómo mis sentimientos hacía él habían cambiado sin darme cuenta.
Cómo mi sensatez me abrió los ojos haciéndome descubrir que ya no lo veía sólo cómo mi mejor amigo, porque sin pensarlo ya se había convertido en mi todo, él ya era mi vida entera y el único que podía darle sentido a mi existencia.
Añore con vehemencia que el tiempo avanzará con sólo dar un chasquido, deseaba crecer para convertirme en adulto para ser un hombre digno de él y así poder regalarle el sol, la luna y todas las constelaciones que habitan en el vasto universo insólito aún sin descubrir.
En algún momento de mi vida creí que éste sentimiento hacía él se trataba de alguna clase de espejismo, alguna una falsa y absurda ilusión mía, dónde mi mente era capaz de imaginar el sabor que tendrían sus labios, o cómo sería el poder recorrer sin pudor su tersa piel inmaculada y lechosa con mis manos ásperas e inherentes temblorosas ante el anhelado contacto, haciendo que cada parte de él vibre y se cierna bajo mi tacto.
Hasta que descubrí que no habla necesitad de fantasear con nada, porque devele que él también tenía y sentía el mismo anhelo por mí, y que en algún punto de nuestras vidas, la amistad que nos unío siendo unos críos, había sido víctima de una inevitable y bella metamorfosis logrando transformarse en un amor que muy pocos tienen el privilegio de atestiguar.
Un extraordinario y puro amor del bueno, ese del que nada es capaz de corromper, del que tiene la fuerza necesaria para luchar contra viento y marea, el que sin importar ningún tipo de adversidad tiene la capacidad para salir airoso ante cualquier situación, porque lo nuestro es precisamente esa clase de amor que sin importar lo que pase, éste no va a desaparecer jamás.
O al menos eso era lo que mi tonta e ilusa mente enamorada llena de fantasias deseaba imaginar.
Pero que injusta es la vida, y hasta que punto puede ser cruel el destino que se empeña sin cesar en ocasionar tormentosos infortunios innecesarios mientras se divertirse jugando con los hilos que nos une moviéndonos a su entera y total disposición, cuál marionetas en manos del titiritero listo para entretener a los espectadores.
—Te Amo, Jungkook - confesaste tus sentimientos por primera vez en aquella casa del árbol, dónde nos gustaba refugiarnos por las tardes y juro por lo más sagrado que aquellas palabras fueron música celestial para mis oídos y un consuelo para mí alocado y desbocado corazón.
—Te amo más, Jimin - confese a la brevedad, tratando de actuar lo más sereno posible, mientras que mi interior era un auténtico lío de nervios, porque éste amor que durante tanto tiempo había llevado conmigo en silencio, por fin podía ver la luz amenazando con hacer cualquier cantidad de estragos.
Mi confesión le hizo sonreír de una manera nunca antes vista, al grado de sentirme cohibido y temeroso por el intenso brillo que emanaba su hermoso rostro tan resplandeciente e iluminoso, justo cómo sonríe el sol cada que sus rayos entran en contacto con la tierra para darle los buenos días y aún así éste se ve opacado por el hermoso resplandor de su vasta presencia.
Tenía miedo de acercarme a él lo suficiente sin asustarlo, a pesar de que sólo anhelaba fundirme entre sus brazos anhelando la calidez que su pequeño cuerpo emanaba.
La parte funcional y racional de mi cerebro gritaba con ahínco que debía mantener la cordura, lo que menos deseaba era llegar a asustarle y por otro lado estaba esa incesante voz que pedía a gritos desesperados que soltara las riendas de mis instintos.
Pero tal parece que nadie me conoce tan bien como él, porque sin demora y sin reparo alguno, tomó la iniciativa acortando la poca distancia que había entre nosotros, logrando que su boca y la mía estuvieran en contacto por primera vez en un efímero y sutil roce.
Aquel instante decidí guardarlo en mi memoria cómo el tesoro más preciado, lo grabe con total y absoluto nerviosismo porque el calor que ese pequeño palpar revolucionó todo en mí, y no hay manera de describir o definir la mezcla de emociones latentes, pero si he de llamarlo de algún modo, la única palabra que viene a mi mente sería... Excelso.
Porque la calidez y sedosidad de sus tersos y carnosos labios de color cereza con sabor a paraíso lo que me provocaron al instante fue precisamente eso, enviarme a la antesala del paraíso y a su vez me abrieron las puertas del infierno por desear y anhelar con locura más de lo que él podía darme en ese instante.
Siempre tuve la sospecha de que mi corazón, mi alma y todo mi mísero ser ya no me pertenecían, porque simple y sencillamente se lo había entregado a él, ahora yo le pertenecía de por vida, sin ser consciente por saber en que momento preciso había decidido entregarme en su totalidad, pero tengo la ligera sospecha de que fue hace bastante tiempo, y no me arrepiento de hacerlo, al contrario, sé que haberlo hecho fue la mejor decisión consciente o inconscientemente que pude tomar, y ese día lo pude ratificar.
Porque él y nadie más que él, ha tenido, tiene y tendrá por siempre el poder para llevarme hasta el cielo con una sola de sus miradas celestiales, y a su vez... puede ser capaz de enviarme al infierno por toda la eternidad con decir una sola palabra, sin ser consciente de ello.
Ese es el maravilloso efecto y el poder que Park Jimin siempre ha tenido sobre mí, confieso, confirmó y ratifico que estoy total y perdidamente sumergido en él bajo algún poderoso hechizo denominado amor.
Es éste mismo amor, en el cuál puedo manifestar mi entera y absoluta devoción hacía él, cómo éste sentimiento me da la fuerza y valentía para poder gritar a los cuatro vientos lo que una sola de sus miradas me provoca y cómo una tierna sonrísa me desarma por completo hasta postrarme a sus pies sin reparo.
No pasó mucho tiempo para hacerme saber que él también me pertenecía de igual manera, y con la misma intensidad en todos los sentidos existentes y por los que estaban por existir.
Nuestra primera entrega fue la experiencia más sublime llena de un amor deshinibido, lejos de los prejuicios, miradas morbosas y señalamientos culposos, sin ningún tipo de pesadumbre o arrepentimiento, porque ambos sabíamos que éste amor que nos profesamos es puro y libre de pecado.
Pero a veces las palabras tienen más impacto que las acciones, y para nuestra desgracia el haber sido sorprendidos por nuestros padres mientras consumabamos nuestra unión al tiempo que nos jurabamos amor eterno, logró ocasionar un daño terrible, y por primera vez me odie por no ser lo suficientemente capaz de evitarle todo este sufrimiento.
Le había fallado...
Le había jurado una y mil veces que sin importar las circunstancias, siempre iba a cuidarlo y protegerlo con mi vida si fuese necesario, que iba a amarlo y a respetarlo por toda la eternidad, porque ante mis ojos, mi mente y en mi corazón, nunca nadie podría ocupar el lugar que sólo a él le pertenece, porque simple y sencillamente él es irreemplazable y así será hasta el día que me muera.
—Por favor... nunca me olvides, nunca olvides lo mucho que te amo, Jungkook - suplicó entre sollozos y dolorosas lágrimas desgarradoras, antes de que sus padres lo subieran a la fuerza a esa camioneta con rumbo desconocido.
Ni siquiera tuve la oportunidad de hacerle saber lo mucho que lo amo, y que nunca jamás podría olvidar todo lo que hemos vivido. Porque mi amor por él es insustituible e inquebrantable, y ante mi agonizante dolor, juré ante todos los curiosos que miraban con morbo la situación que nunca iba a descansar hasta encontrarlo y tenerlo de vuelta entre mis brazos.
Nuevamente queda demostrado que la vida es injusta, mientras se regocija con el sufrimiento ajeno, está vez se ha burlado de la manera más cruel y sinica posible alimentándose de mi agonizante dolor por no tener noticias suyas.
He ido a la casa de sus padres sin tener respuesta alguna, en dónde cada que tienen oportunidad me insultan de mil formas posibles, hasta me han gritado depravado cada que me ven en la calle, pero esas son sólo palabras vacías que no causan efecto alguno en mi, cómo el no tener noticias suyas.
Ahora que han pasado algunos meses dónde mi desesperación me ha llevado en su más grande agonía, dónde la comida se siente cómo arena en mi boca y el agua no es suficiente para mi arida alma marchita.
Hoy, por fin mis padres se han dado cuenta del gran error que cometieron al actuar cómo lo hicieron al separarnos, están preocupados al ver a su hijo actuar cómo un muerto en vida, me han dicho cuán arrepentidos están de sus actos, porque jamás creyeron cuánto me iba afectar estar lejos de él y tienen miedo de perderme.
Puedo sentir la honestidad de su arrepentimiento en sus acciones, se han comprometido ayudarme tratando de enmendar su error, pero el daño está hecho, ni siquiera quiero pensar en lo que han hecho con él, cada vez que imagino el sufrimiento que pudieron ocasionarle, una parte de mi alma muere lentamente sin saber cómo remediarlo.
Después de casi seis meses de vivir en constante agonía y en eterna penumbra, por fin sé dónde se encuentra y la noticia de su paradero me ha destruido por completo.
A pesar de que mis padres se han ofrecido en acompañarme para mostrarme un poco de empatia, me he negado rotundamente, ya que sólo yo soy quién debe bajar al mismísimo infierno en dónde ha sido recluido en contra de su voluntad para intentar traerlo de vuelta.
He dicho alguna clase de mentira piadosa para que me permitan verlo aunque sea por un breve intente, mientras espero en el salón comunitario impaciente por su llegada, mi pulso late de manera incesante e inestable hasta el punto de ser peligroso, en coordinación con mi errática respiración.
El sonido del picaporte atrae mi atención, mi ansiedad crece y mi corazón está a punto de salirse del pecho en cuanto por fin lo veo cruzar por el umbral de la puerta.
¿Que diablos han hecho contigo, mi amor?
Sus hermosos ojos color avellana lucen tan apagados y tristes, no quedan rastros de esos hermosos destellos que habitaban en su precioso rostro que tanto te envidiaba el sol, me mira pero es cómo si no fuera capaz de distinguirme, de saber quién soy y porque estoy de pie frente a él mientras muero lenta y paulatinamente.
—Hola, - me saludas como si yo fuese un desconocido y puedo jurar que a un desconocido le saludarias con más entusiasmo
Mis ojos se cristalizan al ver la tristeza de su rostro, su mirada perdida e inexpresiva, sin vida, está tan cambiado, tan diferente, tan lejos de ser mi Jiminie, y lo que menos deseo en éste instante es romper en llanto frente a él.
—Hola - saludo y mi voz es casi audible intentando no sonar tan roto cómo lo es su aspecto.
Pero fracaso en el intento, un sollozo involuntario sale de mi garganta liberando por fin todos éstos meses de sufrimiento por no saber nada de él, y ahora que por fin lo veo... no encuentro rastro alguno de ese chico alegre y risueño que podía ser capaz de conquistar al mundo con una simple sonrisa.
—Perdóname por favor, Jiminie - le pido en una dolorosa súplica —... Perdoname no dar contigo antes - le confieso cobardemente, pero él sigue sin expresar ni un poco su sentir.
Con mirada anhelante, espero impaciente por alguna palabra suya, algún indicio de algo pero... Simplemente no sucede nada, las palabras no salen de su preciosa boca y sólo se limita a mirar por la ventana.
—No tienes porque disculparte, - dice finalmente — los dos sabemos que aquello fue una vil locura, - musita con pesar —he aprendido que eso que hicimos está mal, es un sucio pecado y no debe repetirse.
Exclama finalmente de manera robotizada sin verme a los ojos, cómo si durante todo éste tiempo se hubiera aprendido el discurso de memoria.
—Si el amarte cómo te amo es un pecado, confieso que soy un pecador - manifiesto entre ahogados sollozos y por primera vez sus ojos buscan los míos
—Yo... -
—Si esto que siento por ti es un pecado, entonces soy un pecador Jimin, pero no me arrepiento, y tampoco busco la absolución de mis pecados, porque eso sería admitir que éste sentimiento que me quema y me desgarra el alma está mal, pero tú y yo sabemos que no es así... - digo mientras me sorbo patéticamente la nariz
Tal vez sean ilusiones mías, pero por primera vez desde que está sentado frente a mí, puedo ver una chispa en su mirada o es lo que yo quiero imaginar antes de desmoronarme por completo.
—Prefiero vivir en pecado sin importarme vagar por los mil infiernos, pero siendo consciente de que ésto que siento por ti, éste sentimiento que me carcome por dentro, es lo más hermoso que existe y que nunca volveré a sentir ésto que siento por nadie, porque eres irreemplazable Jimin, y en verdad lo lamento pero no puedo vivir en negación, no cuándo estoy de pie frente al chico que amo y que es dueño de mi alma y de mi corazón darse por vencido.
Mis inminentes y patéticas lágrimas han hecho su entrada de manera triunfal, mientras espero inútilmente alguna reacción, alguna palabra que salga de sus labios, algo que sea capaz de elevarme al cielo o me mande de una vez al purgatorio.
—Amor, mi Jiminie, no necesitas ésto, no necesitas de ningún internado para desviados cómo te lo han hecho creer tus padres, porque esto que sentimos no es un delito - mi voz cae en una desgarradora súplica.
—El horario de visita ha terminado - se escucha una voz ajena a nosotros, estaba tan sumergido en él que no preste atención a su presencia
—Cuidate mucho y vive una vida feliz - expresó extendiendome la mano y simplemente no pude resistír más, no podía con los trozos de mi alma y mi corazón hecho añicos y sólo llore cómo un maldito bebé abandonado.
Puede que me vea patético al llorar sin poder controlar las emociones que me asfixian y me agobian mientras él se lleva el ultimo aliento de esperanza.
—Nuestro destino es estar siempre juntos ¿ya lo olvidaste? - susurro desesperado logrando que él finalmente se gire a verme antes de irse. —por favor cariño, vuelve a mí, no renuncies a lo nuestro, por favor - suplico una vez más patéticamente mientras me ahogo en mis miseras lágrimas.
Éste dolor que siento es intenso e insoportable, no sé que han hecho con él, no sé qué rayos le han dicho para que actúe de la manera en que lo ha hecho, yo sólo sé que lo he perdido y no soy lo suficientemente capaz de poder soportar vivir una vida sin él a mi lado.
Tal vez debería sucumbir al profundo sueño remontandome a aquel par de chiquillos con tantos planes y un mundo por delante, dónde sólo somos él y yo contra el mundo.
Tal vez debería dormir para no despertar jamás, mientras hurgo en el recoveco de mi memoria todas aquellas veces en que estuvo a mi lado opacando al sol cómo sólo él era capaz de hacerlo.
Maldita suerte, maldito sea el titiritero del destino que juega sin parar conmigo y con el chico que amo, maldita sea la sociedad con sus estúpidos prejuicios llenos de morbo y doble sentido, maldito sea aquel que piense que dos hombres no pueden amarse libre y abiertamente sin ser considerados una abominación, sin ser juzgados, sin ser llamados sucios o desviados.
Yo, sólo soy un hombre que algún día soñó con crecer para poder regalarle a ese chico especial todo lo bueno que él se merece, porque al igual que tú tengo sentimientos cómo cualquiera y al igual que tú no elegí de quien enamorarme.
Porque en efecto...
Ame, amo y amaré con locura a un hombre que es bueno, gentil, y maravilloso, pero al parecer todo quedó en sólo ilusiones... En promesas rotas y vacías.
Mi cabeza duele cómo el mismo infierno, he perdido la noción del tiempo desde que salí de ese internado abatido y destrozado, y me senté en el carro a llorar sin reparo, hasta el cielo se ha tornado de un color oscuro para acompañárme en mi dolor.
Me he olvidado hasta de comer, no siento apetito alguno, y mis ojos apenas son capaces de enfocar y distinguirse en mi desencajado rostro, mientras doy un largo suspiro exhausto, me rehusó a marcharme, me niego a dejarlo aquí, así que una vez más cierro los ojos ante mi pesar en busca de alguna ayuda divina si es que ésta existe.
El sonido del guardia tocando la ventana de manera insistente me recuerda que debo largarme de aquí, por lo que no soy capaz de mirar el rostro lleno de sorna por mi perdida, pero antes que gire la llave para encender el carro, el golpe en la ventana del copiloto suena una vez más intenso.
Cuándo volteo para pedirle una explicación, mi alma o lo que queda de ella sale de mi cuerpo al verlo ahí frente a mí a sólo un vidrio de distancia.
Mis extremidades adquieren voluntad propia, haciéndome bajar del auto sin siquiera darle la instrucción a mi cerebro de que lo haga.
—¿Jiminie?...
—Siempre juntos Jungkookie ... ¿Lo recuerdas? - repite la frase que tantas veces nos dijimos en el pasado
Asiento confundido, mi cuerpo se muere por abrazarlo, anhelo poder tocarlo y por hacerle saber cuanta falta me ha hecho en todo éste tiempo, y cómo el no estar a su lado me convirtió en un alma en pena que deambulaba sin un rumbo determinado.
—Llévame contigo, por favor llévame lejos de éste lugar - pide en un hilo de voz
Escucharle decir esas palabras es lo más reconfortante que han escuchado mis oídos desde su declaración de amor, por lo que decido perder el miedo ante su frágil y pequeño cuerpo para tomarlo entre mis brazos a dónde él pertenece y en dónde yo única y definitivamente deseo habitar.
—Perdón por ocasionarte tanto daño, por no haber sido capaz de defenderte y haber hecho hasta lo imposible para encontrarte antes, - pido entre dolorosos lamentos besando su sien —perdoname por todo lo que has tenido que pasar, mi amor, mi Jimin - suplico aferrado a su cuerpo y finalmente le escucho sollozar mientras sus delgados brazos se aferran de igual manera a mi espalda sin importarnos quién pueda vernos o quien pueda juzgarnos.
—Perdóname tú, por todo lo que dije hace rato, fui un completo tonto al decir aquello que te dije, - me súplica entre sollozos —porque tú también eres el dueño de mi corazón y de mi alma, Jungkookie. - Sus palabras son un bálsamo para mí alma
—¿Que hay de tus padres? - preguntó temeroso de escuchar la respuesta
—No lo sé, ya deberían entender que su hijo es un pecador que ama con locura al hombre más maravilloso y bueno que existe, y si no pueden con eso... Creo que entonces deben olvidarse de que existo para ellos.
Escucharle decir esas palabras con esa seguridad, me produce que un atisbo de sonrisa se instale en mi cara por primera vez en meses.
—Ya no pienso renunciar a ti, Jungkook, ya no más... No quiero esconderme, no quiero esconder ésto que siento por ti, - confiesa dando un suspiro —lo único que deseo es poder despertar a tu lado todos los días y que antes de dormir hablemos de cómo ha ido nuestro día, quiero que me ames y amarte sin sentir que lo que hacemos y lo que sentimos sea malo.
—No sabes lo feliz que me haces, amor - musito sin ser capaz de ocultar todos los sentimientos encontrados que hay dentro de mi en éste instante.
—Jungkookie...
—¿Uhm?
—Me quieres llevar a casa, a dónde sólo seamos tú y yo sin importar nada ni nadie más para poder amarnos cómo lo haría cualquier pareja que se ama.
Su petición se siente cómo un tónico reparador que intenta unir con cuidado y de manera sigilosa todos los fragmentos de nuestras almas hechas trizas, mientras que el corazón bombea a todo galope.
—Por supuesto que si, mi amor... Mi Jiminie
Eso es lo que Jimin significa para mi, él es mi amor, mi anhelado paraíso y mi ardiente infierno, mi lujuria y mi delirio, mi paz y mi pecado.
Tal vez tardaría horas en seguir describiendo todo lo que Jimin significa en mi vida, pero por lo pronto... lo único que deseo es sacarlo de éste lugar y llevarlo lejos, hasta la misma luna si fuese posible, dónde él pueda tener su propio palacio de cristal para que nunca nadie más le haga daño.
Un lugar dónde sólo seamos Jimin y Jungkook contra el mundo, dos seres que se aman con locura que no van a permitir que vuelvan a ser juzgados cómo lo han hecho, en dónde ambos vamos a pelear contra viento y marea para defender nuestro amor.
Puede que a pesar de que ahora saben nuestra historia, no faltará quién nos siga juzgando, y repudiando con sus prejuicios, pero he de confesar que ya no me importa nada.
Yo soy Jeon Jungkook, y soy un pecador, confieso que mi único pecado ha sido amar con locura al hombre de mi vida y ante eso, nada, ni nadie puede hacer algo para cambiarlo.
Holis. Sé que la historia es bastante triste, pero si están leyendo en este punto no me queda más que agradecer todo el apoyo que me han dado.
Cuídense mucho y nos estamos leyendo pronto. Les amo
Dolly ❤️