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—¿Qué significa esto? —Jeon Jungkook agarró el brazo de Emma Evans antes de que pudiera esconderse en su apartamento.
Exhaló un gemido ahogado mientras se volvía hacia él y Jungkook agitó la carta entre ellos. Maldita sea, quería una explicación de por qué le había arrojado esa basura en su escritorio y se fue sin decir palabra.
Entonces vio su cara. Un enrojecimiento bordeaba sus inflamados ojos color avellana. Lágrimas caían por sus mejillas, rodando hasta sus labios, que estaban apretados en una sombría línea.
Su enojo se evaporó y se puso más cerca, relajando su agarre.
—Emma, ¿te encuentras bien?
Ella se apartó, su cabello claro parecía una nube alrededor de los hombros mientras dejaba caer sus llaves.
—Estoy bien. He dimitido con efecto inmediato. Eso es todo lo que necesitas saber.
—¿Qué demonios? —Legalmente, no tenía derecho a saber más, ¿pero en lo personal?— Emma, ¿qué pasó? ¿Alguien te hizo daño?
—No de la manera que imaginas. —Cerró los ojos, negándose a mirarlo—. Simplemente... vete.
Joder no. Sólo había visto llorar a Emma una vez en los tres años que habían trabajado juntos, el día en que había perdido a su madre. Esta no era la misma asistente calmada en la que había confiado para todo, por su impecable organización y extraordinaria percepción. Ver su dolor hacía que su pecho se sintiese hueco y estrecho. Incluso si ella no iba a trabajar para él nunca más, se negaba a irse y dejarla sola con su malestar.
—Dime lo que está mal, Emma. ¿Necesitas ayuda?
—No. —Se agazapó detrás de la puerta, poniéndola entre ellos, y dejó las llaves en el mostrador—. No puedo trabajar más para ti. Mi carta de renuncia, dice todo lo relevante.
—Excepto el por qué.
La incredulidad cruzó su rostro.
—¿Por qué te importa?
—Nadie es más eficiente o puede prepararme más despiadadamente para una reunión. Sabes de este negocio. Hemos sido un equipo muy bueno. No lo entiendo.
Emma apretó la puerta entre ellos.
—Vas a encontrar a alguien que esté igualmente calificada.
—No quiero encontrar a alguien más. Eres la mejor. ¿Necesitas más dinero? Voy a hacer lo que sea para conseguirte un aumento de sueldo. Te lo mereces.
—No se trata de dinero. —Ella empezó a cerrar la puerta, empujándolo hacia fuera. Alarmado, Jungkook encajó un pie dentro, bloqueándola. Se asomó por la abertura.
—Por favor. Yo... te necesito.
El pensamiento de ella, no siendo su mano derecha lo apuñaló con pánico. Nada funcionaría bien sin ella. Él no funcionaría sin su dedo atrevido agitándose en su cara, su risa chispeante y despiadada organización. Pero en lugar de persuadirla, su declaración pareció aplastarla. Su rostro se desmoronó a medida que más lágrimas eran derramadas.
—No, tú no. Nunca lo harás.
Jungkook la agarró por los hombros y la atrajo hacia sí. Maldita sea, ella se sentía tan frágil, tan suave.
—¿Por qué piensas eso? Hemos trabajado duro para lograr que la ciudad asigne fondos para los nuevos equipos de los bomberos. Hemos ganado una gran batalla el pasado viernes, y fueron todo sonrisas después de la reunión. Sin ti, es muy posible que su decisión pudiera haber sido al revés.
—Vas a manejarte muy bien por tu propia cuenta. Necesito un cambio.... ¿Podrías irte, por favor? —Emma se encogió de hombros alejándose y trató de cerrar la puerta.
—Patrañas. —Jungkook la empujó y se metió todo en el interior. Ella estaba molesta, no había duda de ello—. No creo ni por un segundo que hayas terminado de echar una mano a los de emergencias de Houston. Has dejado tu culo trabajando por cada victoria. Durante tres años no has hablado de otra cosa que hacer que otras familias no pierdan un ser querido en el cumplimiento del deber, de la forma en que perdiste a tu padre. La defensa de esa causa es tu pasión. No creo que desees renunciar a eso.
No había una maldita manera de que Jungkook simplemente dejara ir a Emma, no hasta que él entendiese por qué quería dejar algo tan significativo para ella. No hasta que hiciera todo lo posible para ayudarla.
Ella resopló con enojo.
—No tienes idea de lo que yo quiero.
Jungkook aún no le estaba creyendo, pero le seguiría el juego.
—Si realmente necesitas un trabajo diferente, voy a hacer mi mejor esfuerzo para ayudarte. Como jefe, estoy muy decepcionado por perderte. Pero como tu amigo, yo no me voy hasta que...
—¿Amigo? —Ella miró al techo por un momento doloroso. Cuando ella lo miró, las lágrimas brillaron frescas.
Oh, maldita sea. Ella no estaba molesta, simplemente, estaba molesta con él. ¿Lo abandonaba a causa de algo que había dicho o hecho?
—Emma, dime lo que hice para hacerte llorar —murmuró—. Fuera lo que fuese, no lo hice intencionalmente. Supuse que éramos amigos, pero si no quieres ser...
Jungkook cerró la boca, negándose a terminar la frase. Le molestaba que ella no creyera que por lo menos eran amigos. No, la idea en realidad dolía.
Por supuesto, Emma había trabajado para él, pero habían compartido más que un trabajo, por lo menos él había pensado así. Jungkook había sostenido su mano en el funeral de su madre. Ella lo había cuidado cuando tuvo esa gripe horrible el año pasado. Le había preparado una deliciosa cena de Acción de Gracias para su medio hermana Morgan y su esposo, Jack, manteniendo la conversación permanente de tal modo que no había habido momentos difíciles, una gran ventaja ya que Jungkook se había llevado una vez a la ex esposa de Jack a la cama. La misma mujer que había visitado abruptamente su oficina el pasado viernes por la tarde.
Mierda. ¿Tenía esto algo que ver con Kayla?
¿Estaba Emma... celosa? Jungkook no odiaba esa idea. No podía negar que Emma era adorable. Su dulce rostro y ardiente cabeza para los negocios eran lo suficientemente atractivos. Pero también tenía unas tetas exuberantes y un culo hermoso con una cintura pequeña en el medio. ¿Cómo podría no haberlo notado?
En su entrevista, la había puesto en la categoría "factible". Luego, el representante de Recursos Humanos le había informado que Emma sería su secretaria. Después de eso, Jungkook había hecho todo lo posible para poner todos sus pensamientos sexuales a un lado y ser estrictamente su jefe. Después de todo, Houston lo había elegido para hacer un trabajo, no perseguir una falda.
Las primeras semanas, ignorar a Emma como una mujer había sido duro. Desde entonces, habían estado muy ocupados, y había sido completamente profesional. Una vez que se había acostumbrado a ella como compañera de trabajo, había dejado de pensar en ella como una mujer.
Hasta ahora.
—No quiero que seamos amigos, Jungkook. —Emma apoyó las manos sobre su pecho y le dio un pequeño empujón—. Vete, por favor.
Su contacto sacó chispas a través de él. La excitación corrió por sus venas, le quemó la piel. Su sangre bombeaba hacia el sur en un torrente. Su polla se puso dura y tensa en contra de su cierre, en un tiempo récord.
De repente, se encontró repensando todo el tema de ser "amigos".
—No me voy. —Jungkook pateó la puerta que se cerró detrás de él, empujándola más, dentro de su acogedor apartamento, y la apoyó contra la pared del vestíbulo.
Él estaría condenado si simplemente renunciase a ella sin una buena razón.
Entonces, su aroma floral almizclado tentó su nariz. Joder, incluso olía bien. Su polla se hinchó más. Con los ojos muy abiertos, se puso la mano en las caderas.
—Bueno, vamos entra.
Hizo caso omiso de su sarcasmo.
—¿Por qué no quieres que seamos amigos?
Ante su pregunta, ella trató a alejarse de él. De ninguna maldita manera. Jungkook plantó sus manos en la pared a ambos lados de la cabeza, enjaulándola, y se acercó más. Emma suspiró de frustración.
—Retírate. Necesito un pañuelo de papel.
Se acercó a ella y tomó la cajita de la barra, sin darle un centímetro de espacio para respirar. Probablemente debería, al menos mientras ella se enjugaba la cara. Pero no iba a dejarla ir hasta que tuviera la respuesta a su pregunta.
—¿Tu renuncia tiene algo que ver con la visita de Kayla?
Parecía un ciervo encandilado por los faros delanteros de un auto y respiró fuerte. ¡Bingo! ¿Por qué le importaba la visita de Kayla? No debería... a menos que Emma tuviera sentimientos por él. A menos que ella lo quisiera. Le tomó apenas la mitad de un segundo darse cuenta de que realmente no odiaba esa idea.
—Vete, Jungkook. Por favor.
Tenían que hablar de esto. Incluso si Emma dejaba su trabajo, no quería que quedasen asuntos sin resolver entre ellos. No se iría dejándola herida. Pero Emma estaba resuelta a mantener la boca cerrada hasta el momento sobre la respuesta a sus preguntas. Si ella sentía algo por él, no iba a reconocerlo. Pero podía probar su teoría. Todo lo que se necesitaría sería un pequeño beso.
Jungkook bajó la cabeza. Se le cortó la respiración mientras bajaba su boca a la suya.
Ante el primer toque de sus labios regordetes, una sacudida de calor arrasó a través de él dejándolo en carne viva. Se demoró, y luego presionó más duro. Ella aceptó su beso, se aferró a él, sus labios tan flexibles y deseosos. Emma se sentía tan condenadamente bien. El deseo lo cegó. No se podía detener, Jungkook regresó durante unos segundos, deslizando su boca sobre su suavidad otra vez.
A medida que suspiraba temblorosamente, su perfume lo atrajo más cerca. De hecho, ahora que estaba abriendo sus sentidos a ella, todo lo relacionado con Emma le intrigaba.
Envolvió las manos alrededor del nudo de oro de su cabello en la nuca y la llevó más cerca. Las curvas suaves de Emma se fundían contra de él. La sensación de su corazón latiendo con furia contra su pecho, drogaban su sistema con deseo. Ella se estremeció en sus brazos mientras él puso otro beso en su rosada boca, luego lamió su camino a través de su labio inferior. Él ya había tomado más de ella de lo que un jefe debería, pero ahora sabía que Emma sentía algo más allá de lo profesional por él.
Cuando gimió, ese desesperado pequeño sonido rodó a través de su sangre como una fiebre. La excitación se apoderó de su columna vertebral y lo sacudió hasta la médula. Santo infierno, Emma era una asistente fabulosa, pero en ese momento, él la quería como a una mujer: desnuda, sin aliento, las uñas clavadas en sus hombros, gritando su nombre.
Impaciente y hambriento, Jungkook se abrió paso dentro de su boca invadiendo profundamente para finalmente probar su sabor. Ah, tan jodidamente dulce. Dulce y áspera.
Adictiva.
Ella se desplegó para él, tímidamente al principio. Luego la arrasó con su lengua y tomó posesión completa de su boca. Emma se volvió loca, envolviéndole los brazos al cuello, apretando su cuerpo tan cerca que ni siquiera una bocanada de aire se interpuso entre ellos.
Caliente. La pequeña y dulce boca debajo de la suya le daba la bienvenida, lo atraía. Y los pequeños ruidos que hacía en la parte posterior de su garganta... Luego, mierda, ella retorció las caderas, frotando su coño contra su polla dura como el hierro, transmitiendo su necesidad. Un nuevo aumento del deseo lo traspasó. Su auto control cedió.
Agarró su culo a través de la falda, apretándola con fuerza entre su cuerpo y la pared, empujando directo entre sus piernas a un ritmo insistente que la tuvo clavando sus uñas en él y jadeando su nombre. Mierda. ¿Cuándo fue la última vez que había estado tan caliente? ¿Tan duro? Ella lo había asombrado con su suavidad, su ardor. Necesitaba más de ella ahora.
Cuando Jungkook metió una mano entre ellos para cubrir su pecho, comenzó a sudar. Había sospechado que Emma tenía un infierno de tetas bajo las chaquetas entalladas, profesionales, que llevaba, pero ni siquiera él había estado preparado para lo exuberante y reales que eran sus curvas, lo maravillosamente fuerte y firme que era el pecho que estaba en su mano.
Oh, Dios. ¿Esta era su Emma práctica, eficiente? Era como un mundo de secretos que jamás había imaginado y que ahora no veía la hora de explorar.
De alguna manera se las arregló para separar los labios de los suyos. Su piel... tenía que probarla. Rozó los labios sobre la piel pálida de su garganta, para prenderse en un pellizco suave, una lamida. Gimió, saboreándola. Su olor era suave, con una pizca de clavo de olor y especias. La textura de su piel era tan sedosa como fino polvo. Sin duda delicada y pura. Se quemaría fácilmente con el sol. La había oído hablar de ello antes y se había reído de su fragilidad. Había tenido citas con chicas que amaban el aire libre. ¿Y ahora?
Probablemente las sentiría como cuero. Emma era un placer delicioso y aterciopelado. Y si su cuello era tan suave, sólo podía imaginar lo que iba a encontrar entre sus pechos, a través de su estómago, en el interior de sus muslos.
La idea lo puso más duro de lo que recordaba haber estado en su vida.
—Jungkook —suspiró ella, agarrándolo más ajustado.
—Emma, nena. Dios, te sientes tan bien. Tu sabor... —Capturó su boca otra vez. No tenía palabras para describir lo único y perfecto que su sabor era.
Dio la bienvenida a cada toque que le dio y empujó la chaqueta de sus hombros, por los brazos. La Hugo Boss cayó en un charco a sus pies, detrás de él, y teniendo en cuenta lo que había pagado por ese traje, debería ser cuidadoso. Pero no importaba. Si jalar la cremallera de los pantalones le permitía entrar en ella más rápido, estaba totalmente a favor.
Tiró del abrigo y luego fue a las hebillas que sostenían sus cabellos sobre la nuca. Tiró suavemente, deslizando los clips. Los filamentos cayeron en ondas suaves que envolvió en sus dedos, sosteniéndola contra él, al igual que haría cuando llegase al fondo de ella y la catapultase al orgasmo.
Jesús, ella no había dicho que sí. Podía ser que lo alejase. Si lo llegaba a hacer, la seduciría, acariciaría, rogaría, lo que fuera necesario. La anhelaba bajo su cuerpo ya mismo, tomándolo. Se sentía desesperado por llenarla con su polla.
Excepto... que ella lo había dejado hoy sin una sola palabra.
Demasiado a menudo tenía citas con damiselas en apuros, como si inconscientemente buscase alguien para rescatar. Él y su media hermana Morgan habían hablado sobre el hecho de que tenía que dejar de perseguir gente que estaba jodida. Siempre lo utilizaban como una terapia barata, luego rompían su corazón cuando se iban. Al igual que Kayla.
Pero si Emma decía que sí ahora, sería porque lo quería, no porque necesitase rescate. Ella era una de las más centradas y genuinas personas que conocía.
Emma no lo podía dejar ahora. De ninguna manera. No iba a ocurrir. La había probado y no estaba cerca de ya estar satisfecho.
Finalmente logró quitarle la chaqueta y la arrojó sobre la barra a su lado. Arrancó la blusa azul sin forma por debajo de su abrigo gris. Casi temió cierta resistencia, pero no. Apretó otro beso en sus labios, luego envolvió sus dedos alrededor de los botones de su camisa y desabrochó uno por uno.
Quedó completamente anonadado por todo lo que su escote expuso por encima de esa vana pieza de encaje que ella llamaba un sujetador. Joder, podía ver sus apretados pezones rosados. Y apenas podía respirar.
Cuando las manos pequeñas de Emma rodaron sobre su pecho desnudo, sobre cada músculo y cada borde, su piel centelló con más eficacia que un centenar de cadenas de luces de Navidad en un árbol; perdió la paciencia y le arrancó el resto de su blusa. Los botones se desprendieron, volando por todas partes. La seda se desgarró casi con un rugido sexual que le puso la sangre caliente. Emma se quedó sin aliento mientras arrastraba su camisa y apretaba sus pechos con sus manos.
—A la mierda, son hermosos. Emma... Dios, los quiero. Te quiero a ti.
No podía esperar a quitar su sostén. La sujetó por la espalda y tiró de ella con una mano mientras le mordía y chupaba a través de las copas del sostén. Emma lo agarró del pelo, apretándolo contra a ella, y gruñó un suave "sí".
Una sola palabra, y se convirtió en un tren de carga sin frenos. Ella lo quería, y nada le iba a impedir tenerla. En ese momento, Jungkook estaba malditamente contento, sobre todo cuando el cierre de su sujetador cedió bajo sus dedos y la pequeña prenda cayó al suelo...