I
* Importante: No tengo estudios en medicina, por lo tanto, la información que los médicos les lleguen a proporcionar —en este cap como en el siguiente— a HyL puede ser imprecisa y hasta errada; pero he buscado información y leído un par de papers en internet, así que espero al menos no haberla cagada tanto.
El día había iniciado como cualquier otro, y parecía que nada podía salir mal aquel jueves; no cuando Louis había despertado con sus brazos alrededor de la cintura de su esposo y los pequeños rizos de este le hacían cosquillas en la nariz, generándole estornudos escandalosos.
Harry permaneció inmune al sonido y Louis agradeció por eso mientras olfateaba sutilmente el aroma de la piel del ojiverde. Usaba la loción que él le había obsequiado por su cumpleaños unos meses atrás, una esencia de canela y miel, según recuerda, para humectar la piel.
Louis hundió su rostro en la zona cercana a la marca de nacimiento que Harry tenía sobre su omóplato izquierdo, y contó cada lunar salpicado en su espalda antes de quedarse dormido de nuevo.
La embriagadora fragancia lo persiguió hasta sus sueños.
...
La próxima vez que Louis despertó fue por los besos húmedos que eran depositados sobre su cuello; se removió apenas y abrió sus ojos lentamente para encontrarse con las apenas notorias arrugas que empezaban a aparecer en el entrecejo de Harry, una marca innegable del transcurso de los años vividos y el haber criado dos hijos juntos.
—Buenos días, sol— saludó Harry, y Louis jura haber visto sus ojos brillar y su rostro iluminarse en la taciturna habitación.
—Buenos días, amor—atrapó los labios de su alegría en un beso somnoliento para después sonreírle dulcemente—. No quiero levantarme hoy, ¿y si permanecemos todo el día en cama?
Harry rió ante la petición, y la felicidad de Louis incrementó solo por esa acción.
—¿Y dejar que Chad incendie la granja? — negó divertido, un hoyuelo captó la atención de Louis al instante—. No mientras pueda evitarlo. Vamos, pequeño koala, tenemos muchas cosas por hacer —y a regañadientes, Louis soltó el cuerpo de Harry para segundos después sentir una caricia en su mejilla y ver su figura desaparecer en el cuarto de baño.
El ojiazul permaneció acostado unos minutos más, contemplando como la habitación se iluminaba poco a poco por los rayos que invadía su espacio de privacidad, y suspiró audiblemente cuando recordó todas las tareas pendientes que tenía.
Debía revisar cómo estaban los nuevos animales, y asegurarse de que las ovejas ya hubieran superado su enfermedad. Tenía que controlar los niveles de producción de leche y si las vacas se encontraban en buenas condiciones para continuar con su trabajo diario. Tenía tantas cosas por hacer y sabía que, aunque terminara con estas, siempre surgirán más.
El trabajo en la granja acabará con él un día de estos.
Tirando de las sábanas sobre su cabeza, su mullida almohada empezó a arrullarlo, y si no hubiese sido porque la regadera hizo su característico sonido de cascada, él se habría quedado dormido por tercera vez esa mañana; el solo pensamiento lo tentaba demasiado.
Una idea poco decente surgió en su cerebro cuando escuchó a Harry cantar, así que se liberó de las sábanas que lo cobijaban y corrió hacia el cuarto de baño.
La habitación estaba inundada de vapor y la piel de Louis se erizó cuando notó la silueta de Harry reflejada en el cristal empañado. Poco a poco cada prenda que cubría el cuerpo de Louis fue desprovista y él ingresó a la ducha.
—¿Qué mier-...? —Harry se asustó e intentó cubrir su desnudez cuando unas manos le recorrieron el pecho.
—Hola— se burló Louis mordiendo sobre el hombro de su esposo, lo adoraba tanto—. ¿Necesitas ayuda para lavar tu cabello, mi amor?
—Lou— reprendió el ojiverde con una sonrisa—, vas a retrasarnos. De nuevo.
—Será rápido, lo prometo— aseguró, y antes de que Harry pudiese protestar como sabe que haría, Louis se agachó y sintió el agua caer sobre su espalda—. Te amo— dijo y dejó un rápido beso en el interior del muslo de Harry, para después tomarlo con la boca.
El desayuno se sirvió tarde, por tercera vez, esa semana.
Con su bata blanca remangada hasta los antebrazos y un par de botas de goma, el veterinario caminaba en medio del gallinero; las aves se atravesaban cada dos por tres, curiosas por verlo de nuevo en su sitio de descanso mientras él llevaba la cuenta de la producción de huevos de ese día. Recorrió todo, y con mirada imperturbable atendió a cada gallina que pensó necesitaba un chequeo rápido. Sus animales estaban en perfectas condiciones y aquello se vio reflejado en el contenido de los nidos que cada una tenía, él estaba haciendo un buen trabajo.
Louis había pasado la mayor parte de la mañana de aquí para allá, supervisando el desarrollo de las criaturas que, junto a Harry, habían adquirido recientemente. Las ovejas se habían recuperado exitosamente de su enfermedad, y eso alegró mucho al veterinario quien pensaba que en cualquier momento podían morir sin más y dejar una pérdida sustancial a la granja.
El ojiazul terminó de colocar los últimos datos en su ficha de control y salió del gallinero con una sonrisa impresa en su rostro.
Un gran perro negro se le acercó con una pequeña pelota de tenis en su boca, Louis se agachó a su altura y retiró el juguete de su mascota.
—Cliff— revolvió el pelaje enredado del animal y besó su cabeza—, ¿quieres jugar? — el perro movió su cola y dio un par de vueltas alrededor de Louis— De acuerdo, aquí va— Louis lanzó la pelotita y Clifford fue tras ella sin dudarlo un segundo.
El dueño del canino rio cuando vio correr a un par de patos lejos del camino del peludo animal y negó con gracia cuando las aves pasaron junto a él graznando con fuerza.
El hombre revisó de nuevo su lista de pendientes, y al girar la hoja de su libreta encontró una nota de una letra que no le pertenecía:
“¡Ya has acabado tus pendientes, encuéntrame en la reversa de vino!
Con amor, H xx”
El castaño sonrió cuando releyó lo escrito por su esposo y se dirigió al lugar indicado un segundo después.
El recorrido le tomaría aproximadamente siete u ocho minutos, pero valdría la pena porque vería la parte de la granja que más le gustaba: los sembríos de uvas y demás plantas frutíferas alrededor del camino.
Altos árboles de manzanas y peras enmarcaban largas hectáreas al contorno del sinuoso sendero, y Louis no se lo diría a Harry, pero comió un par cuando su estómago rugió; cuando los bastos árboles terminaron y el camino se hacía más recto, aparecieron incontables filas de pequeños arbustos trepadores adheridos a soportes de madera y repletos de racimos de uvas moradas.
Sus trabajadores se encontraban en las parcelas y recogían todo a su propio paso, Louis saludó a un par cuando estos notaron su figura. Eran personas realmente trabajadoras, y el veterinario siempre estaría agradecido con ellos por la ayuda que brindaban en las labores de su propiedad.
—¡No olviden beber agua e ir por casa a retirar su paga!— les gritó cuando aceleró el paso y ellos le devolvieron el saludo.
La brisa del campo le revolvía el cabello, y el más ligero aroma de flores silvestres le llegaba directo a la nariz; Louis corrió un poco cuando divisó una especie de granero que se situaba en medio de todo, era la única edificación próxima en varios kilómetros.
Los pájaros trinaban a su alrededor y el corazón de Louis latió aún más fuerte cuando vio emerger una silueta desde el interior de la bodega donde hacían el vino, el castaño levantó una mano y pronto su saludo fue devuelto. Con cada rápido paso que daba firme contra la tierra fértil, un pensamiento lleno de amor era liberado por su espíritu.
Cuando estuvo a pocos metros de su esposo reparo en su ropa, Harry vestía su típica camisa a cuadros y pantalones vaqueros azules, y un sombrero que ocultaba gran parte de sus rizos reposaba en su cabeza; Louis recuerda bien que él fue quien se lo compr ó en la última feria a la que asistieron.
Esos pequeños detalles espontáneos eran los que mantenían tan unidos al par de hombres.
—¡Boobear!— Harry extendió sus brazos y Louis cayó dentro de ellos.
—¡Hazz, no me digas así!— se quejó—. Los chicos te pueden escuchar.
Colocando su mentón e inclinándose un poco sobre el hombro de Harry, Louis giró su cabeza hacia la izquierda y le besó la mejilla.
—En realidad, no me importa— se encogió de hombros y lo apretó más contra su cuerpo—. Quiero que todo el mundo sepa lo locamente enamorado que me tienes.
—¿Aún después de tanto?
—Aún después de tanto— confirmó y pronto los guió hacia la sombra de la bodega.
Las brillantes cubas de acero inoxidable no tardaron en hacerse notar, y Louis sonrió a un par de trabajadores mientras atravesaba el espacio con Harry a su costado y una mano en su cintura.
Descendieron al sótano tan pronto llegaron a las escaleras y un aroma a madera vieja les inundó el olfato.
—¿Qué vamos a hacer aquí?— preguntó Louis trazando la forma de la suave madera de los barriles llenos de vino.
—Te tengo una sorpresa— respondió Harry, cubriendo sus ojos y encaminando una dirección desconocida.
—Espero que sea mejor que la última vez.
—Ya me disculpé por eso, ¿quieres que lo haga de nuevo?
—No es necesario, pero espero que en esta ocasión no haya animales involucrados— dijo Louis recordando la última sorpresa que Harry había preparado para él.
El rizado había buscado bajo tierra y agua los mejores gansos africanos, porque Louis quería unos desde que se conocieron, entonces él los consiguió, pero las cosas no salieron del todo bien.
Harry había preparado todo para que su esposo se sorprendiese al verlos, así que los encerró en el granero y llevó a Louis al lugar, mala decisión; porque en cuanto abrió las puertas del almacén de granos, los gansos salieron disparados en dirección del ojiazul e intentaron lastimarlo. El castaño corrió y corrió hasta que pudo subirse al tractor y se alejó de las bestias emplumadas.
Louis no le dirigió la palabra a Harry durante dos días por el incidente y sus hijos terminaron haciendo bromas sobre la persecución.
—No los hay, lo prometo— aseguró y retiró sus manos de los ojos de Louis.
Una pequeña mesa llena de queso, pan, cortes de salami y un par de copas vacías se encontraban frente a la pareja, y el veterinario sonrió feliz por el detalle.
—¿Y esto es por...?
—No quiero espantarte, ¿de acuerdo? —si el castaño pretendìa decir algo no lo hizo, porque al instante fue interrumpido por un nervioso Harry— Pero hoy se cumplen exactamente 30 años desde la primera vez que te vi. Bueno, estoy mintiendo, eso fue hace un par de meses, pero la intención es lo que cuenta, ¿cierto? — y el hombre habló tan rápido que Louis apenas pudo entender algo.
—¿Qué?— la expresión de confusión de Louis expresó todo lo que sintió en este instante.
Harry frotó una mano sobre su nuca nerviosamente—. Y-yo... Nora me pidió una copia de su acta de adopción porque necesitaba hacer un trámite en New York, eso fue mientras tú revisabas a las ovejas, así que fui a buscar en un par de carpetas lo que necesitaba y terminé encontrando esto...— obtiene una especie de libreta marrón y gastada, y se la extiende a Louis sin pensarlo dos veces—. Era mi diario durante mis primeros años de la universidad, y yo, ¿digamos que escribía todo cuanto pensaba en sus páginas? Hay un millón de cosas sin sentido en él, pero tuve un recuerdo vago sobre algo relacionado a ti, entonces revisé cada una de las páginas y me topé con esto— su dedo cayó sobre el viejo papel arrugado y Louis se fijó en la nota.
“06 de mayo, 2013
Siempre ha creído en el amor a primera vista, ¿tú no? Nos veo juntos y compartiendo una vida."
—Recuerdo haber dejado el diario un tiempo y retomarlo de nuevo cuando tuvimos nuestra primera cita.
Los ojos de Louis se empañaron y pequeñas lágrimas amenazaron con caer cuando Harry avanz ó un par de páginas y señal ó tres notas más.
Un dibujo de dos golondrinas sosteniendo ramitas, de lo que parecía ser laurel, estaba trazado junto a la letra de Harry, y se leía:
“13 de octubre, 2015
He caído por completo, ¿tú también?"
Su visión se dirigió a la siguiente cuando los fantasmas del pasado le hicieron una visita rápida.
" 25 de diciembre, 2015
Disfruté compartir su cumpleaños, espero sea el primero de muchos.
Pd: su familia me agrada y crweo que yo también a ellos. "
Louis intentó ignorar los corazones sobresalientes alrededor de la última, pero segundos después le fue imposible, porque en cuanto leyó la nota entendió el porqué de su ubicación.
“23 de marzo, 2016
Nos amamos."
Él tiene ese dulce recuerdo en su mente, vive por aquel; porque durante una noche de primera, mientras sostenía la mano de Harry e iban en dirección del restaurante favorito de quien ahora es su esposo, él se lo dijo y Louis sabe que la sonrisa de Harry valió mucho más que todo el dinero que gastaron en la costosa cena.
Las gotas saladas resbalaban por las mejillas del ojiazul mientras unos brazos se enrollaban en su cuerpo.
—Sólo quiero que sepas que te pertenezco— dijo Harry y por su voz entrecortada, Louis supo que también estaba llorando— y que esto...— tomó delicadamente la mano de Louis y la colocó sobre el lado izquierdo de su cuerpo— mi corazón siempre ha sido tuyo, Boo, late únicamente por ti.
Louis no puede evitarlo cuando bes ó a Harry. Ellos se fundieron por medio de sus labios y nada más pareci ó importar a su alrededor. Nada lo hacía en realidad.
—Te amo, Hazz, lo hago tanto— sollozó Louis, porque no podía aceptar que esta era su vida y que este precioso hombre la compartirìa hasta que uno de ellos sea tomado por la muerte.
—Vamos a comer un poco y beber un buen vino, ¿sí? Quiero que hoy sea especial y que dejes cualquier tarea que pensabas adelantar para mañana— Louis sorbió su nariz y quiso negarse el instante, pero Harry se lo impidió dejando otro beso en sus labios—. Yo mismo te ayudaré a completarla, si te preocupa tanto tu lista, amor.
—Está bien— coincidió dejándose llevar por el suave tacto de Harry en su espalda baja—. Haremos lo que tú digas.
—¿De verdad? Porque tenía todo un discurso planeado para convencerte, iba a pararme de cabeza y todo.
—¡No seas dramático, Styles!
—“Tomlinson” para ti y el mundo entero.
Y ambos rieron, mientras comían queso y bebían el mejor vino que Harry había producido hasta el momento.
Ellos eran felices.
...
Cuando son pasadas las tres de la tarde, hubo algo en el ambiente que hizo sentir a Louis distinto, pero no pudo identificar su proveniencia por más que lo intent ó .
Revisó su lista un par de veces para intentar encontrar tal vez el problema de su extraña sensación, pero no encontró nada mal en ella; sus animales estaban en orden y sanos, y sus trabajadores felices por la paga y el almuerzo de agradecimiento que Greta había preparado. Todo parecía en orden, sin embargo, no se sentía así.
Louis tomó su mochila llena de artículos y, con ella en su espalda, montó su cuadrón rojo junto a Harry para dirigirse al “Parque Nacional Iphegenia”.
Les tomaría exactamente quince minutos conducir desde su propiedad hacia la reserva para terminar su día contemplando la puesta del sol desde el pico más alto de la pequeña montaña, en la que pretendían hacer senderismo.
No era su primera vez en el parque, en realidad, concurrían a él con bastante frecuencia; tanto así que, los guardabosques ya los conocían de hacía años y tenían una especie de amistad con ellos. Louis por lo general les llevaba un frasco de mermelada y los guardias, Cris y Austin, les permitían permanecer unos minutos más cuando la reserva cerraba sus puertas a los turistas, era día no seria la excepción.
Louis llevaba sus gafas oscuras de sol, y Harry su típica gorra azul; y, tomados de la mano caminaron el tan conocido recorrido, haciendo pequeñas pausas para fotografiar la naturaleza a su alrededor. El castaño nunca se cansaría de aquello.
La maleza del lugar se hacía cada vez más espesa conforme subían la elevación natural, los grillos del entorno se hacían escuchar, y en más de una ocasión las aves de los árboles cantaron para ellos. Un par de zorros de pelaje rojizo, madre e hijo supuso Louis por su tamaño, los acompañó unos metros para después desaparecer en el medio de la nada; cada pequeño detalle y ser del lugar que los rodeaba era fascinante, y la pareja estaba totalmente encantada, como si fuese la primera vez.
El viento sopló en su dirección, y Louis sintió cada cabello que caía sobre su rostro ser removido cuando Harry soltó su mano.
—Quiero enviarles una foto a los niños, ¿podrías posar en ese lugar de ahí, por favor?— preguntó con una sonrisa cegadora, como las que únicamente Louis podía generar.
Louis miró con atención hacia donde el dedo de Harry señalaba, sin lugar a duda la postal quedaría increíble: un pequeño valle de vivos colores resaltaba en el fondo, las nubes blancas estaban salpicadas de pequeñas manchas oscuras y el cielo azul empezaba a tornarse naranja. Sus hijos amarían la imagen.
—Claro, Hazz— respondió caminando hacia el extremo contrario a su esposo. Acomodó lo mejor que pudo su despeinado cabello, y sus manos se ajustaron alrededor de las alas de su mochila cuando hubo terminado.
Sus zapatos se llenaron de diminutas piedrecillas en las suelas de goma y él sonrió cuando una bandada de aves atravesó el cielo contrario al que él le daba la espalda, justo detrás de los rizos rebeldes de Harry. Tal vez al llegar a casa podría cepillarle el cabello y jugar un poco con él, en definitiva era un plan.
Harry levantó la cámara y su esposo saludó alegremente con su mano derecha.
El obturador se ajustó perfectamente, y en el momento exacto en que el flash iba a ser disparado, el mundo de Harry se vino abajo de manera literal.
Louis no supo qué fue. Si él se movió demasiado sobre la superficie, o si la roca estaba destinada a precipitarse cuatro metros por ese precipicio pero lo único que consiguió entender era que no estaba seguro.
Todo dio vueltas a su alrededor, y él realmente aún no era consciente que estaba cayendo.
¿Estaba jodidamente cayendo hacia su final?
Él simplemente no podía morir así.
No podía terminar de esta manera, el alma de Louis se negaba porque aún no había vivido lo suficiente y ni siquiera había cumplido su sueño de ser abuelo. No podía dejar a un pobre Harry viudo a la edad de cuarenta y nueve años, ellos aún tenían historias por contar y niños por cobijar, y animales por cuidar.
Y... no podía simplemente irse así, sin una despedida adecuada.
Cuando fue consciente de su desgracia, su propio grito lo sacudió. En un intento desesperado agitó sus brazos, pero todo fue en vano porque de ellos nunca saldrían alas y jamás podría volar.
Su cuerpo fue arrastrado por la maldita gravedad sin pena alguna y cuando el zumbido de la caída terminó, el dolor más punzante y tormentoso lo atravesó porque sintió a sus frágiles huesos romperse como ramitas en las manos de un niño tras el impacto.
Sus pulmones se quedaron sin aire al instante y él sintió que se ahogaba cual pez fuera del agua; jadeó por ayuda, sintiendo todo su cuerpo colapsar en el instante que vio negro aún con sus ojos abiertos.
“Será malo” pensó.
El jodido pronóstico será una mierda, Louis lo supo al instante, aún en su estado de shock e ingresando a la inconsciencia conocía tan bien su cuerpo que notó que algo ha cambiado.
Pudo sentir su alma desgarrarse cuando cayó, y físicamente, nada después.
Un zumbido le taladraba el cerebro y no le dejaba escuchar sus propios quejidos bañados de dolor y sangre.
Louis no se movió ni un centímetro, y rezó, lo hizo porque no quería dejar de creer y pensar que esto realmente le estaba sucediendo a él. Apenas esa mañana había compartido el gesto más romántico de su vida junto a Harry, y había besado a su esposo hasta el cansancio.
Él no podía estar muriendo ahora.
Sintió la caída de un par más de rocas pequeñas a su alrededor, y el arrastre de las piedras en unos zapatos de correr conocidos.
Una mano sostuvo la suya, y él se aferró con esperanza a aquel toque que se sentía como un salvavidas.
—¡Lou!— alguien lo llamó, ¿acaso era Dios queriendo llevarlo consigo al Reino de los Cielos?—. Cariño, ¿puedes oírme? — insistió la voz de nuevo, y Louis no supo hacer nada más que balbucear—. No te duermas, amor, por favor.
Harry observó el cuerpo herido de su esposo y lloró como un niño pequeño , sintiéndose perdido y culpable . Él no quiso soltarlo cuando lo hizo, pero debía hacerlo, si pretendía conseguir ayuda en favor de su esposo.
El toque firme desapareció de su mano y Louis se quejó, ¿la esperanza también lo abandonaba? ¿Esta era la consecuencia de su presentimiento ? ¿Acaso los árboles no habían gritado con suficiente fuerza las advertencias? ¿No habían los pájaros y el viento cantado cantado y soplado indicando otra direccion?
—¡Sí, mi esposo acaba de caer por un jodido precipicio!— una voz se escuchó lejana y él apenas pudo distinguir a su dueño—. ¡Estamos en el Parque Nacional Iphegenia! To-... to-tomamos el cuatro sendero con dirección Noreste. Está bien, de acuerdo, no lo moveré, pero por favor envíen ayuda.
La tierra fría bajo su cuerpo absorbía poco a poco su calor, ¿el mundo intentaba drenar su esencia tan pronto? Louis no lo permitiría, así que clamó el nombre de Dios y todos los santos que pudo recordar en el momento con su magullado cerebro, pero no consiguió sentir alivio alguno.
La pérdida era inminente para ambos corazones en medio de la nada .
—Te tengo, amor— escuchó a Harry decir en medio de su lucha, apenas movió su rostro unos centímetros, y vio el estado en que se encontraban las rodillas del rizado. Toda su ropa lucía sucia, y sus extremidades estaban raspadas y llenas de sangre por el descenso peligroso que había hecho hasta él; algo en esa imagen rompió el corazón de Louis infinitamente y provocó su llanto.
—Me duele la cabeza, Harry— se quejó desesperado.
Él no quería morir, y todo el jodio universo lo sabía, porque Louis tenía tanto porqué luchar . Sus hijos volverían a casa dentro de unos meses, abriría un refugio de animales en la ciudad dentro de poco y compartiría un viaje con Harry a Jamaica por su cumpleaños. Tenía tantos planes a futuro que probablemente no se cumplirían, y la sola imagen de no conseguir cumplir ninguno hizo estremecer el débil cuerpo de Louis. Él simplemente no podía morir, no podía abandonar el mundo de esta manera; porque, por sobre todas las cosas que más amaba, Louis no deseaba que este fuese el último recuerdo en la mente de su esposo.
—No muevas más tu cuerpo. Resiste, Lou, por favor, la ayuda está en camino— pidió Harry con lágrimas inundando sus mejillas cuales cascadas en época de invierno. Una tormenta de tristeza se desataba en su interior.
Cuando Louis vio su rostro, notó que el brillo en los ojos verdes que tanto amaba había desaparecido , y en su lugar, un remolino de agonía se había instaurado; el ojiazul supo no podía dejarlo así .
—Te amo— susurró cuando sus párpados pesaron demasiado y un zumbido de hélices lo alcanzó.
Tal vez sí habría esperanza en un futuro y Harry estaría bien, aunque él ya no.
🐎
Hay algo en la magnificencia de los atardeceres que hace llorar a Louis siempre que los contempla esperanzado.
Tal vez es la preciosidad de los colores mezclados lo que le causa nostalgia acerca de días más felices, o cómo estos pierden su calor y vida al transcurrir el tiempo lentamente sobre todo lo que tocan.
Si Louis tuviese que definirse de alguna manera, le gustaría considerarse así mismo como un naranja brillante siendo consumido por la oscuridad de la noche.
Las colinas verdes se tornan azules mientras el sol desciende, llevándose consigo la esperanza y fe en el futuro. (¿Acaso existen realmente?). Días como estos hacen que Louis quiera encogerse en una coraza y permanecer allí para siempre, para no ser alcanzado por sus propios sentimientos, ni pensamientos oscuros.
Entrecierra sus ojos mínimamente y analiza las nubes regordetas en el cielo, mira su paleta de colores y elige los correctos antes de mezclarlos y pintar el lienzo frente a él.
—¿Lou?— escucha su nombre ser llamado desde la planta baja de la casa y Harry aparece poco después en la habitación. El crujido de la madera bajo sus pesadas botas lo delata cuando llega a la habitación, poco después siente una mano callosa ser colocada sobre su delicado hombro; y, el toque estremece a Louis—. Me gusta mucho más este que el anterior— comenta Harry para después depositar un dulce beso en la mejilla manchada de rojo de Louis.
—Es bastante bueno, ¿cierto? — concede Louis apenas retirando la mirada de su trabajo. Harry está mintiendo, y él lo sabe, porque esta es la misma mierda que el anterior, y el predecesor a este.
—Definitivamente, mi esposo es el mejor artista de todos— canturrea orgulloso, Louis lo siente tanto.
—Seguro lo soy— dice altarneramente— porque no hay nadie más a kilómetros a la redonda.
Un silencio incómodo se acentúa entre ellos y Louis siente al instante sus palabras, a veces quisiera dejar de expresar tan abiertamente sus pensamientos y herir a quienes ama.
—De todas formas, ¿la comida está lista? — intenta, porque odia lastimar a Harry, pero a veces él realmente olvida que los demás sí tienen sentimientos y los expresan tan abiertamente.
—Sí, Greta ha terminado— dice apretando un poco su hombro, Louis está tan tenso, que ese mínimo movimiento en la zona le genera malestar.
—Bien, entonces iré a asearme— comunica limpiando su pincel.
—¿Pensaba que podía ayudarte?— pide Harry, su voz se escucha suplicante; él aún tiene miedo. Louis también lo hace.
—Puedo hacerlo solo, pero gracias, Hazz— y por primera vez, desde que el otro hombre ocupa un lugar en la habitación, lo mira.
Tiene el rostro lleno de polvo, la camisa sucia y su cabeza repleta de pequeñas virutas de heno esparcidas por el cabello; Louis recuerda cuando tan solo movía unos centímetros su mano y las retiraba, dejando un pequeño beso en su nariz al finalizar. Hoy ni siquiera lo intenta porque sabe que es inútil.
—De acuerdo, entonces estaré esperando en la escalera— habla tan suave que Louis siente algo donde antes estaba su corazón.
—Gracias.
Dice, apenas audible, y retira el seguro de su silla de ruedas para salir de la habitación y encerrarse en el cuarto de baño a llorar durante los próximos minutos.
Los días sólo se vuelven más grises.
...
La cena transcurre en silencio, tan solo los cubiertos emitiendo sonidos contra la vajilla mientras Louis come con parsimonia su estofado; la carne es molida más de la cuenta en su boca, pero a él no le importa, ¿siquiera algo lo hace últimamente?
Louis recuerda, casi dos años atrás, cuando su vida no se vino abajo y cambió drásticamente, que disfrutaba pasar horas y horas en la cocina preparando mermeladas y sándwiches para los días de campo que Harry solía organizar cuando sus hijos visitaban la granja. Ahora ni siquiera lo gusta de casa.
En el pasado solían tomar el viejo camino con dirección al gran río de agua cristalina que limita con su propiedad, y se zambullían allí cada verano hasta que el sol se ponía y las luciérnagas les hacían compañía; hoy, el castaño hace todo lo posible por no traer las dulces memorias a su vida diaria, porque sólo consigue herirse más. Es algo así como enterrarse un cuchillo de doble filo en una herida sin cicatrizar.
—Entonces— empieza Harry limpiando sus labios con la servilleta de su regazo y rompiendo el tenso silencio que los cubre cada noche a la hora de la cena— los niños mandan saludos— Louis baja su tenedor cuando la mención de sus hijos llama su atención—. Andrew dijo que vendría al finalizar el semestre porque ahora está repleto de exámenes, y Nora mencionó que le gustaría que la visitáramos en octubre porque tiene una obra antes de Halloween.
Louis mantiene las palabras en su sistema, se niega a comprenderlas del todo, porque eso es aceptar que sus chicos están cumpliendo sus sueños y él no ha estado lo suficientemente presente como había prometido.
—Y-yo...— él ya lo siente cuando dice: —No puedo.
—Cariño, creo que...— Harry extiende su mano sobre la mesa y toca los nudillos delicados de Louis, él no retira su mano afortunadamente—. Creo que sería realmente bueno para ti, ¿sabes? Tomar aire nuevo y ver las cosas desde otra perspectiva.
Louis no dice nada y lleva una nueva porción de comida a su boca. Harry no se da por vencido, y el ojiazul espera que nunca lo haga, porque el día que suceda, eso sería el fin completo para él.
—Louis, por favor— su esposo suspira y su tono se endurece un poco—. No puedes vivir para siempre envuelto en estas cuatro paredes y pensar que está bien, amor, hay todo un mundo afuera esperando por ti.
La carne pierde el sabor cuando Louis la traga, las palabras de Harry han quedado atrapadas en la espesa bruma que los rodea.
—El mundo puede vivir mí, Hazz, y estoy seguro de que no se detendrá si yo no puedo salir.
Nadie dice nada más después de eso, no hasta que Harry se retira de la mesa, disculpándose y saliendo de la casa. El castaño permanece en su lugar, con su rostro entre sus manos mientras la comida se enfría—Louis siente que algo dentro de él también lo hace—.
Todo a su alrededor se está cayendo a pedazos, y Louis piensa que tal vez su accidente tan solo fue una premonición de cada obstáculo al que tendría que enfrentarse a futuro. Él siente que el mundo está en su contra, y tal vez sea así.
...
La sensación cruda y tormentosa, que le aprieta el alma y le hace sentir que no puede respirar, se mantiene varias horas más, hasta que se va a dormir muy entrada la noche a una habitación vacía y sin un cuerpo caliente a su lado.
Dios, ¿qué está mal en él?
🐎
El dolor era indescriptible y Louis sintió de primera mano cómo cada parte de él suplicaba tregua ante un enemigo desconocido y una batalla perdida.
Su cuerpo se mantuvo rígido, sin embargo, sintiendo cómo todo a su alrededor se movía.
Voces lejanas gritaban su nombre y no él entendió la razón hasta que sintió un pinchazo en el brazo que lo hizo gritar.
Sus ojos se abrieron de golpe y una luz sobre él lo cegó, parpadeó un par de veces sintiendo una presión sobre su cuello, ¿por qué no podía mover su cuerpo? Sus orbes se desplazaron horizontalmente, y en su periferia vio manchas extrañas.
¿Qué estaba pasando?
¿Dónde estaba su esposo? ¿Por qué Harry no estaba a su lado sosteniendo su mano?
¿Por qué seguían llamando su nombre y olía todo el lugar a alcohol? ¿Por qué había tantas batas blancas a su alrededor?
Entonces lo supo.
Dicen que cuando una persona está a nada de morir, ve pasar toda su vida en un segundo, algo así como una película, y aquello era lo que el cerebro de Louis estaba haciendo en ese momento.
Él lo vio todo.
Desde su primer recuerdo, a su familia y amigos; hasta el último, la sonrisa de Harry cuando levantó la cámara y la bandada de aves voló detrás de él. Louis también vio el mundo girar a su alrededor mientras caía y después a su esposo llorar mientras sostenía su mano.
El hombre sintió ganas de vomitar, pero no pudo hacerlo porque las arcadas nunca llegaron.
Su cuerpo estaba entrando en estado de shock por el súbito colapso en su sistema, y parecía que no resistiría más; él se estaba dando por vencido.
¿Debía seguir aquella luz blanca y brillante de una vez por todas y terminar ya con su sufrimiento?
—¡Despejen! — gritó alguien y de pronto sintió cómo su pecho se estaba quemando y sus brazos se sacudían por sí solos —. ¡Llamen al quirófano y avisen que debemos operar de inmediato!
Sus ojos se cerraron de nuevo cuando escuchó su nombre una vez más siendo pronunciado, pero esta vez, por la preocupada voz de Harry antes de que las puertas se cerrasen, impudiéndole el paso a la zona restringida del hospital.
Él se alejó sin su despedida adecuada.
🐎
El teléfono timbró dos veces y una risa se escuchó cuando la persona del otro lado de la línea contestó.
—¡Papi! — festejó la muchacha, y Louis la imaginó como la última vez que la había visto en New York. Seguramente tendría su cabello atado en una coleta mal hecha con varios apliques coloridos sujetando sus mechones desordenados, y Louis que, aunque él la reprendiese por no usar cepillo, ella tan sólo diría algo como: “¡Es parte del arte, papá!”, y ambos se echarían a reír como en sus primeros años juntos. Probablemente vestiría sus largos vestidos de estampados florales y esas viejas botas marrones de segunda mano que tanto adoraba. Louis la extrañaba mucho, demasiado.
—Hey, Nor— saludó cuando un suave “¿Papá?” fue dicho de nuevo—. ¿Cómo estás, cariño?
—Muy feliz por recibir una llamada tuya— Louis sonrió muy a su pesar; ella lo llamaba con bastante insistencia y él nunca respondía—. Mmm, papá Harry dijo que pasas más tiempo en tu cuarto de pintura, ¿todo bien allí?
Louis no supo responder de inmediato, por supuesto que el metido que tenía por esposo correría a contarles sus cosas a sus hijos como siempre.
—Sí, preciosa— mintió, él no quería ser una carga más grande para sus chicos—, tanto sólo he estado implementando nuevas técnicas a mis pinturas.
—Oh— Nora dudó, pero no puso en juicio las palabras de su padre, así que sólo continuó y Louis agradeció silenciosamente—. Eso es genial, espero que mejores con lo que sea que trabajas ahora.
—Gracias, mi amor— el castaño se mantuvo en silencio un segundo, antes de finalmente revelar la verdadera razón de su llamada—. Yo... yo escuché que vas a tener una obra el próximo octubre.
—¡Sí, y seré la protagonista! ¿Puedes creerlo?
—Lo hago, en realidad, lo hago— Louis sonrió, aunque su hija no pudiese verlo—, eres muy talentosa y te lo mereces.
—¡Gracias! Yo le dije a papá que me gustaría verlos para entonces— la duda en su voz rompió el viejo corazón de Louis—. Ya sabes, como verlos realmente en New York, como en los viejos tiempos. Quiero mostrarte una nueva galería de arte que acaba de abrir cerca del teatro, y presentarte a algunos de mis amigos que no pudiste conocer en tu última visita...
Louis deja de escuchar desde ahí. A él realmente le gustaría asistir a todo aquello que sus hijos tengan preparado, pero existe algo en su interior que le grita, le recrimina, que todos estarán mejor si él se mantiene a raya. Está tan cansado de ser una carga en vidas ajenas.
—... ¿papi? — la voz de Nora llama cuidadosamente
—Aquí estoy, tesoro— el hombre pasa una mano sobre su rostro y suspira. Le duele tanto alejar a sus hijos—. Yo creo que papá Harry estará más que feliz por ver todo que tienes preparado, amor— escucha el suspiro de su hija y su garganta se contrae—. Sin embargo, yo no creo poder ir, sabes lo complicado que es tener que viajar con silla de ruedas y lo cansado que es para mi cuerpo permanecer en una sola posición durante mucho tiempo— Louis sobre su nariz disimuladamente y ruega porque su hija no note el cambio en su voz—. Pero Harry puede tomar muchas fotos para mí, me encantaría verlo todo en viejas polaroids, con ese estilo... ¿cómo le dicen ustedes?
—¿Vintage?
—¡Sí, eso! Podría ser como un proyecto de arte o algo así.
—Está bien— el desánimo es palpable cuando responde.
—Lo siento tanto, cariño— se disculpa, no por primera vez en lo que va del año.
—¿Tal vez el próximo año podrías venir a una de mis obras, aunque no sea la estrella del show?
—Tú siempre serás mi pequeña gran estrella, Nor.
🐎
—¡Papá!— la voz se escuchó tan lejana, rebotando en su cabeza una y otra vez, como ecos perforándole el cerebro; todo él se sobresaltó cuando sintió unos brazos envolverse a su alrededor. Dos pares de manos le acariciaron la espalda con cariño y Harry por primera vez se dejó caer.
Se rompió como el cristal frente a sus hijos, frágil y lleno de bordes cubiertos de dolor.
—Vinimos tan pronto llamaste, Andrew condujo toda la noche— dijo Nora a su oído en un intento por tranquilizarlo. Estaba tan grande, toda una mujer adulta, ¿en qué momento su pequeña había crecido tanto? ¿Aún disfrutaba de dejarse caer por la colina y rodar cuesta abajo?
—Ya no estás solo, papá— consoló Andrew y Harry escondió su rostro en la curvatura del cuello y hombro de su hijo, ahora era más alto que él. ¿Era insensible decir que, aunque sus chicos estuviesen allí, él aún se sentía incompleto?
El abrazo duró una eternidad, y Harry sintió cada sollozo silencioso que sus hijos dejaron en su piel. Cada lágrima derramada se convirtió en una marca de lucha sobre la piel de Harry y él nunca conseguiría borrarlas.
— ¿Cómo está él?— Nora fue la primera en hablar, y la garganta de Harry se contrajo cuando su estómago se hundió.
El mayor del trío negó, no quería hablar ahora; él sólo quería tomar el lugar de su esposo y evitar que sintiera dolor.
—L-los...— intentó tranquilizar su respiración, pero cada vez que intentaba sus ojos se cerraban y él veía a Louis inmóvil en el suelo— los... los doc-dotores aún no me dicen nada.
—Papá Lou estará bien— alentó Andrew— él es la persona más malditamente fuerte que conozco.
—No s-sé qué voy a hacer s-... si él me falta, es mi vida entera— Harry llevó sus manos a su rostro e hizo presión sobre sus ojos, ¿cuándo va a dejar de llorar?
El llanto los invadió de nuevo, y nadie dijo nada durante las siguientes horas hasta que un doctor se acercó con noticias no tan alentadoras.
...
Las lágrimas no cesaron durante los próximos días y los corazones de la pequeña familia se marchitaron con cada rezo lleno de fe que fue ignorado en ese entonces.
La fe estaba perdida.
🐎
Temprano por la mañana, cuando Louis despierta y percibe un cuerpo cálido a su lado después de mucho, lo que más siente en ese instante, en lugar de dolor, es miedo.
Miedo a marcharse de este mundo y tan solo haber arruinado la vida de todos. Miedo a no enfrentar sus sombras y dejarse consumir por ellas. Miedo a lastimar aún a quienes ama.
Miedo a no ser suficiente y que las desapariciones de su esposo por las madrugadas sean porque él está empezando de nuevo con alguien más, cuando lo único que Louis hace es hundirse cada día más.
“Mi corazón siempre ha sido tuyo, Boo, late únicamente por ti.”
¿Harry sería capaz de lastimarlo de esta forma? Louis piensa que no, pero los gritos dentro de su cabeza le aseguran otra cosa.
Él se duerme de nuevo con su corazón en mano y sintiendo como una mano le limpia las lágrimas del rostro.
Él ya no quiere tener miedo.
🐎
Su lengua estaba seca y su garganta pedía a gritos agua. ¡Que alguien se apiade de este pobre hombre y le dé algo de beber!
Louis jadeó y tosió cuando sintió algo invadiendo su tráquea, los tubos de las máquinas lo estaban asfixiando y él pedía ayuda con desesperación.
—¡Enfermera! — alguien gritó y él escuchó fuertes pasos resonar sobre el pulcro piso— ¡Enfermera, mi esposo despertó!
Oh, era Harry. Su Harry estaba bien , bendito sea el Cielo.
—Apártense del paciente, por favor—habló la desconocida que removió el tubo que lo ayudaba a respirar—. Llamaré al doctor, por favor, no lo invadan con cuestionamientos por ahora porque ni su cuerpo, ni su mente han asimilado todavía el traumatismo y podría ser confuso para él. Pueden darle de beber agua como les enseñé, pero no hagan más .
—De acuerdo— escuchó que su hijo menor respondía mientras sus ojos se adaptaban al deslumbrante brillo de la habitación.
—A-agua...— pidió en un susurro desesperado, le dolía la jodida garganta y nadie hacía nada.
—¡Aquí, bebe por la pajilla, papá! — dijo su hija mayor acercándole el objeto a la boca.
Louis separó sus lastimados labios y sorbió una reducida cantidad. El líquido calmó todo dolor en su interior y él respiró suavemente con sus párpados cerrados.
—Lou...—la delicada voz de Harry llamó y el castaño sonrió.
—Hola, amor— habló con la voz raposa—. Casi no la cuento, ¿eh? — intentó bromear, pero los rostros imperturbables de su familia demostraron que no era el momento para hacerlo.
—No sabes cuán mal lo pasamos, papá— lloró Nora acercándose al hombre y tomando su mano—, pensé que te perdería para siempre.
—Eso jamás, mi cielo— respondió él lleno de tristeza de sólo pensar que sus últimos pensamientos pudieron haberse convertido en realidad.
—¿Necesitas algo más, papá? — inquirió Andrew con una media sonrisa y los ojos rojos, un indicador de su llanto de días anteriores.
—No, amor, estoy bien, gracias.
El muchacho de cabello cobrizo asintió, pero permaneció con su mirada fija en Louis cuando un hombre canoso ingresó a la habitación.
—Señor, Tomlinson— saludó el doctor—. Me presento, soy Zackari Wilson y fui el responsable de su operación.
—Un gusto, doctor Wilson.
El médico empezó a ojear el historial de Louis en una de las carpetas que la enfermera le extendió, y el hombre acostado en la camilla intentó enderezarse, pero se sorprendió cuando no pudo hacerlo; era extraño no conseguir respuestas adecuadas de su cuerpo por más que insistía.
Su ceño se frunció cuando notó que sus piernas no obedecían.
—Veo que sus signos vitales han mejorado considerablemente desde que estuvo en el quirófano — el castaño escuchó con cuidado y se permitió digerir la información. De acuerdo, cayó desde un precipicio y fue operado de inmediato. Correcto—. Louis, quiero que considere que estuvo tres días dormido y en cuidados intensivos por la gravedad de su condición; y que, debido a su accidente tuvimos que insertarle clavos a sus piernas y realizad un procedimiento de reconstrucción, porque cuando cayó sobre ellas, al colocar todo su peso encima, las rompió— el rostro de Louis se contrae ante la información.
¿Realmente ha pasado tanto tiempo inconsciente? ¿Y su cirugía ha sido tan complicada? ¡Jesús! Ahora entiende por qué su familia lucía tan preocupada.
Las manos del hombre sudan al imaginar cuánto debió doler su caída y el traslado al hospital en su momento, y cómo debió haber sufrido su esposo e hijos al verlo en esas condiciones; menos mal ahora está bien.
—Los residuos de la anestesia general deben estar por fin desapareciendo— el médico marcó un par de casillas en su carpeta y cuando finalizó la colocó debajo de su brazo, para posteriormente ser interrumpido.
—¡Fue un completo milagro que aún estés con vida!— susurró su hija a su costado, recostando su cabeza en el hombro del ojiazul.
El doctor continuó con su explicación asintiendo y colocando sus lentes sobre su cabello: —Como los efectos de la anestesia van a consumirse por completo de tu sistema dentro de poco, mis enfermeras te administrarán medicamento por vía intravenosa en unas horas para que tu cuerpo, en general, no sufra debido al dolor y la invasión que los clavos de titanio pueden generar en tu organismo.
—De acuerdo— Louis concordó, pero la duda de su estado seguía moliendo sus pensamientos—. Hum, ¿doctor? — llamó el castaño alisando las sábanas a su alrededor. Su familia lo observaba con ojos piadosos y el médico analizaba, esperando la tan ansiada pregunta. Era mejor que Louis fuese quién iniciase el hilo de aquella conversación, a tener que comunicarle de manera directa y sin permitirle absorber la información con cuidado.
—Sí, Louis, dime.
—¿Por todo lo que usted mencionó es que aún no siento mis piernas?
El silencio que cayó en la habitación, y este tan sólo pudo compararse con el que se produce en el espacio exterior.
El castaño por sí solo pudo confirmar que algo estaba mal.
—Louis— inició el hombre con cuidado, acercándose y girando un monitor que contenía las radiografías del ojiazul—. Tuvimos que someterte a cirugía porque estas vértebras de aquí fueron las más afectadas cuando caíste sobre tus piernas— la frente Louis empezó a bañarse de sudor cuando el médico señaló las imágenes en blanco y negro de su destrozada columna—. Tú médula espinal sufrió muchísimo a causa de ello y por eso tuvimos que intervenirte de inmediato en cuanto llegaste al hospital— el hombre se toma un respiro y apaga el monitor antes de continuar y dar la mala noticia—. Lo que quiero decir con todo esto es que hicimos lo mejor que pudimos en el quirófano para que no perdieses tus extremidades, sin embargo , tienes parálisis incompleta en ambas piernas, lo siento muchísimo— fue lo último que el cirujano expulsó antes de mirar en dirección de su paciente.
“Tienes parálisis incompleta en ambas piernas” la frase se repetía una y otra vez en la cabeza de Louis y él sólo quería echarse a llorar allí mismo. Pero no pudo hacerlo, porque su alma no reaccionó y su cuerpo entró en estado de shock.
—¡NO! — gritó con sollozos ahogados cubriendo su rostro— ¡No es cierto! ¡No puede ser cierto! — repitió alejando las manos que intentaron tocarlo, la piel le quemaba y sentía que en cualquier momento pedazos de su cuerpo caerían sobre la camilla—. ¡Harry, dime que es mentira!
—Lou...— intentó el rizado, pero entonces, por el tono que empleó, Louis supo que todo era real; cada palabra dicha por el doctor, ¿por eso sus hijos habían llorado tanto? ¿porque él ya no sería el mismo desde ahora?
“Tienes parálisis incompleta en ambas piernas”
Louis quiso morir allí mismo cuando sus manos picaron .
“Tienes parálisis incompleta en ambas piernas”
Y enterrar su cabeza bajo kilómetros de tierra cuando levantó las sábanas blancas del hospital y vio los clavos sobresalientes en sus extremidades dormidas.
“Tienes parálisis incompleta en ambas piernas”
Él quiso desaparecer cuando intentó levantar su pierna derecha y no pudo.
“Tienes parálisis incompleta en ambas piernas”
Y por primera vez, desde que despertó, el mundo dejó de dar vueltas a su alrededor.