"Incubus" © KookMin

Summary

La obsesión de un humano es sumamente peligrosa. Pero la de un demonio lo es mucho más. ➥ Historia original. ➥ Terror. ➥ Angst, angst, angst. ➥ Escenas de violencia explícita y sucesos paranormales. Contenido no apto para público sensible. ' ➥ íncubo: Es un demonio, en la creencia y mitología popular europea de la Edad Media, que se supone se posa encima de la víctima durmiente, para tener relaciones sexuales con quien duerme, de acuerdo con una amplia cantidad de tradiciones mitológicas y legendarias. El íncubo succiona la energía corporal de la persona en el momento de la copulación; de esta manera, vive o se hace más fuerte.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

"He chose you"

JiMin se sentía relajado, y eso no pasaba muy seguido. Ser padre soltero le mantenía histérico y bastante estresado, y es que su pequeña hija era un dolor de cabeza. Es más, Park Hanna, seis años y con facciones iguales a las suyas, era una traviesa de primera, y él un padre amargado y asustado de la vida. Una dupla perfecta.

Hanna era todo lo que JiMin tenía.

Por ello es que vivía el día a día persiguiendo a la cabecita castaña por toda la casa, tratando de evitar que rompiera algo y se lastimara, preocupado por si tenía calor, frío, hambre, aunque esto último siempre lo tuviera, hiciera todas sus tareas del jardín de niños y no se llevara las manos ni a los ojos ni a la boca.

Resultaba gracioso para los vecinos, y quienes iban a visitarlo a su acogedor hogar, oír los conocidos gritos: “¡No corras por la casa, cariño!”, “¡Cuidado con eso!”, “¡Abrígate, Hanna!”, “¡Te vas a lastimar, déjalo donde estaba!”, “¡Cuidado con las escaleras!”, “¡Yo lo hago, aléjate de ahí!” y el favorito de todos: “¡No metas tus juguetes en el escusado, niña, por Dios!” para luego escuchar las pisadas de la pequeña escapando de JiMin y las risotadas infantiles cuando la atrapaban y le hacían cosquillas.

Quizás las cosas no siempre eran fáciles, no desde que la madre de Hanna, y la difunta esposa de JiMin, Kang SeulGi, falleciera por cáncer y dejara a los dos amores de su vida solos en el inmenso mundo. Al pillarse solo con una bebé de un año, JiMin no tuvo más remedio que criar a su pequeña por su cuenta, trabajando el doble para poder financiarse, y que a su preciada niña jamás le faltara nada, cultivando aquel gigante cariño que ambos se tenían.

Hanna ya estaba en el preescolar, y JiMin se sentía desfallecer por la dura experiencia de tener que dejarla en el jardín de niños, con todos esos extraños, y luego irse a su trabajo como si nada malo estuviera pasando. ¿Cómo esperaban que pasara las once horas detrás de su escritorio sin tener una crisis nerviosa? Era su tesoro, su risueña y revoltosa bebé, no estaba en sus planes permitir que ella se separara de su lado.

Pero, al parecer, era necesario que lo hiciera. Y esto lo traía arrancándose los pelos con las manos, enervado a mil, sus labios rotos por las veces que los mordía debido a la ansiedad y la piel más pálida que de costumbre. Definitivamente no quería tener que seguir así, quería a su princesa segura en casa, o mejor aún, entre sus brazos, junto a él.

Ya cansado de esto, su mejor amigo desde la Universidad, Kim TaeHyung, contrató a una niñera por una noche completa para poder llevarse a su histérico JiMin a un bar reconocido en el pequeño pueblo donde vivían, tratando de que este lograra soltarse un poco de todos sus miedos y relajarse con una buena jarra de cerveza, bailar y reírse.

Por supuesto que al principio tuvieron problemas, JiMin se negó completamente a dejar a su niña con una total desconocida. Pero luego de que TaeHyung invadiera su casa horas antes de que anocheciera, entreteniendo a Hanna lo suficiente con todas sus muñecas y peluches como para que la chiquilla cayera dormida y rendida, mientras JiMin hacía la cena con ayuda de JiSoo, la niñera que su amigo contrató; lo consideró, y bastante.

JiSoo era un pedazo de cielo, amable en extremo y amorosa, además de educada. Su hijita yacía dormida en el regazo de su tío favorito, este alzando sus cejas con insistencia y una sonrisa cómplice en sus labios, sabiendo que logró convencer a su amargado mejor amigo.

JiMin no lo dudó mucho, era sábado, no salía hace años, y los diseños que tenía que entregarle a su jefe el lunes le tenían tan tenso, que ante el mínimo movimiento, todo le crujía. ¡Y por favor! Tenía veintisiete años, se sentía como un viejo.

Acostó a su Hanna, besó su cabecita y le arropó junto a su peluche de ballenita bebé antes de correr a su habitación, darse una ducha comprometedora, perfumarse y vestirse con prendas que ya tenía olvidadas en su armario. Peinó sus cabellos negros hacia atrás mientras cruzaba el pasillo de su casa y bajaba los escalones directo a la sala de estar, donde TaeHyung le esperaba casi saltando de la emoción.

Los últimos años sólo se juntaban en la casa de JiMin para beber un poco, ver películas y chismear. TaeHyung adoraba a Hanna, de eso no había duda, pero extrañaba a su mejor amigo, esa fiera incontrolable que bailaba sobre las mesas en las fiestas durante la Universidad.

Y esta noche, tenía la corazonada de que su pelinegro lograría divertirse como antes.

JiMin lo merecía.


Park sujetó la colilla entre sus gruesos y húmedos labios, debido a la cerveza, y dio una profunda calada, conteniendo el humo en su boca por un par de segundos para luego expulsarlo en un suspiro encantado. TaeHyung le dio una sonrisa juguetona, alejando el cigarrillo de sus labios para llevarlo a los propios, dejando salir una carcajada cuando vio al azabache restregarle el culo en la entrepierna, molestándole.

JiMin recibió una palmada en el muslo como respuesta, y también se rio, entretenido. Siguió bailando, contoneando sus caderas con la música de “The Weeknd” retumbando en las paredes de aquel amplio y rústico bar. Las personas a su alrededor no le importaban en lo absoluto, se dedicaba a beber de la grande y pesada jarra de cerveza en su diestra, fumar del cigarrillo de su mejor amigo y divertirse al juguetear con TaeHyung, ambos restregándose el uno al otro mientras estallaban en ruidosas carcajadas, actuando como un par de hormonales.

No era nada nuevo, solían bailar pegados y tentarse de aquella forma, aunque jamás llegaron más allá. TaeHyung era abiertamente gay, mientras que JiMin tenía su corazón y mente ocupados por lo que alguna vez fue su preciosa SeulGi. De todas formas, se divertía en gran cantidad con esos gestos, tanto así que sus mejillas y estómago dolían por sonreír tanto.

El sudor le recorría la frente, bajando por su cuello y perdiéndose en los bordes de la chaqueta que traía puesta, por lo que no lo pensó mucho al tragarse toda la cerveza restante en la jarra, pasarle esta a TaeHyung y despojarse de la molesta prenda, peinando sus cabellos húmedos hacia atrás y relamiendo sus labios, bufando una risa por la reacción de su mejor amigo.

─¡Se prendió esta mierda! ¡Pero qué atrevido, JiMin-ah! ─TaeHyung se le acercó hasta rodear sus hombros cariñosamente con su brazo, riendo entre dientes mientras los guiaba a la barra, donde el barman les sonreía con diversión por el espectáculo que tenían en la pista de baile. ─¿Buscas seducirme o enamorarme?

─Ya, imbécil caliente, apártate. Hasta comienzas a humear. ─Se mofó, empujándole por el costado del abdomen con su codo, riéndose con más ganas ante el sonido ahogado que salió de la boca del castaño.

─Y así es como me rompe el corazón, ¿Lo ves, Nam Hyung? ─Tae se digirió con dramatismo al barman, quien les conocía desde que eran unos torpes adolescentes que visitaban el bar para hacer de todo menos beber. Sinceramente, no habían cambiado mucho. JiMin blanqueó los ojos, NamJoon sólo reía bajo. ─Dos jarras más, por favor, mi buen amigo. La noche es joven, como nosotros.

El barman asintió, y de inmediato comenzó a servir la cerveza, recordando los gustos de ambos. Cerveza negra para JiMin, y cerveza rubia para TaeHyung. Tarareó una canción entre dientes mientras escuchaba a los amigos reír y charlar.

TaeHyung le pasó una servilleta a su amigo, viéndole secar el sudor en su frente y sacudir sus cabellos, sorbiendo la nariz. Le dio la ultima calada al cigarrillo en su zurda antes de apagar este en el cenicero sobre la barra, tomando asiento en uno de los taburetes, sus muslos ardiendo por las tres largas horas que duraron en la pista.

JiMin caminó hacia los percheros a un lado de la puerta de entrada, colgando allí su chaqueta de cuero, las pulseras en su muñeca tintineando al llevar su mano a su rostro, frotando sus facciones con algo de rudeza. No quería emborracharse aún, al menos no hasta el punto de marearse.

Al volver con TaeHyung, este le silbó.

─Esos pantalones te quedan de infarto, JiMin-ah.

─Bah, son mejores que mis pijamas. Últimamente es lo que más uso. ─Bufó una risa, dejándose caer, exhausto, en el taburete junto al de su amigo. TaeHyung le miró con una media sonrisa.

─Tienes que salir más.

Y JiMin supo a dónde iba esa charla.

─Oh, cállate, no quiero entrar en eso.

─Siempre dices que no quieres tocar el tema, sabiendo que hace falta hacerlo. Te pusiste como loco cuando Hanna entró al jardín de niños, entiendo que quieras cuidarla, pero te hace falta tiempo para ti. Mira lo jovial y fresco que te ves ahora, idiota. Si la soltaras un po...

JiMin blanqueó los ojos.

─Tiene seis apenas, me necesita.

TaeHyung alzó una ceja.

─¿Más de lo que tú a ella?

Con ello, JiMin sintió una punzada en el pecho, haciéndole desviar la mirada a sus muslos, jugueteando con los anillos en sus dedos.

─Es todo lo que tengo, no dejaré que le pase algo por no estar ahí para ella.

TaeHyung bufó, impaciente, antes de extender sus manos y tomar las mejillas de su mejor amigo, aplastándolas entre sus palmas.

─Hay límites para todo, bombón. Hanna no puede crecer con ese miedo absurdo que tienes tú. Vale, es cierto, hay muchas cosas peligrosas en este mundo turbio. Pero no puedes simplemente encerrarte en tu casa, ella debe conocer lugares, personas, ¡Divertirse! Así como lo hicimos nosotros. ─JiMin quería hablar, pero el castaño siseó, consciente de lo que diría. Siempre daba la misma respuesta. ─Sé que hay mucha gente mala allá afuera, pero tu deber es enseñarle cómo lidiar con ellos, no comprarle miles de juguetes y prohibirle jugar más allá del patio delantero.

─Yo mi mieri si algi li pasa. ─Logró pronunciar, sus labios abultados debido a la presión en sus mejillas.

─¡Ya sé, genio! Por ello es que me tienes a mí, yo cuido de ambos. Pero necesito que aprendas el equilibrio entre cuidar de ella y cuidar de ti, tú ya eres un chiguagua asustado, no dejaré que mi princesa valiente se vuelva uno también.

JiMin bufó, soltándose del agarre entre manotazos. Sabía que era muy nervioso y sobreprotector, pero es que simplemente le aterraba que Hanna se acercara a personas que no fueran él o TaeHyung. Estaba haciendo un esfuerzo al confiar en JiSoo, tenía la corazonada de que la chica no haría nada malo, además de que necesitaba esta salida antes de volverse loco.

Ya casi ni dormía, Hanna estaba en la edad de que prefería dormir con sus juguetes en su cama que escabullirse a la suya como cuando era más pequeña. Tae tenía razón, su bebé era una princesa valiente, con ese espíritu rebelde que SeulGi tuvo siempre, a comparación de él, que era precavido y desconfiado en exceso desde que sus padres murieron.

La palmada que recibió en el muslo le trajo a la realidad, TaeHyung le miraba divertido, y recién allí JiMin notó que NamJoon ya les había traído las cervezas.

─Venga, relájate. Vas muy bien, no te he visto mirar la hora en toda la noche, es un avance. Hanna está bien, tú y yo estamos bien. Bailemos un poco más y te llevo a tu casa, ¿Vale?

─Vale, pero deja de restregarte, te conozco, después te pierdes por ir a pajearte al baño. ─JiMin sonrió ladeado, burlándose.

TaeHyung boqueó ofendido.

─Discúlpame por tener un pene que reacciona al tacto, entonces. ─Sonrió satisfecho cuando JiMin estalló en carcajadas, ambos tomando las pesadas jarras de vidrio entre sus manos y volviendo a la pista para divertirse por un par de horas más.


─Eu, Tae. Voy a mear, mi vejiga explota. ─JiMin alzó la voz entre la fuerte música, pasándose el antebrazo por la frente húmeda en sudor.

TaeHyung le codeó, riéndose. ─Fueron cuatro jarras, hombre, me sorprende que no te hayas meado encima.

─¡Es que la cerveza negra es mi debilidad!

─¡Le contaré a Hanna lo ebrio que es su padre, veremos si le das la misma excusa!

─¡Como si hubieras bebido menos!

─¡Así fue, bombón! ¡Tomé sólo dos!

Park le mostró el dedo del medio luego de pasarle el frasco vacío y alejarse entre las personas sudorosas de la pista, las risas de TaeHyung y la fuerte música cesaron conforme se acercaba al baño, cruzando el desolado pasillo del local.

Cruzó la puerta, parpadeando repetidas veces ante el leve ardor en sus retinas debido a la claridad del baño a comparación de las luces rojas tenues de la pista, dejando salir un jadeo adolorido mientras visualizaba los cubículos disponibles.

Todos estaban abiertos, aparentemente era el único en el baño.

Rápidamente entró en el tercero, sorbiendo la nariz y apoyando el hombro en la pared a su lado, bajando su cremallera y desabrochando los botones antes de bajar el bóxer negro que traía puesto, suspirando al liberarse de la presión en su vientre, apuntando al medio de la taza.

Una vez terminó lo suyo, acomodó su miembro dentro de toda la ropa y abrochó sus pantalones, girando sobre sus talones, a punto de abrir la puerta del cubículo.

Quizás fue idea suya, pero un fuerte escalofrío le recorrió completo al escuchar la puerta del baño cerrarse, junto a pasos precisos que resonaron en el callado cuarto. La temperatura pareció bajar, erizando cada vello en su cuerpo.

JiMin apretó los dientes, culpando de inmediato a la borrachera. Sacudió la cabeza y se maldijo por ser tan asustadizo, recordando las palabras de TaeHyung en la barra. Decidido, empujó la puerta y dio zancadas hasta los lavados, enjuagando sus manos con una buena cantidad de jabón desinfectante.

Visualizó a su alrededor, y se encontró con el baño totalmente vacío, justo como cuando entró. Dejó salir un suspiro, riéndose de su propia estupidez.

Acunó las palmas para tomar un poco del agua helada del grifo, inclinándose para lavar su rostro. Al reincorporarse, pestañeó hacia el espejo en frente suyo, pasando sus índices por sus párpados para retirar el líquido presente.

Sin embargo, al volver a abrir los ojos y mirar nuevamente el espejo, ahogó un grito y su cuerpo se volteó de un salto al notar una figura detrás suyo.

Era un hombre.

─¡Ay, mierda! No puede ser... ─Exclamó, llevándose una mano al pecho y apoyando la espalda baja en el borde del lavado, su respiración acelerada y un par de risas nerviosas abandonaron sus labios.

El hombre le dio una media sonrisa, se mantenía en la misma posición, ahora en frente suyo. Las manos metidas en los bolsillos de sus pantalones ajustados a sus esbeltas piernas. Los ojos curiosos de JiMin se perdieron en el fornido pecho que dejaba mostrar por los primeros botones de la camisa negra semitransparente pegada a su torso, pero amplia en la zona del pecho, las clavículas notorias así como las venas en su cuello. Traía el pelo castaño y ondulado, medianamente largo, le caía por el rostro y ocultaba sus ojos oscuros. Elegante, seductor y jodidamente caliente. Parecía sacado de un libro erótico, un sueño húmedo hecho humano.

─¿Por qué tan nervioso, chiquillo? ─El atractivo hombre dio a conocer su voz, y a JiMin le fallaron las rodillas por el tono malditamente ronco y grave, con una pizca de diversión.

El azabache se sostuvo del borde del lavado, apretando los labios.

─No te vi entrar, lo la-lamento... ─Y agitar la cabeza, volviendo a reírse por lo tembloroso de su cuerpo y los nervios revolviéndole el estómago. Nuevamente le echó la culpa a la borrachera. ─Vale, lo siento, no sabía que también estabas aquí.

Y no supo por qué, pero se quedó allí, como idiota, aferrado al lavado y siguiendo con ojos curiosos los movimientos del hombre luego de que este dejara salir una risa profunda, volviendo a erizarle de pies a cabeza, mientras se acercaba al grifo a su lado para lavar sus manos con lentitud y cuidado.

─Yo lamento asustarte, y también lamento no poder quitarte la vista de encima desde que te vi entrar al bar. Es una pena que no me hayas notado..

Oh, Dios, le estaba coqueteando.

JiMin carraspeó, pasándose las manos por el pelo húmedo, ladeando el rostro para observar el relajado perfil del encantador hombre de seductora voz.

─No eres de por aquí, ¿Verdad? ─Se atrevió a preguntar lo que tenía en mente. Su pueblo era pequeño, todos se conocían, por lo que la mayoría sabía de su situación.

Que este tipo viniera a coquetearle así, sólo podía significar que venía desde afuera.

Y vaya que el hombre vivía lejos.

─Uh, me descubriste. ¿Tan obvio soy? ─Ladeó el rostro por igual, sacudiendo sus manos a la par que conectaba sus ojos con los del apetecible azabache.

JiMin pasó saliva. Esos ojos, tan oscuros y profundos, parecía que tenían un abismo en la pupila, eran brillantes, hipnotizantes y te atrapaban con facilidad.

La curiosidad le picó de inmediato, por lo que volvió a carraspear y tamborileó sus dedos contra el mármol del lavado al que aún seguía aferrado.

─He vivido toda mi vida en esta zona, se me hizo raro un rostro nuevo. ─Mordió su labio, inquieto. ─¿Y qué te trae por aquí...?

Jeongguk.

JiMin sonrió, avergonzado. Las orejas se le pusieron rojas y humedeció los labios ante el cosquilleo presente en su pecho.

─Un placer, Jeongguk. ─Le extendió la mano, buscando estrechar la suya para darle una cálida bienvenida a su querido pueblo. ─Al que casi causas un infarto fue a Park JiMin, pero, por favor, dime sólo JiMin, no me gustan los honoríficos.

El corazón se le aceleró en sobremanera la sentir su mano ser besada por el apuesto hombre, quien la tomó entre la suya antes de llevársela a sus labios, dejando una mordidita en el dorso. Maravillado con el rostro pálido del chiquillo pelinegro, sus ojos siguiendo el movimiento de la manzana de Adán cuando este tragó el nudo de nervios en su garganta.

─Créeme que el placer es todo mío, JiMin. Y respondiendo a tu pregunta... vine porque alguien me llamó.

JiMin, preso del remolino de sensaciones en su estómago, ya no quiso preguntar más, y con algo de brusquedad le arrebató su mano, mostrando una tensa sonrisa a la par que se alejaba del lavado y retrocedía con lentitud hasta la puerta.

Lo que más le alteró, fue la sonrisa socarrona que creció en los delgados labios de Jeongguk, quien no despegó los ojos de su figura a medida que le veía alejarse.

─Sí, claro.. entonces, fue todo un placer, Jeongguk. Es-Espero que pases una agradable noche...

Jeongguk ladeó la cabeza, su sonrisa ensanchándose mientras lamía sus labios.

─¿Huyes de mí?

─Ten buena noche, Jeongguk. ─JiMin le cortó con la punzada de terror en el pecho, consciente de las intenciones del hombre hacia él y bastante temeroso por la mirada lasciva que su delgada anatomía recibía.

Dicho eso, giró sobre sus talones y se apresuró en tomar la manilla de la puerta.

Pero no contó con lo siguiente.

Ya podré probarte a mi gusto, cariño. Y no tendrás la oportunidad de huir. ─Aquello golpeó su oreja en un grave y ronco susurro, un húmedo beso en su cuello provocó un chasquido que le tensó de inmediato, sin embargo, al darse la vuelta, dispuesto a plantarle un puñetazo en el perfecto rostro; se encontró a sí mismo completamente solo.

Sus labios se entreabrieron en un jadeo, y sus ojos reflejaron terror. Las puertas de los cubículos permanecían abiertas hasta atrás, no había el mínimo ruido acompañándole además del de su agitada respiración.

No había nadie.

De pronto, la puerta a sus espaldas se abrió.

─JiMin, ¿Estás bie... ? ─De inmediato se volteó con un grito desgarrador saliendo de su garganta, TaeHyung le sostuvo de los hombros, preocupado por el rostro pálido y desfigurado en terror que traía su amigo.

─¡Imbécil, me espantaste! ─Alterado, JiMin le golpeó el pecho, soltándose de su agarre.

TaeHyung se quejó un poco, retrocedió algunos pasos y le examinó de pies a cabeza, viéndole completito y sano.

JiMin giró el rostro, mirando el baño por sobre su hombro. Nuevamente, no encontró nada.

─Hey... ¿Te encuentras bien? ─La cálida voz de su amigo le trajeron de vuelta al mundo real, aquellos ojos oscuros fijos en sus recuerdos.

Quería decirle lo que sucedió, el extraño hombre que se lo comía con la mirada y de la nada desapareció, las preocupantes palabras que le dedicó y las sensaciones vividas.

─Sí, tranquilo. Sólo... me asusté, la borrachera me golpeó duro. ─Fue lo único que salió de su boca, sus labios curvándose en una débil sonrisa.

─¿Vomitaste? Me preocupé porque tardabas mucho, JiMin. ─El castaño posó su palma abierta en su frente, tratando de ver si tenía fiebre.

Pero JiMin soltó una risa, tomando su mano y entrelazándola con la suya.

Sabía lo protector que era TaeHyung con cosas así.

─No, no vomité, sólo... me mareé y estuve un rato apoyado en el lavado. Creo que... ─Suspiró, agotado. ─Sólo estoy cansado.

Tae asintió de vuelta, comprensivo.

─Son las tres de la mañana, te desvelaste, debe ser por ello. ─Le sonrió, notablemente más tranquilo, antes de rodearle en un abrazo y besarle la cabeza. ─Será mejor que te lleve a casa, suficiente por hoy.

JiMin sólo se dejó hacer por su mejor amigo, siendo guiado fuera del baño.

─Sí, suficiente por hoy.


─Mhm, ¿compraste de otro sabor?

Ambos amigos compartían un cigarrillo mientras volvían a pie a sus hogares. El clima estaba fresco, digno de una noche de verano cerca de la costa. El humo se mezclaba con el vapor de sus bocas al reír, los faroles de la calle iluminando sus rostros.

─Ajá, son de caramelo. No quedaban de chocolate. ─TaeHyung da otra calada, satisfecho con el dulce y agrio sabor cosquilleándole la garganta.

A su lado, JiMin abre los labios para recibir el cigarrillo, bastante más tranquilo desde que salieron del bar. Contaba con darse una ducha fría y dormir el resto del año.

TaeHyung había llamado a JiSoo una vez salieron de la calle del bar, y Hanna había quedado prácticamente inconsciente desde que ambos se fueron. La niña dormía cómodamente en su cama en forma caracola de mar, abrazada a su peluche de ballena.

Con esa información, JiMin respiró tranquilo, y se dedicó a fumar sin ataduras en el trayecto.

Minutos después, el cigarrillo se acabó, y continuaron el viaje por las solitarias calles.

─Ven, acortemos por el cementerio. Detesto pasar por el puerto, se me infla el pelo por la brisa marina.

Ante la propuesta de TaeHyung, JiMin se encoge de hombros, aceptando en silencio. Ambos doblan la esquina para ahorrarse caminar cerca de la playa por la cual su pueblo era bastante visitado, y pronto sus pies tocan el césped bien cuidado de ese lado de la zona.

El cementerio era amplio, un total de 666 tumbas residían al aire libre, puesto que no contaba con muros. Las lápidas con los apellidos y frases cariñosas talladas sobresalían de la hierva y algunas flores silvestres, JiMin trataba de no pisar a esas pequeñitas mientras avanzaban, refugiándose en el cuello alto de su chaqueta.

─Como en los viejos tiempos, el bar de Nam Hyung y luego, al cementerio para hacer travesuras a escondidas de los policías. ─TaeHyung comentó entre risas, JiMin carcajeó por igual, algo avergonzado por la cantidad de recuerdos que ese lugar albergaba.

─Oh, cállate. Nuestro pasado criminal está enterrado aquí con todos estos muertos.

Tae le miró con burla, antes de exclamar: ─Si no fuera por este lugar, Hanna no hubiera nacido.

JiMin negó con la cabeza. ─Seul y yo estábamos ebrios, carajo. ¿Crees que me gustó concebir a mi hija sobre una tumba?

─Pues... sí. Sexo es sexo, hombre, donde sea que se haga.

JiMin bufó una risa, el ceño fruncido ante el recuerdo. ─Qué quede en que embaracé a mi esposa en su habitación, sobre su cómoda y blanda cama, ¿Vale? No quiero que te vayas de soplón con Hanna cuando crezca.

─Bah, claro que lo haré.

Nuevamente se echaron a reír mientras JiMin le golpeaba la nuca en protesta, y hubiera sido un viaje tranquilo, de no ser por las luces que llamaron la atención de esos amigos.

─Uh, viejo... ¿Eso qué es? Por allá. ─Por instinto, JiMin bajó la voz, señalando con el mentón las sombras de un grupo de personas que estaban reunidas a unos metros.

─Ugh, probablemente se estén drogando. Iré a ver para avisarle a YoonGi, detesto venir a ver a mi abuela y que hayan porros a medio terminar en el pasto. ─Acto seguido, TaeHyung apretó la mandíbula, molesto, y se encaminó con sigilo hacia el lugar desde donde provenían las luces.

JiMin quiso gritarle “¡Alto ahí, imbécil! ¿Crees que es buena idea?” pero ya era tarde, su amigo estaba cada vez más cerca de aquel grupito y si gritaba, las cosas podían ponerse feas. Por lo que, resignado, le siguió por la espalda, tratando de alcanzarle para detenerlo.

Una vez estuvieron a una distancia prudente, TaeHyung se detuvo, perplejo. JiMin llegó a su lado, jadeante, y le tironeó del brazo en modo de regaño por el acto impulsivo y estúpido.

Sabía que TaeHyung le tenía cierto afecto a YoonGi, su ex novio de la Universidad, el cual era policía. Pero arriesgarse a este punto era ridículo, no sabían con quiénes trataban.

Y JiMin se hizo una idea al dirigir su vista al lugar donde TaeHyung miraba estupefacto.

Era una especie de ritual.

Velas formaban un círculo, símbolos extraños estaban pintados en las lápidas y en los rostros de los presentes, la mayoría adolescentes, debido a sus facciones inmaduras. Susurraban cosas que ninguno de los dos lograba entender, y se movían, inquietos, alrededor del círculo, donde yacían prendas de ropa con manchas blancas y rojas, lo que JiMin diferenció como esperma y sangre.

─Vámonos. ─JiMin le susurró a su mejor amigo, jalándolo de la oreja con tal de que despertara del trance en el que había caído.

Sin embargo, al voltearse, quedó congelado en su sitio tras encontrarse con un chico de piel clara y cabello negro. Le miraba con ojos sorprendidos, y levantó el brazo para señalarle con el índice.

─Tú... él te eligió.

Murmuró con total sorpresa, viendo el rostro del atractivo azabache palidecer.

─Deja las drogas, niño. Tae, vámonos. ─Con prisa, tomó la mano de su amigo y se echó a correr por entre las lápidas, buscando salir lo más pronto posible del cementerio.

TaeHyung pareció reaccionar una vez sus pies dejaron el césped y estuvieron nuevamente en la acera. Jadeó, horrorizado.

─Era una secta o no sé qué mierda. Pero qué mal rollo, Dios...

JiMin se abrazó a sí mismo, mordiendo sus labios con insistencia, el mal presentimiento en su pecho provocándole un dolor de cabeza.

Y si lo del baño se debía a... no, no era posible. Sólo trataba de niñatos jugando con cosas que no entendía.

─Le diremos a YoonGi mañana, que investiguen a esos mocosos. ─Aseguró el azabache, exhalando la bocanada de aire que con anterioridad tomó para calmarse, el vapor abandonando su boca. ─Tae, no me siento seguro en la calle.

Eso despertó las alertas en la cabeza del castaño, y con rapidez apegó a su amigo a su cuerpo, retomando los pasos apresurados.

─Me quedaré a dormir en el sofá, ¿Vale? Para que estés tranquilo. No prestes atención a lo que ese chiquillo dijo, de seguro se había metido de todo. Es verano, ya sabes cómo son los adolescentes. ─Le aseguró, compartiendo el sentimiento de que algo más profundo pasaba en ese lugar.

JiMin se sintió agradecido, eran demasiadas cosas en una sola noche y necesitaba el apoyo y protección de TaeHyung.

─Tienes razón, de seguro no es nada. Vamos a casa, te prepararé el sillón.

Oh, JiMin, sólo espera al cerrar los ojos...