Libro 1: Nunca Te Enamores De Un Oh [Su Lay] by CherryLoeY at Inkitt
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Libro 1: Nunca Te Enamores De Un Oh [SuLay]

Summary

JunMyeon Oh, el mayor de los hermanos, es un guerrero decidido a vencer a su enemigo. Ahora, con el tiempo dispuesto para la batalla, sus hombres están listos y a punto de recuperar lo que es suyo, -hasta que un seductor con ojos azules, y pelo negro, es arrojado sobre él-. YiXing puede ser la salvación del clan de JunMyeon, pero para un hombre que sólo sueña con la venganza, los asuntos del corazón son territorio desconocido a conquistar. Aunque es hijo ilegitimo del rey, YiXing posee una valiosa propiedad que lo ha convertido en un peón -por lo que desconfía del amor-. Sus peores miedos se cumplen cuando es rescatado del peligro, sólo para ser obligado a contraer matrimonio con su carismático y autoritario salvador, JunMyeon Oh.

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1

YiXing Zhang se arrodilló en el suelo de piedra al lado de su camastro e inclinó la cabeza para su oración vespertina. Su mano se deslizó a la pequeña cruz de madera colgada de un trozo de cuero alrededor de su cuello, y su pulgar frotó una trayectoria familiar en la ahora lisa superficie.

Por varios minutos, susurró las palabras que había recitado desde que era un niño, y luego terminó como lo hacía siempre.

"Por favor, Dios. No dejes que me encuentre".

Se incorporó del suelo, sus rodillas raspando las piedras irregulares. El sencillo traje marrón que llevaba señalaba su lugar junto al de los otros novicios.

Aúnque había estado aquí mucho más tiempo que los demás, nunca había tomado los votos que completarían su viaje espiritual. Nunca fue su intención.

Se acercó a la palangana de la esquina y vertió el agua de la jarra. Sonrió humedeciendo un paño, mientras las palabras de la madre SooYoung llegaban flotando a su mente.

La limpieza se aproxima a la Santidad.

Se limpió la cara y empezó a quitarse el traje para extender su ablución, cuando oyó un estrépito terrible. Asustado, dejó caer el lienzo y se giró para mirar la puerta cerrada. Entonces se impulsó a la acción, corrió y la abrió, empujándose al pasillo.

A su alrededor, donceles y mujeres también llenaban el salón, sus murmullos consternados en aumento. Un fuerte eco resonó en el corredor de la entrada principal de la abadía. Un grito de dolor seguido de un bramido, y el corazón se le congeló.

La madre SooYoung.

YiXing y el resto de los congregados corrieron hacia el ruido, mientras que algunos quedaban rezagados, otras marcharon decididamente hacia adelante.

Cuando llegaron a la capilla, se dominó, paralizado por la visión ante él.

Los guerreros estaban por todas partes. Había al menos veinte, todos vestidos con indumentaria de batalla, sus caras sucias, el sudor empapando sus cabellos y su ropa. Pero no había sangre. Ellos no venían pidiendo asilo o ayuda. El líder sostenía a la madre SooYoung por el brazo, e incluso a la distancia, podía ver el rostro de la abadesa desfigurado por el dolor.

—¿Dónde está él? —preguntó uno de ellos con voz fría.

YiXing dio un paso atrás. El hombre tenía una mirada fiera. Malvada. Sus ojos irradiaban furia como una serpiente esperando para atacar. Sacudió a la madre SooYoung cuando esta no respondió, gorjeando entre sus garras como una muñeca de trapo.

YiXing se persignó y murmuró una rápida oración. Las monjas y donceles se reunieron a su alrededor y también ofrecieron sus plegarias.

—Él no está aquí, —jadeó la superiora—. Le he dicho que el doncel que buscan no está aquí. —

—¡Miente! —rugió.

Miró hacia el grupo de monjas y donceles, su mirada parpadeaba fríamente sobre todos.

—¡¡YiXing Zhang!!. Dime dónde está. —

YiXing estaba frio, el miedo creciente bullendo en su estómago. ¿Cómo lo habían encontrado? Después de todo este tiempo. Su pesadilla no había terminado.

De hecho, apenas acababa de empezar.

Sus manos temblaban tanto que tuvo que esconderlas en los bolsillos de su pantalón. El sudor anegaba su frente, y sus entrañas se contraían.

Tragó saliva, deseando no enfermarse. Ante la falta de una respuesta, el hombre sonrió, y esto hizo que sintiera un escalofrío a través de su columna. Sin dejar de mirar al grupo, levantó el brazo de la madre SooYoung, de modo que estuviera a la vista de todos. De modo insensible, inclinó su dedo índice hasta que se oyó el chasquido del hueso al romperse.

Una de las monjas gritó y corrió hacia adelante sólo para ser abofeteada por uno de los soldados. El resto se quedó sin aliento ante el ultraje.

—Esta es la casa de Dios, —dijo la madre SooYoung con voz aguda—. Usted peca enormemente trayendo violencia a un suelo sagrado. —

—Cállese anciana, —le espetó el hombre—. Dígame dónde está YiXing Zhang o mataré a cada uno de ustedes. —

YiXing contuvo el aliento y apretó sus dedos en puños a sus costados. Le creyó. Había demasiada maldad, demasiada desesperación en sus ojos. Él había sido enviado en un encargo del diablo, y no se le podía mentir.

Agarró el dedo medio de la superiora, y YiXing caminó hacia adelante.

—¡Por caridad, no!, —gritó la madre SooYoung mirándolo.

YiXing no le hizo caso.

—Soy YiXing Zhang. ¡Ahora déjela ir! —

El hombre soltó la mano de la abadesa y luego le dio un empujón a la mujer. Contempló a YiXing con interés, dejando que su mirada vagara

sugestivamente de arriba hacia abajo por su cuerpo. Sus mejillas ardieron ante tan evidente falta de respeto, pero no se intimidó, le devolvió la mirada al hombre con tanto desafío como se atrevió.

Él chasqueó sus dedos, y otros dos hombres avanzaron, agarrándolo antes de que se le ocurriera correr. Lo tuvieron en el suelo en una fracción de segundo, sus manos hurgando en el inicio de su pantalón.

Pateó salvajemente, agitando los brazos, pero no podía competir con su fuerza. ¿Lo violarían ellos aquí en el suelo de la capilla? Las lágrimas

inundaron sus ojos, cuando empujaron su ropa por abajo de sus muslos . Lo giraron hacia la derecha y los dedos tocaron su muslo, justo donde descansaba la marca.

Oh no.

Inclinó la cabeza mientras lágrimas de derrota resbalaban por sus mejillas.

—Es él —dijo uno de ellos con excitación.

Se hicieron a un lado al instante en que el líder se inclinó para examinar la marca por sí mismo.

Él también la tocó, perfilando el emblema real de KangTa. Emitió un gruñido de satisfacción, enroscó su mano alrededor de su barbilla y tiró de esta hasta que se enfrentó a él.

Su sonrisa le repugnaba.

—Te hemos estado buscando por mucho tiempo, YiXing Zhang. —

—Váyase al infierno, —le espetó él.

En lugar de golpearlo, sonrió con una amplia expresión.

—Tsk-tsk, semejante blasfemia en la casa de Dios. —

Se puso de pie rápidamente, y antes de que pudiera parpadear, fue empujado sobre el hombro de un hombre, y los soldados salieron de la abadía al frescor de la noche.

No perdieron tiempo en subirse a sus caballos. YiXing fue amordazado, luego atado de pies y manos y arrojado sobre la silla en frente de uno de los hombres. Se iban alejando, los truenos de los cascos resonando a través de la noche, aún antes de que tuviera tiempo de reaccionar. Eran tan precisos como despiadados.

La silla se le clavaba en el vientre, y él rebotaba de arriba hacia abajo, tanto que estuvo seguro de que iba a vomitar. Gimió, tenía miedo de ahogarse con la mordaza tan apretada alrededor de su boca.

Cuando finalmente se detuvieron, estaba casi inconsciente. Una mano agarró su nuca, los dedos fácilmente rodearon su delgado cuello. Fue alzado y luego lanzado bruscamente al suelo.

A su alrededor, levantaron el campamento mientras él yacía temblando por el viento frío. Finalmente oyó decir:

—Cuide mejor al muchacho, ChiSun. El Lord SeungRi no estará feliz si muere de exposición. —

Un gruñido irritado siguió, pero un minuto más tarde, fue desatado y retirada la mordaza.

KangDae, el líder aparente de este secuestro, se inclinó sobre él, sus ojos brillando a la luz del fuego.

—No hay nadie que escuche tus gritos, y si emites apenas un sonido, voy a asestarte un golpe en la mandíbula. —

Asintió con la cabeza y se arrastró hasta ponerse de pie. Él le propinó una patada en el trasero con su bota y se rió entre dientes cuando él se giró con indignación.

—Hay una manta junto al fuego. Enróllate en ella y duerme un poco. Saldremos al amanecer. —

Se acurrucó agradecido por el calor de la manta, insensible a las piedras y palos en el suelo que se clavaban en la piel. El Lord SeungRi. Había oído hablar de él a los soldados que entraban y salían de la abadía.

Decían que era un hombre despiadado. Avaro y con ganas de añadir más a su creciente poder. Se rumoreaba que su ejército era uno de los más grandes de toda Corea y que MinHo, el rey de Corea, le temía.

JiYoung, el hijo bastardo de KangTa —su medio hermano— ya había conducido una rebelión contra MinHo, en un intento por tomar el trono. Si JiYoung y SeungRi Lee se aliaban, serían pronto una fuerza imparable.

Él tragó saliva y cerró los ojos. La posesión de Neamh Álainn haría a SeungRi invencible.

—Querido Dios, ayúdame, —susurró.

No podía permitir que él tomara el control de Neamh Álainn. Era su legado, lo único que tenía de su padre.

Era imposible dormir, así que se quedó allí acurrucado en la manta, con la mano enroscada alrededor de la cruz de madera, mientras oraba para tener fortaleza y visión. Algunos de los soldados dormían mientras otros vigilaban.

No era tan tonto como para pensar que tendría la oportunidad de escapar. No cuando valía más que su peso en oro. Pero ellos no lo matarían tampoco, y esto le concedía una ventaja. No tenía nada que temer al tratar de escapar y todo para ganar.

Una hora después de la oración de vigilia, una conmoción detrás de él lo hizo sentarse y mirar fijamente en la oscuridad. A su alrededor, los soldados que dormían se levantaron a trompicones, sus manos en sus espadas cuando el llanto de un niño desgarró la noche.

Uno de los hombres lo empujaba a patadas, sacudiendo al chiquillo dentro del círculo alrededor del fuego, luego lo dejó caer en la tierra. El niño se agachó y miró a su alrededor salvajemente, mientras que todos se reían a

carcajadas.

—¿Qué es esto? —exigió KangDae.

—Lo sorprendimos tratando de robar uno de los caballos, —dijo el captor del muchacho.

La ira sesgó las facciones del hombre de manera perversa, y se hizo más demoníaca por la luz del fuego. El muchacho, que no podía tener más de siete u ocho años, inclinó la barbilla desafiante como retándolo a hacer lo peor.

—¿Por qué pequeño cachorro? —rugió KangDae. Levantó la mano y YiXing voló a través del suelo, lanzándose delante del pequeño mientras el puño giraba y cortaba su mejilla.

Él se tambaleó, pero se recuperó y rápidamente se echó de nuevo sobre el niño, apretándolo cerca para poder cubrir la mayor parte de él tanto como

fuera posible. El chico luchó salvajemente debajo de él chillando obscenidades en coreano. Su cabeza golpeó su mandíbula ya adolorida, haciéndole ver estrellas.

—Cállate ahora, —le dijo en su propia lengua—. Quédate quieto. No dejaré que te hagan daño. —

—¡Apártate de él! —bramó KangDae.

Se apretó aún más alrededor del niño que finalmente dejó de agitarse y dar patadas. KangDae se agachó y enroscó la mano en su pelo, tirando brutalmente hacia arriba, pero él se negó dejar de lado su carga.

—Tendrá que matarme primero, —dijo fríamente cuando lo obligó a mirarlo.

Soltó su pelo con una maldición y luego se echó hacia atrás y le dio patadas en las costillas. Él se encorvó por el dolor, pero tuvo cuidado de mantener al chiquillo protegido de la bestia maníaca.

—KangDae, es suficiente, —gritó un hombre—. El Lord lo quiere en una sola pieza. —

Murmurando una maldición, se apartó.

—Dejenlo cuidar al sucio mendigo. Tendrá que soltarlo muy pronto. —

YiXing giró bruscamente su cuello para mirar hacia los ojos de KangDae.

—Usted toca a este muchacho una sola vez y yo cortaré mi garganta. —

La risa del hombre quebró la noche.

—Eso es un loco farol, doncel. Si usted va a tratar de negociar, tiene que aprender a ser creíble. —

Lentamente él se levantó hasta que estuvo a un pie de distancia del hombre mucho más grande. Se le quedó mirando hasta que sus ojos parpadearon y apartó la mirada.

—¿Farol? —dijo en voz baja—. No lo creo. De hecho, si yo fuera usted, estaría escondiendo todos y cada uno de los objetos afilados de mí. ¿Piensa que no sé cuál es mi destino? ,Acostarme con ese bruto Lord suyo hasta que mi vientre se hinche con un niño y él pueda reclamar Neamh Álainn. Prefiero morir. —

Los ojos de KangDae se estrecharon.

—¡Estás loco doncel! —

—Sí, tal vez, y en ese caso siendo usted estaría preocupado por si alguno de esos objetos afilados pudiera encontrar el camino entre sus costillas.—

Él hizo un gesto con la mano.

—Quédese con el niño. El Lord se ocupará de él y de usted. Nosotros no vemos con buenos ojos a los ladrones de caballos. —

YiXing no le hizo caso y se volvió hacia el muchacho que estaba encogido en el suelo, mirándoll con una mezcla de temor y adoración.

—Vamos —le dijo suavemente—. Si nos acurrucamos lo suficientemente apretados, alcanzará la manta para los dos. —

El pequeño se encaminó hacia él con entusiasmo, metiendo su pequeño cuerpo a la altura del de YiXing.

—¿Dónde está tú casa? —le preguntó mientras él se recostaba en su contra.

—No lo sé —dijo con tristeza—. Debe estar lejos de aquí. Por lo menos dos días. —

—Shh, —le dijo con dulzura—. ¿Cómo hiciste para llegar hasta aquí? —

—Me perdí. Mi papá me dijo que nunca me alejara del torreón sin sus hombres, pero yo estaba cansado de ser tratado como un bebé. Yo no soy un cachorro, ya sabes. —

YiXing sonrió.

—Sí, lo sé. ¿Así que dejaste el torreón? —

El niño Asintió con la cabeza.

—Tomé un caballo. Yo sólo quería ir al encuentro del tío JongDae. Él tenía que regresar y pensé esperarlo cerca de la frontera para saludarlo. —

—¿Frontera? —

—De nuestras tierras. —

—¿Y quién es tu papá, pequeño?

—Mi nombre es YeongJi, no “pequeño”, —el disgusto en su voz era evidente, y YiXing volvió a sonreír.

—YeongJi es un buen nombre. Ahora continúa con tu historia. —

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó.

—YiXing —le respondió en voz baja.

—Mi papá es el Lord JunMyeon Oh.—

YiXing lidió por reconocer el nombre, pero había muchos clanes que no conocía. Su casa estaba en las tierras altas, pero no había visto esa tierra de Dios en diez largo años.

—Así que fuiste a encontrarte con tu tío. Entonces ¿qué pasó?. —

—Me perdí, —dijo tristemente—. Entonces un soldado de los Jung me encontró y quiso llevarme ante su Lord para pedir un rescate, pero yo no podía dejar que eso sucediera. Sería deshonrar a mi papá, y él no puede permitirse el lujo de pagar un rescate por mí. Eso arruinaría a nuestro clan. —

YiXing acarició su pelo mientras su cálido aliento soplaba contra su pecho. Sonaba mucho más viejo que sus tiernos años. Y muy orgulloso.

—Me escapé y me escondí en la carreta de viaje de un comerciante. Tardó un día antes de que me descubriera, —inclinó la cabeza hacia arriba, chocando con su mandíbula dolorida de nuevo—. ¿Dónde estamos, YiXing? —susurró—. ¿Estamos muy lejos de casa? —

—No estoy seguro dónde está tu casa, —dijo con tristeza—. Pero estamos en las tierras bajas, y apostaría a que estamos por lo menos a dos días de camino de tu fortaleza. —

—Las tierras bajas, —espetó—. ¿vienes de laa tierras bajas? —

Se sonrió ante su vehemencia.

—No, YeongJi. Vengo de las Tierra Altas. —

—Entonces, ¿qué estás haciendo aquí? —insistió—. ¿Te secuestraron de tu casa? —

Él suspiró.

—Es una larga historia. Una que comenzó antes de que nacieras.

Cuando él empezó a hacer otra pregunta, lo calló con un suave apretón.

—Vamos a dormir, YeongJi. Debemos mantener nuestra fuerza si queremos escapar. —

—¿Vamos a escapar? —le susurró.

—Sí, por supuesto. Eso es lo que los presos hacen —dijo en un tono alegre. El miedo en su voz hizo que sufriera por el muchacho. Que aterrador debía ser estar tan lejos del hogar y de los que te aman.

—¿Me llevarás de vuelta a casa con mi papá? Haré que te proteja del Lord SeungRi. —

Él sonrió ante la ferocidad de su voz.

—Por supuesto, me encargaré de que llegues a casa. —

—¿Lo prometes? —

—Te lo prometo. —

🗡🗡🗡


—¡Encuentren a mi hijo! —

El rugido de JunMyeon Oh podía oírse por el patio entero. Todos sus hombres estaban de pie en posición de firmes, sus expresiones solemnes. Algunos con sentimientos de simpatía. Creían que YeongJi estaba muerto, aunque nadie se atrevía a pronunciar esa posibilidad al Lord.

No era algo que él no hubiera contemplado por sí mismo, pero no descansaría hasta que su hijo fuera encontrado vivo o muerto.

JunMyeon se dirigió a sus hermanos, JongDae y SeHun.

—No puedo permitirme enviar a cada hombre en la búsqueda de YeongJi, —dijo en voz baja—. Eso nos dejaría vulnerables. Confío en ustedes dos con mi vida, y con la vida de mi hijo. Quiero que cada uno tome un contingente de hombres y monten en diferentes direcciones. Tráiganlo a casa para mí.

JongDae, el segundo de los hermanos Oh, asintió.

—Sabes que no descansaré hasta encontrarlo. —

—Sí, ya lo sé —dijo JunMyeon.

Observó cómo los dos se alejaban, gritando órdenes a sus hombres. Cerró los ojos y apretó con rabia los puños. ¿Quién se había atrevido a llevarse a su hijo? Durante tres días había esperado una petición de rescate, pero no había

recibido ninguna. Durante tres días había recorrido cada centímetro de la tierra Oh y más allá.

¿Era el precedente de un ataque? ¿Estaban sus enemigos conspirando para golpearlo cuando estaba más débil? ¿Cuando todos los soldados disponibles estarían involucrados en la búsqueda? ,Su mandíbula se endureció al mirar alrededor el desmoronamiento de su fortaleza. Durante ocho años había luchado por mantener su clan vivo y fuerte. El apellido Oh había sido siempre sinónimo de poder y orgullo. Ocho años atrás habían resistido un ataque paralizante.

Traicionados por la mujer que SeHun amaba. El padre de JunMyeon, su madre, y su joven esposa habían sido asesinados, su hijo sobrevivió sólo porque fue escondido por uno de los sirvientes.

Casi nada quedaba cuando él y sus hermanos habían vuelto. Sólo una gran y pesada masa de ruinas, su pueblo disperso por los vientos, su ejército casi diezmado.

No había quedado nada para que JunMyeon heredara cuando se convirtió en Lord.

Le había tomado todo este tiempo para reconstruir. Sus soldados eran los mejor entrenados en las tierras altas.

Él y sus hermanos trabajaron durante horas inhumanas para asegurarse de que había comida para los ancianos, las mujeres, los donceles y los niños. Muchas veces los hombres se iban sin nada. Y silenciosamente fueron creciendo, aumentando sus números hasta que, finalmente, JunMyeon había comenzado a transformar a su clan luchando por mantenerlo unido.

Pronto, sus pensamientos podrían volver a la venganza. No, eso no era exacto. La venganza había sido lo que lo mantuvo durante estos últimos ocho años. No pasaba un solo día en que no hubiera pensado en ella.

—!Lord, traigo noticias de su hijo¡. —

Se giró para ver a uno de sus soldados corriendo hacia él, su túnica polvorienta como si acabara de llegar a caballo.

—Habla, —le ordenó.

—Uno de los Jung se encontró con su hijo hace tres días a lo largo de la frontera norte de su tierra. Lo tomó con la intención de entregarlo a su Lord para que pidiera rescate por el muchacho. Sólo que el muchacho escapó. Nadie lo ha visto desde entonces. —

JunMyeon temblaba de rabia.

—Toma ocho soldados y diríjanse donde Jung. Llévenle este mensaje. Que entregue al soldado que se llevó a mi hijo de la entrada del torreón o firmara su propia sentencia de muerte. Si no obedece, iré yo mismo por él. Voy a matarlo. Y no será rápido. No omitas ninguna palabra de mi

mensaje. —

El soldado hizo una reverencia.

—Sí, Lord.—

Dio media vuelta y salió corriendo, dejando a JunMyeon con una mezcla de alivio y rabia. YeongJi estaba vivo, o al menos lo había estado. Jung fue un tonto por incumplir su acuerdo de paz tácita.

Aunque los dos clanes no podían ser considerados aliados, Jung no eran suficientemente estúpidos como para incitar la ira de JunMyeon Oh.

Su fortaleza podría estar desmoronándose, y su pueblo podría no ser el clan mejor alimentado, pero su potencia había sido doblemente restaurada.

Sus soldados eran una fuerza de combate mortal a tener en cuenta, debido a su nuevo Lord y sus nuevas alianzas, aquellos lo suficientemente cercanos a las propiedades de JunMyeon lo sabían. Pero él no tenía puesta la mirada en sus vecinos lejanos.

Ésta apuntaba a SeungRi Lee.

No sería feliz hasta que toda Corea goteara con la sangre de SeungRi.

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