Capítulo único
—Accio
BaekHyun meneó la varita para atraer la botella de agua, que ni siquiera estaba tan lejos, de hecho si se hubiera estirado la habría podido coger sin problemas. Miró el objeto, después a su varita y por último a ChanYeol, dos sitios más allá, su pluma escribiendo furiosamente sobre el pergamino y sus gafas deslizándose por el puente de su nariz. Maldijo una vez más en silencio y deseo que todo fuera tan sencillo como agitar su jodida varita y que tras un accio el chico cayera rendido a sus pies.
—Deja tu actitud derrotista, comienzas a darme pena y tu club de fans se puede alterar.—le susurró JongDae a su izquierda, golpeándolo en las costillas con el codo.
—Me odia, JongDae.
—No te odia, imbécil. ChanYeol está enojado y te está aplicando la ley del hielo, necesita un tiempo para poder perdonarte y tú necesitas dejar de ser un gilipollas en potencia.
Giró su cabeza, mirando a JongDae y su sonrisa de gato.
—¿Así tratas de consolarme?
—No lo hago. Soy práctico y realista. Nunca debiste besar a Hyuk.
—Él me besó a mí.—frunció el ceño.
—Como sea. No lo rechazaste después, BaekHyun. Seguiste actuando como el bastardo rompecorazones que eres. Si yo fuera ChanYeol, ya te habría roto la nariz.
BaekHyun bufó, pero podía entender el punto. A decir verdad, tenía sentido, joder. ChanYeol se le había confesado después de años de amistad. Estaban en su séptimo año en Hogwarts y desde el inicio, BaekHyun demostró talento, rebeldía y carisma, fue elegido como un orgulloso Gryffindor junto a ChanYeol y JongDae y logró entrar como cazador en el equipo. Era guapo, bromista, popular y tenía su jodido club de fans, también estaba enamorado del pardillo de su mejor amigo, Park ChanYeol, desde ese verano y ya estaban casi en Navidad.
No estaba acostumbrado a tener que sufrir por amor unilateral o a ser rechazado, mucho menos que no se dieran cuenta de lo atractivo que era. Pero ChanYeol parecía ignorar deliberadamente todas esas cosas por las que todos babeaban, como su sedoso pelo que solía cambiar de color a menudo, sus rasgos delicados y bellos y su culo duro. ChanYeol parecía tener más tiempo para las tareas que para él y solía perder demasiado el tiempo investigando cosas muggles inútiles. De hecho, muchos lo consideraban un rarito y casi era insólito que alguien como BaekHyun quisiera salir con ese tipo.
El viernes pasado había sido el primer partido de la temporada de quidditch. Gryffindor contra Slytherin. Habían ganado con JongDae atrapando la snitch dorada y Hyuk, el más pequeño de todo el equipo y nuevo golpeador, había besado a BaekHyun en un acto impulsivo. No era como si no supiera que al chico de quince años lo ponía caliente, sin embargo, no creía que fuera a besarlo delante de todo el estadio, con ChanYeol a unos metros de ellos.
Lo peor del caso era que BaekHyun y ChanYeol tenían ya una historia, iniciada con la primera salida a Hogsmeade. Habían logrado algo de whisky de fuego de contrabando y habían terminado enrollándose en la casa de los gritos. BaekHyun no fue follado por ChanYeol hasta una semana después y fue en los baños de los prefectos de Gryffindor, al que el más alto tenía acceso por su cargo. Desde entonces, tenían una relación rara compartiendo amistad y sexo, hasta que ChanYeol trató de cortar con él y BaekHyun se negó. La mañana del gran partido, su amigo le confesó al fin que estaba enamorado de él y BaekHyun le pidió una oportunidad para salir juntos.
La había cagado con ese beso no deseado ni buscado.
—Accio. —volvió a susurrar, esta vez meneando la varita en dirección a ChanYeol. No solo no funcionó, sino que en vez de atraer al chico, logró que el grueso libro de pociones terminara muy cerca de ser estampado en su preciosa cara.
ChanYeol le clavó la mirada por primera vez desde aquel fatídico partido.
—¿Qué coño haces?
También fueron sus primeras palabras.
—Trataba de atraerte con un accio.
—Los accio no son válidos para personas ni para perdonar a tipos imbéciles.
BaekHyun se sorprendió del tono casi impersonal de ChanYeol al hablarle, tan irreconocible a como era él normalmente. Porque ChanYeol con sus gafas de pasta redonda, su cabello negro desordenado y su sonrisa descuidada, era la persona más alegre que conocía. Jamás negaba un jodido favor a nadie, cuidaba de ser amable e incluso, aunque estuviera molesto, procuraba no herir a los demás. Eso le dijo cuán enfadado estaba con él.
Frunció el ceño, mordiéndose el labio y le tendió el libro de regreso, levantando apenas un poco su culo del asiento. ChanYeol apartó la mirada, recogiendo sus cosas.
—Puedes quedártelo, ya he terminado aquí y te vendría bien empezar hacer la tarea de pociones, para variar.
BaekHyun resopló, dejando caer la cabeza sobre la mesa audiblemente, mientras veía a su mejor amigo marchar por las escaleras hacia las habitaciones. Joder.
—BaekHyun oppa ¿estás bien? —chilló una de las niñas menores, una de sus tantas fanáticas.
JongDae alzó una ceja, tocándole la cabeza.
—Eres idiota. Vaya manera de intentar arreglar las cosas.
—¿Qué harías tú?—gruñó de mal humor.
—ChanYeol no va a escucharte, no al menos intentando atraerlo con un accio y golpeándote la cara con un libro, por muy divertido que sea.
—¿Y qué sugieres?
JongDae se encogió de hombros, divertido, su sonrisa gatuna sacándolo de quicio.
—Acorralo. Podrías atraerlo con alguno de sus videojuegos.
Resopló. Su amigo era hijo de muggles y sabía más de esas cosas que el propio BaekHyun. ChanYeol pese a ser un hijo de magos, su madre había sido una muggle y eso le da un vínculo con todas las cosas relacionadas con el mundo no mágico. BaekHyun nunca entendió bien esos juegos raros que jugaba su amigo en ese aparatejo raro que llevaba siempre con él. Al menos para él, la televisión, el móvil e internet, eran inventos más satisfactorios que esa cosa que llamada consola.
—¿Pretendes que vaya allí y lo soborne con prender fuego su nintenso o algo así?
—Nintendo, BaekHyun. —corrigió JongDae, haciéndolo chasquear la lengua.
—Lo que sea. —se cruzó de brazos, algo avergonzado por no poder recordar nunca el nombre del cachivache.
—Y no te sugería llegar a ese extremo, además, el experto quemando cosas es ChanYeol. —rió su amigo.
Sep, era verdad. ChanYeol tenía cierto arte para las pociones y era bueno en defensa contra las artes oscuras, pero cuando se trataba de la clase de encantamientos y transformaciones, o hacía explotar cosas o convertía los ratones en urracas gigantes.
—No me eres de ayuda.—se quejó, dando una patada contra el suelo.
—Trata de volver a disculparte, ofrécele un bollo de esos de mermelada de frambuesa que tanto le gustan y no seas tan jodidamente orgulloso. Sobre todo, no trates de excusarte diciéndole que fue Hyuk quien te besó.
—Pero fue así.—frunció el ceño.
—Pero no es lo que ChanYeol quiere oír y es una excusa muy patética—rodó los ojos su amigo. BaekHyun lo miró en busca de una explicación.—Sabes que tengo razón. Y si no quieres mis consejos, no sé para qué los pides, bastardo.
BaekHyun dejó caer la cabeza contra la mesa una vez más. La idea del accio aún le parecía mejor.
***
La estrategia del bollo de frambuesa que tanto amaba ChanYeol, habría salido bien si en primer lugar, el tipo le hubiera hecho caso. Estaba enfrascado en algún tipo de juego con la dichosa máquina roja y por más que trató de que mirara en su dirección, ChanYeol lo ignoró.
JongDae, ese bastardo, no dejó de burlarse de él desde la cama.
—Accio.—siseó BaekHyun, esta vez su varita en alto, apuntando a algo en concreto y extendiendo su mano izquierda para recibirlo.
La maquina roja o nintenso o nintendo o como coño fuera, salió volando desde ChanYeol hasta él. Su amigo clavó sus ojos en BaekHyun de forma fría y él le dio una mirada airada, meneando el aparato burlonamente.
—Me vas a escuchar.
—Devuélveme mi nintendo, BaekHyun.
—Oblígame. —lo retó. —Estoy hasta la polla de que me ignores.
—Muy sutil, BaekHyun.—rodó los ojos JongDae desde su cama.
—Cierra la boca, gnomo idiota. —otro movimiento de varita y JongDae tenía una cremallera en la boca y una cuerda alrededor de su cuerpo, como si hubiera sido secuestrado. BaekHyun sonrió satisfecho, estaba harto de ver los gestos obscenos del tipo. —Así está mejor.
—Dame mi máquina.
ChanYeol se había acercado sin que se diera cuenta, probablemente influía que el dormitorio no era muy grande, él tenía las piernas muy largas (y torcidas) y su cama estaba justo al lado de la suya. BaekHyun se quedó por un instante observándolo, con la camisa del uniforme por fuera, la corbata deshecha y el pelo más desaliñado que de costumbre.
Trató de quitarle la dichosa cosa, pero BaekHyun fue más rápido debido a sus reflejos como cazador, así que frustró sus planes. El alto se subió las gafas por el puente de la nariz, resoplando.
—No hasta que me escuches.
—¿Y qué mierda se supone que tengo que escuchar?
BaekHyun rodó los ojos.
—Quiero resolver las cosas contigo, no puedo seguir en esta situación, ChanYeol. Somos amigos desde los once años, joder.
—Eso lo sé. —gruñó revolviéndose el pelo. Cuando volvió a mirarlo había una diferencia en sus ojos, quizá un gesto menos severo. —Pero no sé si puedo volver a ser tu amigo.
—¿Cómo dices? —sus ojos se entrecerraron.
—Casi tuvimos algo. No puedo ser tu amigo de nuevo y olvidar eso. —añadió.
—No dije que quisiera que volviéramos a ser solo amigos.
Se miraron a los ojos durante varios segundos, quizás. BaekHyun no está seguro, pero a lo mejor hablaron más así, en silencio, de lo que se habían dicho verbalmente en días. ChanYeol lucía cansado de esta situación y comprendió que no era el único que estaba hasta las narices.
Dejó caer la dichosa nintendo del carajo sobre la cama y miró a su amigo.
—Te echo de menos. —le dijo de forma sincera y dio un paso al frente. BaekHyun le sonrió, la clase de sonrisa que reservaba para ChanYeol, no la de bastardo sin escrúpulos. Tocó sus brazos subiendo sus manos por éstos, hasta que llegó a la solapa de su camisa, tirando de esta hacia abajo. —Mucho.—susurró. ChanYeol jadeó y BaekHyun se atrevió a acariciar sus labios con los propios.
—Bastardo. —le dijo sobre su boca antes de besarlo. Esta vez de verdad.
Las manos del alto rodearon su cintura, su lengua se introdujo dentro de su cavidad y BaekHyun gimió apegándose al cuerpo de ChanYeol. Mierda, era verdad que lo había echado de menos. Profundizó el beso casi al instante, cambiando de ángulo su rostro y el beso adquirió una tonalidad más fuerte, demandante y libidinosa. Las manos de BaekHyun bajaron por la espalda de ChanYeol y de alguna forma, logró alcanzar su trasero. El alto gruñó contra sus labios y él sintió el poste de madera contra su espalda cuando lo acorraló.
Al separarse, ambos tenían los labios hinchados, las camisas revueltas y el corazón acelerado, maldita sea. BaekHyun subió las gafas de ChanYeol por el puente de su nariz, juguetonamente y deslizó la yema de sus dedos por la boca que acaba de besar, recibiendo una mordida traviesa.
—No te he perdonado del todo.
—Pero estás empezando hacerlo ¿verdad?
—Puede. —concedió ChanYeol con su jodida voz gruesa y ronca.
JongDae tiró la lámpara al suelo, cortando de alguna forma el momento. El tipo seguía sobre la cama, maniatado y sin posibilidades de hablar o moverse o cualquier cosa. Los miraba mal como si estuviera planificando el momento de su muerte.
BaekHyun se sacó la varita del bolsillo trasero y le quitó el hechizo.
—Hijos de la grandísima puta. No tenía que ver eso, joder. Si quisiera ver porno gay me metería en páginas de internet o me compraría una bola mágica del porno.
—¿Bola mágica del porno?—alzó las cejas BaekHyun.
—Es como una recordadora, solo que en vez de recordarte las cosas, te muestra porno de tu preferencia. —explicó ChanYeol con voz intelectual. El bajo le dio una mirada inquisidora. —¿Qué?
—¿Cómo sabes tú eso?
El alto se sonrojó un poco.
—Lo leí por ahí.
—¿Hola, amigos de mierda? Estaba quejándome sobre como me obligaban a verlos meterse la lengua hasta la campanilla. —se quejó JongDae, alzando la voz en tono dramático.
—Y nosotros estábamos ignorándote. —bostezó BaekHyun, separándose de ChanYeol, dándole una nalgada.
—Hijos de….
ChanYeol movió la varita esta vez, durmiendo a JongDae. El chico cayó como un plomo sobre el suelo y BaekHyun hizo un gesto de dolor.
—También se va a quejar por eso.
—Me estaba tocando las narices.
—A mí también.
La habitación quedó en silencio una vez más y comenzaron a reírse dos segundos después. BaekHyun se dejó caer sobre el baúl al inicio de su cama y ChanYeol en el suelo. Sujetándose la barriga, se detuvieron paulatinamente, aún aflorando algunas carcajadas esporádicas.
—ChanYeol.
—¿Uhm?
—Eres mi novio.
El alto alzó una ceja.
—¿Desde cuándo?
—Desde ahora.
—No me lo pediste.—frunció el ceño, ChanYeol.
BaekHyun bufó.
—Oh, vamos, no seas nenaza. ¿Tengo que arrodillarme también?—completó la frase con un gesto soez y una doble intención en su voz.
El alto se sonrojó y él se agachó en el suelo, llegando hasta él, atrapando su cara entre sus manos.
—Ese día. Lo de Hyuk. Lo siento. —soltó cada palabra despacio, deseando de verdad no cargarla. —Sé que no lo detuve, sé que debería haberlo hecho y sé que soy un capullo, pero no me lo pongas más difícil ¿de acuerdo? Llevo una semana de mierda porque mi mejor amigo no me dirigía la mirada y prefería jugar a esa cosa muggle con muñequitos dentro. —hizo un gesto de enojo hacía la máquina y volvió a mirar a ChanYeol. —Necesito que volvamos a estar bien.
—¿Cosa muggle con muñequitos dentro?—se rió el alto. Sus manos se apoderaron de las suyas, bajándolas hasta su regazo.
—ChanYeol. —le dio una mala mirada.
—Es una confesión un tanto pobre ¿no crees?
BaekHyun bufó, rodando los ojos.
—Está bien. Culpable. Perdón por no ser el tipo magnífico de las novelas de tu hermana que tú también lees. —el alto se sonrojó un poco y le pellizcó el brazo. —Lo que quiero decir es que te quiero.
—¿Podrías repetirlo? Aún no creo que el maravilloso Byun BaekHyun de Gryffindor se haya enamorado. —se burló él.
—Sep, el maravilloso e increíblemente guapo Byun BaekHyun está enamorado de Park ChanYeol. —le dijo con tono altanero.—Te quiero, imbécil. ¿Podrías ya besarme y aceptar ser mi novio?
ChanYeol rió, pero de todas formas lo besó. Y BaekHyun por fin, después de esa dura semana sintiéndose como el peor hijo de puta del universo, se sintió bien. Podría haber hecho explotar un maldito caldero de pociones y le habría importado una mierda, porque ChanYeol por fin lo habría perdonado, ChanYeol era su novio ¡joder, tenía novio! Y era jodidamente feliz con eso.
FIN.