Parte única
—HeeChul, te digo que no quiero ir a ninguna escuela de danza, ya déjame en paz. —El castaño suspiró cansado por la insistencia del rubio y caminó a la cocina con sus mínimas prendas: calzoncillos.
—¡Pero es que bailas increíble! ¿Por qué si quiera no lo intentas? —insistió el mayor, siguiéndolo.
—Porque no.
El rubio rodó los ojos.
—¿Acaso tienes miedo?
—No tengo miedo —titubeó.
—Demuéstralo y ve, aunque sea a una clase —lo desafió sonriendo—. Te aseguro que te gustará.
DongHae exhaló derrotado.
—Está bien, pero solo a una clase ¿okey?
HeeChul asintió entusiasmado y abrazó a su amigo. Él sabía que el castaño tenía mucha pasión a la hora de bailar. Tenía talento y quería que lo aprovechara como debía.
DongHae y HeeChul estaban en la entrada de la prestigiosa academia de baile "Bright Stars". El castaño aún no estaba convencido de entrar y estaba pensando en escapar en algún minuto en que HeeChul mirara hacia otro lado, pero antes de siquiera mover un pie, su amigo ya lo había tomado del antebrazo para llevarlo dentro.
El lugar era amplio y sofisticado. Poseía piso de madera y paredes de color rojo cubiertas de grandes espejos. Olía bastante bien a pesar de la mezcla de perfumes y olores de las jóvenes que se encontraban bailando en ese momento.
Ambos chicos miraban todo con curiosidad. DongHae veía la coreografía que estaban realizando las chicas (y algunos chicos), perfectamente coordinada y profesional frente a uno de los espejos.
La voz demandante que se escuchó de repente dictando los compases con los primeros cuatro números, les llamó la atención y dirigieron su vista a un joven de aspecto vivaz y cuerpo torneado. Su cabello era peliazul y liso, su piel blanca como la leche, sus brazos fuertes lo que demostraban un arduo trabajo en gimnasio, y sus ojos grandes...
Preciosos, pensó DongHae.
El chico —que claramente era el instructor— los miró regalándoles una sonrisa a ambos, y continuó exclamando los dígitos.
Cuando la coreografía acabó, el coreógrafo se acercó al castaño y su amigo con seguridad en su andar.
Al estar más de cerca, DongHae pudo apreciar de mejor manera sus ojos profundos, su boca con labios gruesos y su altura que era tan solo un poco más que la suya.
"Debo admitir que está muy, muy, bien" pensó, al ver como unas pequeñas arruguitas se formaban a los lados de sus ojos cuando les sonrio.
—Hola, soy Lee HyukJae. ¿Puedo ayudarles en algo? —saludó con cortesía, frotándose las palmas.
—Sí. Mi amigo aquí quiere inscribirse en la academia —respondió el rubio señalando a su amigo de piel bronceada. HyukJae movió su vista hacia DongHae, notando como sus ojos le correspondían con detención. El peliazul le sonrio ladeado.
—¿Te gusta bailar? —le preguntó.
HyukJae recorrió el cuerpo de el de piel morena de pies a cabeza de manera lenta y DongHae se removió cohibido.
—En realidad no me gusta: me fascina —respondió, para luego atrapar con los dientes su labio inferior.
HyukJae se encantó por aquel gesto y observó con atención las facciones del chico encantador. Tenía un hermoso cabello color chocolate que le caía como cascada sobre los ojos, unos labios rosados y finos que HyukJae deseó probar, un cuerpo masculino con piernas gruesas y brazos fuertes, y unos pequeños ojos que lo miraban como un cachorrito tímido.
Aquel chico era simplemente precioso.
—Entonces estás dentro. Cualquier persona que tenga pasión por el baile puede entrar a la academia —dijo deteniendo su escaneo, sonriéndole una vez más, siendo correspondido por DongHae mostrándole unos dientes torcidos que lo volvían aun más adorable.
HyukJae sintió como su interior entero suspiraba por aquella maravilla.
—¡Increíble! Muchas gracias, HyukJae. ¿Cuándo empezarán las clases de DongHae? —HeeChul habló entusiasmado, casi saltando en su lugar.
—Mañana mismo, lo esperó a las ocho de la tarde. Nos vemos chicos.
El castaño le guiñó un ojo fugazmente a DongHae, sin que el rubio se diera cuenta y se marchó volviendo a dictar los compases.
DongHae dejó escapar el aire que tenía dentro sintiendo que no había respirado en minutos.
El castaño ya se encontraba al lado de sus nuevas compañeras de baile, al final de todas ellas, esperando a que HyukJae terminara de rellenar su botella de agua para comenzar a danzar.
Su vestimenta constaba de un jogging gris (al igual que HyukJae solo que los de este eran negros) y una camiseta blanca.
Estaba nervioso. Nunca había bailado frente a tantas personas, y menos personas que fueran profesionales en ello. Él no tenía técnica, no sabía cuáles eran los tipos de baile, ni como se llamaba cada paso. DongHae solo bailaba cuando una canción con ritmo sonaba en la radio, nada más.
Pero si bien aquello era una buena razón para sus nervios, lo que más lo tenía de esa manera era pensar en que estaría siendo observado por el chico de ojos grandes constantemente. Y es que claro, al ser nuevo, HyukJae tendría que corregirle muchas veces los pasos, y él en ello, no podría dejar de recordar la mirada del peliazul sobre su cuerpo al conocerlo. Era como si casi lo hubiera analizado para alguna clase de experimento científico o algo parecido.
Ni siquiera se imaginaba la clase de cosas que realmente había imaginado HyukJae mientras lo miraba.
—Bien, amores, vamos a empezar con una coreografía de calentamiento —habló el peliazul, mirando fijamente a DongHae en la última palabra—, solo sigan los pasos que haré a continuación.
Con un pequeño control encendió una radio, y por ella se escuchó "Hey mama" de Nicky Minaj. DongHae miró atentamente por el espejo los movimientos que comenzaba a realizar HyukJae. Estos eran fáciles y simples de imitar, no le estaba costando nada poder realizarlos con fluidez. Cuando llegó el coro, el peliazul movió las caderas de un lado a otro para luego hacer un twerk, siguiendo el ritmo de los tambores. DongHae imitó el movimiento con un poco de vergüenza.
Al terminar el coro, HyukJae dejó de indicar los pasos para dejar que sus estudiantes se miraran en el espejo al realizarlos. Él iba marcando los compases con aplausos estruendosos, mientras caminaba alrededor de los jóvenes y al llegar al momento del twerk, se colocó justo detrás de DongHae poniéndolo aun más nervioso a lo que estaba. Sin embargo, no falló en ningún momento el paso, agitando su relleno trasero en el movimiento frente a los ojos atrevidos de HyukJae.
El peliazul lo miró detenidamente al hacerlo y siguió su camino hasta estar de nuevo al frente de todos.
—Muy bien, lo hicieron muy bien —felicitó a sus estudiantes—. Ahora sí podemos comenzar con los bailes más complicados.
Les sonrió y miró fijamente a DongHae observándolo de una manera que no supo descifrar.
Desde ahí, todos, absolutamente todos los bailes contaban con al menos un paso en donde el movimiento de culo era necesario. Y por si no fuera poco, HyukJae siempre se colocaba detrás de el de piel morena cuando tocaban esos pasos.
DongHae cada vez se sentía más avergonzado por la insistente presencia de su instructor a sus espaldas, mientras el movía el trasero con toda la dedicación posible para que le saliera el paso de manera correcta. Casi parecía que HyukJae le había agarrado manía.
Suspiró aliviado cuando el peliazul anunció que Wiggle había sido la última canción de ese día, y que ya podían marcharse a casa.
DongHae fue hacia los lockers donde se guardaban los bolsos de los estudiantes, y agarró su mochila de uno de ellos. La abrio, sacando de ella una pequeña toalla blanca, y se secó el sudor del rostro respirando agitado.
Debía admitirlo, lo había disfrutado. Le habían fascinado todas las coreografías a pesar de que en cada una de ellas hubiera un movimiento que él solamente imaginaba haciendo en la comodidad de su departamento.
HyukJae sabía cómo corregir a sus estudiantes, y él definitivamente bailaba excelente. Si tan solo no lo mirara como si fuera un león a punto de cazar a su presa...
Suspiró y guardó la toalla. Ahora deseaba con todas sus fuerzas, lanzarse a su cómoda cama y dormir como lirón. Estaba totalmente agotado físicamente y se entendía al ser su primera clase.
Vio como sus compañeros comenzaban a salir por la puerta, despidiéndose del instructor en ella. Caminó en dirección hacia la salida, agarrando su mochila con uno de sus brazos dispuesto a irse rápidamente. Sin embargo, antes de poner un pie fuera del establecimiento, fue tomado por el brazo. Dirigió su vista hacia el coreógrafo y este le indicó que se acercara, a modo de que él solamente escuchara lo que iba a decirle. DongHae obedeció tragando con la garganta seca.
—Me encantaron tus movimientos, eres excelente —le dijo expulsando aire cálido en su oído. DongHae sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo y le sonrio algo nervioso a HyukJae.
—Gracias —respondió alejándose, creando distancia—. Me gustó mucho la clase.
—¿Sí? Me alegro. Nos vemos pronto, DongHae.
HyukJae musitó su nombre con una lentitud casi sensual y le sonrio de manera coqueta. DongHae ignoró aquel gesto, asintiendo, para a continuación marcharse con rapidez.
Él sabía perfectamente a los movimientos que se había referido el peliazul y no sabía cómo sentirse al respecto.
Los días pasaban, DongHae cada vez mejoraba más en el baile y HyukJae no podía estar más encantado con ello.
El más joven ya se había acostumbrado a que el peliazul se posara detrás de él de vez en cuando para mirarlo de aquella manera felina que no podía ocultar. Pero ahora lo que lo tenía nervioso eran las constantes insinuaciones que el instructor le hacía.
DongHae no era estúpido. Sabía perfectamente lo que HyukJae quería lograr y lo más increíble es que estaba considerando dárselo. Y es que, vamos, tenía presente que el peliazul era guapo incluso diría caliente. No tenía pensado desaprovechar la oportunidad de oro de tener una aventura con su instructor. A fin de cuentas, solo era un polvo y él ya era mayor para decidir con quien quería acostarse.
En ese instante el baile era uno lento, donde se necesitaba el movimiento de caderas. DongHae lo hacía a la perfección sin duda, pero no por eso HyukJae evitó posarse detrás de el de piel morena y poner sus manos en su cintura, para indicarle el movimiento. El castaño sintió claramente el miembro del castaño en sus nalgas y mordió el interior de su mejilla.
—Con más fluidez en los pies ¿entiendes? Así, uno, dos, tres... —indicó dando un paso al lado en cada dígito— y para el otro lado, uno, dos y tres.
DongHae asintió y le dio una fugaz mirada a HyukJae, mostrándole el paso.
—Así, perfecto. Lo haces perfecto —lo halagó, sin despegar su vista del cuerpo que deseaba entre sus manos.
—Soy bueno moviendo las caderas —murmuró con tono atrevido y volvió a concentrarse en la coreografía.
HyukJae alzó ambas cejas, sorprendido y encantado por la inesperada insinuación y sin que nadie lo notara, le dio un apretón a una nalga de el de piel morena. DongHae saltó por la impresión y miró al peliazul, quien ya se dirigía nuevamente al frente con una pícara sonrisa en su rostro.
DongHae negó con la cabeza sonriendo, sintiéndose travieso.
Al acabar la clase, HyukJae le pidió al castaño que se quedara unos minutos para poder conversar sobre los pagos del mes. Pero bien ambos sabían que aquello era una excusa para lo que verdaderamente quería el peliazul.
Cuando todos se marcharon y el estudiante se quedó a solas con el instructor, HyukJae habló:
—Sabes que lo que menos quiero hacer es hablar contigo ¿no, DongHae? —interrogó mientras se acercaba al menor lentamente por detrás.
—Por algo acepté quedarme, HyukJae —respondió coqueto, sintiendo el calor del castaño a sus espaldas.
HyukJae soltó una risa cargada de travesura.
—No sabes todo lo que he imaginado hacerte desde que te vi mover el culo en la primera clase —insinuó tomando al castaño de sus caderas para apegar por completo su espalda a su pecho, dejando que sintiera el miembro semiduro en su trasero.
—¿Qué cosas has imaginado? —ronroneó, restregándose contra su instructor.
—Follarte contra este mismo piso, que tus lindos labios envuelvan mi polla y, oh, como olvidar darle unas cuantas nalgadas a tus preciosas mejillas —respondió con la voz rasposa y su boca puesta en el cuello de el de piel morena. DongHae jadeó por su respuesta, disfrutando de los pequeños besos que el peliazul estaba dejando en la piel.
—No sé qué estás esperando para comenzar.
El menor escuchó una breve risa de HyukJae, y sonrio en respuesta, dejando que las manos de su instructor hicieran lo que desearan con él.
Con lentitud, aún repartiendo besos en el cuello de el de piel morena, el peliazul fue subiendo sus manos acariciando todo el abdomen del chico, llegando hasta sus pezones cubiertos con la fina tela de la camiseta. Los pellizcó sacándole un jadeo a DongHae, y volvió a bajar sus manos esta vez hasta la tela de su jogging, toqueteando sobre ella el miembro que comenzaba a endurecerse.
Acarició la zona íntima del chico con paciencia, escuchando los jadeos de el de piel morena muy cerca de su oreja.
Queriendo poder probar aquella boca ruidosa, giró al chico entre sus brazos y le besó la boca, adentrando de inmediato su lengua en el interior de esta. DongHae correspondió el gesto, subiendo un poco su cabeza por la diferencia de altura y sintió las traviesas manos de HyukJae apretar su trasero con fuerza. Un gemido se escapó de sus labios, mientras disfrutaba del delicioso sabor de la boca de HyukJae, incitando más al mayor a continuar.
Se separaron un minuto por la escasez de aire, y el peliazul con ansias desbordantes le quitó la camiseta al menor, dejando ver un torso bien trabajado y lampiño. Sus manos recorrieron las curvas de sus músculos con admiración.
—Que lindo —halagó mirándolo con los ojos dilatados.
DongHae le sonrio ladeado y volvió a tomar los labios de HyukJae con los suyos. El peliazul continuó acariciando la piel expuesta del chico, sintiendo lo caliente que estaba, rodeando la cintura del chico para llegar a su espalda baja. Allí, metió sus manos en el interior de sus prendas, tocando directamente sus nalgas redondas. Las masajeó ganándose múltiples gemidos del castaño, que se perdían en su boca.
Las manos de DongHae también comenzaron a moverse sobre el cuerpo del peliazul. Acarició su pecho bien formado para luego bajar para tomar el borde de su camiseta suelta. Sintió como HyukJae mordía su labio inferior y un gemido escapó de su garganta. El instructor rio con algo de malicia, masajeando aún en sus manos el redondo y relleno trasero de el de piel morena.
Lenguas jugando entre sí, calor aumentando y miembros endureciéndose.
El ambiente comenzaba a hacerse más pesado, teniendo como único sonido la mezcla de salivas y suaves gemidos de los jóvenes.
DongHae con lentitud, fue quitando la camiseta del cuerpo de HyukJae, deteniendo por un segundo el contacto entre sus bocas. El peliazul se apegó más al menor, sintiendo la suavidad de su pecho y su pene endurecido bajo la tela de los calzoncillos y jogging.
—Vamos a quitarnos esto ¿está bien? —habló sobre sus labios rojos, mirando a DongHae con lujuria y deseo.
El castaño asintió sin pensarlo y HyukJae bajó de un tirón los pantalones junto a los calzoncillos del más bajo. Su miembro erecto chocó con el estómago de ambos chicos y las prendas cayeron al suelo cuando DongHae se las quitó de sus piernas; al igual que sus zapatillas y calcetines.
HyukJae contempló el cuerpo de aquel chico, totalmente desnudo frente a él y sintió su pene palpitar en sus calzoncillos por aquella sensual imagen. Joder, DongHae era una belleza malditamente caliente.
Subió su vista nuevamente hacia el rostro ruborizado de el de piel morena, sonriéndole con sensualidad. Volvió a atacar su boca sin ninguna objeción del menor. DongHae toqueteó más descaradamente sobre los pantalones de su instructor, el trasero y lo apretó de igual manera en sus manos. El peliazul gruñó en respuesta, y velozmente quitó sus zapatillas.
Al minuto ambos ya estaban desnudos, besándose con fogosidad. DongHae detuvo el beso con lentitud y regalándose una sonrisa ladeada a HyukJae, bajó por su cuerpo para poder apreciar de más cerca aquel trozo de carne que quería sentir dentro suyo. Miró al peliazul inocentemente, como si no supiera lo que estaba punto de hacer, y al instante adentró el pene en su boca, comenzando a lamerlo y chuparlo con ardor mientras que una de sus manos acariciaba los testículos.
—Oh, DongHae...
El castaño movía su lengua y labios con profesionalidad sobre el duro miembro del peliazul. Lo metía en su boca lamiendo las venas que sobresalían, para luego adentrarlo por completo tocando su garganta. HyukJae agarró el cabello del menor entre sus dedos, incitándolo a aumentar la velocidad, logrando que se escuchara el chapoteo de saliva al follar la experta boca de DongHae. El coreógrafo veía los labios de el de piel morena envolver su miembro, con aquella carita de ángel caído del cielo, y sentía que podría correrse tan solo con una mamada de aquel ser tan perfecto.
No queriendo eyacular en la boca del menor, le ordenó con un movimiento que se sacara el pene de la boca, para volver a atacarla con sus labios. El castaño tenía su mano, masturbando el miembro de HyukJae, entretanto sus bocas se comían entre sí, sintiendo a cada segundo la necesidad de sentirse de manera más intensa.
Estando de acuerdo ambos en ello, el peliazul separó sus bocas quedando un hilo de saliva entre ellas, y le ordenó al menor que se pusiera en cuatro en ese mismo instante. Sumisamente DongHae obedeció, algo incómodo por la dureza de la madera, dejando a la vista un poco su pequeña y rosada entrada.
—¿Quieres que te coma el culo, precioso? ¿Lo quieres? —inquirió el mayor sentado en cuclillas frente al trasero del castaño, acariciando con un dedo el sensible agujero.
DongHae soltó un gemido al tener a HyukJae acariciando aquella zona y asintió efusivamente, gimiendo un "S-sí, por favor" que el peliazul disfruto oír.
Sin previo aviso, la lengua hábil del coreógrafo ya se encontraba entre las nalgas redondas de DongHae, lamiendo con vehemencia su pequeña entrada. El menor gemía, casi lloriqueaba de placer al sentir su agujero ser lengüeteado por HyukJae intensamente.
—H-Hyuk... ¡Ah! Dios, sí...
El nombrado sonrio por saber que estaba haciendo disfrutar al castaño y queriendo escuchar más de ello, adentró su sinhueso dentro del agujero, robándole una maldición a DongHae. Mierda, aquella situación no podía estar siendo más placentera.
Tras unos minutos, HyukJae dejó de jugar con la rosada entrada del chico y metió —aprovechando la humedad— un dedo dentro de DongHae.
—¡Oh! ¡Mierda! —El dedo del peliazul inició rápidamente un ritmo, saliendo y entrando del agujero del chico, agregando después dos dedos al recorrido. El castaño sentía su ano ser invadido por los delgados dedos de HyukJae, y no podía desear más; quería el jodido pene del instructor en su interior de una jodida vez por todas—. ¡Más! ¡Hyuk...HyukJae! ¡Ah! ¡Más, por favor!
El mayor no estaba pensando en hacerse de rogar. Sacó los dedos del interior de DongHae, y tomó su polla, acariciándola antes de posar la punta en el estrecho agujero, restregándola hasta que de un movimiento rápido la adentro por completo.
—¡Aah! ¡Mierda, sí! —exclamó el castaño y cerró los ojos con fuerza, disfrutando del pene del mayor dentro suyo, el cual ya había comenzado a moverse con un ritmo lento, llegando con profundidad.
—Joder, tan apretado...
HyukJae tampoco escondía el placer que sentía al tener su miembro dentro del hermoso cuerpo de el de piel morena. Veía salir y entrar su pene del agujero de DongHae, sintiendo un deleite por la deliciosa sensación de estrechez y calidez.
Los minutos corrían, las embestidas cada vez eran más rápidas y certeras. Los jóvenes creían que morirían del placer que sentían en sus cuerpos calientes y sudorosos. Los brazos del menor estaban en el suelo, debido a que en un minuto no había podido sostenerse más.
HyukJae arremetía contra el cuerpo de el de piel morena sintiendo oleadas de placer recorrerle todo el cuerpo. No le importaba que sus rodillas dolieran por el piso, ni tampoco que sus manos estuvieran marcadas en las caderas del castaño. A cada estocada sentía más cerca el orgasmo en la punta de su pene.
Unos lloriqueos comenzaron a escucharse cuando el peliazul encontró el punto de DongHae, acometiendo contra él una y otra vez, dándole unas cuantas nalgadas dejando cada vez más rojo el gran trasero del castaño.
DongHae estaba a punto de correrse y acompañado de un gemido ronco, eyaculó desparramando su esencia en el suelo de madera. HyukJae sintió las paredes calientes del menor envolver su miembro por el reciente orgasmo, y sin muchas más embestidas se corrió dentro de él, gimiendo el nombre del causante.
Las respiraciones agitadas, cuerpos sudados, y la felicidad después de un orgasmo fue todo lo que quedó en aquel salón de baile.