Libro 3: Enamorado De Un Oh [HunHan]

Summary

SeHun Oh era un joven temerario y enamoradizo que estuvo a punto de destruir a su familia por culpa de la traición de una mujer. Por eso ahora antepone siempre la lealtad que siente por los suyos a los deseos de su corazón, y accede a casarse con LuHan Xiao para evitar un conflicto entre dos clanes amigos. LuHan se jura a sí mismo que protegerá sus sentimientos de cualquier humillación. Pero las caricias de SeHun logran derribar sus defensas y pronto anhela desesperadamente el amor de su marido.

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El día de su primera boda la naturaleza había brillado en todo su esplendor. Hacía un calor insólito para ser enero, el ambiente era muy agradable y la suave brisa hacía ondear el pelo del novio. Era como si el mundo entero se hubiese detenido para presenciar la unión de dos almas.

LuHan Xiao resopló, ganándose con ello que su futuro marido lo mirase con una ceja enarcada.

¿Qué tiempo hacía el día de su segunda boda? Malo. El cielo estaba nuboso y soplaban vientos de tormenta provenientes del norte. Hacía frío y el aire congelado se colaba en el salón con ráfagas insistentes. Era como si el mundo entero supiera la incertidumbre que le causaba el hombre que tenía al lado y al que quedaría unido para siempre tras pronunciar los votos.

Un escalofrío le recorrió la espalda a pesar de que ambos estaban de pie frente a la enorme chimenea del castillo.

SeHun frunció el ceño y dio un paso hacia LuHan como si intentase protegerlo del viento que levantaba las pieles que cubrían las ventanas. LuHan no pudo evitar dar a su vez un paso hacia atrás y alejarse de nuevo de él.

Lo ponía nervioso y a él eran muy pocas las personas que conseguían intimidarlo.

El guerrero frunció todavía más el ceño y después centró toda su atención en el sacerdote.

LuHan miró a su alrededor con la esperanza de que ninguno de los presentes hubiese presenciado el intercambio. A su pueblo no le gustaría ver que tenía miedo de su marido. Aunque se lo tuviera.

JunMyeon Oh, el mayor de los hermanos Oh y el primer hombre con el que se suponía que iba a casarse, estaba de pie al lado de su hermano, con los brazos cruzados. Parecía ansioso porque la ceremonia terminase cuanto antes.

JongDae Oh, el hombre con el que casi se casó después de que JunMyeon contrajese matrimonio con YiXing Zhang, también parecía impaciente y miraba constantemente la escalera como si fuera a echar a correr en cualquier momento.

Era comprensible, porque el esposo de JongDae, MinSeok, estaba en el dormitorio de ambos, en el piso de arriba, recuperándose de una herida que había estado a punto deacabar con su vida.

A la tercera va la vencida, ¿no?

El rey MinHo no se había puesto en pie para la ocasión. Seguía sentado junto al fuego, mirando con aprobación cómo el sacerdote seguía adelante con los trámites necesarios. A su alrededor, y también sentados, estaban los Lords de los clanes vecinos. Todos habían acudido allí para presenciar la unión entre los Oh y los Xiao, una alianza que se sellaría con el matrimonio de LuHan con SeHun, el hermano más joven —y el último que quedaba soltero— de los Oh.

Era importante señalar que SeHun era el último candidato, porque si algo salía mal y también se estropeaba esa boda, ya no quedarían más Oh con los que poder casar a LuHan, y a esas alturas el orgullo del doncel ya no podía soportar otro rechazo.

Desvió la vista del monarca al grupo de Lords y después hacia su padre y su cara de pocos amigos. El hasta entonces Lord de los Xiao estaba sentado unos metros separado del resto de los guerreros y en su rostro había una horrible mueca de amargura.

Por un instante, las miradas de padre e hijo se encontraron y él le enseñó los dientes. LuHan no lo había apoyado para que siguiera siendo Lord. Probablemente había sido desleal de su parte, pero aunque no estaba seguro de sí SeHun Oh sería un buen Lord, sí sabía que su futuro esposo era unbuen hombre.

Se percató de que era el centro de todas las miradas y, nervioso, devolvió la suya al sacerdote al darse cuenta de que se había olvidado de repetir sus votos. Como si no fuera suficiente con eso, además no tenía ni idea de lo que el religioso acababa de decir.

—Ahora es cuando dices que me obedecerás y que me juras lealtad sólo a mí y que me serás fiel hasta el fin de tus días —le susurró SeHun con voz ronca.

Las palabras le provocaron un escalofrío en la espalda y no pudo evitar fulminarlo con la mirada.

—¿Y qué me prometes tú a cambio?—

Los ojos verde pálido del guerrero le recorrieron el cuerpo y, cuando volvieron a detenerse en los de él, cualquiera diría que no habían encontrado nada de su agrado. A LuHan eso no le gustó, se sintió como si lo hubiese rechazado.

—Tendrás mi protección y te trataré con el respeto y la estima que se merece un señorito de tu alcurnia.—

—¿Eso es todo? —susurró LuHan con sarcasmo, aunque habría dado cualquier cosa por ser capaz de contenerse.

Era evidente que le había tocado la peor parte del pastel. JunMyeon Oh adoraba a su esposo, YiXing, y JongDae acababa de desafiar al mismísimo rey para quedarse junto a YiXing, el doncel que amaba... y dejarlo plantado a él en el altar.

Él no estaba enfadado, quería mucho a MinSeok y su amigo merecía ser feliz. Ver a un hombre tan fuerte y atractivo como JongDae declarar públicamente su amor por él había llenado a LuHan de emoción y alegría. Pero al mismo tiempo le recordó lo vacío y estéril que iba a ser su matrimonio.

SeHun suspiró exasperado.

—¿Qué es lo que quieres exactamente, cielo?—

Levantó el mentón al oír cómo lo había llamado y lo miró con frialdad.

—Nada. Me basta con eso, pero me quedo sólo con el respeto y la estima, la protección no me hace falta.—

—¿Eso crees? —SeHun enarcó una ceja.

—Sí, puedo protegerme solo.—

Él se rió y un segundo más tarde también lo hicieron el resto de los hombres que había allí reunidos.

—Pronuncia los votos, cielo. No tenemos todo el día. Los soldados tienen hambre, hace casi dos semanas que esperan este festín.—

Un murmullo de confirmación se extendió por el salón y, al oírlo, LuHan se sonrojó. Era el día de su boda y nadie iba a meterle prisa. ¿A quién le importaba la comida o los estómagos vacíos de los soldados?

Como si se hubiese dado cuenta de que su prometido se estaba poniendo de mal humor, SeHun le tomo la mano y tiró de él hasta que sus muslos se tocaron. LuHan sintió cómo la musculosa pierna del guerrero le quemaba incluso a través del pantalón.

—Padre —SeHun se dirigió respetuosamente al sacerdote—, ¿sería tan amable de recordarle a LuHan lo que tiene que decir?—

LuHan fulminó a su futuro esposo con la mirada, mientras el sacerdote repetía los votos. Las lágrimas le escocían en los ojos a pesar de que no entendía por qué. Él no estaba enamorado de JongDae, igual que tampoco lo estaba de SeHun. Era su padre el que había tenido la idea de casarlo con un Oh, y los tres hermanos, igual que el rey, habían estado de acuerdo al instante.

Él sólo era una pieza más en su tablero de juego, de la que se olvidarían de inmediato.

Suspiró y sacudió la cabeza. Era ridículo que estuviese tan triste. Podrían sucederle cosas mucho peores. Tendría que estar contento. Había vuelto a reunirse con MinSeok, el hermano de su corazón, y su mejor amigo estaba ahora felizmente casado, aunque le esperaba una larga recuperación.

Y su padre ya no era el Lord del clan.

Miró de nuevo al hombre y lo vio vaciando otra jarra de cerveza. Supuso que no podía culparlo por querer emborracharse, en cuestión de minutos, la vida tal como la conocía se desvanecería para siempre. Sin embargo, él era incapaz de sentir el menor remordimiento.

Su clan podía llegar a ser grande, lo sería, bajo el liderazgo adecuado. Y ese líder nunca había sido el padre de LuHan. Un hombre que había mancillado el nombre de Xiao hasta llegar al extremo de que ahora tenían que pedir ayuda a otro clan más fuerte, y aliarse con él, para seguir adelante.

LuHan cerró el puño derecho. Soñaba con devolverle al clan su antigua gloria. En convertir a sus soldados en un ejército indestructible. Ahora esa tarea recaería en SeHun y él se vería relegado a ser un mero observador... sin poder participar en el proceso tanto como deseaba.

Dio un respingo sorprendido al ver que SeHun se inclinaba para rozarle los labios con los suyos.

Se apartó antes de que LuHan pudiese entender qué había sucedido. Se quedó allí plantado, boqueando como un pez fuera del agua, y, levantando una mano tembloroso, se tocó la boca.

La ceremonia había concluido. Las doncellas y los donceles , cargados con bandejas repletas de comida que en su mayor parte provenía de la despensa del clan Xiao, entraron en el salón para empezar a servir el banquete. Su padre había tenido que entregarles esa comida a los Oh después de perder una estúpida apuesta meses atrás.

SeHun observó a LuHan un instante y después le señaló que caminase delante de él en dirección a la mesa principal . LuHan suspiró aliviado al ver allí a YiXing acompañando a su marido. En medio de aquel mar de rostros desconocidos, el esposo del Lord era como un rayo de luz. Un rayo de luz cansado, pero reconfortante de todos modos.

YiXing le salió al encuentro con una sonrisa en los labios.

—LuHan, estás precioso. Hoy ningún doncel ni mujer tiene ninguna posibilidad a tu lado.—

Él se sonrojó al oír el halago. A decir verdad, a LuHan le daba un poco de vergüenza haberse casado con el mismo traje que llevaba el día de su casi boda con JongDae. Tenía la sensación de que estaba muy arrugado y se sentía poco arreglado y nada especial. Pero el tono sincero de YiXing le dio ánimos y lo hizo sentirse más seguro de sí mismo.

El doncel le tomo las manos con intención de reconfortarlo un poco más.

—¡Dios, tienes las manos heladas! —exclamó—. Tenía muchas ganas de presenciar el enlace, y espero que aceptes mis disculpas.—

—Por supuesto —afirmó LuHan con una sonrisa sincera—. ¿Cómo está MinSeok hoy?—

La mirada de YiXing pareció un poco menos preocupada.

—Vamos, sentémonos para que puedan empezar a servir y te lo contaré.—

LuHan se enfadó consigo mismo al notar que buscaba con la mirada el gesto de aprobación de su recién estrenado marido. Apretó los dientes y se dirigió a la mesa, sentándose al lado de YiXing. No llevaba ni cinco minutos casado y ya se estaba comportando como un tonto sin cerebro.

Aunque, a decir la verdad, SeHun le daba miedo. JongDae no. Y JunMyeon tampoco lo había intimidado.

Pero el hermano menor lo asustaba.

Confió en que sentarse al lado de YiXing le diese un momento de respiro antes de que SeHun fuese a su encuentro, pero no tuvo esa suerte. Su esposo apartó la silla que había justo al lado de la suya y se sentó tan cerca que todo su muslo quedó pegado al de él.

Sería de muy mala educación —y todo el mundo se daría cuenta— si se apartaba y se acercaba más a YiXing, así que LuHan optó por ignorar a SeHun. No podía olvidar que ahora SeHun tenía todo el derecho del mundo a tratarlo con esa familiaridad.

Al fin y al cabo, estaban casados.

Se quedó sin aliento al comprender que esa noche SeHun intentaría reclamar sus derechos maritales. De hecho, sólo podía pensar en la noche de bodas y en la importancia que se le daba al acto de perder la virginidad. Todas las mujeres y los donceles hablaban de ello en voz baja cuando los hombres no estaban presentes.

El problema era que LuHan siempre estaba con hombres y que él nunca hablaba a escondidas de nada.

A YiXing se lo habían llevado de su lado mucho antes de que LuHan sintiese curiosidad por esos asuntos.

Debido a la preferencia que su padre sentía por los jovencitos y las jovencitas y dado que prácticamente se había pasado toda la vida preocupado por proteger a YiXing de él, LuHan sentía arcadas sólo de pensar en el mero acto de la copulación.

Y ahora se había casado con un hombre que contaba con... Bueno, seguro que él contaba con muchas cosas y, que Dios lo ayudara, LuHan tenía una idea de en qué consistían.

La vergüenza le tiñó las mejillas. Podría preguntárselo a YiXing. O a alguno de los donceles o mujeres del clan Oh. Todos eran extremadamente generosos y habían sido muy amables con él. Pero preferiría esconderse debajo de la mesa a confesarles lo ignorante que era respecto a esos menesteres.

LuHan podía blandir una espada mejor que muchos hombres. Sabía luchar. Era rapido y podía ser implacable cuando lo provocaban. No era delicado ni se mareaba al ver sangre.

Pero no tenía ni idea de cómo besar.

—¿No vas a comer? —le preguntó SeHun.

LuHan levantó la vista y vio que la mesa estaba lista y que le habían servido la comida. Su marido había tenido el detalle de cortarle un trozo de carne y colocarlo en su plato.

—Sí —susurró.

A decir verdad, estaba hambriento.

—¿Prefieres agua o cerveza?—

LuHan nunca bebía, pero en un día como ése pensó que sería una buena elección.

—Cerveza —dijo y esperó a que SeHun le llenase la copa. Fue a agarrarla , pero él se le adelantó y lo sorprendió probándola antes.

—No está envenenada —sentenció, antes de deslizar la copa hacia él.

LuHan lo miró atónito sin comprender qué acababa de suceder.

—¿Y si lo hubiese estado?—

Él le tocó la mejilla. Sólo una vez. Fue una caricia afectuosa, probablemente no podría definirse como cariñosa, pero fue agradable y reconfortante.

—Entonces no te habrías envenenado ni habrías muerto. Ya hemos estado a punto de perder a un Oh por culpa de un acto tan cobarde y no voy a correr el riesgo de que vuelva a suceder.—

—Pero ¡eso es ridículo! —exclamó boquiabierto—. ¿Acaso crees que si hubieses muerto tú habría sido mejor?—

—LuHan, acabo de jurar delante de Dios que voy a protegerte. Eso significa que estoy dispuesto a arriesgar mi vida por ti y por los hijos que vamos a tener algún día. Hay una víbora oculta entre nosotros que ya ha intentado envenenar a JunMyeon una vez y ahora que tú y yo estamos casados, ¿se te ocurre una manera más eficaz de poner punto final a la alianza entre nuestros clanes que matándote?—

—También podrían querer matarte a ti —se sintió obligado a señalar.

—Sí, supongo que es una posibilidad. Pero si muere el único heredero de los Xiao, entonces tu clan se desmoronará y a SeungRi Lee le resultará mucho más fácil conquistarlo. Tú eres el factor clave de esta alianza, LuHan. Tanto si quieres creerlo como si no, sobre tus hombros recae una gran responsabilidad. Te garantizo que no va a resultarte fácil.—

—Ya lo sé, nunca había pensado lo contrario.—

—Chico listo.—

SeHun jugueteó con el borde de la copa antes de acercarla más hacia LuHan. Entonces la levantó solícito y la llevó a los labios de él, igual que haría cualquier recién casado con su esposo durante el banquete de bodas.

—Bebe, LuHan, se te ve exhausto. Y estás nervioso. Pareces tan tenso que es imposible que estés cómodo. Bebe un poco e intenta relajarte. Nos espera una tarde muy larga.—

SeHun no le mentía.

LuHan se pasó horas sentado, presenciando un brindis tras otro. Brindaron por los Oh y por el nuevo heredero del clan.

JunMyeon y YiXing eran los felices padres de un doncel recién nacido que iba a heredar una de las porciones de tierra más grandes y estratégicas de toda Corea.

Brindaron por JongDae y MinSeol. Por la salud de éste.

Y después empezaron los brindis por su matrimonio con SeHun.

En algún momento, el tono de los brindis degeneró y pasaron a centrarse en la reputación de SeHun como buen amante, hubo incluso un par de Lords que apostaron sobre cuánto tiempo iba a tardar LuHan en quedarse embarazado.

A LuHan le pesaban los párpados y no estaba seguro de que sólo se debiese a lo eternos que se le estaban haciendo esos brindis. Le habían llenado la copa más veces de las que era capaz de recordar y la había vaciado otras tantas, haciendo caso omiso de lo encogido que se sentía el estómago y de las vueltas que le daba la cabeza.

El Lord Oh había decretado que, a pesar de la multitud de temas pendientes que tenían por resolver y de la infinidad de decisiones que debían tomar cuanto antes, esa noche sólo iban a celebrar el enlace de su hermano pequeño.

LuHan sospechaba que el responsable de eso era YiXing y pensó que éste no tendría que haberse tomado tantas molestias. En lo que a LuHan respectaba, no había nada que celebrar.

Miró a SeHun y vio que estaba apoyado contra el respaldo de la silla, observando aburrido al resto de los comensales. Insultó a un hombre cuando éste hizo una insinuación de muy mal gusto sobre su hombría, y LuHan se estremeció y dejó la mente en blanco para ver si así lograba olvidar el

comentario.

Bebió un poco más de cerveza y dejó la copa encima de la mesa con tanto ímpetu que él mismo se asustó. Nadie pareció darse cuenta, algo que probablemente se debía a que había muchísimo ruido.

La comida empezó a desdibujarse delante de él y sólo pensar en llevarse nada a la boca, a pesar de que SeHun le había cortado la carne en pequeños trozos, le revolvía el estómago.

—LuHan, ¿estás bien?—

La pregunta de YiXing pronunciada en voz baja lo sorprendió y lo sacó de su estado de ensimismamiento. Entonces miró a su anfitrión y vio que éste se duplicaba ante sus ojos.

—Me gustaría ver a MinSeok —soltó de repente.

Si al esposo del Lord le pareció raro que quisiera estar con su primo el día de su boda, no lo manifestó.

—Si quieres, puedo acompañarte.—

LuHan suspiró aliviado y empezó a levantarse de la silla, pero SeHun lo sujetó por la muñeca y tiró de él hacia abajo con cara de pocos amigos.

—Me gustaría ir a ver a MinSeok, ya que no ha podido asistir a la boda —le explicó él—, con tu permiso, por supuesto.—

Casi se atragantó con sus propias palabras.

SeHun se quedó observándolo unos segundos y aflojó los dedos con que le rodeaba la muñeca.

—Puedes ir.—

Sonó tan autoritario. Tan... marido.

A LuHan se le encogió el estómago y se disculpó con el Lord. Estaba casado. Dios santo, estaba casado. Se suponía que tenía que pedirle permiso a su esposo. Y que tenía que obedecerlo.

Le temblaban las manos cuando siguió a YiXing hacia la escalera. Caminaron en silencio con un hombre de JunMyeon pegado a los talones, porque el esposo del Lord no iba a ninguna parte sin escolta.

Cielos, ¿acaso SeHun daba por hecho que él también iba a dejar que lo manejasen tan fácilmente? LuHan se ahogaba sólo con pensar que no iba a poder ir a ningún lado sin un

acompañante respirándole en la nuca.

Llegaron a la puerta del dormitorio de MinSeok y YiXing llamó con los nudillos con suavidad.

JongDae abrió y ésta habló en voz baja con el que ahora también era el hermano político de LuHan.

Él asintió y se apartó.

—No se queden demasiado. Se cansa con facilidad.—

LuHan observó de reojo al que habría podido convertirse en su marido y no pudo evitar compararlo con su hermano menor, el hombre con el que finalmente se había casado.

Era innegable que los dos eran grandes guerreros, aunque, sin saber muy bien por qué, LuHan pensó que probablemente preferiría estar casado con JongDae. No parecía tan... frío como SeHun. Ni tan indiferente. Ni muchas otras cosas.

LuHan era incapaz de determinar el motivo, pero había algo en los ojos de su marido que lo asustaba y lo desconcertaba, que lo hacía sentir como si fuese la presa de un animal hambriento.

SeHun lo hacía sentirse pequeño, indefenso... frágil.

—Hola, LuHan —lo saludó JongDae—, felicidades por tu matrimonio.—

Bastaba con mirar a los ojos del hombre para saber que aún se sentía un poco culpable y, aunque él no le guardaba ningún rencor, al fin y al cabo, el guerrero no había podido evitar enamorarse de MinSeok, todavía le dolía que lo hubiese humillado dejándolo plantado ante el altar.

—Gracias —murmuró.

Esperó a que JongDae pasara por su lado y entonces entró en el dormitorio.

MinSeok estaba recostado en una gran cantidad de almohadas. Se lo veía pálido y tenía la frente

arrugada por el cansancio, pero le sonrió a LuHan cuando sus miradas se encontraron.

—Siento haberme perdido tu boda —le dijo.

LuHan le sonrió a su vez y se acercó a la cama. Se sentó en un extremo para no molestarlo, y entonces le tomo la mano.

—No tiene importancia, yo apenas me acuerdo.—

MinSeok intentó reírse, pero el dolor le transformó el semblante.

—Tenía que verte —susurró LuHan—, hay algo... Necesito pedirte consejo.—

Su primo abrió los ojos sorprendido y miró a YiXing, que estaba detrás de LuHan.

—Claro. ¿Te parece bien que se quede? Es de toda confianza.—

LuHan miró indeciso en dirección al otro doncel.

—Tal vez podría ir a buscarles algo de beber —sugirió YiXing—, así tendran un ratito para hablar a solas.—

—No, espera —suspiró LuHan—. A decir verdad me irá bien escuchar también tu opinión. Al fin y al cabo, MinSok hace poco que se ha casado.—

Un leve rubor tiñó las mejillas de éste y YiXing se rió.

—Entonces pediré que nos suban algo de beber y así podremos hablar tranquilamente. Tienes mi

palabra de que nada de lo que digas saldrá de esta habitación.—

LuHan lo miró agradecido y acto seguido el esposo del Lord se dirigió a la puerta para darle instrucciones a Deon, el guerrero que los había acompañado.

—¿Cómo de gruesa es la puerta de esta habitación? —le preguntó LuHan a YiXing en voz baja.

—Te aseguro que no se oye nada desde el otro lado —le contestó el joven, con un brillo especial en los ojos—. Dime de qué quieres hablar.—

LuHan esperó a que YiXing volviese junto a ellos y entonces, sintiéndose como un tonto por ser tan ignorante, se lamió nervioso el labio inferior.

—Del lecho matrimonial.—

—Ah —dijo MinSeok, comprensivo.

—Pues sí, ah —asintió YiXing.

LuHan soltó exasperado el aliento.

—¿Qué voy a hacer? ¿Qué se supone que tengo que hacer? No sé nada de los besos ni de la pasión ,ni... de nada. Yo solo sé utilizar la espada y luchar.—

YiXing lo miró compasivo y la burla abandonó por completo su mirada. Cubrió la mano de LuHan con una de las suyas y se la estrechó cariñoso.

—No hace mucho tiempo, yo estaba igual que tú estás ahora y les pedí consejo a los donceles más sabios del clan. Te aseguro que fue una experiencia esclarecedora.—

—Sí, yo también he pasado por esto —reconoció MinSeok—. Ninguno de nosotros ha nacido

enseñado y tampoco hemos tenido una madre que nos lo haya explicado. —Miró a LuHan compasivo

—. Asumo que tu madre nunca habló de estos temas tan delicados contigo.—

Su primo sorbió por la nariz.

—En cuanto me crecieron los pechos me dejó de lado.—

—¿Te han crecido los pechos? —le preguntó MinSeok, levantando ambas cejas.

LuHan se sonrojó y bajó la vista hacia su escote. Hacia su escote plano. Si MinSeok, o cualquiera, supieran lo que se escondía debajo de aquellas vendas... Su marido pronto lo averiguaría, a no ser que él encontrase la manera de consumar el matrimonio completamente vestido.

—No es tan difícil, LuHan —le sonrió YiXing—. Los hombres hacen casi todo el trabajo y al principio es mejor así. Cuando aprendas cómo funcionan las cosas, entonces ya podrás llevar las riendas.—

—JongDae es un amante maravilloso —confesó MinSeok con un suspiro.

YiXing se sonrojó y se aclaró la garganta.

—Yo no miento si digo que al principio creía que a JunMyeon no se le daba demasiado bien. En nuestra noche de bodas, tuvo que darse mucha prisa, porque nos atacaba el ejército de Seungri Lee . Pero te aseguro que más tarde se encargó de compensarme y vaya si lo consiguió. Con creces.—

LuHan miraba alternativamente a uno y otro doncel, sintiéndose más incómodo por momentos.

Ambos tenían la mirada perdida y les cambiaba la voz cuando hablaban de sus maridos. Él era incapaz de imaginarse a sí mismo reaccionando así por SeHun. Su marido sencillamente era demasiado… duro. Sí, ésa era una buena descripción.

Una llamada en la puerta interrumpió la conversación y los tres donceles se quedaron en silencio.

YiXing le dio permiso al desconocido para pasar y Deon entró en el dormitorio, mirándolos con desaprobación.

—Gracias, Deon —le dijo YiXing cuando éste dejó la jarra y las tres copas en la mesilla de noche que había junto a la cama de MinSeok—. Puedes retirarte.—

El guerrero frunció el ceño y salió de la estancia. LuHan miró a YiXing preguntándose cómo era posible que éste aceptase un comportamiento tan insolente por parte de uno de los hombres de su marido, pero el doncel se limitó a sonreírle satisfecho y a servir el vino en las copas.

—Sabe que no tramamos nada bueno y lo está matando no poder decir nada.—

YiXing le dio una copa a LuHan y después colocó con cuidado otra en la mano de MinSeok.

—Supongo que me servirá para calmar un poquito el dolor —comentó éste.

—Lo siento, MinSeok. ¿Prefieres que nos vayamos? No quiero que te encuentres peor por mi culpa —dijo LuHan.

Su primo bebió un sorbo de vino y se recostó en las almohadas con un suspiro.

—No, estaba a punto de volverme loco por no poder salir de estos aposentos. Me gusta tener compañía. Además, tenemos que quitarte ese miedo que tienes a tu noche de bodas.—

LuHan vació la copa y extendió el brazo en dirección a YiXing para que volviese a llenársela.

Tenía el presentimiento de que aquella conversación no iba a gustarle.

—No tienes nada que temer —lo tranquilizó YiXing—. Estoy convencido de que SeHun sabrá cuidarte. —Arrugó la nariz—. Da gracias de no tener un ejército pisándote los talones. Yo no tengo demasiado buen recuerdo de mi noche de bodas.—

LuHan notó que le bajaba toda la sangre de la cabeza.

—Cállate, YiXing. No estás ayudando —lo riñó MinSeok.

YiXing le dio unas palmaditas a LuHan en la mano.

—Todo saldrá bien, ya lo verás.—

—Pero ¿qué se supone que tengo que hacer?—

—Dime qué sabes exactamente —propuso YiXing—. Será mejor que empecemos por ahí.

LuHan cerró los ojos avergonzado y vació la copa.

—Nada.—

—¡Cielo santo! —exclamó YiXing—. Yo era bastante ignorante, pero al menos las monjas de la abadía se aseguraron de que conociera los principios básicos.—

—Creo que lo mejor será que seas sincero con SeHun y le digas que tienes miedo —sugirió YiXing—. Diría muy poco de él que no se preocupase MinSeok los temores de un doncel. Sólo con que sea la mitad de buen amante que JongDae, te aseguro que no tienes de qué preocuparte.—

YiXing se rió ante esas palabras y LuHan extendió el brazo para que su anfitrión volviese a llenarle la copa.

La última persona del mundo a la que quería contarle que tenía miedo a la noche de bodas era a SeHun. Seguro que se reiría de él. O, peor aún, seguro que lo miraría con aquella indiferencia que lo hacía sentirse tan... insignificante.

—¿Me dolerá? —se obligó a preguntar.

YiXing apretó los labios mientras lo pensaba y MinSeokfrunció el ceño un segundo.

—No es demasiado agradable, si te soy sincero. Al menos al principio, pero si el hombre sabe lo que hace, el dolor desaparece al cabo de poco y termina resultando muy placentero.—

—Repito —se burló YiXing—, siempre y cuando no te persiga un ejército.—

—Deja de decir lo del ejército —lo reprendió MinSeok exasperado—. No hay ningún ejército.—

Entonces, los dos donceles se miraron y se echaron a reír hasta que MinSeok se quejó de dolor y se desplomó en las almohadas.

LuHan se limitó a mirarlos y confirmó que eso del lecho matrimonial no estaba hecho para él.

Bostezó y, curiosamente, la habitación giró ante sus ojos. Notaba como si la cabeza le pesara una tonelada y cada vez le costaba más mantenerla erguida.

Se levantó del extremo de la cama donde estaba sentado y se dirigió hacia la puerta, molesto consigo mismo por su cobardía. Se estaba comportando como un... bueno, como un miedoso.

Para su vergüenza, cuando el frío viento de la noche levantó las pieles que hacían de cortina y le azotó el rostro, descubrió que en vez de ante la puerta, se había detenido frente a la ventana.

—Cuidado, LuHan, ven por aquí —le dijo YiXing al oído.

Y lo acompañó hasta una silla que había en la esquina del dormitorio, donde lo ayudó a sentarse.

—Tal vez sea mejor que te quedes aquí un rato. No sería aconsejable que bajaras la escalera en este estado, y no queremos que los hombres se enteren de que hemos estado bebiendo.—

LuHan asintió. A decir verdad, se sentía un poco raro. Sí, sería mejor que esperase a que la habitación dejase de girar a su alrededor.

SeHun miró hacia la escalera por enésima vez y JunMyeon se movió también impaciente. LuHan y YiXing llevaban mucho tiempo fuera. La noche había avanzado y SeHun quería poner punto final al banquete de bodas.

Vaya banquete. Su novio había estado tenso y distante durante toda la ceremonia y al llegar al comedor se había sentado en silencio mientras los invitados hablaban a su alrededor.

A juzgar por su comportamiento, era obvio que a LuHan todavía le gustaba menos que a él la idea de haber contraído matrimonio. Los dos habían accedido porque era su deber. Y ahora SeHun tenía el deber de consumar la unión.

Notó que se excitaba y el deseo que lo embargó lo pilló completamente desprevenido.

Hacía mucho tiempo que no sentía algo así por nadie doncel o mujer. Aunque LuHan siempre le había causado ese efecto.

Se había avergonzado de sí mismo por reaccionar con tanta intensidad ante el prometido de su hermano. Era desleal e irrespetuoso sentir ese deseo quemándole las entrañas.

Pero no importaba lo mucho que se maldijese, bastaba con que viese al doncel para que su cuerpo volviese a la vida y ardiese de lujuria.

Y ahora LuHan era su esposo.

Volvió a mirar hacia la escalera y entonces buscó con la vista el consentimiento de JunMyeon. Había llegado el momento de que fuese en busca de su esposo y se retirase a sus aposentos.

Su hermano asintió y se puso en pie. Que el monarca siguiese sentado y disfrutando de la velada no parecía tener importancia. JunMyeon se limitó a anunciar que la celebración había llegado a su fin y que los allí presentes harían bien en acostarse.

Volverían a reunirse por la mañana y entonces empezarían las negociaciones. JunMyeon tenía que reclamar el legado que le correspondía a su hijo y debían prepararse para la inminente guerra contra SeungRi Lee.

SeHun siguió a su hermano hacia la escalera, donde los estaba esperando Deon.

—El señor Oh se ha retirado a sus aposentos hace una hora para despertar y amamantar al pequeño —le explicó a JunMyeon.

—¿Y mi esposo? —preguntó SeHun con voz ronca.

—Todavía está en el dormitorio de MinSeok. JongDae está en los antiguos aposentos de él, pero está perdiendo la paciencia y quiere volver a su habitación.—

—Puedes decirle que LuHan se irá dentro de un minuto —aseveró SeHun, dirigiéndose hacia la puerta.

Llamó, pero sólo porque era la habitación de MinSeok y no quería sobresaltarlo. Era un insulto hacia él que LuHan se hubiese pasado allí tanto rato, sin participar en los festejos de su boda.

Entró en cuanto oyó que su cuñado le daba permiso.

Suavizó la expresión al ver a MinSeok todavía malherido recostado en las almohadas. Parecía estar a punto de caerse de la cama y corrió a ayudarlo. Bastaba con mirarlo a los ojos para ver que estaba exhausto y se quejó de dolor cuando él lo ayudó a sentarse mejor.

—Lo siento —masculló el guerrero.

—No pasa nada —dijo el joven con una leve sonrisa.

—Vengo a buscar a LuHan. —Frunció el ceño al ver que su esposo no estaba presente.

—Está allí —le dijo MinSeok, señalando la esquina con el mentón.

SeHun se dio media vuelta y, para su sorpresa, descubrió a LuHan sentado en una silla, completamente dormido, con la boca abierta y la cabeza apoyada en la pared. Escudriñó el dormitorio y se fijó en la jarra de vino y las copas vacías.

Suspicaz, se acercó a la jarra y vio que ya no quedaba ni una gota de líquido. Entonces, volvió a mirar a MinSeok, que tenía los ojos abiertos como platos, y a LuHan, que ni siquiera había movido un músculo. Recordó también que durante el banquete su esposo había bebido y apenas comido.

—¡Están borrachos!—

—Tal vez —susurro MinSeok—. Bien, está bien, lo estamos.—

SeHun negó con la cabeza. «Tontos inconscientes.»

Caminó hacia LuHan pero la suave advertencia de MinSeok lo detuvo:

—Sé cariñoso con él, SeHun. Tiene miedo.—

Él observó al doncel desmayado en la silla y se volvió despacio hacia su cuñado.

—¿Por eso ha hecho esto? ¿Se ha emborrachado porque me tiene miedo?—

YiXing arrugó la frente.

—No te tiene miedo a ti exactamente, aunque supongo que también hay parte de eso. SeHun, LuHan no... no sabe... ignora... no tiene...—

Se detuvo y se sonrojó de pies a cabeza.

—Sé a qué te refieres —lo interrumpió él, también incómodo—. No te ofendas, MinSeok, pero este asunto sólo nos concierne a nosotros dos. Voy a llevármelo de aquí, y tú tendrías que estar descansando, en vez de bebiendo cantidades indecentes de alcohol.—

—¿Te han dicho alguna vez que eres demasiado estricto? —se quejó él.

SeHun se agachó y deslizó los brazos por debajo del pequeño cuerpo de LuHan para levantarlo.

Le sorprendió ver que apenas pesaba y le gustó la sensación de tenerlo sujeto de ese modo. Era… agradable.

Se dirigió a la puerta y ordenó a voces a Deon, que estaba de pie al otro lado, que abriese. En el pasillo, se encontró con JongDae, que lo miró confuso e intrigado.

—Ocúpate de tu propio esposo —le dijo con brusquedad—. Seguro que ya ha perdido el conocimiento.—

—¿Qué? —exclamó JongDae, preocupado.

SeHun hizo caso omiso de la angustia de su hermano y siguió caminando hacia su dormitorio.

Abrió la puerta con el hombro y, con cuidado, tumbó a LuHan en la cama. Suspiró y dio un paso atrás para observarlo.

Así que el pequeño guerrero estaba asustado. Y para huir de él se había emborrachado hasta perder la conciencia. Eso distaba mucho de ser un cumplido, pero supuso que no podía culparlo. Él tampoco había sido... Bueno, él no había sido muchas cosas.

Negó con la cabeza y empezó a desnudarlo hasta dejarlo sólo con la ropa interior. Le temblaban las manos cuando alisó la camisola de lino por encima del cuerpo de LuHan.

No podía verle los pechos. Era un doncel delgado, de busto poco desarrollado. Tenía un cuerpo musculoso y bien torneado, muy distinto al de los delicados donceles que SeHun había visto antes.

Se moría de ganas de levantarle aquella prenda y desnudarlo del todo. Tenía derecho a hacerlo.

Él era su esposo. Pero no fue capaz.

También podría despertarlo y exigirle que cumpliese con sus obligaciones maritales, pero de repente, se dio cuenta de que quería que los ojos de LuHan brillasen con el mismo deseo que él sentía.

Quería oírlo suspirar de placer. No quería que estuviese asustado.

Sonrió y se apartó de la cama. Seguro que al día siguiente, cuando se despertase, a LuHan le dolería la cabeza, y seguro que se preguntaría si había pasado algo durante la noche.

Tal vez la conciencia de SeHun le impidiese aprovecharse de él y exigirle lo que le pertenecía por derecho, pero eso no implicaba necesariamente que su esposo tuviese que saberlo.

Se tumbó en la cama, a su lado, y los tapó a ambos con las pesadas pieles. El perfume del pelo de LuHan le llegó a la nariz y el calor que desprendía su cuerpo lo atraía sin remedio.

Soltó una maldición y se dio media vuelta hasta quedar tumbado de costado, mirando en dirección contraria.

Para ponérselo todavía más difícil, LuHan murmuró dormido y se pegó a su espalda. Su pequeño y cálido cuerpo se fundió con el suyo de tal modo que SeHun no pegó ojo en toda la noche.