the boy next door; chanbaek

Summary

❝Chanyeol era la persona más terca y decidida que existía, o al menos eso solía decirle su madre desde que era un niño, y la nueva meta que tenía atascada en su mente era conseguir que el chico bonito que vivía al otro lado del pasillo mire en su dirección al menos una sola vez y le corresponda una de las tantas sonrisas que el más alto andaba lanzando por ahí. Lo había intentado de todo, desde gritar vergonzosamente hasta gastar todos sus ahorros en unos auriculares tan lujosos como los suyos con tal de tener algo en común, sin embargo nada parecía surgir efecto en él. El joven de cabello blanco y aura misteriosa salía todas las mañanas a las siete en punto y caminaba en línea recta hacia el ascensor escuchando música y sin mirar nada que no estuviera justo frente a él, mas Chanyeol parecía estar siempre justo a sus espaldas, pisándole los talones y deseando que éste se digne en girar en su dirección.❞ { Historia participante del Diversity Fest Chanbaek de @Victoria-CB } ✒️ 24.558 palabras.

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18+

the boy next door.


Si fuera un día común, como cualquier otro, Chanyeol estaría despertando al grito de su madre desde la cocina y junto a los molestos sonidos que su hermano menor haria en su oído para lograr que se levante. Apenas si tendría tiempo para cepillar sus dientes y tomar su lonchera antes de salir hacia sus clases, siendo que siempre despertaba por sobre la hora y su madre se vengaba dejando que vaya caminando.


Sin embargo ese no era un día común y corriente como cualquier otro. No, porque el muchacho de cabello negro y altura prominente estaba vestido, aseado y tomando su desayuno impacientemente en la isla de la cocina para las seis cuarenta de la mañana. Su mirada iba y venía del reloj de pared al reloj en su muñeca, como si eso hiciera que el tiempo pase más rápido, cosa que claramente no sucedía.


-¿Eres mi hijo? -preguntó la mujer algo sarcástica, mas con algo de preocupación al notar su pie rebotando de arriba a abajo contra el piso de cerámica.


-No lo sé, dímelo tú -respondió el adolescente, haciendo que su madre ruede los ojos y, más tranquila, camine a la heladera para sacar dos botellas de agua de ella.


-Deja, claramente eres tú. Esa boca astuta la haz sacado de tu madre.


-¿Y ella sería..? -la mirada volvió al reloj de pared mientras llevaba la taza de café a su boca para darle un sorbo.


-¡Yah! Cuidado con lo que dices, o puedo dejarte allí afuera a que encuentres una madre en verdad.


-Tal vez...


-La charla terminó -lo interrumpió ella, golpeando su brazo con el extremo del trapo de tela en sus manos.


Chanyeol rió por lo bajo haciéndose a un costado y desvió la mirada hacia el reloj en su muñeca, notando que apenas habían pasado dos minutos desde la última vez que se fijó. ¿Cómo es que el tiempo podía pasar tan lento cuando estaba esperando a algo que pase, mas tan rápido cuando deseaba estirar un momento? No parecía ser justo, y es que estaba completamente ansioso y expectante a que las agujas del reloj se detengan en el número 7 que hasta parecía que no se movían en absoluto.


-¿Vendrá el niño Oh a buscarte? -habló nuevamente su madre, quien no paraba de mirarlo de reojo algo consternada con su actitud tan nerviosa.


El chico solía ser la persona más relajada que conocía en el planeta, de hecho era ella y su esposo los que solían correr de un lado a otro ansiosos y llenos de estrés por el trabajo, los hijos y la vida en general. Sin embargo el pelinegro era tan desinteresado con todo que ni siquiera era capaz de despertar a horario para hacer algo tan simple como llegar temprano a sus clases, y ni hablar de hacer las tareas o cualquier otra cosa que lleve un poco de responsabilidad.


Pero allí estaba, hecho un manojo de nervios por primera vez en su vida y temprano, para variar. Podía apostar a que sus manos sudaban porque las frotaba cada tres minutos en el pantalón de su uniforme escolar verde y relamia sus labios en busca de humedecerlos un poco, todas indicaciones que estaba intranquilo o preocupado por algo de lo que la mujer no era consciente.


-No, hoy iré en bicicleta.


La mujer frunció el ceño ante su respuesta, el joven jamás usaba aquella bicicleta que le regalaron luego de que haya insistido por meses, solo para después hacer que junte polvo en el balcón. De hecho, dudaba que siquiera supiera usarla.


En el momento en que estaba a punto de abrir la boca para tratar de sacarle la razón por la que estaba actuando tan raro aquella mañana, el pequeño torbellino de la casa entró corriendo por la puerta de la cocina siendo perseguido por el hombre en sus cuarentas con expresión de cansancio.


-¡Ven aquí pequeño demonio! ¡Devuelve lo que has robado! -exclamaba su padre, dando vueltas al rededor de la isla sólo para detenerse al estar cerca de su esposa y derrumbarse en sus brazos-. Tendríamos que habernos quedado solo con Chanyeol -dijo lo suficientemente alto para que el niño de seis años escuche y se detenga en su lugar para mirarlo con sus cejas levantadas-. ¡Yah, tú! ¿Por qué me miras así? Baja la mirada, me da miedo.


El infante, que vestía solo ropa interior de dinosaurios y una remera celeste de pijama, sonrió de ese modo travieso y algo diabólico que habia heredado de su madre y, sosteniendo la corbata de su padre en una mano y apretando en puño la otra, corrió en dirección a su padre quien lanzó un grito antes de huir por el mismo lugar en el que apareció.


La señora Park suspiró y dejó el trapo sobre la mesa para señalar a su hijo mayor con uno de sus dedos y decir:- Eres tú quien da miedo, deja de actuar raro -antes de salir en ayuda a su esposo quien no paraba de gritar asustado por el departamento.


Chanyeol rodó los ojos y tomó lo que quedaba de su café cuando notó que finalmente el reloj marcaba las seis cincuenta y tres de la mañana, haciendo que se levante rápidamente de su asiento y casi corra al living, donde tomó su mochila del sillón junto a su lonchera y arrastró la bicicleta por el lugar hasta detenerse frente a la puerta de entrada, pegando la oreja a la madera y clavando la mirada nuevamente en el reloj en su muñeca.


Tik. Tik. Tik.


La aguja se movía tan lento que creía que iba a desmayarse de la ansiedad que estaba sintiendo en ese momento, entrecerró los ojos en un intento de concentrarse en los ruidos de afuera pero todo lo que podía escuchar eran los gritos y risas del interior de su hogar. Frunció el ceño pensando quién podía ser tan feliz o tener tantas energías tan temprano en la mañana como su familia, podía apostar a que sus vecinos los odiaban por todos los ruidos que emitían a lo largo del día como si vivieran en una casa por su cuenta.


Tik. Tik.


El tiempo nunca había pasado tan lento como en ese momento, sentía el sudor frío cayendo por su columna vertebral y supo que Sehun se burlaria de él si pudiera verlo en ese instante, pero nada de eso importaba ahora mismo.


-¿Pueden hacer silencio? -gritó, despegándose de la puerta para girar sobre sus talones encontrándose con su familia a sus espaldas deteniéndose en seco cada uno en su lugar.


Su madre sostenía unos pantalones de niño en sus manos, el pequeño Honey estaba ahora desnudo, una corbata en su mano izquierda y en la derecha las gafas de leer de su padre mientras que éste parecía a punto de llorar de la desesperación más atrás de ellos, cubriendo su rostro con ambas manos.


-Hagan silencio solo por dos minutos, por favor.


Los tres pares de ojos lo miraron con atención antes que de los gritos vuelvan a surgir como si no hubiera sucedido nada, haciendo que el más alto gruña por lo bajo y se acerque a ellos para alzar entre sus brazos a su hermano menor quien había bajado la guardia y le quite las gafas de su padre de las manos.


-¡Yeollie malo! ¡Bájame! -gritaba histéricamente el niño, pataleando un poco y exclamando cuando el nombrado lo giró entre sus brazos para dejarlo boca abajo.


-Toma -le tiró las gafas a su padre, quien los tomó en el aire y sonrió agradecido.


-Te dije que eres mi favorito, ¿verdad?


-¡Yah, no le creas, eso me lo dice a mi también!


Chanyeol rodó los ojos y se detuvo en seco cuando distinguió un fuerte portazo al otro lado del pasillo, dirigió la mirada a su reloj para notar que finalmente eran las siete de la mañana y maldijo por lo bajo.


-Demonios, son imposibles -murmuró, tirando al niño sin cuidado en el sillón, escuchando su risita, antes de correr a donde había dejado su bicicleta.


-Hey, ¿ya te vas?


-¡Si, adiós! -saludó sin interés, abriendo la puerta y luchando para sacar la bicicleta por ella junto a su mochila y gran abrigo.


-¿Pero no entra a las nueve hoy? -preguntó el hombre rascándose la sien confundido antes de ser atacado nuevamente por su hijo menor quien, como siempre, parecía tener más energía de la que podía soportar.


Chanyeol, sin escuchar o prestarle atención a ninguno de su familia un segundo más, salió del departamento a regañadientes y dirigió la mirada a su derecha buscando silenciosamente al muchacho que había captado su atención hace unas semanas.


Y allí estaba.


Las comisuras de sus labios se levantaron un poco al notar al joven de cabello blanquecino perfectamente peinado, uniforme azul y corbata recta caminando desde el final del pasillo con su típico aura misterioso y mirada clavada en el suelo, escondiendo unos bonitos ojos que había sido capaz de deslumbrar hace unos días a través del espejo del ascensor.


Él era una buena razón para despertarse temprano. De eso estaba seguro.


Podría madrugar todos los días con tal de captar una pequeña mirada de aquel muchacho que parecía demasiado adentrado en sus propios pensamientos como para siquiera notar su presencia. Se irguió en el momento en que vio que se estaba acercando a él y fingió buscar algo en sus bolsillos con nervios solo para hacer tiempo.


-Buenos días -saludó cuando pasó frente a él, haciéndose a un lado para hacer espacio para que camine cómodamente.


Como de costumbre, el chico no devolvió su saludo o siquiera le dirigió una mísera mirada, pero el alto no era alguien que se desanimaba fácilmente, por lo que con una sonrisa en su rostro y sosteniendo el manubrio de su bicicleta lo siguió con alegría.


Finalmente, luego de largas semanas tratando de encontrárselo en los pasillos del edificio o en los alrededores del vecindario, una mañana de miércoles salió más temprano de lo normal porque su mejor amigo fue a buscarlo con la excusa de llegar temprano a clases solo para luego escaparse juntos a una sala de video juegos, y al salir del departamento con su cabello sucio y revoltoso y su uniforme sin planchar se encontró de lleno con aquel bonito joven quien apenas les dirigió una mirada de reojo antes de caminar rápidamente al ascensor e irse primero sin importarle cerrarle la puerta frente a sus narices.


Había quedado petrificado al verlo que ni siquiera escuchó las maldiciones de su amigo ante el joven que les prohibió la entrada al ascensor, no podía creer que de todos los días era ese en que sus caminos se volvían a cruzar. Pero gracias a ese encuentro, poniendo más atención y agudizando su audición es que descubrió que el chico misterioso y bonito del 5to E salía todas las mañanas a la misma hora, siete a.m.


Era el primer día que ponía a prueba su tonta teoría y estaba tan contento de haber estado en lo correcto que podría dar saltos de la felicidad, sabiendo que ahora tenía estos pequeños momentos en los que podría verlo y quien sabe, tal vez acercarse a él.


Y no es que sea un acosador, no, para nada. Pero es que desde el primer momento en que lo vio una tarde de invierno, cuando llegaba del colegio más tarde de lo normal por haber estado limpiando los borradores de pizarra de todos los aulas del piso tres, había quedado totalmente hipnotizado primero por su llamativo color de cabello y luego por el hermoso rostro que el joven, que batallaba con una gran caja y el pomo de la puerta del edificio, tenía.


Su primer instinto fue correr a ayudarlo sosteniendo la pesada puerta de vidrio por él y sonreír abiertamente en su dirección soltando un incómodo:- ¡Tranquilo, la ayuda llegó a su rescate! -mas no recibió la risa que creyó que conseguiría o siquiera un educado "gracias". No, en su lugar sólo obtuvo una rápida venia en agradecimiento y lo siguiente que vio fue su espalda alejándose rápidamente en dirección al ascensor, dejándolo estático en su lugar por primera vez.


¿Su frase había sido demasiado estúpida? ¿O fue de mal gusto? Solo procuraba ayudar y su comentario suponía ser divertido, pero el chico ni siquiera lo miró y eso, de alguna forma, tampoco le molestó. De hecho, lo dejó con ganas de volverlo a ver.


Nunca antes lo había notado alrededor, le parecía extraño ya que en el edificio donde vivía realmente no habían muchos jóvenes de su edad, y ese chico realmente no parecía más grande o siquiera tan pequeño a pesar de su baja estatura, además de que él se conocía a cada uno de los inquilinos ya que su madre solía ofrecerlo como ayuda cada vez que alguien se mudaba y todas las dulces señoras que vivían allí le daban frutas y les contaban historias divertidas de vida.


Pero no se había enterado de una nueva familia mudándose a algún departamento, fue unos dos días más tarde que se enteró que el chico era nieto de la bonita Suzy, una vecina que había fallecido hace unos cuantos meses atrás. La noticia del fallecimiento pegó realmente duro en todo el edificio, incluso podría decirse que en el barrio, ella era demasiado querida por todos gracias a su buen humor y su agradable forma de ver la vida, solía hacer deliciosas galletas y compartir con todos los vecinos y pasaba todas las tardes junto al lago frente al bloque de departamentos para alimentar a las aves con pan y saludar a todos con una amplia sonrisa. Siempre tenía un buen comentario para cada persona que veía y Chanyeol solía disfrutar de su compañía. Sin embargo una tarde se detuvo y todos lo notaron.


Su madre, al enterarse de la mudanza de la hija y el nieto de la señora Suzy, quiso ir a saludar y presentarse a ellos, de hecho varias veces Chanyeol la acompañó con tal de conocer a aquel muchacho que tanto deseaba volver a ver, pero no hubo ni una sola oportunidad en la que pudieran encontrar a alguien allí adentro. La puerta sonaba y el timbre retumbaba entre las paredes pero nadie salía a recibirlos y entonces su madre se rindió, pero él no.


Él era en serio un gran cabeza dura, como la mujer que le dio la vida le decía todo el tiempo, pero no podía solo darse por vencido, necesitaba volver a verlo, tal vez ser amigos y ¿quién sabe? Tal vez eso podría seguir.


Es así cómo se vio envuelto en una gran aventura en búsqueda del vecino misterioso. Descubrió ya unas cuantas cosas sobre él que anotó en orden en una lista en la última página de su cuaderno escolar.


1- Su cabello no es naturalmente blanco


Eso fue porque una vez lo encontró entrando al edificio con una bolsa transparente que contenía una caja de tintura blanca, sintió que debía empezar con ese dato fundamental de algún modo.


2- Tiene unos bonitos ojos color avellana, o tal vez chocolate?


No estaba del todo seguro de ese dato, ya que solo había sido capaz de ver sus ojos por unos pocos milisegundos antes de que desvíe la mirada nuevamente al suelo bajo sus pies e ignore sus comentarios de una forma ruda que le gustó. Pero sabía que eran bonitos, todo en su rostro lo era.


Y eso era todo lo que tenía, aunque ahora podría sumarle el punto tres, el que sería que sale todas las mañanas a las 7 en punto. Se detuvo frente a las puertas cerradas del ascensor a un lado de su vecino y se tambaleó sobre las puntas de sus pies y los talones de la misma, sin poder ocultar su sonrisa mientras pensaba que tenía un dato más de él. Eso los hacía más cercanos, ¿verdad?


-Es una bonita mañana -habló, girando la cabeza en su dirección para verlo todavía mirando a sus pies.


Tenía un perfil muy bonito, era todo lo que era capaz de ver, pero era totalmente agradable a la vista. Pequeña nariz respingada, labios que acompañaban su rostro del tamaño de un puño y largas pestañas que parecían lo suficientemente arqueadas como para brillar bajo las luces del ambiente. Deseaba poder verlo un poco más, tal vez de frente o incluso su sonrisa, pero no podía sin quedar como un completo acosador, y no quería hacerse esa fama en absoluto.


Es por eso que solo se dignaba a robar unas cuantas miradas en su dirección antes de volver al frente y repasarlas en su cabeza por horas.


El más bajo no respondió, como era de esperar, pero llamó su atención cuando notó un movimiento de una de sus manos hasta su oído, volvió a clavar la mirada en él y descubrió que se había colocado auriculares. ¿Eh? ¿Esa era su forma de indicarle que no moleste? Jadeó algo incrédulo y volvió al frente cuando las puertas se abrieron y el joven entró sin mirar siquiera en su dirección.


Chanyeol parpadeó al caer en cuenta de la situación y dio dos pasos al frente solo para detenerse luego mirando el espacio libre en el interior del ascensor y a su bicicleta que parecía demasiado grande para entrar. Maldición, ¿por qué creyó que sería buena idea llevarla esa mañana?


Sehun había dicho que a la gente le gustaba las personas que parecían atléticos o con hábitos saludables, entonces pensó que podría ser capaz de llamar su atención al menos un poco si demostraba que era un alma libre que solía andar en bicicleta. Cosa de la que se estaba arrepintiendo en el instante en que trataba de meterla en diagonal dentro del cubo metálico bajo un silencio sepulcral, y a pesar que el joven no lo estaba mirando, estaba seguro que estaba siendo juzgado en ese mismo momento.


-Maldición, disculpa, nunca antes había subido al ascensor con la bici, suelo tomar las escaleras pero me lastimé el pie-balbuceó mentira tras mentira tratando de lucir amable y para nada enojado con la situación.


Rió entre dientes apretando un poco la mandíbula y sacudió la bicicleta tratando de hacerla entrar, haciendo que las correas de su mochila se deslicen por sus hombros cayendo al pliegue de sus cosos haciéndolo quedar como un completo imbecil. Ahora solo estaba riendo para evitar llorar mientras acomodaba su mochila y su lonchera caía al piso a la vez que las puertas emitían un fuerte sonido indicando que había algo obstruyendo el paso.


-Oh mi dios, lo siento tanto, todavía estoy algo dormido, ayer me quedé hasta trabajando -siguió mintiendo, aunque no era del todo falso ya que se quedó despierto hasta altas horas de la noche jugando videojuegos con Sehun y no durmió tanto como debería haberlo hecho-. Es la primera vez que me pasa esto.


Escuchó cómo el chico sorbía por la nariz antes de sentir un suave agarre en su antebrazo y deseó haber estado usando una remera de mangas cortas con tal de sentir el tacto en su piel, levantó la mirada algo sorprendido y pudo jurar que tenía una expresión algo boba cuando su mirada se cruzó con los bonitos ojos de aquel joven demasiado cool como para hablarle.


Miel.


Definitivamente las orbes de sus ojos eran del tono más dulce de la miel, adornados con las más preciosas pestañas que alguna vez haya visto. ¿Cómo alguien podía ser tan hermoso? Claramente no estaba a su nivel, con razón no se gastaba en siquiera mirarlo, debía ser él quien no se anime a hacerlo luego de ver de cerca su rostro.


El agarre en su brazo se intensificó un poco para llamar su atención y soltó rápidamente la bicicleta, dando un paso hacia atrás como un niño, ésta se tambaleó un poco pero el peliblanco fue capaz de estabilizarla antes de acomodarla de forma elegante y sencilla dentro de las cuatro paredes, la puerta finalmente cerrando a sus espaldas antes de que baje la muleta para mantenerla en su lugar y se aleje hasta una de las esquinas del ascensor como si no hubiera sido nada.


El alto parpadeó nuevamente tratando de salir de su trance cuando el muchacho volvió a ocultar sus bonitos ojos y guardar las manos en los bolsillos de su campera negra, apoyando la espalda en la pared detrás de él.


-¡M...Muchas gracias! -exclamó sintiendo el fuerte cosquilleo que empezaba en el fondo de su estómago y subía rápidamente hasta su cuello y rostro-. ¡No sabía que eras tan bueno en esto! ¡Debes darme tus consejos! ¡Nunca pude realmente meterla! -pasó una mano por su cabello y dio dos pasos más hacia adelante para llegar al manubrio y sostenerlo-. A la bicicleta, claro.


Su rostro estaba completamente rojo y de repente no parecía que hacían casi 2 grados bajo cero afuera, cuando su cuerpo vibraba fuego.


-Soy Chanyeol, por cierto, vivo en el 5to B -dijo después de unos segundos cuando el número en la pantalla anunciaba el piso 2-, eres nuevo en el edificio ¿verdad? Si necesitas ayuda con algo siempre puedes tocar mi puerta y con gusto te ayudaré. Soy del 5to B, quedo a su disposición -hizo una reverencia extraña y escuchó un pequeño resoplido antes de que las puertas se abran-. Oh, espera, esto creo que lo saco así...


Volvió a batallar ahora para sacar la bicicleta del ascensor, pero al menos logró hacerlo sin mucho problema y giró para mostrarle una gran sonrisa al chico, encontrándose solo con vacío donde solía estar. Movió rápidamente la mirada a su alrededor y lo divisó ya haciendo su caminata hasta la puerta de entrada sin mirar atrás, lanzando una risita se apuró en seguirlo nuevamente, sosteniendo la puerta para él cuando llegó primero.


El chico hizo una venía sin interés mientras Chanyeol soltaba un:- ¡Como te dije, soy del 5to B! -mientras el joven se alejaba por la izquierda y él trataba de sostener la puerta y salir con la bicicleta a la misma vez-. ¡Soy Chanyeol, por cierto! ¡Puedes saludar la próxima vez! -gritó a sus espaldas, siendo arrastrado por la puerta cuando asomó la cara para verlo-. ¡Park Chanyeol! -siguió, pero por más fuerte que gritara solo obtenía la atención de toda la gente a su alrededor mas no de la persona a la que se estaba dirigiendo.


-¿Necesitas ayuda? -la voz lo sobresaltó haciendo que suelte la puerta y ésta lo golpee justo en el costado de su cuerpo, soltando un quejido en voz alta-. Oh, niño, debes tener cuidado.


La mujer que venía atrás de él lo ayudó con la puerta y el alto fue capaz de salir cojeando un poco junto a la bicicleta solo para hacer una venia de noventa grados en su dirección para agradecerle y salir disparado en dirección contraria a la persona que había hecho explotar miles de sentimientos en su organismo con una sola mirada.



-Estudiante Oh, ¿nuevamente tarde? -la profesora rompió con el silencio en la habitación cuando el adolescente de caminar lento y expresión dormida irrumpió en el lugar, rascando su cabeza y lanzando un largo bostezo.


-No realmente, profesora Kim.


-Apúrate y toma asiento, es la última vez que permitiré esta conducta -antes siquiera que la mujer empiece con la tan conocida frase por todos, el joven caminó arrastrando sus pies hasta el lugar vacío a un lado de su mejor amigo, tirando la mochila al suelo sin interés y dejándose caer en la silla-. Abre el libro en página 143 y haz los ejercicios en ella.


-Psst, ¿me prestas un lápiz? -ni siquiera intentó susurrar, simplemente lo dijo en voz alta, ganándose unas miradas de disgusto de sus compañeros de clase-. Oye, ¿qué sucede? -frunció el ceño al ver a su amigo orejón escondido detrás del grueso libro de matemáticas escribiendo quién sabe qué en un cuaderno-. ¿Estás resolviendo los ejercicios? -se sorprendió, acercando su asiento para verlo mejor.


-Estudiante Oh, haga silencio.


-Lo lamento. No estás resolviéndolo -volvió al chico a su lado, al notar que habían palabras que entendía, y él realmente no entendía nada de matemática-. Me has asustado por un momento, creí que te habías vuelto un cerebrito.


-Soy más inteligente que tú -se defendió el pelinegro, dejando de escribir para prestarle atención por primera vez.


-No es algo de lo que estar orgulloso.


-Toma, saca tu libro o la profesora Kim realmente se cansará de tu mierda.


-Ella jamás podría cansarse de mí mierda -atrapó en el aire el lápiz que el alto le tiró y apoyó el brazo en la mesa para sostener su cabeza con una mano, totalmente aburrido mientras giraba el lápiz en la otra-. ¿De qué me perdí? Viniste en bicicleta.


-Ugh, no me lo recuerdes. ¿Sabías que es realmente difícil viajar en metro con una bici?


-Si, pero las bicis realmente son funcionales ¿sabías? No son adorno, realmente sirven para viajar, ya sabes -se burló.


-Cállate, sabes que no sé como usar una -rodó los ojos, volviendo a su cuaderno.


-Por eso, ¿de qué me perdí?


-Park, ¿tengo que pedirte que hagas silencio? -interrumpió la mujer desde su escritorio, mirándolo por sobre las gafas de montura.


-No profesora, lo lamento -se disculpó antes de volver al libro, girando a ver a su amigo con los ojos entrecerrados y murmurando un insulto entre dientes, recibiendo a cambio solo una pequeña risilla infantil.


Chanyeol conocía a Sehun, lamentablemente, como solía decir, desde que tenía uso de razón. Fueron a la misma guardería apenas nacieron y siguieron juntos durante el kinder, la primaria y ahora el secundario, todo aquel que los conocía sabía que eran inseparables. Donde estaba Sehun sabían que iba a estar el pelinegro desgarbado a su lado, y donde se encontraba Chanyeol sabían de sobra que estaría el para nada divertido Sehun.


Cuando sucedía que estaban por su cuenta ya solían ser un problema, pero esto se intensificaba si estaban juntos y eso no significaba nada bueno. Tenían los mismos gustos, el mismo sentido del humor, hablaban el mismo idioma, el cual no era el de cualquier persona común, y hasta compartían el mismo cerebro, lo único que no tenían en común era el dinero en sus cuentas bancarias pero eso no era algo que les importara tanto tampoco.


Sehun era hijo del director de la escuela a la que asistían e incluso dueño de otras siete importantes instituciones a lo largo de todo Seúl que estaban primeras en el top 10 de escuelas de gran prestigio en Corea del Sur. Él básicamente nació en una cuna de oro con una cuchara a juego, sin embargo jamás actuó como si eso fuera relevante, tal vez porque se crió rodeado de gente en su mismo nivel o porque le avergonzaba lo suficiente como para admitir su realidad.


Chanyeol no era un adolescente de bajos recursos tampoco, su madre era una importante abogada penalista con un estudio bien ubicado en el centro de la ciudad y su padre era gerente administrativo de uno de los restaurantes con más estrellas michelin en el país, por lo tanto nunca realmente le había faltado dinero pero fue educado de cierta manera como para que eso no sea algo de lo que alardear y tampoco era muy inteligente hacer eso cuando en su misma clase estaba la hija del mismisimo presidente de la nación y varios hijos de grandes empresarios y economistas, claramente solo eran simples peones para todos ellos.


-Te cuento en el recreo -susurró el pelinegro a su amigo castaño, quien parecía demasiado cansado como para siquiera sacar el libro correspondiente a pesar de haber llegado casi dos horas más tarde del horario de entrada.


-¿Tengo que esperar hasta que llegue? ¿Por qué tanto misterio? -se quejó, apoyando la mejilla en la madera fría del escritorio-. Como sea, despiértame cuando acabe el sufrimiento -murmuró, acomodándose para cerrar sus ojos y, así sin más, empezar a dormir plácidamente sin nadie que le diga algo al respecto.


Otra cosa en la que no coincidía el par de mejores amigos era que Sehun ni siquiera lo intentaba, en absoluto, ni en las clases, ni en los deportes y aún menos en fingir. Él siempre hacía lo que quería sin tratar demasiado en estudiar o esforzarse por demostrar un buen lado suyo, tal vez por eso era que su padre se dio por vencido con él y apenas si lo presentaba a sus increíbles contactos. Por otro lado, el pelinegro al menos hacía el intento de sacar buenas notas y le caía bien a la gente naturalmente, podría decir un simple "hey" y ya los tenía totalmente a sus pies dispuestos a hacer lo que quieran, don que trataba de no usar con fines maliciosos como a veces su amigo le instaba a hacer.


De todos modos, a pesar de todo eso, seguían congeniando muy bien y podían complementar aquellas cosas en las que se diferenciaban sin que sea un verdadero problema entre ellos.


-Hablé con mi vecino del 5to E -dijo más tarde ese mismo día, tratando de contener la sonrisa que quería aparecer en su rostro mientras caminaban hacia el patio luego de salir de la tienda de conveniencia con unos snacks para disfrutar del pequeño receso que tenían antes de tener que volver a las pesadas clases de química.


-¿Eh? ¿El viejo que no paraba de mirarte como un acosador?


-No, hablo del nieto de Suzy, ¿recuerdas? Él se mudó al departamento, 5to E.


-Oh, disculpa, tú eres el viejo que no para de mirarlo como un acosador -se burló, mordiendo el sorbete de su jugo de uva antes de reír cuando el más alto trató de golpearlo.


-No soy viejo.


-¿Eso te preocupa de lo que dije? ¿Qué hay de la parte de acosador?


Chanyeol frunció el ceño en su dirección y solo se limitó a empujarlo antes de clavar el sorbete en la pequeña botella de yogur de frutilla y sorber un poco de ella desde la comisura de sus labios.


-Tampoco soy un acosador -dijo después de unos segundos pensando en silencio-. Es mi vecino, solo nos cruzamos en el edificio, no es como que lo persigo por ahí.


-Solo porque no sabes qué lugares frecuenta.


-Y eso me convierte en un no acosador, porque podría averiguarlo -señaló-, pero no lo haré. Porque no soy un viejo acosador, solo un vecino... Curioso.


-Casi lo mismo -murmuró Sehun antes de volver a morder su sorbete y rodar los ojos-. Como sea, ¿de qué hablaron? -desvió el tema, codeándolo un poco para llamar su atención.


-Bueno, él no dijo mucho, pero me ayudó con mi bicicleta en la mañana y me animé a decirle mi nombre y ofrecerle mis servicios -sonrió completamente orgulloso de todo su avance, recibiendo a cambio una mirada extraña de su amigo.


-¿Servicios? Amigo, suenas como un pedófilo.


-¡Yah! ¡Que no soy un viejo acosador! Y él no es un niño, estoy seguro que tenemos la misma edad.


-¿Él te lo dijo?


-No, pero...


-Acosador -dijo por lo bajo con diversión, haciendo que Chanyeol no lo aguante más y deje salir una gran carcajada y lance un:- Maldito -antes de empujarlo y perseguirlo para frotar el puño de su mano en la cima de su cabeza, escuchando los quejidos del castaño en busca de ayuda que nunca llegó.


Su amigo estaba al tanto de su situación actual con el bonito vecino del 5to E, pero sinceramente no lo entendía. ¿Qué veía en él? Se preguntaba a si mismo, solo era un muchacho creído y demasiado malhumorado que no mantuvo las puertas del ascensor abiertas para ellos a pesar de haberlos visto. ¿Quién hacía eso? ¿Qué clase de persona podría?


Pero Chanyeol estaba totalmente obsesionado con él, a pesar de su intento por convencerse de que no, y al castaño le gustaba molestarlo un poco por ello.


-¿Sabes? Podría enseñarte a usar una bicicleta de una vez por todas, nos ahorraríamos esto -habló el castaño, sosteniéndose de la barra a su lado en el metro esa tarde.


-Ya lo hemos intentado, creo que es mejor de este modo.


-Como sea, no pienso acompañarte todos los días en metro si vienes con tu bicicleta, yo sé manejar la mía -señaló, algo malhumorado por estar viajando apretado en u vehículo cuando tenia el suyo propio estacionado allí adentro.


-No te pedí que me acompañaras, tu lo hiciste por tu cuenta porque me amas.


-Si, seguro -dijo simplemente entre bufidos, rodando un poco los ojos.


-¿Crees que volveré a encontrarme con 5to E mañana?


-Si vuelves a despertarte a las seis de la mañana, tal vez. Pero no creo que lo hagas, mira tu rostro ahora, luces muerto.


-Claro que lo haré, hombre que persiste, hombre que consigue -recitó, levantando el mentón y riendo un poco hacia la expresión de su amigo-. Mañana lograré que me hable, ya verás.


-Me gustaría ver eso.


La primer mañana luego de aquella había sido un total fracaso y su mejor amigo volvió a reírse de su intento fallido por llamar su atención y es que por más de haberse despertado incluso antes de que su alarma sonara, terminó saliendo a las siete y cuatro justo para ver la silueta del chico del 5to E desapareciendo detrás de las puertas del ascensor. Su madre lo había retrasado pidiéndole que sea quien se encargue del desayuno y quemó todas las tostadas, demasiado dormido como para ser capaz de tomar una responsabilidad tan grande.


Para la segunda mañana se aseguró de dormir unas buenas ocho horas para despertar fresco como una lechuga y salir del departamento para las siete en punto, cuando la puerta del fondo se abrió para dejar salir al joven misterioso.


-¡Oye! ¡Qué coincidencia volver a vernos! -exclamó demasiado contento para su propio bien, levantando una mano y viéndolo pasar a su lado con la cabeza gacha y la mochila en sus hombros, en dirección al ascensor como todas las mañanas-. Soy Chanyeol, del 5to B, ¿no sé si me recuerdas?


Más silencio.


No esperaba que el chico realmente entablara una conversación con él de la noche a la mañana, pero si esperaba al menos un saludo amable que no sucedió y solo fue un transcurso incómodo en ascensor que le dejó un gusto amargo cuando se lo comentó a su amigo, quien solo respondió que no entendía por qué seguía haciendo eso.


Las siguientes dos mañanas habían sido exactamente igual, y el fin de semana llegó sin él haber hecho ningún progreso. No se podría decir que estaba desanimado, pero si algo decaído al darse cuenta que a pesar de todos sus intentos por acercarse de manera amigable al chico éste todavía lo ignoraba como si fuera un fantasma a su lado.


-Tal vez no tienes nada en común con él -había dicho su amigo aquel sábado mientras rebotaba una pelota con sus manos antes de tirar a encestarla en el canasto frente a ellos.


-O tal vez si. Parece que le gusta mucho la música, sabes que a mí también -caminó a buscar la pelota cuando no entró y se alejó para intentar él.


-Mmh, ¿y si es un gran fan de la música metálica pesada?


El pelinegro guardó silencio, rebotando la pelota de baloncesto entre sus manos y se decidió por tirarla, encestando sin problema.


-¿Debería escucharlo? -preguntó, haciendo una nota mental para llegar a su casa y buscar todos los estilos de música diferente para estar preparado en caso que tenga gustos exóticos y no los tan básicos como los suyos propios que se basaban en pop basura, algo de rock y podría decirse que punk.


-Un soldado tiene que tener a mano todas las armas -se encogió de hombros, corriendo detrás de la pelota.


Esa misma tarde, al llegar a su casa después de haber pasado todo el día junto a su mejor amigo, se dio una rápida ducha y dijo que no cuando su madre preguntó si quería comer solo para encerrarse en su habitación y sentarse frente a la computadora.


Abrió la página de YouTube y tecleó rápidamente música metal antes de reproducir varios videos diferentes, admirando cada uno de ellos e imaginándose de algún modo al bonito y delicado chico del 5to E escuchando esa misma música todas las mañanas.


De hecho parecía un real admirador de la música, casi de forma obsesiva, siempre que lo veía estaba usando esos auriculares inalámbricos que lucían demasiado caros... Espera, ¿y si el chico era uno de esos... ¿Como los llamaba Sehun? ¿Niños ricos sin cerebro? Su uniforme siempre se veía pulcro y en el frente de su saco gris se veía un bonito escudo que tranquilamente podría ser parte de un instituto con privilegio, hasta sus zapatos de vestir parecían brillar todas las mañanas cuando los suyos propios eran simple zapatillas converse a punto de romperse en los bordes.


Sinceramente no le sorprendería que sea un niño mimado demasiado cool como para dignarse a prestarle atención a alguien como él, era de conocimiento público que la señora Suzy venía de una buena familia económicamente, de hecho era una mujer que siempre usaba oro en sus joyas y la última tecnología en todo sentido, aunque no alardeaba en absoluto y siempre estaba dispuesta en poner dinero primero para ayudar al prójimo. Ella siempre fue dulce y amable con todos, y saludaba a todos, entonces ¿por qué su nieto no?


Bueno, él era de la tercera generación, tal vez todo se fue distorsionando hasta llegar a un punto en que los adolescentes en la familia se creían demasiado buenos para decir buenos días.


Apretó su mandíbula y achinó los ojos cuando The Strokes empezó a sonar, pensando en que no podía ser de esa forma, no podía permitirse pensar que el chico era de ese modo, a pesar de que toda su actitud le indicaba que estaba en lo correcto, lo había ayudado con su bicicleta y siempre lo miraba de reojo cuando entraba al ascensor como para asegurarse de que no necesitaba su ayuda nuevamente, aunque ya había descubierto la manera de no avergonzarse a sí mismo otra vez con la bici en el lugar.


Parecía ser considerado, ¿tal vez sólo no era una persona muy mañanera?


¿A dónde iba por la tarde? ¿Qué lugares frecuentaba? ¿Por qué parecía nunca estar en su casa? De repente se sentía demasiado curioso y necesitaba respuestas, no podía quedarse así.


Chanyeol solía realmente obsesionarse cuando encontraba algo que le gustaba, como cuando se enganchaba con una serie, la podía terminar en un día y no se acabaría allí, buscaría la vida de cada actor que participaba en ella para analizarlos y hasta verse todas sus discografías sin parar, volviéndolo en su personalidad por todo el mes, todo esto antes de que encuentre otra cosa donde depositar su atención.


Y su nueva obsesión del mes era claramente ese chico viviendo al final del pasillo, pero más que obsesión ahora era todo un misterio por resolver, lo que lo hacía aún más interesante.


-¡Correo! -exclamó su madre dos días más tarde, entrando al departamento con una caja y varios sobres en sus manos.


-¡Es para mí! -Chanyeol salió disparado de su habitación, trastabillándose con sus propios pies en busca de su correo.


-Oh -se sorprendió la mujer ante la llegada abrupta de su hijo mayor, quien tomó la caja de sus manos, dejó un beso en su mejilla y con una gran sonrisa y mucha energía volvió a encerrarse en su habitación.


-Si, si, si, finalmente -murmuró el pelinegro apoyando la caja en la cama y tirándose con una pequeña risita sobre el colchón.


La abrió luego de frotarse las manos y rió con felicidad cuando se encontró con los auriculares inalámbricos que había pedido el fin de semana por Internet. Lucían muy parecidos a los que su vecino usaba, y finalmente parecían tener algo en común, ahora no podía ignorarlo, ¿verdad? Aplaudió con ganas e hizo un pequeño baile extraño en su lugar.


-Hey -dijo la mañana siguiente cuando salió de su casa a las siete y un minuto con tal de parecer más relajado, haciendo un movimiento de cabeza y arrastrando la bicicleta a su lado para dirigirse al ascensor.


Ambos detuvieron sus pasos frente a las puertas cerradas y Chanyeol solo clavó la mirada en la pantalla de números rojos que indicaban que el elevador estaba bajando a su encuentro. Los últimos días había estado pensando demasiado y cayó en cuenta de que tal vez debía cambiar de jugada, ya no ser más el vecino molesto desesperado por atención que era y a cambio mimetizarse a él.


Suspiró en un intento de lucir un joven con preocupaciones y relajó las facciones en su rostro, sus hombros algo caídos y una expresión algo aburrida en sus ojos cuando todo su interior estaba vibrando con anticipación y las ganas que tenía de sacar conversación acerca de la más mínima estupidez que pasaba por su cabeza.


Las puertas se abrieron y dejó que pase primero el de pelo blanco, antes de entrar él y fácilmente meter la bicicleta a su lado antes de tocar el botón de planta baja. Se apoyó en la pared del ascensor y carraspeó un poco cuando sacó la pequeña caja de auriculares para abrirla y tomar uno entre sus dedos, tratando de ser lo más sutil para mostrarle que él también los tenía.


Aclaró su garganta para llamar su atención y lentamente llevó un auricular a su oreja derecha, lanzando un ruidito de satisfacción fingida y colocarse el izquierdo para seguido de eso mover la cabeza en sentido de la música imaginaria saliendo de los aparatos.


Miró hacia el espejo en las puertas del ascensor y se sorprendió al notar los ojos del chico a su lado, ¿estaba mirándolo a través del espejo? Sus ojos eran demasiado hermosos, ni siquiera una sombra oscura debajo de ellos, solo miel dulce que lo encantaban de una forma única.


Tuvo que tratar de contener a su loco corazón palpitando en su pecho al finalmente haber conseguido una reacción de su parte, ¿eso había hecho falta? ¿Ser un poco más callado y misterioso como él? Demonios, si tan solo hubiera sabido que su personalidad era demasiado lo hubiera hecho hace mucho antes.


Apretó sus labios en una fina línea y llevó un dedo a su oreja derecha para señalar su auricular, mostrándoselo pero todo lo que consiguió fue que el más bajo desvíe la mirada al piso luego de ver lo que señalaba y su expresión caiga junto a ella, saliendo rápidamente del ascensor cuando las puertas se abrieron y alejándose de su vista en un santiamén.


¿Qué sucedió?


¡Hizo un avance!


-Estás frente a la persona que mueve montañas, amigo -dijo a su amigo esa misma mañana al llegar al colegio.


-¿Puedes mover una y hacer que caiga sobre mi?


-No has estudiado, ¿verdad?


-¿Tú si?


-Yo me defiendo -se encogió de hombros, enganchando la correa de seguridad en la bicicleta.


-¿Moverás una montaña que caiga sobre todo el colegio para evitar el examen del primer bloque?


-Olvídate de la montaña, yo solo muevo pequeñas rocas -rodeó su hombro con uno de sus brazos y le mostró una gran sonrisa sacando uno de los auriculares de su oreja para enseñárselo.


-¡Finalmente has caído bajo el capitalismo! -exclamó con diversión, sacando de su agarre el pequeño objeto y analizándolo-. ¿Cuál es la razón? ¿No decías que te parecían incómodos cuando te mostré los míos? Espera, ¿esto es por 5to E?


-Me miró hoy.


Rodó los ojos y le devolvió el auricular sin una expresión en su rostro.


-Wow, que avance.


-Si, ¿verdad? Tuve que actuar como que no me importaba, pero lo tenía allí a mi lado mirándome con esos ojos tan preciosos -suspiró embelesado-. He tomado tu comentario sobre un soldado disponiendo de todas sus armas, y realmente funcionó.


-¿Eh? ¿Yo dije eso?


-¡Así es! Y adivina qué, cambié por completo mi jugada y funcionó, tal vez realmente llama más la atención alguien misterioso y cool, ¿verdad?


-Tu no eres cool.


-Sin embargo me miró -señaló con una gran sonrisa divertida, escuchando su risa-. Verás que mañana será él quien quiera llamar mi atención.


Tres mañanas más pasaron y Chanyeol había utilizado cada arma que se le ocurría desde usar los incómodos zapatos que su madre le había comprado al iniciar las clases pero que nunca usó hasta peinar su cabello con gel y llevar un libro de economía en una de sus manos, pero de repente parecía como si aquella mirada que compartieron hace unos días no hubiera sucedido porque su actitud lucía más tensa de lo normal y ya ni siquiera lo miraba de reojo para asegurarse de que podía con la bicicleta.


No sabía qué había sucedido desde esa última vez, pero parecía que nada funcionaba y empezaba a desesperarse y hasta sentirse algo tonto por todo lo que estaba sintiendo. Cuando llegó el viernes, ya no lo intentó.


Despertó a las ocho cuarenta y siete y, a pesar de sentir un peso en su pecho, arrastró los pies por la casa para vestirse como solía hacerlo y sin preocuparse en ordenar su cabello o ponerse perfume antes de salir de allí sin la bicicleta que ni siquiera podía manejar.


Tal vez era momento de dejar su misión de una vez por todas y buscar otra cosa en la que enfocarse, seguramente su madre se alegraría si pusiera tanto esfuerzo en el colegio como lo hacía con personas que ni siquiera saludaban. Suspiró, caminando algo adormilado hasta las puertas del ascensor cuando escuchó un portazo a sus espaldas y un jadeo algo inestable junto a pasos apurados que llegaron a su lado.


Frunció el ceño y giró para encontrarse con su vecino del 5to E allí, su cabello blanco estaba despeinado en todas las direcciones, su corbata que siempre estaba pulcra y recta alrededor de su cuello ahora se veía descuidada con el nudo deshecho, la mochila cayendo en uno de sus hombros y sus mejillas algo rosadas. La vista que tenía en ese momento era algo único y es que jamás imaginó verlo en ese estado apurado y desarreglado como si acabara de despertarse.


Irguió su espalda cuando el chico lo miró por debajo de sus pestañas e hizo una mueca que esperaba que saliera amistosa pero estaba seguro que sólo había lucido raro cuando volvió a mirar al frente para apretar el botón en la pared repetidas veces, como si de ese modo el ascensor se apuraria más en bajar los diez pisos que tenían arriba.


-¿Te quedaste dormido? -preguntó tontamente, su voz saliendo algo inestable por lo que estaba sintiendo en su interior.


Silencio, solo se escuchaba la respiración agitada del más bajo y los sonidos del ascensor bajando piso por piso y deteniéndose en algunos por unos cuantos minutos.


-Yo también me quedé dormido, pero no es como que me muera por tener álgebra a primera hora de la mañana -se encogió de hombros, desviando la mirada también al frente, sintiéndose nuevamente algo desanimado por la poca comunicación que conseguía.


Y es que no entendía qué había mal en él, era una persona simpática y amable, la gente solía decir que era un buen chico, y hasta había sido votado por cuatro personas en su curso para ser presidente de la clase, entonces ¿por qué parecía no gustarle para nada a ese desconocido con quien sólo había sido bueno? ¿Y por qué le molestaba tanto?


-Lamento molestarte, pero, ¿te he incomodado con algo? -soltó sin poder evitar más la pregunta en su cabeza sin respuesta-. Si es así pido disculpas, no quería hacerlo, solo trataba de ser amable. Conozco a todos aquí, puedes preguntar por mi, soy Chanyeol del 5to B, ¿recuerdas?


El joven suspiró y alejó su dedo del botón para mirarlo de reojo y llevar sus manos a la corbata en su cuello para acomodarla.


-Bien, me estás ignorando ahora -murmuró, sintiendo como su estómago caía un poco, no pensó que iba a ser tan doloroso pero luego de haberlo intentado tanto ya ni siquiera era divertido-. Realmente no lo entiendo -se quejó como un niño, girando nuevamente a él, ahora enfrentándolo con su cuerpo-, ¿crees que soy molesto? Solo dímelo y entonces dejaré de hablarte, no es como que me gusta ser un problema para la gente, pero tu puedes tan solo comunicarte ¿sabes?


Lo miró de reojo varias veces en medio de su discurso y movió sus dedos algo nerviosos sobre su ropa mientras el alto seguía tirando palabras sin mucho sentido al aire, porque no recibía ni una sola respuesta.


-Y sigues ignorándome, bien, increíble -bufó realmente molesto, rodando los ojos e inflando sus mejillas algo irritado-. Creí que tenias mi edad pero tal vez si que eres un niño.


Se giró para enfrentar nuevamente las puertas cuando se abrieron e hizo una seña para que pase primero y luego lo siguió, haciéndose un lugar entre toda la gente que ya estaba adentro.


-Buenos días -saludó algo monótono, recibiendo un saludo en respuesta de casi todas las personas en el interior haciendo que lance un resoplido y codee suavemente al chico a su lado-. ¿Ves? Ellos pueden saludar cómodamente -señaló cuando sus miradas se encontraron-, es de mala educación no saludar.


El bajo suspiró y separó los labios unos cuantos segundos, y Chanyeol se dio cuenta por primera vez de lo rosados que estos se veían. ¿Siempre habían sido así de bonitos? Creyó que sus ojos eran lo más hermoso de su rostro pero luego de verlo de más cerca se encontró admirando lo suaves que lucían sus labios.


Parpadeó un poco para salir de su trance cuando notó que el chico llevó una mano a su oreja para darle unos toques a sus auriculares y elevó una ceja en su dirección mientras el alto fruncia el ceño tratando de entender a qué se refería.


-¿Auriculares? ¿Estás escuchando música?


El chico de cabello blanco frunció el ceño y no pudo evitar pensar que cada cosa que hacía era más hermosa que la anterior. Demonios, creyó que podría ser capaz de olvidarlo y pasar a otra cosa pero con cada momento que pasaba se encontraba admirandolo más y más.


-Yo también tengo los míos -se apuró en buscar la caja de auriculares en su mochila, obteniendo algunas miradas molestas de las personas a su alrededor-. Mira -los levantó para mostrarle-, ¿qué música escuchas? A mi me gusta de todo, dime una canción probablemente la conozca.


5to E solo apretó sus labios en una linea fina y volvió a señalar sus orejas, haciendo que Chanyeol asienta con la cabeza y se ponga los auriculares con una sonrisa.


-Ahí está, ¿te gusta The Strokes? -sacó su celular del bolsillo de su pantalón y abrió Spotify para buscar un tema de la banda, mostrándole la pantalla y recibiendo una mueca de su parte-. Oh, ¿no te gusta? A mi tampoco, de todos modos, pero mi mejor amigo suele... Ouch -su frase fue interrumpida por un codazo a su costado cuando las puertas se abrieron y la gente empezó a salir del ascensor, siendo él mismo arrastrado hacia afuera-. Yah, ten cuidado -se quejó cuando un hombre volvió a empujarlo.


Apretó el celular en sus manos cuando finalmente se tranquilizó y buscó con la mirada a su vecino, solo para encontrarlo caminando con pasos rápidos hacia la salida.


Y así sin más, todo lo que sentía hace tan solo unos cuantos momentos se esfumó para que la ansiedad y la emoción de haber avanzado en su misión permanezca en su ser. Bajó la mirada a la pantalla de su móvil y, mientras empezaba su camino a la escuela, borró cada canción de The Strokes de su Playlist.


* * * *


Si había algo a lo que se tuvo que acostumbrar al ser amigo de Sehun era a pasar tardes después de clase teniendo que hacer tareas extracurriculares porque era la única forma de regañarlos que los profesores encontraban correctas sin molestar al Director Oh. El castaño y él eran conocidos como los de mantenimiento siendo que eran los únicos que estaban casi todos los días barriendo, limpiando y fregando las diferentes aulas como si fuera eso a lo que se dedicaban.


-La próxima vez debemos pedir que nos den guantes si quieren que freguemos los pisos, mis manos no aguantarán un químico más -comentó el castaño a su lado mientras se miraba las manos cuando salieron del colegio dos horas más tarde.


-O tal vez solo podemos guardar silencio en clase y comportarnos -señaló él, compartiendo una mirada seria en silencio con su amigo antes de que ambos lancen un divertido:- Naa -y compartan una risa tonta.


-Le diré a mi padre de los guantes, ¿qué color quieres? -preguntó, sacando el celular de su bolsillo y empezando a teclear rápidamente en la pantalla.


-Rojo para mi, que sea de las que tienen textura.


-Mmh, no aceptaré menos.


-¿Vienes a casa conmigo? -cuestionó luego de unos cuantos metros caminando entre risas y una conversación amena.


-Hoy no puedo, viene la familia Kim a cenar esta noche. Debo irme.


-Ohh, ¿Kim, Kim? -cantó, codeándolo un poco y moviendo sus cejas de arriba abajo de forma sugerente.


-No, Kim Park, claro que es ese Kim, idiota.


-¿Qué hay con él? ¿Ya aceptó aguantar tu mierda o...?


-¿Qué hay con tu 5to E? ¿Ya aceptó siquiera escucharte?


-¡Yah, eso fue malvado! -exclamó cuando el chico corrió de él un poco entre risas-. ¡Él si me escucha! Solo no responde.


-Si, seguro, adiós perdedor -caminó por delante de él de espaldas y saludó con su mano mientras le mostraba la lengua.


-Vete -hizo una seña con su mano y escuchó su risa antes de cruzar la calle y alejarse de él.


Chanyeol sacudió la cabeza y guardó las manos en los bolsillos de su campera mientras caminaba sin apuro por las calles de Seúl, era viernes y no tenía ningún plan en mente, lo único que hacía generalmente era estar con su amigo o por su cuenta encerrado en su habitación, pero como lo primero era ya imposible de hacer solo quedaba la segunda opción y estaba bien con ella. Tal vez podría jugar unos cuantos videojuegos o buscar música nueva, ¿le gustarán los videojuegos a su vecino? Ya sabía que no le agradaba The Strokes, y aunque había sido un poco decepcionante, tampoco eran tan buenos.


Pateó una pequeña roca con la puntas de sus pies y se detuvo en la esquina esperando a que el semáforo cambie para cruzar la calle, el invierno estaba llegando a su fin y eso se podía sentir en el aire, el sol todavía estaba afuera y alumbraba de forma cálida cada pedazo de acera, Seúl era una muy bonita ciudad y le gustaba aún más ser consciente de cada pequeño detalle.


El ruido de una bocina hizo que se sobresaltara y rodó los ojos, allí estaba, el ruido de una gran ciudad de aproximádamente diez millones de habitantes. Los sonidos de las bocinas, los autos y los gritos de la gente eran como la música que ambientaban toda la ciudad, pero él se encontraba tan acostumbrado a aquello que por momentos realmente ni siquiera lo notaba a menos que se detenga a pensar en ello.


Asomó su cabeza hacia la derecha para ver si su autobús estaba en algún lugar cercano para luego girar a ver la parada, una larga fila de gente ya se encontraba esperando en ella y...Espera, frunció el ceño y parpadeó un par de veces mientras trataba de analizar si lo que sus ojos estaban viendo era real o solo había olvidado sus gafas de ver de lejos en casa y estaba confundido. En el primer lugar de aquella fila, un muchacho algo bajito, de cabello blanco y uniforme gris esperaba pacientemente por el autobús.


-Así que realmente existes -murmuró con una sonrisita.


Era la primera vez desde que lo conoció que lo veía afuera del edificio que hasta había llegado a pensar que tal vez solo era producto de su propia imaginación y estaba en algún tipo de kdrama donde el protagonista habla con un fantasma sin saber que realmente lo era. Pero no, allí, en medio de toda la gente y viviendo una vida como una persona común y corriente, se encontraba él y no podía estar más feliz de verlo.


Desvió la mirada al semáforo que todavía seguía en verde y deseó que cambie rápidamente, no solo para cruzar, sino que para acercarse a él. Buscó los auriculares en sus bolsillos y se los puso en las orejas sin realmente seleccionar música para escuchar, antes de volver a mirarlo desde la distancia, lucía algo incómodo desde donde estaba más su mirada estaba perdida en el horizonte, esperando ver el vehículo frente a él.


Se veía tan bonito con los rayos de sol pegando en su rostro, su cabello luciendo aún más brillante y su piel blanquecina algo rosada por el viento frío haciendo contraste. El chico real real realmente era hermoso, nunca se cansaría de repetirlo una y otra vez.


Acomodó las correas de la mochila en sus hombros y mordisqueó su labio viendo que quedaban pocos segundos para que la luz verde cambie a rojo, notó cómo la actitud de su vecino cambió a una más recta de un momento a otro y giró a mirar en la dirección que estaba mirando solo para maldecir al ver el autobús a lo lejos acercándose a él. Demonios, por favor espérame, murmuraba por lo bajo el pelinegro sintiendo su cuerpo tenso y la ansiedad en su interior, deseaba viajar junto a su vecino, tal vez el camino a casa sea más agradable y puedan usarlo para acercarse más, de una vez por todas, universo, ponte de mi lugar, pidió cerrando un poco los ojos solo para volver a abrirlos con sorpresa cuando un fuerte estruendo y algunos gritos resonaron de repente.


Sus labios se separaron con estupor al ver cómo en medio del tránsito lento de los autos, casi se produce un gran accidente entre un autobús y una camioneta, los conductores de ambos vehículos gritándose insultos a través de la ventana y cada persona en las veredas parando a ver qué estaba sucediendo. Su corazón latía un poco en su pecho por el susto y volvió la mirada a su vecino, para encontrarlo tan tranquilo como siempre, mirando al frente sin parecer ser consciente en absoluto de todo el alboroto que se había armado.


¿Eh? Eso realmente era raro, todas las personas detrás de él estaban mirando hacia atrás al lugar del accidente y cómo ahora el chofer de la camioneta bajaba del auto para acercarse al autobús y gritarle cosas sobre cómo debería aprender a manejar, mas el chico lucía completamente aislado e ignorante a la situación. ¿Acaso estaba usando auriculares? Pero... ¿Qué tanto podrían aislarlo del ruido exterior? Sabía que era algo raro pero no creyó que tal vez sea tan raro como para ni siquiera importarle su alrededor, de hecho jamás lo vio muy interesado en lo que estaba sucediendo en su entorno, entonces... ¿Cómo es posible?


El autobús que debía tomar pasó la calle justo cuando el semaforo estaba empezando a ponerse en rojo y se detuvo frente a la parada, Chanyeol apretó las correas de su mochila con fuerza y se apuró en cruzar la calle, encontrándose con más gente viniendo hacia él que se interpusieron en su camino relantizando sus pasos y haciendo que no llegue a tomarlo para cuando llegó.


-Universo, ¿no podías esforzarte un poco más?



Esa misma tarde, cuando llegó a su casa casi una hora más tarde porque el tránsito era un asco y el autobús tardó mucho más de lo que debía, saludó a su madre con un beso y se apuró en encerrarse en su habitación para sentarse frente a la computadora, abriendo internet y quedando en blanco mientras veía el cursor titilar en el buscador.


Durante todo el camino, muchos factores y situaciones inundaron su cabeza y no podía parar de pensar o siquiera detener el camino hacia donde sus pensamientos estaban yendo, y es que la escena en la calle más temprano lo había descolocado un poco y a la vez darse cuenta de muchas cosas que no quería asumir del todo porque no sabía qué tan ciertas eran.


Entró en el sitio de preguntas donde siempre solía obtener las respuestas a sus exámenes e inició sesión rápidamente antes de animarse a escribir una pregunta.


"Hoy estaba en la calle con un amigo (conocido, pronto seremos amigos) y ocurrió un gran accidente automovilistico (fue un casi accidente, no se preocupen) pero él ni siquiera se inmutó por el gran ruido que de hecho quedó resonando en mis oídos hasta ahora (ya estoy bien). ¿Cuál puede ser la razón?"


Las respuestas no tardaron en llegar y una era más extraña o imposible que la otra.


"Tu amigo es realmente un sádico"


"Tal vez estaba conmocionado"


"¿Tu amigo está soltero?"


"¿No deberías saberlo? ¡Eres su amigo!"


"Quizá solo estaba pensando en Lee JongSuk, ¿vieron lo caliente que estaba en su nuevo drama?"


Cientas de respuestas aparecían bajo su pregunta pero ninguna parecía ser lo suficientemente viable en primer lugar, rodó los ojos y decidió buscar simplemente en google "no sorprenderse por ruidos fuertes", creyendo que tal vez sería mejor ver qué es lo que decía la red cuando escribía palabras clave.


Artículos y páginas aparecieron ante su búsqueda, "¡Marzo es el mes para proteger la audición!" "Los ruidos fuertes pueden dañar la audición..." "La música fuerte, ¿puede dañarme los oídos?" "Fuerte explosión en Incheon..." Frunció el ceño al notar el camino que estaban tomando todas esas páginas y no pudo evitar sentir un peso en el pecho, como si una bola estuviera creciéndole en la boca del estómago poco a poco. Hizo clic en uno de los primeros links que encontró y empezó a leer un artículo que hablaba sobre cómo las personas con algún tipo de pérdida auditiva empezaron a tomar más visibilización en la sociedad, hacia el final había una sección de comentarios y gente contaba sus diferentes anécdotas o historias de vida.


Salió y buscó otro artículo más y luego otro y luego otro más porque no podía creer cómo todo aquello resonaba tan bien con la imagen que tenía de su vecino. No podía parar de leer y leer y leer, y pensar que tal vez esté equivocado y estaba haciendo un gran drama cuando quizá solo no le interesaba su entorno pero... ¿Y los auriculares? ¿Qué hay de ellos?


Auriculares para sordos, buscó para darse cuensta que en realidad eran llamados "audífonos" y lucían exactamente igual a los que su vecino usaba.


Cuando vio la foto realmente se sorprendió bastante y pudo escuchar cómo sus latidos se hacían cada vez más ruidosos y retumbaban en sus oídos.


Se levantó de la silla rápidamente y corrió a la cama para tirarse en ella y enterrar el rostro contra la almohada para ahogar un grito.


-¡Maldición, maldición, maldición! -se quejó, golpeando su cabeza contra la suave superficie de su almohadón-. Demonios, ¡he quedado como un idiota! -siguió, sintiendo que podría llorar de la verguenza que estaba sintiendo en ese momento.


Estaba completamente avergonzado y no sabía qué hacer al respecto más que sentir su cuerpo todo tenso y cómo los recuerdos de él actuando como un estúpido llegaban a su mente para atormentarlo. ¡Le mostró sus auriculares y le preguntó si escuchaba música incluso cuando él estaba tratando de decirle que sus auriculares solo eran malditos audifonos! ¡Incluso dijo que era maleducado y se quejó a sus espaldas durante largos minutos, contándole su vida y sintiéndose tonto al no obtener una respuesta! ¡Porque no lo había escuchado en absoluto!


¿No lo escuchaba en absoluto o quizá esos audífonos le ayudaban a escuchar y solo lo estaba ignorando porque no se sentía cómodo hablando con él? Espera, ¿podía hablar?


Se levantó de su lugar nuevamente y arrastró los pies hasta su asiento frente a la computadora para volver a teclear rápidamente los diferentes tipos de pérdida auditiva y casi todo lo que tenía que saber sobre la sordera. Esa noche pasó horas frente a la pantalla investigando y anotando todo en un cuaderno que no usaba como si estuviera estudiando arduamente, que incluso su madre al entrar a su cuarto para dejar ropa limpia sobre su cama se sorprendió al verlo así y luego le llevó un plato de naranja cortada para desearle exitos en sus examenes.


Ese fin de semana casi no durmió, descubriendo que había tanto que no conocía sobre tal discapacidad auditiva, jamás había escuchado nada al respecto ni conocido a alguien que tuviera algun tipo de inconveniente con ello, por lo tanto todo era nuevo y sorprendente para él, y luego de leer tantas historias de otras personas se preguntaba cuál sería la de su vecino.


No quería todavía asumir que esto era lo que le estaba pasando, pero ¿y si era así? Necesitaba poder comunicarse con él y hacerle entender que solo quería conocerlo. En un intento desesperado por saber si estaba haciendo lo correcto, le preguntó a su madre una noche mientras preparaba la cena:- ¿Qué harías si descubres que alguien a quien estás tratando de acercarte posiblemente tenga un problema de aucidión? -había dicho, tratando de sonar casual cuando de forma extraña tomó una zanahoria y se puso a cortarla en rodajas sin que la mujer se lo pida primero.


-¿De quién estamos hablando?


-No, es un escenario hipotético -señaló-. Imagina que sospechas que papá es sordo o tiene una leve pérdida de audición y tu quieres hablar con el para ser su amiga, ¿qué harías?


-Bueno, de seguro tu padre tiene alguno de esos problemas ya que al parecer nunca me escucha -se quejó, cortando por la mitad una cebolla con un ruido seco.


Tal vez no había sido lo mejor acercarse a ella luego de haber tenido una discusión con su padre, quien todavía no llegaba del parque con Honey aunque ella había dejado en claro que debían estar para las cuatro de la tarde y ya eran las siete. Pero de todos modos la fulminó con la mirada ante su comentario y sacudió la cabeza.


-No hagas esas bromas, mamá, no son de buen gusto.


-Ugh bien, disculpa, ¿qué sucede? ¿Es para algún trabajo del colegio? Te vi que estuviste estudiando hasta tarde.


-Mmh, responde, ¿qué harías?


-Si tu padre fuera sordo...


-Si sospecharas que tiene algún problema de audición. Tal vez no es sordo, pero tiene que usar audífonos para escuchar.


-Oh, bueno, supongo que... ¿Me acercaría y se lo preguntaría?


-¿Y si le hablas pero jamas te responde y ni siquiera gira a mirarte?


-Tal vez eso significa que no está interesado en mi y es su forma de rechazarme -se encogió de hombros, cortando en cubitos la cebolla mientras Chanyeol pensaba terminando de cortar la zanahoria y agarrando otra para hacer el mismo procedimiento.


-No, pero él usa un audífono, ya sabes, esos que usa la gente para poder escuchar, ¡como el que tenía la señora Suzy! ¿Recuerdas?


-¡Pero me estás dando la información de a poco! ¿De quién estamos hablando? ¿Acaso estás interesado en alguien?


-¿De qué estás hablando? -lanzó un resoplido y rodó los ojos-. Claro que no, solo estoy preguntando...


-Pero esa información es demasiado sospechosa -entrecerró los ojos en su dirección, tratando de descifrarlo con esa mirada tan analítica e inquisitiva que solía usar en el trabajo y Chanyeol de repente se sintió demasiado expuesto a ella-. ¿Debemos tener la conversación sobre la seguridad en una relación? -dejó el cuchillo sobre la tabla en la mesada y llevó sus manos a su cadera.


-¿Eh? ¡Claro que no! Gracias, pero no hace falta.


-Si es que tienes una novia debes saber ciertas cosas si quieres experimentar con ella y...


-¡Detente! ¡No hace falta! No estoy con nadie, me iré a hacer tarea -dejó el cuchillo sobre la mesa y giró sobre sus talones para desaparecer lo antes posible de allí, escuchando la risa de su madre a sus espaldas y su grito de:- ¡Siempre usa protección y asegúrate de tener su consentimiento!


Esa conversación realmente no salió como se lo había esperado en absoluto, pensó que iba a ayudarlo pero solo lo avergonzó a tal punto que sentía sus mejillas rojas y sus manos temblorosas. Fue por eso que decidió seguir haciendo una búsqueda por su parte, asumiendo que era mucho mejor preguntarle a la gente del otro lado del Internet.


Así es cómo para el lunes a la mañana se encontraba totalmente nervioso una vez más, su pie rebotando contra el suelo, su cabello perfectamente arreglado, su uniforme planchado y la mirada yendo del reloj en la pared al reloj en su muñeca como la primera vez.


Todavía faltaban seis minutos y pasaban extremadamente lento que se sentía como una tortura, sus manos sudaban y el discurso que tenía planeado empezaba a desvanecerse en su memoria, haciéndolo sentir aún más ansioso.


"Hola, mi nombre es Park Chanyeol" demonios, no, así no era. "Soy Chanyeol, ¿me recuerdas?" tampoco así, ugh, rebuscó en el bolsillo de su pantalón y sacó la pequeña libreta que llevaba anotado la información que debía saber. Repitió cada palabra lentamente y cerró sus ojos tratando de hacerlo sin mirar, asintiendo cuando lograba hacerlo bien.


Levantó la mirada al reloj y tomó una profunda respiración tratando de darse ánimos e, ignorando el griterío diario de su familia, se levantó de su lugar y se dirigió hacia la puerta de entrada del departamento, esta vez sin la bicicleta y con un gran nudo en el estómago.


-¿Ya te vas? -escuchó a sus espaldas antes de salir cuando el reloj señaló las siete en punto.


Ni siquiera tuvo tiempo para responder antes de salir y girar a un costado para ver cómo su vecino salía de su casa y cruzaban miradas por unos cuantos segundos antes que baje el mentón y pase caminando por su lado y hacia el ascensor siendo seguido de Chanyeol.


-Se te ve fatal ese uniforme -habló a sus espaldas-. De hecho luces como una pequeña hormiga, podría aplastarte si quisiera. ¡Yah! ¡Te hablo a ti! ¡Eres un niño muy feooo! -gritó, deteniéndose cuando escuchó un golpe desde el interior de una de las casas como queja.


Apretó sus labios y vio en dirección al chico caminando frente a él que parecía no haberle importado en absoluto todas las cosas que había dicho, pero ya quería pedirle perdón y que solo bromeaba.


Una de las ideas que se le ocurrió la noche anterior como para ver si el joven realmente podría tener algún tipo de pérdida auditiva era claramente tratar de molestarlo y ver si reaccionaria ante tales palabras, una persona en Internet había dicho que no era una buena idea si al final el muchacho solo estaba ignorándolo pero él estaba de acuerdo en arriesgarlo todo, de todos modos si no era sordo o algo por el estilo de seguro ya creía que era un estúpido como para no hablarle y ¿qué mejor que escuchar su voz y ver su rostro dirigiéndose a él por primera vez?


De igual manera, cuando llegó a su lado frente a las puertas del ascensor, miró su perfil tan en paz y si ese chico realmente escuchaba entonces era un experto en controlar sus sentimientos y Chanyeol quisiera aprender de él.


Infló su pecho tratando de controlarse y estiró su mano sin pensarlo más, las puntas de sus dedos tocaron el antebrazo del chico y tragó en seco cuando los ojos miel del vecino bonito se posaron sobre él. Su rostro lucía algo confundido pero no estaba ese enojo que de seguro estaría en la suya si escuchaba a un extraño gritarle cosas por atrás.


Tenía mejillas regordetas y una piel que parecía tan suave como sus labios, el cabello caía sobre su frente y parecía haberle crecido un poco ya que chocaba contra sus pestañas, y se quedó mudo.


El joven relamió sus labios y chasqueó la lengua, su mirada viajando por el rostro rojo del más alto antes de llevar una mano a su oreja y señalar el audífono, acción que despertó a Chanyeol, quien casi por inercia busca sus auriculares para mostrárselos pero en su lugar sacó una pequeña pizarra de bolsillo junto a un fibron y, bajo la mirada inquisitiva del desconocido, escribió rápidamente tratando de hacer de su letra una entendible.


"Hola, soy tu vecino"


Escribió antes de mostrárselo, notando la reacción sorpresiva del más bajo, quien leyó y volvió a mirarlo con sus ojos abiertos antes de volver a bajar a la pizarra y luego a él.


Chanyeol aclaró su garganta y levantó una mano mostrando la palma de ella hacia él, antes de llevarla a su pecho y luego mostrarle las señas que aprendió de memoria el fin de semana tratando de no equivocarse mientras lo repetía en voz alta.


-Hola, mi nombre es Park Chanyeol.


El joven siguió cada movimiento de mano algo aturdido y al finalizar miró su rostro que contenía una mueca algo nerviosa al pensar que se había equivocado en algo.


Anotó rápidamente en la pizarra y se la mostró "Quise decir Hola, mi nombre es Park Chanyeol, no sé si me equivoqué en algo, disculpa"


Es entonces que sucedió aquello que había estado deseando por mucho tiempo, el joven se rió.


Si. Lo hizo reír.


Y era la risa más bonita que alguna vez haya escuchado, tan delicada y dulce que hizo que su estómago gire pero ahora por una buena razón. Sin duda era su segunda cosa favorita de él luego de sus ojos, y quería volver a escucharlo, pero se detuvo en seco y apretó sus labios antes de tomar la pizarra de sus manos para escribir por su cuenta y mostrárselo.


"Me parecía extraño cuando dijiste Parque Chancho"


Chanyeol leyó y también rió algo avergonzado haciendo la seña que aprendió que significaba "disculpa".


"¿Tu cómo te llamas?"


"Soy Byun Baekhyun, del 5to E." escribió, mostrando una pequeña sonrisa y dándole la pizarra cuando el ascensor se abrió.


Olvídenlo, su sonrisa definitivamente ocupaba el segundo lugar en la lista de cosas más hermosas que existieran en el mundo.


Se apuraron en entrar haciéndose espacio entre la gente ya allí adentro y Chanyeol se quedó a su lado, enfrentándolo un poco para que pueda verlo cuando señaló "¿Puedes escucharme?" Baekhyun se quedó unos segundos mirándolo antes de negar con la cabeza y señalar por su cuenta un "No puedo".


El alto asintió y frunció sus labios tratando de pensar qué decir luego, tenía tantas cosas que quería expresar pero no sabía cómo y se sentía algo frustrado al respecto por la imposibilidad del momento y tener poco tiempo.


"¿A qué hora regresas de las clases?" señalizó la pregunta que había aprendido, notando que el peliblanco fruncia el ceño y ladeaba la cabeza de manera adorable. Relamió sus labios y trató de hacerse espacio en el ascensor para escribirlo en la pizarra antes de mostrárselo.


El chico separó sus labios finalmente entendiendo su pregunta y le mostró cinco dedos de su mano como respuesta, entonces borró y volvió a escribir "Tocaré tu puerta 5:30, pasaré una nota por debajo de ella"


Baekhyun preguntó por qué con una expresión curiosa y confundida justo cuando las puertas se abrieron y todos salieron en dirección a la entrada, Chanyeol se apuró en seguirlo hacia la misma y volvió a señalar la pizarra antes que el bajito frunza los labios y asienta para luego girar y hacer su camino alejándose de él.



Byun Baekhyun.


Byun.


Baekhyun.


Baek.


Hyun.


Oh mi dios, no podía parar de repetir su nombre una y otra vez en su cabeza, sentía que estaba caminando sobre nubes durante todas sus clases, no le importaba nada más que el hecho de finalmente haber descubierto que su vecino realmente no lo odiaba, solo que su forma de acercarse a él no había sido la indicada.


Y su sonrisa.


Ahora se encontraba viendo la hora en su celular cada cinco minutos esperando a que la hora de salida llegara para correr a su casa y prepararse para ver a su vecino del 5to E. Baekhyun.


-Yah, deja de sonreír de ese modo, me das miedo -se quejó Sehun a su lado, tirando una bola de papel en su dirección, la cual rebotó contra la punta de su nariz.


-¿De qué modo?


-Así, como si hubieras ganado una batalla en Call Of Duty, lo cual claramente no has hecho.


-Amigo, hoy tengo una cita.


-¿Eh? ¿Cita? -se irguió en su asiento y giró para enfrentarlo algo sorprendido, ignorando por completo que se suponía debían hacer un trabajo práctico individual sobre historia.


-Bueno, no es una cita cita, pero hoy iré a la casa de Baekhyun.


-¿Baekhyun? ¿Conocemos un Baekhyun? -frunció el ceño, mirando a un costado mientras trataba de pensar en algún rostro con ese nombre.


-Mi vecino, el del 5to E.


-¡Bromeas! -exclamó, saltando de su asiento.


-Alumno Oh, ¿está interesante la charla?


-¡Chanyeol tiene una cita profesora! -señaló con una gran sonrisa mientras su amigo lo agarraba por el extremo de su suéter para hacer que vuelva a su lugar, sintiendo todas las miradas de sus compañeros sobre él haciéndolo sentir nervioso.


-¿Ah si? Creo que el estudiante Park tendrá una cita con usted esta tarde limpiando la sala de arte.


-¡¿Qué?! ¿Por qué yo? -se quejó el nombrado con incredulidad, soltando la ropa de su amigo y levantándose de su lugar.


-¿Quieren limpiar también la sala de informática? -amenazó levantando una ceja en su dirección.


-Uy, esa si que le hace falta una limpieza -dijo uno de sus compañeros de clase haciendo que el resto ria.


-Tu rostro se ve demasiado sucio, ¿quieres que lo limpie con mis puños? -escupió Sehun, girando a él con una expresión asesina y deteniendo las risas.


-Alumno Oh, alumno Park, limpieza profunda del salón de arte y la de informática.


-¡Pero!


-¿Alguna otra sala que quiere limpiar, alumno Park?


El pelinegro separó sus labios sintiendo un nudo de impotencia subiendo desde la boca de su estómago, mas cerró la boca y miró a su amigo con una expresión de enojo antes de dejarse caer nuevamente sobre su asiento, desplomándose con furia y desviando la mirada hacia la ventana a su lado en un intento por calmarse porque sentía que podría asesinar a su amigo o largarse a llorar allí nomás.


Es así como después de clases, una vez que el timbre sonó y todos dejaron la escuela, Sehun y Chanyeol tuvieron que quedarse para limpiar ambas salas en un silencio sepulcral. El chico de cabello negro estaba completamente furioso y no podía siquiera mirar a su amigo al sentirse de algún modo traicionado por él. Realmente nunca le había importado el ser castigado a su expensa ya que siempre lo hacían todo juntos y se divertían en el proceso, pero por primera vez estaba odiando ser relacionado a él cuando había estado todo el fin de semana planeando esa reunión con Baekhyun.


De hecho estuvo demasiado tiempo pensando y deseando el finalmente empezar a hacerse cercano al chico bonito y ahora todo estaba arruinado gracias a su gran bocota.


-Hey, mira esta pintura, luce como un huevo frito -cortó con el silencio el castaño, señalando un cuadro con diversión, sin embargo el más alto ni siquiera lo miró mientras juntaba el polvo con una escoba-. Esta realmente parece una escena de un crimen.


-¿Puedes callarte? -lo interrumpió después de haber estado diez minutos escuchándolo hablar sobre estúpidos parecidos de esas estúpidas pinturas que debería estar ordenando-. Si te hubieras callado en primer lugar no estaríamos haciendo esto.


-Yah, ¿estás enojado?


-¿Enojado? ¿A tí qué te parece? ¡Son las cinco y yo debería estar preparándome para una maldita cita con el chico que te dije que me gustaba durante meses!


-No era una cita -murmuró entre dientes, dejando las pinturas a un costado antes de agarrar un plumero y pasarlo por las ventanas.


-¿Siquiera puedes limpiar de verdad? ¡Estoy haciendo todo el trabajo!


-Estoy limpiando.


-Ugh, eres imposible, realmente te detesto en este momento.


-No quería...


-No quiero escucharte.


Y así es como pasaron toda una hora entera más limpiando ambas salas en un completo silencio.


Para cuando terminaron, eran las seis y media de la tarde y Chanyeol estaba tan lleno de decepción y tristeza que solo tomó sus cosas y sin mirar atrás se alejó de allí casi corriendo en dirección a la parada del autobús y a su casa llegó para las siete y veinte.


Su corazón latía con fuerza y sus oídos retumbaban un poco, sintiéndose ansioso, nervioso y completamente arrepentido mientras corría por las escaleras cuando el ascensor tardó demasiado en llegar y detenerse frente a la puerta con un 5 y una E en ella.


Trató de respirar con tranquilidad mientras se apoyaba en sus rodillas antes de agacharse y buscar en su mochila por su anotador y un boligrafo y escribir un rápido "¿Estás?" y mandarlo por debajo de su puerta, manteniendo la mirada en el espacio entre el piso y la puerta a la vez que trataba de diferenciar cualquier ruido que pueda haber en el interior, pero solo se escuchaba silencio. Y era demasiado fuerte.


¿No estaba en casa?


Hizo otra nota rápida y la volvió a tirar por debajo de la puerta, esperando un poco más y empezando a sentirse más nervioso de lo normal, sintiendo que había perdido su oportunidad. Odiaba romper sus promesas y de algún modo había roto una apenas lo conocía, no podía perdonárselo.


Deslizó otra nota más y cuando estaba a punto de levantarse para irse, notó cómo una de las pequeñas hojas que mandó regresó en su dirección. La tomó con toda la felicidad que podía contener y leyó las palabras escritas en ella con un plumón rojo.


"Soy Park Chanyeol, ¿me recuerdas?" había escrito de forma desarreglada él en plumón verde, el primer color que habia encontrado, y debajo de la pregunta se encontraba la respuesta en una letra mucho más bonita "Solo recuerdo a un Parque Chancho... ¿Eres tú?"


Rió con diversión y anotó un rápido "Parque Chancho, ese soy yo. ¿Puedo verte?" para deslizarlo por debajo y apoyó la oreja contra la puerta, escuchando la pequeña risita del otro lado que hizo que su corazón revolotee un poco. Mas luego de eso solo hubo silencio y creyó que tal vez había sido demasiado, pero minutos después la puerta se abrió y casi cayó de bruses contra el suelo.


-Oh, disculpa, no creí que ibas a abrir tan rápido la puerta, no estaba espiando ni nada, solo descansaba un poco, ya sabes -habló sin poder evitar soltar unas cuantas mentiras mientras se levantaba de su lugar y tomaba sus pertenencias algo nervioso.


Cuando levantó la mirada notó que Baekhyun lo miraba con una expresión algo aturdida y entonces es que cayó en cuenta que había estado hablando sin siquiera mostrarle sus labios, aunque no sabia si él sabía leer labios, ¿lo sabía?


-Perdón -hizo la seña, mostrando una sonrisa apenada, el chico sacudió la cabeza "Está bien" señaló, restándole importancia antes de sostener la puerta con una mano y desviar la mirada.


Chanyeol tomó ese pequeño momento para admirarlo un poco, sintiéndose algo raro al verlo vestido por primera vez con ropa casual en vez del típico uniforme escolar con el que siempre lo veía. Usaba un buzo verde que era definitivamente tres tallas más grandes que la suya y unos pantalones negros sueltos junto a unas medias blancas y un calzado de entre casa y no pudo evitar querer abrazarlo porque lucía tan bonito con toda esa ropa ancha y abrigada.


La mirada del chico del 5to E volvió a él, atrapando la forma dulce en que lo estaba viendo y dio un paso hacia atrás, algo desconfiado.


-Perdón -volvió a repetir rápidamente, sacudiendo sus manos antes de levantar un dedo para que espere y sacar la pizarra de su mochila junto al fibrón y escribir "Llegué tarde, lo siento"


Baekhyun leyó y sacudió la cabeza, restándole importancia mientras tomaba uno de los cordones colgando del cuello del buzo y jugar con el. "¿Tienes tiempo para hablar?" el chico volvió a leer y asintió luego de unos segundos, algo dudoso "¿Quieres ir a algún lado?" esta vez, cuando le mostró la pizarra supo con certeza su respuesta gracias a la expresión en su rostro.


"No puedo" hizo las señas con su mano a la vez que lo modulaba con sus labios sin dejar salir ni un solo sonido de entre ellos.


Bien, eso lo entendía. "¿Podemos ir a la terraza? No debemos salir del edificio" escribió y se lo mostró, algo desesperado por obtener un si "puedo avisarle a mi madre dónde estaremos, si quieres hasta la puedes conocer" volvio a mostrarle antes de borrar y escribir otra vez "todos en el edificio me conocen, si quieres darle mis datos a tu madre para que te sientas más seguro puedo dártelos". El chico hizo una mueca y cuando el más alto estuvo a punto de volver a borrar para escribir, lo detuvo poniendo su mano sobre su brazo e hizo una seña con su mentón hacia la pizarra.


"Está bien, no debo conocer a tu madre, podemos ir a la terraza" escribió una vez que el pelinegro le tendió el mando de la comunicación, apretando un poco sus labios en una sonrisa tímida.


Chanyeol lo leyó y sintió que el aire volvía a llenar sus pulmones, le mostró una amplia sonrisa y asintió con felicidad antes de hacer una seña con un "vamos". El bajito volvió a detenerlo y señaló su ropa, pero el alto solo hizo una seña de desinterés, empezando a caminar nuevamente al ascensor y escuchando como segundos después el de pelo blanco lo seguía por atrás.


El camino a la terraza había sido silencioso y algo incómodo, podía sentir lo tenso que su vecino se encontraba y podía entenderlo, estaba alrededor de un completo desconocido y por más de parecer amigable siempre hay que tener cuidado con los extraños, por ese motivo se mantuvo alejado de él y trataba de sonreír cada vez que sus miradas se encontraban a través del espejo de la puerta, recibiendo a cambio sonrisitas tímidas antes de bajar el mentón para esconderlo en el cuello de su buzo.


-Por aquí -dijo, rozando su brazo para llamar su atención cuando salieron a la terraza y el viento frío chocó contra sus cuerpos, lo guió a una esquina donde dos sillas de playa estaban ubicadas y dejó su mochila a un costado para sentarse en una de ellas, abrochando su campera y escondiendo las manos en sus bolsillos por el frío que estaba haciendo.


Hizo una seña hacia el asiento a su lado cuando lo vio parado a unos cuantos metros algo indeciso y el chico lentamente se acercó para sentarse en la silla, todavía tenso y evitando su mirada. Chanyeol mordisqueó sus labios y lo miró a escondidas, notando la forma en que sus mejillas habían tomado color rápidamente y su cuerpo temblaba un poco.


Quitó las manos de los bolsillos y le hizo una seña con sus manos para indicarle que se coloque la capucha del buzo antes de quitarse su abrigo y tendérselo.


"No, no" señaló Baekhyun, haciendo caso en cuanto al gorro para protegerse del frío pero negándose rotundamente a tomar su campera, cosa que el alto ignoró para levantarse y pasar el abrigo por sus hombros antes de sonreír y volver a sentarse. Levantó sus dos pulgares en su dirección y tomó la pizarra junto al fibrón nuevamente para escribir "No debes enfermarte o tu madre querrá matarme".


El bajito leyó y sonrió un poco antes de negar nuevamente con la cabeza y bajar la mirada a sus manos para luego volver a quedar en silencio. Chanyeol de repente no sabía qué decir o qué hacer para romper con toda la tensión que estaba sintiendo, y es que por eso tenía planeado llegar antes a casa para vestirse y armar algo bonito con tal de pasar un buen momento, pero nada había salido como lo esperaba y no quedaba de otra que fluir con el momento.


Miró a lo lejos a los demás edificios que los rodeaba y tomó una profunda respiración, el sol empezaba a esconderse y era una vista increíble. Con Sehun habían colocado esas sillas en ese lugar de forma estratégica porque podía verse todo con total detalle y claridad.


"¿Te sientes incómodo? Lo lamento, tenía pensado otra cosa" escribió de repente para llamar su atención dándole un suave toque en su rodilla "Tuve que quedarme después de clase a limpiar las aulas, una historia larga" rodó los ojos y sonrió un poco cuando su vecino esbozó una pequeña sonrisa también "¿Quién diría que serías de los que sonríen mucho? No parecías de esos cuando te veía en el pasillo" escribió y quiso borrarlo al momento en que vio cómo su expresión caía y desviaba la mirada a otro lado con tal de no verlo más.


"Lo lamento" dijo esta vez con señas, sintiendo que de ese modo sería más fácil que lo notara. Era como que la palabra lo siento era la que más usaba desde que lo conocía.


"Está bien" señalizó antes de tomar la pizarra de su agarre y escribir "No soy de sonreír mucho"


"Yo tampoco" respondió el alto, recibiendo una mirada incrédula de su parte, haciéndolo reír un poco antes de escribir "atrapado". El bajo hizo una mueca con sus labios cuando volvieron a quedar en silencio y paseó la mirada a su alrededor como si estuviera pensando en algo, antes de lanzar un suspiro y sacar el celular de su bolsillo para mostrárselo algo apenado.


-¿Mmh? ¿La hora? ¿Ya debes irte? -trató de modular de forma que pueda ser leido, y funcionó porque el joven negó con la cabeza antes de desbloquear su celular y teclear en el a una velocidad que a Chanyeol le sorprendió por completo.


"¿Quieres intercambiar números? Se me hace más fácil comunicarme de esta forma, la pizarra está bien pero es algo trabajoso"


-¡Si! ¡Si quiero! -exclamó casi al instante en que terminó de leerlo, asintiendo de forma exagerada para dar a entender su punto, antes de sacar su propio celular y abrir la aplicación de kakao para escanear el código qr de su cuenta.


Sonrió con felicidad cuando encontró su contacto y se recostó en el respaldo de la silla para mandar un mensaje "¿De quién es el perro de tu foto?" fue lo primero que envió, viendo cómo el chico sonreía también y lo imitaba para acomodarse en su lugar.


Es así cómo esa tarde se quedaron hasta las nueve de la noche afuera en la terraza con el viento de invierno abrazándolos como una manta y compartiendo risitas y mensajes mientras hablaban sobre cosas superficiales pero divertidas conociéndose un poco más. Había descubierto que tenía dieciseis años e iba al instituto Huncheol, famoso por ser de las escuelas más difíciles de entrar, no cualquiera asistía a aquella secundaria y es que tenían un exámen de ingreso como si fuera la mismísima universidad que era de los más difíciles y muy pocos lo pasaban. Sin embargo, él lo logró, y no se sentía para nada importante por ello, cuando lo miró sorprendido y empezó a decir lo inteligente e increíble que eso era el bajo solo sacudió la cabeza y dijo que no, solo es lo que debía hacer antes de desviar el tema hacía quién era el chico con el que estaba en su foto de perfil.


Otra cosa que descubrió del chico que por tanto tiempo había sido un misterio, y todavía seguía siendo, era que solía tener un perro llamado Myeong y le gustaban los rompecabezas, no hablaron mucho en profundidad pero si hicieron varias bromas y compartieron datos importantes de cada uno durante unas cuantas horas. Para cuando llegó momento de que tengan que volver a sus casas, bajaron por el ascensor riendo por mensajes y lo dejó frente a su puerta con una amplia sonrisa.


"Nos vemos mañana, siete am" escribió "Creo que mi madre me regañará por no haber avisado dónde estaba"


"Espero que lo haga" respondió simplemente, arrugando la nariz antes de quitarse el abrigo que le habia prestado y tendérselo "Gracias por eso, de todos modos creo que tendré un resfriado", el pelinegro rió e hizo la seña de "lo siento" en su dirección antes de recibir otro mensaje de su parte "parece ser la única palabra en señas que te sale bien" bromeó, mostrándole una sonrisa antes de abrir la puerta de entrada y saludar con su mano.


Esa misma noche su madre realmente lo regañó feo al haber estado preocupada y se entristeció al saber que Baekhyun no podría escucharlo del otro lado de la pared, sin embargo tomó una ducha, cenó con su familia en un silencio incómodo y luego se fue a su habitación para finalmente poder decirle "Tus deseos son órdenes, mi madre me regañó" antes de quedarse hasta la madrugada hablando por mensajes.



Cuando imaginó cómo sería tener de amigo a Baekhyun antes de siquiera conocerlo por completo jamás creyó que sería tan divertido. El chico lucía todo misterioso y callado y completamente sombrío todo el tiempo, mas cuando llegabas a hablarle y comunicarte de la forma correcta era absolutamente gracioso, algo sarcástico e incluso totalmente tierno. Si, esa era una buena combinación y estaba en Byun Baekhyun, el chico de la puerta del final del pasillo.


Luego de aquella noche en la que hablaron y pudieron sentirse un poco más cómodos con la presencia del otro, esos encuentros y los mensajes no pararon, de hecho fueron en aumento con cada día que pasaba y ninguno de los dos podía realmente creerlo por completo. Hablaban día y noche, de todo y de nada a la vez y se juntaban en la terraza del edificio con mantas y bebidas para seguir hablando sobre la vida mientras se veían a los rostros. El clic fue demasiado rápido y no podía creer cómo es que en un inicio había sido tan lento.


Había sentido que esos dos meses en los que no lograba acercarse al chico de cabello blanco pasaron de manera tortuosa y ahora entendía porqué. Hablar con Baekhyun se sentía tan natural, como si lo hubiera estado haciendo toda su vida y no solo el último mes, su mejor amigo decía que estaba totalmente enamorado de él y que daba asco, pero Chanyeol no podía pensar en otra cosa que en asegurarse que no lo agarren en medio de la clase mensajeándose con su vecino, comentando cosas graciosas e imaginando su risa cuando decía algo que sabía que lo haría reír.


Además, realmente se estaba esforzando por aprender la lengua de señas, sabiendo que de ese modo sería mucho más fácil para Baekhyun comunicarse, sus dedos siempre terminaban doliendo para el final del día y sus manos se cansaban un poco por teclear tanto en la pantalla. Era algo difícil de aprender pero se anotó a un curso online donde le estaban enseñando realmente bien y de vez en cuando le demostraba lo que había aprendido, con tal de que le corrija las cosas que no recordaba bien.


Le gustaba pasar tiempo con él, de verdad y no como una tonta obsesión de las que hablaba Sehun, esta vez era diferente y es que había pasado más de un mes y no sentía como que iba a cansarse en ningún momento cercano, no podía hacerlo porque esta vez iba en serio.


Había conocido tantas facetas nuevas de él todo ese último tiempo, sus citas, como Sehun solía llamarlas, solían ser horas de ellos dos simplemente hablando sobre la vida y gracias e llos descubrió que su color preferido era el verde y su estación favorita del año el otoño, sabía que le gustaba mucho leer y no era un gran fan de los videojuegos pero solía pintar flores cuando estaba aburrido. También habían hablado de sus recuerdos más vergonzosos y qué era a lo que aspiraban para sus vidas, sabía que solía temerle a la oscuridad hasta que su madre lo obligó a dormir por su cuenta a los ocho años y se acostumbró a ella e incluso que su padre los había abandonado cuando tenía tan solo dos años.


Sabía tantos detalles de él y de su vida privada que sentía cómo cada uno de ellos formaban parte también de la suya repentinamente, como cuando veía una flor bonita por la calle y se detenía a sacarle una foto para enviársela y decirle que debía intentar dibujarla o que cualquier cosa con el color verde le recordara a él.


Cuando pasaban tiempo juntos podían hablar de cualquier cosa y esa era una gran primera vez para el pelinegro, quien ni siquiera a su mejor amigo de toda la vida podría contarle que de hecho le tenía mucho miedo al fracaso y a no cumplir con las expectativas de la gente, Baekhyun le entendía cuando le contaba sus miedos y le daba consejos que tomaba muy en serio porque parecían muy sabios.


Una tarde de sábado incluso conoció a su madre, la cual parecía ser una mujer muy trabajadora pero demasiado agotada como para siquiera quedarse de pie más de cinco minutos de corrido. Era dulce y lo invitó a tomar el té algún día en la semana, después de decirle que le parecía increíble que su hijo tenga al menos un amigo y deje de ser tan solitario. Él rió y se burló del peliblanco durante toda la tarde, pero en realidad se había sentido realmente feliz de escuchar las palabras de su madre dándole el visto bueno para estar a su lado.


Podría decirse que el alto caía estúpidamente rápido, pero en ese momento nada de eso importaba porque estaba cayendo por Byun Baekhyun por segunda vez y sabía que valdría la pena.


"Estoy afuera." envió el mensaje cuando se detuvo del otro lado del gran y elegante mural, viendo la enorme institución a lo lejos.


"Ya casi termino, espérame." recibió casi al instante y envió un bonito sticker antes de guardar el celular en su bolsillo y apoyarse en uno de los faros para esperar por el joven de cabello blanco.


Aquella tarde el chico finalmente le había permitido que lo vaya a buscar luego de insistir demasiado con que quería llevarlo a un lugar, por algún motivo siempre rechazaba su oferta diciendo que podrían verse en el edificio, más algo cambió en todo ese tiempo y allí se encontraba, con sus dedos cosquilleando de la emoción.


Cuando lo vio a lo lejos luego de unos cuantos minutos, se irguió en su lugar y dio dos pasos la frente para esperarlo con una amplia sonrisa. El joven se acercaba a pasos rápidos, su mirada pasando a su alrededor en su búsqueda sólo para que su expresión brille una vez que lo encontró.


Levantó una mano para saludar y compartieron una sonrisa mientras el bajito apretaba las correas de su mochila y casi corría a su encuentro, deteniéndose frente a él.


"Hola." señaló, recibiendo un mismo saludo de su parte "Te ves bonito hoy."


"¿Te enseñaron eso hoy?" respondió con diversión, moviendo sus manos lentamente y modulando al mismo tiempo para que sea más fácil de entender.


"No te lo diré." guiñó un ojo, notando como sus mejillas de sonrojaban un poco cuando una ola de viento frío los envolvió de repente. "Vamos antes que haga más frío." señaló antes de que empiecen a caminar en un silencio cómodo por las calles.


Era la primera vez que salían de lo que era su zona de comfort, el edificio, y aunque creyó que sería algo incómodo porque jamás habían salido juntos, se encontró disfrutando de su presencia y del sentimiento de estar caminando a su lado. Se sentía como si de repente todo fuera mucho más serio, estaban en la vida real y cualquiera podría verlos y pensar que tal vez eran algo más.


Le gustaba.


-Mira, traje fresas -dijo esa misma tarde cuando se sentaron sobre una manta bajo el sol mientras el alto sacaba los alimentos que había preparado esa mañana de la mochila.


Le mostró la caja con bonitas fresas que eligió una a una cuando las vio y recordó lo mucho que al chico le gustaban. Él abrió sus ojos con alegría y tomó la caja de sus manos para abrirla y verlas de cerca.


-Son para ti -señaló, con una venia.


"¿En serio?"


Asintió con la cabeza y se felicitó a sí mismo cuando la expresión en su rostro era de completa felicidad mientras agradecía antes de tomar una con sus bonitos dedos delicados para darle un mordisco.


Hace ya un tiempo tenía ganas de hacer un picnic con él, siempre habia sido su sueño el conocer a alguien especial y hacer algo tan bonito como el preparar toda una comida para sentarse junto al río Han y pasar un buen rato solo ellos dos. Y finalmente encontró con quien quería hacerlo y no podía estar más contento por ello.


El día afortunadamente estaba realmente hermoso, por más que la brisa sea fría el sol brillaba sobre ellos y los calentaba un poco mientras charlaban y comían las diferentes frutas cortadas en perfectos cubos y los snacks que su madre le enseñó a hacer. Baekhyun le contaba sobre su día en el instituto mientras Chanyeol admiraba como sus labios más rojos de lo normal gracias a las fresas se movían y cómo sus ojos brillaban bajo los rayos del sol, haciendo que luzcan aún más dulces.


"Lo siento, ¿fui muy rápido?" detuvo el movimiento de sus manos mirándolo algo preocupado cuando notó que el algo se encontraba algo perdido.


-¿Eh? -se sorprendió al ser atrapado, negando rápidamente con la cabeza y forzando una risita entre dientes-. No, estaba bien, solo estaba mirándote. Realmente luces bonito hoy.


A pesar de no haber hecho las señas para acompañar lo que estaba diciendo, de algún modo Baekhyun lo entendió perfectamente y desvió la mirada a un costado, tratando de evitar que el adolescente pudiera ver su rostro sonrojado.


Para el peliblanco todavía todo aquello era realmente extraño, habían pasado aproximadamente ocho años desde la última vez que había tenido un amigo y de hecho ni siquiera se acercaba a lo que tenía ahora con aquel vecino guapo que había conocido hace unos meses.


La primera vez que lo vio había sido cuando acompañó a su madre a visitar el departamento al que estarían mudándose meses después de que su abuela, una mujer a la que apenas vio unas cuantas veces cuando todavía era un niño, falleciera. Recuerda estar algo incómodo con la cantidad de pisos que el edificio tenía y toda la gente entrando y saliendo, no quería mudarse, quería quedarse en su casa a las afueras de la ciudad donde el ambiente era más limpio y había menos ruido. Pero había sido aceptado para entrar a un buen instituto en el centro de Seúl y su madre consiguió un trabajo en el hospital central y sabía que a pesar de no querer, debía hacerlo.


"Verás cómo haremos de este un hogar, cariño. Tendrás espacio para invitar a tus amigos" había dicho cuando se encontraron en el centro del departamento con todos los muebles y decoraciones de una persona a la que no conocía.


Amigos. Él no tenía de esos hace años, pero su madre parecía no estar al tanto de ello y él sólo no lo corregía porque no quería que se sintiera mal por tener que dejarlo solo por su cuenta cuando trabajaba casi las veinticuatro horas del día, toda la semana. Entonces solo sonreía como si la idea de conseguir amigos le agradara por completo y ambos podían vivir tranquilos.


Fue cuando empezaba a pensar que quería irse lo antes posible mientras caminaba cerca de la puerta con tal de hacerle una seña a su madre para indicarle que esperaría afuera que notó un movimiento por su campo de visión en el pasillo.


Sostuvo la puerta con una de sus manos y asomó la cabeza para espiar un poco en su dirección, encontrándose con un joven demasiado alto para su gusto que tenía una gran sonrisa en su rostro, haciendo que sus ojos casi desaparezcan mientras parecía estar diciendo algo moviendo demasiado sus manos. Rodó un poco los ojos al ver el reloj en su muñeca y cuando estaba a punto de alejarse para esperar a que se vaya antes de salir, otro movimiento llamó su atención.


Detrás de él, apareció otro chico más, éste era un pelinegro aún más alto que el anterior con una sonrisa juguetona en su rostro mientras parecía gritar algo en dirección al interior de la casa antes de cerrar la puerta y tirar la cabeza hacia atrás para lanzar una risa.


Tenía dientes bonitos y la nuez en su garganta se movió de forma apuesta mientras se tiraba sobre el otro joven para golpearlo un poco. Parecían ser simples adolescentes, vestido con ropas descuidadas y cabellos desordenados al correr hacia el ascensor, siendo regañados en el camino por un vecino que justo salía.


Esa había sido la primera vez que lo había visto desde lejos y pensó que parecía una de las personas de las que solía mantenerse alejado porque no tenía nada en común pero cuando la siguiente vez que lo vio lo ayudó con la puerta y vio esa hermosa sonrisa de cerca, supo que debía mantenerse alejado por su propio bien.


Era un muchacho realmente hermoso y parecía ser simpático tambien, en las siguientes semanas se encontró mirándolo de reojo en el pasillo y notaba como la gente a su alrededor lo saludaba como si fueran grandes amigos, en ningún momento mostrando una expresión que pareciera falsa o malvada. Los días fueron pasando y no podía evitar mirar la puerta en la que había descubierto que vivía con algo de curiosidad, preguntándose cuando sería la próxima vez que lo vería.


Hasta que sucedió, todas las mañanas por unas cuantas semanas, caminaron a la par hacia el ascensor y esa era la mejor parte de su día. A veces podía sentirlo mirándolo y hasta lo captaba moviendo sus labios al estar hablándole pero era demasiado tímido y asustadizo como para admitir frente a un desconocido que de hecho no podía escucharlo ya que era sordo. No quería que esa interacción terminara, por primera vez se sentía bien compartiendo esos pequeños y fugaces momentos torpes a su lado, el sentir su presencia ya era suficiente y no quería que se alejara como todos los demás cuando describrian su condición.


Entendía que era difícil de asimilar, no los culpaba, pero no quería que sucediera lo mismo con él, su vecino del 5to B.


Esto hasta que no tuvo de otra que mostrarle de alguna forma los audífonos que usaba aunque no lo ayudaban para nada, su madre se los regaló cuando cumplió los doce años cuando uno de los doctores que visitó dijo que había una pequeña posibilidad de que eso ayude con tal de quitarle una enorme cantidad de dinero que no tenían. La mujer trabajó demasiado para conseguirle los audífonos y él no tuvo el corazón para decirle que sus esfuerzos habían sido en vano porque había perdido la audición por completo dos años antes de ello. Él se había resignado ante el hecho de que sería sordo para toda la vida, pero su madre parecía jamás perder la esperanza e incluso trabajar de más con tal de llevarlo a todos los doctores posibles para que encuentren una forma de ayudarlo.


De todos modos, aquel chico ni siquiera parecía ser consciente de lo que estaba mostrándole y lo descubrió unos días después, cuando le mostró sus propios auriculares con una sonrisa, haciendo que quisiera reír por lo inocente e ingenuo que se veía tratando de ser amable.


Jamás creyó que ese muchacho que tenía todo el físico para ser una de esas personas que solían molestarlo en su anterior colegio, sería en verdad una gran masita dulce que no se rindió con él y, de hecho, hasta aprendió lengua de señas y se la rebuscó para acercarse y hacer que la comunicación sea posible a pesar de lo que él siempre creyó que era una enorme traba.


Nunca pensó que llegaría el día en que se sintiera por primera vez como una persona común, justo como cualquier otra. Sin embargo allí estaba Chanyeol, quien entró en su vida a alegrarla con su sonrisa brillante y su personalidad tan increíble para hacerle creer en sí mismo y hacerle sentir que realmente no había nada malo en él.


Si le dijeran hace un año que en ese momento se encontraría allí en un parque haciendo un picnic junto a la persona que rápidamente se había convertido en su favorita, no lo hubiera creído. Pero era real, demasiado, y no sabía cómo reaccionar al respecto.


Si bien creía que Chanyeol era una persona hermosa, por fuera y por dentro, desde el primer momento en que lo vio, no esperaba sentirse de la forma en que lo había estado haciendo el último tiempo. Empezó a ser demasiado consciente de sí mismo cuando estaba a su alrededor, como de la forma en que lo miraba y los comentarios lindos que le hacía de una manera tan casual y sincera.


Su corazón no podía evitar dar un salto en su pecho cada vez que sus ojos se posicionaban en sus labios y se sentía estúpido porque sabía que de seguro solo estaba tratando de entender lo que estaba diciendo, pero a pesar de ponerse completamente nervioso por eso, de algún modo también le gustaba.


Tener su atención lo hacía sentir especial y no quería pensar demasiado en lo que estaba sintiendo porque no tenía intención de arruinar lo que tenía por primera vez.


"¿Sabes? Me gusta tu compañía." dijo una noche en donde estaban recostados en sus sillas en la azotea del edificio, las pocas estrellas en el cielo alumbrándolos.


"Eso me alivia, hace meses que venimos saliendo, sería triste si en verdad no te gustara mi compañía." respondió con una risita, sintiendo las conocidas cosquillas que empezaban en su interior cada vez que recibía algún tipo de cumplido de su parte.


"Espera." el pelinegro se sentó abruptamente en su lugar y giró a mirarlo desde su lugar con sus ojos brillando bajo la luz de la luna.


-¿Estamos aloeomdo?


"¿Qué?" preguntó en señas, mirándolo con un ceño fruncido cuando no fue capaz de entender la forma en que sus labios se movieron.


Se sentó también y entrecerró los ojos en su dirección mientras señalaba "No llegué a leerte" antes de mostrarle su celular para indicarle que lo escriba.


Sintió como su mirada recorría su rostro deteniéndose unos segundos en sus labios antes de volver a sus ojos y sacudir la cabeza.


"No es nada." dijo con señas antes de volver a acostarse para ver el cielo llevando un brazo a sus ojos para cubrirse.


Baekhyun frunció el ceño sintiéndose algo raro por lo que acababa de suceder, sin embargo lo imitó al acostarse en su lugar pero a diferencia de él, éste acomodó su rostro para poder mirarlo desde donde estaba, admirando la forma en que el músculo tenso en su brazo se flexionaba sobre sus ojos y como su pecho se movía de arriba a abajo con su respiración.


Solía creer que estaría bien siempre y cuando pudieran mantenerse de esa forma, no necesitaba nada más que eso que existía entre ellos, la complicidad, la comodidad y la confianza, nada podía ser mejor que eso.


Fue una tarde antes de que la primavera empiece que descubrió lo equivocado que estaba.


"¿Alguna vez alguien se te ha declarado?" había enviado el pelinegro antes de mover un peón negro una casilla.


"¿Declarado qué?" respondió pensando en qué ficha mover.


"Ya sabes, ¿alguien confesó su amor por ti?" cuando leyó el mensaje luego de mover un caballo, dirigió la mirada a su rostro tratando de descifrar si había una razón oculta tras la pregunta.


Pero el pelinegro solo lo ignoró mientras analizaba cuál sería su siguiente movimiento.


"No, nunca."


Pensó unos segundos pero bajó el celular cuando no se animó a preguntar por él, si alguna vez le había sucedido.


"¿En serio?"


"¿Te sorprende?" preguntó con señas cuando el chico lo miró con sus cejas elevadas "No sé por qué lo hace, no es extraño"


-Bueno... -relamió sus labios y volvió a bajar al celular mientras Baekhyun se removia en su lugar, tratando de pensar en que mover cuando estaba demasiado ansioso por ver su respuesta.


"Claro que me sorprende, eres lindo e inteligente, ¿no son esos los que obtienen la mayor cantidad de citas en tu colegio?"


Frunció el ceño ante lo tonto que eso sonaba y rió un poco sacudiendo la cabeza en su dirección antes de mover una ficha y eliminar uno de los peones del más alto.


"Si estuviera en tu escuela tendría un gran flechazo contigo. No podría evitar pensar que eres mi tipo totalmente." siguió y el bajito sintió que su garganta quedaba seca al leer sus palabras y notar la sonrisa divertida en su rostro.


¿Qué podría decir ante eso? ¿Realmente creía que era bonito o solo estaba bromeando? No estaba seguro y tampoco sabía si quería descubrirlo.


"Deja de bromear, apuesto a que tu si has tenido una cantidad de confesiones." no pudo evitar decir, tratando de ocultar sus mejillas rosadas y maldiciendo al darse cuenta que realmente no quería saber nada al respecto.


"En verdad no, un par de personas lo han hecho pero nadie que me interese." se encogió de hombros "Entonces... ¿Eso significa que no has besado a nadie?"


Su corazón se detuvo cuando leyó aquella pregunta en la que estaba tratando de no pensar cada vez que veía los labios de su amigo al tratar de leerlos o cuando pensaba que no lo estaba viendo.


"¿Acaso importa?"


"Solo estoy curioso, somos amigos ¿cierto? Podría ayudarte con eso."


"¿Ayudarme cómo?" elevó una ceja, sintiendo como los nervios empezaban a subir por su estómago y clavó la mirada en el escribiendo que aparecía en la pantalla.


"Bueno, te diría si tu me das una respuesta a mi pregunta."


¡Claro que nunca nadie lo había besado! Acababa de decir que ni siquiera le habían confesado haber estado enamorados de él, ¿como podía creer que a pesar de eso tal vez tenía algún tipo de experiencia en el tema? ¿Acaso no notaba la forma extraña que tenía de comportarse cada vez que sus manos se rozaban o cuando las miradas eran demasiado intensas como para soportarlas?


Demonios, claramente actuaba como todo un inexperto incluso como para ser amigos. Sin embargo allí estaba, mirándolo con curiosidad, su pie rebotando contra el suelo mientras esperaba por una respuesta.


Respuesta que tardó en llegar ya que Baekhyun no sabía qué responder al respecto, ¿debería tan solo decir la verdad y actuar de forma despreocupada o mentir para que la amistad siga su curso de manera sana?


"No he besado a nadie." hizo las señas, sintiéndose demasiado tímido como para expresar esas palabras en texto.


-No sé qué dijiste, pero entendí que esto es no -repitió la seña-, y esto, beso -y entonces se acercó a él sobresaltándolo por completo y riendo bajito mientras apoyaba una mano en su rodilla, sus narices se rozaban y el peliblanco casi que pegó el mentón a su pecho para mirarlo bajo sus pestañas sintiendo su corazón acelerado y sus manos temblorosas.


Todo su cuerpo se encontraba tenso y la mano en su rodilla se sentía demasiado caliente, quiso mirar a otro lado sin ser capaz de aguantar sus ojos, pero su mano apretó su pierna para llamar su atención y no pudo evitar volver a él.


Nunca había visto sus ojos desde esa cercanía, eran grandes y bonitos, de un marrón oscuro que todo ese tiempo había creído eran negros. Tenía pestañas largas y su piel realmente se veía bonita, se preguntaba si tendrá otra oportunidad para verlo desde ese lugar, por lo que pasó la mirada por cada lunar y detalle que podía encontrar por el cual caía aún más.


Volvió a sentir el agarre más presionado en su pierna y guió la mirada a sus labios para tratar de leerlos.


-¿Quieres rondelarlo? -frunció el ceño confundido al no entender y ladeó la cabeza, entrecerrando los ojos en su dirección cuando el chico lo repitió dos veces más sin éxito, si no se distraía porque no entendía las palabras lo hacía porque sus labios se veían realmente bien dando tantas vueltas.


Eran momentos como esos en los que odiaba no poder escuchar, se preguntaba a menudo cómo sonaría su voz y que tanto su risa se metería en su interior para quedarse retumbando en su cabeza, odiaba no ser capaz de escucharlo pero cuando sintió la mano del alto dejar su agarre para luego apoyar la yema de su dedo índice en su muslo para trazar las palabras en el.


"¿Quieres"


Cada toque en su pierna se sentía más caliente que el anterior, una bola de cosquillas subiendo por la planta de su pie hasta donde estaba rozando con su dedo. Tenía manos bonitas también, un anillo adornando uno de sus largos dedos varoniles, en un inicio creyó que solo estaba algo celoso de lo bien que se veían sus manos siendo que las suyas eran demasiado delicadas para su gusto, hasta que descubrió que no era nada por el estilo.


Quería tener sus manos, pero agarradas a las suyas.


"Intentarlo?"


Baekhyun tragó en seco cuando la frase fue completada y se quedó mirando el anillo plateado en su mano, sintiéndose demasiado tímido y miedoso de levantar la mirada y encontrarse con una expresión burlona. Estaba asustado de lo que iba a encontrar, pero el alto posó su otra mano bajo su mentón para levantarlo y hacer que lo mire.


-¿Entendiste? -preguntó moviendo sus labios de manera lenta para modular de forma fácil.


El bajito mordisqueó su labio inferior y finalmente volvió a mirar sus ojos, encontrándose en que éstos estaban también cubiertos de miedo y ansiedad. Entonces pensó, ¿es este su primer beso también? ¿Está sintiendo lo mismo que él?


Es entonces que se decidió, de algún modo encontró alguna clase de valentía dentro suyo y bajó las manos temblorosas hacia las más grandes de su vecino y la sostuvo entre ellas, antes de mover las pestañas en su dirección y, relamiendo sus labios con miedo de tenerlos secos, movió su cabeza en un pequeño asentimiento.


"Quiero." trazó en la piel del dorso de su mano, mirándolo a los ojos y no hizo falta más, porque incluso antes de que siquiera pueda pensarlo, ya tenía los labios de su amigo presionándose contra los suyos.


No recuerda qué es lo que pensaba sobre besarse con alguien antes de incluso haberlo hecho, pero jamás pensó que, a pesar de que sus dientes chocaron y no sabía muy bien qué hacer con su lengua o por cuánto tiempo mantener sus labios pegados antes de cambiar de dirección, se sentiría tan bien.


Esa primera vez realmente había sido desastrosa, sus cuerpos estaban demasiado tensos y sus labios algo rígidos, sus narices chocaron un poco y para cuando se separaron y se miraron a los ojos, lanzaron una gran carcajada sabiendo muy bien que había sido un gran desastre. Solo para que luego Chanyeol confiese que jamás lo había hecho y busque en internet por un tutorial que vieron juntos antes de pasar toda la tarde intentando recrearlo entre risas y besos húmedos.


Las semanas pasaron y la primavera había llegado, y con ella el sentimiendo de plenitud que inundaba al par de amigos cada momento que estaban juntos. Siguieron con su bonita costumbre de citas en la azotea donde perdían la noción del tiempo besándose, comiendo y hablando sobre todo y nada a la vez hasta que el celular del más alto sonaba en su bolsillo con cinco llamadas perdidas de su madre quien insistía en que baje a cenar.


Baekhyun siempre era invitado, pero lo rechazaba cada vez diciendo que comería algo por su cuenta antes de ser atacado por los labios del pelinegro, con quien pasaría media hora más hasta que finalmente pudieran separarse para dirigirse a sus casas y saludarse con un rápido beso antes de seguir la conversación cada uno desde su cama hasta muy temprano en la madrugada.


Con el tiempo las cosas iban subiendo de tono y los límites que se supone debería existir en una amistad se iban desdibujando cada vez más, y es que ninguno de los dos sabía con certeza en qué se estaban metiendo, solo eran conscientes de que se sentía realmente bien y no parecían tener siquiera el interés de detenerlo.


Era rico, como había soltado el peliblanco una tarde cuando el más alto preguntó qué tal había sido luego de un par de intentos recibiendo una risa y una expresión sonrojada de su parte antes de que vuelva a besarlo, era completamente agradable para ambos y a pesar de que en un momento las cosas se sentían realmente confusas al no ser capaces de poner en palabras lo que estaba sucediendo, en verdad ni siquiera tocaban el tema de ¿está bien lo que hacemos? o ¿por cuanto tiempo más funcionará esto antes de que se arruine todo? porque se encontraban enfocados en otras cosas.


Una de ellas siendo las dulces caricias que Chanyeol, con sus grandes y masculinas manos, dejaba en las mejillas del más bajo todo el tiempo mientras lo besaba, descubriendo que era algo que le gustaba, o la forma en que sus labios al final del día solían quedar rojos y algo hinchados, siendo que el pelinegro los mordía solo un poco como para ser capaz de escuchar los débiles sonidos que salían de su boca que apenas si eran perceptibles pero que desde el primer momento en que lo escuchó sin querer, se encontró disfrutándolo más de lo que podría admitir.


Baekhyun sentía que estaba viviendo en un sueño, o tal vez en un mundo paralelo al suyo donde era un adolescente común y corriente como cualquier otro que podía imaginarse a sí mismo empezando una relación con un chico malditamente caliente y atento como Chanyeol, quien siempre buscaba que se sintiera cómodo y de acuerdo con lo que estaban haciendo. Nunca, en ningún momento lo hizo sentir presionado por algo y se amoldó a su ritmo que poco a poco subió varios decibeles como para rozar sus cuerpos aún vestidos.


Sin embargo, todo era realmente irreal para él y empezaba a dudar si podría siquiera algo serlo. A fin de cuentas no estaba soñando y no estaba en otro mundo, estaba aquí, en el planeta Tierra siendo un tonto joven que solo sabía estudiar y no podía escuchar como para poder creer que algo así podría significar más para alguien como Chanyeol.


Era la primera vez que se encontraba en una situación como esta y se daba cuenta que a pesar de que le gustara en demasía, también lo asustaba hasta la médula.


Si, su corazón se sentía como si fuera a explotar de todos los sentimientos que estaba guardando en el cada vez que pensaba en su vecino del 5to B pero creía que sería mejor esperar a que pase la explosión antes de arriesgarse a morir por un desamor. Chanyeol jamás hablaba sobre amor, solía decir que era hermoso, le daba los besos más dulces y tocaba todos sus lugares correctos, pero a la vez la palabra amigo salía de vez en cuando de entre sus labios y eso lo dejaba algo confundido.


¿Es así como trataba él a sus amigos? ¿Acaso también hacía eso con Sehun? El chico era su mejor amigo, lo cual era incluso aún más importante que él, entonces ¿hasta qué punto habrán llegado?


Un nudo en su garganta y una presión en el pecho se formaban cada vez que ese pensamiento se instalaba en su cabeza, y solo podía enojarse consigo mismo porque no había a quién culpar más que a él por ser quien formaba esos escenarios en su mente. El pelinegro se había metido tan rápidamente en su corazón y en su vida que odiaba sentirse de esa forma pero a la misma vez lo agradecía cuando sus labios se juntaban y sus cuerpos se tocaban.


Estaba tan asustado, y no solo por el qué podría llegar a opinar Chanyeol, sino que porque no creía estar preparado para enfrentar sus propios sentimientos y la situación. Nunca había tenido un novio y tampoco nunca creyó que tendría uno, entonces se le hacía realmente difícil pensar en que alguien corresponda sus sentimientos.


Por esa razón, aunque por dentro estaba hecho todo un manojo de nervios e inseguridades, por fuera solo mostraba la sonrisa que sabía que a Chanyeol tanto le gustaba y se dejaba llevar por el movimiento de sus cuerpos, fluyendo y tratando de no pensar demasiado.


Chanyeol, por su parte, se sentía la persona más feliz de todo el universo. Paseaba por los pasillos de la escuela con el mentón en alto y una enorme sonrisa que no se desvanecía ni siquiera en los días de exámenes y todos a su alrededor se empezaban a preguntar si finalmente había perdido la cabeza. Y la verdad era que si, la había perdido por completo, todo gracias a un bonito vecino de labios apetecibles que no paraba de enamorarlo.


Si, había descubierto no hace tanto tiempo atrás que estaba completa y profundamente enamorado de Byun Baekhyun y no podía contenerlo más. Todo de él le gustaba, desde su manera de pensar hasta el último cabello de su cabeza, no había absolutamente nada en él que le hiciera rodar los ojos o preguntarse a sí mismo si lo que sentía era real, no necesitaba a nadie que se lo dijera porque él mismo lo sabía de antemano.


Era cien por ciento real y no tenía miedo de admitirlo.


Ya se lo había dicho a su mejor amigo, quien rodó los ojos y dijo un:- Estás enamorado desde el primer día, amigo, eso ya es noticia vieja.


Y tenía en parte razón, tal vez ese primer día se enamoró un poco de él, pero sus sentimientos fueron en crecimiento a medida que el tiempo pasaba y descubría más y más de su persona, encontrándose con alguien que, de tener un tipo, sería el gráfico ejemplo de ello. Todos los sentimientos estaban a punto de estallar justo frente su rostro y no tenía ninguna intención en detenerlo, porque quería que estalle, quería que todo el mundo lo viera, quería que Baekhyun lo viera y le correspondiera.


Quería poder tomar su mano y llevarlo a los lugares más hermosos para que les gane con su belleza, quería hacer las bromas más tontas y decir las cosas más cursis, quería sentir que cada beso era solo suyo, de ambos, algo que nadie más podría tener, quería llamarlo novio y sentirlo suyo, solo suyo.


Y es que estaba a punto de hacerlo, cada momento en que se perdía entre los labios del más bajo y los gemidos ahogados que lanzaba, tenía ganas de abrir su corazón y hacer un hogar allí solo para él, pero entonces se hundía en su mirada y notaba algo en ellos que no había pensado antes. Temor.


Sabía que tenía miedo, podía sentirlo de a ratos, cuando su cuerpo se tensaba y su mirada su quedaba perdida en el horizonte, como si pensamientos dolorosos pasaran por su mente, quería ser capaz se saber qué pensaba y ser quien los ahuyente para solo llenarlo de abrazos y caricias que harían que se olvidara de cada uno de ellos, pero de algún modo debía mantener cierta postura y distancia por si el miedo lo hacia correr.


Pero ya no podía más, sabía que sentía lo mismo, mas solo quedaba romper la última barrera entre ellos con tal de ser felices sin estar preocupándose de si era real o no.


Justo como el primer día en que investigó cómo hacer para acercarse al muchacho viviendo al final del pasillo, el pelinegro se sentó delante de la computadora y, tronando sus dedos, se puso a la búsqueda de diferentes maneras de confesarse ante la persona que le gustaba.


"¿Cómo hacer para confesarle tus sentimientos a tu amigo (el que no escuchaba ruidos fuertes)?"


Publicó en el sitio de preguntas y se detuvo a esperar a que las respuestas llegaran, leyendo unas cuantas y dándose cuenta que no había sentido en siquiera tenerlas comol opción siendo que todas eran realmente estúpidas. Abrió nuevamente el buscador de Google y en su lugar buscó allí por algunas ideas. Así es como pasó toda la semana buscando, anotando y leyendo diferentes formas de confesiones románticas y anécdotas de otra gente deseando en algún momento poder ser él quien cuente con felicidad la manera en que había logrado estar con el chico del que se había enamorado.


Dos semanas pasaron hasta que finalmente el chico del 5to B decidió poner en marcha su plan de confesión con la idea menos cursi que había encontrado online, la cual, por supuesto, incluía unos veinticinco globos y pétalos de rosas.


Era un bonito sábado primaveral a las diez de la mañana cuando Chanyeol, sentado en el suelo de la terraza junto a su mejor amigo inflaban globos con sus propios alientos, empezando a sentir sus labios secos y sus gargantas rasposas.


-Maldita sea, ¿no podías solo comprar un maldito inflador? -se quejó Sehun mientras ataba el globo que acababa de inflar, relamiendo sus labios y tomando un sorbo de agua cuando terminó.


-Yah, no se me había ocurrido, nadie habló de que debía inflarlos por mi cuenta. Cuando los pedí por internet creí que vendrían ya inflados.


-¿Estás bromeando?


El chico solo se encogió de hombros y ató el globo a un cordón para luego atarlo a una roca y dejarlo a un lado con un suspiro, notando la gran cantidad de globos que todavía faltaba.


-¿Crees que dirá que si?


-¿Baekhyun? -el pelinegro asintió-. Estás haciendo todo esto porque se supone que dirá que si, ¿verdad? No te arriesgarías si supieras que te rechazaría.


-Bueno, ya lo he hecho.


-Y de todos modos salió bien, míranos ahora, inflando estúpidos globos de corazones -señaló, antes de pasarle la botella y tomar un nuevo globo para empezar a soplar-. Después de esto quiero conocerlo, tengo que ver el rostro de la persona que me tiene como esclavo en este momento.


-Lo conocerás, tenlo por seguro. Solo es algo tímido con gente extraña.


-Bien, tendrá que acostumbrarse a mi presencia una vez que sean novios, somos un paquete.


-Lo somos -chocó sus hombros y sonrió en su dirección al verlo rodar los ojos.


-Apúrate e infla ese globo, tenemos muchas cosas por hacer.



No podía ser cierto.


Faltaban solo diez minutos para que el peliblanco suba a la terraza a la hora acordada y todo se estaba yendo al demonio.


Luego de haber pasado cinco largas horas con su mejor amigo arreglando todo para que la azotea quede bonita con pequeñas luces colgando, globos con forma de corazón rojo por todos lados y un gran corazón en el piso hecho de pétalos de rosas con el cartel de "¿Quieres ser mi novio?" mientras en un costado habían preparado una bonita mesa con mantel, platos y copas elegantes para merendar con fresas, batidos y galletas dulces que tanto le gustaban al más bajo.


Todo estaba perfectamente planeado, todo menos el maldito clima en Seúl.


Había estado toda la semana con un clima bastante estable, el sol brillaba desde las seis de la mañana y ni una nube se encontraba en el cielo, lo único que podía llegar a molestar era la fría brisa que aparecía en la noche pero aún así todo era perfecto. Eligió estratégicamente esa tarde sabiendo que hasta el miércoles de la semana siguiente no estaba pronosticado lluvia, o eso creía.


¿Cuáles eran las probabilidades de que de toda la semana, el día que justo elegía como indicado para demostrar sus sentimientos sea justo el día en que el cielo pareciera querer caerse a pedazos?


Las nubes grises habían aparecido hace tan solo una hora pero iban y venían, amagando con arruinar la tarde pero el chico deseaba que por milagro de la vida éstas desaparezcan y dejen a la vista el sol que había estado sonriéndole toda la semana. Sin embargo, ninguna de sus plegarias al cielo hizo efecto positivo, en su lugar éste oscureció aún más y empezó a soplar un fuerte viento que estaba amenazando con arruinar todo lo que había construido.


Corrió al corazón de pétalos y trató de volver a ponerlos en su lugar cuando un viento voló un par y sacó el celular de sus bolsillos para mandarle un mensaje a Baekhyun diciendo si podría aparecer más tarde, pero la conexión era mala y el mensaje no se enviaba, haciendo que el chico gruña al ver que faltaban pocos minutos y todo estaba desarmado.


No podía dejar que vea todo de ese modo, se suponía ese día iba a ser perfecto, tal como lo imaginaba pero, como siempre, el universo no parecía querer colaborar con él, era como si le cayera mal o algo por el estilo. En ese mismo momento, como si el universo pudiera escuchar sus pensamientos, una gota cayó en la punta de su nariz, haciendo que se detenga en su lugar para mirar al cielo y sentir otra gota más en su mejilla antes de que miles de gotas caian sobre él y en todo el escenario bonito que había armado, creándole un nudo en la garganta que solo se intensificó cuando escuchó la puerta a sus espaldas abrirse y luego de eso dos pasos.


-¡Espera! ¡Vete! -gritó, a pesar de saber que no podía escucharlo de todos modos.


El sonido de la lluvia cayendo sobre el piso de la azotea y todas las superficies a la vista retumbaba en sus oídos mientras trataba de que los globos no se vuelen con el viento.


-¡Vete! -tomó dos globos con sus manos e hizo una seña con su mano para alejarlo, sin ánimos de ver en su dirección, sintiendo que lloraría de la rabia-. ¡Te mojarás y enfermarás!


Los pétalos de rosas ya estaban esparcidos por todo el piso e incluso volando en el aire y el cartel se había borrado, las palabras ni siquiera podían verse. Podía ver cómo algunos globos ya se encontraban perdidos y el pelinegro solo podía pensar que estaba realmente condenado a la desgracia.


Entonces miró en dirección a la entrada, donde Baekhyun sostenía un paraguas amarillo a un par de metros de distancia con sus grandes ojos curiosos y una pizarra en su otra mano. Vestía una bonita camisa blanca con un lazo rojo en su cuello de volados y un jean negro que parecía ajustarse a todos los lugares correctos, dejando ver unas curvas que solo había sido capaz de notar con sus manos. Su cabello blanco estaba peinado de la misma forma que siempre usaba para ir a clases y usaba unas converse rojas altas.


Estaba allí, parado a unos cuantos pasos de distancia luciendo como un jodido sueño adolescente mientras él se hundía en la miseria, la remera negra que había comprado especialmente para ese momento y su pantalón estaban completamente mojados, podía sentir agua incluso dentro de sus zapatos y su cabello, que había pasado horas arreglando, se había arruinado gracias a la lluvia que se estaba llevando lo único que le interesaba.


Se sentía patético y muy enojado, con él mismo, con la lluvia, con el destino y con su estúpida elección de que sea ese día de entre todos los demás de la semana, incluso del mes o del año.


-Quise mandarte un mensaje, pero por algún motivo mi celular no tiene conexión -habló, moviendo sus manos en señas solo en las palabras que reconocía, agradecido de que no pudiera escuchar cómo su voz se cortaba gracias al llanto atorado en su garganta-. No hace falta que estés aquí, ve a casa. Iré cuando termine de ordenar aquí -señaló, antes de correr para tomar uno de los globos que casi se le escapa de las manos.


La lluvía golpeaba su cuerpo de forma dolorosa con la gran tormenta y sorbió por la nariz cuando sintió un pequeño golpe en su hombro derecho.


-¿Es en serio? ¿Empezará a granizar ahora? ¡Vamos! ¿Por qué no solo terminas con la tortura de una vez por todas? -exclamó al cielo, moviendo los globos en su mano y apretando la mandíbula-. Se suponía que en este momento tendría un novio, maldita sea, y mírame aquí juntando estos estúpidos globos que casi me quitan la vida.


Otro golpe ahora en su espalda baja y frunció el ceño, pareciéndole extraña la zona que habia sido golpeada. Es entonces que asomó la cabeza por sobre su hombro y clavó la mirada en el chico a sus espaldas, quien alzó la pizarra hasta su rostro dejando a la vista solo sus bonitos ojos y Chanyeol leyó con confusión luego de que la mirada del joven le insista para que lo haga.


"Sabes que no puedo saber qué dices si me das la espalda, ¿verdad? ¿Te cuento un secreto? Soy sordo"


El chico suspiró y bajó la mirada antes de girar hacia él y bajar los globos al piso para pararse sobre los hilos que los unían con la intención de mantenerlos en su lugar y que no se escapen. "¿En serio? Juro no se lo contaré a nadie." señaló, una pequeña sonrisa apareciendo en su boca cuando vio sus ojos achinados antes de que borrara lo que decía y escriba nuevamente.


"¿Es el cumpleaños de alguien?" movió los ojos en dirección a los globos bajo sus pies.


-Es muy temprano para bromear sobre esto, ¿sabes? -habló, haciendo señas solo en las palabras que conocía, en el tiempo que llevaban juntos y debido a que últimamente sus manos estaban muy ocupadas como para hablar con señas, habian perfeccionado el leer los labios y era hasta más práctico a veces.


"Lo lamento, ¿llegué en un mal momento?"


-Ugh, no, has llegado en el mejor de los momentos. ¡Mira esto! ¡Sorpresa! -estiró los brazos a sus costados, fingiendo una sonrisa.


"No puedo escuchar, pero puedo percibir un poco de sarcasmo en tu frase."


"Lo lamento." señaló, lanzando un suspiro y desviando la mirada hacia los pétalos volando bajo la lluvia.


"Realmente esa parece ser tu palabra favorita."


-Se suponía que esto sería de otro modo.


"¿Cómo?"


-Tenía una merienda y rosas y hasta globos.


"¿Es el cumpleaños de alguien?"


-En serio es muy temprano para eso, estoy enojado.


"Te ves lindo." hizo señas esta vez, escondiendo una pequeña sonrisa cuando Chanyeol apretó sus labios sintiéndose de repente algo tímido.


-Tú también te ves lindo, ¿alguna razón en especial?


"No lo sé, dímelo tú. ¿Me has invitado a la azotea para verte debajo de la lluvia?"


-¿Y tu has traido un paraguas para burlarte de mi? ¿Qué hay de la pizarra?


"Tenía algunas cosas para decirte." se encogió de hombros.


-¿Y qué estás esperando?


"A que tú me preguntes!!!"


-¿De qué estás hablando?


Baekhyun rodó los ojos y volvió a escribir rápidamente antes de girar la pizarra y señalarla con algo de impaciencia.


"¿Tengo que ser yo quien lo diga?"


Chanyeol rascó su brazo como tic nervioso y frunció el ceño antes de mirar a su alrededor en busca de algo que lo ayude a entender a qué se refería.


"Parque Chancho, me gustas."


En ese momento la lluvia, que empezaba a molestarle los oídos, pasó a segundo plano y sus labios se separaron con sorpresa, podía sentir cómo, a pesar del frío que estaba haciendo, su cuerpo se calentaba desde los pies a las puntas de sus orejas, sin poder creer lo que estaba leyendo.


"Como que, estoy enamorado de ti. Desde hace un tiempo, estaba dudoso si decirlo, pero luego recordé que no hablo, asi que te lo escribo." No pudo contener la risa que salió al leer esa forma tan única y extraña que tenía de hablar sobre su sordera y sacudió la cabeza. "No, en serio, estoy que tiemblo del miedo pero sé que te sientes igual."


-¿Qué te hace creer eso? -respondió, tratando de hacer de cuenta que no le afectaba de la manera en que lo estaba afectando, todo su interior sintiendo caliente y suave, quería gritar y saltar y correr y ¡que se pudra la lluvia! De repente era su favorita de todas.


"La remera que usas con la frase estoy enamorado de Byun Baekhyun en la espalda."


Chanyeol apretó sus ojos con fuerza y bajó la cabeza riendo cuando se dio cuenta que había olvidado por completo que había mandado a hacer esa remera con una a juego que decía "estoy enamorado de Park Chanyeol" para él. Le había parecido divertida la idea y solo mandó a hacerla en un intento de ser positivo en cuando a la cita de ese día.


-Atrapado -levantó los brazos con algo de verguenza, mas sintiendo como su estómago se revolvía con anticipación.


"Supongo que puedo tomar esta como la primera vez que alguien se me declara?"


-Puedes hacerlo, pero yo la tomaré como la unica vez que me importó.


"Entonces, ¿alguna vez haz tenido novio?"


El pelinegro podría jurar que estaba a punto de llorar, y ahora por un motivo completamente diferente. No podía creer cómo aquel día que daba por perdido de repente se estaba convirtiendo en uno aún mejor de lo que había planeado. Y todo por y gracias a Byun Baekhyun.


Apretando sus labios y tragando en seco sintiendo el nudo en su garganta, levantó las manos e hizo la seña de "No.", solo para ver cómo las comisuras de sus labios empezaban a levantarse en una gran sonrisza a la vez que decía con señas esta vez "¿Quieres intentarlo?"


-Oh mi dios -murmuró por lo bajo, dejando salir el aire que tenía atorado en el pecho y sintiendo sus rodillas algo débiles-. Disculpa, no puedo entenderte -jugó, haciendo señas a su oreja con diversión, tratando de evitar que las lágrimas salgan de sus ojos al sentir la felicidad y alivio de que se sintiera de la misma manera.


Baekhyun rió y dejó caer la pizarra de sus manos hacia el suelo junto con el fibrón para luego caminar los pasos que los distanciaban y cubrirlos a ambos con el paraguas amarillo que lo habia mantenido seco todo ese tiempo. Sus pies estaban a solo dos centímentros de distancia y de algún modo Chanyeol podía escuchar su corazón latiendo, temiendo que el chico frente a él pudiera notarlo también. Estaba casi seguro de que estaba por saltar de su pecho en cualquier momento, y es que ansiaba ser rodeado por sus brazos de una vez por todas.


El bajito clavó la mirada en su pecho y levantó una de sus manos para apoyarla en el su lado izquierdo, jadeando un poco al sentir las palpitaciones rápidas, antes de separarla y con un solo dedo trazar líneas imaginarias suavemente sobre su corazón.


"¿Quieres"


Trazó antes de lamer sus labios, hacer una pausa y seguir.


Chanyeol lo miró desde su posición y supo exactamente cuál sería la siguiente palabra, y se preguntó si así de nervioso y ansioso se había sentido él cuando estuvo así de cerca la primera vez que se besaron. Desde arriba podía ver la forma respingada de su nariz y las pestañas largas que habían llamado su atención desde el primer día, cuando todavía ni siquiera se le pasaba por la cabeza siquiera que algo como esto fuera posible.


"intentarlo?"


Al terminar de trazar la palabra, apoyó la palma de su mano contra su pecho y levantó lentamente la cabeza para clavar la mirada impaciente, amable y llena de miedo en él. Esperando por una respuesta de la forma más hermosa que pudiera existir.


Miel, habia dicho una vez que era a lo que se asimilaban sus ojos. Pero se habia equivocado.


Sus ojos eran lo más parecido al amor que alguna vez haya encontrado.


Levantó ambas manos en dirección a su rostro y tomó ambas mejillas con delicadeza, sin querer cortar el contacto visual, si, si, si, repetía una y otra vez en su interior, tratando de transmitírselo con su mirada, tratando de hacerle entender que era la primer persona a la que amaba de esta forma, tratando de decir tantas cosas que tenía atoradas en su interior pero que no saldrían porque parecía estar a punto de explotar de la emoción.


Si.


Mil veces si.


Acarició la piel suave y algo rosada con las yemas de sus pulgares y le mostró una amplia sonrisa que se contagió en el rostro del más bajo, antes de trazar un "Quiero" en ella y sellar la promesa interna con un beso.


Baekhyun lanzó un pequeño sonido que fue ahogado por sus labios y dejó caer el paraguas para rodear su cuello con ambos brazos y ponerse de puntitas para acercarse aún más. El agua de la lluvia ahora mojándolos por completo mientras los globos se escapaban del agarre del más alto cuando dio un paso al frente para cerrar por completo el espacio que los rodeaba.


Los pétalos de rosas volaron por toda la azotea y los cuerpos de los adolescentes se derritieron en los brazos del otro con la felicidad inmensa que solo un par de enamorados podían llegar a tener al finalmente encontrar el momento indicado.



E s c e n a E x t r a ;


-Salud -dijo por quinta vez en los últimos diez minutos cuando Baekhyun estornudó una vez más, notando cómo éste lo miraba de reojo con algo de molestia mientras pasaba un papel debajo de su nariz-. No me mires así, yo te advertí que te fueras para no enfermarte -hizo señas en su dirección.


Luego de aquella noche bajo la lluvia, su primer día como pareja oficial la pasaron compartiendo cama en la casa del más alto porque atraparon un feo resfriado y la madre del peliblanco no estaba como para cuidarlo. Por lo tanto el joven de baja estatura y ojos de cachorro tuvo que conocer a la madre de su novio con su nariz roja y congestionada el primer día y ser cuidado por ella como si fuera un bebé.


Estaba tan avergonzado y molesto con Chanyeol simplemente porque debía culpar a alguien y era divertirlo ver cómo a él realmente no le importaba ser el culpable, de hecho lo disfrutaba cuando pedía perdón sosteniéndolo entre sus brazos para dormir a su lado y cuando lo besaba diciendo que "de esa forma iban a matar a la bacteria juntos".


La vida era más interesante desde que conoció a Chanyeol, y supo con certeza que el camino que tenía por delante sería aún más divertido a su lado.


Y estaba preparado para ello.



¡Hola bellezas! Muchas gracias por leer.


[Historia participante del Diversity Festival Chanbaek de Victoria-CB]


-loeybaekkie