Fuego y ceniza

Summary

JongIn y Sehun tenían algo, algo que nadie sabía identificar y que ellos no sabían cómo definir. No se atrevían a llamarlo amor porque los dos eran niños, adolescentes muy idiotas que no sabían distinguir las hormonas de las mariposas en el estómago y que se burlaban de los san valentines. Y era físico, deseo, sexo.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo único

Era sexo. Entre ellos dos era eso. Besos húmedos, calientes y fuertes contra una pared, momentos furtivos en un baño, masturbaciones indecentes y sonrisas descaradas que contenían un código secreto que solo ellos dos entendían.

Todos intuían que algo pasaba entre SeHun y JongIn, pero ellos nunca lo confirmaban.

Porque su primer encuentro fue en la habitación de SeHun, sus padres una vez más no estaban en casa y JongIn llevó la hierba. Y entre olor a marihuana, risas incoherentes y miradas embotadas, se besaron y no pararon.

Ellos nunca paraban, no tenían límites. Porque SeHun era un niño de mamá y JongIn el niño que mamá no quiso tener. Eran diferentes y a la vez iguales, no había una línea divisoria entre sus acciones porque tenían familias rotas, que se desgarraban desde dentro hacia fuera y nadie sabía cómo arreglar. Y ellos escapaban, detonaban y mientras JongIn golpeaba cualquier cosa que se le ponía en su camino, SeHun parecía vivir en una burbuja de indiferencia.

Y nadie entendía cómo mierda se soportaban.

Al fin de cuentas, eran los mejores amigos desde que el perfecto Sehun se metió en una pelea para ayudar al imperfecto Jongin, y éste lo mandó a la mierda por intervenir.

—¿Qué te pasa, gilipollas?

—Te estaban rompiendo la cara, imbécil.

—No necesito la ayuda de un niño de mamá.

—¿Quién dice que te he ayudado? Puedo terminar de joderte yo.

Jongin era orgulloso, altanero y no le gustaba dar lástima. A Sehun no le importaba, quizá porque era parecido o a lo mejor, solo era estúpido y lo siguió. Tampoco tenía sentido que después de ese enfrentamiento, un par de golpes, un labio roto y varios moretones negruzcos, ellos se hiciera algo así como amigos. Aunque no fue instantáneo, porque el pegamento necesita un tiempo para reposar y unir un trozo con otro, ellos necesitaron un momento para unirse.

Y no se separaron.

Encontraron en el otro el alivio. SeHun tenía familia y sentía el abandono. JongIn no tenía una verdadera familia y sentía la añoranza. Juntos eran dinamita, explosiones y a veces mucha gilipollez acumulada en un mismo sitio.

Comprendieron el término de la amistad y supieron que era tener un amigo.

—Toma.

—No sé para qué fumo esta mierda.

—Quieres ser rebelde.

—Rebelde mis huevos.

—Si no lo quieres, dámelo.

—Jódete.

—Somos una rara combinación.

—Eso dicen.

Y en ese punto ambos sonreían y volvían al inicio.

Mantuvieron aquello en secreto no por miedo, no porque estuviera mal o le temieran a eso que ocurría, lo-que-sea-que-tuvieran. Sino porque era un secreto de JongIn y Sehun, una cosa que les pertenecía a ellos, solo a ellos. Algo de los dos, algo que no sabían cómo definir y que no se atrevían a llamar amor porque los dos eran niños, adolescentes muy idiotas que no sabían distinguir las hormonas de las mariposas en el estómago y que se burlaban de los san valentines.

Era físico, era deseo y a la vez seguían siendo amigos y podía ser raro, pero joder, se entendían a niveles insospechados.

Así, cuando los demás veían a JongIn, sólo se fijaban en las heridas, en los puños en carne viva, veían a la persona fiera y enojada con el mundo. SeHun veía a JongIn y era simple chico que no sabía cómo ser aceptado y eso lo incluía a sí mismo. Por eso, JongIn no veía en SeHun a alguien frío al que no le interesaba nada que no fuera él mismo y sus auriculares. Era SeHun, el tipo tocapelotas que se metió en su vida sin su consentimiento y que deseaba tener alguien con el que compartir sus palabras guardadas.

—¿Tus padres de nuevo están fuera?

—En realidad ni siquiera regresaron. Alargaron el viaje.

A veces se formaban silencios. Silencios que SeHun interpretaba porque JongIn era orgulloso y no sabía cómo preguntar las cosas que quería ni admitir lo que deseaba.

—¿Te quedas a dormir?

—Tengo hierba nueva.

—Tanta mierda te consumirá el cerebro.

—Tú la fumas conmigo. Cierra el pico.

Otro silencio y al final SeHun se rendía de esperar a que JongIn hablara porque JongIn era como una pared y a él se le daba mal ser paciente.

—Tu madre se fue de nuevo.

—HyeJin está más tiempo inconsciente que despierta. Le importa un carajo que yo esté o no.

Y era sexo.

Porque follaban. JongIn solía iniciar el beso y SeHun lo terminaba. A veces no había palabras suficientes para describir lo qué sentían y el dolor se atravesaba en su estómago y bajaba y bajaba y era más fácil fingir que era deseo y que no había ningún nudo.

Al fin de cuentas, Jongin era el fuego y Sehun la ceniza. Porque Jongin provocaba las llamas y Sehun se dejaba prender.

FIN