Capítulo 1: Trinomio Cuadrado Perfecto
"No, lamentablemente no tienes oportunidad."
Eso fue lo que apareció frente a sus ojos cuando por quinta vez en el día decidió darle click al botón de enter, una vez más. Las letras oscuras y brillantes que se distinguían en la pantalla parecían nuevamente burlarse de él, y aunque quisiera tomar el ordenador y arrojarlo en algún rincón donde fuera imposible verlo no podía hacerlo, así que no le quedaba nada más que comenzar a patalear y hacer pucheros exagerados como si eso fuera a solucionar su estúpido problema.
—¿Sigues con eso? Déjalo ya —habló su amigo Kyungsoo sin verdadero interés recostado sobre su cama y jugando alguno de esos jueguitos tontos que descargaba en su celular para matar el tiempo.
El rubio solo resopló, sin atreverse a contestar algo en ese momento, se sentía desesperado y que su habitación se encontrara en penumbras no lo ayudaba tampoco. Llevaba toda la jodida tarde con los ojos clavados sobre el ordenador, esperando que alguna de esas páginas al azar que abría en internet le diera la respuesta que estaba necesitando en esos momentos pero nada parecía servir, las respuestas seguían siendo las mismas y ya había intentando hasta distorsionando un poquito las respuestas a su favor.
¿Es que acaso estaba así de mal la situación?
Él no consideraba que estuviera tan perdido, es decir, en su mente las posibles situaciones si que eran deplorables, pero no se supone que esos malditos test de Internet creyeran lo mismo. De haber sabido que las cosas irían así nunca hubiera abierto ese maldito link de publicidad basura que le preguntaba con letras grandes y rosadas ¿tienes alguna oportunidad con tu crush?
El diseño era ridículo y las caras de los tipos a punto de besarse lucían deformes, sin embargo no pudo evitar que su cabeza respondiera de inmediato un "¿y por qué no?" Y cuando menos lo pensó ya había dado click encontrándose más que ensimismado pensando en que clase de comportamiento tenía su crush con él.
Y es que necesitaba una maldita jodida respuesta ya, porque el reloj no se detenía, las horas seguían pasando y el chocolate perfectamente decorado seguía puesto sobre su escritorio recordándole el como es que había terminado justo así.
Quería culpar a su nerviosismo y ansiedad del día por eso, más sinceramente era bastante consciente de que en cualquier otro momento lo hubiera hecho también, después de todo siempre buscaba una respuesta distinta a las que normalmente se daba a sí mismo, y tampoco podían culparlo por ello, ser tan consciente de tus defectos y de las pocas posibilidades que tenías no era algo bueno en realidad, así que en ocasiones como esas por más tonto que sonara esperaba que el destino, los dioses o lo que fuera que existiera allá arriba le diera una señal antes de hacer el ridículo o algo así.
—Llevas, ¿cuantos? ¿Cuatro test con la misma respuesta?
—Seis —murmuró entre dientes acomodándose las gafas que resbalaban por el puente de su nariz.
—¿Seis? ¿Enserio? —los ojos castaños del contrario chocaron con los suyos para después comenzar a reír, haciéndolo molestar un poquito más.— Mierda Baek, yo pude darte esa respuesta más de una vez y te ahorrabas tanto tiempo, llevas ahí como mil horas.
El mayor se giró rápidamente no queriendo seguir viendo su expresión, y pensando en si seria mala idea intentarlo una vez más. Sus manos jugaban con las mangas de su suéter y sus labios abultados brillaban debido a la cantidad de veces que los había mordisqueado en ese tiempo, sinceramente se sentía un poquito decepcionado y una pequeña parte de su cabeza le decía qué tal vez y solo tal vez su amigo si que tenía razón, no obstante, no planeaba dejarlo así como así, había llegado hasta tal punto por algo y ahora no podía dar un paso atrás, suficiente se había torturado ya.
Y es que estar enamorado de Park ChanYeol era uno de los mayores dilemas en su vida. Con toda esa altura, inteligencia, amabilidad, talento y carisma lo derretía por completo, hacía que su cerebro se atrofiara, que las palabras se le quedaran en la garganta, su corazón se acelerara y sus manos temblaran, lo hacía sentir como la raíz cuadrada de dos cuando estaba a su lado; totalmente irracional.
Desde el primer momento en que sus ojos cruzaron con él aquella mañana soleada de Agosto supo que estaba completamente perdido. Baekhyun no era alguien precisamente enamoradizo, en realidad podía decirse que el amor y las relaciones ni siquiera era algo que le importara o llamara su atención, suficientemente ocupado se sentía teniendo que cumplir con sus obligaciones escolares y leyendo su extensa lista de mangas como para además distraer su mente en alguien más, sin embargo el ver como el chico alto e inexpresivo del final del salón se levantaba sin problemas a resolver aquella ecuación terrible en su clase de Calculo I se llevó toda su atención.
Al principio no le dio tanta importancia, repitiéndose una y otra vez que era simple sorpresa y admiración porque, mierda, enserio que no entendía como es que tan fácilmente había despejado ese número del demonio, no obstante sabía que observarlo durante todas sus clases, suspirar cuando contestaba con seriedad cada pregunta o seguirlo hasta descubrir cuál era su ramo, no era del todo normal.
Lo confirmó el día que finalmente el destino los unió, aunque no sabía si podía llamarle así a tropezar y caer como tonto de rodillas frente a su pantalón, en ese momento sintió su cara roja explotar de la vergüenza mientras su tonto y débil corazón latía como loco por la simple mirada de ojos oscuros que recibió de su parte.
"Ten cuidado." Fue lo que murmuró con voz gruesa mientras le entregaba su libro y seguía caminando, dejándolo ahí completamente mareado pensando en que ni el trinomio cuadrado era tan perfecto como él.
El paso de los meses no lo hizo sentir mejor, ChanYeol era tan sumamente único a su manera que era imposible no mirarlo más de una vez cuando estaba cerca de ti, siempre con su rostro serio y altura intimidante caminaba entre los pasillos de la facultad de ingeniería, conversando ocasionalmente con algún que otro compañero y destacando en sus clases compartidas como todo buen alumno destacado de aeronáutica. Para muchos lucía aterrador siquiera imaginar acercársele, después de todo mostraba tanta seguridad y porte que a más de uno hacia temblar, no obstante jamás se le había visto ser grosero o antipático con nadie más, y para todos era un honor trabajar con él por su responsabilidad y compromiso.
No era un chico extremadamente popular o de muchos amigos, solo era un alumno más que destacaba entre unos cuantos por su buen cerebro e intrigante personalidad, Baekhyun sabía que no era tan lejano ni tan imposible el que algún día algo fuera a pasar, no es como que fueran totales desconocidos o de mundos opuestos, incluso habían cruzado palabra entre clases alguna vez y hasta habían hecho un trabajo juntos, no obstante eso no lo ayudaba a sentirse mejor, y es que ante sus ojos las cosas eran muy diferentes. ChanYeol se llevaba todo su raciocinio con una sola mirada, lo hacía temblar de pies a cabeza, era tan único y perfecto a su manera y en cambio él solo era una persona más, amante de las computadoras, de los números, de coleccionar figuritas de one piece y no tenía mucho que ofrecer más que algunos chistes bobos que siempre por algún extraño motivo terminaban teniendo que ver con números.
Por lo mismo había guardado en lo más profundo de su corazón todos esos sentimientos y palabras bobas que resurgían en su cabeza cada vez que lo veía o si quiera pensaba en él, esperando que en algún momento pudiera mirarlo sin problema o sin sentir las infinitas ganas de mínimo rozar la punta de su nariz. Aunque bueno, de eso ya habían pasado dos años ya y nada parecía cambiar.
Tal vez fue por eso que había decidido dar ese gran paso después de tanto tiempo. Se cuestionó más de una vez cada una de sus posibilidades, imaginó infinitas escenas algunas más catastróficas que otras, hizo una lista de los pros y los contras de tal decisión, y al final pensó que bueno, no tenía nada que perder. Y ahora se encontraba ahí, con un chocolate listo para entregarle a su amor platónico de años al día siguiente, esperando que sus sentimientos no fueran rechazados y rezando internamente porque alguno de esos tontos test de internet le diera la fuerza interna que necesitaba.
—No lo hagas, Baek... —dijo Kyungsoo cuando observó como el rubio buscaba un nuevo test en internet.
—Solo uno más y ya, lo juro —pidió con mejillas sonrojadas juntando las palmas de sus manos, se sentía algo avergonzado al seguir metido en lo mismo durante toda la tarde pero esa era una de las muchas consecuencias de ser obsesivo e inseguro. ¿Qué podía hacer?
—Te adelanto la respuesta, será un no. Déjalo ya.
—¡Yah! ¿Por qué eres tan negativo? —soltó en un puchero.
—¡Es lo que ha pasado durante toda la tarde! Además, es solo un tonto test en internet, no cambia nada tu situación, ni siquiera los conoce. Si vas a hacerlo, hazlo y ya. Lo peor que puede pasar es que te diga que no.
Baekhyun giró los ojos y resopló, no queriendo aceptar aún las palabras del contrario, porque si, quizás tenía razón pero mierda, estaba nervioso y necesitaba lo que fuera para sentirse un poquito más confiado, nada más.
—Solo haré este y ya, lo prometo.
El de labios regordetes lo ignoró, tomando de nuevo su teléfono y dejándolo en silencio frente a la pantalla donde, de nuevo, puso toda su seriedad y atención, intentando contestar las preguntas lo más realista y sincero posible pero cruzando los dedos porque esta vez si le dieran un poquito de esperanza.
Cosa que milagrosamente pasó.
—¡Oh por Dios! ¡Oh por Dios! ¡Oh por Dios! —exclamó poniéndose de pie en un salto y mirando con asombro las palabras en el ordenador, las cuales mostraban un brillante "Tal vez te ve de una manera romántica." junto a una carita feliz.— ¡Soo ve esto, ve esto! ¡Te lo dije, te dije que somos tal para cual! ¡Tenía razón!
Su voz salía en un grito feliz, mientras saltaba de un lado a otro con emoción, sus mejillas se encontraban sonrojadas y no podía evitar sonreír triunfante a pesar de la mirada de incredulidad del más bajo, quien observaba como su amigo hacía un extraño baile de un lado a otro envuelto en ese suéter verde que le quedaba un poquito muy enorme.
—Es que era obvio, era evidente. Sabía que debía intentarlo una vez más.
—Seguro cambiaste respuestas de nuevo.
—No, esta vez no lo hice, fue total y completamente sincero.
—Solo fue suerte, en el resto te salió una cosa distinta, no te ilusiones.
—Es el destino Soo, tengo que hacerlo si o si. Los otros no servían, este es el único al que le tendré confianza.— aseguró, deteniéndose a tomar un poco de aire y quedando en silencio por un par de segundos.— Todo va a salir bien, va a salir genial. Tengo la suerte de mi lado.—Continuó.— ¿Puedes ver eso?
—¿Qué?
—El universo creando nuestro destino. Caminaré hacia él, el pasillo estará algo oscuro, su cara estará iluminada y volteará a verme y sonreiremos los dos, cuando esté frente a él le preguntaré si quiere salir conmigo y le entregaré un chocolate y el dirá que si y será la MEJOR CITA DE TODAS —aplaudió dando brinquitos.— Comeremos mucho, compartiremos helados, lo haré reír con todos mis buenos chistes... Está de más decir que en la cita se enamorará perdidamente de mi y se dará cuenta de que soy el amor de su vida. Tengo todo fríamente calculado, Soo. Todo saldrá genial.
Todo tiene que salir genial.
***
Sus manos no dejaban de temblar, sentía el estómago revuelto y el corazón parecía querer salírsele del pecho. Estaba nervioso, sinceramente, pero obligaba a su mente a enfocarse en lo que era verdaderamente importante en esos momentos, recordándose a sí mismo como es que había esperado años por esto y aunque aún tenía miles de dudas en su cabeza sabía que al menos debía intentarlo. Se sentía confiado, en realidad, y no porque creyera que la cosas saldrían exactamente como había estado soñando y él quería, si no más bien porque conocía a Park ChanYeol, y dentro de si era consciente de que al menos grosero no sería con él, su corazón ciertamente podría llegar a salir lastimado, no negaba tal posibilidad pero no por culpa del tipo, después de todo no podías culpar a alguien por no sentirse de la misma manera hacia ti, todos tenían sentimientos distintos y no consideraba que nadie fuera la víctima de ninguna situación, las circunstancias solo eran así por más triste que sonara y en ocasiones solo te tocaba ser el perdedor.
Jamás había culpado a nadie más por su situación actual o por los sentimientos que día con día resurgían lastimándolo un poquito más, ni siquiera a si mismo, él no había decidido sentirse de esa manera ante aquel joven alto y de orejas llamativas, solo fue así.
No era esa persona, no se ponía triste si no lo veía por un día o más ni sonreía felizmente al verlo entrar. Ese no era él, pero últimamente es lo que había sido. Y tenía que aceptarlo.
Sabía que no era tan complicado y siempre se repetía a sí mismo que tenía dos caminos, hacerse de lado o actuar, y esta ocasión había decidido la última opción, por lo que tenía que hacerlo bien.
La facultad se encontraba más que despierta esa tarde, normalmente no se veía tanto movimiento pues la mayoría buscaba su especio para comer, descansar o hacer tareas pendientes, no obstante ese día los estudiantes se movían de un lado a otro con emoción, entre susurros, sonrojos y tímidas sonrisas, porque era día de san Valentín y muchos corazones enamorados lo sabían.
Le daba un poco de gracia notar el ajetreo de la tarde ya que a él nunca le había llamado la atención tal fecha, había grupos de jóvenes por todo el jardín, algunos con regalos, otros comiendo chocolates y unos pocos cuantos aprovechando la situación para cotillear acerca de cómo rechazaron a la joven becaria del departamento C. No imaginaba que realmente se emocionaran por cosas así, menos en una facultad donde la mayoría de los estudiantes eran hombres, más notó que estaba equivocado y que en realidad la mayoría esperaba algo aunque no lo aceptara.
Aún así no se detuvo a prestar atención a detalles insignificantes, sus ojos se encontraban demasiado ocupados buscando una cabellera de rizos castaños entre el tumulto de gente esperando llegar a tiempo y de preferencia sin muchos ojos chismosos a sus espaldas. De por si era vergonzoso lo que haría, no quería terceras personas que escucharan lo que fuera a decir.
Porque si, BaekHyun estaba decidido a declararse a Park ChanYeol. Y tenia que hacerlo bien.
Caminó alrededor de veinte minutos por el jardín, no separándose demasiado de los edificios por los que sabía el alto solía tomar clases, no hacia tanto frío como otros días pero aún así estar totalmente expuesto a la ventisca de invierno lo hacía estremecer, por lo que escondía su colorada nariz entre la tela de su bufanda roja mientras apretaba con fuerza sus manos metidas en sus bolsillos, cuidando no arruinar sus chocolates.
Había sido un tanto complicado elegir que llevar, después de todo no conocía a ChanYeol ni sus gustos, por lo que decidió irse por lo más común de las fechas ya que tampoco era la persona más original. Aún así, intentó darle un toque más personal y especial, no queriendo entregar algo que podía tomarse como poco significativo, así que después de mucho pensarlo y discutirlo con su pez Coñac tomó la decisión de llevarle una caja de chocolates decorados por él mismo. Fue complicado porque su pulso era peor que el de un maraquero, pero al menos su amigo Soo lo había apoyado haciendo la mezcla para que no supiera tan terrible, y al final logró hacer seis perfectos chocolates con funciones y ecuaciones que al graficarlas forman la palabra "love" junto a un bonito corazón.
Revisó la hora en su celular, dándose cuenta de que ya habían pasado más de cinco minutos desde que la última clase del alto había terminado, por lo que se puso atento por si lo veía por ahí, no quería que se la pasara y no pudiera darle nada, de verdad que lloraría de frustración si eso llegaba a suceder. Con suerte, no mucho después lo vio caminar rumbo a la salida que estaba en su dirección, y para mayor emoción del rubio estaba completamente solo.
—Bien Baekhyun, es tu momento, a apoderarse de su corazón —se murmuró apretando en puños sus manos y caminando con seguridad hacía el que por años había sido su amor platónico.
No escuchó ni observó nada más, su completa atención se encontraba en quien esperaba pudiera aceptar sus sentimientos, caminó con paso firme, repasando una y otra vez las palabras que tanto había practicado frente a su espejo la noche anterior. Realmente era malo cuando se trataba de socializar o comunicar algo, apretaba los dientes y acomodaba sus lentes una y otra vez, las palabras se le atoraban y en general era un asco, pero no esta vez, ensayó su sonrisa, el tono de su voz y hasta la forma en que se pondría de pie, estaba dispuesto a que las cosas salieran bien y nada podía arruinarlo.
Lastima que el contrario no pensaba lo mismo y caminaba con una rapidez que las cortas piernas del rubio difícilmente podían alcanzar, por lo que terminó corriendo para no perder su oportunidad.
—¡Yah! ¡ChanYeol! —gritó, llamando su atención y tal vez hasta la de un par de personas a su alrededor por el fuerte tono de su voz.
Dio un par de pasos finales y se detuvo frente a la mirada confundida del alto, quien miraba en silencio como el rubio se apoyaba sobre sus rodillas e intentaba recuperar el aliento.
—Mhm... Chan... ChanYeol —habló con voz entre cortada poniéndose de pie, su pecho subía y bajaba con agitación y sentía la cara roja por el esfuerzo. Ni siquiera había corrido tanto pero para él se había sentido como una eternidad.
—¿Byun? ¿Necesitas algo?
—Mhm, te estaba buscando porque necesito decirte algo —dijo con voz segura, ganándose su atención mientras subía sus lentes por el puente de su nariz.— Yah, veras —se acomodó mirándolo a los ojos y metiendo la mano a su bolsillo para tomar sus chocolates.— Bueno es que resulta que estaba pensando, es san Valentín y desde hace tiempo yo comencé... ya sabes... por ti... yo te estaba buscando porque quería decirte que... uhm... —carraspeó.
Sentía los ojos oscuros del alto clavados en él, lo miraba en silencio y con total atención haciendo a su corazón latir con fuerza, tenía una ceja algo arqueada, intentando entender el montón de basura que en esos momentos salía de su boca y mierda, sentía que se iba a desmayar.
Sabía lo que debía decir, tenía las palabras grabas en su mente pero por algún motivo se negaban a salir, sus manos comenzaban a sudar y sentía su cara palidecer. ChanYeol era tan alto, joder, se sentía demasiado intimidado a su lado y el hecho de que lo estuviera escuchando sin expresión alguna no lo hacía sentir mejor.
—Como que hace calor, ¿no? —preguntó moviendo un poco su bufanda.— Aunque eso sería raro porque no se supone que haga tanto calor ahorita. ¿Crees que esté enfermo? ¡Oh! Tal vez tengo calentura... ¡No! ¡Espera! No calentura calentura de... sexo —susurró— sino... ¡Temperatura! ¡Esa es la palabra! No calentura, porque si uso esa expresión suena como si quisiera que me la quitaran y obvio no... o sea no es el punto... yo... ah mierda. ¿Sabes que? Olvida eso, si, olvídalo y espera, deja comienzo de nuevo. En verdad es importante lo que voy a decir, esto de la calentura no tenía que ver, que me sienta caliente es indiferente. Agh no, ¡lo siento! Eso no es lo que iba a decir... yo solo... Mhm... demonios... ¿aceptas una cita conmigo? —preguntó cerrando los ojos y extendiendo la caja de chocolates algo aplastada.
Sentía sus mejillas arder, estaba seguro de que su cara era una completa bola roja en esos momentos y es que, dios, que la tierra se lo tragara porque moriría de la vergüenza. El sonido de su corazón retumbaba sobre sus oídos mientras bajaba la cabeza apenado, ni siquiera sabía como continuar, estaba tan avergonzado, seguro ChanYeol pensaba que era un idiota.
No quería ver su expresión, sinceramente quería llorar porque no se supone que las cosas pasarán así, estaba tan ilusionado, por más que Kyungsoo le había repetido más de una vez que las cosas seguramente saldrían mal él se había convencido de que no sería así, no tenía nada que perder llevaba casi tres años suspirando por su bendito amor platónico y tan solo quería una oportunidad. Sabía que tenía mil defectos, que era un torpe para hablar y en ocasiones para actuar también, que no llamaba demasiado la atención, sus bromas de números eran malas y era un asco cuando de moda se trataba, pero consideraba tan injusto que el destino le pusiera enfrente a alguien tan único y perfecto como ChanYeol y esperara que el solo se quedara entre paredes observándolo a lo lejos. Soñaba con recibir una simple sonrisa de su rostro, una mínima oportunidad para demostrarle que en verdad tenía mucho más que ofrecer, pero ahora lo veía tan lejano.
Quería patalear, regresar el tiempo y no animarse a dejarse en ridículo así. El mismo se engañó y no podía culpar a nadie por eso, el alto ni siquiera le había dado alguna señal para que el tomara tal valor. Debió de hacerle caso a Soo, a su mente y hasta esos estúpidos test de internet porque en realidad es verdad que el no tenía oportunidad con su crush y tal vez nunca la tendría.
—Está bien —habló el alto llamando su atención. Levantó su cabeza con rapidez, observándolo con los ojos bien abiertos y con las mejillas totalmente rojas como un par de fresas. ¿Escuchó bien? —Tengamos una cita.