ALL OF THE STARS (ChanBaek)

Summary

🎵Historia inspirada en la canción ALL OF THE STARS de Ed Sheeran🎵 Chanyeol y Baekhyun se conocieron siendo apenas unos soñadores que perseguían el mismo destino: brillar en un escenario. Entre ensayos, risas y secretos compartidos, nació un amor que tuvieron que esconder de las cámaras y del mundo entero. Pero los sueños, a veces, también separan. Una oportunidad en Hollywood puso a prueba lo que habían construido, y lo que parecía eterno se quebró en silencio. Y ahora, separados por miles de kilómetros, solo les queda mirar las mismas estrellas y recordar que hay amores que nunca mueren… aunque no siempre puedan volver a encontrarse. 🌟Pareja principal: ChanBaek 🌟Songfic 🌟Género: Idol AU! - Romance - Drama 🌟Contenido BoyxBoy 🌟Historia original 🌟Esta historia tiene dos partes: 1: ALL OF THE STARS 2: I ALMOST DO 🌟Historia participante en el Song Fest Chanbaek organizado por @BBHPCY-6104 🚫NO PERMITO COPIAS Y/O ADAPTACIONES DE MIS HISTORIAS🚫 ♔︎𝓥𝓲𝓬𝓽𝓸𝓻𝓲𝓪♔︎

Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

1. Así que abre los ojos y mira

Chanyeol nunca le tuvo miedo a los retos. Escaló con esfuerzo cada peldaño hacia la cima, sin red de seguridad… Hoy, estaba dispuesto a lanzarse al vacío, aunque le costara todo lo que tenía.

Las luces del estudio eran intensas, frías, tan familiares como abrumadoras. El sofá gris oscuro contrastaba con los tonos cálidos del decorado y el enorme logo del programa que se iluminaba en la pantalla detrás de él. Había cámaras apuntándolo desde distintos ángulos, un público que coreaba su nombre con entusiasmo —“¡Chanyeol! ¡Chanyeol!”— y la sonrisa encantadora de la presentadora que lo observaba con profesionalismo.

Este era su elemento. Llevaba años allí, bajo los reflectores, con las emociones perfectamente calibradas para cada ocasión. Y sin embargo, esa noche era distinta.

—Tu nueva canción ha sido todo un éxito. Felicitaciones —dijo ella, acercándole el micrófono con una sonrisa brillante.

—Gracias —respondió él con naturalidad—. Se lo debo a mis maravillosas fanáticas, que siempre me apoyan.

Un murmullo de emoción recorrió al público, las cámaras se acercaron para captar su sonrisa, y Chanyeol se permitió mirar directamente a una de ellas. Sabía a quién deseaba encontrar al otro lado del lente.

—Entonces, Chanyeol —continuó la entrevistadora—, ¿la escribiste pensando en alguien especial? Las fans dicen que suena muy nostálgica.

La pregunta cayó como una piedra en el estanque, rompiendo la quietud.

El corazón le dio un salto doloroso en el pecho, trayendo de nuevo esa presión tan conocida. No era la primera vez que se lo preguntaban, siempre había teorías sobre su musa del momento, pero nunca fue tan oportuno como ahora. Sirviéndole en bandeja de plata la oportunidad de sincerarse al fin.

Lo había meditado antes de venir y tomó la decisión más insensata de su carrera. Pero no podía verse tan calculado, era mejor pretender que se lo pensaba por un momento, paseando la mirada sobre el público que contenía el aliento por la expectativa.

Podía escuchar a Sehun en su cabeza, susurrando el mantra de protección: “Mis fanáticas son mi único amor”. Eso funcionó por años para blindarlo de los rumores y ganarse su amor incondicional. Pero estaba seguro de que se atragantaría hasta morir con esa mentira si se atrevía a repetirla ahora.

Cerró los ojos por un segundo, respiró hondo, y al abrirlos... eligió la verdad. O al menos una parte de ella.

Al diablo con todo…

—La verdad es que sí —dijo, y sintió su garganta apretarse—. Hay alguien muy especial para mí. Y escribí esta canción pensando en él.

La bomba cayó. Los jadeos sorprendidos dieron paso a un silencio pesado en el set. Tan devastador como una bola de demolición echando abajo años de impecable reputación construida ladrillo a ladrillo.

La presentadora, siempre profesional, disimulo rápidamente su estupor y se inclinó con más interés.

Chanyeol tragó saliva, aunque el nudo en su garganta, formado con tantas palabras no dichas a tiempo, estaba muy lejos de desaparecer. Sonrió a la cámara de esa manera ensayada que derretía corazones y apretó los brazos de la silla para anclarse. Sabía lo que venía.

—¿Él? Vaya, esto sí que es una primicia —bromeó ella intentando restarle peso al asunto.

Chanyeol asintió despacio con la cabeza, y el barullo de susurros ahogados llenó el aire. Sus oídos zumbaban. El pulso se le aceleró y el miedo le inundaba las venas con cada nuevo latido.

Pero no había marcha atrás.

—¿Puedes contarnos más? —insistió la periodista tan llena de curiosidad como todos los demás.

—Él fue mi primer amor —soltó Chanyeol de golpe, y se sorprendió a sí mismo de que la voz no se le quebrara.

Esa era la verdad más absoluta. Baekhyun fue el primero en casi todo en su vida… Y el único en todo lo que importaba.

Se inclinó hacia la mesita, tomó un poco de agua, y carraspeó audiblemente mirando al público con una sonrisa cómplice, como si fueran invitados a su casa a quienes iba a contarles un chisme jugoso.

—Lo conocí hace muchos años, antes de debutar —continuó, bajando ligeramente la voz—. Fue mi mejor amigo, la persona más importante de mi vida. Pero ya sabes cómo es este medio… —Chanyeol levantó los hombros y volvió a mirar a la cámara con un gesto de resignación—. Nuestros caminos se separaron y perdimos el contacto. Nos convertimos en un recuerdo.

—Oh, eso es tan triste. Pero debe quedar algo si compusiste una canción tan hermosa inspirado en esa persona especial…

La mujer lanzó el anzuelo. Por supuesto que Chanyeol no podía decir el nombre abiertamente, era dueño de su propio escándalo y afrontaría las consecuencias que vinieran, jamás arrastraría a Baekhyun consigo. Mucho menos ahora que él estaba por casarse y comenzar una familia.

—¿Sabes? Hay personas que pasan por nuestra vida como una estrella fugaz. Es un momento breve, pero tan mágico que dejan una huella imborrable —dijo con una sonrisa y miró directo a la cámara más cercana, como si pudiera atravesar la pantalla. Como si pudiera llegar a él—. Aunque hoy estemos en lados opuestos del mundo… él sigue siendo la música que late en mi corazón.

—De verdad me sorprende esta confesión —aceptó la entrevistadora, todavía impresionada—. Espero que, donde sea que esté esa persona, escuche tu canción.

—Yo también lo espero —susurró él, sin apartar la vista de la lente.

«Ojalá la escuches. Tienes que saber que fue para ti», pensó.

La música del cierre del segmento comenzó a sonar. El público aplaudía, las cámaras se alejaban, los asistentes se movían por el set. Todo seguía su curso. Pero Chanyeol permaneció ahí, con los latidos retumbando en el pecho y el nombre de Baekhyun ardiendo en la garganta.

Si pudiera, lo gritaría. Diría que ese chico —su chico— fue la razón de todas sus canciones, de cada verso ardiente de amor… y de cada línea escrita entre lágrimas.

Pero no podía. Habían pasado demasiados años… y demasiados daños…

El calor de aquel verano se mezclaba con la ansiedad que flotaba en la fila interminable frente al edificio de EXO Entertainment. Cientos de voces se entrelazaban en murmullos nerviosos, risas forzadas y tarareos ensayados una y otra vez.

Entre ellas, Chanyeol tamborileaba los dedos contra el mástil de su guitarra con aire confiado, pero las palmas le sudaban más de lo que estaba dispuesto a admitir. Con solo diecisiete años, cargaba en la espalda el estuche lleno de canciones y sueños.

Cada tanto, alzaba la vista hacia los ventanales oscuros del edificio como si ya pudiera imaginarse ahí dentro, sobre un escenario iluminado, aceptando premios entre los gritos de un público enloquecido. Esa visión lo sostenía, le borraba el cansancio y le hacía sentir que todo valía la pena.

Sí, tenía nervios, pero también tenía esperanza. Su voz, sus raps, su guitarra, su baile… hasta su altura y sus facciones lo habían convencido de que encajaba en ese mundo. Había entrenado duro, tenía talento y una sonrisa demoledora que solía conseguirle casi todo lo que se proponía.

Escaneó a los demás con una mezcla de competitividad y curiosidad. Todos esos aspirantes eran su competencia y, quizás más adelante, algunos de ellos se convertirían en sus compañeros. Estaba distraído con las caras desconocidas, evaluando mentalmente a los más guapos, los que parecían artistas desde ya… hasta que lo vio.

Unos pasos más adelante, sentado en el suelo con la mirada perdida, estaba él: un chico pequeño, de mejillas redondas y labios rosados que parecían dibujados con pincel. Sus ojos marrones caídos le daban un aire melancólico, casi frágil. No hablaba con nadie. No buscaba atención. Pero capturó la de Chanyeol al instante.

Tuvo que apartar la mirada un segundo y respirar hondo, porque aquel rostro tenía algo hipnótico. Algo que lo desarmaba. Esa ternura de cachorro perdido que lo incitaba a pellizcarle las mejillas y protegerlo del mundo. La vergüenza por sus propios pensamientos lo hizo sonrojarse hasta las orejas y sonreír como un tonto.

Durante horas, mientras la fila avanzaba, sus ojos regresaban una y otra vez a ese chico. Y cuando lo escuchó cantar por primera vez —una melodía tarareada al aire mientras leía la letra, casi como si se la dijera a sí mismo—, Chanyeol sintió que el mundo alrededor se desdibujaba. Esa voz de ángel le erizó la piel… clara, potente, dulce y brillante. Como un rayo de luz filtrándose por una rendija.

Al final, la suerte se puso de su lado. Las pruebas habían vaciado gran parte del grupo y, en medio del silencio expectante, Chanyeol logró sentarse junto al chico bonito. Probó con un comentario ligero, después otro. Él respondía poco, con frases cortas, pero no era frío: solo parecía resguardado detrás de la desconfianza hacia un extraño. Quizás era una de esas personas que parecen inaccesibles, pero una vez que bajan la guardia, se transforman en pura alegría.

Para animarlo, Chanyeol tocó su guitarra. Bastó con un par de acordes para que la mirada esquiva del chico se encendiera un poco. Cantaron juntos mientras esperaban, sus voces entrelazándose en un espacio donde, por un instante, los nervios se volvieron ilusión. Ahí, entre risas tímidas, al fin preguntó su nombre.

—Baekhyun —respondió él, con una sonrisa breve que se le clavó en la memoria.

Cuando llegó el turno de Baekhyun de pasar a la prueba final, Chanyeol lo acompañó con su guitarra. La canción que su nuevo amigo había elegido era una de sus favoritas, y conocía los acordes de memoria. No la cantaba él mismo porque no alcanzaba las notas más altas, que solo una voz privilegiada como la de Baekhyun podía abordar a la perfección.

Vio los gestos complacidos del jurado y sintió un orgullo extraño, como si su éxito también fuera suyo.

Luego fue su turno: cantó una vieja canción de rock arreglada a su estilo, tocó su guitarra, rapeó un poco; lo dio todo. Incluso se tomó la libertad de lanzarle miradas intensas a las dos jurados femeninas que no le quitaban los ojos de encima.

Al terminar, el jurado lo confirmó con sonrisas y asentimientos entusiastas: tenía lo necesario para ser una estrella.

En la salida lo esperaba Baekhyun, y al verlo llegar sacudiendo el ticket que le aseguraba el primer escalón hacia sus sueños, se lanzó a abrazarlo como si fueran amigos de toda la vida.

—¡Felicitaciones!

Fue un momento de verdadera felicidad para los dos. De los miles de chicos ilusionados que se presentaban en diferentes ciudades, apenas unas decenas eran escogidos. Al final del proceso, solo un puñado podría firmar contrato con la empresa. Lo mejor de lo mejor. Los jovencitos con el talento y potencial de convertirse en artistas globales.

Caminaron juntos hasta la estación del metro, demorando cada paso como si no quisieran cortar el hilo invisible que los había unido aquel día. Hablaron sobre música, cantando y riendo, ignorando el ruido de la ciudad, como si el mundo se hubiera reducido solo a ellos dos.

Sus caminos se separaban en direcciones opuestas, pero antes de la despedida, Chanyeol extendió el meñique con una convicción casi infantil.

—Si los dos entramos a la empresa… seremos los mejores amigos —dijo, como si aquella promesa pudiera sellar el destino.

Baekhyun lo miró con un brillo travieso en los ojos y enlazó su dedo al suyo.

—Prometido.

Esa sonrisa cálida y luminosa… Dios. Fue como un disparo directo al pecho, un sol naciendo de golpe en medio del ruido. Todo a su alrededor se apagó, solo quedaban ellos dos flotando en una burbuja suspendida en el tiempo.

Chanyeol sintió que el corazón le latía tan fuerte que casi dolía, pero no era por la música ni por los escenarios soñados. Era por él. Por ese chico de mejillas redondas y voz de ángel.

El descubrimiento lo sacudió de pies a cabeza como un relámpago: un vértigo delicioso y aterrador al mismo tiempo. No era simple admiración ni una chispa pasajera; era fascinación pura, un huracán de mariposas, melodías con nombre propio que florecían sin permiso en su mente.

El flechazo más dulce y desconcertante que había sentido jamás… y era por otro chico.

El rubor le subió hasta las orejas. Mientras buscaba palabras que se le enredaban en la garganta, sus ojos se desviaron, casi sin permiso, hacia los labios rosados de Baekhyun, brillantes por el bálsamo, como una tentación irresistible. Tragó saliva de forma audible, sintiéndose ridículo y encantado al mismo tiempo.

Por un instante, dio un paso hacia él, como si su cuerpo se adelantara a cualquier pensamiento. Baekhyun lo notó y también se sonrojó, mordiéndose el labio inferior con un amago de sonrisa temblorosa.

Los dos quedaron atrapados en esa torpeza adolescente, sin saber qué hacer con las manos, con el corazón, con el silencio. Perdidos en el temblor de un primer algo que no sabían nombrar. Fueron apenas segundos de mirarse fijamente a los ojos, pero parecieron una eternidad. Una conexión escrita en las estrellas, que no necesitó palabras ni gestos.

Entonces, el tren irrumpió con su estruendo metálico, rompiendo la magia. Baekhyun se giró con rapidez, más sonrojado todavía. Y justo antes de entrar, como si quisiera regalarle un último destello de su luz, le sonrió otra vez.

Una sonrisa tan brillante que lo dejó suspendido en un limbo de emoción, incapaz de moverse, sintiendo que el suelo desaparecía bajo sus pies.

Mientras observaba el vagón alejarse, Chanyeol supo —con esa certeza que solo se siente una vez en la vida— que un chico casi desconocido acababa de robarle un pedazo de su corazón.