Cliente favorito

Summary

A BaekHyun no le gusta el café y tampoco es amante de las tilas, sin embargo trabaja en una cafetería y su cliente favorito es adicto al café que él prepara.

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Capítulo único

A BaekHyun no le gusta el café, tampoco es amante de las tilas y ha llegado aborrecer entrar en una cafetería. Para alguien que trabaja como camarero en una es algo irónico, pero es su realidad. De hecho, lleva metido en una cafetería casi desde los trece años. Su padre regentó un restaurante cerca de casa cuando se quedó sin trabajo y él ayudaba los fines de semana lidiando con la cafetera, los vasos sucios y los clientes malhumorados adictos al líquido negro.

Ese no era su sueño original ni de casualidad, no obstante, cuando se quedó sin trabajo, no le pareció tan mala idea coger ese trabajo temporal hasta conseguir algo mejor y de su rama. BaekHyun era informático, entendía de software, ordenadores y circuitos, esa era su pasión desde crío y aunque no fuera exactamente lo mismo, él era el encargado en su casa de arreglar todos los cachivaches eléctricos porque tú eres el que sabe de estas cosas electrónicas, BaekHyunnie. De todas formas, no se quejaba, BaekHyun prefería mil veces lidiar con la jodida máquina de café que estar detrás de una barra sirviendo a otros.

No tenía tanta suerte. La empresa para la que había trabajado había sido absorbida por otra más grande después de sacar un producto muy parecido al mercado. EX’ACT era la compañía más fuerte de software en el mercado y el margen de ventas había sido superior, así que cuando compró la pequeña empresa en la que trabajaba BaekHyun, la mayor parte del personal fue despedido, entre éstos él.

En ese momento, no fue tan trágico, no prestó mucha atención al hecho de haber regresado a una cafetería después de renegar de volver a trabajar en una cuando terminó la universidad. Sin embargo, había pasado ya un año, BaekHyun tenía veintiocho, no encontraba un nuevo empleo y estaba al borde de la desesperación. Porque, francamente, estaba al borde de los treinta y lo único que tenía a su nombre era una cuenta bancaria y la factura del móvil, su madre no dejaba de preguntarle por un novio y él estaba hasta los huevos de oler a café.

Quizás, lo más estúpido e irónico de su situación era que la cafetería donde trabajaba estaba justo enfrente de EX’ACT. Como si necesitara un recordatorio constante de lo que él era, BaekHyun tenía que servir todos los días cafés, tilas y bollería variada a los empleados de la empresa donde le hubiera gustado trabajar. En vez de ser un informático que bajaba al Dorado para comprar una de esas bombas del tiempo denominada café y seguir al rebaño de personas adictas a la bebida, BaekHyun estaba detrás de la barra o sirviendo mesas.

No era divertido, ni gratificante, no nada. Era una mierda con letras mayúsculas y él odiaba su trabajo.

—Deja de rumiar entredientes, asustas a la clientela, BaekHyun. —lo regañó sutilmente JunMyeon, su jefe.

—Apenas hay gente. —se excusó, mirando a su alrededor y señalando la veracidad de sus palabras.

La hora del descanso era a las diez y aún los empleados no habían cruzado la carretera para llenar sus estómagos de café, bollos y bocadillos. JunMyeon sonrió con indulgencia, encogiéndose de hombros y terminando de colocar la caja que tenía en brazos para reponer la despensa.

—Me asustas a mí. Sé que para ti esta cafetería no es el Dorado, precisamente, pero procura al menos fingir que te gusta un poco. —pese a que sus palabras podían sonar duras, no había maldad en éstas, por el contrario, solo señalaba una verdad.

BaekHyun tuvo la decencia de sonrojarse.

—Lo siento.

—No importa.—le dijo con sinceridad.—¿Por qué no traes más café del almacén y rellenas la máquina? Tenemos que estar a punto para las diez.

No puso objeción. JunMyeon era un buen jefe y ese era el único motivo por el que BaekHyun había aguantado tanto tiempo en la cafetería. Bueno, eso y que con algo tenía que pagar las facturas, y con el sueldo que le ofrecieron en aquella tienda de ropa masculina no le alcanzaba para terminar el mes sin tener que pasar un poco de hambre por el camino.

Y BaekHyun sabía que esos no eran los únicos motivos, al menos no desde hacía dos meses. Una sonrisa ladina se dibujó en sus labios de camino al almacén y recordó el día que conoció la otra razón por la que odiaba un poco menos su trabajo y no se tiraba delante de un auto para no venir más a trabajar -vale, quizá eso era muy exagerado.-

Había entrado un cliente nuevo en el Dorado, lo que no era una gran novedad, a no ser que el tipo en cuestión fuera alto, guapo y muy caliente. La mandíbula de BaekHyun se podría haber desencajado de lo grande que abrió su boca al ver por primera vez a semejante hombre dentro de la cafetería, mirando algo desorientado el interior y buscando un lugar para sentarse entre tanta gente.

Debe reconocer que le gustó desde que lo vio y que le encantó que se sentara detrás de la barra, en la esquina que casi nunca nadie quería porque estaba escondida y mal situada al lado de una columna. No obstante, él se sentó allí, apoyándose en la pared, girado de lado y BaekHyun se emocionó, porque normalmente se encargaba de la barra él por su rapidez y JunMyeon y JaeHwan de las mesas. Además, BaekHyun hacía mejor el café, espumoso y cargado.

¿Cómo te gusta el café? fue la primera cosa que se le ocurrió decirle y la mirada del tipo fue tan perdida y confusa que BaekHyun podría haber apretado sus mejillas por lo adorable que se veía con su boca abierta y sus ojos abiertos un tanto exagerado. Él ni siquiera se sonrojó por lo absurda de su pregunta.

Capuchino. Ponme un capuchino, le respondió él con un ligero tartamudeo y duda en su voz gruesa y grave. BaekHyun podría haber hecho un baile de la victoria si no estuviera delante del él y en medio del trabajo, porque joder, amaba las voces tan roncas y masculinas y el tipo era como un plus tras otro de las cosas que le gustaba en un hombre.

BaekHyun tuvo el descaro de dibujarle un corazón con la espuma de la leche y guiñarle el ojo al poner delante de él su capuchino. De hecho, fue tan poco sutil que incluso JunMyeon se acercó a la barra para regañarlo y pedirle que no acoses a los clientes, BaekHyun. Pero no podía evitarlo, porque bueno, el tipo era caliente y él llevaba un tiempo sin encontrar uno así, sobre todo uno tan jodidamente sexy y adorable a la vez.

Ni siquiera fue capaz de odiarlo por trabajar en la empresa en la que le gustaría trabajar como normalmente hacía con el resto de empleados de EX’ACT. No podía porque era lindo y se sonrojaba hasta las orejas cada vez que BaekHyun lo miraba un poco más de tiempo del correcto después de tomar su orden. No podía porque él se hizo un cliente habitual del Dorado y cambió la máquina de la empresa por los capuchinos de BaekHyun.

Park ChanYeol era su nombre. Lo descubrió la segunda vez que vino a la cafetería al día siguiente, BaekHyun llegó a pensar en algún punto que él no volvería y le alegró saber que no era el caso. A decir verdad, fue muy directo preguntando su nombre. Ahora que eres un cliente regular del Dorado estaría bien saber tu nombre, así puedo poner tu nombre en la espuma. La cara de ChanYeol volvió a ser un poema y tardó unos cuanto segundos de más en responder.

Después de aquellas veces vinieron otras. ChanYeol sí que se hizo un cliente regular de la cafetería y BaekHyun siempre atendió al tipo. JaeHwan había tratado una vez de ir a tomar su orden y casi se tragó la bandeja y su paleta derecha se movía ligeramente -su jefe nunca se creyó que fuera un accidente que su pie estuviera casualmente allí para que JaeHwan tropezara, pero a BaekHyun le dio lo mismo.-

Cabe destacar, que en todas las ocasiones él trató de insinuarse y hacerle ver a ChanYeol que le gustaba, sin embargo, en esos dos meses se había dado cuenta de que el tipo era tan sexy como tímido y nunca respondía a sus coqueteos, al menos no directamente. Tampoco podía decir que lo rechazara. BaekHyun estaba casi seguro de que ChanYeol era gay y que le gustaba, pero quizás era demasiado ingenuo y por eso no era capaz de seguirlo.

De todas formas, para él era una alegría que ChanYeol viniera al Dorado todas las mañanas. Las diez no solo era la hora en la que la cafetería estaba llena por los empleados de EX’ACT, sino que también era la hora en la que BaekHyun podía atender a su cliente favorito. Y aunque solo fuera media hora de descanso, esos escasos treinta minutos con ChanYeol le daban la fuerza suficiente a BaekHyun para levantarse todas las mañanas y no querer morir ahogado en la ducha.

Y eso que ni siquiera hablaban, se dijo mientras sacaba el café del almacén, cargándose el saco en el hombro. No era porque no quisiera, pero notando lo difícil que era sacarle más de cuatro palabras a ChanYeol que no tuvieran que ver con su pedido, el tiempo o el saludo, BaekHyun no quería ser muy persistente por si el tipo volvía a decidir que el café de la máquina era aceptable y que su excelente capuchino no era suficiente para aguantar a un camarero pesado.

Por eso, trataba de medirse y no sobrepasarse demasiado en sus intentos, aunque a veces le daban reales ganas de decirle de frente a ChanYeol que le gustaba y quería desesperadamente salir con él. BaekHyun dio un largo suspiro con ese pensamiento y dejó el saco en el suelo, cargando de nuevo la máquina de café y dejándola lista para la hora punta de la cafetería.

Se ajustó el delantal negro y apartó uno de los mechones magentas, colocándolos en su lugar, pese a su peinado perfectamente revuelto. A lo mejor su pelo no era lo más adecuado para una empresa tecnológica, se decía a veces, pero después de que lo despidiera, BaekHyun no tenía nada que perder y a JunMyeon le daba igual el color de pelo de sus empleados, por lo que él probó algo nuevo y le gustó el resultado.

Igual su pelo no era relevante y sabía que llevara el color que llevara, el resultado en las empresas siempre era el mismo. Nunca lo elegían a él de entre los candidatos para el puesto de trabajo y BaekHyun no quería ser negativo, pero comenzaba a verse eternamente en una maldita cafetería y oliendo a café.

—Ey, Baek, ponte alerta, son las nueve cincuenta y siete. —lo avisó JaeHwan con voz aguda y emocionada.

El chico, al contrario que él, sí le gustaba lo que hacía. Puede que fuera por la personalidad positiva de JaeHwan o porque era más joven, estaba en su último año en la universidad y creía que se iba a comer el mundo con su música, pero él siempre tenía una sonrisa permanente desde que empezaba su turno hasta que finalizaba.

BaekHyun obedeció y comenzó a preparar cafés, servir bollos, bocadillos e incluso batidos en cuanto el reloj dio la diez. Sin importar lo ocupado que estaba detrás de la barra pasándole los pedidos a sus dos compañeros, fue capaz de ver a ChanYeol entrar en la cafetería con su típico andar desgarbado producto de sus piernas chuecas y esa mueca de confusión por el ajetreo y el cambio repentino de iluminación.

ChanYeol se sentó en su lugar habitual y BaekHyun terminó de servir el té verde con su maestría perfeccionado con sus años de experiencia y le tendió la taza a JaeHwan para acercarse con rapidez a su cliente.

—Hola, ChanYeol ¿qué tal la mañana?

—Hola. —El tipo se encogió de hombros.—Como siempre.

—¿Un capuchino? —alzó las cejas, mirándolo muy detenidamente.

—Sí y sírveme un bollo.

—¿Con o sin crema? Los de crema son los mejores, según yo. —añadió y de verdad que no quería sonar tan seductor porque estaban hablando de bollería, pero ChanYeol tosió y él sonrió de medio lado sin poderlo evitar.

—Con crema está bien.

—Perfecto.

JunMyeon ya estaba lanzándole una mirada desde el fondo de la cafetería cuando se giró para hacer el capuchino de ChanYeol y BaekHyun bufó, ignorándolo. No necesitaba que lo vigilaran, era adulto y sabía ser sutil, más o menos.

Cuando regresó de nuevo delante de ChanYeol, colocó su capuchino frente a él, esta vez un Rilakkuma dibujado en la espuma porque había averiguado que al hombre le gustaban y le guiñó el ojo, notando el sonrojo del tipo por ese pequeño detalle. Después, le acercó el bollo de chocolate, relleno de crema y tocó su brazo a propósito con la yema de sus dedos, apartando la mano con rapidez, fingiendo que fue todo muy inocente.

Se despidió de él con una sonrisa, regresando el trabajo, más por no verse como un acosador e incomodar a ChanYeol, que porque realmente quisiera y aprovechó para limpiar la cafetera ahora que todas las mesas estaban servidas. Realmente le gustaba mucho ese hombre con sus trajes de corte simple, el pelo castaño revuelto y esos sonrojos tan poco comunes en tipos grandes como él, pero no sabía cómo acercarse a ChanYeol sin parecer un pesado y a veces se desanimaba y creía que ni siquiera le gustaba.

—¿BaekHyun?—escuchó desde el fondo de la barra. Era la voz de ChanYeol. Se giró tan estúpidamente rápido que podría haber competido con la niña del exorcista, joder, y al mirar al tipo, sufrió un maldito infarto. —¿Puedes darme una servilleta?

ChanYeol se había manchado de chocolate y crema los labios, la combinación entre el el dulce negro y la crema pastelera era demasiado para la mente de BaekHyun y no quería, pero se imaginó su boca manchada por otra cosa y en otra situación y tuvo mucho calor, demonios.

BaekHyun tomó un recipiente de servilletas extra y agarró el mismo una, pero en vez de tendérsela a ChanYeol como éste esperaba, cuando estuvo lo suficientemente cerca, se estiró sobre la barra y limpió la comisura de sus labios, sorprendiéndolo y haciéndolo sonrojar hasta límites insospechados.

—Tienes que tener cuidado con la crema, ChanYeol.—le susurró bajo, demasiado para estar en medio de una cafetería y hablar con un cliente. Le importó un carajo.—Tienes que morder suavemente el bollo para que no se derrame.

Y había una connotación sexual detrás de esas palabras que no pudo evitar y BaekHyun creyó que por una vez, el tipo entendía qué diablos le estaba diciendo y que esa atmósfera cargada y electrificada no la sentía solo él.

Sin embargo, JunMyeon cortó el momento.

—BaekHyun, necesito tu magia en la cafetera. —le dijo con tono indulgente a un metro de distancia.

BaekHyun le sonrió de medio lado a ChanYeol, echándose hacía atrás para obedecer a su jefe.

—Disfruta de tu desayuno, ChanYeol.

No volvió a dirigirle la palabra en el resto del descanso, pero ChanYeol estuvo rojo durante los cinco minutos que tardó en comerse su bollo de chocolate y crema después de aquello y BaekHyun se sintió jodidamente satisfecho.

***

—¿Ya es la hora del descanso? —preguntó JongDae al verlo estirarse en la silla después de dos horas sentado en la misma posición sin moverse.

ChanYeol alzó la mirada para ver a su amigo y compañero de trabajo. Conocía a JongDae desde la universidad, el tipo había decidido el primer día de clase que debían ser amigos cuando ChanYeol entró aparatosamente en el salón lleno de estudiantes y se cayó al suelo chocando con sus propios pies. Él también había llegado tarde y el profesor los echó a ambos al pasillo cogiéndoles manía por el resto del año.

ChanYeol no se quejaba, había ganado un buen amigo, pero a veces tenía demasiadas ganas de ahogar a JongDae con sus propios calcetines y el motivo era precisamente por la mirada que le estaba dando en ese instante. Porque sí, era la hora del descanso, ambos lo sabían, tanto como que ChanYeol quería bajar a la cafetería y JongDae solo esperaba reírse un rato de él especulando sobre los motivos por los que deseaba que llegaran las diez de la mañana.

No tardó en empezar con sus divagaciones.

—¿Vas a ver al chico de la cafetería?

—JongDae, no empieces con eso otra vez.—bufó él, apartando la mirada, molesto y avergonzado.

—Oh, venga, ChanYeollie. El chico es agradable, guapo y la máquina de café la arreglaron hace más de un mes y medio.

ChanYeol se sonrojó y fingió mirar la punta de sus zapatos, notando por el rabillo del ojo la sonrisa de JongDae.

—El café del Dorado es mejor que el de la máquina y necesito recargar las pilas para lidiar con esta mierda de programa. —señaló la pantalla del ordenador, frustrado. —Tampoco tengo que darte explicaciones.

—No te he pedido explicaciones.—comentó con tono inocente el tipo, sonriendo de medio lado como un gato. ChanYeol de verdad quería ahorcarlo con un calcetín.—Lo único que digo es que podrías responder algún día al ligoteo del pobre chico.

Él alzó las cejas, levantándose de la silla y colocando las manos en las caderas.

—BaekHyun no liga conmigo, solo es amable.

—¿Amable? ¿Ahora se le llama así?—se burló JongDae estirándose en la silla de oficina. —Por dios, ChanYeol, el tipo no puede ser más obvio en sus intenciones contigo.

—Ni siquiera sabes si es gay. —se excusó con un gruñido, tomando su portátil y metiéndolo dentro de la funda. Normalmente trabajaba con el ordenador de la empresa, pero a veces se le complicaban algunas cosas y era bueno tener allí el suyo propio para ciertos recursos. —El otro día lo vi coqueteando con una chica.

—Ah, así que te has estado fijando en él. —ChanYeol miró a su amigo con el ceño fruncido. —Te gusta.

—No digas estupideces, JongDae. —Pero se estaba sonrojando hasta las orejas, joder. —Lo vi de casualidad.

—Claaaro. —alargó la vocal, asintiendo y dándole el sí como a los tontos y se levantó, confundiendo a ChanYeol.

JongDae tomó la cartera y el teléfono, dejando atrás la chaqueta, ya que estaba empezando el buen tiempo y lo miró sonriente.

—¿Qué haces?

—Te acompaño a la cafetería.

—Tú no tomas café ¿recuerdas? Te altera los nervios ¿Tengo que llamar a MinSeok?

Su amigo rodó los ojos, colocando las manos en los bolsillos.

—Te vas a chivar como un niño de cinco años ¿en serio? Y no voy a tomar café.

—Tampoco te gusta el té mucho menos la manzanilla. —insistió mirándolo mal.

No era buena idea que lo acompañara porque conociéndolo iba a dejarlo en evidencia o hacerle algún tipo de pregunta indiscreta a BaekHyun y puede que sí le gustara un poco el tipo y no quisiera quedar frente a él como un bicho raro, más de lo que ya lo parecía, quería decir. Porque sabía que debía verse como un idiota cada vez que se sonrojaba por cualquier gesto simpático del tipo, guiño o por un mero qué tal, ChanYeol.

—¿Qué pasa? ¿Que no sirven colacao? Si es el Dorado, debería tener todas las maravillas del mundo, como mínimo.

ChanYeol no respondió, tomó el portátil y caminó por delante de JongDae un tanto estresado. Su amigo en cambio sabía que estaba feliz por haber ganado esa pequeña contienda y mierda, estaba rezando para que no hiciera nada muy estúpido, cómo contarle a BaekHyun que usaba bóxers de Bob Esponja, pensó autocompadeciéndose y recordando aquella fatídica cita doble que le armó JongDae y que fue un jodido desastre.

Como siempre, el Dorado estaba muy lleno a las diez y ChanYeol andó directamente a su lugar en la barra, sin prestar atención a las quejas de JongDae que sonaron algo como son todos unos adictos al café o parecen que venden droga y terminó con un ¿por qué no nos sentamos en aquella mesa? ¿ChanYeol, me estás escuchando, bastardo? Sip, lo escuchaba, era difícil no hacerlo, pero prefirió fingir que estaba muy ocupado sentándose en su sitio y colocando bien su portátil frente a él.

JongDae, de todas formas y pese a su ceño fruncido, se sentó a su lado sin mayores ceremonias y tamborileó los dedos sobre la barra, tomando el menú y hojeándolo. ChanYeol, por su parte, divisó a BaekHyun de espaldas a ellos, trabajando en la cafetera y seguramente haciendo alguno de esos maravillosos americanos, capuchinos y amarettos que tan bien le salían. Sin embargo, cuando se giró y lo vio alzó una mano con dos dedos en alto y le dio una sonrisa deslumbrante, indicándole que en dos minutos estaba con él.

—Se te cae la baba. —comentó JongDae con fingida inocencia, aún mirando el menú.

—No es verdad. —susurró molesto, encendiendo el ordenador.

BaekHyun se acercó a ellos con rapidez y ChanYeol no pudo sostenerle la mirada, pese a que el tipo parecía solo estarlo viendo a él e ignorando por completo a JongDae. A su amigo incluso ese detalle, le entretenía más que enfadarlo y le vocalizó por detrás del menú un le gustas, estúpido, antes de apartarlo y sonreírle al camarero, haciéndole notar su presencia.

—Hola, ChanYeol ¿qué tal el día?

—Los he tenido mejores. —le respondió con la voz grave, mirando de reojo su portátil.

—Entonces tendré que animarte con mi cappuccino ¿no? —le sonrió BaekHyun.

Él tragó saliva, fijándose en las delicadas manos del tipo apoyadas en la barra y las venas de sus brazos un poco tonificados y joder, debía concentrarse y no quedarse callado durante tanto tiempo delante de BaekHyun. No ser un bicho raro, ChanYeol, se dijo, pero se le secaba la garganta con el camarero mirándolo de aquella forma tan intensa, con tanta atención.

JongDae eligió ese momento para carraspear y BaekHyun entonces lo miró con una ceja alzada.

—Hoy trajiste compañía, ChanYeol.

—Kim JongDae, mejor amigo y compañero de trabajo de ChanYeol, tengo pareja y no es él. Este bastardo es soltero, libre y sin compromisos de futuro, puedes darle lo que quier…

ChanYeol le tapó la boca a JongDae muy rojo, sus orejas podían echar humo en cualquier instante, maldita sea. Sabía que ese idiota iba hacer algo vergonzoso como eso, estaba obsesionado con el tema de buscarle pareja y salir los cuatro en una cita doble, sería maravilloso, ChanYeol, porque según su amigo no es agradable ir con un soltero de vacaciones, MinSeokkie no quiere besarme por respeto a ti. Y él tenía que sufrir los intentos desesperados de JongDae por hacerle de casamentero.

Lo peor era la cara de BaekHyun cuando se atrevió a mirarlo. El tipo sonreía de oreja a oreja, pero al menos no lo estaba mirando como si fuera un bicho raro. JongDae palmeó la mano de ChanYeol repetidas veces, gruñéndole y babeándole la palma para que la quitara y él se quedó clavado en los ojos del camarero sobre los suyos.

—Está bromeando.—le dijo con apuro.

—¿No estás soltero?—casi se atragantó con su pregunta.

JongDae le mordió un poco los dedos y él tuvo que quitar la mano con rapidez.

—No bromeaba. No tiene novio. —respondió por él su amigo, dejando aún más claro que estaba soltero y que era gay. Perfecto. —Quiero un colacao y una tartaleta de manzana.

—¿Colacao?

—Sí ¿no tienen?

BaekHyun miró a ChanYeol, confuso y él se encogió de hombros.

—No puede tomar café.

El camarero se encogió de hombros, restándole importancia y volvió a centrarse en él.

—Tu capuchino y ¿quieres otro bollo hoy, ChanYeol? —la pregunta sonó en sus oídos más sugerente de lo que era y por favor, este sonrojo no se iba a ir nunca, maldito calor.

—Sí, por favor.

Él se retiró con un asentimiento de cabeza y JongDae no tardó ni dos minutos en estar inclinado sobre él. Rodeó sus hombros con un brazo, atrayendo su cabeza contra la suya y a ChanYeol no le gustó nada su sonrisa ladina, de hecho, la detestaba.

—Está coladito por ti. —afirmó muy seguro y contento. —Estoy seguro de que solo está esperando a que le des una señal para caer sobre ti.

ChanYeol frunció el ceño.

—¿Tengo que decirle a MinSeok que has vuelto a intentar buscarme pareja?

Su amigo se separó de él, ofendido, cruzándose de brazos.

—Di lo que quieras, idiota, pero BaekHyun quiere darte otras cosas aparte de café y bollos.

Él no dijo nada y procuró no imaginarse de qué cosas hablaba su amigo. No quería ni pensarlo. Era cierto que BaekHyun era guapo y le resultaba atractivo, pero ChanYeol ya había sufrido decepciones el pasado, creyendo que podría gustarle a alguien y al final equivocándose. Además, era absolutamente vergonzoso responderle al tipo con alguna cosa subida de tono en medio de la cafetería repleta de gente, por mucho que se sentara en una esquina discreta, siempre alguien podía oírlos y a ChanYeol nunca le gustó el público ni para ligar ni para ser rechazado, en caso de que lo fuera.

BaekHyun fue rápido trayéndoles su desayuno, como siempre. Sirvió primero a JongDae, dejándole el sobrito con colacao y un vaso de leche caliente, aparte de su tarta de manzana. Luego dejó ante él su espumoso capuchino, sorprendiéndolo con un ¡fighting! escrito en la espuma y dos corazones en los puntos de las exclamaciones, y el bollo de chocolate.

—Toma, para que no te manches. —le acercó unas servilletas con amabilidad.—Recuerda comerlo despacio. —añadió con un susurro, guiñándole el ojo.

ChanYeol simplemente asintió, muriéndose de la vergüenza, joder. ¿Por qué tenía que parecer que estaba ligando con él? ¿Y si no le gustaba y solo era su imaginación? El camarero se fue silbando alguna canción del momento con el paño de cocina en el hombro y JongDae estaba sonriendo de nuevo cuando él se atrevió a mirarlo.

—No podría ser más obvio.

—Cierra la boca. —gruñó atacando su bollo de chocolate y escondiendo la cara detrás del ordenador.

El resto del descanso estuvo lidiando con el nuevo programa que le estaba dando tantos dolores de cabeza y bajando su frustración con el café y el dulce. La cosa era algo diferente que nunca antes había probado y no era capaz de dominarlo por completo sin hacer un desastre, de hecho, estaba frustrado e incluso JongDae lo dejó en paz y no volvió añadir nada sobre BaekHyun.

Cuando llegó la hora de irse, JunMyeon fue quien les sacó la cuenta, ya que BaekHyun estaba atareado con la máquina de café porque se había atascado y a ChanYeol le sorprendió que el chico supiera arreglarla. Eso no le impidió girarse para despedirse de él, pese a tener una mancha en la mejilla de café, se veía atractivo, incluso sexy y JongDae volvió a decirle que vas a resbalarte con tu propia saliva.

El resto del día no mejoró para ChanYeol, no obstante. El programa no funcionaba como debería de hacerlo y estaba atascado y sin soluciones a su problema y acudir algún superior y decirle que no era capaz de hacer esa tarea tan sencilla no era una solución. EX’ACT era una empresa muy grande, muchos informáticos matarían por un puesto en ésta y ChanYeol era fácilmente sustituible.

Y no podía ser despedido ahora. Tenía veintiséis años, este era su primer año trabajando en su rama después de terminar la universidad y no quería volver a trabajar como dependiente en una tienda de chucherías como pasó los dos últimos años de carrera. Además, por fin estaba ahorrando el dinero suficiente para comprarse un coche y tener algún dinero extra en caso de emergencias caseras. ChanYeol estaba organizándose como un adulto y no entraba en sus planes quedarse desempleado y verse obligado a volver a la casa de sus padres, por mucho que a su madre le encantara la idea.

Estaba tan agobiado, que ni siquiera pudo disfrutar correctamente de su almuerzo y a la hora de la salida, a las cinco, en vez de irse directamente a la parada del bus como todos los días, cruzó la calle y entró en el Dorado. A esa hora la cafetería no tenía tanta gente, quizás porque los empleados de EX’ACT estaba regresando ya a casa o porque por las tardes solo habían parejas y adolescentes paseando.

ChanYeol se encaminó a su lugar, siempre esperando por él y BaekHyun lo recibió con una sonrisa, ya preparado detrás de la barra.

—¿Tú por aquí a esta hora?

—Necesitaba otro cappuccino.—le dijo con un suspiro cansado.

—Tenemos magdalenas ¿quieres una?

—¿Tratas de engordarme?—le preguntó con una sonrisa un poco más sincera, sintiéndose mejor repentinamente.

—Trato de ganarme tu estómago. —le guiñó el ojo, riéndose. —¿La traigo?

—Sí.

Esta vez no sufrió accidentes como el mancharse la boca con la crema, pese a que la magdalena sí tenía chocolate por dentro y estaba muy buena, a decir verdad. De todas formas, esa merienda no ayudó a ChanYeol en su tarea de dominar el estúpido programa. A decir verdad, se sentó allí durante más de una hora con la taza de café ya vacía y fría y el plato con algunas miguitas, estaba a punto de volver a pedir otro café, esta vez un americano y estrellar la cabeza contra la barra cuando BaekHyun se acercó de nuevo a él. No lo hizo durante el tiempo que estuvo trabajando, pero ChanYeol pensó que debía verse muy patético y miserable tirándose del pelo para que el tipo decidiera interrumpirlo.

—¿Te encuentras bien, ChanYeol?

ChanYeol alzó la mirada y algo en el rostro preocupado del tipo lo animó a contarle su estúpido dilema, sin tener en cuenta que aunque fuera un camarero, no tenía por qué escuchar sus problemas ni frustraciones. Una vez terminó de lloriquear como un niño porque el programa no quería funcionar y él temía ser despedido, se maldijo por darle esa imagen de debilidad a BaekHyun. Sin embargo, el camarero lo miraba con comprensión y no parecía juzgarlo por estar tan preocupado por algo como eso.

—¿Qué programa es?

—¿Por qué?

BaekHyun sonrió, apoyado en la barra.

—Aunque no lo creas porque preparo estupendos capuchinos, soy informático.—eso lo sorprendió y jadeó un poco. —No lo esperabas.

—Lo cierto es que no. —se sonrojó y el chico se encogió de hombros.

ChanYeol le mostró su portátil, dejándole ver su problema. BaekHyun frunció un segundo el ceño y después le dio una mirada confiada. Sin decir nada, se alejó hasta la salida de la barra en el otro extremo y se sentó a su lado. ChanYeol lo miró todo el tiempo anonadado y confuso, no esperaba que fuera informático como él, y eso le recordaba que nunca habían mantenido una conversación profunda y que era BaekHyun el que le sacaba las palabras porque él siempre estaba preocupado, avergonzándose.

El camarero se sentó a su lado con una sonrisa y le pidió el portátil mudamente. ChanYeol se lo dejó aún mudo y se maravillo con la facilidad con la que BaekHyun puso en funcionamiento el programa. Estuvo casi media hora explicándole cosas básicas del programa y para hacerlo funcionar de la manera correcta en su trabajo, incluso añadió algún truco extra que le haría el camino más sencillo.

—¿Mejor ahora? —preguntó al final de la sesión.

Eran las seis de la tarde y ChanYeol se sentía algo culpable por haber mantenido al chico sentado tanto tiempo.

—Sí, muchas gracias, BaekHyun, estaba muy perdido con esta mierda. —le dijo con agradecimiento y la voz ronca. —¿No tendrás problemas con JunMyeon, cierto?

BaekHyun sonrió muy amplio y le resultó una sonrisa muy bonita y atractiva, joder. Una que le aceleró el corazón por motivos desconocidos.

—Mi turno terminó a las cinco.

—¿Qué? ¿Y por qué me dijiste nada? —se alteró, preocupado por molestarlo.

—Quería servirte tu capuchino. —le respondió con tanta naturalidad y simpleza que lo dejó sorprendido y mudo, una vez más.—Además, me alegra haberme quedado, fue gratificante volver hacer algo de mi especialidad para variar. Y siempre es agradable hablar contigo.—añadió un poco más suave, más cerca y más bajo.

ChanYeol fue consciente entonces de la cercanía del camarero, de sus ojos castaños intensos y su boca totalmente apetecible. Tenía ganas de besarlo y ellos estaban en medio de la cafetería, su aliento debía oler a café y no sabía si realmente le gustaba a BaekHyun. Eso lo hizo sonrojarse, toser abruptamente y alejarse del tipo para evitar su vergüenza.

—¿Estás bien?—preguntó el otro, riéndose.

—Sí, sí. Muchas gracias por tu ayuda, BaekHyun. Te debo una.—le dijo apresurado.

—Te tomo la palabra. —le guiñó el ojo él, levantándose y sacándose el delantal.

—Mierda. Uhm, tengo que coger el bus. —añadió mirando la hora en su reloj y maldiciéndose porque si no se daba prisa iba a perderlo y tendría que esperar media hora a que pasara el siguiente. —Nos vemos mañana, BaekHyun.

—Aquí estaré, ChanYeol.

***

—Gracias por venir, señor Byun, lo llamaremos.

No, no lo harían, pensó BaekHyun sonriéndole al tipo fingidamente y dándole la mano por última vez, antes de salir del despacho. No es que el fuera pesimista, pero sabía cuando alguien estaba diciendo algo por complacer a otro, era camarero y veía esa situación todos los días. Sus clientes fingían sonrisas delante de compañeros de trabajo que no les caían bien o trataban de mentirle diciendo que la tarta de manzana estaba rica cuando sabía que no había sido de su total gusto. Por eso, sabía que no le había caído bien al entrevistador y que su currículum tampoco lo había impresionado.

A decir verdad, estaba jodido.

Había ido a muchas entrevistas de trabajo, pero siempre regresaba de éstas con una sensación amarga en el estómago, el pecho hundido y sin un contrato. La perspectiva de regresar al Dorado tampoco le hacía feliz hoy, ni siquiera aunque sabía que estaba a tiempo de ver a ChanYeol, más que sea, mientras desayunaba, porque ya eran las diez pasadas.

Entró en la cafetería abatido y embutido en un traje sin corbata, algunos clientes lo saludaron al reconocerlo y JunMyeon le lanzó una mirada de súplica desde detrás de la barra, seguramente estresado porque eran pocas manos para muchos clientes. BaekHyun no lo pensó mucho y se acercó directamente a la barra, quitándose la chaqueta y dejándola en un lado.

—¿Cómo te fue?—preguntó con tono amable su jefe, sonriéndole pero notándose que estaba apurado.

—Se te va a derramar la leche.—prefirió señalar mientras se subía las mangas de la camisa.

—Mierda.

BaekHyun dejó a su jefe maldecir y se colocó el delantal negro, acercándose a la máquina de café y preguntándole JunMyeon qué más había que preparar. No hablaron más acerca de la entrevista y él se concentró en trabajar con rapidez y eficacia, una vez terminó y todos los clientes estuvieron provistos de su café, BaekHyun se revolvió el pelo algo frustrado.

¿Será por el pelo? se preguntó a sí mismo, caminando en dirección a la puerta de empleados, sin embargo, se detuvo delante de ChanYeol, percatándose de la mirada del tipo sobre él. El hombre se sonrojó al instante y BaekHyun por una vez en la mañana sonrió sinceramente.

—Hola, ChanYeol.

—Hoy llegaste más tarde. —comentó él.

El camarero alzó una ceja con las manos en las caderas y el sonrojo de ChanYeol se hizo más notorio. BaekHyun seguía disfrutando que el tipo fuera tan sumamente vergonzoso con cada pequeña cosa, era hasta cierto punto una mezcla entre adorable y caliente y puede que a él le gustara un poco bastante ChanYeol.

—¿Echaste de menos mi capuchino?

—JunMyeon lo sacó bien, pero no es lo mismo.

—Lo sé. Tengo un don. Quizás debería de renunciar de una vez a esa loca idea de ser informático y dedicarme a ser barista. Se me da mejor. —pero sus palabras sonaron amargas en vez de bromistas y ChanYeol perdió un poco la sonrisa.

BaekHyun sabía que de alguna manera había contagiado a su cliente favorito con su mal ánimo y que convirtió una conversación alegre en algo un tanto oscuro y espeso. De hecho, el ambiente se quedó algo cortante después de su intervención y ChanYeol jugó con sus dedos, sin saber qué decirle.

—Tengo que ir a cambiarme. Disfruta del resto de tu desayuno, ChanYeol. —trató de sonar coqueto como siempre, pero le faltó su chispa característica y su media sonrisa no fue tan grande y ladina.

Huyó como un cobarde por la puerta de los empleados y se quedó allí hasta que el reloj señaló el fin del descanso de ChanYeol.

El resto del día no fue mejor ni logró levantar el ánimo. JaeHwan y JunMyeon trataron de sacarle algunas sonrisas con chistes malos y comentarios al azar por la mañana, sin conseguir exactamente su objetivo. Incluso HwaSa, otra de las empleadas del Dorado que solía venir por las tardes, notó al instante su estado decaído y empezó hablarle de sus clases, las locuras que había estado haciendo con su amiga WheeIn y al final, terminó abrazándolo como si fuera un osito de peluche porque odio verte triste, BaekHyun.

Él sabía que tenía buenos compañeros de trabajo, buenos amigos y que su empleo no era tan malo, para estar trabajando en el sector de la hostelería no estaba muy explotado, tenía un sueldo decente y un horario que le permitía no madrugar mucho y tener el suficiente tiempo libre. Realmente, estaba bien y aun así, BaekHyun quería algo mejor, porque no quería ser barista.

—Ey, Baek, creo que deberías animarte. —lo codeó HwaSa una vez más, pero esta vez la chica menor está sonriendo más amplio y de cierta forma, un tanto maliciosa y BaekHyun se contagia por su travesura.

—¿Por qué?

—¿Ese no es el tipo que te gusta?

BaekHyun giró el cuello muy rápido para la diversión de HwaSa y sip, efectivamente ese era ChanYeol con la chaqueta colgando del hombro y un aspecto más desordenado del habitual, seguramente porque eran las cinco, su jornada había terminado y la tarde estaba bonita. Él no pudo evitar clavar su mirada en el tipo, como tampoco pudo evitar fijarse en los primeros botones de su camisa abiertos o en lo atractivo que se veía con el pelo revuelto, como se hubiera pasado muchas veces las manos entre las hebras.

ChanYeol encontró su mirada y se acercó a él directamente, ignorando su sitio habitual en la barra y eso lo hizo pensar que quizás no venía como cliente esta vez. Quizás lo venía buscando a él. La mera idea lo emocionó.

—Hola.

—Hola. —no quería admitirlo, pero tenía la garganta seca. —¿Quieres otro capuchino, ChanYeol? Aún estás a tiempo de disfrutar uno mío.

—En realidad no vine por eso. —murmuró él, rascándose la nuca y mirando de reojo a HwaSa, la cual seguía al lado de BaekHyun, mirándolos tranquilamente.

—HwaSa ¿no tenías que ir a limpiar las mesas?

—Ya están limpias. —se encogió de hombros la chica, no queriendo entender su indirecta.

BaekHyun bufó.

—HwaSa, vete.

Ella rodó los ojos, pero asintió, le guiñó el ojo a ChanYeol y rodeó la barra para salir.

—No tenías que echarla.

—Pareces a punto de decirme algo, pero con HwaSa aquí no podías, además, no la eché, ella solo estaba jugando. —le explicó con tono suave. —¿Qué pasa, ChanYeol?

Le dio su tiempo para que él pudiera hablar. No conocía mucho a ChanYeol, bien era cierto, pero creía que estaba comenzando a entender que el tipo era vergonzoso y reservado y no creía que fuera a explicarle para qué había venido si no era por uno de sus maravillosos capuchinos si HwaSa estaba allí. También entendió que estaba nervioso por la forma en la que se pasaba cada dos minutos las manos por la nuca y el cuello, meditando sus palabras.

—¿Esa chica, HwaSa, es tu novia?

Podría haberse reído, pero por la cara seria que tenía ChanYeol logró controlarse lo suficiente para que solo le saliera una sonrisa demasiado grande y una semi carcajada ahogada con una tos.

—¿De verdad viniste para preguntarme eso y no por uno de mis capuchinos?

ChanYeol frunció el ceño.

—No vine a preguntarte eso, pero como te vi con ella….

—Me gustan los tíos, ChanYeol. —lo cortó BaekHyun alzando una mano y con la diversión dibujada en su rostro. —Y por si todavía te lo preguntas, no, ella no es mi novia.

—¿No te gustan las mujeres?

BaekHyun se apoyó en la barra, acercándose a ChanYeol y notando que éste estaba aún muy serio y que a lo mejor por eso no se alejó de él.

—¿Por qué piensas que me gustan?

ChanYeol apartó la mirada en ese punto, abochornado, pero no se movió ni se retiró lejos de él.

—No lo sé, puede que te viera el otro día coquetear con una mujer. —respondió al final, notándose inseguro, su voz muy ronca y sexy a su parecer.

BaekHyun sonrió y diablos, seguramente estaría viéndose como un bastardo, pero le pareció muy adorable por parte de ChanYeol hacerle esas preguntas, sobre todo lo emocionó que él se fijara en con quién hablaba porque eso le daba más esperanzas en su idea de que le gustaba de igual manera al tipo.

—Lo veo improbable, te puedo asegurar que no son un par de tetas lo que me gustaría tocar. —le confió divertido, fingiendo que era un secreto y avergonzando un poco más al hombre. —Lo único que viste, probablemente, es a mí siendo amable con la inspectora de sanidad. Es la única mujer que recuerde haber tratado esta semana de una manera más especial, por así decirlo.

ChanYeol lo miró y BaekHyun le devolvió la mirada, notando que él estaba decidiendo si le creía. Estuvieron así mucho tiempo o a lo mejor no tanto, pero al camarero le gustó que por una vez el tipo no se apartó ni trató de evitar mirarlo.

—¿Hay algún motivo en especial por el que me estés preguntando por mi sexualidad, ChanYeol? —preguntó despacio, disfrutando de cada palabra y casi susurrándosela al hombre.

—Sí, tiene que ver con lo que venía a proponerte. —le sorprendió la seguridad repentina de ChanYeol y sonrió de medio lado en consecuencia.

—Dispara.

—Ayer me ayudaste.

—Sí. —alzó una ceja.

—Y te debo una. —prosiguió ChanYeol.

—Sí, una bien grande. —rió él.

—¿Quieres salir conmigo?

BaekHyun por un instante creyó oírlo mal y las orejas del hombre estaban muy rojas y en general se veía atractivo y adorable, pero sus ojos eran seguros y serios al mirarlo. De todas las situaciones en las que se imaginó esto, nunca creyó que ChanYeol fuera el que le pediría salir y le gustó muchísimo que así fuera.

—¿Es una cita?

—Sí, si tú quieres. —tartamudeó un poco.

BaekHyun se mordió el labio inferior y sonrió.

—Quiero una cita contigo desde el primer capuchino, ChanYeol. —le confesó con seriedad esta vez.

ChanYeol abrió la boca formando una o y viéndose aún más sorprendido y tierno que antes. El camarero sacó el bloc de notas que llevaba en el bolsillo trasero del pantalón por si acaso tenía que atender alguna mesa cuando estaban desbordados, y apuntó su número de teléfono. Miró al más alto, dobló el papel y se lo tendió a ChanYeol.

—¿Te parece bien si quedamos el sábado a las ocho?

—Sí. Te mandaré la dirección.

—Perfecto. Y ChanYeol. —se inclinó más cerca suya, sus dedos acariciando su mejilla muy suavemente y con coquetería. El tipo de nuevo rojo. —Llámame si necesitas cualquier cosa.—susurró.

ChanYeol asintió, tragando saliva y BaekHyun sonrió como un bastardo, alejándose.

—Nos vemos mañana, BaekHyun.

—Aquí te espero con tu capuchino, ChanYeol.

***

No podía creer que ya era sábado y que él tendría una cita.

ChanYeol no sabía cuánto tiempo hacía que él no salía con otra persona que no fuera JongDae y su novio, y lo cierto era que pensarlo hasta lo deprimía, porque habían sido unos largos meses sin vida sentimental. Y estaba nervioso por eso mismo.

Mierda, era un jodido flan.

No podía negar que le gustaba BaekHyun y que fue algo desconcertante verlo hablar con su compañera de trabajo con tanta confianza. Tampoco iba a negar que podría haber sentido algunos celos y que eso lo llevó a estar inseguro acerca de su idea sobre por fin, pedirle una cita a BaekHyun, con la excusa de que lo había ayudado y él se lo debía.

Le tranquilizó tanto que él fuera tan directo al responderle sus preguntas sin ofenderse, de hecho, fue hasta ridículo que ChanYeol aún se cuestionara si él le gustaba al camarero cuando el tipo fue tan estúpidamente claro al decirle que desde el primer día, quería una cita con él.

Eso no se lo dijo a JongDae, no quería que se pavoneara delante de él por tener razón, bastante duro era ya aguantarlo sin darle un motivo para meterse con ChanYeol.

Su amigo fue muy claro antes de irse a casa con su adorado MinSeok, gritándole en medio del pasillo de la empresa un échale huevos y pídele una cita, idiota. Y aunque terminó abochornado y siendo la comidilla de algunos de sus compañeros, ChanYeol al menos por una vez se atrevió hacerlo. ¿Qué tenía que perder? Bueno, el capuchino sería malo perderlo, a decir verdad, porque estaba muy bueno, pero ChanYeol se dijo que sobrevivió con el café de la máquina de su empresa durante mucho tiempo y que a una mala, si le salía mal, podría volver hacerse íntimo amigo de ésta.

No fue necesario gracias a todo lo bueno y el viernes pudo tomar otro capuchino con un mensaje en su espuma. Cabe decir que no esperaba un Dame tu hardware, y que el chiste fue tan malo como vergonzoso, porque BaekHyun le guiñó el ojo después de servirle el café y parecía demasiado orgulloso de su ingenio.

—¿Te funciona muy a menudo?—se atrevió a preguntarle entre dientes.

—¿Quien te has creído que soy? No le pido a todo el mundo su hardware, ChanYeol.

Muy a su pesar, se río.

Y aunque después de mandarle el mensaje con la dirección en donde se verían, BaekHyun había logrado que ellos dos mantuvieran una conversación, ChanYeol sentía ahora mismo que si le pinchaban ni siquiera sangraría. Era tonto, llevaba desde el viernes por la tarde mandándose mensajes con BaekHyun y ahora, que por fin iban a verse sin que él fuera un barista sirviéndole un capuchino, ChanYeol estaba nervioso.

La mirada de JongDae sobre él tampoco ayudaba demasiado ¿por qué estaba ese idiota en su casa y por qué dejó que tuviera una llave?

—No te vas a casar ¿sabes? No tienes que estar tan tenso. —le comentó JongDae apoyado en el marco de la puerta de su habitación con un tono que no le gustó ni un ápice.

—Tengo galletas con caritas, atragántate con ellas y déjame en paz.

—Bastardo mal agradecido, encima que vengo hacerte de apoyo moral me deseas algo tan terrible. No tienes perdón. —meneó la cabeza, una mano en el pecho y su voz sobreactuada.

ChanYeol bufó, aún mirándose el pelo, sin saber qué hacer con esa maraña con la que llevaba todo el día.

—¿Quién te dijo que hicieras de apoyo moral? Porque yo no recuerdo haberte invitado.

—Soy tu mejor amigo, no necesitas pedírmelo para saber que necesitas que te apoye.

JongDae y él se miraron un minuto completo hasta que MinSeok entró con el bote de galletas debajo del brazo y masticando las susodichas galletas de caritas.

—JongDae deja de molestar a ChanYeol con banalidades.

—Solo trataba de aconsejarlo en su cita, Seokkie. —hizo un puchero el hombre.

MinSeok rodó los ojos y buscó los ojos de ChanYeol.

—Sé tú mismo y procura divertirte. Si no huyó el día que este —señaló a su novio con desdén y JongDae se fingió ofender diciendo un agudo oye que ambos ignoraron.—fue a la cafetería contigo no creo que vaya hacerlo ahora. Además, por lo que sé, el tipo es bastante obvio en sus insinuaciones.

—Para mí no eran tan claras. —murmuró, frunciendo el ceño el más alto de la estancia.

El novio de su amigo dibujó una sonrisa.

—Pregúntale si le dibuja corazones en la espuma a todos sus clientes, ChanYeol. —él ladeó la cabeza, sorprendido y MinSeok le metió una galleta en la boca a JongDae antes de que comenzara hablar de nuevo.—Te esperamos en el salón.

Tuvo que reconocer que la presencia de ambos chicos en casa si lo ayudó un poco, aunque JongDae se encargó de darle consejos sexuales que no creía necesitar porque por favor, JongDae, es la primera cita, solo vamos a comer algo de comida chatarra y hablar un rato, no vamos a tener sexo, a lo que su amigo le respondió muy ofendido un pues deberían tener sexo, no hay nada que una más a dos personas que ser una y añadió con una sonrisa ladina y espero que cuando introduzcas tu pendrive en su puerto USB se te descarguen bien todos los archivos. ChanYeol quería asfixiarlo con un calcetín después de ese mal chiste y MinSeok fue el encargado de darle una colleja y explicarle por qué tenía que cerrar la boca y dejar a ChanYeol meter su pendrive cuando quisiera o ser el puerto USB de BaekHyun si quería.

Sí, tener a esos dos ayudó en algo, pero también le hicieron pensar en qué debería hacer en esta primera cita con el chico y si él se estaría planteando de igual forma el tema del sexo o no. El trayecto en bus sus pensamientos estuvieron perdidos en ese tema, tanto que casi tuvo que saltar del vehículo porque había llegado a su parada y no se había dado cuenta.

—Joder. —jadeó con las manos en las rodillas.

—Eso estuvo cerca. —lo asustó la voz de BaekHyun.

ChanYeol se alzó y miró al tipo como si fuera una aparición durante un segundo, lo que tardó en darse cuenta en lo guapo que se veía con pantalones rotos pegados y una camiseta blanca con un dibujo rojo delante. Ni siquiera había nada sumamente especial en su manera de vestir, aparte del hecho de que esos pantalones marcaban sus muslos y su trasero, pero a ChanYeol se le secó hasta el alma.

—¿Llevas mucho tiempo esperando?

—Acabo de llegar, vivo cerca de aquí. —se encogió de hombros, sonriéndole. —¿Te parece si vamos a comer ya? Tengo hambre.

ChanYeol asintió y eso le bastó a BaekHyun para tirar de su muñeca y guiarlo. Trató de no ser consciente del tipo, pero era imposible con él sujetándolo tan naturalmente por el codo, como si fueran una pareja de paseo. Y mierda, se estaba poniendo muy rojo y sentía sus orejas calientes como brasas. ChanYeol odiaba mucho ser tan tímido y bochornoso cuando alguien le gustaba tanto.

Lo que fue aún más vergonzoso fue notar la mirada de medio lado del chico y su sonrisa traviesa tan atractiva. Eso lo hizo gemir internamente y cerrar un instante los ojos. Su error fue tropezar con sus propios pies. BaekHyun lo sujetó aún más fuerte que antes y lo tomó por el brazo y la cadera.

—¿Estás bien, ChanYeol?

—Sí. —gruñó. —No te burles.

—No lo hice, pero es divertido ver tu cara y tus orejas rojas. Te ves muy lindo. —le respondió con tono zalamero.

ChanYeol no pudo responder. El otro lo llevó hasta una cadena de comida rápida y en ningún momento dejó de tocarle el brazo, la muñeca o la mano, de hecho parecía muy cómodo y después de la primera impresión y de superar su vergüenza, ChanYeol empezó acostumbrarse.

Comieron entre risas dos hamburguesas y papas fritas con sus convenientes refrescos extra grandes. BaekHyun encontró divertido darle de comer papas con kétchup y decirle cómo tenía que comerlas porque él tendía a mancharse. A decir verdad, pese a que el camarero era muy directo y empezó a notar que le gustaba verlo rojo, ChanYeol se encontró disfrutando de esos momentos.

—BaekHyun.—él hizo un sonido de garganta para darle a entender que lo estaba escuchando. —¿Por qué trabajas en el Dorado?

ChanYeol temió entonces haber hecho la pregunta incorrecta, notando que el tipo se quedó callado más tiempo.

—No encuentro trabajo en mi área. —dijo al final, soltando el vaso de refresco. —A decir verdad yo trabajaba para la empresa que compró EX’ACT.

Oh, joder, quizás no hizo la pregunta adecuada. BaekHyun y su constante chispa se había perdido, pero trató de sonreírle después, dándole un ligero puño en el brazo.

—Está bien que me hagas preguntas.

—¿Soy tan legible?

—Mucho. —sonrió un poco más amplio.

ChanYeol rodó los ojos.

—Entonces ¿no te gusta ser barista?

—Mi padre tenía un bar cuando yo era adolescente y yo solía ayudarlo. Allí perfeccioné mi don para preparar capuchinos. —rió apoyándose en la mesa. —Pero lo cierto es que no me gusta el café.

—No te gusta el café. —murmuró despacio, como si fuera una blasfemia lo que acababa de decir.

—No. —le salió la palabra con una carcajada.

—Preparas capuchinos deliciosos, pero no te gusta. —quizás estaba sobreactuando un poco su reacción. Quizás.

—¿Entiendes mi dilema? Trabajo en una cafetería, hago café y ni siquiera me gusta la bebida.

—Pero tus cafés son buenos. Muy buenos. —argumentó.

BaekHyun alzó las cejas, divertido.

—Lo sé, me lo han dicho muchas veces, pero a lo mejor estoy tan harto del olor, el entorno y de prepararlo que ya no me resulta atractivo ir a una cafetería en mi tiempo libre para tomar café. —hizo una mueca.

—Comprendo. —asintió lentamente. —Vendes la droga pero no la pruebas. Inteligente plan.

—Es la regla de todo traficante ¿no? —le siguió la broma de buen humor.

Continuaron así el resto de la cita, contándose cosas de ambos, bromeando y en general, pasándolo bien. Después de comer salieron a las calles de Seúl a vagar por entre los puestos callejeros, las luces y completar sus estómagos con algún postre, ya que la noche era más cálida en esas fechas, probaron suerte con un helado. BaekHyun de nuevo, lo tomó de la mano, arrastrándolo hasta un banco enfrente del río Han y allí se comieron ambos su vaso de helado.

ChanYeol, torpe como era, procuró no mancharse como solía ocurrirle y BaekHyun lo miraba de reojo, con la cuchara en la boca y un claro gesto divertido.

—No me digas que me he manchado.

—No, pero estoy esperando ese momento.

Él se sonrojó, sí, pero alzó las cejas, divertido.

—¿No es eso muy cliché?

—¿Qué es cliché?

—Ya sabes. —BaekHyun rodó los ojos. —Lo de limpiar los labios manchados.

—No dije que fuera hacerlo.

—Lo hiciste en la cafetería.

—Sí, pero no es eso lo que quiero hacer ahora.

Se quedaron en silencio observándose mutuamente y joder, estaba tan nervioso. BaekHyun era guapo, de la altura perfecta, con un culo increíble y una personalidad directa y carismática, lo tenía todo para ser caliente y ChanYeol puede que estuviera un poco colado por el camarero.

—¿Sabes? No soy bueno pillando indirectas.—le dijo con voz ronca, tragando saliva.

BaekHyun rió.

—Lo sé, llevo dos meses tratando de hacerte entender que me gustas. Mis corazones en la leche no fueron lo suficientemente explícitos. —suspiró al final, mirándolo.

ChanYeol se mordió el labio inferior.

—Creí que tratabas de ser amable.

—ChanYeol, un camarero no le dibuja corazones en un capuchino a cualquier cliente. Solo sus clientes favoritos tienen ese honor. Eres adicto al café y no sabes eso. —le dijo fingiendo que lo reprendía y la diversión brillando en sus ojos. —¿Y bien? ¿No vas a decirme nada?

Él sonrió esta vez.

—Tú también eres mi camarero favorito. —y eso hizo bufar al tipo, porque no era eso lo que quería y ambos lo sabían.

ChanYeol soltó entonces su helado y le quitó de las manos el de BaekHyun, sorprendiéndolo. Tomó una cucharada del mismo y en vez de comérsela, machón los labios del tipo con helado de fresa. Él frunció el ceño, pero antes de que pudiera replicar o sacar su lengua para limpiarse, ChanYeol mandó a la mierda su vergüenza y besó a BaekHyun.

Fue algo desordenado, incluso torpe, sus narices chocaron una vez al intentar cambiar el ángulo del beso a la vez, porque ninguno sabía quién dominaba a quien y ambos querían sentir más. Sin embargo, era dulce más allá del sabor del helado en la boca de los dos y desesperado porque habían esperado mucho tiempo para ese momento.

Al separarse, ChanYeol sentía su corazón en la boca, la respiración ajetreada y estaba embobado en los ojos brillantes del tipo frente a él. Tanto que no notó la fuerza con la que había estado sosteniendo el vaso de plástico y que el helado de fresa se había desbordado un poco sobre su mano, manchándose.

—Eres un pequeño desastre, ChanYeol. —le murmuró BaekHyun con voz suave.

—Menos mal que tengo a ti entonces.

Ambos sonrieron. BaekHyun lo ayudó a limpiarse la mano y la rodilla, aunque no logró sacar la mancha del pantalón ni quitarle la sensación pegajosa a ChanYeol y a él le importó un carajo, porque bueno, estaba demasiado feliz.

—ChanYeol.

—Uhm. —respondió con un sonido, lamiendo la cuchara de su helado aún intacto.

—¿Eso quiere decir que vas a darme tu hardware?

Sus orejas podrían echar humo, la sonrisa del camarero era traviesa, ladina pero muy sexy y ChanYeol, pese a lo tonto del chiste, dijo en un hilo de voz un grave . Y BaekHyun, lo volvió a besar.

***

Eran las diez de la mañana y BaekHyun estaba ansioso detrás de la barra, tamborileando los dedos y contando los segundos, sintiendo que estos no avanzaban lo suficientemente rápido. JunMyeon le dio una mirada divertida con la bandeja apoyada en la cadera y el trapo de cocina en el hombro, pero no dijo nada y continuó con la faena de limpiar mesas y atender algunos clientes.

BaekHyun no tuvo más remedio que empezar a preparar cafés, servir dulces y preparar jugos de frutas cuando el Dorado comenzó a llenarse significativamente y él no podía esperar más a que su cliente favorito entrara. ¿Qué le llevaba tanto tiempo? pensó algo hastiado.

Sin embargo, ChanYeol entró por la puerta justo en el momento en el que se giró para colocar un americano y un latte sobre la barra. BaekHyun no pudo menos que quedarse embobado como un gilipollas mirándolo, porque tenía la misma pinta de siempre, con su traje de chaqueta gris de corte simple, su cabello castaño muy revuelto y una sonrisa sincera, grande y algo avergonzada. Estaba devolviéndole la mirada a través de la atestada cafetería y por un instante, sintió que eran las dos únicas personas allí. Aunque no lo fueran ni de coña.

—BaekHyun, deja de babear por tu cliente favorito y pásame los azucarillos, por favor. —le pidió JunMyeon con mucha paciencia.

Él asintió, aún con la sonrisa estúpida en los labios. ChanYeol caminó hasta su asiento, en la esquina de la barra y apoyó la espalda en la pared, mirando fijamente a BaekHyun mientras se acercaba.

—Hola, ChanYeol ¿qué tal la mañana? —preguntó con diversión y cierto tono seductor.

ChanYeol alzó las cejas, mordiéndose el labio.

—Corta el rollo, BaekHyunee —le dijo inclinándose sobre la barra. —¿Cómo fue?

BaekHyun se hizo el misterioso unos cuantos segundos más, logrando que el hombre susurrara un ronco BaekHyunee que le erizó la piel y lo estremeció.

—Creo que vas a tener que aprender a vivir sin mis capuchinos de las diez, ChanYeol.

ChanYeol chilló y se levantó tratando de abrazarlo a través de la barra, y pese a la incómoda posición, el tipo era lo suficiente alto como para hacerlo. BaekHyun fue consciente de cómo casi todo el local los estaba mirando y le dio lo mismo, porque su novio estaba abrazándolo en público y sin avergonzarse y joder, estaba muy feliz. Por fin iba a dejar de ser camarero, sustituiría la cafetera por un ordenador y no olería más a café.

—¿Sabes que nos están mirando?—le susurró a ChanYeol al oído.

—No me importa. —afirmó con seguridad, separándose lo suficiente para mirarlo con ojos brillantes.

BaekHyun sonrió y se vio sorprendido por los labios del tipo sobre los suyos, dándole un beso candente, desesperado y profundo, que lo dejó sin aliento y con ganas de más. De hecho, procuró permanecer todo lo posible besando sus labios y jugando con su lengua, hasta que el oxígeno se acabó y un carraspeo insistente los interrumpió.

ChanYeol juntó sus frentes, sonriente y muy rojo y él acarició sus orejas, mordiéndole el labio inferior en un gesto de cariño y coqueto que hizo gemir quedo a su novio.

—¿Hola? Estoy aquí y están dando un espectáculo. ¿Era necesario que se metieran la leng…? ¡Ay, Seokkie, eso duele!

—Déjalos en paz, JongDae.

BaekHyun rodó los ojos, separándose, no sin antes depositar un beso en la punta de la nariz de ChanYeol y éste cayó sobre su taburete muy sonrojado y tosiendo para tratar de disimular lo imposible.

—Hola, chicos, ¿qué les sirvo?

JongDae cortó su alegato quejumbroso y pidió un colacao y MinSeok prefirió un café solo, bien cargado, lo necesito para aguantar a este tipo mientras buscamos una casa nueva, le dijo el hombre sin tener consideración por su novio, el cual de nuevo, fingió indignarse porque me he pedido vacaciones para esto, Seokkie y tú me lo pagas así.

BaekHyun ignoró su pequeña discusión y volvió a mirar a ChanYeol.

—Un capuchino entonces ¿no, ChanYeol? ¿Te apetece un bollo, también?

Él sonrió y joder, juró que su sonrisa podía haberlo derretido.

—No, creo que el bollo me lo comeré más tarde, cuando estemos solos.

—¡Oh, vamos, no se hagan esa clase de insinuaciones en mi presencia! ¿Van a ser así cuando tengamos nuestra cita doble? —los acusó JongDae con un dedo, alzando la voz y dramatizando.

Ambos lo ignoraron, sonriéndose entre sí con complicidad.

—Bien, lo que quiera mi cliente favorito. —murmuró acercándose a sus labios.

Y lo besó de nuevo, porque al fin de cuentas, estaba feliz, este era su último día de trabajo en el Dorado y ChanYeol ya no era simplemente su cliente favorito. A partir de ahora, BaekHyun solo tendría que servirle capuchinos a su novio y eso estaba bien para él.

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