Humanidad

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Es una mirada. Un solo intercambio curioso entre ambos, donde las pupilas se encuentran y juegan a descubrir secretos. ChanYeol le basta eso, ese mero contacto no físico para decidir que quiere comerse al humano.

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Capítulo único

ChanYeol siempre supo que estaba mal seguir a BaekHyun, pero desde la primera vez que lo ve, sabe que de hecho, es precisamente eso lo que va a hacer.

Quiere saber todo de él desde que sus ojos se percatan de que BaekHyun existe.

Están a plena luz del sol, ChanYeol se considera un vampiro masoquista y quizás estúpido, por salir bajo la luz solar cuando sabe que está débil, sofocado y le irrita tener la vista desenfocada. No obstante, a esas horas del día, conoce aspectos distintos de Seúl y ChanYeol no es un puto cobarde.

Ese día, en cambio, vale la pena el picor de los rayos ultravioletas sobre su sensible piel. A través de las gafas oscuras, consigue ver al precioso humano que ríe con algunos compañeros de facultad de algo que ChanYeol desconoce y que le importa una mierda.

Es una mirada. Un solo intercambio curioso entre ambos, donde las pupilas se encuentran y juegan a descubrir secretos. ChanYeol le basta eso, ese mero contacto no físico para decidir que quiere comerse al humano.

YiFan, un amigo de hace milenios, se ríe de él. El tipo es la razón por la que ChanYeol está en la universidad de Seúl tan temprano en la mañana -que pueda salir de día no quiere decir que lo disfrute madrugar- El hijo de puta es profesor y cualquiera que sea la cosa por la que lo hizo venir en primer lugar, se le olvida con el cambio de tema de conversación de ChanYeol.

En ese momento, aún no sabe el nombre de BaekHyun y parece tan jodidamente embelesado por el humano que YiFan no deja de reírse -algo insólito, teniendo en cuenta que el hombre siempre parece tener la misma expresión serena.-

—¿Te ha afectado tanto un humano?

—¿No eras tú el que siempre ha defendido la protección de los humanos?

—No me recuerdes mis propias palabras, no estoy tan viejo como para olvidarlas y tú no eres tan inteligente como para ponerlas en mi contra, ChanYeol. —rodó los ojos. —Simplemente, me parece curioso que uno de mis alumnos te haya impresionado tanto. Eres tú el que siempre se queja de la fragilidad de los humanos.

—¿Lo conoces?—ha ignorado lo demás y casi hay un tono de advertencia en su voz. No puede decidir si es posesión o curiosidad y YiFan, el bastardo, lo ha notado y se ríe sarcásticamente.

—Si fuera un hijo de puta te mandaría a la mierda y seguiría disfrutando con esto.

—Eres mi amigo.

YiFan lo mira, se frota la barbilla, a lo mejor pensando si debía o no darle esa información a ChanYeol, aunque de todas formas, él iba averiguarlo con o sin su ayuda.

—Byun BaekHyun, veinte años, tercer año de Bellas Artes. —ChanYeol se lamió los labios y repite mentalmente, una y otra vez, el nombre de BaekHyun. —Recuerda que la humanidad es frágil, ChanYeol. Los humanos son criaturas sensibles, emotivas y fáciles de romper en muchos sentidos.

***

La humanidad no solo se pierde con una mordida en el cuello. Los humanos pierden la humanidad todos los días, de mil formas diferentes, pero los monstruos son los vampiros.

ChanYeol no recuerda mucho de su vida como humano, apenas tiene noción de que alguna vez fue tan frágil como BaekHyun, y desde que lleva tantos años formando parte de las criaturas de la noche y siendo un inmortal, ChanYeol ha olvidado lo que es sentirse incómodo, inseguro o fuera de lugar.

Su primera interacción con BaekHyun no fue tal y como él se lo imaginó. Tampoco es que tuviera una imagen de lo que quería.

Los vampiros caminan a oscuras, ocultos tras un manto de mentiras y engañando con palabras encantadoras, haciéndole creer a los humanos que ellos son los seres más terroríficos de la tierra. De cierta forma, lo son.

ChanYeol está acostumbrado a beber sangre en copas de cristal provenientes de bancos de sangre que la población humana cede sin darse cuenta y creyendo que son para hospitales. A veces, la quiere caliente, como al que le apetece un buen vino, porque se ha cansado de tomarlo de cartón y recurre a las viejas tácticas de seducción.

Es más fácil jugar con una mente humana, es menos compleja, menos consciente del mundo, porque los humanos no conocen todo y no quieren hacerlo. El poder de borrar recuerdos es muy útil, según la perspectiva de ChanYeol.

No obstante, aunque nunca ha tenido problemas para atraer presas hacía sí y beber de su sangre, cuando está en la cafetería de la universidad, observando fijamente a BaekHyun, ChanYeol no sabe exactamente qué quiere hacer y beber su sangre no es una prioridad.

Se come la grasienta hamburguesa, frustrado y se dedica a pensar en esos clichés que hablan sobre los vampiros y cómo él está rompiendo estereotipos uno tras otro, primero saliendo bajo el sol y segundo comiendo. Está pensando en la horripilante película adolescente de vampiros que le obligó a ver SeHun, cuando un carraspeo lo interrumpe.

BaekHyun está justo delante de él, mirándolo con curiosidad.

—Uhm. —es lo más inteligente que puede decir y ChanYeol se quiere golpear la frente contra la mesa, pero tiene parte de su hamburguesa en la boca y no quiere quedar en ridículo.

—Te vi el otro día. El martes. —su voz es preciosa en sus oídos. Se siente idiota al definir de esa forma la voz de un hombre, pero le encanta y no reacciona a las palabras de BaekHyun. —Tu pelo es muy llamativo. Sé que te vi el martes. Y tú me miraste. —Tiene el pelo color plata, cae desordenadamente sobre su cara y aprovecha para tragar la comida. —Me llamo Byun BaekHyun.

—Ya lo sé.

—¿Lo sabes?—alzó su fina ceja alto, inquisitivo y casi quiere burlarse de él, porque BaekHyun es el que lo está abordando.

—Soy amigo de tu profesor de ‘estrategias del dibujo’.

—Wu. —murmuró BaekHyun. —¿Le preguntaste sobre mí?

—¿Por qué no te sientas?

—No lo sé, ¿debería sentarme con un desconocido al que acabo de interrumpir mientras come una hamburguesa? —ChanYeol se queda mirándolo. BaekHyun parece divertido con su propia pregunta. —Ni siquiera sé por qué estoy haciendo esto.

—Park ChanYeol. Ya no soy un desconocido. Siéntate, BaekHyun. —le da una mirada inquisitiva, ha tratado de ocultar la orden, pero sigue explícita en su tono ronco.

—¿No sabes pedir las cosas por favor?

De todas formas, se sienta a su lado. ChanYeol lo ve jugar con sus dedos, lleva una pulsera de cuerda en la muñeca izquierda y parece que tiene el hábito de hacerla girar.

—¿Querías conocerme, BaekHyun?

Los ojos castaños del humano lo traspasan y ChanYeol por un segundo se siente congelado. Es algo que no le ha ocurrido nunca en sus años de inmortalidad y le recorre un escalofrío, su corazón desafía a los clichés nuevamente, saltándose un latido y le produce risa su chiste interno.

—¿Tú no, ChanYeol? —pregunta y no decide si es coqueto o burlesco, pero lo mira por arriba de las pestañas y ChanYeol sabe que él lo tiene justo dónde quería.

Esa charla no es como ChanYeol imaginó, pero tampoco tenía reales expectativas al sentarse en la cafetería de la universidad a comer una hamburguesa. Ese día descubre, sin embargo, que BaekHyun es un puzle de mil piezas y aún está sin armar.

***

Los aromas pueden evocar sensaciones, memorias o experiencias. Un aroma puede tener mil colores diferentes y dibujarse en la mente como el rostro de una persona.

Los aromas son importantes para los inmortales. ChanYeol se dio cuenta desde el primer segundo en el que su nariz de vampiro despertó, que iba a estar jodido y sometido a su renovado sentido del olfato por el resto de la eternidad. Por ello, ChanYeol, como un bebé con superpoderes que no sabe qué hacer, tuvo que aprender a ignorar aquello que no le gustaba y evitar las tentaciones.

La sangre solía olerle dulce, como el delicioso olor del panecillo recién hecho. Era tentadora, embriagante y adictiva. Como neófito sólo quería probar la sangre joven, fresca, la más tierna y exquisita, también la más dulce. Con los años, ChanYeol se aburrió de tomar siempre lo mismo y experimentó con otros aromas que le parecieron buenos, porque primero olía y luego elegía presa. Picantes, especiados, salados y una infinidad más.

No tarda en descubrir que el aroma de BaekHyun es diferente a otros que haya probado antes y no obstante, a él no le ha clavado los colmillos. Es dulce, pero picante y a la vez, frutal y salado. No decide a qué huele BaekHyun y ChanYeol termina diciéndose, que simplemente huele a él. Huele a BaekHyun.

Después de su primera charla, vienen otras. Se suelen encontrar en el campus o en sus alrededores. BaekHyun siente curiosidad, es hablador y carismático, no tiene problemas para mantener una conversación durante horas y ChanYeol descubre que a lo mejor, sí es cierto que su vida de inmortal, lo ha vuelto falto de palabras -SeHun se lo dice todo el tiempo.-

Ese día están en una banca en los jardines de la universidad.

—Sigues haciéndolo.

—¿El qué?

—Olerme el pelo. —y es jodidamente perspicaz. BaekHyun lo lee como si se tratara de un libro y ChanYeol no sabe si es porque es muy evidente o sólo ese humano es capaz de desarmar al vampiro.—Es un movimiento muy sutil, pero te sueles inclinar sobre mi cuando estoy cerca y aspiras por la nariz. Me recuerdas a Gyepi.

—¿Gyepi?

—Mi perra.

—¿Me acabas de comparar con un perro?

—No, con una perra, ChanYeol. —se burló de él.

ChanYeol se cruzó de brazos, gruñéndole.

—Tengo pene.

—Nunca dudé sobre eso. —le lanza una mirada divertida y mira discretamente hacia abajo.

A BaekHyun le gusta tentarlo y descubre que no es fácil avergonzarlo.

—Deberías verte la cara. —se ríe el chico.—No frunzas así el ceño, ChanYeol, o te saldrán arrugas.

—Eso lo dudo. —rodó los ojos, irónico, y BaekHyun alzó las cejas.

ChanYeol a veces no entiende bien por qué BaekHyun quiso en primer lugar acercarse a él, otras lo encuentra mirándolo con tal intensidad y curiosidad en sus ojos, que le asusta y joder, no está acostumbrado a sentir una emoción tan humana como el miedo. Al fin y al cabo, cuando tú eres la criatura más peligrosa de la noche, rara vez algo puede dártelo.

—¿Qué?

—¿Te gusta el olor de mi pelo? ¿Eres alguna clase de pervertido con fetiches raros? ¿Te gusta lamer pies?

—¿Tengo cara de pervertido?

—No me fio de las apariencias.—se encogió de hombros. —Lames pies, uhm.

—BaekHyun. —quiere que suene su nombre en una advertencia, en verdad le gusta la reacción de BaekHyun cuando le da a su tono de voz una advertencia velada y se estremece. Pero esta vez, falla y le cuesta contener su sonrisa. —No tengo fetiches raros. No te voy a lamer los pies.

—¿Te digo mi champú para que lo uses?

—Lo que me gusta oler no es tu champú. —susurró ronco, oscuro y BaekHyun traga saliva, asintiendo.

***

Los humanos desean lo que no pueden tener, nunca están conformes con sus vidas y siempre que alcanzan lo deseado, buscan algo más para desear.

Es una tarde lluviosa y oscura de otoño, las hojas de los árboles han caducado, cayendo de las ramas y dejando, lo poco de verde que mantiene Seúl, desolado. Esos días, suelen ser más agradables para ChanYeol. Las nubes bloquean a la estrella del cielo y los rayos solares no le pican la piel. La lluvia es molesta, de todas formas, aunque ChanYeol se dice que no ha perdido una cosa tan humana como el inconformismo y resopla un poco al cargar el paraguas.

En los días lluviosos y tristes se permite dejar las gafas de sol guardadas en el bolsillo de su chaqueta -por si acaso- y sus ojos negros se tiñen de colores diferentes por poder volver a ver el mundo con su color real.

Ese día, BaekHyun lo ha arrastrado a una cafetería y lo ha sacado de la zona de confort donde se establecieron los límites de su relación. Ya no están cerca de la universidad, sino en Gangnam, han paseado por la zona debajo del enorme paraguas rojo de BaekHyun y a ChanYeol le ha tocado llevarlo al ser el más alto de los dos y no le ha importado que el humano se agarrara de su brazo, guiándolo donde quiso.

BaekHyun se ha sentado a dibujar desde que eligieron la mesa más alejada de la entrada. ChanYeol en cambio, toma un chocolate caliente, mientras trata de descifrar qué está trazando con su lápiz la mano de BaekHyun.

—Hoy no usas las gafas. —soltó repentinamente. Sus miradas se encuentran, como si hubieran sido llamadas y ChanYeol sonríe. —Aunque hay días que no sé para qué las llevas.

La claridad es molesta para sus sensibles ojos vampíricos.

—Soy fotosensible.

—Tus ojos son bonitos. Me gusta tu mirada sin las gafas. Es difícil predecir cuándo me estás mirando a través de los lentes oscuros.

Oh, eso era sencillo, se dijo ChanYeol. Él siempre miraba a BaekHyun.

—Eso no fue un problema para ti el primer día que nos vimos. —le recordó, llevándose a los labios la taza de humeante chocolate y BaekHyun sonrió de vuelta y es una sonrisa secreta que ChanYeol quiere descifrar.

No vuelven hablar durante mucho rato. ChanYeol sabe que otra manía humana es evitar los silencios, pero BaekHyun no parece incómodo y ciertamente, él no lo está. Continúa cincelando en su cabeza cada expresión que surca el rostro de BaekHyun mientras dibuja y, pese a que él no es un gran dibujante, lo graba en su memoria inmortal, deseando que por una vez, los recuerdos permanezcan ahí, sin estropearse por el paso de los años.

—¿Yo te gusto, ChanYeol?

La pregunta lo saca de su estupor y se atraganta con la bebida. BaekHyun lo mira por encima de las pestañas, la mitad de su rostro está oculto por el bloc de dibujo y ChanYeol lo encuentra jodidamente adorable y sabe que es mentira, porque BaekHyun es coqueto y curioso y ahora mismo se está divirtiendo.

—Sí.

—¿Quieres tener sexo conmigo?

—¿Por qué me preguntas eso?

—Follarme, ChanYeol ¿quieres hacerlo? —repitió más exigente que en la primera pregunta.

ChanYeol también ha descubierto que BaekHyun es testarudo y no sabe aceptar los no ni respuestas que no desea escuchar.

—Sí, quiero.

—¿Cómo lo harías? —una chispa de deseo se dispara por su cuerpo, calentándolo y ChanYeol quiere maldecir muchas veces. —¿Lento y suave o rápido y duro?

BaekHyun ha apoyado la mejilla en su mano sobre la mesa y la sonrisa baila en su rostro infantil, mientras sus ojos se encienden tan intensos como la sangre de copa de cristal de ChanYeol.

—De ambas formas. Quiero tomarte de todas las formas posibles, BaekHyun.

—¿Y por qué no lo haces?

—¿Aquí?—parpadeó, sintiéndose lento.

—¿Lo has imaginado? ¿Nos has imaginado follando, clavándome tu polla en mi culo? —las palabras brotan naturales, espesas y picantes. BaekHyun ha bajado su tono a un susurro excitante y el aroma que llega a través del chocolate caliente es coqueto y erótico. ChanYeol se encuentra imaginando cómo sería tener a BaekHyun desnudo debajo de él.

—Joder, BaekHyun, me vas a matar.

—¿En serio? —se ríe el humano y es como si el chiste flotara entre ambos. ChanYeol no puede morir de nuevo y BaekHyun no le deja preguntarle sus dudas. —¿Quieres hacerlo conmigo desde la primera vez que nos vimos?

—Santa mierda.

—ChanYeol, ¿quieres o no?

—Sí, quiero. Desde que tus ojos se clavaron en mí quería tenerte desnudo, BaekHyun.—su voz es una conjugación ronca, baja y grave, más de lo que ya es normalmente.

—¿Y por qué no lo hiciste?

—No lo sé, BaekHyun.—la respuesta es llana, insulsa y siente que corta el momento. Ante todo, es sincera. ChanYeol nunca ha reprimido demasiado sus instintos nacidos con su condición de inmortal, pero con BaekHyun no quería atraerlo como una araña a su trampa.

Y aun así, BaekHyun asintió, sonrió y continuó dibujando, como si nunca hubiera hablado de sexo y ChanYeol no tuviera el principio de una erección entre sus pantalones.

***

La filosofía ha debatido durante décadas si el ser humano es social por naturaleza o si en realidad, sólo crea la necesidad de pertenencia en base a sus instintos más primarios de auto conservación. A ChanYeol le importa una mierda la filosofía y cree en sus propias observaciones. A los humanos les gusta sentirse queridos, deseados y aceptados por sus iguales.

BaekHyun es igual a cualquier otro humano que ChanYeol haya conocido y a la vez, es tan diferente como lo pueden ser un océano y un desierto. Cuando ChanYeol cree que ha recorrido el camino y sus neuronas han hecho bien la sinapsis, discrepa y BaekHyun explota sorprendiéndolo de nuevo, arruinando su trabajo.

No es como si realmente eso le molestara.

A ChanYeol le gusta llamar las cosas por su nombre, se dice que lo más humano que puede hacer es clasificar su alrededor y darle títulos, motes y adjetivos, porque eso es lo que hacen los seres humanos para no tener miedo. ChanYeol no tiene miedo, pero cree que es justo dividir por clase, color y tamaño el mundo, porque todo tiene un orden e incluso, cuando quieres vivir fuera de ese orden, estas clasificándote.

BaekHyun en cambio, no sabe en dónde encasillarlo, porque no encuentra el lugar perfecto, y al final, decide que simplemente es ambiguo.

Aprende, a su vez, que a BaekHyun le gusta sentirse deseado. No es exactamente necesidad de amar y ser amado, es más que nada, todo lo que tiene que ver con la seducción, la lujuria y la libido. Crear en los otros la necesidad por él, por tenerlo, poseerlo, ser parte de BaekHyun.

ChanYeol cae como un imbécil ante el juego y es una ironía punzante que un hombre que ha renacido como inmortal, sin las imperfecciones de la humanidad, esté en las manos de un humano. De hecho, la ironía se hace aún más ácida porque su raza es mítica por la seducción que entraña ser un vampiro y BaekHyun tiene a ChanYeol.

Debería de ser al revés. ChanYeol debería estar en su elemento porque es un ser nocturno, hijo de la luna, esclavo de la sangre. La noche ha caído en Seúl, BaekHyun le ha pedido salir a un club, no obstante, a ChanYeol le gustan lo justo y necesario esos locales, porque hay demasiadas fragancias embotando sus sentidos y el exceso de elecciones dificulta el proceso final de escoger solo uno.

No es como si ChanYeol fuera a escoger a nadie esa noche, tiene al único chico que desea en las últimas semanas y de todas formas, sigue sin apreciar la falta de aire, las luces de colores y la música electrónica.

BaekHyun bebe un ron con coca-cola y le da miradas brillantes que viajan como el alcohol lo hace por su sangre. ChanYeol no puede evitar pensar que no le gusta la sangre con esa mierda alterando su sabor original. Pero él no va a morderle esa noche, se recordó.

—Estás muy guapo. —el dedo del chico traza una línea invisible desde su hombro hasta su mano. —Todos te miran.

Es el efecto de ser un vampiro, quiere decir. Los humanos admiran la belleza inmortal sin ser conocedores de ese detalle. Pero ChanYeol no está de acuerdo, no, no lo está. Todos miran a BaekHyun. A él lo miran de verdad, porque BaekHyun merece ser mirado y adorado.

—Yo creo que te miran a ti.

—¿Sí? —su lengua moja primero el ron antes de beber de nuevo. ChanYeol no se pierde cada detalle. —¿Te gusta que te miren, ChanYeol?

—Depende de quién lo haga.—se apartó un mechón de pelo. —Me gusta que tú me mires.

Los ojos de BaekHyun chisporrotean como si tuvieran un cortocircuito y ChanYeol no lo soporta. No puede. Porque BaekHyun le ha acariciado los hombros, la cara y el pecho, lo ha seducido con su mirada, su sonrisa y sus palabras tentadoras y ChanYeol está jodido por saber a qué saben los deliciosos labios de BaekHyun.

Pero no lo besa rápido. Se acerca a su boca como si fuera una broma de mal gusto, respirando sobre éstos. Quiere volverlo loco y ChanYeol es quién pierde la cordura con cada segundo que BaekHyun los moja, los muerde y le pide mudamente que lo haga.

El que inicia el beso tiene el control, y eso es un pensamiento erróneo. Te expones, te entregas y te arriesgas. ChanYeol se tira sin paracaídas esperando que el frágil BaekHyun pueda recogerlo. Sus labios se rozan, el sabor de BaekHyun explota en su boca y ChanYeol está perdido.

El juego de la seducción obtiene un ganador cuando consigues que tu presa se abandone a ti. ChanYeol se abandona a BaekHyun.

No importa si él tiene el ritmo del beso, introduce su lengua o muerde su labio inferior, raspando apenas una milésima de segundo su carne con sus colmillos. Porque al separarse BaekHyun tiene los labios hinchados y la mirada más espectacular que ChanYeol haya visto y sabe que eso era lo que quería desde el principio.

***

La lujuria es quizá el más innato de los impulsos y el más fácil pecado en el que puede caer un humano. Los vampiros deberían utilizar eso a su favor, pero ChanYeol se ha vuelto un inmortal débil por BaekHyun.

Se ha vuelto adicto a los besos de BaekHyun desde que es capaz de evocar su sabor único en su boca y nunca ha sido tan débil. Es desconocido sentirse así, tan enganchado a otra cosa que no sea líquido y de color rojo y ChanYeol aprovecha cada oportunidad para besarlo.

A BaekHyun no parece molestarle que lo haga. Recibe sus labios con gusto, de hecho, muerde su labio inferior tentadoramente y a veces, es él quien inicia el contacto, pero siempre aprovecha para tocarlo. La mano, el bíceps, la garganta, el pelo. ChanYeol descubre, anonadado, la fascinación de BaekHyun por jugar con las mechas grises y termina propiciando los encuentros con gusto.

—Gyepi estaría celosa. —murmuró el humano un día.

Hace tiempo que el césped no es cálido y los días no son calurosos. ChanYeol carga con una manta azul descolorida y BaekHyun relee sus apuntes con la cabeza del vampiro sobre sus muslos. Es inconfundible el toque de sus dedos enredando su pelo.

—Sigues comparándome con ella. —gruñó un poco al responderle. Los apuntes desbloquean sus ojos y la sonrisa de BaekHyun los deslumbra.

—Tú eres más grande y eres frío. —sí, es frío. ChanYeol frunció el ceño. —Y tienes pene.

—¿Te estás burlando?

—Es divertido. —le sacó la lengua, entretenido y ChanYeol bufó. —No te he presentado a Gyepi.

—Quizás yo deba presentarte a mi pene.

—Quizás sí deberías hacerlo. —susurró BaekHyun y escucha la nota caliente, decadente y seductora en su voz tan clara como la nitidez de sus ojos castaños.

Esa tarde pretenden que no se desean, fingen que ChanYeol va a conocer a la perra canela de BaekHyun y que no están carcomiéndole las ganas de empotrarlo contra la pared de su apartamento cuando están dentro.

ChanYeol no sabe si le gustan los perros o no, porque nunca ha tenido uno. Tener un perro no es la cosa más interesante que un vampiro puede hacer durante sus años de inmortalidad y de noche, ChanYeol no está atento a los caninos.

Gyepi es pequeña y juguetona, apareció de inmediato, y salta efusivamente en busca de las caricias de BaekHyun. YiFan le dijo una vez que los animales saben más que los humanos acerca de la verdad de las cosas ocultas y las auto mentiras. ChanYeol está dentro de ese apartado y Gyepi al olerlo le gruñó sacándole los dientes, ganándose una reprimenda de su dueño.

Sin embargo, sigue siendo un jodido vampiro y toda cosa que respira se puede domesticar y ChanYeol encuentra el punto débil de la perra detrás de sus orejas. Gyepi sucumbe con facilidad a su contacto y él descubre que no le desagradan los perros.

—Nunca se había portado así con nadie.

—Los animales intuyen la verdad y la maldad en las personas.

—¿Tú me estás engañando, ChanYeol? ¿Eres malo?

Intercambian una mirada, una mirada que habla, una que dice más de lo que ChanYeol puede expresar con palabras vacías.

—No le habrá gustado mi olor.

Porque huele a sangre y la sangre significa muerte.

—No parece importarle ahora. Se ha dormido.

—Nunca les importa mientras reciban lo que quieren.

Hay una densa capa llena de tabús en la conversación y ChanYeol encuentra casi ridículo que hablen con acertijos e incógnitas, cuando a él en verdad nunca se le ha dado bien ser misterioso. Sin embargo, le gusta la curiosidad que reflejan constantemente los ojos de BaekHyun cuando lo mira, como si nunca hubiera visto a nadie más como ChanYeol.

—¿Quieres follarme, ChanYeol?

Es como si le preguntara si quiere tomar té y podría haberse reído, pero no puede, la risa se atasca con el deseo y la lujuria y ya no puede soportarlo.

La primera vez que lo toma es duro, exigente y lo tiene atrapado contra la pared. Ha dejado mordiscos desdeñosos y lametazos descuidados sobre su pecho, sus muslos y sobre su polla. Ha permitido que BaekHyun se corra primero y ha besado su entrada, penetrándolo con su lengua, antes de enterrarse en él.

Tiene que hacer un gran esfuerzo contra sus propios instintos para no morder la blanca piel de su cuello y clavarle sus colmillos cuando BaekHyun gimió tan jodidamente fuerte que creyó que podría venirse con esa mera expresión de placer. ChanYeol no llegó al orgasmo hasta que golpeó la próstata del chico varias veces y BaekHyun echó la cabeza hacia atrás, casi golpeándose con la estúpida pared.

Y es asombrosa, maravillosa y erótica la cara de BaekHyun en pleno acto sexual, con sus mejillas rojas, los labios hinchados y los ojos nublados por todo ese placer que sólo le está dando ChanYeol.

La lujuria es el pecado más fácil en el que el ser humano puede caer. Es pasión carnal irrefrenable, incontenida y la sociedad la juzga como una blasfemia por la necesidad de correrse y sentir, únicamente sentir.

Mirando a BaekHyun debajo de él en la cama, con su polla enterrada aún en su trasero y sintiendo su semen resbalar por la cavidad, buscando la salida, ChanYeol se pregunta cómo ha soportado no beber su sangre y la respuesta llega a través de los labios de BaekHyun en una sugerente pregunta.

—¿Quieres hacerlo de nuevo, ChanYeol?

Está dispuesto a sacrificar la sangre por él, porque le gusta demasiado la cara de BaekHyun cuando se corre, le gusta ser el que lo hace llegar a las lindes del clímax y no puede dejar de saborearlo y alimentarse de sus gemidos entrecortados.

***

El poder del que tiene el control del tiempo y toda una eternidad, le otorga el placer de permitirse leer y ChanYeol ha leído muchos libros. En estos hay infinidad de emociones, símiles, metáforas y descripciones gráficas que ChanYeol ha olvidado cómo sentir con cada trago de sangre.

No recuerda haber sentido mariposas en el estómago nunca. Para ChanYeol siempre ha sido una expresión vacía, sin razón y estúpida. No entiende la complejidad de las cosas que puede sentir un humano o la magnificencia de tener un insecto en tu vientre aleteando sus alas en busca de una salida. SeHun se refiere a eso como mierdas humanas y le explicó que debería leer menos libros juveniles para adolescentes.

Es un duro invierno, ChanYeol no siente el frío, pero es casi injusto que sí sienta el calor. Siempre su piel adquiere la temperatura ambiente en verano y se sofoca con facilidad. No obstante, están bajo cero en Seúl, el vaho sale por la boca de BaekHyun al respirar y ChanYeol siente algo caliente en su pecho expandirse cada vez que atrae al chico contra él para ofrecerle algo de protección.

Sobre todo, siente ese algo con BaekHyun entre sus piernas, recostado contra él y resguardándose del tiempo casi como un niño, cuando ChanYeol ni siquiera es de sangre caliente ya. No deja de percibir, de todas formas, que BaekHyun no le pregunta nunca si tiene frío y sólo se acurruca más cerca de ChanYeol.

—¿No es aburrido trabajar desde casa?

ChanYeol se encogió de hombros. Es más fácil para él de esa forma. Tampoco le ha ido mal siendo jefe desde la pantalla de un ordenador. Tiene el cincuenta por ciento de las acciones de una cadena hotelera y tras siglos de existencia, este es el trabajo más tranquilo que ha desempeñado.

—Tiene sus ventajas.

—¿Cómo cuales? No sales de estas cuatro paredes, ChanYeol.

—Sí salgo.

—No te relacionas.

—Me relaciono contigo.

BaekHyun frunció lo labios mirándolo al revés, echando la cabeza cómicamente hacía atrás en un ángulo complicado.

—¿Cuántos amigos tienes?

—YiFan y SeHun son mis amigos.

—¿Y no te aburres, ChanYeol?

—Hago lo que quiero, cuando quiero ¿por qué iba a aburrirme? —frunció el ceño, sin entenderlo.

La vida sin compañía era solitaria para los humanos, YiFan solía decírselo. SeHun en cambio, le hostigaba a salir más y tener un amante para compartir las horas muertas y casi puede evocar la risa del vampiro con el chiste sarcástico. ChanYeol prefería la soledad a la compañía, quizá porque cuando se está solo nunca echas de menos a nadie.

BaekHyun hace una mueca y se giró en sus brazos, para mirarlo de frente.

—Nunca me has preguntado qué dibujo en mi bloc.

—¿Qué dibujas en tu bloc?—preguntó sonriéndole.

El humano le muerde la barbilla como un cachorro que está ofendido con su amo y se estira hasta la mesita del café, alcanzando el cuaderno. Lo abre desde la primera página y ChanYeol se queda maravillado entre trazos de lápiz que dan forma a figuras, paisajes y escenas. Es como la máxima expresión de la humanidad puesta en contornos sin color, dibujos monocromáticos de todo lo que representa a BaekHyun. Hasta que llegan a más de la mitad del cuaderno y todo cambia.

ChanYeol miró a BaekHyun como si no entendiera el repentino giro de temática y luego recordó que el humano no tiene porqué saber que ChanYeol no forma parte de la humanidad que él dibuja en su bloc.

—Me gusta dibujarte. —respondió sencillamente a sus preguntas.

No hay uno o dos, hay muchos él en ese cuaderno, todos tienen un significado y todos son de un día que ha pasado con BaekHyun.

—¿Por qué?

—Suelo dibujar mí alrededor, pero sobre todo dibujo sensaciones.

—¿Sensaciones?

BaekHyun asintió.

—Tú eres perfección.

ChanYeol observa el último dibujo. Es él o mejor dicho, es la imagen que tiene BaekHyun de él.

—¿Por qué querías que te preguntara?

—Para que te des cuenta de que ya no estás solo.

Es injusto que sienta calor, porque el calor aflora de dentro hacia afuera, nace en su vientre, sube por su pecho y se extiende a todas sus terminaciones nerviosas y ChanYeol no puede evitar hacer la analogía y sentir mariposas en el estómago.

***

Los celos es un monstruo verde que devora todo a su paso, apoderándose de la racionalidad y de lo evidente y dejando atrás, a su paso sólo las inseguridades humanas a flor de piel.

ChanYeol observaba la envidia desde fuera, como un espectador sin voz ni voto en la acción y que sólo tiene permitido guardarse sus propias impresiones para sí. Durante décadas, los humanos han demostrado sus naturaleza más ruin y codiciosa, deseando y deseando y convirtiendo deseos en necesidades.

Los celos no son algo habitual en el diccionario de emociones de ChanYeol. La inmortalidad te hace tener la capacidad para tener demasiado tiempo para estar solo con tus pensamientos, te da otros ojos para mirar y ya no puedes caer ante los monstruos más básicos de la humanidad, porque no eres humano.

BaekHyun lo arrastra a una celebración una tarde. ChanYeol no está seguro de querer ir por varias razones, la primera es que no está acostumbrado a ser sociable, la segunda, no le gusta compartir a BaekHyun. Pero no sabe decirle que no, no cuando BaekHyun lo miró con esa profunda admiración y persistencia. No cuando lo besó, susurrándole y prometiéndole que no se separaría de su lado y que todo iría bien.

ChanYeol se preguntó desde cuándo tenían que hacerle promesas de seguridad a un vampiro, no obstante, el chiste del pensamiento se perdió entre olores y fragancias. El local era un pub moderno, música en directo de artistas callejeros, mesas redondas, sillones espumosos y bebidas alcohólicas de nombres extraños.

Estaba rodeado de compañeros de facultad de BaekHyun y ChanYeol no pudo evitar darse cuenta del detalle sutil, de que alguno conocía el cuerpo del humano. Sus recovecos, sus lunares, sus puntos especiales, las miradas hablaban sin que pudieran evitarlo, realmente. Porque después de conocer el placer de otra carne y sucumbir a lo carnal, es fácil de descifrar y difícil de ocultar.

LuHan era el clásico cliché de chico con rasgos femeninos, parecía encantado con la belleza sobrenatural que rodeaba a ChanYeol, y no obstante, sucumbía al movimiento de labios de BaekHyun, observándolo con una adoración diferente a la que había en sus ojos al observar al inmortal.

—Pareces muy joven para ser accionista de una empresa.—comentó LuHan, no deja de notar la chispa sagaz en su tono. No había dejado de beber desde que estaba allí sentado en los sillones púrpuras.

—Te deben decir lo mismo a ti. —contraatacó ChanYeol y no quería sentirse en una competencia, pero lo estaba.

El humano le sonreía encantadoramente, achispado por el alcohol, pero aún en sus sentidos. Lo deseaba, ChanYeol sabía que lo hacía, sin embargo, había visto su forma de mirar a BaekHyun, como un amante de mano suave y supo que lo follaba. Y casi parecía tan ofendido como podía estarlo ChanYeol ante la perspectiva de LuHan sobre el cuerpo desnudo de BaekHyun.

—Touché.

—¿Qué hacen? LuHan se bueno.

—Yo siempre soy bueno, Baekkie, deberías saberlo. —LuHan se impulsó sobre BaekHyun, muy cerca de su rostro, a centímetros de su boca.

—Estás borracho. —rió empujándolo.

Pese a que BaekHyun está sentado entre ambos, es como si una pared invisible separa a ChanYeol de los otros dos y eso solo le hace recordar que sí hay muchas barreras entre ellos.

Ha leído sobre los celos. Los autores lo describen como una sensación incómoda, se instala en el estómago y crea emociones negativas como la rabia, la tristeza o la decepción. ChanYeol como inmortal ha sentido celos por no tener una presa para él, ha envidiado la sangre que otro ha obtenido primero, pero no es habitual que se deje cegar por algo tan humano como los celos, mucho menos por algo tan básico como por lo carnal.

Porque LuHan tiene una mano en el muslo de BaekHyun, tocando obscenamente el interior y eso sabe que está provocando oleadas calientes en el humano. Le susurra palabras lujuriosas al oído que hablan de sexo, besos y caricias y ChanYeol casi lamenta tener su oído superdesarrollado.

BaekHyun golpeó la mano de LuHan lejos, sonriéndole, y entonces, repentinamente, ChanYeol tiene la mano fina y de dedos largos del humano donde antes estaba la de su amigo.

—¿Estás celoso de LuHan, ChanYeol? —susurró sobre su oído, lamiendo el lóbulo, mordiendo el cartílago.

—No. —resopló roncamente.

—Sabes que he tenido sexo con él. Pero yo te quiero a ti, ahora. —se restregó contra él, a ChanYeol le pican las yemas de los dedos por tocarlo. —Fóllame, ChanYeol.

¿Quién es él para rechazar una orden tan mundana?

Lo folla contra la pared del baño de minusválidos, BaekHyun está desnudo de cintura para abajo y los pantalones de ChanYeol están en sus tobillos casi de forma patética, y le importa un jodido carajo.

Sacó su pene y lo volvió a introducir en BaekHyun, embistiéndolo duro, fuerte, haciéndolo suyo con cada penetración y en el fondo, ChanYeol solo quería eso. Borrar recuerdos y sustituirlos por otros, él sabía sobre eso, su vida inmortal hablaba de personas, lugares y sensaciones que olvidas. Y ChanYeol quiere que BaekHyun sólo lo recuerde a él, a ChanYeol, cómo lo folla, cómo lo besa, todo acerca de él, de ellos.

—ChanYeol, mierda, ChanYeol.

Y se lo hace más fuerte.

Rozó su nariz contra su garganta, en la yugular, donde los latidos del corazón de BaekHyun lo tientan a un ritmo desbocado y ChanYeol siente el impulso de morderlo, sus colmillos laten como lo hace su polla en el interior estrecho y resbaladizo de BaekHyun y se va al infierno o algo así, porque no es como si ChanYeol fuera a morir de nuevo.

***

El diablo tiene una capa de llamas, prendida, incendiada, por un lado lo tapa y por el otro, lo destapa. La analogía es simple y ChanYeol entiende que las mentiras siempre se descubren, al punto, de que a veces, ni siquiera son palabras ocultas, sino verdades que no quieren oír.

Hace años, milenios, que los vampiros caminan a la sombra de la humanidad y a lo largo de los siglos, han habido etapas, edades donde los humanos han susurrado acerca de los monstruos bebedores de sangre que los acechaban en las noches más claras.

Los humanos cambian, nacen nuevos y mueren los viejos, a veces incluso, se van los que no deberían, pero los inmortales persisten, duran como esa mala hierba de la que no es capaz de deshacerse el mejor jardinero.

Hubo un tiempo donde ChanYeol simplemente era un vampiro, un lord de capa larga y que vivía en un castillo robado después de beber hasta la última gota de sangre del verdadero dueño de las tierras. En esa época era fácil, los humanos se ocultaban en las noches y cuando se topaban con él sabían exactamente cuál era su destino y en sus ojos se reflejaría la muerte por el beso de un vampiro.

Sencillo, casi, casi, insustancial.

Los vampiros se convirtieron en un mito, una leyenda urbana para asustar a los niños y un tema recurrente de seres sobrenaturales en la literatura. La humanidad cerró los ojos ante los monstruos y creyeron en lo que les decía la ciencia y la razón. No existe la magia, la no vida ni los esclavos de la sangre.

Aun así, ChanYeol se encontraba a veces con humanos que creían en los vampiros y después de beber su sangre, con el sopor de haber perdido una cantidad considerable de sangre, anémicos y débiles, los ojos les brillaban y murmuraban tonterías acerca de la inmortalidad, la belleza y su creencia en los vampiros.

ChanYeol solía rodar los ojos y hacerse dueño de los recuerdos de los últimos diez minutos, regresándolos a su ignorancia y su fanatismo sin motivos.

Esa noche no es tan diferente a cualquier otra con la diferencia de que ChanYeol tiene sed y BaekHyun parece burlarse con su cuello blanquecino y tierno rodeado por la seda negra de su camisa.

Desesperadamente está buscando una presa y BaekHyun lo está mirando tan expresivo, tan inquisitivo que no se atreve a moverse.

—¿Qué ocurre?

—Tengo sed. —y suena tan sediento como está, sus colmillos le molestan en la boca y BaekHyun ladea la cabeza, torturándolo.

—¡ChanYeol!

—Tengo sed. —repitió antes de fundirse con las luces de colores del club, internándose entre la multitud.

Sus pupilas se dilatan, no distingue rostros, busca olores y tiene la sangre ajena en los oídos, muchos alientos y latidos disparados por la música y el alcohol y ChanYeol se maldice por haber esperado tanto tiempo para alimentarse. Porque está al borde.

No tiene tiempo real para coquetear, el arte de la seducción está sobreestimado en este momento y ChanYeol distingue la presa perfecta. Una pequeña mujer, sola, desorientada y perdida, quizá alcoholizada o drogada. Ignora sus gustos refinados y recuerda al encantador humano al que no puede morder porque él mismo se lo prohíbe, yendo en contra de lo que es su razón de ser.

Arrastra a la humana, la embelesa con su belleza sobrenatural y en el callejón trasero del club le roba un aliento de vida con un beso en el cuello. Le introduce los colmillos, procurando conservar la suficiente racionalidad como para no desgarrarle la piel más allá de dos puntos y bebe. ChanYeol bebe, traga, succiona y no es suficiente. Su estómago reclama por más, sus papilas gustativas le exigen algo más exquisito y de todas formas, no se detiene.

Ni siquiera cuando BaekHyun está allí, con él, agitado, mirándolo, puede parar. Lo ha visto morder el cuello de la mujer, lo ha visto alimentarse de ella hasta que pierde el conocimiento y al separarse, lo ve relamerse con hambre los labios.

ChanYeol cree que va a encontrar unos ojos asustados, pánico formándose en su garganta y algo se aprieta en su pecho, algo que no tiene nada que ver con la sangre contaminada que acaba de ingerir. Algo que tiene que ver con sentimientos, con dolor, con la pérdida.

Sin embargo, cuando se encuentran sus miradas, BaekHyun está observándolo con una fascinación deslumbrante, encantadora y chisporroteante que le envía corrientes eléctricas por todo su cuerpo.

Nunca nadie lo ha mirado como BaekHyun.

—Eres un vampiro.—no miedo, no terror, no es la declaración de un humano asustado porque el monstruo existe.

Es la voz de BaekHyun diciéndole a ChanYeol que sabe lo qué es.

***

Él sabía que obsesionarse con un humano no estaba bien. Los humanos son ante todo alimento, le proporcionan el poder de la vida en su no muerte y eso es todo. ChanYeol creía tener claras sus prioridades, pero BaekHyun se convirtió en algo más que sangre y continúa siguiéndolo.

La obsesión es algo que puede pasar. La vida de un inmortal es solitaria, por mucho que sus iguales busquen diversión y la encuentren en el placer, en el pecado y logrando que los humanos se sumen a esa ecuación. ChanYeol sabe que cuando vives oculto detrás de sombras y contornos, no eres más que un agregado, un ingrediente que está para darle sabor al caldo, pero que no se puede comer.

Es fácil, muy fácil, observar el alrededor, ser un mero espectador de la vida y entonces, obsesionarte. ChanYeol no quiere integrarse entre la humanidad porque no forma parte de ésta, no puede estar entre ellos cuando él no es como ellos y mientras los humanos corren, acaparando cada segundo, él camina, admira y pierde valiosos minutos que los mortales no pueden permitirse perder.

Quizás no quiere apegarse a personas, que sabe, verá morir.

Y BaekHyun es humano y ChanYeol está obsesionado con él. O así lo define el vampiro. Porque siempre lo piensa y lo besa, lo folla y no puede dejar de verlo. Necesita a BaekHyun y sólo conoce un deseo tan grande como lo es BaekHyun para ChanYeol y eso es el líquido color rojo que lo ha convertido en inmortal.

Observó a BaekHyun en ese callejón sucio y oscuro y no encontró miedo y eso le explotó en el pecho tan grande, tan fuerte que casi lo hizo tambalearse y sintió el bom por todo su cuerpo. Cuando sólo quedaron cenizas, BaekHyun seguía allí, tan impresionado como antes, la curiosidad latiendo en sus ojos, esos hermosos ojos y le extendió la mano, buscando la suya.

—Soy un vampiro. —no era una confirmación, era una realidad, como si BaekHyun hubiera perdido la cordura porque aún la mujer estaba tirada en el suelo como una muñeca de trapo y se sabía que estaba viva por su respiración superficial.

—Ven conmigo. Vamos, ChanYeol.

Lo siguió. ChanYeol lo siguió ¿Y no es así cómo empezó?

Aunque esta vez, caminó a su lado. BaekHyun tiró de su mano más grande, más fuerte y entrelazó sus finos dedos con los suyos, le sonrió como sólo él podía sonreírle y lo llevó consigo.

Nadie, en muchos milenios, había sostenido a ChanYeol.

—¿Por qué no estás asustado? —preguntó más tarde, a la luz frágil de la lamparita de BaekHyun.

El humano se desnudó y ahora lo desnudaba. Se detuvo el tiempo suficiente, dejando bailar las yemas de sus dedos sobre la camisa de botones blanca tres malditos segundos, lo miró, besó su nariz y continuó.

—¿Eres malo, ChanYeol? —repitió las mismas palabras que en su primera vez juntos. Parecía una broma.

—No estoy vivo.

—Tu corazón late.—mordió su pezón, succionándolo juguetonamente y ChanYeol quería detenerlo, quería que se asustara, que corriera, que gritara, pero sus manos se aferraban a sus caderas y su obsesión le hacía dejar de intentar luchar contra la inmortalidad.

—Mi sangre no es mía, me alimento de humanos, de personas como tú. Joder, BaekHyun. Podría matarte.

BaekHyun mojó sus labios, un fino trazo de su lengua por su labio inferior, ChanYeol sigue el movimiento embelesado, perdiendo fuerza y de nuevo, el humano lo mira diferente, porque BaekHyun es diferente a cualquier otro y ChanYeol nunca encontró alguien igual.

—Vas a follarme, ChanYeol, lo vas hacer lento y suave y luego rápido y duro, y cuando estés apunto de correrte, me vas a morder.

Y lo besó. Lo besó como siempre, como si no hubiera una diferencia, como si el autoengaño siguiera su curso y ChanYeol no fuera un vampiro.

Estaba cayendo y no había fondo. Estaba sucumbiendo a cosas simples, mundanas, demasiado humanas para un inmortal. Porque ChanYeol no sabía que se sentía solo, que deseaba sentirse aceptado y que le gustaba ser querido.

Primero, le hizo el amor a BaekHyun, lento, suave, sin prisas. Queriendo atesorar todo de él, guardarlo en una cajita y conservarlo por la eternidad. Después, lo folló, duro, deprisa, queriendo que se fundiera contra su piel y no se supiera dónde terminaba ChanYeol y empezaba BaekHyun. Y justo antes de alcanzar el clímax, lo mordió. Clavó sus colmillos en su piel con delicadeza y succionó su sabor único, especial y tuvo a BaekHyun en todos los sentidos.

Lo hizo llegar al orgasmo con cada trago de su sangre y ChanYeol creyó que podría desfallecer por el placer de alimentarse, mientras estaba enterrado en lo más profundo de BaekHyun.

En ese momento, cuando ChanYeol se separó de BaekHyun pese a que fuera contra todos sus instintos sobrenaturales, supo que ese humano era su debilidad.

Y ya no sabía si era una mera obsesión.

***

Los humanos son criaturas sensibles, emotivas y fáciles de romper en muchos sentidos, esa fue la advertencia de YiFan. ChanYeol se pregunta, ¿qué son entonces los vampiros? ¿La perfección después de haber sido humanos o los restos de lo que queda cuando pierdes la humanidad?

No recuerda qué es ser humano, hace demasiado tiempo que fue uno. ChanYeol a veces duda de que alguna vez lo fuera, pero sabe que de hecho, que para ser un vampiro, primero tuvo que haber sido un humano.

Tuvo un padre y una madre, pero no los recuerda. Tampoco se acuerda exactamente cómo fue su transformación, y pese a que siente que ha perdido la capacidad más importante de la humanidad, ChanYeol recuerda que estaba aterrorizado y encantado por igual. No ha olvidado la sensación de los colmillos en su cuerpo, la succión de su creador sobre su yugular y la dulce letanía de su corazón escapándose entre sus dedos.

Murió una noche de verano, calurosa y clara. Los grillos cantaron una nana mientras sus órganos fallaron uno a uno, colapsando y sus ojos se quedaron sin vida mirando al cielo estrellado.

Su creador le había explicado en qué consistía la transformación, y para ser un vampiro debes renacer. Una vez muerto, el inmortal puede elegir seguir succionando y como ya no hay vida de la que alimentarse, sus colmillos sueltan el veneno que reanimará su corazón muerto y le otorgará el privilegio de la eternidad.

El dolor es algo fácil de recordar. ChanYeol sintió que lo desgarraban mientras se transformaba en un ser de la noche, esclavo de la sangre, hijo de la luna. Y cuando despertó como vampiro decidió que esa noche, la humanidad se murió con él.

No obstante, ChanYeol se siente muy humano con BaekHyun entre sus brazos mientras el sol está despuntando en el horizonte, e incluso, hasta el hecho que él esté despierto a deshoras es una mera ironía sobre su raza.

Se deja dormir sin soltar a BaekHyun y despierta con él y su sonrisa. Y qué jodida sonrisa. Por no hablar de sus ojos. ChanYeol se derrite con las pupilas castañas y comprende, demasiado tarde, que le encanta como lo mira BaekHyun porque se trata de BaekHyun.

—¿Por qué te acercaste a mí?

—Lo sabes.

—¿Por qué lo hiciste? —insistió.

BaekHyun está apretado contra su pecho, la cabeza en su hombro y su mano en su corazón no vivo.

—Intuía lo que eras. Yo quería conocer a un vampiro. —por primera vez desde que lo conoce parece avergonzado.

—¿Por qué?

—¿Por qué? —repite burlón, altanero. —Los vampiros son hermosos, ChanYeol, tú eres hermoso. La perfección. Quería conocer a uno. No. Quería conocerte a ti.

—Eso no tiene sentido.

—El profesor Wu es vampiro.—ChanYeol ni lo confirma ni lo desmiente. BaekHyun se alza sobre él. —Podría haberme acercado a él, pero no quería hacerlo. ¿Pero tú? Tú eras perfecto y lo eres. Yo te quería a ti.

—¿Para qué? Querías conocer a un vampiro, YiFan lo es, él te servía, todos somos iguales.

Hay algo plomizo sentándose en su pecho, se siente pesado, hundido y es como si se lo estuviera tragando. No deja de pensar que él no es importante para BaekHyun. Sólo era bueno porque era un vampiro. Y entiende un poco mejor la fascinación y curiosidad de su mirada. Maldita sea, fue un estúpido al no darse cuenta.

BaekHyun se sentó a horcajadas sobre él, frunció el ceño y lo obligó a mirarlo, acariciándole las mejillas.

—No hagas eso. No me servía cualquiera, quería que fueras tú. Tú eras el vampiro que yo esperaba. —ChanYeol aprieta la mandíbula. —Me gustaste tú, ChanYeol. No tengo otra explicación coherente para darte. ¿Acaso yo no te gusto también?

—Me gustas demasiado. —gimió roncamente.

Él sonrió, coqueto y libidinoso. BaekHyun acortó la distancia entre ambos, besándolo. Un beso suave, lento, nada lujurioso que implicara juegos de dominación. Como una caricia antigua que nunca se desgasta con el paso de los años o de los siglos y que siempre disfrutas de la misma forma.

—¿Por qué querías conocer a un vampiro?

—A ti. Quería conocerte a ti. —le replicó. Apartó un mechón de su pelo plata y la mirada que vio en los ojos de BaekHyun casi lo dejó sin respirar.—Quiero que me muerdas.

—Ya lo hice.

—No. Quiero que me muerdas.

ChanYeol entonces cae en otra cosa muy humana: entrar en pánico. Sus pupilas se dilatan, la nariz le aletea y abre la boca como un pez fuera del agua. BaekHyun está allí para calmarlo. Le acaricia el pelo, le murmura palabras de consuelo y besa su rostro esperando apartar sus miedos. ChanYeol tampoco sabía que podía sentir miedo. Pero lo hace.

—No.

—Sí.

—No puedo.

—Sí puedes. Quiero ser un vampiro. Quiero estar contigo, ChanYeol.

—No puedo quitarte tu humanidad. —cierra los ojos, su voz suena ronca, mortificada, culpable.

—¿Mi humanidad?—alzó las cejas.

—No soy humano, mi corazón late, respiro, puedo comer y salir bajo la luz del sol aunque sea una mierda, pero no soy humano. Morí, BaekHyun, lo hice hace tanto tiempo que ya no recuerdo qué es ser humano.

BaekHyun frunció la boca, quedándose en silencio. Está jugando con un mechón de su pelo, como hace siempre que piensa. Y después de lo que parece una eternidad -un juego de palabras absurdo para un inmortal-, BaekHyun habla de nuevo.

—No perderé mi humanidad. No perderé mi humanidad mientras esté contigo.

—BaekHyun, las cosas no funcionan de esa forma.

—¿No? Te voy a decir lo que sé, ChanYeol. Sé que eres un vampiro y que te has condenado a una eternidad de soledad, creyendo que eres un monstruo. Sin embargo, podrías haberme matado, podrías haberme mordido en cualquier jodido momento y no lo has hecho. Puede que tú no te quieras, no te aceptes y no creas que nadie te necesita, pero yo sí lo hago. Te necesito y no quiero que me dejes.

—No voy a dejarte.

—Sí lo harás. Tú estás solo porque las personas a tu alrededor mueren. Yo moriré y tú no podrás ver cómo me voy, así que te irás tú primero.

ChanYeol maldijo en un susurro, BaekHyun le clavó las uñas en los hombros.

—Conviérteme. Siempre quise ser vampiro. —hizo una pausa, respirando. —Pero yo no quería la belleza o la vida inmortal, ni siquiera era morbo, yo quería encontrar un vampiro, quería encontrarte a ti y pasar el resto de la eternidad contigo. ¿Lo entiendes, joder? Quería enamorarme de ti, ChanYeol.

Parpadeó confuso, descolocado. Las palabras rebotan entre ellos, saltarinas, desubicadas, se le antojan estúpidas y a la vez, tienen sentido y no las comprende ¿por qué un humano iba a querer amar a un vampiro?

Y algo se ilumina, se prende y explota. Amar durante toda la eternidad a la misma persona.

—La eternidad es mucho tiempo, BaekHyun.

—Lo sé.

—No te dejaré ir.

—También lo sé.

ChanYeol sonrió, primero un amago, luego más y más, hasta que sus labios partieron su cara por la mitad. Había olvidado que era sonreír de esa forma y BaekHyun besó su boca.

—¿Estás seguro de esto?

—Joder, ChanYeol, muérdeme de una puta vez. —es burlesco, exasperado y tan BaekHyun que ChanYeol sonríe.

Lo mordió con el amanecer en todo su esplendor, el sol colándose por rendijas rebeldes de las cortinas e iluminando los mechones plateados de ChanYeol. BaekHyun estuvo todo el tiempo sostenido entre sus brazos, lo abrazó fuerte mientras su sangre, la sangre son sabor a BaekHyun, recorría su cuerpo con poderío y cuando ya no quedó ni una sola gota y el corazón humano dejó de funcionar, la última mirada viva de BaekHyun se la dedicó a ChanYeol.

Por un momento, tuvo pánico, aprehensión, el corazón vampiro desafió a la lógica y a los relatos sobre su raza y latió contra su pecho, casi, buscando la salida por la boca. BaekHyun se partió en un grito de dolor y ChanYeol lo abrazó temeroso de que se quebrara y se hiciera ceniza entre sus dedos.

Al despertar de nuevo, BaekHyun era un vampiro y seguía mirándolo como la primera vez que sus miradas se cruzaron en el campus universitario. Brillantes, descubriendo los secretos de ambos y esta vez, conociéndolos.

‘No perderé mi humanidad mientras esté contigo.’ Y ChanYeol entendió lo que BaekHyun quería decir.

No hay nada más humano que el amor.

FIN