La Cruz Del Guerrero [ChanBaek]

Summary

BaekHyun Byun es un como un libro abierto. Se considera un camarero común con amigos normales, aficiones corrientes, perros inofensivos, y nada ni siquiera parecido a un secreto... excepto quizás un pequeño secreto. Está perdidamente enamorado de un hombre alto, moreno y devastadoramente atractivo que acude cada martes a cenar solo al restaurante en el que él trabaja. Y sólo una noche de pasión con ChanYeol Park basta para poner el mundo de BaekHyun patas arriba.

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n/a
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18+

1

¿Baek? Él ha vuelto.

El camarero levantó la mirada de la botella de vino que estaba descorchando.

—¿Él?

Jennie Kim lo miró de forma muy elocuente e hizo una inclinación con la cabeza, dejando que su coleta quedara a un lado de sus hombros.

—Sí. Él. Ya sabes, alto, moreno, demoledoramente atractivo, el mismo que viene cada martes por la noche y que se pasa todo el tiempo escribiendo en una libretita…

—Siempre pide el especial sin postre. Sí, lo recuerdo —

contestó BaekHyun Byun apresuradamente, regresando con la botella en un esfuerzo por esconder el pequeño

sobresalto a causa de sus nervios.

—Vaya, el Señor Choi lo colocó en tu sección de nuevo. —

Jennie le informó con una ligera sonrisa

—. ¿Es que pide sentarse ahí? ¡Es la sexta vez!

—¿Ah sí, la sexta? —

preguntó BaekHyun despreocupadamente, a pesar que desde hacía mes y medio esperaba con ansia la noche de los martes más por eso que por cualquier otra razón

—. Ni me había dado cuenta —mintió—. Trabajo sesenta horas a la semana —le recordó—, no puedo acordarme de todo el mundo.

—Sí lo haces —contradijo Jennie.

BaekHyun la miró de soslayo y trató de no sonreír.

—Bueno, será mejor que vayas —dijo ella de pronto mientras miraba a través de las persianas de madera que la separaban del resto del restaurante—. ¡Qué hombre tan

elegante! —murmuró para sí misma.

BaekHyun contuvo una carcajada. Terminó de abrir la botella y respiró profundamente para calmar sus nervios.

—¿La dejas de nuevo en la cubitera? —preguntó mientras le daba la botella a Jennie y se dirigía al salón comedor.

Elegantes luces empotradas, velas en las mesas y pequeñas luces parpadeantes reflejaban el elevado techo del comedor. Ventanales grandes y claros ofrecían una vista del

cielo estrellado de Seúl, las mesas estaban cubiertas por finos manteles de lino, con cristal y vajilla china, distribuidas en el amplio espacio de niveles. Suave música de Jazz amenizaba el ambiente, los utensilios en los platos, y las sillas raspando el suelo al moverse.

Lisa, la camarera encargada de la puerta, escoltaba a una pareja desde el área de espera hacia una mesa libre, muchos clientes esperaban pacientemente disfrutando del champagne y entremeses ligeros.

A pesar de ser un restaurante de cuatro estrellas llamado "Martes" la comida y el servicio eran impecables.

BaekHyun se movía sigilosamente a través de las mesas, vestía un uniforme negro que cubría por completo su delgado cuerpo. Él no era el tipo de hombre que destacara, era alto, pero delgado, bastante ordinario, su pelo era corto.

Su personalidad, tranquila y con tendencia a ser introvertido, hacía que a él le resultara natural ser discreto mientras trabajaba, le complacía que su ordinaria apariencia lo hiciera perfecto para deslizarse entre las sillas y llevar los platos, sin llamar la atención o interrumpir la comida de los clientes.

Era perfecto para eso y lo disfrutaba. Y noches como ésa mucho más.

Deteniéndose cerca de la fuente, BaekHyun buscó en el cuarto a su objetivo. En una tranquila mesa para dos, estaba un hombre sentado solo.

Había estado viniendo al restaurante esporádicamente desde que abrió hace ocho años, pero en el pasado año, él había comenzado a ir con más regularidad. Se reunía en las puertas del “Martes” con el propietario del restaurante cada vez que venía a comer, siempre se sentaba en la misma mesa. Venía una vez a la semana siempre en martes, y se

sentaba. BaekHyun no sabía por qué. Siempre ordenaba el especial, sin ver lo que se ofrecía ese día y el vino de la casa; No tomaba postre.

BaekHyun conocía esos detalles al igual que conocía cientos de otras delicadezas de sus clientes regulares: La gente que frecuentaba el elegante restaurante, valoraba su buen servicio. Era uno de los muchos rasgos que lo hacían excelente en su trabajo. Su capacidad le daba la confianza que de otra forma no tendría. Aquí en el “Martes” se sentía capaz de manejar esos repetidos encuentros con el hombre misterioso.

BaekHyun llegó en silencio a la mesa y habló suavemente.

—Buenas noches, señor. ¿El especial de hoy y el vino de la casa? —ofreció agudamente. Era lo mismo que le preguntaba cada semana. Él se había detenido a presentarse hace meses.

El hombre moreno, que había levantado la vista al ver a BaekHyun acercarse, asintió sin palabras. BaekHyun inclinó la cabeza y recogió el menú. El cliente era siempre de esa manera. La primera noche que BaekHyun le sirvió, un largo dedo había señalado el especial en la carta y el vino de la casa. Nunca había dicho una palabra en todo ese tiempo, al menos no a BaekHyun, solamente asentía o negaba con la cabeza. BaekHyun nunca lo presionó, y se esforzaba en hacer preguntas que pudiera contestar sin mucho problema.

Se preguntó más de una vez si el hombre podía hablar.

—Trae un copa extra, por favor, ¿vale? —dijo el hombre abruptamente cuando BaekHyun se alejaba. Su voz apenas se oía, era mucho más grave de que lo que su oscura

apariencia sugería. Era como si se hubiera marchitado por falta de uso.

BaekHyun se volvió hacia él con los ojos muy abiertos.

—Claro —le respondió, esperando que no se mostrara la sorpresa en su voz—.

¿Algo más? —preguntó maldiciéndose por dentro por oírse como un idiota mientras le hablaba al cliente.

El hombre negó bruscamente.

—Sí, señor —murmuró BaekHyun antes de alejarse.

La voz dura y rasposa del hombre aún resonaba en la cabeza de BaekHyun, y estaba seguro de que nunca olvidaría su sonido. ¿Y otro copa? El enigmático cliente era uno de los misterios favoritos del personal y por lo tanto una interminable fuente de rumores e intrigas.

Cada persona tenía una teoría, fantasía o historia acerca de él. Al parecer nadie lo había oído hablar, esto podría aumentar el interés de todo el personal.

Cada pequeño detalle que ellos podían vislumbrar aumentaba su interés.

El corazón de BaekHyun se aceleró cuando pensó acerca de la copa extra, y no estaba seguro de la razón. Tomó el vino y los copas del bar, asegurándose de que el cristal no tuviera marcas y regresó a la mesa mientras se repetía a sí mismo que no estaba nervioso. No había nada excitante en eso, se repetía en silencio mientras colocaba los copas y descorchaba el vino.

Los ojos del cliente seguían fijamente cada uno de sus movimientos.

—Yo haré eso esta noche —dijo en un tono bajo, aunque un poco más extraño que antes—. Gracias —añadió, levantando la cabeza y mirando a BaekHyun con sus oscuros y sombríos ojos. Éstos reflejaban la luz de las velas como una brillante obsidiana.

BaekHyun detuvo las manos y después de un momento su mirada se cruzó con la del hombre, ofreciéndole la botella envuelta en lino.

El hombre la tomó y asintió. —Gracias, BaekHyun —dijo suavemente. Había un tinte de cortesía en esas palabras. BaekHyun lo miró fijamente un momento antes de alejar la mirada. —De nada —dijo, dejando el sacacorchos en la mesa y alejándose.

Oír su nombre en sus labios le hizo temblar. Era tan… seductor. BaekHyun incluso estaba seguro de que sin pretenderlo, eso parecía. El hombre esperó a que BaekHyun se alejara para descorchar la botella y servirse a sí mismo, llenando la copa.

Levantó la mirada y miró la copa vacío al otro lado de la mesa por un largo instante, permaneciendo inmóvil, entonces se inclinó y sirvió la copa de la persona ausente del otro lado de la mesa.

—¿Baek, qué está haciendo? —preguntó Jennie con mucha curiosidad tan pronto como BaekHyun regresó al área de servicio.

BaekHyun deliberadamente observaba el área del comedor, en lugar de regresar al trabajo y llenar la cesta de pan. —¿Qué quieres decir? —preguntó fingiendo ignorancia y esperando que su propia curiosidad no se notara.

—Él tiene dos copas esta noche. ¿Se va a reunir con alguien? ¿Habló contigo? ¿Qué te dijo? —volvió a preguntar Jennie excitada.

—¿No tienes trabajo que hacer? —contestó BaekHyun. No quería que ella supiera que tan pronto como había oído la voz del misterioso hombre, se había estado enamorando un poco de él.

Había pasado mucho tiempo, sabía que era vergonzoso enamorarse de un cliente. Era aún peor enamorarse de alguien con quien realmente nunca habías hablado antes.

Jennie bufó y se cruzó de brazos. —Bueno, esta será una noche muy larga. ¿No puedes animarte y contarme algún chisme? ¡Ese tipo es un misterio muy grande para la mayoría de nosotros! Permitiéndonos vivir de la imaginación.

BaekHyun no podía admitir que él se sentía de la misma manera. Se enorgullecía de su profesionalidad, y rumorear acerca de los clientes no era algo que quería comenzar a hacer. —No hay ningún chisme —insistió—. Me pidió un copa extra, eso es todo.

Jennie hizo un puchero y miró vanidosamente hacia el comedor. La mayor parte de la mesa estaba escondida, el misterioso hombre levantó la copa, haciendo un brindis frente a él y entonces le dio un trago al costoso vino. —Eso es realmente extraño —murmuró Jennie cuando lo vio. —Vuelvo al trabajo —dijo BaekHyun rápidamente antes de que se quedara clavado viéndolo.

Tomó una jarra de cristal con agua en una mano y en la otra una cesta de pan y recorrió el salón, llenando copas de agua y haciendo preguntas, mientras lentamente se acercaba hacia el hombre que estaba sentado solo con dos copas de vino.

Cuando llegó, BaekHyun dejó la canasta de pan y llenó los dos copas de agua. No importaba cuánto lo deseara, BaekHyun no podía preguntar, ni esperaba que el hombre le hablara de nuevo.

Él había visto a otros camareros intentar forzar una conversación con el misterioso hombre moreno para oírle decir algo, y eso solo hacía que éste se viera molesto y frustrado.

Quizás por eso ahora permanecía en la sección de BaekHyun, porque él nunca lo presionaba.

BaekHyun se giró para alejarse y dejar tranquilo al hombre una vez más.

—¿Cuánto hace que trabajas aquí? —preguntó el hombre repentinamente.

Deteniéndose, BaekHyun se giró hacia él, tratando de no mostrar su sorpresa. —Desde que abrió, hace ahora ocho años —contestó cautelosamente, preguntándose por qué el hombre le había preguntado eso.

El hombre moreno lo observaba fijamente con rostro inexpresivo y sombrío, sin embargo, su humor parecía haberse aligerado. —¿Y te gusta? —preguntó.

BaekHyun se sentía incapaz de escapar, hipnotizado por esos oscuros ojos. Trató de evitar su mirada, para en su lugar, estudiar la cara del hombre, algo que nunca se había permitido hacer cuando se acercaba.

Todo eran líneas duras: frente elevada, mandíbula triangular, pómulos afilados. De cerca era incluso más hermoso de lo que BaekHyun había pensado. Su pelo negro y muy corto.

Siempre usaba ropa negra, o gris oscuro que disimulaba muy poco su altura y su musculoso cuerpo una vez que se quitaba su abrigo de invierno. El color, o la falta de color en sus trajes, era la manera en que BaekHyun podía identificarlo fácilmente.

En la mente de BaekHyun era un ángel oscuro. Después de un momento, BaekHyun se centró en contestar la pregunta.

—Sí —dijo—. Me gusta. ¿Por qué si no permanecería tanto tiempo aquí?.

La mirada del hombre se alejó y volvió al copa de vino aun sin tocar.

—Muy cierto —admitió, las palabras claramente marcaban el final de la conversación.

BaekHyun echó un vistazo al segundo copa de vino y volvió a mirar al hombre. Cuando cenaba aquí, siempre había sido silencioso y cortés, pero sorpresivamente accesible a su propia manera, BaekHyun se había acostumbrado a él.

Y hoy él parecía distinto… como deprimido. El hecho de que él hubiera hablado esa noche era algo inusual. Y ese cambio en la rutina del hombre le preocupaba.

—¿Está usted… está todo bien? —se aventuró a preguntar BaekHyun con voz serena.

El hombre volvió a mirarle, parecía sorprendido de que BaekHyun continuara allí.

Contestó negando con un breve movimiento de cabeza de nuevo y alejó la mirada una vez más. Esta vez el despido era claro.

Decepcionado, aunque no ofendido, BaekHyun se alejó, mirándolo todavía por encima del hombro cuando estaba a varias mesas de distancia llenando copas de agua.

No se perdía ningún movimiento del hombre de la mesa; él seguía con la mirada perdida en la copa de vino.

El único movimiento que hizo, fue llevar su propio copa de vino a los labios y dejarlo en la mesa de nuevo. Sus ojos raramente se alejaban de la copa que estaba frente a él, mientras esperaba su cena.

BaekHyun no podía evitar preguntarse acerca de eso. «¿Qué estaba haciendo?». Y más importante, «¿por qué hacía eso? ¿Qué era diferente esta noche?». Era más que obvio que nadie se le uniría, así que ¿por qué la copa?.

Con un suave suspiro, BaekHyun se encogió de hombros ante las preguntas y se dirigió a la cocina a tomar el especial. Cerca de diez minutos después, BaekHyun volvió a la mesa con la bandeja; colocándola, comenzó a servirle, tratando de no mirar al hombre a pesar de la urgencia por estudiarlo de nuevo más de cerca.

Mientras BaekHyun colocaba el plato frente a él, del abrigo del hombre escapó un discreto timbre. Éste sacó el teléfono móvil de su bolsillo, vio la pantalla brevemente, y entonces levantó la vista hacia BaekHyun.

—¿Puedes traerme la cuenta, por favor? —preguntó con un suspiro que podía ser considerado de molestia. Esa era quizás la primera emoción que había mostrado ante BaekHyun.

BaekHyun arqueó una ceja y asintió. —Puedo preparárselo para llevar —ofreció.

—No, gracias —le respondió dejando su teléfono—. Solo la cuenta. Rápido, por favor.

—Sí, señor —dijo BaekHyun, y llevándose la bandeja vacía, salió del comedor a hacer lo que le pedía.

Volvió en pocos minutos y le entregó una carpeta de piel negra en silencio.

la copa enfrente del hombre estaba intacto, lleno hasta un tercio. El suyo estaba vació, y su comida apenas tocada, aunque era obvio que había estado comiendo todo lo que pudo mientras esperaba. Tomó la cuenta y asintió. BaekHyun se retiró un poco esperando a completar la transacción lo más pronto posible.

Observó en silencio al hombre sacar su cartera de piel del bolsillo de su traje. Sacó tres billetes, los deslizó dentro de la carpeta y se la entregó a BaekHyun.

—No necesito el cambio —le dijo.

BaekHyun apenas podía oír su voz a pesar de que el ruido de fondo era mínimo

— Gracias por el consejo —le dijo mientras se ponía en pie y tomaba su abrigo.

BaekHyun nunca lo había visto tan cerca cuando se ponía de pie. Se preguntaba si el hombre era más alto que él por unos diez centímetros, quizás más. Mientras se colocaba el enorme abrigo de lana negra, parecía incluso más grande de lo que era; El conjunto era más impresionante que el simple hecho de que fuera más alto que BaekHyun. Confundido y ligeramente distraído por su presencia física, BaekHyun solo asintió. No tenía idea de qué consejo le había dado al hombre, pero no pensaba preguntárselo. Levantó la cabeza un poco para verlo.

—Que tenga buenas noches —ofreció. Su voz temblaba.

El hombre recogió sus pertenencias. Asintió hacia BaekHyun mientras se abotonaba su abrigo.

—Las noches de los martes son siempre buenas—murmuró.

BaekHyun inclinó la cabeza a un lado, aún mas confundido, pero no sabía qué más decir. La verdad era que no estaba seguro de que su lengua pudiera realmente articular alguna palabra.

Asintiendo por última vez, el hombre se alejó de la mesa y BaekHyun lo observó hasta que salió por la puerta. Desanimado, BaekHyun sacudió la cabeza para aclararla y limpió la mesa, la carpeta en una pequeña bolsa.

Una vez que terminó con los platos, revisó la carpeta y se encontró tres billetes de cien dólares. Un billete de cien dólares hubiera cubierto la cena, el vino y una buena propina. BaekHyun se quedó mirando el dinero, preguntándose qué había sucedido esa noche.


BaekHyun hablaba tranquilamente con una pareja mayor que venía a cenar al “Martes” dos veces al mes, antes de girar la cabeza fuera del comedor.

Eran las nueve de la noche y el lugar estaba casi vacío. A pesar de que el restaurante permanecía abierto hasta la media noche, BaekHyun sabía que no vendría nadie nuevo. Era tiempo de trabajar con sus recibos. Pero eso significaba que tendría tiempo para pensar.

Era martes por la noche, pero él estaba pensando en otro martes. El de hace dos semanas, cuando su mundo se sacudió. Él había entrado en su mente, cerrando los ojos aun podía oír la ronca voz del hombre.

Y cuando él no apareció el martes de la semana pasada, rompiendo así una racha de casi dos meses, BaekHyun estaba terriblemente decepcionado.

Todavía se preguntaba qué le había sucedido a su misterioso cliente y si lo volvería a ver de nuevo. De lo que BaekHyun estaba seguro, era que le gustaría oír esa voz una vez más. Y ahora parecía que sería otro martes sin él. «El extraordinario hombre de sus sueños».

BaekHyun suspiró. Un hombre como ese ciertamente sólo podía ser una fantasía para BaekHyun, ya que alguien así estaba muy por encima de su nivel de muchas maneras. Mientras cavilaba, oyó a Lisa saludar a un nuevo cliente, seguido instantáneamente por la distintiva voz de SiWon Choi, el propietario del “Martes,” saludando a la misma persona afectuosamente. Cuando BaekHyun se movió para ver a través de la gran planta a su lado, vio a SiWon estrechando la mano del cliente y Lisa lo dirigió a su mesa. Le tomó a BaekHyun un momento darse cuenta de a quién veía realmente. Era él. Paralizado, BaekHyun lo miró durante una eternidad sintiendo cómo se le aceleraba el pulso.

Después de un momento, se sacudió a sí mismo y tomó una botella del vino de la casa y un copa limpio antes de dirigirse a la mesa.

Mientras se acercaba, se dio cuenta de que el hombre no parecía él mismo esta noche. Tenía una línea de puntos de sutura sobre su ojo izquierdo y su brazo derecho estaba en un cabestrillo.

Estaba tratando de sacar su brazo de éste, cuando BaekHyun se aproximó a la mesa, donde rápidamente, dejó la botella y la copa.

—Déjeme ayudarle —se ofreció antes de pensarlo.

Levantó la correa que cerraba el cabestrillo del hombre. Éste tomó una profunda respiración para tranquilizar sus nervios sobre las libertades que se estaba tomando, y olió brevemente la sutil colonia del hombre. Se estremeció y trató de no reaccionar al intoxicante aroma.

El hombre se congeló cuando BaekHyun lo tocó, pero se relajo rápidamente y bajó su cabeza, permitiendo a BaekHyun ayudarle a quitarse el cabestrillo. BaekHyun quitó las correas con mucho cuidado; simultáneamente reanimado por el contacto y aliviado, se movió alejándose. Dobló el cabestrillo y lo dejó en la silla opuesta de donde se sentaba el hombre.

El gran hombre giró su hombro cuidadosamente y levantó la vista hacia BaekHyun con su oscura e inexpresiva mirada.

—Gracias —su voz era un susurro apenas audible.

La cortés réplica de BaekHyun quedó totalmente olvidada cuando le miró el rostro más de cerca. Observó la herida y los hematomas antes de encontrarse con sus ojos.

—¿Está bien? —preguntó insistentemente.

El hombre asintió como de costumbre en respuesta sin retirar la mirada de BaekHyun. Entonces lentamente sonrió, un lado de su boca se curvo hacia arriba en una ligera sonrisa. Su cara era menos severa y sombría, y si eso era posible aún más hermosa.

—Estoy bien —la respuesta sonó aturdida—. Gracias —repitió.

BaekHyun asintió lentamente, en trance, debido a esa pequeña curva en los labios del hombre.

—De nada —parpadeó varias veces y finalmente se recuperó—. ¿El especial del día y el vino de la casa?—preguntó torpemente, señalando la botella en la mesa.

—¿Qué me recomiendas de postre? —preguntó el hombre en respuesta.

BaekHyun arqueó las cejas, y trató de encontrar algo qué decir. No estaba acostumbrado a que lo sacaran de control cuando alguien le pedía su orden. El proceso estaba generalmente bien establecido de antemano.

—Ah. El pastel de queso almendrado es el más popular esta noche —logró decir.

El hombre siguió mirándole fijamente. —¿Qué me recomiendas? —repitió lentamente.

BaekHyun tragó saliva, sintiendo un poco de calidez en la mirada del hombre que seguía atenta y enfocada sólo en él.

No sabía por qué estaba tan nervioso. Había dado recomendaciones toda la noche. Pero que ese hombre le preguntara por su favorito le había causado que todo su cuerpo se calentara.

—Entonces ese es el que quiero —respondió el hombre con una ligera mueca en los labios que pretendía ser otra sonrisa. BaekHyun se preguntaba si el hombre se había dado cuenta que su camarero lo estaba mirando. Probablemente. Él parecía el tipo de hombre al que no se le escapaba nada. Las mejillas de BaekHyun ardían y se lamió los labios nerviosamente.

—¿Después de la cena? —preguntó.

—De cena, por favor —contestó el hombre con esa maliciosa sonrisa que le dio un ligero toque alegre a su mirada. Obviamente disfrutaba de cómo estaba desconcertando a BaekHyun.

—Ah. Está bien —dijo BaekHyun.

Suspiró cuando se dio cuenta de que el hombre sabía que estaba avergonzado

—. ¿Quiere el vino? —preguntó torpemente.

La mirada del hombre fue a la botella y de nuevo lentamente a BaekHyun.

—Sí —contestó suavemente.

El tono tranquilo ayudó a BaekHyun a recuperar la compostura y con sus familiares movimientos sacó el sacacorchos del bolsillo trasero, levantó la botella y la abrió. Y durante todo el tiempo, estuvo bajo la intensa y sombría mirada del hombre que seguía sus movimientos. BaekHyun retiró el corcho y se lo ofreció, la otra mano sosteniendo la botella. Aunque se sentía inusualmente nervioso, fue capaz de enderezar los hombros y recuperar su acostumbrada postura, mientras sentía esos oscuros ojos seguir sus movimientos.

El hombre asintió ante el corcho y miró a BaekHyun a los ojos.

—¿Aún te gusta hacer esto? —le preguntó de repente, su voz ronca y algo íntima por la manera en que murmuraba. BaekHyun tragó saliva ante el tono de la pregunta.

Como la primera vez, BaekHyun asintió.

—Sí —pero esta vez preguntó—: ¿Por qué?

—Porque pareces feliz —contestó el hombre inmediatamente.

BaekHyun parpadeó y le ofreció al hombre una abierta y honesta sonrisa.

—Sí. Supongo que lo soy —dejó el corcho en la mesa y sirvió un poco de vino en la copa para que él lo aprobara—. Soy bueno en esto —afirmó con una sonrisa.

—Sí —murmuró el hombre mientras levantaba la copa. Probó el vino y asintió su aprobación—. Ser bueno en lo que haces ayuda. Gracias, BaekHyun —dijo suavemente. —De nada —dijo BaekHyun—. Su postre estará en breve. Dejó la botella en la mesa y se fue, llevándose el sacacorchos con él y luchando con las palpitaciones en su pecho. —Sabes, creo que le gustas —aseguró Jennie con una ligera sonrisa, tan pronto como BaekHyun llegó al área de servicio. —Por el amor de Dios, Jennie, ¿qué estás diciendo? —murmuró BaekHyun ruborizándose profundamente.

—Te gusta y estás totalmente perdido. ¿Sabes al menos qué hacer con eso? —lo desafió pícaramente.

BaekHyun hizo un sonido de exasperación, ignorando la pregunta.

—¿Por qué esto sería relevante o remotamente apropiado? Estás hablando de un cliente habitual, uno que SiWon siempre saluda personalmente —le recordó intencionadamente.

No importaba que BaekHyun pensara en él con bastante frecuencia.Preguntándose acerca de él. Incluso fantaseando acerca de él y de cómo él tenía esa ronca y suave voz.

La camarera sacudió la cabeza. —¡Guau!, Baek —dijo—. Apuesto a que si tú haces un movimiento él responde — siguió ella.

—No voy a hacer ningún movimiento —repitió BaekHyun testarudamente.

—¿Y por qué no? —preguntó impactada—. Yo lo haría si pensara que él lo aceptaría —añadió riéndose—. Aunque ningún hombre que viste tan bien puede ser hetero —murmuró, mirando a través de las persianas y suspirando exageradamente.

—Si no te importa, estoy seguro que puedes encontrar otras cosas que hacer — BaekHyun la observaba amenazadoramente.

Ella se giró y le guiñó un ojo, palmeando su espalda. —Bien, Señor supervisor de camareros. Llevaré su postre entonces —le provocó apurándose a tomar el plato con el postre justo cuando apareció en el mostrador, y se dirigió al comedor.

BaekHyun captó su intención en el último segundo y vio como ella se iba antes de mirar fijamente a un par de camareras que estaban al final de la barra.

Ellas seguramente habían estado oyéndolo todo, porque empezaron a reírse.

BaekHyun gruñó. Eso era todo lo que necesitaba. Jennie y las otras chicas estarían molestándolo para siempre; sin importar qué, técnicamente, él era su supervisor.

No sabía lo que Jennie pretendía con ese numerito del postre, pero al menos esperaba que se quedara satisfecha con eso.

A regañadientes, BaekHyun se quedó observando la escena con curiosidad.

Jennie se enderezó y se aproximó a la mesa del hombre. —Su postre, señor —ofreció ella cuando le presentó el plato.

El hombre miró el plato frente a él y levantó la mirada lentamente para ver a la camarera, con una expresión en blanco durante un gran momento antes de simplemente asentir en agradecimiento.

Jennie le ofreció una cortés y encantadora sonrisa. —¿Puedo ofrecerle algo más?

El hombre negó con la cabeza como solía hacer usualmente y se colocó la servilleta en el regazo, con su mano buena. —Siéntase libre para llamarnos si necesita cualquier cosa —le dijo alegremente; pasó un momento antes de que ella saliera del comedor.

Una vez detrás de las puertas oscuras, ella fue con BaekHyun y movió sus manos ante sus ojos.

—¿Viste? —preguntó triunfalmente.

—No, no lo vi —respondió BaekHyun, observando el servicio de café que estaba preparado.

Sí, él había cedido a la tentación de espiar a Jennie hablando con él, pero ella no necesitaba saberlo.

—Se decepcionó mucho cuando me vio a mí —le informó ella con una sonrisa —Él solo te quiere a ti, Romeo —bromeó satisfecha antes de irse de nuevo.

BaekHyun la vio irse antes de revisar el comedor de nuevo. Observó al hombre por un momento, examinando los hombros en busca de signos de molestia antes de fruncir el ceño y sacudir la cabeza. ¿Cómo un hombre como ese podría estar interesado en alguien como él?

Antes que nada, le tendrían que gustar los hombres, e incluso si así fuera —eso era una remota posibilidad en la opinión de BaekHyun—. «¿Por qué le interesaría un simple camarero?».

El tipo parecía rico, con éxito y poderoso. Nada que ver con lo que BaekHyun era.

Mientras le miraba, SiWon Choi apareció y se aproximó a la mesa. El propietario del restaurante se quedó parado mientras hablaban y luego tomó la silla frente al hombre, conversando con lo que parecía obvia preocupación.

La expresión del cliente no cambiaba, pero BaekHyun sentía que él estaba hablando con SiWon de algo apasionante, si el movimiento de su lastimada mano indicaba algo.

Ambos hombres que veía eran opuestos. El desconocido era alto, de constitución firme, con fuertes músculos bajo la bien cuidada ropa, cabello negro azabache.

SiWon Choi, por otro lado, estaba bien afeitado, con suave cabello rubio que casi se veía como si se hubiera arrastrado en la alfombra. Elegantemente desordenado. No era tan alto ni corpulento, pero aun delgado se mantenía en muy buena forma.

Otra diferencia entre ambos hombres: SiWon no era tímido para expresarse verbalmente cuando su suave y refinada presencia era requerida en el comedor.

BaekHyun estaba extremadamente familiarizado con eso. SiWon era cálido, amistoso y con tendencia a distraerse fácilmente.

Según la experiencia de BaekHyun, el cliente era lo opuesto a SiWon, frío como el hielo y calmado. Pero ahora que BaekHyun estaba viéndole mostrar emociones auténticas, parecía que el hombre de cabello negro se animaba, e incluso parecía algo frustrado. Y estaba magnifico. BaekHyun se maldijo por lo bajo. Ahora él nunca sería capaz de desprenderse del maldito enamoramiento. Demasiado pronto, SiWon se puso de pie y colocó su mano en el hombro lesionado del hombre antes de dejarlo con su postre. BaekHyun contemplaba al hombre sentado en tranquilo silencio por un momento, antes de sacar su libreta de piel de su bolsillo y dejarla cuidadosamente junto al plato. Entonces sacó una costosa pluma y abrió la libreta. Comía su crème brûlée cuidadosamente con su mano derecha lastimada mientras escribía en la libreta con la izquierda. Eso era algo que hacía a menudo, escribir en la pequeña libreta mientras comía su cena. BaekHyun había notado que acostumbraba a usar cualquier mano mientras escribía, y a menudo se preguntaba qué hacía.

De cualquier manera eso no era asunto de BaekHyun, y se dio cuenta de que estaba descuidando sus responsabilidades.

Sólo que no pudo evitarlo. BaekHyun se frotó la cara con sus manos y presionó sus labios juntos con resignación antes de tomar la bandeja y regresar al trabajo.

Le sirvió café a dos mesas que se lo habían terminado, y tomó una taza extra, sólo por si acaso.

Después de mirar hacia la mesa, tomó una profunda respiración para recuperar su confianza y decidió ir con él. —¿Le gustaría algo de café? —preguntó, de manera casual. Esperaba sonar calmado y seguro.

El hombre no levantó la mirada de lo que estaba escribiendo. Negó con la cabeza como respuesta. A pesar de ser su manera habitual de reaccionar, BaekHyun no la sintió de esa manera.

Se había permitido distraerse por su anterior interacción personal cuando lo mejor sería que olvidara su tonta fantasía e hiciera su trabajo; eso era todo. Satisfecho recuperó el control, y terminó de revisar las mesas. SiWon llegó a la mesa del hombre en su habitual ronda entre los clientes.

El hombre sin levantar la mirada tomó el brazo de SiWon, deteniéndolo sin decir una palabra. Ni siquiera dejó de escribir mientras sostenía la muñeca de este.

SiWon se quedó un momento mirando al hombre escribir. Entonces soltó su brazo con suavidad y se sentó en la silla frente a él.

BaekHyun se preguntaba cómo era que SiWon lo conocía. Además lo saludaba personalmente en la puerta, un privilegio que reservaba para muy pocos; incluso se sentó a hablar con él. BaekHyun nunca había visto a SiWon hacer eso con nadie más.

SiWon dijo algo más y el hombre levantó ligeramente su cabeza, pasó dos dedos por su labio inferior, pensativo, y miró su libreta con el ceño fruncido.

SiWon asintió y se puso de pie de nuevo, alejándose de la mesa con una pequeña sonrisa, y una mano casualmente en su bolsillo, obviamente complacido.

Lo que fuera que hubiera dicho, hizo que el hombre moreno pensara.

Frunciendo el ceño, BaekHyun se preguntó qué estaba haciendo, sacudió la cabeza y se dijo a sí mismo que no eran sus asuntos, sin importar lo hermoso que el tipo fuera. Se dirigió a limpiar una mesa vacía, manteniéndose deliberadamente donde pudiera observarle.

Estaba ya sobre la mesa, cuando sus miradas se cruzaron. El hombre le miraba con sus oscuros ojos e inclinó

ligeramente la cabeza. BaekHyun se estaba acostumbrando a eso.

—¿Eres de aquí, de la ciudad? —preguntó el hombre cuando BaekHyun llegó a la mesa.

La pregunta tomo a BaekHyun totalmente desprevenido, de nuevo.

Había esperado que le pidiera la cuenta o quizás más vino. —Sí —contestó cuidadosamente.

—¿La conoces bien? —preguntó el hombre, sin ni siquiera notar la incomodidad de BaekHyun.

—Sí, eso creo —contestó BaekHyun, ligeramente más confiado.

—¿Conoces un lugar llamado El Zenith? —preguntó el hombre, su voz con un ligero toque de frustración—. ¿O algo que se llame así? ¿Un comercio, lugar, letrero o lo que sea?

Las mejillas de BaekHyun rápidamente se oscurecieron y abrió más los ojos mientras el hombre hablaba.

Justo cuando pensaba que el hombre no podría sorprenderlo más, él va y le pregunta sobre el Zenith. Genial. ¿Habría sido eso sobre lo que él y SiWon habían hablado? Quizás el hombre le preguntó a SiWon sobre eso y éste no conociera el club Zenith, ¿sería eso? BaekHyun se ruborizó aun más y carraspeó.

El hombre notó su reacción ésta vez, e inclinó la cabeza inquisitivamente.

BaekHyun carraspeó de nuevo, sacudiéndose la incomodidad que la pequeña pregunta le había causado. —Es el nombre de un club exclusivo —contestó con una nerviosa sonrisa—. Los clientes son principalmente gay, o eso creo —dijo con cuidado.

El hombre sacudía la cabeza, parecía ensimismado en sus pensamientos. Frunció los labios y regresó a su libreta. —Interesante —murmuró para sí mismo—. Puedes decirle a la mujer que me traiga la cuenta ahora —ordenó sin levantar la mirada de nuevo. BaekHyun tragó saliva con fuerza.

—Sí, señor —prácticamente lo murmuró.

De regreso, dejó la bandeja y apoyó la cabeza contra la pared. Ese hombre le había hecho una pregunta y él había respondido. ¿Por qué lo había descartado, reemplazándolo por otro camarero? BaekHyun se frotó los ojos. ¿Qué tenía ese hombre que lo descontrolaba con tanta facilidad? Con un suspiro, se dirigió a la cocina a buscar a Jennie.


La siguiente vez que miró hacia el comedor, ella se dirigía a la mesa del hombre. Ella habló, se dio media vuelta y se alejó. El hombre levantó rápidamente la vista, mirando alrededor del restaurante, buscando a alguien. Sus ojos fueron hacia la puerta de la cocina por donde BaekHyun había desaparecido y entrecerró los ojos.

BaekHyun, veía desde el área de servicio, luchando por no sonreír cuando la mirada lo taladraba. Podría jurar que el hombre sabía que estaba escondido tras las persianas.

El hombre sacó un billete de su cartera y colocó el dinero en el borde de la mesa sin alejar la mirada de las persianas. Entonces se alejó con su abrigo en el brazo, no se molestó en colgarlo en su espalda a pesar del frío de la calle.

Justo antes de llegar a la puerta, SiWon salió del pasillo desde sus oficinas privadas e intercambiaron unas cuantas palabras.

El hombre era más alto que SiWon, pero la sola presencia de SiWon Choi podía iluminar un cuarto.

Había sido médico en las fuerzas especiales, aunque BaekHyun nunca había tenido valor para preguntarle en que división ni por cuánto tiempo.

SiWon era tanto un soldado capaz, como un acaudalado comerciante. Era un hombre duro, que eclipsaba a los que estaban a su alrededor.

BaekHyun les observaba nerviosamente, sabiendo que su jefe le preguntaría al oscuro hombre sobre el servicio y lo que había sucedido.

El hombre señaló a las persianas con su mano buena y hablaba acaloradamente.

Para horror de BaekHyun, SiWon realmente se carcajeó en respuesta.

BaekHyun dio un paso atrás y casi golpea a otro camarero. «Jesús, ¿qué le habrá dicho a SiWon para que se riera de esa manera?».

Con cuidado, movió las persianas y trató de ver qué estaba sucediendo. El hombre dijo algo más, y SiWon se carcajeó más fuerte. Tomó el brazo del gran hombre y lo guió hacia la puerta, ayudándole a colocarse su abrigo. Sorpresivamente SiWon se veía divertido, «eso no es malo, ¿verdad?». BaekHyun tragó saliva con fuerza, repitiendo los eventos de la noche en su cabeza.

No podía ver que hubiera hecho algo mal aparte de contestar las preguntas del hombre. Y SiWon sabía que BaekHyun era gay, así que eso no podría sorprenderle a él ni a nadie que le conociera aunque fuera remotamente.

SiWon salió del restaurante con el hombre; ellos estaban en el piso superior de un edificio con elevadores. BaekHyun contuvo la respiración un momento y la dejó salir lentamente calmándose a sí mismo, repitiéndose que todo estaba bien.

Tenía trabajo que hacer antes de regresar a su casa y tratar de dejar a un lado las fantasías.

Varios minutos después, BaekHyun estaba limpiando una mesa cuando levantó la mirada y se congeló. Se quedó inmóvil, igual que un conejo ante la mirada de un puma, cuando vio a SiWon dirigirse hacia él.

Después de todo no tenía sentido huir. SiWon se dirigió hacia él, y extendió un mantel con sus manos mientras llegaba a la mesa donde se encontraba.

—¿Puedo hablar contigo un momento? —pregunto cortésmente a BaekHyun levantando un dedo y señalando que lo siguiera.

BaekHyun se recordaba a sí mismo que era solo SiWon. Era el propietario del restaurante y jefe de BaekHyun, sí, pero también habían llegado a ser buenos amigos con el paso de los años.

Asintió y colocó los copas en la mesa antes de seguirlo. Se dirigieron al frente del restaurante y a un pasillo frente al vestíbulo, desde donde SiWon guió a BaekHyun a su oficina privada.

Escoltó a BaekHyun al interior.

—Él no está enfadado contigo, chico —le explicó a BaekHyun tan pronto cerró la puerta.

BaekHyun parpadeó. —¿Perdona?

—Que él no está enfadado contigo —repitió SiWon lentamente mientras metía su mano en el bolsillo.

Le dio a BaekHyun un billete de cien dólares y asintió—. Tú propina.

—¿Qué…? —BaekHyun observaba el billete doblado en la mano

—. No entiendo. El me dijo…

SiWon sonrió, obviamente tratando de no mostrarse divertido.

—Está tratando de agradecer tu atención, no le gusta que Jennie lo atienda —le confesó a BaekHyun con dificultad, debido a que claramente estaba tratando de no reírse.


BaekHyun observaba a SiWon sin habla.

—…no entiendo —dijo finalmente—. ¿Qué hay que agradecer? SiWon se permitió reír suavemente.

—A él no le gusta Jennie —le explicó a BaekHyun animadamente—. Dice que es demasiado curiosa. No dejes que le vuelva a llevar la comida.

BaekHyun se encogió de hombros, impotente.

—Bueno —miró el dinero de nuevo—. Podría haberse limitado a decirlo. Hay muchos que trabajamos en el comedor. Él puede estar en su sección en alguna ocasión. —No. —SiWon se rió mientras abría la puerta para que BaekHyun saliera—. No, él no lo hará.

BaekHyun regresó al comedor más confundido que antes. Todavía sosteniendo el dinero entre sus dedos. Después de un momento lo deslizó en su bolsillo. Sacudió la cabeza para aclararla, regresaría al trabajo.

Tenía mucho tiempo para pensar en el misterioso hombre oscuro que seguiría viniendo cada martes como hasta ahora.


—¡FELIZ ANIVERSARIO! —los felicitó BaekHyun con una enorme sonrisa, colocando el postre especial en la mesa frente a los ojos bien abiertos de la esposa. El marido sonrió y asintió, BaekHyun los dejó disfrutar de su romántica cena.

Era un sábado por la noche muy atareado, y finalmente comenzaría a vaciarse el lugar cerca de las once de la noche. El restaurante había estado funcionando perfectamente y BaekHyun estaba en su elemento, revisando al personal y cerciorándose de que los clientes disfrutaran sus cenas.

Un sábado por la noche, todo el personal estaba trabajando y no había gente esperando mesa.

Otra de sus obligaciones que requería su atención en las concurridas noches, y le agradaba la variedad.

Se asomó al área de servicio y atrapó a varios camareros mirando el televisor que se encontraba en una esquina. —¿Qué están haciendo? —preguntó a nadie en particular. Se suponía que la televisión nunca se encendía durante las horas de servicio a menos que el clima fuera malo o hubiera un gran juego por el que los clientes de esa noche preguntarían.

Ellos se desorganizaron cuando el locutor empezó a hablar sobre sus predicciones para el juego de la NFL del día siguiente.

BaekHyun sacudió la cabeza y buscó el mando a distancia. —Y en las noticias locales —comentaba el locutor—. El cuerpo de un hombre fue encontrado en el lago Michigan esta mañana, fue identificado como: SooMan Lee.

Lee desapareció hace tres semanas después de salir del club Zenith en el centro de Seul. Las autoridades inicialmente pensaban que Lee dejó la ciudad para evitar el proceso judicial en su contra, por tener tratos con sindicatos del crimen organizado, la policía califica su muerte como homicidio. Fuentes internas especulan que el asesinato fue realizado por un profesional. BaekHyun apagó la televisión y sacudió la cabeza.

Cuando mencionaron al club Zenith inmediatamente recordó su obsesión. El misterioso hombre al que no había visto en casi un mes y del cual, BaekHyun, no estaba seguro de si regresaría.

Casi había logrado sacar al hermoso hombre de su mente… hasta ahora. BaekHyun suspiró, tomó dos botellas de vino y las llevó al salón privado de los del aniversario.


Varios minutos después, Lisa se asomó al salón de la fiesta, llamando la atención de BaekHyun, y señalándole hacia un punto de la pared de vidrio.

Había una hermosa vista de la ciudad cubierta de nieve y en el salón comedor había un hombre sentado en una mesa solo. Era él. Él. BaekHyun se quedó estudiándolo un momento. No estaba en su mesa habitual. Ni siquiera en una de la sección habitual de BaekHyun.

Pero él sabía sin preguntar que SiWon le había dicho que esperara en esa mesa y tenía una muy buena idea de por qué.

BaekHyun caminó a través del comedor lentamente mientras trataba de suprimir los burbujeantes nervios en su interior.

—Buenas noches —dijo cuando llegó a la mesa.

El hombre levantó la vista del paisaje de la ciudad y miró a BaekHyun, sus ojos registraron una breve expresión de sorpresa.

Cuando se giró, la luz del área iluminó los desvanecidos hematomas en sus mejillas y cuello.

Eran muy diferentes de cualquiera que hubiera visto antes y BaekHyun podría jurar que los hematomas en su garganta eran las huellas de dedos. El corte sobre su ojo ya no tenía los puntos de la última vez que había acudido al “Martes”, ahora era una ligera cicatriz, apenas visible. Quien fuera el que lo hubiera suturado, lo hizo muy bien. Inclinando la cabeza a un lado, BaekHyun miró al hombre solo un momento.

Quizás él, era un luchador profesional o algo por el estilo. Tenía el tamaño adecuado para ello.

—¿El especial de la noche y el vino de la casa? —preguntó BaekHyun en lugar de permitirse seguir reflexionando.

El tiempo que había pasado desde que había visto al hombre la última vez en Martes y la desagradable manera en la que se había ido, había ayudado para aliviar la fijación que BaekHyun había desarrollado, así que mantuvo la compostura más fácilmente. Al menos de momento.

El hombre asintió e inclinó la cabeza hacia un lado discretamente, como si fuera consciente de la luz que iluminaba sus hematomas.

BaekHyun reconoció el silencio y deliberadamente bajó la vista; no quería hacer sentir incómodo al hombre. Por lo visto, volvían a la danza del silencio.


BaekHyun regresó cinco minutos después con una botella de vino y un copa de cristal, y dejó la copa junto a la cesta de pan que había llevado otro camarero.

Empezó a descorchar la botella, hizo una pausa para ver hacia fuera cómo caía la nieve, y sonrió complacido antes de regresar su atención a lo que estaba haciendo.

El hombre lo miraba curioso, su expresión alegre era más de lo que BaekHyun podía esperar.

Para colmo, estaba tarareando en voz baja; BaekHyun levantó la vista cuando dejó el corcho a un lado.

El hombre nunca lo había examinado antes, y BaekHyun no imaginó que lo haría ahora, así es que sirvió un poco en la copa.

—Necesitaré otro copa —dijo el hombre mientras servía, su voz apenas un murmullo, como siempre.

BaekHyun lo movió en su mano y dejó la botella de vino. —Claro, señor —dijo.

Él se preguntó si el extraño ritual de esa noche de semanas atrás se repetiría.

No estaba seguro de si quería verlo; eso fue cuando su fascinación se disparó.

Pero si el hombre no iba a repetir esa situación, eso quería decir que realmente conocía a alguien.

El oscuro hombre tomó la copa suavemente, su gran mano acunó el cristal y se lo llevó a los labios sin siquiera mover el líquido en su interior.

Lo probó lentamente y asintió, aprobándolo, y dejó la copa en la mesa.

El labio de BaekHyun se curvó hacia arriba de un lado. Nunca se cansaría de verlo probar el vino.

Él sabía mucho de eso. Dejó al hombre un momento antes de regresar con otro copa de cristal. Lo dejó cuidadosamente en el otro lugar y se alejó sin ningún comentario.

El gran hombre repentinamente se puso de pie cuando BaekHyun se alejaba de la mesa. Sus ojos examinaban la entrada, y sus dedos hábilmente abotonaban el saco mientras se enderezaba en toda su altura.

El movimiento casi hace que BaekHyun regresara de nuevo, pero logró girarse y mirar hacia la entrada.

Lisa escoltaba a una mujer a la mesa.

Ella era alta, rubia y delgada, y de un tipo bastante falso, sus largas piernas estaban acentuadas por sus altos tacones de aguja y la alta abertura en su traje negro. El hombre la saludó con unas pocas palabras murmuradas y un beso en la mejilla mientras retiraba la silla para ella.


Tan pronto como llegó al área de servicio, BaekHyun se estaba conteniendo para ir a las persianas a ver qué era lo que estaban haciendo.

Se repetía a sí mismo que tenía que actuar apropiadamente y ser respetuoso con la privacidad del cliente, y entonces suspiró, sabiendo que era una batalla perdida.

—Ésta es la primera vez que trae a alguien —dijo Jennie mientras se asomaba a través de las persianas.

—Deja de espiar —la reprendió BaekHyun, incluso a pesar de que él quería hacer exactamente lo mismo.

Jennie le miró arqueando una ceja, y BaekHyun se mordió el labio mientras la veía.

—¿Qué están haciendo? —preguntó casi contra su voluntad.

—Está hablando con ella —contestó Jennie con una traviesa sonrisa, y luego se giró para seguir espiándoles. BaekHyun suspiró y tomó una jarra de agua. Si había alguien sentado en la mesa con él, entonces definitivamente necesitaba ir a revisarlos.

Eso nunca había sucedido antes y al parecer estaba ligeramente celoso.

BaekHyun pensaba que el hombre de los martes era suyo sin importar lo poco realista que eso fuera.

Y si él tenía una cita, eso desbarataba todas las teorías de Jennie.

Discretamente se aproximó a la mesa, en silencio tomó la copa de ella y llenó la copa con agua, entonces el de él. —Recibí tu oferta esta mañana —decía la mujer en voz baja y ronca como la de alguien que fuma, mientras BaekHyun llenaba sus copas

—. Ése no es el precio que acordamos, ChanYeol.

—No obstante, ése es el precio —murmuró el hombre mientras miraba a BaekHyun y asentía en agradecimiento. BaekHyun se tragó el nudo de la garganta a causa de los nervios. ChanYeol. Ese era el nombre del hombre. Finalmente, después de todos esos meses, sabía su nombre. Eso le alivió. ¿Cómo nunca se le ocurrió preguntarle a SiWon?

—¿Qué hay de bueno aquí? —preguntó la mujer mientras levantaba el menú. ¿Asumo que tú vas a pagar?

ChanYeol simplemente asintió.

—El especial de esta noche es cerdo asado a fuego lento con puré de patatas y chicharos —informó BaekHyun después de limpiarse la garganta—. El favorito de la casa es pasta de vegetales con salsa de limón, camarones marinados en champagne y beurre blanc 3—algo en su interior le hacía repetir el nombre. ChanYeol. ChanYeol. El hombre oscuro se veía como un ChanYeol.

—Los camarones suenan maravillosos —contestó la mujer con una sonrisa que mostró sus perfectos dientes.

Ella cerró el menú y se lo dio a BaekHyun.

—Y también un cosmo —agregó ella, mirando a ChanYeol y sonriendo traviesamente —. No te molesta si bebo mientras trabajo, ¿verdad? —bromeó.

ChanYeol entrecerró los ojos y sacudió ligeramente la cabeza.

—Si puedes improvisar tu actuación —le respondió con toda seriedad.

BaekHyun presionó sus labios y frunció el ceño. Cogió el menú con un suave murmullo de reconocimiento y se giró hacia el bar.

Un cosmo, un clic sonó en su cabeza: Seguramente no… Dios, la mujer no podía haber insinuado lo que…. Ella parecía tener demasiada clase para eso, y el hombre, ChanYeol, ciertamente él nunca necesitaría pagar por compañía.

BaekHyun tomó la orden de la mujer y no pudo dejar de observarlos.

Ellos obviamente hablaban, el hombre aún estoico mientras la mujer hacía gestos con la mano.

Los ojos de BaekHyun se abrieron más cuando el pie de la mujer rozó deliberadamente la pantorrilla del hombre. ChanYeol inclinó la cabeza y dijo algo en respuesta.


Tosiendo ligeramente, BaekHyun levantó la bebida. Se dirigió de regreso a la mesa, deliberadamente silencioso, tratando de no interrumpir su conversación.

—¿Me veo como una puta? —le preguntó la mujer a BaekHyun antes de que pudiera alejarse de la mesa. BaekHyun la miró atónito.

ChanYeol se rió y sacudió la cabeza.

El sonido envió un sobresalto directo al estómago de BaekHyun, y se descubrió de nuevo nervioso a pesar de que se había dicho que no lo estaría.

BaekHyun echó un rápido vistazo a ChanYeol, quien estaba mirando por la ventana, probablemente para esconder su sonrisa. Eso lo hacía increíblemente hermoso. Sus ojos oscuros vieron la reacción de BaekHyun a través del reflejo del vidrio. A pesar de su sorpresa y del repentino calor que subió a su cuello, BaekHyun alejó la atención de la transformada cara del hombre, e inclinando su cabeza, contestó lo primero que se le pasó por la mente.

—Si usted lo es, señora, no hay forma de que yo pueda admitirlo. —BaekHyun bajó ligeramente la cabeza y se alejó, esperando que su prisa no fuera tomada como huida de la mesa.

Su corazón golpeaba duro y se sentía mareado. Se detuvo en una mesa para contestar a algunas preguntas de varias personas.

—Al menos una puta muy cara en lugar de una esposa caza-fortunas —dijo ChanYeol a la mujer con una sonrisa mientras BaekHyun todavía estaba en el rango de oírlo.

La mujer suspiró audiblemente y sacudió la cabeza. —Creía que ellos eran profesionales en estas cosas —gruñó.

ChanYeol permaneció en silencio, simplemente levantó una ceja en respuesta.

Ella suspiró fuerte y empezó a tamborilear su anillo de bodas contra el vidrio nerviosamente

—. Entonces. ¿Cómo vamos a hacer esto? —dijo ella. —Déjame eso a mí —respondió ChanYeol en voz baja y calmada—. Ya hiciste tu parte simplemente con venir aquí. Tan pronto como yo reciba el pago, continuaremos.

—¿Y si cambio de opinión en el último momento? —preguntó ella con incertidumbre en la voz.

—¿Lo harías? —preguntó ChanYeol con su extraña, calmada y suave voz.

Ella lo miró un momento antes de bajar la vista a su bebida con el ceño fruncido. Suspiró profundamente y sacudió la cabeza.

—No —contestó—. Quiero hacer esto.

ChanYeol asintió sin palabras.

—Entonces disfruta tu cena —sugirió—, y deja de preocuparte acerca de lo que sigue.

Dirigiéndose al área de servicio, BaekHyun no sabía qué pensar acerca de lo que había oído por casualidad.

La mujer obviamente había bromeado con lo de ser una prostituta. Entonces ¿por qué se comportaba tan notoriamente como una si realmente no lo era? Atravesó la puerta y se dirigió al mostrador, pensando que él realmente esperaba que fuera una broma.

ChanYeol era demasiado hermoso para ser un hombre que pagara por sexo. Entonces algo lo detuvo, viendo hacia la pared. ¿Y si ChanYeol no era el que pagaba? En la última parte de la conversación él había oído claramente la palabra incriminación.

—¿Qué está mal contigo? —preguntó Jennie mientras se dirigía hacia él.

BaekHyun se sacudió. —Uh. Solo pensaba —dijo débilmente—. Estoy bien.

Jennie lo examinó dubitativa. BaekHyun movió la mano alejándola.

—Sólo es demasiado trabajo, déjalo —dijo—. Vamos.

—De acuerdo —respondió ella frunciendo el ceño y llevando su bandeja de comida para dirigirse al comedor. Quince minutos después, BaekHyun salió con ambos platos de comida en una bandeja, expertamente la bajó antes de mover sus platos a su mesa y esperó a que le prestaran atención.

ChanYeol lo observaba mientras trabajaba, sus ojos lo seguían infaliblemente mientras su compañera miraba por la ventana y se quejaba de lo mucho que odiaba los inviernos en Seul.

Mientras BaekHyun arreglaba los platos, se dio cuenta de que le estaba mirando muy de cerca, arqueó una ceja, cuestionando.

—Gracias —le dijo ChanYeol, la suave palabra y la intensa mirada hicieron que BaekHyun sintiera que a la única persona a la que veía en ese momento fuera a él.

BaekHyun se enderezó, sonrió nerviosamente, y asintió, tratando de decirse a sí mismo que estaba imaginando todo eso y que se calmara.

—De nada —murmuró.

—¿Eres siempre tan agradable? —preguntó la mujer distraídamente a ChanYeol.

—No muy a menudo —contestó ChanYeol sin quitar los ojos de BaekHyun.

BaekHyun retiró la bandeja mirando a la mujer antes de mirar hacia ChanYeol.

—Disfrute su comida —dijo exclusivamente al hombre oscuro, sintiendo un salto en su pulso ante su atrevimiento. Inició su retirada de la mesa. ChanYeol y su inexpresiva mirada seguía sus movimientos, y BaekHyun se detuvo un momento, sintiendo una extraña agitación; entonces la mujer habló, su voz quebró el momento, y él se giró dejándolos.

—Trae la cuenta cuando regreses —pidió ChanYeol con suavidad.

BaekHyun volvió a mirar a ChanYeol, asintiendo obedientemente, y se retiró; No se había dado cuenta que estaba sonriendo hasta que se encontró a uno de sus compañeros camareros mirándolo con extrañeza.

—¿Qué? —preguntó sospechosamente.

HanSol sacudió la cabeza y sonrió traviesamente.

—Estás completamente ido —dijo con una sonrisa antes de llevarse su propia charola con alimentos.

BaekHyun suspiró y puso los ojos en blanco.

Jennie obviamente había hecho correr la voz.

Preparó la cuenta que se le había pedido, a pesar de que varios camareros estaban tomando ventaja de la poca concurrencia ese sábado en la noche.

Él no estaba nervioso, quizás solo… fascinado, ¿verdad? Sí.

Suspiró, forzándose a ser honesto al menos consigo mismo. Estaba enamoradísimo. Quizás era la voz; era siempre baja y grave, algunas veces prácticamente inexistente. Y esa risa que oyó… Su mente vagabundeaba de regreso a pensar que su ChanYeol podría ser guardaespaldas, era una locura, seguro.

Pero por lo que podía interpretar, BaekHyun no podía imaginar que el hombre pudiera aceptar órdenes por dinero.

Eso podría explicar por qué había saltado y corrido cuando sonó su teléfono móvil.

Arrugando la nariz, BaekHyun se dijo a sí mismo que eso era una estupidez.

Colocó la cuenta en la carpeta y se dirigió a la mesa, estaba a varias mesas de la mesa de la ventana.

Ambos, ChanYeol y la mujer estaban de pie; él le ayudaba con su abrigo.

Ella cerró su cuello y le dio un inapropiado beso de despedida, entonces él murmuró algo al oído de ella, y ella metió su mano en el bolsillo de su abrigo deslizando algo en el interior del de él. Ella prácticamente revisó a BaekHyun mientras se dirigía hacia la puerta.

La cabeza de varios hombres en el restaurante se giraron para verla irse. La exhibición no hacía mucho para dispersar las teorías de BaekHyun, aunque si la mujer le pagara por sexo, ChanYeol probablemente se hubiera ido con ella.

ChanYeol esperó hasta que ella salió del restaurante antes de regresar a su asiento, discretamente se limpió el lápiz labial de sus labios y mejillas con su servilleta. Buscó en su bolsillo y extrajo una hoja de papel. Inclinó la cabeza mientras la leía, sacudió la cabeza y la lanzó descuidadamente en la mesa. BaekHyun esperó hasta que el hizo eso para aproximarse con la cuenta.

Dejó la carpeta cerca del codo de ChanYeol antes de levantar silenciosamente el plato de la mujer.

Resistiendo la urgencia —solo apenas— de hacer contacto visual de nuevo. O de ver el papel.

—¿Podrías hacerme un favor si te lo pidiera? —preguntó ChanYeol tranquilamente.

Ahora BaekHyun no pudo resistirse, y cualquier infundado pensamiento acerca de su profesión, se derritió en el fondo, dominado por el hombre.

Giró su mentón para ver a ChanYeol mientras se enderezaba despacio. Su respuesta no fue la que normalmente hubiera dado.

Así que simplemente después de estudiar un momento a ChanYeol dijo:

—Quizás.

ChanYeol sacó un pequeño dispositivo electrónico, aparentemente de ninguna parte, lo deslizó por la mesa bajo su palma y levantó la vista para ver a BaekHyun. —¿Puedes darle esto al señor Choi después de que me vaya? —preguntó—. Sin que nadie te vea hacerlo —agregó. Eso no era lo que BaekHyun esperaba oír. Sus ojos iban de los ojos de ChanYeol a su mano en la mesa.

Sin decir una palabra, tomó el plato de ChanYeol, lo dejó sobre el de la mujer que sostenía y levantó las servilletas de lino, pasando la tela por la mano de ChanYeol.

—Déjeme solo retirar esto.

ChanYeol miró cómo sus manos se tocaban y asintió, sus ojos más inexpresivos que nunca.

—Gracias —murmuró sinceramente.

BaekHyun tomó el objeto con la servilleta asegurándolo firmemente.

—De nada —contestó, mirando a ChanYeol directamente y disfrutando la manera que lo hacía sentir con sólo mirarlo a los ojos.

ChanYeol sacó su cartera de la chaqueta y extrajo varios billetes y, sin dejar en ningún momento de mirarle, los deslizó en la carpeta de piel para dársela a BaekHyun antes de que pudiera alejarse.

BaekHyun guardó la servilleta en el bolsillo y tomó la carpeta.

Finalmente alejó la mirada de ChanYeol y miró hacia la ventana, seguía nevando.

—Ten cuidado ahí afuera —dijo sabiendo que eso significaba más de una cosa cuando se alejara.


Ya era tarde antes de que BaekHyun tuviera un momento para ir a ver a SiWon Choi a su oficina.

La pequeña grabadora había estado en su bolsillo toda la noche, y a pesar de haberla sacado y revisado, preguntándose qué significaba, no había tenido valor para encenderla.

Giró en la esquina y se detuvo frente a la puerta de la oficina, llamando suavemente.

—Entre —gritó SiWon desde el interior de su oficina. BaekHyun abrió la puerta y entró. —Buenas noches, SiWon —saludó.

SiWon había insistido en que no le llamaran Señor Choi durante casi seis años.

SiWon levantó la vista de los papeles de su escritorio y sonrió débilmente.

—Buenas noches, BaekHyun —saludó tan amigable como siempre—. ¿Qué puedo hacer por ti? ¿Cómo van las cosas esta noche?

—Realmente bien —dijo BaekHyun con una sonrisa—. Creo que las tres fiestas estuvieron geniales, la gente se fue satisfecha… y todos bebieron mucho vino —añadió con una sonrisa cómplice.

—Maravilloso —comentó SiWon divertido—. ¿Mejores propinas verdad? —bromeó tamborileando la pluma en los papeles del escritorio

—. ¿Eso es todo? —preguntó, todavía amigablemente pero obviamente distraído.

Vacilando, BaekHyun deslizó su mano en el bolsillo y dio los tres pasos que le separaban del escritorio de SiWon. —Él me pidió que le diera esto —sacó la grabadora y la colocó sobre el escritorio.

SiWon vio la grabadora, y su cuerpo se tensó inesperadamente cuando volvió a mirar a BaekHyun.

—¿Él? —preguntó suavemente sin tocar la grabadora. BaekHyun se tensó incómodo. —Él. ChanYeol.

Una de las cejas de SiWon se arqueó y volvió a mirar la grabadora. —¿Y oíste la grabación? —preguntó al final. BaekHyun negó con la cabeza, mirando fijamente a SiWon. SiWon se quedó pensativo, alzo la grabadora y la examinó antes de presionar el botón de rebobinar brevemente y después el de encendido. La suave y profunda voz de ChanYeol se filtró de la pequeña grabadora casi inmediatamente: »—Realmente sabes que nunca regresarás aquí. »—Claro. En veinticuatro horas estaré en las islas Caimán, después del duelo de mi marido, no tengo razón para regresar. »—Bien. Termina tu comida.

SiWon apagó la grabadora con un clic y levantó la mirada hacia BaekHyun con una pequeña sonrisa.

—Gracias, BaekHyun —dijo complacido—. Y oye, tú no has oído nada —indicó con una sonrisa.

BaekHyun se encogió de hombros.

—No he oído un montón de cosas —dijo con una pequeña sonrisa aunque sin dejar de pensar en el extraño intercambio. Mucha gente habla en los restaurantes temas delicados, olvidando a los camareros que se mueven entre ellos en silencio. No sabía lo que era y no creía que quisiera saber.

—Bueno, de cualquier forma hiciste tu buena obra de la semana —dijo SiWon tomando el teléfono y empezando a marcar—. ¿Qué piensas de la mujer? —preguntó distraídamente mientras esperaba a que contestara. BaekHyun torció los labios. —Ella me pregunto si se veía como una puta —dijo intrigado.

—Bien puede serlo —gruñó SiWon con naturalidad—. Bueno, veremos cómo le sientan unas agradables vacaciones de ocho o diez años en una celda —agregó saboreándolo—. ¡No me dejes en espera! —gritó al teléfono y entonces maldijo por lo bajo y regresó la vista hacia BaekHyun —. ChanYeol, ¿eh? —preguntó con una pequeña y conocedora sonrisa.

—Así es como ella le llamó —informó BaekHyun débilmente—. ¿Acaso no...

—Ese es su nombre —aseguró SiWon—. ¿Qué piensas de él? —preguntó, la sonrisa convirtiéndose en a una de sus clásicas sonrisas traviesas.

—¿Que qué pienso de él? —repitió BaekHyun con voz temblorosa. Su mente corría a toda velocidad tratando de decir algo apropiado—. Uh. Realmente deja buenas propinas y no pide cosas estrafalarias. Es un buen cliente —finalizó, no estando seguro de qué más decir sin revelar cómo se sentía.


—Ciertamente lo es —coincidió SiWon con un asentimiento, aunque su sonrisa no se debilitó—. ¿Te dijo algo de esto? —preguntó señalando el escritorio—. ¿O él sólo confió en ti y gruñó como siempre?

BaekHyun pensó en eso y apartó la mirada. —Me preguntó si podría hacerle un favor. Le contesté que quizás —se encogió de hombros de nuevo.


—Algo temerario de tu parte, considerando que el hombre te pedía un favor — SiWon mordía la pluma impacientemente, todavía con el teléfono en la oreja.


BaekHyun se animó y preguntó sin pensar. —¿Qué pasa con ese hombre? Quiero decir, ¿si una hermosa mujer te pide un favor, no dirías sí?


—Probablemente —se rió SiWon suavemente—. ¡Ah! —exclamó de repente. —No, no, no; no en espera —gruñó al teléfono. Miró a BaekHyun y sonrió débilmente—. Puedes irte, Baek —le informó sacudiendo la cabeza—. Deja que otros limpien esta noche.


—Bien —respondió BaekHyun con divertida confusión.


SiWon obviamente estaba haciendo algo que lo divertía inmensamente, y cuando SiWon estaba divertido, era difícil no contagiarse de su entusiasmo.

Él miró a SiWon por última vez cuando el hombre empezaba a hablar.

Al menos SiWon no había bromeado después de esa hermosa línea. Mientras caminaba por el pasillo, dirigiéndose hacia la cocina a por su abrigo, BaekHyun se decía a sí mismo que dejara de pensar en el hombre llamado ChanYeol. Puso los ojos en blanco. Como si él pudiera hacer algo ahora.


El hombre conocido como ChanYeol Park paseaba impaciente mientras esperaba que llegara la medianoche. Sostenía el teléfono en su mano, lo había sostenido tanto tiempo que de hecho ya estaba caliente, miraba la hora en la pantalla cada pocos segundos mientras se acercaba el momento.

Finalmente se permitió marcar el número de SiWon Choi.


—Me preguntaba cuánto tiempo esperarías —dijo SiWon como saludo.

—Cállate —gruñó ChanYeol forzándose a dejar de pasear—. ¿Lo tienes? —preguntó preocupado.


Él había dudado de usar al camarero, pero SiWon más de una vez le había asegurado que el hombre era confiable y discreto, y su propio ligero enamoramiento lo había empujado a hacer algo irreflexivo. Había estado nervioso desde entonces... algo que no le ocurría a menudo.

—Está seguro, justo en mis manos —contestó SiWon. Hizo una pausa—. ¿Realmente pensabas que BaekHyun no lo traería?

—Hey —gruñó ChanYeol molesto—. Cuando salió de mis manos me preocupé. ¿De acuerdo? Soy así. No confió en ti o en tus alocadas ideas más allá de que pueda arreglarlo. SiWon se rió.

—Bueno, deja de preocuparte. BaekHyun me lo entregó como dijo que haría. Él ni siquiera lo escuchó antes —se detuvo de nuevo—. ¿Por qué se lo pediste? ¿Por qué no lo trajiste directamente? Sabías que estaba en mi oficina.


ChanYeol frunció los labios pensativamente. Había pensado que siempre existía la posibilidad de que lo estuvieran siguiendo y lo vieran dirigirse a las oficinas privadas de SiWon, por lo que probablemente no era buena idea ir. Pero SiWon ya sabía eso. Simplemente estaba provocándole con sus bromas.

SiWon sabía que ChanYeol estaba interesado en BaekHyun, y no podía evitar pincharle sin misericordia por eso.

—Él es más encantador que tú —contestó finalmente en lugar de darle una respuesta seria.


SiWon se reía. —Eres un idiota —le respondió divertido—. Oh, por cierto. ¿Sabes que eres hermoso?

—Sí, soy consciente de eso —contestó ChanYeol sin perder tiempo. Esperó un momento antes de preguntar—. ¿Por qué?

Se oyó una risa de nuevo. —No importa. Hice la llamada, y ellos tienen a la gente correcta. Buen trabajo, por cierto. Ella no fue tan inteligente al darte su tarjeta de crédito, ¿huh?

—Ni de cerca —gruñó ChanYeol—. Estoy casi avergonzado. Me esforcé tanto con ella. ¿Sabes que incluso me escribió un jodido cheque? Hablando de rastros en papel.

— ¿Qué piensas hacer con eso? —preguntó SiWon divertido.

—Quemarlo en cuanto llegue a casa.

—Bueno, aprendiste la lección —contestó SiWon fácilmente—. ¿Volverás la semana que viene? Es navidad, ya lo sabes, no estaré en la ciudad.

—Si tú no vas a estar en la ciudad, ¿por qué te preocupa dónde pueda estar yo? — quiso saber ChanYeol.

—Porque no quiero pensar que te quedes solo en esa enorme mansión para navidad —contestó SiWon con sinceridad.

—Que tierno —chasqueó ChanYeol. Suspiró suavemente mirando hacia fuera a la nieve caer—. Pero como no vas a estar aquí te pregunto de nuevo: ¿qué más te da?

—Imbécil —contestó SiWon cariñosamente.

—Sí. Siempre está la misa de gallo en navidad —murmuró ChanYeol.

—Eso no cuenta como compañía —puntualizó SiWon.


—Sí bueno, ya veré qué hacer —le aseguró ChanYeol, pensando para sí mismo que si tuviera valor, probablemente encontraría a alguien del negocio de SiWon. Su mente se fue inmediatamente hacia un camarero de cabello negro y ojos cafés.

—Cuídate, ChanYeol —pidió SiWon—. A menos que algo lo interrumpa, estarás libre hasta después de las navidades. Buenas noches.

—Dulces sueños, bastardo —añadió ChanYeol sonriendo. —Claro que los tendré. SeoHyun regresa de Paris —dijo SiWon entre risas, y colgó.

ChanYeol sonrió y sacudió la cabeza. Cerró su teléfono y lo dejó en un mueble cercano, preguntándose qué diablos iba a hacer durante varios días sin trabajo ni investigaciones. Miraba la nieve, tratando de recordar la manera en que los labios del camarero se curvaron en una sonrisa cuando veía la nieve caer fuera del “Martes.”

Gruñó ligeramente, sacudiendo la cabeza derrotado. Pensar demasiado en ese hombre no era saludable, aunque si BaekHyun pudiera contestarle favorablemente, si el hiciera un movimiento... ChanYeol sacudió la cabeza y miró hacia fuera, pensando en un hombre que realmente no conocía.