Serendipia

Summary

SeHun se ha ido y JongIn necesita estar colocado para olvidar que lo echa de menos.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo único

Se despierta en una nebulosa, fría, estúpida y monocromática, no logra poner ningún pensamiento en orden y por alguna extraña razón que desconoce, le duele el tobillo derecho. Tarda sesenta segundos completos en darse cuenta de que el ambiente es húmedo, tiene el tobillo colocado en mala posición y que de hecho, el olor rancio que le provocan náuseas viene de él. No es más que una mezcla de sudor, alcohol, tabaco y sexo, y JongIn se marea como un demonio cuando se incorpora.

Qué coño hace durmiendo en la bañera de su baño, se pregunta y la respuesta llega en un flashback de mierda donde todo son colorines y brillantes que lo ciegan. Hay humo, cuerpos, sensaciones. JongIn no le da importancia, porque aunque no sepa qué concretamente lo ha llevado a dormir en la bañera, sabe qué hizo la noche anterior. No conoce cada hecho, cada momento y joder, definitivamente, se ha olvidado de más de la mitad de esas seis horas, pero lo sabe. Felicidad superflua, instantánea y malas decisiones. Es todo.

JongIn logra levantarse después del cuarto intento de alzar su culo y se desnuda sintiendo cada puñetero músculo de su cuerpo como plomo. La ropa cae y el agua comienza a correr, JongIn corre la cortina y se ducha como si despertarse dentro de una bañera fuera algo normal y lo cierto era, que de todos los lugares donde se ha despertado, ese no es el peor.

Vomita al cepillarse los dientes, él mismo se lo ha provocado en un intento de desinfectarse por dentro o algo así, se dice. No se siente mejor, nunca lo hace. Tampoco la aspirina va a mejorarlo, pero supone que no desea continuar con el dolor de cabeza que le martillea como un taladro en el frontal.

Recorre su apartamento desnudo. No pasa mucho tiempo en casa, pero sin embargo, hay ropa tirada, bolsas de comida rápida sobre la mesita del café y el cartón de leche cortada le dan ganas de querer vomitar de nuevo. JongIn observa el desastre y en su cara no se refleja nada que diga qué mierda está pensando, quizá porque no lo está haciendo de la manera correcta. No le importa su forma de vivir y no le interesa lo que JunMyeon tenga que decir al respecto.

JunMyeon es su hermano, el tipo es todo lo contrario a JongIn, desde las diferencias físicas hasta la forma de comportarse, ser y vivir. Su antítesis. Aparta los ojos del único retrato que aún sigue colgado en la pared del salón y que no se ha dado cuenta que está mirando. La foto es de hace tres años. Con veinte años creía que iba a comerse el mundo, tenía sueños, ilusiones y algo por lo que quería vivir. JongIn supone que el marco es sólo un mero recuerdo que se niega a destrozar como todo lo demás, porque le gusta tener un ancla que lo vincule a lo que tenía y lo que trata de olvidar.

Son las nueve y diecisiete minutos de un jueves sin sol. JongIn no tiene a donde ir por las mañanas, pero no quiere quedarse en su apartamento. Mientras baja las escaleras desde su tercer piso, se enciende un cigarrillo, aunque esté prohibido fumar en los espacios comunes, y sale a la calle exhalando parte del humo que está poniendo negro sus pulmones.

Pasa el día entre nicotina y desconocidos. JongIn se sienta en un banco en un parque y espera a que la noche caiga y los minutos se consuman. No espera nada, no quiere nada y solo le gustaría estar drogado para no tener que darse cuenta de que SeHun no estaba allí.

Y en algún punto, liga con algún padre que lleva a sus hijos al parque para que suelte su energía y su mujer deje de decirle que no es un buen padre. JongIn se acerca, les mueve las pestañas y los hace sentir vivos de nuevo, recuerdan la juventud de ser atractivos, tener toda una vida por delante y a la vez, les hace sentir acabados porque eso no son ellos.

Uno, dos, tres, segundos que se transforman en horas y la noche cae lentamente amparando a la ciudad. JongIn está atrofiado cuando se levanta, sus músculos tensos, sus huesos estallando, su cabeza es un caos de pensamientos. Las sombras empiezan a perseguirlo y no sabe para qué espera a la noche de día, porque es precisamente de noche cuando más miedo tiene.

La rutina vuelve a empezar. Bares, focos de colores, chupitos de contenido cuestionable y cuerpos desconocidos que lo tocan, lo besan y le hacen sentir por unos míseros segundos querido de nuevo. Pero no es SeHun.

El tipo que le recorre el cuello, la chica que le muerde la oreja, ninguno de ellos lo es. El ardor del alcohol en su estómago no son las cosquillas que sentía cuando él lo besaba. Nada de eso va a sustituirlo, pero JongIn necesita esta mierda, aunque acabe con lo poco que le queda de sí mismo. Porque se ha ido y él necesita estar colocado para olvidar que lo echa de menos.

Pero esa noche ocurre algo, llora. No es algo que no haya ocurrido antes, porque JongIn en algún punto entre la inconsciencia y la realidad que lo aplasta, llora cuando es penetrado desde atrás contra una pared sucia y llena de números, nombres y palabras obscenas, o al besar a otro desconocido sin poder distinguir su rostro.

Esa noche llora en una esquina, solo, no hay cuerpos ni alcohol, no hay caricias ásperas y ardor o deseo. Llora porque echa de menos a SeHun y ya no es suficiente con estar colocado.

—¿Qué estás haciendo?

JongIn no ve a través de las lágrimas, todo es nebuloso, confuso, una mierda. Pero a medida que se despejan sus ojos, la imagen ante él se hace más y más nítida y parpadea muchas veces, asustado. Es SeHun.

—Tú te habías ido.

—Lo sé.

—Me dejaste.

—Sí, lo hice.

—No me soportaste más.

—No pude, JongIn.

SeHun lo ayuda a levantarse, lo tira en un abrazo, apretado, fuerte y que lo hace sentir vivo y joder, es tan real. Y JongIn piensa que el alcohol ha causado el efecto contrario, porque él trataba de olvidar a SeHun, no traerlo de regreso. Porque él no puede ser real, no puede estar allí con él, porque se fue, lo dejó solo y asustado.

Sin embargo, lo saca a la calle y se queda cegado sin razón aparente y vomita en una esquina, sintiéndose absurdo y patético. Aún es capaz de sentir la mano en la espalda reconfortándolo y sabe que no es real. SeHun se cansó de verlo tomar el camino equivocado y se fue. Porque JongIn quería ser bailarín, JongIn tenía sueños, ambiciones y era un veinteañero en una compañía competitiva que lo cambió. Lo cambió tanto que lo consumió y cuando no supo reconocerse a sí mismo en un espejo, SeHun ya se había ido.

—No puedes seguir haciendo esto, JongIn.

—No quería seguir pensando en ti todo el tiempo.

—Estás destruyéndote.

JongIn sonríe, no es más que una mueca amarga, triste, gastada con el tiempo y los golpes. SeHun sigue ahí, en las sombras de la noche buscando una respuesta en sus ojos, algo que le diga que va a estar bien cuando se vaya. Sabe que no está encontrándolo cuando le devuelve la mirada y ve la lástima en los ojos conocidos que le duelen como mil clavos en el pecho.

—Tú me destruiste al irte, solo completo lo que no fuiste capaz de terminar.

FIN