Capítulo único
Resumen:
TaekWoon era de pocas palabras.
No es algo que él haya decidido, simplemente le cuesta entablar una conversación, incluso aunque conozca a la persona desde hace muchos años. Supone que es tímido, pese a que nunca se ha llamado de esa forma delante de nadie, porque, joder, el mero hecho de hacerlo ya es vergonzoso.
Por eso, TaekWoon parece soso y agrio, como si constantemente tuviera un limón en la boca que le provocara esa mueca amarga en su rostro y que lo hace parecer tan distante. HakYeon dice que debe ser más abierto, y a TaekWoon no le gusta la manera en la que el chico alza las cejas y sonríe cuando habla, así que lo ignora. JaeHwan (porque se niega a llamarlo Ken, sobre todo desde que se tiñó de rubio) le sugiere que practique delante de un espejo a expresar sus emociones y a hablar consigo mismo. TaekWoon no se lo ha confesado, pero lo ha hecho, lo que pasa es que no es lo mismo sentirte idiota delante de tu reflejo, que ser un idiota delante de tus compañeros, por lo que, la mierda no le sirve de nada.
TaekWoon, aun así, no está solo, se podría decir que tiene amigos, aunque no termina de entender muy bien cómo, porque él no les pidió que lo fueran. Sin embargo, ahí están a su lado siempre, hablándole de cualquier cosa y arrastrándolo a sitios donde él no quiere ir.
De todas formas, hablar poco, a veces le viene bien. HakYeon y JaeHwan hablaban de más para llenar la falta de su voz, WonSik daba los buenos consejos y HongBin hacía los chistes, así que no ve necesario hacer otra cosa que no sea escuchar. Igualmente, nadie se para a buscar una respuesta de su parte, porque, oye, es TaekWoon, y todos saben que él es de pocas palabras, suele tener esa misma expresión en la cara y que parece enojado todo el jodido tiempo.
No obstante, hay una persona que no respeta los silencios de TaekWoon y la sorpresa de él es mayúscula, porque incluso el pesado de HakYeon había aceptado hablar más consigo mismo que con él y su amigo lleva años intentando sacarle más de diez palabras juntas que no sea un reclamo.
SangHyuk o simplemente, Hyuk, es un chico dos años menor que él que conoció cuando entró en el equipo de fútbol del colegio. Su primera impresión es que habla mucho, salta mucho y en general es mucho. TaekWoon tampoco sabe cómo hizo para que el portero sustituto lo comenzara a perseguir y le gritara hyung con ese tono alegre y feliz, pero el caso es que ha ocurrido y no ha podido controlarlo.
Para él, es raro que alguien le exija una respuesta y opiniones o que espere pacientemente entre sus silencios para darle tiempo a asimilar que de hecho, sí está hablando con él. Hyuk hace eso y más. Lo detiene por los pasillos, lo busca en los almuerzos y lo obliga a salir a los recreativos, solo porque es Hyuk y TaekWoon se siente abrumado con la energía del menor, su sonrisa y sus ojos brillantes cuando lo mira preguntándole ¿tú qué opinas, hyung?
A TaekWoon lo desconcierta que no huya y lo acuse de ser serio, aburrido o borde, porque francamente, sus contestaciones son hoscas y su cara indescifrable cuando habla con el chico. Hyuk encuentra algo bueno en él que desconoce, sobreentiende que no es que quiera ser de este modo e insiste en ganarse su confianza, porque eres mi hyung favorito.
—TaekWoon, hey, ¿estás aquí? Llevo diez minutos hablando con una pared. —se quejó JaeHwan con la voz aguda, echado sobre la mesa que había pintado con dibujitos extraños durante la clase de matemáticas.
TaekWoon no respondió verbalmente, resopló dándole una mirada aburrida a su amigo y éste solo chasqueó la lengua.
—Te contaba que estoy cansado del profesor Kim. Odio las matemáticas ¿por qué existen los números? No sirven para nada.
—No seas idiota, JaeHwan, los números son importantes.
—¿Las ecuaciones, derivadas e integrales también? —preguntó con fastidio el otro.
—¿Quieres una respuesta o que afirme que es un coñazo?
—Que es un coñazo.
Rodó los ojos y centró su mirada en el libro de literatura delante de él. JaeHwan se enfurruñó un poco más y entonces llegó HakYeon con sus aires de grandeza y esa sonrisa ladina característica de él. Apoyó parte de su pierna en la mesa de TaekWoon, interrumpiendo su lectura y ganándose que él lo observara con una mirada envenenada que era totalmente intencionada.
—Chicos, tengo algo importante que decirles. —anunció Cha con ese tono con el que pretendía ser misterioso.
TaekWoon procuró no bufar, pero fue casi imposible. Lo conocía hacía años y cada vez que HakYeon decía tener algo importante que anunciar, la cosa no era importante. La última vez fue tres semanas atrás. Había tenido la estúpida idea de que deberían de ponerse pelucas doradas para celebrar la victoria de su equipo de fútbol frente al colegio masculino privado, CMTown. Ganaron, pero TaekWoon no pensaba ponerse una peluca dorada en la cabeza, ni aunque le pagara por hacerlo, y ahora por culpa de esa experiencia, JaeHwan había decidido oxigenarse el pelo (y creía a veces que las neuronas), porque chicos, me queda de puta madre el rubio.
En todo caso, HakYeon no iba a tener en cuenta su irritación o falta de interés e iba a hablar igualmente.
—AOA hace comeback. ¿No es genial?
JaeHwan metió tal chillido que lo dejó sin tímpano. Amaba a ese grupo de chicas, de hecho, ambos lo hacían, incluso a WonSik les gustaba aunque fingiera lo contrario. TaekWoon en cambio, se aisló de la conversación sobre lo bonita que se ve JiMin e ignoró el oh dios, SeolHyun me quiere provocar un infarto. Sus amigos eran unos estúpidos fanboys y él prefería mirarlos en silencio y cantar canciones para sí mismo. Como supuso, WonSik y HongBin entraron poco después a su salón, uniéndose a la conversación y TaekWoon miró por la ventana hacia el patio del colegio.
—TaekWoon, no me ignores. —lo zarandeó HakYeon con tono zalamero. —Diles que JiMin es la mejor. Díselo.
—Me gusta Mamamoo. —y rompió la burbuja de Cha de un solo golpe.
Un amago de sonrisa poco habitual en TaekWoon curvó ligeramente sus labios, pero se recompuso lo suficiente rápido como para levantarse de su asiento y evitar que HakYeon tirara de su brazo y le reclamara su falta de tacto.
—Tomaré el aire. —se despidió, escueto y sencillo, su voz apenas audible.
Escuchó un cómo te atreves dramático de HakYeon y un hyung, sabes que TaekWoon está de broma por parte de HongBin y entonces no puede evitar esbozar una sonrisa un poco más grande, porque bueno, esos son sus amigos y de alguna manera, lo entienden y síp, estaba jugando, aunque no es mentira que le guste Mamamoo.
TaekWoon camina por los pasillos con las manos en los bolsillos, el semblante sereno y la mirada fija al frente. Se dirige a la azotea, ya que es allí donde pasa la mayor parte de sus horas libres. Le da tranquilidad, sosiego y silencio, algo que en compañía de sus amigos no consigue y de lo que le gusta disfrutar un rato.
Cuando llegó, TaekWoon buscó su lugar, en el muro cerca de la cornisa y se sentó con la espalda apoyada en la pared. Lo siguiente que hace es colocarse los cascos y encender el reproductor del teléfono, una vez la música comienza a sonar, se pierde y permite que todo se le olvide.
O casi todo.
Sabe que Hyuk está allí en el momento en el que el sol se desvanece y hace sombra con su cuerpo, pero no abrió los ojos o hace algo. De todas formas, esperaba que el chico viniera, porque es lo que hace él todos los días a la hora del almuerzo, y en el fondo, se hubiera sentido decepcionado si fuera de otra manera.
Todos los días, desde que Hyuk descubrió un día que su escondite, se sienta a su lado, a veces robándole un auricular o simplemente acompañándolo. Y cuando TaekWoon se siente muy inspirado, habla. No lo hace muy a menudo, porque su voz es muy baja, suave y poco audible, quizás por eso desde niño le cohíbe hablar o a lo mejor es solo una excusa del tipo que tiene miedo a compartir con los demás lo que siente.
Y sin embargo, aunque todos los almuerzos son iguales, esta vez pasa algo diferente.
TaekWoon se obligó abrir los ojos y quitarse los auriculares cuando sintió que Hyuk le colocó algo en la cabeza y deseó con toda su alma que no sea una diadema de esas estúpidas que HakYeon quiso que se pusiera ese fin de semana en el parque de atracciones. Pero al mirar la sonrisa casi ladina del adolescente con sus manos detrás de la espalda y esa actitud de pretendida inocencia, supo que no podía ser otra maldita cosa.
—¿Qué haces, Hyuk?
—Es la diadema que te compró HakYeon hyung. Te queda bien, te ves lindo. —le respondió con alegría, sentándose enfrente de él. —¿Te tomo una foto para que te veas, hyung?
—No.
—Sí, espera.—replicó él con ese tono exigente y feliz que parece no escuchar nada que no sea lo que quiere oír.
—No, SangHyuk. —frunció el ceño, inflexible y Hyuk se detuvo.
No se ha quitado la diadema, pero el chico ha detenido sus intentos de tomarle una fotografía, aunque parezca desilusionado. De hecho, hace un mohín infantil con los labios que remueve algo dentro de TaekWoon y le provoca mariposas en el estómago, o algo así. Esa sensación lo hace sentir tonto, y en general, Hyuk lo hace sentir así muy a menudo.
Desde que lo seguía como un fanboy pidiéndole consejos, admirándolo y trayéndole la botella de agua, a él lo descolocaba que el chico no le tuviera miedo. JaeHwan dijo que Hyuk quería que su senpai lo tuviera en cuenta y TaekWoon lo llamó idiota, porque no vivían en un drama japonés y su amigo necesitaba una dosis de realidad. No entendía por qué Hyuk soportaba sus malas caras y sus respuestas cortantes, si es que tenía alguna para darle, y de alguna manera, era demasiado consciente de que el chico, estaba con él.
Era extraño y lo hacía sentir aún más extraño. Sobre todo, cuando tenía pensamientos idiotas como que Hyuk se veía lindo haciendo pucheros infantiles y mirándolo de esa forma tan brillante al llamarlo hyung.
—¿Hyung? —TaekWoon reaccionó y se dio cuenta de que Hyuk fruncía más los labios, seguramente molesto porque no lo había escuchado. —Te preguntaba si podemos ir luego a comer bibimbap. ¿Te apetece?
TaekWoon asintió despacio.
—Sí, comamos bibimbap.
Y entonces comenzó a parlotear. Hyuk movía su boca muy deprisa, alzaba las manos y gesticulaba emocionado, siempre con esa energía característica que podría haberlo hecho perder los nervios viniendo de otra persona, pero no cuando lo hacía el chico. De hecho, le inspiraba escucharlo, observarlo muy atentamente y solo quedarse así.
TaekWoon no estaba seguro del por qué, pero de alguna manera, Hyuk había logrado más que solo sacarle las palabras, le dejaba sin estas. Porque normalmente, elegía no hablar y en esos momentos, no podía.
—….deberíamos ir a la tienda de manga, quiero comprar el nuevo volumen. HakYeon hyung me hizo spoilers ayer y….
También le provocaba otras cosas, como ganas de callarlo. A TaekWoon le gustaba el silencio, y aunque le encantaba ver a Hyuk emocionado desvivirse por soltar cada jodida palabra, prefería ser el motivo por el que se callara.
Eso fue lo que hizo en ese instante. Su boca se apoderó de sus labios y como cada vez que ocurría, Hyuk se atragantaba con su lengua, sus sílabas y sus ganas de expresarse. Durante dos segundos se miraban a los ojos, cómplices, uno sorprendido y el otro divertido, y después, TaekWoon movía los labios ligeramente, probando el sabor dulce de Hyuk en un beso lento y suave. Ahí era cuando explotaban las mariposas de nuevo y esa era la sensación más extraña que le atribuía a Hyuk, porque nunca antes lo sintió así.
Luego, se separaba, rápido como cuando llegó. Los labios de Hyuk quedaban rojos, hinchados y ligeramente abiertos. El chico tardaba un poco más de lo habitual en abrir los ojos, como si aún sintiera su boca contra la suya y TaekWoon aprovechaba esos escasos segundos para sonreír abiertamente, porque diablos, se veía lindo.
Esta vez, le colocó la diadema a Hyuk (esas orejitas con un lazo, la misma que HakYeon le ofreció y por las que casi estranguló al tipo) y él lo miró de improviso. TaekWoon no estaba preparado para esa mirada brillante e intensa de ojos negros y fue como si se quedara sin respiración.
—¿Hyung, estás sonriendo?
TaekWoon se alzó, levantándose y metiendo las manos en los bolsillos.
—La diadema te queda mejor a ti. —dijo aunque no fuera esa la pregunta, porque tampoco era necesaria la respuesta.
Sí, estaba sonriendo y no dejó de hacerlo hasta varios minutos después.
FIN