Capítulo único
HyeJin no entiende qué la llevó a dejar entrar a esa híbrida en su casa. Puede que fuera sus ojos tristes perdidos, su cara bonita o el hoyuelo que salió con su sonrisa cuando la invitó a pasar, después de que la siguiera por más de una hora, pero lo hizo. ¿Quién demonios le da cobijo a una gatita que la siguió todo su camino de regreso de la universidad? Y aunque no encontrara lógico sus acciones, y pese a que al principio le molestara la insistencia de WheeIn, la invitó a entrar en su apartamento, le ofreció ropa caliente para soportar mejor el frío y compartió con ella su ramen y un vaso de leche.
—Me llamo WheeIn ¿quieres ser mi amiga? —le dijo a la luz de la lámpara del salón-comedor.
HyeJin en ese momento se sintió descolocada, como si hubiera vuelto al patio del colegio y fuera demasiado mayor para responder esa clase de pregunta. Quizás porque ella no tiene muchas amigas, no se le da bien conservar lazos y no entiende aún por qué la híbrida decidió seguirla a ella de entre todas las personas de su maldita facultad, sobre todo cuando intentó deshacerse de ella, haciendo el camino más largo y dando múltiples rodeos, joder.
Pero WheeIn espera una respuesta con las orejas hacia arriba y su cola moviéndose de un lado a otro y de nuevo, HyeJin se ve envuelta en el efecto de la híbrida que le impide ser una hija de puta con ella.
—Soy HyeJin.
Ese día le dijo que sería solo por esa noche y HyeJin quiere burlarse con ironía de ella y de todo, porque han pasado tres meses y WheeIn sigue allí, tan dentro de su vida que ya casi le resulta difícil imaginarse a sí misma entrando por la puerta y no siendo recibida por un abrazo asfixiante de la híbrida.
—¡WheeIn, me estás cortando el aire! ¿Cuántas veces te tengo que decir que no hagas eso?
Pero la gatita siempre se echaba hacía atrás con las orejas gachas y el rabo a la altura de sus manos y la mirada triste que le daba a HyeJin con ese puchero lograba atragantarla y retorcerle el corazón o algo así.
—Pero eché mucho de menos a HyeJin.
Y ella no podía cabrearse por eso, solía pensar.
***
WheeIn era alegre, traviesa y juguetona, hablaba mucho, se movía mucho y en general, ella era mucho. HyeJin se consideraba divertida, pero su energía no era como la de la híbrida, se quedaba sin pilas demasiado rápido y a veces era agotador vivir con una gatita, porque, demonios, ella no quería nada de eso cuando se fue a vivir sola.
HyeJin no quería una mascota ni una compañera de piso, sin embargo, allí estaba WheeIn que era una mezcla de ambas sin ser solo una. Porque la híbrida no era tan autosuficiente como para poder encargarse de sí misma y mantenerse, pero tampoco era tan dependiente como para tener que darle un paseo o darle de comer.
El tema de las caricias era otra cosa, harina de otro costal, porque a WheeIn le gustaba mucho que la mimaran y la quisieran y HyeJin, ráscame detrás de las orejas. En cambio, ella no era amante de las declaraciones afectivas, podía ser cercana y agradable, podía besar o dar la mano en público, pero elegía con quién y cuándo hacerlo.
La híbrida no hubiera sido su elección nunca, no obstante, no podía rechazarla cuando acostaba la cabeza en su regazo.
—WheeIn, estoy estudiando.
—Lo veo, sigue haciéndolo.
—No puedo contigo echada aquí.
HyeJin se controlaba, se medía pese a tener un carácter de mierda y mandar a menudo a la gente al carajo. WheeIn y su hoyuelo bonito la hacían perder convicción, perder fuerza y no desear hacerle daño a la gatita, como si pueda romperse y fuera injusto que alguien tan tierno sufriera de una de sus maldiciones. Por eso no la apartaba y sus palabras nunca eran tan hoscas, como en ese momento.
—Pero yo quiero estar contigo y hoy no me has acariciado detrás de las orejas.
—Pesada. —rumió, pero su mano derecha tocó el pelo esponjoso de la híbrida y la sonrisa de WheeIn fue inmediata.
Y a veces, HyeJin tenía que apartar la mirada de esa sonrisa, porque era muy grande y muy feliz y algo cálido y agradable se incendiaba en su pecho quitándole el aire.
***
WheeIn siempre estaba alegre, pero también tenía miedo.
La primera vez que WheeIn pegó las dos camas individuales y se abrazó mucho a HyeJin fue después de tres semanas viviendo juntas y para ella fue extraño sentir el cuerpo de la híbrida temblar como una hojita de otoño, pero sobre todo fue impactante verla tan condenadamente asustada.
Rompió algo dentro de HyeJin verla así, porque estaba acostumbrada a la gatita que daba saltitos al caminar, movía su cola de un lado a otro y cantaba canciones cuando estaba muy feliz. Pero esa WheeIn se encogió de miedo cuando HyeJin encendió la luz y alzó su mano para tocarle el pelo y ella maldijo muchas veces a la persona que se había atrevido a pegar a alguien como la híbrida.
Fue su primera pesadilla en casa de HyeJin, no fue la única, de todas formas. Ella no le preguntó qué le pasaba o qué cosas soñaba, tan solo se dedicaba a abrazarla, acariciarle el pelo y susurrarle de vez en cuando que ella estaba allí. Tampoco sabía qué otra cosa hacer.
Cuando WheeIn se calmaba y sus ojos dejaban de verse tan asustados y perdidos, HyeJin le traía un vaso de leche caliente y dejaba la luz de la lámpara encendida hasta que WheeIn volvía a dormirse.
Después de aquella primera noche, las camas no volvieron a separarse, quizás porque HyeJin se sentía en el deber de cuidar de la gatita o porque encontró agradable dormir abrazada a otra persona, pero ninguna de las dos comentó nada al respecto y llegaron al acuerdo silencioso de dejarlas donde estaban.
Sin embargo, HyeJin recuerda una noche en particular porque aunque la híbrida tuvo de nuevo pesadillas y el ritual fue el mismo, algo cambió y la hizo diferente. O a lo mejor su lazo, el lazo que la unía a WheeIn, fue diferente, más fuerte, más sólido y más único.
—Apaga la luz. —susurró WheeIn.
Aunque era una petición cotidiana y mundana, para HyeJin fue significativa por lo que implicaba. Porque WheeIn tenía miedo de cerrar los ojos y estar a oscuras, encerrada en sus pesadillas, pero al mirarla, ella no encontró miedo ni indecisión, solo los ojitos encantadores de la híbrida dándole su confianza.
—¿Estás segura?
—Mientras esté con HyeJin no me va a pasar nada. —le sonrió la gatita, escondiendo las mejillas sonrojadas en su pecho.
Y puede que esa fuera la primera vez que HyeJin sentía que alguien la necesitaba de verdad y por eso, un tiempo después de que apagara la luz de la lámpara y abrazara a WheeIn tanto como pudiera, ella susurró contra su sien un quiero ser tu amiga, WheeIn que no dijo cuándo se conocieron.
***
Las cosas se rompían todo el tiempo desde que estaba WheeIn en casa. HyeJin nunca había conocido a nadie que rompiera tantas cosas estúpidas hasta que la híbrida comenzó a vivir con ella.
Había tenido que reponer casi todos los vasos de su magnífica colección de seis, cuatro platos, un bombillo (que aún no comprende cómo demonios se las arregló para hacer explotar) y un espejo que resultó ser uno de mano, pequeñito y rosa que solía usar WheeIn para jugar o comprobar que nada había entre sus dientes. La gatita lloró mucho por la pérdida y HyeJin tuvo que consolarla durante una hora y ponerle los Aristogatos, porque vas a inundarme la casa con tus lágrimas, WheeIn, vas a ser Alicia.
Y si bien, encontraba una estupidez llorar de esa forma por un objeto que no valía nada, HyeJin se vio a sí misma un miércoles por la tarde buscando con los ojos un espejo de mano mono, entre las diferentes chucherías que vendían uno de los puestos del mercado, mientras ByulYi perdía el tiempo eligiendo un regalo para el cumpleaños de su madre.
—¿Este o este, HyeJin?
Ella apartó la mirada de los espejos y miró a ByulYi.
—¿Otra pulsera?
—Elige una.—le ordenó con el ceño fruncido.
—Las dos son parecidas. —su amiga le gruñó y ella rodó los ojos. —La blanca.
—Le llevaré la negra.
HyeJin bufó y apartó la mirada.
El espejo de mano que había tenido WheeIn era una baratija que le habían regalado en una hamburguesería por pedir un menú infantil y ella no sentía una gran pérdida, sin embargo, la híbrida había estado decaída esos días, negándose a tirar el objeto roto y siendo menos efusiva de lo usual. Y aunque su nueva colección de vasos estaba intacta, a HyeJin no le gustaba el motivo por el cual WheeIn estaba tan tranquila, joder.
—Deme este. —le dijo a la dependienta, pasándole un espejo de mano blanco y rosa, que tenía en la parte trasera una gatita muy bonita con un lazo rosa.
—¿Qué haces? —ella no respondió y pagó. ByulYi sonrió enigmática, comprendiendo para quién era el regalo y le pasó el brazo por los hombros cuando terminó.—¿Te has acostumbrado a tu mascota?
—No es mi mascota. Es WheeIn. —gruñó HyeJin.
Cuando llegó a casa, WheeIn no la recibió con su abrazo asfixiante de costumbre, ni siquiera estaba en la entrada y HyeJin no quiere admitirlo, pero le molestó mucho que no fuera así. Mierda, le dolió que no lo hiciera, porque llevaban tres meses juntas y aunque no quisiera, WheeIn se había metido debajo de su piel o algo así.
De todas formas, la híbrida estaba sentada frente a la televisión, veía veterinarios al rescate e intuía que no estaba prestándole atención, porque WheeIn se ponía muy nerviosa viendo ese programa. HyeJin no dijo nada, en realidad. Dejó su mochila, se quitó su abrigo y se acercó hasta la gatita, dejando frente a ella sobre la mesa auxiliar la bolsita de gatitos que creyó adecuado comprar.
—¿HyeJin?
—Es para ti. —le dijo simplemente.
Se marchó al dormitorio que compartía con WheeIn, no queriendo estar allí para ver su reacción y sentirse decepcionada si no le gustaba. La híbrida no tardó mucho en chillar en lo que pareció un grito de felicidad y armar ese pequeño alboroto que había envuelto el apartamento de HyeJin desde que vivía con ella.
—¡HyeJin! ¡Es tan bonito! ¡Gracias, gracias, gracias!
La gatita entró corriendo, saltó sobre la cama y se abalanzó sobre ella para abrazarla. HyeJin la recogió, envolviendo sus brazos con delicadeza alrededor de su estrecha cintura y sintiéndose demasiado cálida por dentro al ver la bonita sonrisa de hoyuelo de WheeIn volver a florecer como no lo había hecho días atrás.
Media hora después uno de los vasos de la nueva vajilla probó el suelo y la híbrida gritó un HyeJin el vaso se suicidó, sin embargo, no le importó una mierda. Porque por extraño que le pareciera, la sonrisa de WheeIn había vuelto y eso hizo a HyeJin feliz.
***
WheeIn ama el dulce casi tanto como ama reír.
HyeJin no cree haber visto nunca a nadie tan contento por estar en una dulcería, pero lo ve cuando llevó a la híbrida de paseo un sábado, tras una breve insistencia por parte de la chica (y muchos HyeJin, salgamos, me aburro).
Está en el paraíso o algo así y quiere probar todos los dulces que ve y huele y HyeJin no deja de pensar que quizás no fue buena idea y que seguramente se gastará lo poco que había conseguido ahorrar ese día. No obstante, no se arrepiente cuando le dice a WheeIn que pida lo que quiera, aunque sepa que eso conlleva una libertad que podría hacer a la híbrida exagerar.
Y de hecho, sí exageró. La dependienta está un poco abrumada con la cantidad de pastelillos, tartas y demás chucherías que le ha encargado WheeIn, sobre todo, porque HyeJin no es tan amante del dulce y tan solo ha picoteado de aquí y de allá, porque la gatita ha insistido y mira, HyeJin, sabe a canela.
Aun así, siente que ha cometido un error cuando nota que WheeIn está demasiado inquieta y que probablemente comer tanto azúcar esté dándole más energía de la que ya tiene. Sobre todo, comprende que no es normal que esté mirándole los labios a la gatita con tanto interés porque tiene restos de chocolate y canela y comprende que necesita sacarla de allí antes de que empiece a romper cosas y HyeJin haga algo estúpido.
—Nos vamos.
—Pero HyeJin, no he terminado. —le hizo una mueca tierna, dulce y muy adorable, pero HyeJin se prometió ser fuerte y pidió la cuenta sin contemplaciones.
Sacó a WheeIn del local tirando de ella, su mano está en su muñeca y la híbrida devora un pastel que le ha gustado muchísimo, mientras mueve su cola de un lado a otro, hasta que encuentra la cintura de HyeJin y se enreda allí, como a veces suele hacer cuando salen juntas y ella no quiere perderse o algo así.
En cuanto el dulce se termina, WheeIn comenzó a hablar rápida y excitada, señalando a todos lados y pareciendo más una pequeña niña que está explorando un planeta desconocido que una híbrida de veintiún años. HyeJin la escuchó todo el camino, resoplando ante cosas obvias porque sí, WheeIn, el coche ese es muy rojo, pero disfrutando a fin de cuentas de su compañía y no imaginándose pasando ese momento con otra persona.
WheeIn es quién le da la mano. Nunca lo hacen. La híbrida es cariñosa, la abraza, le da besos en las mejillas y su cola está siempre enredada en alguna parte de la anatomía de HyeJin, sin embargo, no se dan la mano por la calle, como si ese gesto tan solo se reservara para personas más especiales, no para una WheeIn. Y HyeJin, pese a la sorpresa, enredó sus dedos con los de ella, afianzando el agarre y volviéndolo más firme y seguro, importándole poco la mirada de desaprobación de una señora mayor.
Todo el paseo lo hacen de la mano, incluso cuando WheeIn tiene un ramalazo de energía y sale corriendo arrastrando consigo a HyeJin para poder ver a los patos. Sus manos están sudadas, sus dedos se deslizan, pero ninguna de las dos se separa, porque pese a todo, es un contacto agradable o algo así piensa HyeJin.
—No probaste el pastelito. —murmuró WheeIn repentinamente apenada, mirando a los patos. —El que más me gustó, mi favorito.
—No pasa nada, WheeIn. Puedo probarlos otro día. —se encogió de hombros, restándole importancia.
La híbrida la miró con fuego en sus ojos.
—Pero quería que los probaras hoy.
HyeJin alzó las cejas divertida y observó las mejillas coloradas de WheeIn, su nariz respingona fruncida y sus labios curvados hacia abajo en una mueca adorable y triste. Pero lo más que llamó su atención fue la pequeña y casi imperceptible mancha de chocolate en una esquina de su labio inferior. Y no sabe bien por qué pero HyeJin se dejó llevar por un impulso y besó a WheeIn.
Llamarlo beso sería una mentira, porque apenas es un roce de labios, inseguro y torpe. Ella no sabe qué carajo está haciendo y la híbrida tras la impresión, tan solo cerró sus ojos y apretó la mano que aún está aferrada a la de HyeJin. El contacto es efímero y suave, los labios de WheeIn saben a canela y chocolate y cuando ella se separa las mejillas de la híbrida están tan rojas que podrían competir con las fresas, sin embargo, en todo lo que puede pensar es en lo agradable que fue besar a WheeIn.
—Ya he probado los dulces. —se encontró diciéndole de manera estúpida.
Y ella se rió.
***
HyeJin no está segura de cuándo sucede, no sabe cuándo le comienza a importar tanto WheeIn, pero están en invierno cuando se da cuenta de que necesita a la chica y que no le importa haberla encontrado de casualidad una tarde después de un día duro en la universidad.
Ni siquiera ocurre nada especial para que ella lo sienta y lo perciba, simplemente pasa. Le han dado vacaciones de Navidad en la universidad, aún tiene que ir a trabajar por las mañanas a una cafetería cerca de la facultad y pasa las tardes con WheeIn viendo películas, series o dejándola hacerle cosas en el pelo. Está en una de esas tardes con con la híbrida muy concentrada poniéndole trabas en el pelo cuando se plantea su vida sin WheeIn y se se asfixia repentinamente.
Es absurdo como antes no le importaba vivir sola y se sentía bien con su independencia y soledad. Le gustaba comer ramen con la televisión de fondo, escuchar su propia voz en el silencio y no le molestaba no poder compartir con nadie sus frustraciones o buenas noticias. Sin embargo, WheeIn llegó con su sonrisa de hoyuelo y sus mejillas sonrosadas y HyeJin ya no concibe esas tardes de Navidad sin la gatita.
—HyeJin, te queda tan lindo así. Tienes que salir a la calle para que todos vean tu pelo. —gritó WheeIn con voz traviesa, pero ella no respondió nada y la híbrida se asomó por encima de su hombro. —¿HyeJin?
Ella la miró entonces y sabe que está asustada y jodida por algo que no es real y que tan solo fue una fantasía, pero le ha dado mucho miedo que WheeIn se canse de ella y se vaya. Porque la híbrida no es una mascota, pero tampoco es su compañera de piso, simplemente es WheeIn y HyeJin la necesita para respirar o algo así.
—¿HyeJin? ¿Qué pasa? ¿Te duele el estómago? ¿Te llevo al médico? ¿Llamo a ByulYi? ¡Te va a salir un gusano del estómago! —se preocupó la híbrida revoloteando a su alrededor.
HyeJin sonrió por las ocurrencias de WheeIn, tan inocente como solo ella podía ser.
—WheeIn. —tiró de ella, colocándole las manos sobre los hombros y obligando a mirarla. —No te vas a ir ¿verdad?
—¿Irme? —ladeó la cabeza, sus orejas crispándose. —No. Yo no abandonaría a HyeJin nunca.
—¿Por qué me seguiste aquella vez?—susurró.
WheeIn tragó saliva y se vio avergonzada y nerviosa, tomó su cola entre sus manos para enfatizar su estado de ánimo y HyeJin alzó una ceja, esperando. La respuesta la desarmó.
—Porque me gustaba HyeJin. —murmuró con la mirada gacha y las mejillas rojas.
—¿Me estuviste vigilando, WheeIn?
—¡No, no, no! Solo miraba mi alrededor cuando estaba HyeJin, es todo. No soy una acosadora. —chilló frunciendo la nariz, alterada.
HyeJin rió y la híbrido se enfurruñó de manera adorable, susurrando un HyeJin es mala burlándose de mí, que ella acalló con sus labios, joder, porque no pudo resistirse más. No cuando WheeIn era tan bonita, alegre y brillante, no cuando conseguía acelerar su corazón con una sonrisa de hoyuelo y le pedía que le acariciara detrás de las orejas. No cuando se había transformado en el aire de HyeJin.
La besó lentamente, esta vez sí siendo un beso, uno dulce, tierno y experimental. Acarició las mejillas de WheeIn con cariño y la gatito enredó su cola alrededor de su cintura, pasándole las manos por detrás de la nuca, dejando que HyeJin explorara su boca sin miedo y a gusto. Y al separarse, la sonrisa de WheeIn fue tan linda y sincera, que HyeJin tuvo que devolvérsela, porque la quería y ya no le importaba nada más.
FIN