Capítulo único
SeolHyun estaba nerviosa. Más que nerviosa.
Desde el lunes por la mañana su día había empezado de forma caótica cayéndose de la cama con el despertador y recibiendo una llamada de su jefa, explicándole que tenía que ir a una reunión con el CEO de la compañía para comunicarle algo importante. SeolHyun trabajaba en la industria musical, había entrado en una famosa empresa como ayudante del mánager (para aprender mejor las labores y poder enfrentarse sola en un futuro a ese trabajo) y casi se le sale el corazón del pecho creyendo que iban a despedirla por no haber elegido el color de pelo adecuado para una de las idols del grupo de chicas que estaba de comeback actualmente (pero diablos, la chica había insistido mucho en ser rubia y SeolHyun tan solo logró que ella no eligiera un color tan espantoso de rubio.)
De todas formas, la cosa no había sido como su mente pensó de camino a la empresa y ninguno de esos diez posibles escenarios, a cada cual más terrorífico, llegó a la realidad. De hecho, había salido del despacho del CEO con un ascenso y las manos temblándole como la mierda.
SeolHyun ahora era una mánager oficialmente (la novata de la que se reirían sus compañeros veteranos, sobre todo después de haberlos rechazado en sus intentos por invitarla a salir) y tendría que hacerse cargo de una de las estrellas en solitario de la empresa que iba a regresar a escena después de un tiempo en hiatus. Y ella estaba aterrorizada y jodida, no solo porque iba a tener que demostrar que era buena en su trabajo, sino por la cantante que le había tocado para dirigir su carrera.
Shin JiMin era una rapera que había empezado su carrera musical como integrante de un cuarteto femenino que no había ido todo lo bien que le hubiera gustado a la empresa. Ya que era la más famosa del mismo y la que más había llamado la atención del público, era la que consiguió tener una carrera en solitario, sacando dos mini álbumes en un año y estando muy presente en televisión a través de diferentes programas.
Sin embargo, su carrera tuvo un parón debido a un escándalo amoroso de la rapera. Las redes se llenaron de fotos de JiMin saliendo de un motel y aunque nadie pudo confirmarlo, habían muchísimos rumores de que la cantante había tenido una relación con una de sus antiguas compañeras de grupo. Eso fue lo que reventó la burbuja de fama y las críticas no tardaron en convertirse en antifans llamando a JiMin muchas barbaridades o simplemente juzgándola por su aspecto o su voz.
De hecho, desde su debut en el cuarteto, JiMin siempre había estado en le punto de mira por su voz aguda, casi menospreciándola por no parecer una rapera de verdad o algo así y solo ser una chica linda a la que habían puesto el título de rapera porque no sabía hacer otra cosa. Y esa parte de su pasado volvió con fuerza cuando estalló el escándalo, sacando a relucir las antiguas críticas hacía la mujer.
SeolHyun siempre había seguido su carrera, si tenía que ser sincera. Le había gustado desde su debut en el cuarteto, convirtiéndose su bias casi de inmediato con tan solo una sonrisa en el escenario de su debut al presentarse. Le había dado muchísima rabia las críticas a las que estaba sometida en ese entonces y le hizo enfadar demasiado que la rapera fuera obligada a coger un descanso debido a ese nuevo escándalo y todos aquellos comentarios negativos que colapsaron la red hablando, ya no solo de su sexualidad, sino de su calidad musical y su belleza.
Le habría preocupado que no regresara jamás de su hiatus como pasaba con muchas artistas sometidas a tanto estrés y escándalos, la gente se olvidaba de ellas paulatinamente, pero cuando querían regresar, ya a las empresas no les resultaba rentable y desaparecían del panorama. Por eso, cuando ingresó a trabajar en la misma empresa en la que estaba la chica y además, le asignaron la que era su mánager como su mentora, SeolHyun casi explotó de felicidad o algo así.
En esos seis meses, no había visto nunca a la rapera, era su mentora la que contactaba con ella por teléfono, manteniéndose al día de cómo se encontraba y lo único que sabía SeolHyun era que JiMin estaba tomándose un descanso espiritual, manteniéndose al margen de los medios y tomándose un tiempo para conseguir reparar el daño psicológico y sentimental que le habían causado todas aquellas críticas negativas sobre ella.
Al parecer estaba bien, pero no sabía que estaba lo suficientemente bien como para hacer comeback. Mucho menos que ella iba a ser su mánager y que tendría que tratar directamente con ella sin la ayuda de su mentora, ya que la mujer iba a retirarse. Y no era que a SeolHyun le molestara tener que manejar la carrera de JiMin, pero era su bias, joder, y estaba nerviosa, alterada y muy preocupada, porque puede que su corazón se saliera por su boca si seguía latiendo así de rápido.
Lo peor de todo es que su primer contacto fue un desastre y SeolHyun actuó como una chica estúpida, impresionada por su idol. Pero demonios, JiMin estaba tan diferente. Y no solo porque se hubiera hechos muchísimos tatuajes o llevara un piercing en la nariz o tuviera ahora el pelo un poco más largo que el estilo bob que había llevado en su debut. No. Era su aura, era su forma de expresarse, de caminar, de ser ella. SeolHyun podía darse cuenta de que se había reparado, de que la chica que había visto en las noticias las últimas semanas antes de que se anunciara su retirada temporal de los escenarios, había desaparecido, dando paso a una mujer más segura de sí misma y alegra, con aquella sonrisa atractiva y encantadora que cortaba la respiración de SeolHyun.
Se había sentido tonta al saludarla, casi como una niña, y fue demasiado obvia, mirándola de arriba a abajo con la boca abierta y los ojos brillantes porque estaba muy guapa y SeolHyun quería morir lentamente. Porque sí, le gustaba muchísimo Shin JiMin y ella no sabía controlar sus nervios de mierda después de una semana trabajando a su lado.
—SeolHyun.—la voz de JiMin rompió su ensoñación, regresándola a la realidad.
La empresa había decidido preparar el regreso de JiMin cuando antes y ya estaban en medio de la grabación del vídeo musical. Llevaban allí casi tres horas entre maquillaje, ropa y cambios de escena y SeolHyun se había mantenido prudencialmente al margen, sabiendo que la compañía había asignado a un equipo para dirigir el vídeo y que su función solo era acompañar a JiMin y llevarla de regreso a su casa.
No obstante, también sabía que la mujer había adquirido la costumbre de acercarse a ella de vez en cuando para reírse de sus reacciones exageradas. JiMin parecía disfrutar viéndola sufrir, abochornada porque joder seguía siendo su crush, y SeolHyun se sonrojaba como el infierno, mientras trataba de fingir que era profesional.
—¿Sí?
—¿Te parece que me queda bien esta camisa con este sujetador o me cambio?
La pregunta casi pareció casual, de hecho, ¿qué podía haber de malo en que una artista preguntara a su mánager sobre si esa ropa le quedaba bien o no? Pero al mirarla, SeolHyun no pudo ver inocencia, porque JiMin estaba muy cerca de su cara, casi entre sus piernas (si ella no las hubiera tenido cruzadas) y la miraba por debajo de las pestañas tan intensamente que joder, se sonrojó. Porque la camiseta se le había bajado, el escote era más pronunciado de lo que debería ser y SeolHyun casi tenía su pecho en su cara.
Y esta no era la primera vez que ocurría algo así entre ellas, a decir verdad. Porque desde el primer día, JiMin se pasó el día haciendo comentarios fuera de tono, acercándose a ella más de lo normal y dándole miradas tan cargadas de sentimientos que SeolHyun no sabía ya cómo sentirse. No quería creer que le gustaba a JiMin, porque aunque saliera aquel rumor, no se sabía si realmente a ella le gustaban las mujeres y pese a que así fuera, SeolHyun no quería ser una chica de una noche.
Ella no servía para esa clase de relaciones esporádicas, pasaba vergüenza y bochorno, sobre todo si tenía que volver a la otra persona al día siguiente y joder, ella era su trabajo. No podía huir y esconderse, no podía evitarla, porque tenía que trabajar con ella y dirigir su carrera. Y si SeolHyun tenía que ser totalmente sincera, tampoco quería decepcionarse, porque JiMin era algo así como su tipo ideal, le gustaba desde hacía años y sería muy triste para ella ser usada por la mujer para tener un poco de sexo.
—¿SeolHyun, bebé, estás bien?—preguntó la voz dulzona de JiMin una vez más, solo que esta vez había una nota real de preocupación y cuando SeolHyun la miró a los ojos, no vio esa diversión característica de la mujer.
—Lo siento, estoy distraída. —murmuró algo descorazonada. —Creo que deberías de hacerle esa pregunta a alguna de las estilistas, yo no sabría decirte si es adecuado o no.
—Sólo dime si te gusta o no. —se lamió los labios entonces y SeolHyun tragó saliva.—¿Te gusta lo que ves, SeolHyun?
JiMin estaba ahora casi pegada a su cara, el susurro fue directamente sobre su oído y SeolHyun se estremeció como una colegiala cuando ella mordió ligeramente su lóbulo, soltando una risita infantil y juguetona. Al mirar sus ojos, brilló en sus pupilas el deseo y la diversión y ella realmente quería cabrearse porque demonios, no era un juguete nuevo con el que la artista podía jugar cuando estuviera aburrida.
—¿Y qué si me gusta lo que veo?—alzó el mentón, frunciendo su ceño, tratando de que su voz no temblara y fallando.
JiMin sonrió de medio lado como una maldita hija de puta y ella la maldijo porque se veía jodidamente atractiva.
—¿Quieres tenerme, bebé? —SeolHyun tosió, abochornada.—No te pongas así, dulce, ¿no eras mi fan?
Y eso fue lo que terminó de joder a SeolHyun. A fin de cuentas, ella era su bias, la chica que llevaba años siguiendo porque le gustaba, ya no solo porque fuera bonita, sino porque lo que veía de ella, la hacía querer conocerla, estar con ella y protegerla de todo mal. Y diablos, no podía soportar que JiMin se riera de ella, de su deseo, fingiendo que era una chica de una noche a la que olvidaría al día siguiente.
—No te burles de mí.—arrastró las palabras.
JiMin alzó las cejas, aún divertida.
—¿Acaso dije algo malo?
—Te estás burlando de mí desde que nos conocimos.
—Eso no es ver...—pero SeolHyun la interrumpió poniéndose de pie, haciendo que la diferencia de alturas entre ambas se hiciera notoria y que JiMin alzara la cabeza.
—Lo haces. Disfrutas viéndome sonrojándome como una estúpida diciéndome frases de doble sentido o poniéndome en situaciones vergonzosas.—apretó los puños un momento y la sonrisa de JiMin se perdió.—No soy tu nuevo juguete sólo por ser la mánager novata y no voy a dejar que te burles de mis sentimientos sólo porque me gustes.
JiMin abrió la boca para responder, pero SeolHyun no se lo permitió. Con el corazón latiéndole fuerte contra su pecho se alejó, saliendo fuera del set de grabación. Abrió con fuerza la puerta de emergencia, siendo recibida por el aire frío de octubre y se abrazó a sí misma, maldiciéndose por no coger su chaqueta en su salida apresurada.
De todas formas, se apoyó contra la barandilla, mirando a calle y se sintió triste y lamentable. No sabía cómo iba a mirar de nuevo a JiMin a la cara y ni siquiera estaba segura de que la mujer no fuera a quejarse a la compañía sobre su actuación. Podían asignarle a otro artista o incluso despedirla, y eso lo hizo suspirar, revolviéndose el pelo largo negro, sintiéndose aún más estúpida por haber explotado.
Pero era cierto todo lo que había dicho. No podía soportar seguir sintiendo que JiMin tan solo estaba usándola como entretenimiento, causándole gracia que su nueva mánager fuera tan fácil de sonrojar y poner en evidencia y diablos, ni siquiera había sido necesario que aquella vez saliera sin camiseta a recibirla o que se acercara tanto para entregarle una botella de agua.
Sin embargo, pese a todo, la puerta de emergencia se abrió, asustándola como la mierda, haciéndola emitir un chillidito agudo y girarse demasiado rápido. Y fue casi más sorprendente encontrarse allí con JiMin, porque la chica parecía arrepentida y preocupada al mirarla y SeolHyun solo quería salir huyendo.
—Hace frío.—murmuró JiMin, tendiéndole la chaqueta olvidada de SeolHyun.
Ella la aceptó con un asentimiento y la mujer apartó la mirada un segundo, abrazándose a sí misma con la chaqueta del chándal que se había puesto antes de ir a buscarla. SeolHyun la miró entonces y casi pareció pequeña y adorable, tanto que tenía ganas de abrazarla y protegerla de todo, pero no podía olvidarse de todo aquel juego de insinuaciones, y eso le hacía daño.
—Gracias. —dijo con simpleza, más calmada. —Perdón por mi forma de reaccionar.
—No tienes que pedirme disculpas.
JiMin la miró, seria, sincera y SeolHyun casi se derrite.
—Perdí los papeles y no fue profesional.
—Yo tampoco lo fui. —meneó la cabeza ella. —Lo siento mucho, SeolHyun. No quería hacerte pensar que eras un juego o algo así.
—No pasa nada. —trató de sonreír, por el bien de ambas, por el bien de su relación con ella. —Será mejor que vuelvas dentro, seguro que te necesitan.
—No, no voy a volver dentro sin ti. —la mayor dio un paso más cerca y SeolHyun estuvo acorralada contra la barandilla y era ridículo, porque había espacio, ella era más alta y podría haber escapado, pero no quería. En el fondo, no quería. —Yo no hice todas esas cosas para burlarme de ti.
—¿Entonces por qué?—preguntó en un susurro, asustada de cuál fuera la respuesta.
JiMin se permitió sonreír un poco, sincera y bonita y SeolHyun tembló porque estaban muy cerca y la mano de la mujer apartó un mechón de pelo de su rostro, colocándolo detrás de su oreja de una forma muy íntima.
—Porque me gustas.—susurró mirándola a los ojos, y no sabe qué le cortó la respiración su su mirada intensa o sus palabras, pero SeolHyun, jadeó.—Me gustas mucho, pero no estaba segura de si yo te gustaba de la misma forma o sólo eras mi fan.
Y en ese punto, JiMin parecía aún más pequeñita de lo que era, avergonzada por una vez por sus palabras y SeolHyun se permitió sonreír con el corazón latiéndole rápido, esta vez, por las razones correctas.
—Soy tu fan.—afirmó, acercándose a la mujer.—Pero me gustas no sólo porque seas mi bias.
—¿Soy tu bi…?
Pero la pregunta se ahogó en la boca de SeolHyun, atrapando los labios de JiMin en un beso, uno torpe e inseguro al principio. Por un segundo, la mujer no se movió, sus ojos se cerraron y ella insistió. Después, JiMin correspondió su beso, besándola tan suavemente y con tanta delicadeza que SeolHyun podría haber explotado en muchos pedacitos de sí misma, porque diablos, la chica que le gustaba le correspondía.
Al separarse, JiMin tenía los labios rojos e hinchados, las mejillas sonrojadas y la miraba con un brillo tan especial en los ojos, que SeolHyun sonrió. Porque al fin y al cabo, ya no sería una simple fan o una mánager para JiMin, y eso era todo lo que le importaba.
FIN