Capítulo único
Resumen:
Jimin nunca quiso tener una hermana pequeña.
Seolhyun llegó a su familia cuando era tan solo una cría de cinco años que tenía por madre a otra niña. La prima pequeña de su madre se quedó embarazada demasiado joven -dieciséis, o eso escuchó Jimin a sus padres susurrar, una de esas pocas veces que hablaban de ella-, su familia la echó, el padre de la niña la dejó y en general, tuvo una vida bastante jodida.
Jimin recuerda que Seolhyun llegó a su casa un viernes frío de diciembre, lo sabe porque mamá preparaba chocolate caliente, papá organizaba sus famosos juegos de mesa y ella jugaba tranquilamente con su muñeca favorita Patty, como todos los viernes de invierno. Cuando el timbre sonó nadie se esperaba que al otro lado iba a estar la prima descarriada de la familia con su pequeña hija abrazada a sus piernas.
No sabe por qué sus padres aceptaron quedarse con Seolhyun, quizás fue porque les dio pena lo delgada que estaba la cría, lo grande que le quedaba la ropa de la parroquia o que la única muñeca que tenía le faltara un ojo. Puede que los convenciera porque aunque a Jimin le molestara, Seolhyun tenía pese a todas sus carencias, una sonrisa feliz e inocente, ajena a la situación precaria de su madre. A lo mejor fue porque sabían que MinJi no la quería y no podía seguir haciéndose cargo de ella.
En ese entonces, pese a solo tener nueve años, Jimin sabía que no quería una hermana y que Seolhyun no le gustaba. Desde el primer momento en el que se vieron, la niña se abrazó a su cintura, pegando su mejilla a su barriga y le susurró de forma torpe un hola unnie que no logró enternecerla como sí lo hizo con sus padres.
Jimin no quería compartir sus juguetes, su habitación o jugar a las princesas con otra persona, porque para eso tenía ya a Choah y a ella la veía todos los días en el colegio. No se sentía sola porque tenía amigos imaginarios con los que crear sus historias y sus muñecos eran sus alumnos cuando jugaba a la escuelita.
Sin embargo, mamá dijo que Seolhyun era su nueva hermanita menor y es tu regalo de Navidad, ¿no es genial, Jiminnie? Y no, para la Jimin de nueve años no lo fue. Porque era su familia, era su casa, sus peluches y su habitación. Porque ella quería ser la única niña en casa y tener que compartir con otra los regalos, el cariño y la atención no formaba parte de sus planes.
Por eso, Jimin no se portó como una hermana mayor con Seolhyun, no importándole que la niña la llamara unnie con voz melosa y la aceptara de inmediato como alguien indispensable para ella. De hecho, la pequeña la miraba como si ella fuera genial tan solo por existir o por mirarla y a Jimin le solía irritar que Seolhyun la observara con esos ojos brillantes e inocentes, porque le resultaban imposible odiarla. Y ella quería hacerlo, quería odiarla.
Porque entró en su vida de repente, sin que nadie le preguntara y sin que ella le pidiera a Papá Noel una hermana. Conquistó a sus padres, le quitó el puesto de niña de la casa y hasta consiguió que el gatito tierno de su mejor amiga la quisiera más a ella. Tuvo que compartir su habitación, dividir el espacio y prestarle sus juguetes. Le mojó su libro de cuentos favorito -su Bella Durmiente-, le quitó su sitio en la mesa porque Jiminnie ya es grande para esa sillita y le regalaron el vestido de princesa que ella cuidó con mimo y que dejó de ponerse porque ya no le servía.
Pero aunque trató de alejar a la niña, Jimin no pudo. Seolhyun siempre tenía una sonrisa para ella, un unnie cómo estás, te eché de menos y unos ojos brillantes al mirarla que le hacían pensar en el fondo, que debía ser mejor persona, porque ella la admiraba y la quería, pese a no, no voy a jugar contigo porque eres una cría, Seolhyun.
No obstante, Jimin se acostumbró a la presencia de la niña, a sus sonrisas bobas manchadas de chocolate y sus palabras bonitas intentando estar más cerca de ella. Empezó a querer a Seolhyun, pero nunca la vio como una hermana menor como sus padres se empeñaron en intentar hacerle creer. La pequeña podía ver a Jimin como su hermana porque tenía cinco años, sus recuerdos no estaban definidos y podía pensar que los señores Shin eran sus verdaderos padres, pero ella no.
Siempre fue muy consciente de la procedencia de Seolhyun, de la forma en la que llegó a su casa y como sus padres le contaron que ella empezaría a formar parte de su familia desde ese día. Jimin podía haber empezado a quererla y apreciarla, a tenerle cariño y ser menos arisca con la niña, incluso comenzar a protegerla y ser su fuente de apoyo, soporte y confort cuando necesitaba consejo o ánimos, pero no podía verla como su hermana por mucho que se hubiera criado con ella.
El tiempo y la pubertad le dio la jodida razón a Jimin.
Seolhyun creció sana, fuerte y muy bonita, se desarrolló para convertirse en una chica de curvas suaves, rasgos atractivos y carácter afable. Quizás lo más fascinante era que no perdía nunca esa sonrisa sincera de aquella niña que tan solo tenía una muñeca a la que le faltaba un ojo y a lo mejor por eso, Jimin la empezó a ver de otra manera.
Pero quién demonios podía culparla. Porque esa chica corría para abrazarla cuando llegaba a casa, le susurraba unnie al oído y la miraba de esa manera única y especial que conseguía acelerar el pulso de Jimin como si su corazón quisiera escapar de su pecho y salirse por su garganta, joder.
Y a lo mejor por eso la quería tan desesperadamente para ella.
—Vas a crearle un agujero en la espada si sigues mirándolo así.
Jimin chasqueó la lengua y miró a su despreocupada amiga Choah, sonreírle con cierta malicia y entendimiento.
—Es técnicamente imposible que eso ocurra.
—Menos mal que no eres una mutante con rayos láser, entonces. Estoy segura de que Jiho te da las gracias. —se burló la chica con aire despreocupado, abanicándose debido al sol fuerte de Julio.
—No quiero nada de ese imbécil.
—No, tan solo quieres a su chica.
Se miraron un segundo, solo uno. Su mejor amiga de la infancia la vio durante todos estos años pasar por todas las etapas posibles cuando se trataba de Seolhyun. Renegar, despotricar, cabrearse, aceptar y querer. Eso no la hacía menos tocapelotas y ni evitaba que Jimin gruñera de una manera poco femenina cada vez que le hacía algún comentario como aquel, recordándole que Seolhyun no era suya -de la manera que le gustaría que lo fuera.-
—Que te den, Choah.
—Qué boca más sucia, Jiminnie. —se rió su amiga de buena gana.
Jimin la maldijo en su mente, hastiada con sus burlas, jodida porque Jiho no dejaba de tocar la cintura de Seolhyun con demasiada confianza, como tampoco apartaba los ojos de la anatomía de ella, como si no supiera que sus ojos estaban varios centímetros más arriba. Y lo peor de todo era que podía entender por qué demonios la miraba así, joder.
Mierda, ella lo hacía, lo hizo desde que cumplió los dieciocho años y se dio cuenta de que Seolhyun era cada vez más y más bonita. Pero era una bebé, una niña y Jimin se conformó con esperar a que creciera. Sin embargo, el tiempo pasó, Seolhyun cumplió los veinte años y Jimin seguía mirándola desde lejos, conformándose con ser la hermana mayor para la chica, sin tratar de acercarse más.
Porque la menor seguía abrazándola por detrás, llamándola unnie de forma dulce y dándole besos en la mejilla sin motivo aparente, pero eso no quería decir que la viera como algo diferente a su hermana mayor. A fin de cuentas, se crió pensando que lo era, y aunque supo la verdad de su procedencia cuando cumplió once años y Minji tocó a la puerta de los Shin, no por eso cambió algo para ella o dejó de pertenecer a su familia.
Y Jimin se frustraba muchísimo con la jodida situación, porque durante toda la adolescencia de Seolhyun tuvo que verla salir con chicos, besarse con alguna chica y caminar en ropa interior por casa cuando sus padres se iban de vacaciones porque unnie, hace mucho calor.
Situación que viviría en los próximos días, ya que sus padres se iban de vacaciones el sábado, dejándolas solas durante dos putas semanas.
—¿Irás a la fiesta en casa de Yuna?—preguntó Choah, apartándose el flequillo de la cara y suspirando por el calor, pese a estar a la sombra del árbol.
—Seolhyun quiere ir. Su amiga Chanmi irá. —bufó Jimin, mirando sin querer como Jiho alzaba en brazos a Seolhyun, sacándole un chillidito agudo.
—¿No te apetece ir? Piscina, chicos, alcohol ¿no suena lo suficientemente bien para ti? —alzó las cejas su amiga con cierta molestia.
—Sabes que no soy fan de las fiestas de Yuna. Se desmadran demasiado.
—Y tienes que ver a Seolhyun en bikini. —la miró, notando su sonrisa suspicaz. —Y dejar que otros la miren, también.
—Gracias por tu maldito apoyo moral, Choah. —gruñó, hastiada.
—De nada, para eso estoy. —se atusó el pelo con elegancia y chulería.
Jimin rodó los ojos y la empujó, haciéndola perder el equilibrio y casi caer sobre el césped.
—Encima que te escucho. —se quejó su amiga.
Ella la ignoró y se puso de pie, limpiándose los pantalones. Seolhyun chilló unnie dándole una sonrisa deslumbrante y pasando completamente de Jiho para correr hacía ella. Jimin se quedó por un instante sin aire porque a la chica se le levantó ligeramente la camiseta y no le sentó bien ver su estómago plano, demonios. Pero lo peor fue cuando llegó hasta ella y la abrazó con cariño, porque se derretía por dentro y sabía que iba a pasar dos semanas muy largas juntas. Dos semanas del infierno.
***
Despertar era a veces duro para Jimin, sobre todo si lo hacía con una Seolhyun medio desnuda y en su cama, abrazada a ella. La chica desarrolló esa manía cuando tan solo era una niña pequeña asustada que le temía a monstruos imaginarios que se comían a los niños. Solía colarse en su cama con los ojitos acuosos y una vocecilla aguda, susurrándole que unnie, tengo miedo, déjame dormir contigo.
Jimin nunca fue dada a compartir nada, mucho menos su espacio personal, sin embargo, Seolhyun rompió todas sus barreras sin que pudiera evitarlo y quizás por eso, aún la dejaba dormir con ella, aunque ya no le tuviera miedo al señor del saco o a nada en particular. De hecho, Seolhyun se metía en su cama porque así lo quería y no necesitaba buscar una excusa para abrazar a Jimin mientras dormía.
Pero era una tortura para ella al despertar, porque le gustaba mucho esa chica y no le ayudaba que en verano decidiera dormir en ropa interior y echada parcialmente sobre el pecho de Jimin. Como en ese jodido instante. Sentía su respiración pausada, su aliento caliente cerca del hueco de su cuello y podía ver su hombro desnudo, así como la tira de su sujetador rosa. Y Jimin la estaba maldiciendo en su fuero interno, porque, joder, tenía muchísimo calor y no solo por culpa del clima.
—¿Unnie, estás despierta?—murmuró la chica con voz baja casi sensual.
—Sip y estás en la cama equivocada de nuevo, Seolhyun.
—Es más cómodo aquí.—se excusó ella abrazándose más a su delgada cintura.
Jimin fingía siempre que cierta indignación porque ella se metía en su cama, no queriendo ser tan evidente en que le gustaba ese tipo de cosas que hacía la menor, porque demonios, la torturaba y no estaba nunca segura de cuáles eran los motivos reales de Seolhyun para hacer ese tipo de cosas. A fin de cuentas, ella siempre la consideró su hermana mayor y hasta la fecha, nunca dio signos de verla de otra forma.
—Estás aplastándome. —volvió a quejarse, retorciéndose un poco.
Seolhyun emitió un sonido de queja, abrazándola con más fuerza y utilizando sus piernas para retenerla.
—No seas así, unnie. Estoy cómoda.
—Hace demasiado calor para esto, Seolhyun. No eres una niña ya.
Ella se alzó entonces, sus brazos estirados a los lados de su cuerpo y mirándola directamente a los ojos como si estuviera repentinamente herida y preocupada por las palabras de Jimin. Ella se sintió culpable por ser la responsable de verla así.
—¿Te molesta tanto que duerma aquí?
Y hubo una tonalidad en esa pregunta que la hizo sentir mal, porque Seolhyun parecía realmente rota ante la perspectiva de estarla molestando, como si Jimin la hubiera rechazado y mierda, no se trataba de eso, no lo era.
—Llevas años durmiendo conmigo, Seolhyun.
—Era una niña.
—Lo eras.—aceptó, quitándole un mechón de pelo y metiéndoselo detrás de la oreja. —Pero no me molesta que una mujer duerma abrazada a mí. No me molesta que tú lo hagas. —y puede que esas palabras fueran más sinceras y cadentes de lo que esperaba.
Seolhyun la miró durante mucho tiempo, o quizás no tanto, no está segura, pero Jimin sabe que tiene seca la garganta y muchas ganas de besarla. No obstante, se quedó muy quieta y no dijo nada, ni tan siquiera respiró. Al final, la más joven hizo una mueca infantil y se retiró, saltando fuera de la cama con su típica aura optimista y alegre, esa que solía ser contagiosa.
—Vamos a desayunar, Jiminnie unnie.—canturreó guiñándole el ojo. —No podemos perdernos la fiesta.
Jimin no fue tan activa, quedándose aún impresionada por el momento extraño vivido y preguntándose cómo iba a sobrevivir precisamente a esa maldita fiesta.
***
—Unnie, date prisa. —tiró de su muñeca, Seolhyun por tercera vez, al notar que Jimin no avanzaba tan rápido como a ella le gustaría.
La casa, mansión, lo que sea, de Yuna se alzaba delante de ellas y la mayor no quería saber nada de la estúpida fiesta, de la otra chica o de la maldita piscina que no dejaba de mencionar Seolhyun, como si nunca hubiera visto una, pensaba con cierto hastío.
—Ya voy.
—Caminas despacio ¿no quieres ir?
—Pues lo cierto es…
—Que sí, claro que quiere. —la interrumpió Choah apareciendo por detrás de ella y asustándola.
Jimin miró a su amiga con el ceño fruncido, no demasiado conforme con su respuesta y ella se limitó a sonreírle con toda la intención, rodeándole los hombros con un brazo y arrastrándola hacia delante, mientras Seolhyun asentía, en silencio. Entraron en la casa cuando un empleado les abrió y se dirigieron a la zona de la piscina, al fondo, donde la música ya estaba sonando y se podía escuchar al gentío armar escándalo, reír y chillar. La chica se adelantó, distinguiendo a su amiga Chanmi haciéndole aspavientos rápidos con las manos y Jimin casi miró a Seolhyun marcharse como si no fuera a verla nunca. Choah la codeó, haciéndole daño y sacándole un quejido.
—No seas amargada.
—No lo soy.
—Va a divertirse y tú deberías hacer lo mismo.
Bufó. No quería discutir con Choah, pero realmente no tenía ganas de acudir a esa fiesta y no le hacía la maldita gracia toda la situación. A lo mejor porque estaba muy celosa y cabreada porque Seolhyun pasaba de ser una niña mimosa que buscaba dormir con ella cuando estaba en casa, a ignorarla si se encontraba con sus amigos. O quizás todo tenía que ver con ese maldito bikini rosa y blanco y estúpidamente diminuto que usaba la chica, pensó al verla en la distancia, ya quitándose el vestido playero.
Decidió no prestarle más atención al ver a Jiho acercarse a Seolhyun con todas las intenciones de abrazarla y tirarla a la piscina, Jimin no tenía por qué ver aquello ni el posible beso que pudiera darle la joven al tipo, porque no era de su gusto y le revolvía el estómago ver a la otra con cualquier persona. Choah tiró oportunamente de ella hacía la izquierda, al lado contrario de la terraza, y ella se dejó llevar por una vez, no deseando darle más importancia a ese sentimiento incómodo que tenía instalado en su estómago y que la estaba comenzando a hacer sentirse miserable y en la mierda.
Por eso, dejó que Choah se encargara de ella, de guiarla y de decirle qué hacer. Su amiga la hizo sentarse en una hamaca, quitarse los pantalones cortos y la camiseta y la embadurnó de crema hasta en partes donde no creía necesitarla, porque con lo blanca que eres terminarás siendo una langosta como Mina. Después no fue capaz de hacer otra cosa que no fuera intentar reír y asentir cuando Choah lo hacía, mientras Yuna se atusaba el pelo con coquetería y bebía un cóctel tras otro.
—¿Podrías hacerme el jodido favor de prestar atención? Estás en otro planeta y comienzo a cansarme de ser yo la que habla.—le terminó susurrando Choah al cabo de una hora, aún debajo de la sombra del paraguas y con una copa en su mano derecha.
—Creí que eso te gustaba.
—Me gusta, pero no cuando se trata de mí salvándote el culo delante de Yuna. —ella la miró frunciendo el ceño. —Te falta un cartel luminoso anunciando el porqué de tu disgusto, porque la cara de haber chupado un limón ya la tienes.
—Me da igual si Yuna se da cuenta de que no me gusta su estúpida fiesta, Choah.
—Pues no debería de darte tan igual, idiota. —la regañó su amiga con hastío. —Seolhyun se lo está pasando bien ¿por qué no intentas hacer lo mismo?
—Porque no tengo ganas. —gruñó, cruzándose de brazos.
Se giró como una cría, apartando la mirada de Choah y concentrándose en un grupo de personas, que como ya suponía desde un principio, no conocía. Todos a su alrededor bebían, charlaban o bailaban, se lo pasaban bien, se reían de manera alcoholizada y decían chorradas, a Jimin le gustaría formar parte de aquello, pero realmente, no se sentía con ánimo para esa mierda o para fingir que quería ser simpática. Tan solo le hubiera gustado quedarse en casa a ver películas de Disney con Seolhyun echada sobre sus piernas y sabía que ese deseo estaba carcomiéndola, porque la chica prefería la fiesta de Yuna por encima de Jimin.
—Deberías de superar esta etapa. —escuchó decir a Choah con tono despreocupado. —Te ve como su hermana mayor, búscate a otra persona, Jimin.
Eso la hizo volverse en dirección a su amiga y fruncirle más profundamente el ceño.
—No quiero usar a otra persona.
—Ella no te ve de la misma forma.
—¡Ya lo sé!—alzó la voz sin querer, exasperada. Choah la miró con suspicacia, sin alterarse por su tono y ella carraspeó, calmándose.
—Aún tienes la esperanza, Jimin, y no puedes alimentarte de eso mientras ella te hace daño. —le habló con tranquilidad, siendo razonable, y sabía que tenía razón, joder. —Minseok era un buen tipo.
Ella rodó los ojos.
—Minseok es un buen tipo, uno gay que está colado por Jongdae.
—Creí que te pidió salir.
—Me pidió acompañarlo a la fiesta de la universidad porque no podía pedírselo a Jongdae.—explicó, apartando una de sus coletas. —Nos llevamos bien, pero querer salir con Minseok sería un equivalente a querer salir contigo.
—Gracias por la parte que me toca.—se enfurruñó la mujer.
Jimin sonrió a medias.
—Salir con otra persona no es la solución.
—Hazlo con una chica, entonces.
—¿Me has oído?
—Lo hice, pero te he ignorado. —le respondió resuelta.—Esperar a que Seolhyun te vea como una mujer tampoco es una solución y creo que conocer a otras personas y moverte en otro círculo te hará pensar menos en ella.
—Ella a veces actúa como si...le gustara. —dudó un segundo, tragando saliva.
—Tú lo has dicho, a veces. —Jimin la miró, derrotada y dolida y ella le acarició una de las coletas con cierto cariño y lástima. —Pienso que en la medida de lo posible, deberías alejarte un poco de ella, Jiminnie, es por tu bien.
Sabía que tenía parte de razón, sabía que se estaba haciendo daño y que solo estaba alimentando sus esperanzas a base de lo que ella quería ver. Porque no era la primera vez que Choah le decía aquellas palabras y no sería la primera vez que Jimin no le hacía caso.
***
La fiesta de Yuna comenzó a desmadrarse después del mediodía, el almuerzo era a base de comida chatarra, los cócteles extraños y las mezclas de bebidas alcohólicas no dejaron de circular y para las cinco de la tarde, Jimin ya estaba muy harta del ambiente, le dolía la cabeza por la estúpida música que para ella ya sonaba igual y tenía ganas de meterle un bate por el culo al imbécil que había decidido que ella era lo suficientemente guapa como para intentar ligársela.
De hecho, el tipo se había pegado a Jimin como una mosca a la comida, invadiendo su espacio personal y haciéndole comentarios cada vez más subidos de tono, porque estás muy buena y no sabía que tenías ese culazo. Ella podría haberlo golpeado desde un primer momento, no obstante, le ganó el rencor y los celos, divisando a Seolhyun a una cierta distancia de ella y creyendo que la chica estaba muy pendiente de cómo el imbécil trataba de coquetearle.
Quizás se engañó pensando que Seolhyun estaba celosa cuando en el fondo no le importaba un carajo, porque para ella era su hermana mayor, y no solía importarte una mierda con quién follara tu hermana, a no ser supieras de antemano que el susodicho era un cretino o algo así.
—¿No quieres bañarte, Jimin?
—No, acabo de comer.
—Vamos, eso no es verdad. —insistió Jungho, rodeándole la cintura por detrás con demasiada confianza.
—No quiero bañarme. —gruñó ella con hastío y separándose del tipo.
Jungho frunció el ceño.
—¿Sabes, Jimin? Comienzo a cansarme de que te hagas la estrecha.
—Y yo comienzo a cansarme de que seas un estúpido. No me interesas.
—No te intereso. —repitió chasqueando la lengua. —Eres una zorra, te has dedicado a calentarme la polla para nada.
—Fuiste tú el que se pegó a mí sin preguntarme si quería, gilipollas.
Jungho parecía dispuesto a decir algo más, pero Choah apareció oportunamente del brazo de Yonghwa y el tipo cerró su boca abierta, mirándolos con desprecio por interrumpir la próxima sarta de insultos que no dudaba que fuera a soltar.
—¿Ocurre algo?—preguntó su amiga, dándole la mano a Jimin sin soltar al otro hombre.
—No, nada. —dijo ella, dándole una mirada significativa a Jungho.
Él la ignoró, sin embargo, y bufó, indignado.
—Nada. Ya me ha quedado claro que tu amiga es una frígida.
—Jungho.—lo llamó Yonghwa con advertencia en su voz.
—Déjalo. —se encogió de hombros Jimin. —Ni siquiera me gustas, imbécil. No me gustan los tíos.
Jungho se ofendió en ese instante, su boca se abrió y cerró dos veces y Choah le apretó la mano, tensa, aunque en su expresión no se descifrara algún gesto de sorpresa o de dubitación. Yonghwa, en cambio, dio un paso hacia delante cuando el tipo apretó los puños y se crispó como una mala imitación de un gallo.
—Creo que es momento de que te vayas y dejes en paz a Jimin, Jungho.
—¿La defiendes? Es una desviada, una de esas tías raras que fingen que les gusta una polla para luego soltarte que les gusta lo mismo que a ti. —escupió con desprecio.
—Jimin es mi amiga, Jungho. Si escucho un solo insulto sobre ella, sabré que has sido tú y no te va a gustar si eso ocurre ¿te queda claro?
A veces, Jimin se maravillaba con la templanza con la que solía decir las cosas Yonghwa, porque era un bastardo alto, guapo y carismático, tenía cierta actitud ególatra en ocasiones, pero en general, cuando se cabreaba lo decía todo despacio, calmado y a la vez, te prometía que no lo ibas a pasar bien si tenía que alzar su jodida voz. Jungho pareció captar también aquello, porque terminó asintiendo y marchándose con sus amigos.
—¿Por qué siempre te metes en problemas, Jiminnie?
—Para darte algo de trabajo. —le respondió al hombre, sonriéndole.
—No me hace gracia.
—A mi menos. —suspiró Jimin, apartándose un mechón del fleco de los ojos.
—Me vas a decir que quieres irte ¿no?—preguntó Choah, mirándola con los labios apretados.
—No tienes que acompañarme.
—Tómate algo con nosotros y luego si quieres, te llevo a casa. —sugirió Yonghwa con una sonrisa amable y encantadora que Jimin no pudo rechazar ni aunque quisiera.
Se quedó un rato más y aunque no quiera admitirlo, fue el rato más agradable que pasó en el tiempo que había estado en la estúpida fiesta de Yuna. Conversar con Yonghwa siempre era divertido, sobre todo cuando venía acompañado de Minhyuk. Por un ratito, Jimin no estuvo pendiente de Seolhyun ni quiso saber nada de la menor, se concentró en escuchar chistes malos, reír y golpear el brazo de Yonghwa cuando éste decía cosas sin sentido, haciéndola explotar en carcajadas. Choah también se notó visiblemente más relajada ahora que la veía de mejor humor, y por fin en ese maldito día, Jimin se sintió un poco mejor y menos fuera de lugar.
Al final, el atardecer cayó sobre la terraza de Yuna y a esas alturas, los que no estaban ya en el suelo, estaban a punto de caer, sin embargo, la música no se había detenido en ningún momento. Choah le dio un respiro, dejándola ponerse de nuevo la ropa, cuando refrescó un poco y Yonghwa le ofreció llevarlas a casa.
—Fue suficiente por hoy.—comentó Choah.
—Iré a avisar a Seolhyun.
—Creo que la vi por la zona de la cascada. —le dijo Minhyuk con tono amable, dándole una palmadita en la espalda.
Su amiga bufó, pero asintió. Jimin entendía por qué lo hacía, aunque no pensaba dejar atrás a la menor solo porque Choah estuviera un poco hasta las narices de la chica. A fin de cuentas, ella solo estaba preocupada por los sentimientos no correspondidos de Jimin, no quería verla sufrir y a veces culpaba a Seolhyun de su malestar, porque la quería y había dejado de perdonar a la otra por tener una sonrisa adorable como cuando era pequeña.
Siguió la indicación de Minhyuk, abrazándose a sí misma cuando chocó con dos personas, detestando que invadieran su espacio y sintiéndose por un momento, algo asfixiada. Fue fácil encontrar a Seolhyun, no obstante. La chica estaba en el centro de la piscina, debajo de la cascada, riéndose y siendo el centro de todas las miradas. Jiho estaba a su izquierda, un brazo detrás de su espalda, no dudando que tenía su mano muy cerca de su trasero, y Jimin volvió a sentir ese peso pesado en la boca de su estómago que la hacía querer golpear al bastardo.
Jimin trató de llamar a Seolhyun, pero la música estaba muy fuerte, el grupo chillaba demasiado y ella no era tan alta como para hacerse notar entre el gentío que brincaba dentro de la piscina y por fuera. Vio su oportunidad cuando Chanmi pasó por su lado.
—¿Puedes decirle a Seolhyun que venga un momento?
La chica le sonrió, diciéndole que por supuesto. Jimin tuvo que esperar mordiéndose el labio a que Chanmi llegara hasta el centro y tirara de su amiga, para informarle de su presencia. Casi se sintió como una plebeya pidiéndole audiencia a una señorita, y ese pensamiento era casi tan estúpido como un mal drama de televisión. Seolhyun sonrió al verla por fin, y se disculpó, saltando al agua con gracia, como una sirena, nadando hasta ella. Jimin se quedó por varios segundos idiota y tonta, mirándola salir del agua y fijándose demasiado en las gotas de agua recorrer su piel morena. Y se maldijo, joder.
—Unnie ¿quieres venir a jugar conmigo?
Jimin tragó saliva.
—No. Me voy a ir ya a casa, Seolhyun, estoy cansada.
—¿Ya? Pero si no has jugado conmigo. —infló las mejillas de forma infantil. —Quédate un ratito más.
Podría haber cedido, pero no esta vez.
—No. Yonghwa va a llevarme a casa.
Y entonces algo cambió. Las manos de Seolhyun que habían estado sobre sus hombros cayeron inertes y la emoción de la chica se congeló, casi como si hubiera pronunciado las palabras justas para hacerla enfadar, aunque no entendía bien el motivo.
—Pues vete con Yonghwa. Yo me quedo.
—Seolhyun, venía a pedirte que nos fuéramos a casa. —pidió con voz suave.
—Quiero divertirme un rato más. Vete con tú con Yonghwa.
La chica no esperó una respuesta de su parte, se tiró de nuevo al agua de cabeza, tan grácil y bella como cuando había venido hasta ella y Jimin la observó, una vez más, descolocada y herida, sintiéndose rechazada y enfadada, porque ella prefirió ir con sus amigos. De hecho, Seolhyun no volvió a mirar en su dirección ni una sola vez, alcanzando el centro de la cascada y dejándose ayudar por Jiho a subir el pedestal, para sentarse sobre sus rodillas, y ella no pudo soportar ver el beso que le dio a continuación.
***
Yonghwa la dejó en casa cerca de las nueve y pico de la noche. Choah no quería que Jimin cenara sola y él las invitó a un restaurante cerca de su urbanización. Agradeció la compañía, el día no había empezado demasiado bien para ella, y aquel desencuentro con Seolhyun la había dejado algo descolocada, triste y enfadada. No comprendió por qué la siempre cariñosa chica fue tan fría, rechazando su propuesta, y no quiso formarse más expectativas que pudieran hacerle daño después. A fin de cuentas, se había engañado ya cuando estaba hablando con Jungho y por culpa de aquello, tuvo que soportar insultos por parte del tipo.
No quería más mierda.
Llegó derrotada a casa. Nada más traspasar la puerta, caminó directamente hacia el salón, quitándose los coleteros que mantenían su pelo en dos coletas, y dejándolos caer sobre la mesita del centro con desgana. Se tiró sobre el sofá, quedándose echada boca arriba y acordándose de la primera vez que Seolhyun había llegado a su casa por ningún motivo en especial.
Jimin se obligó a ducharse y ponerse el pijama, regresando al salón con el pelo mojado y un cepillo. Estaba algo ansiosa porque eran ya pasadas las diez y Seolhyun no daba señales de aparecer o de mandarle algún mensaje para avisar. Tenía casi el pelo ya seco cuando por fin, la puerta de entrada se abrió y Seolhyun llegó como una ladrona, en silencio y sin anunciarse como solía hacer siempre.
—Seolhyun. —la llamó. —¿No vas a saludar?
La chica entró en el salón con un rictus en los labios y las mejillas coloradas por el sol que había tomado durante todo el día. Lo peor era que a sus ojos se veía preciosa.
—Hola, unnie.
Pero fue seca, diferente a como era ella siempre y se clavó como un puñal en Jimin.
—¿Ya has cenado?
—Picoteé con los chicos. —sus facciones se relajaron un poco.—¿Estabas esperándome para cenar?
—Cené con Choah y Yonghwa. Puedo hacerte algo. —se fue a levantar, pero Seolhyun hizo un sonido de garganta que la detuvo.
—No hace falta. Ya me lo hago yo.
—No me molesta hacerlo.
—Puedo hacerlo yo. —insistió con molestia.—Voy a ducharme.
Jimin frunció el ceño. Quería preguntarle por qué estaba tan cabreada, qué había dicho u hecho para que ella se comportara así, pero Seolhyun la ignoró y siguió su camino a las escaleras. Cinco minutos después, escuchó la ducha y Jimin se quedó en el salón, atenta y confusa, sin comprender qué demonios estaba ocurriéndoles.
Encogió las piernas, abrazándose por las rodillas y esperó allí sentada a que Seolhyun regresara. Detestaba que la menor estuviera cabreada con ella, sobre todo porque no sabía qué hizo mal, joder. Y lo que estaba pensando su mente no quería creérselo, porque solo podía pensar que estaba celosa, y la posibilidad alimentaba sus esperanzas y la heriría en demasía si no era verdad.
No supo cuánto tiempo estuvo allí sin moverse, sus labios estaban secos y su mirada fija en la figurita de una rana que tenía su madre sobre la mesita. Seolhyun apareció de nuevo como una presencia silenciosa, se deslizó con elegancia por la estancia, llegando hasta la cocina y Jimin la escuchó maldecir, cuando un ruido de calderos cayendo la sobresaltó.
No tardó ni tres segundos en ponerse de pie, salir de su letargo y apoyarse en el marco de la cocina. Seolhyun estaba de rodillas en el suelo, murmurando cosas inentendibles y recogiendo tres calderos y una sartén que habrían salido disparados cuando abrió el armario.
—¿Qué pasa?
—¿No lo ves?—soltó con brusquedad.
Jimin frunció el ceño, entrando en la cocina.
—Déjame ayudarte.
—No necesito tu jodida ayuda. Estoy bien. Sé hacerme la cena.
—¿Se puede saber qué demonios te pasa?
Estaba a dos pasos de ella, de pie y mirándola con las manos en las caderas porque no comprendía su actitud. Jimin no estaba acostumbrada a ser la enemiga de Seolhyun, a ser la receptora de su lado agrio y hosco, porque para ella solo habían sonrisas y hoyuelos, susurros alegres y muchos unnie, te eché de menos. Pero no ahora, y ella estaba comenzando a frustrarse.
—No me pasa nada. Vete a hablar con Choah o con Yonghwa.
—¿Qué?—jadeó, impresionada.
Seolhyun se levantó con la sartén en la mano y mirándola tan seria que podría haber atravesado a Jimin, joder.
—Lo que has oído. ¿No los prefieres a ellos antes que a mí?
—Eso no es verdad.
La sartén cayó sobre la encimera y Seolhyun se acercó a ella, haciendo más evidente para Jimin que la menor era más alta que ella. Y quizás lo más que le molestó, fue que después de todo, le gustó su actitud, le agradó que la desafiara, la hacía arder que ella la mirara tan intensamente que la quemara en todas partes donde sus ojos se posaron.
—Los preferiste a ellos antes que a mí.
—Eso no es justo. Tú estuviste con tus amigos todo el día ¿y me reclamas a mí porque quise irme antes? —le recriminó con voz rasposa.
—Desde el principio preferías estar con Choah, incluso hablaste con ese chico estúpido en vez de venir a jugar conmigo.
Jimin se sorprendió, abrió su boca y lamió sus labios, Seolhyun estaba a una corta distancia, inclinándose sobre ella de una manera que pretendía ser amenazadora o algo así, pero que ella encontró atractiva y encantadora, porque siguió el recorrido de su lengua sobre su labio inferior, casi, casi, como si deseara ser ella la que hiciera aquello, joder. Y de verdad, se iba a volver loca.
—Tú tampoco viniste. —articuló despacio, tragando saliva. —Estabas con tus amigos y con tu novio. No puedes culparme por no ir a buscarte.
—Jiho no es mi novio. —rodó los ojos la chica. —¿No lo entiendes aún, Jiminnie?
Seolhyun dio otro paso y no sabe cómo, Jimin chocó contra la encimera, apoyando las palmas cuando se sobresaltó por estar repentinamente atrapada entre el mueble y la joven, no esperándose aquello de ninguna manera. Sobre todo, porque le resultaba caliente que Seolhyun la estuviera mirando tan intensamente, con un brillo particular y diferente en sus ojos que podría hacer que sus rodillas se doblaran, joder.
—¿Qué debería entender?—preguntó con voz ahogada.
Ella se acercó otro paso, tan solo uno, y sus manos estuvieron sobre la encimera, sus brazos a ambos lados y Jimin completamente atrapada. Y eso no podía decir que no le gustara.
—¿De verdad no lo has notado?—contraatacó ella, bufando, exasperada.
—Seolhyun, habla claro.
Seolhyun alzó las cejas un segundo y después, todo fue en decadencia, hasta que explotó en los labios de Jimin. Porque la chica la besó con fuerza, estrellando su boca contra la suya, haciendo que sus dientes chocaran y que todo diera vueltas a su alrededor. Una mano posesiva la tomó de la nuca, como si de verdad ella quisiera huir, y los labios de Seolhyun se movieron con insistencia, mientras poco a poco, Jimin cerraba los ojos y se dejaba llevar por todas esas emociones que llevaba años reprimiendo por la que debería de ver como su hermana.
Jimin le correspondió con intensidad y desesperación, dejándose embargar por el sabor dulce a cerezas de Seolhyun y atesorando ese precioso momento, porque, demonios, había deseado muchas veces que aquello ocurriera y saber cómo se sentía un beso de la chica. Pero el beso duró poco, Seolhyun se separó mordiéndole el labio inferior y tirando de éste y Jimin gimió sin darse cuenta.
—¿Ha sido lo suficientemente claro para ti, Jiminnie? —susurró Seolhyun muy cerca de sus labios, tanto, que casi podría volver a besarlos y Jimin tragó saliva, sintiendo sus manos temblar a ambos lados de su cuerpo.
—No estoy segura.—murmuró como una cría, insegura, con el corazón latiéndole fuerte contra el pecho porque estaba ocurriendo algo que llevaba mucho tiempo esperando.
—¿De qué? Me gustas, Jiminnie. —Seolhyun sonrió, la mano de su nuca, acarició su cuello, subió por su oreja y le apartó un mechón de pelo con cariño. Jimin seguía mirándola con ojos brillantes, estaba segura y no podía reaccionar a su confesión. —Te quiero y no te veo como mi hermana.
—Pero lo hacías.
—Sí, solía hacerlo. —asintió, tranquila, toda la molestia anterior desfogada, como si el beso hubiera sido su canal de desahogo y ahora solo quedara ella y sus sentimientos.—Pero ya no. Ya no puedo.
Jimin vocalizó un joder que se ahogó en su garganta y murió en su boca. Seolhyun estaba sonriéndole radiante, feliz, de esa forma que conseguía provocarle un cosquilleo en su bajo vientre y dejarle el pecho calentito por dentro, porque mierda, le gustaba, la quería y no la veía como su hermana.
—No me has respondido, unnie.—caturreó la chica, rodeándole la cintura, pegándola más a su cuerpo esbelto.
Jimin parpadeó.
—Nunca te he visto como mi hermana.
—¿Ni siquiera cuando éramos niñas? —ella negó y Seolhyun no pareció molestarse por eso. —¿Te gusto, Jiminnie?
Ella se relamió los labios una vez más, el sabor a cerezas de Seolhyun permanecía allí y la chica siguió el recorrido con fuego en sus ojos.
—Llevo años enamorada de ti, Seolhyun.—confesó por fin y su pecho se sintió más ligero y cálido, como si aquellas palabras hubieran sido una cárcel silenciosa que al fin había sido abierta para dejarla ser libre.
—¿Y por qué no lo dijiste antes?
—Porque estaba esperando a que no me vieras como tu hermana mayor.
Seolhyun sonrió, negando con la cabeza y acariciando con la yema de sus dedos su mejilla.
—Ya no tienes que esperar más, Jiminnie.
—Ya no.
Esta vez, Jimin sonrió, una curvatura perfecta, amplia y feliz, una sonrisa que no daba desde hacía mucho tiempo y que salía desde el fondo de su corazón. Una sonrisa que cayó sobre los labios de Seolhyun cuando la volvió a besar, porque, diablos, quería a esa chica desde que era una cría y ya no le importaba si eran hermanas o el mundo quería verlas como tal. Porque para ella Seolhyun solo era Seolhyun y Jimin solo era Jimin y todo lo demás podía esperar.
FIN