Capítulo único
—El tal ChanYeol ese casi me arranca la yugular.
Es lo primero que dice JongDae al entrar de nuevo en su departamento. MinSeok lo mira sin variar su expresión.
—¿Quién?
—El gigante caliente, la pareja de BaekHyun.
—¿Qué hiciste?
—Nada, respirar, al parecer. Los lobos y sus problemas de territorio. —bufó JongDae rodando los ojos.
El chico se tira sobre el sofá, pegándose al lateral de MinSeok como una lapa y apoya la cabeza en su hombro. El mayor continúa su lectura como si él no existiera y JongDae se dedica a mirar su perfil de una forma un tanto estúpida.
—¿Qué quieres JongDae?—preguntó MinSeok con una nota de irritación, estaba desconcentrándolo y lo sabía.
—Nada. —se encoge de hombros sonriendo como un gato y su pareja bufa. —¿Recuerdas cuando nos conocimos, hyung?
—Fue memorable. —MinSeok rueda los ojos con un tono sarcástico y JongDae ríe.
****
Tres años antes.
JongDae entró esa tarde en el Dorado sin ganas reales de hacer nada. La cafetería era de dos plantas, suelos de parqué, paredes blancas y decoraciones en color dorado. LuHan le explicó que se inspiró en los piratas, a su parecer el dueño había exagerado un poco y no entendía aunque símil había entre el café y los piratas. Al menos, eso no parecía importarle a los clientes, las bebidas eran lo suficientemente buenas como para que regresaran. Sino el pobre tipo estaría arruinado.
—¡Llegas tarde, JongDae!
LuHan salió como un torbellino de detrás del mostrador, tirándole el delantal de color negro y ribeteado de dorado. A decir verdad, JongDae no sabía cómo carajo encontró él ese trabajo, simplemente ocurrió. BaekHyun lo arrastró en busca de un chocolate y en el local buscaban un camarero, JongDae dijo que él se postulaba y LuHan le dijo que sí. BaekHyun aún jura que fue estúpido y JongDae dice que fue suerte. Lo cierto es, que JongDae lleva en el Dorado dos años, está en su último año de carrera y pese a que es el peor empleado del mundo, LuHan no lo ha despedido.
—No te enfades, LuHan. Tu cara se llena de arrugas y líneas de expresión y te ves feo.
—¡Soy tu hyung, bastardo! ¡Ponte el delantal y vete a limpiar las mesas tres, cuatro y dieciséis!
—Amargado.
—Escoria.
JongDae bufó, pero se dispuso a empezar su trabajo. Lo hizo como siempre, aburrido, lento y chapucero. En serio nadie entendía cómo es que LuHan lo conservaba en su plantilla y JongDae creía que el lobo sólo lo usaba para insultarlo cuando estaba muy estresado. Su padre rodaría los ojos si lo viera: su mejor amigo era un lobo y trabajaba para otro.
Su día estaba siendo tan normal como cualquier otro, hasta que la campanilla sonó con la llegada de un nuevo cliente. JongDae tenía buena memoria y sabía reconocer caras nuevas cuando entraban en el Dorado y ese tipo que acababa de entrar nunca había venido por allí. Y era atractivo y leopardo y caliente.
—¿JongDae, ya limpiaste los baños?
—Toma, LuHan, voy atender a ese cliente.
—Pero qué dices, los baños…
Le tiró a LuHan la escoba, apartó a su compañero de trabajo, Onew, tomando su libreta para apuntar y se acercó con paso seguro a la mesa nueve. JongDae tomó una respiración, detectando que era un leopardo como él y su aroma era delicioso. La sonrisa estampada en su cara mientras se acercaba era la que solía poner cuando veía algo que le gustaba y lo quería tener. Y a ese tipo, lo quería.
—Hola, bienvenido al Dorado, soy tu camarero especial, JongDae. —procuró que su voz sonara provocativa, pese a que era totalmente inadecuado. —¿En qué puedo servirte?
El tipo alza la mirada del menú, su expresión es escéptica al mirarlo y JognDae entiende que él ha notado que le gusta.
—Un café solo y un trozo de tarta de manzana. —su tono es seco, ha ignorado su intento de parecer atractivo y ni lo ha mirado de regreso al realizar su pedido.
—¿Algo más?—usa una tonalidad dulce, inclinándose sobre el cliente.
—No me hagas esperar. —le advierte.
JongDae cuando se da la vuelta se encuentra con la mirada inquisitiva de LuHan y él continúa igual o más emocionado. El tipo no quiere saber nada de él y eso solo lo alienta a querer conseguir su nombre.
—¿Se puede saber qué coño haces?
—Trabajo para ti.
—Tú no atiendes las mesas.
—Ahora lo hago. —le da una mirada seria. —Un café solo y tarta de manzana.
LuHan lo mira irritado hasta que se rinde.
—Te descontaré del sueldo todo lo que rompas.
Tampoco BaekHyun entendía por qué trabajaba en una cafetería si JongDae era un verdadero desastre sirviendo. Cuando entró a trabajar hizo explotar a LuHan más de una vez rompiendo vasos, olvidando pedidos, sirviendo incorrectamente las bebidas e incluso, rompió la cafetera, cuando LuHan desesperado, lo puso hacer café, creyendo que eso podría hacerlo. Su café sabía a mierda y JongDae ahora sólo limpiaba. BaekHyun se burlaba diciendo que LuHan lo mantenía por pena, ya que era incapaz de realizar bien un trabajo. JongDae le gustaba pensar que atrajo la suerte para que el Dorado despegara como una cafetería visitada y por eso, LuHan no lo tiró a la calle la primera semana.
—¿Es un nuevo cliente?
—Sí.
—JongDae, deja que Onew lo atienda. No quiero empezar a perder clientes porque me acusen de tener camareros de mierda que los acosan sexualmente.
—Me puedes acusar de muchas cosas, pero nunca he acosado a nadie. —le dice ofendido.
—Ahora sí. Deboras al cliente con los ojos.
—Dame el pedido, LuHan.
Ni siquiera sabía cómo LuHan no se le tiraba encima cuando le daba órdenes de forma descarada. Era un alfa y encima lobo. Los cambiaformas lobos creían en las jerarquías y no apreciaban cuando tipos como él se pasaban por los huevos las formalidades y no tenían en cuenta su posición. Y JongDae era un beta y encima leopardo. Los caninos y los felinos tenían como una eterna rivalidad o algo así. A JongDae le importaba un rábano.
Caminó con la bandeja en una mano procurando parecer atractivo mientras intentaba no derramar el café y caer patéticamente. Miró al cliente, buscando que el tipo le devolviera la mirada y fue un milagro que la taza tuviera el líquido dentro cuando llegó a la mesa nueve.
—¿Puedo servirle en otra cosa, cliente? Cualquier cosa. —se moja los labios y el hombre le da una mirada que no sabe cómo descifrar.
—Te puedes ir.
JongDae se siente decepcionado, pero eso sólo aumenta su interés por el hijo de puta que ignora sus intentos de coqueteo. LuHan de nuevo está lanzándole una mirada irritada detrás de la barra al ponerse a su altura.
—Si no le interesas, no insistas. Hablo en serio, JongDae, como yo reciba quejas de ti acosando a los clientes, te echo de una patada a la calle.
—LuHan, rompí tu cafetera, tienes que repasar los baños luego de que yo los friegue y siempre llego tarde y aún no me despides ¿vas a echarme por intentar encontrar a mi alma gemela?—dramatizó JongDae, apoyando la cara en las manos y los codos sobre la barra.
—Tu alma gemela mi trasero. —rumió LuHan. —¿Hace cuanto no follas?
—Uhm, te puedo denunciar por acoso sexual, LuHan, no eres mi tipo. —sonrió, burlándose. LuHan lo golpea con la bayeta.
—Lo digo en serio. Si estás necesitado porque tus pajas a base de mangas hentai no son suficientes, vete a un club, emborráchate y acuéstate con cualquier tipo que te la ponga dura, como hacen las personas normales. El Dorado no es una cafetería para buscar pareja.
—¿Y no has pensado en hacerlo? Atraería más afluencia de público.
LuHan bufó exasperado con su cambio repentino de conversación.
—No me toques los cojones, JongDae y termina de fregar el baño.
—Quiero atender la mesa nueve.
—¿Y mientras esté el tipo aquí tu no vas a trabajar?
—Técnicamente, estoy trabajado. Soy su camarero especial.
JongDae le sonrió como si le estuviera vendiendo una aspiradora que no funciona y LuHan lo vuelve a pegar con la bayeta. Masculla un ’haz lo que te salga de la polla, estúpido’ o algo así y se aleja de él para limpiar la cafetera.
JongDae pasa la siguiente media hora observando al cliente sin nombre comer. El tipo se come la tarta de manzana disfrutándola en cada bocado y él ni siquiera se molesta en disimular la forma en la que lo está mirando, porque francamente, JongDae tiene sus ojos intensos sobre él y le parece caliente y le importa un carajo la amenaza de LuHan.
—¿Necesita algo más, cliente? —JongDae está allí antes de que el tipo tenga que llamar, justo cuando ha terminado de tragarse su último pedazo de tarta y su taza de café está vacía.
—No. —parpadeó el tipo, mirándolo con seriedad. —Tráeme la cuenta, por favor.
—Claro.
JongDae saca de su bolsillo la factura y continúa sonriendo tan deslumbrante que cree que podría haber hecho un anuncio de pasta dental. El cliente lo mira aún más desconfiado al verlo sacar la cuenta tan rápido.
—¿Siempre eres así de rápido cobrando a los clientes? ¿Qué hubiera pasado si pido alguna otra cosa?
—Hubiera roto la factura y te habría traído tu pedido, pero juzgando tu determinación al elegir, dudaba que quisieras algo más. Además, no has vuelto a mirar el menú. —señaló con elocuencia. —Y normalmente, no cobro rápido porque ni siquiera suelo atender las mesas, no desde que mi jefe decidió que era un desastre como empleado.
—¿Y por qué estás atendiendo hoy?
—Te atiendo a ti.
—¿Por qué?
—Eres caliente.
El cliente alzó las cejas y sacó su cartera del bolsillo.
—¿No atiendes las mesas porque acosas a los clientes?
—Olvido los pedidos o los intercambio. No soy buen camarero.
—No negaste lo de acosar a los clientes.
—En realidad, no los acoso.
—¿Y qué estás haciendo ahora mismo?
El hombre saca el billete, dejándolo sobre la factura, JongDae no puede evitar notar cómo el tipo ha evitado que vea su identificación al abrir la cartera.
—Trato de ligar contigo. Como ya te dije, me pareces caliente, por eso estoy atendiendo la mesa nueve en vez de limpiar el baño.
—Tu manera de ligar apesta, JongDae. —menea la cabeza.—Cóbrate y no te voy a dejar propina.
JongDae no responde, toma el dinero y camina más rápido de lo normal en él hasta la caja. LuHan sigue observándolo con inquisición, pero esta vez no dice nada, toma el dinero, cobra y le da el cambio, mientras JongDae garabatea algo detrás de la tarjeta del Dorado.
—¿Qué coño es esto?
—Una tarjeta de publicidad con mi número detrás.
—¿Y por qué crees que quiero yo esto?
—Porque estoy interesado en ti y quiero saber tu nombre.
El cliente se queda mirando la sucesión de números y la cara estúpida de JongDae. El cambio lo guarda en su cartera, de nuevo evitando que él vea su nombre, todo lo hace con calma, sin alterarse, aunque JongDae nota cierta molestia velada detrás de cada acción.
—¿Te chupan mucho la polla con este método?
—Cuando quiero que me la chupen suelo ir a otros lugares.
—¿Entonces eso de dedicarte a mirarme descaradamente solo lo haces cuando quieres dar por culo? —el cliente es sagaz, lo mira con sus ojos brillantes y JongDae se siente atraído por la forma de responderle. Joder, es la clase de hombre que se la pone dura.
—¿Lo dices de forma literal o era metafórico? —la sonrisa le tiembla en la boca, queriendo reírse.
—Adiós, JongDae.
La risa murió, el cliente se levantó y JongDae entró un poco en pánico.
—¿Vas a volver?
—El café es bueno. —ha tardado en responderle, como si le gustara que su voz hubiera sonado tan desesperada y JongDae se cruza de brazos para evitar tocarlo. No pierde detalle de cómo se guarda la tarjeta en el bolsillo trasero de sus pantalones. —No te voy a llamar. —advierte. —Pero quizás sí vuelva. No vale la pena dejar de tomar un café tan bueno solo porque el friega baños es gilipollas.
El cliente le da una sonrisa petulante esta vez y JongDae, aunque ha sido insultado, se encuentra sonriendo como un completo estúpido.
***
El tipo regresa, el cliente que le ha gustado a JongDae. Él no sabe por qué ha estado tan ansioso durante tres días, maldiciéndose mientras ha estado en el Dorado, pero de hecho, no ha dejado de preguntarle a LuHan si el cliente ha venido cuando él no ha estado de turno y su jefe ya está un poco hasta las narices de sus interrogatorios y de gritarle cada cinco minutos que deje de ser tan vago -más de lo normal- y se ponga a trabajar de una buena vez.
—Debería despedirte.
—Sólo me queda este año de carrera.
—¿Y luego buscarás empleo?
JongDae mira a LuHan como si eso fuera una broma.
—No, luego le sugeriré a BaekHyun que piense algo que quiera hacer con su vida y lo ayudaré con mis vastos conocimientos en informática para montar una empresa que sea tan poderosa como Samsung, nos haremos publicidad con la SM anunciando nuestros productos en los vídeos musicales de esos idols del momento y dominaremos el mundo.
—A veces pienso que te drogas.
—Sabes también como yo, que mi cuerpo es resistente a los efectos del alcohol y las drogas, para lograr colocarme tendría que ingerir mucha cantidad y tú mejor que nadie, sabes que con mi sueldo no puedo permitirme comprar tanta mierda que no me mantendrá drogado ni una hora, no a la velocidad que mi cuerpo quema la sustancia. —está apoyado en el mostrador, abrazando la escoba.
—Por eso dije a veces. —bufó LuHan. —También puedo comprender por qué no te llevas bien con tu padre.
Eso ha sido un golpe directo a su orgullo. JongDae gruñe y LuHan lo observa sin alterarse, el tipo tiene la cualidad de decirte las cosas y no sabe si es que no le importa una mierda ofenderlo o simplemente que la confianza da asco. Supone que son ambas.
—No voy a disculparme. Tienes una personalidad de mierda, JongDae. No cualquiera es capaz de soportarte y sinceramente, muchas veces sé que lo haces apropósito para probar cuánto tiempo tardará la gente en darte una patada en el culo.
—¿Por eso no me has despedido?—preguntó con la sonrisa bailando en su rostro.
—Me gustan las causas perdidas. —se encogió de hombros y le da una sonrisa torcida.—Oh, bienvenido.
JongDae se gira tan rápido que su cuello cruje de cinco formas distintas, pero es él. El cliente caliente de JongDae ha vuelto a la misma hora del otro día, las cinco de la tarde, y se sienta en la mesa número nueve. Nadie se acerca, JongDae se ha asegurado de advertirles a todos que ese cliente es suyo y prácticamente deja la escoba olvidada, mientras toma uno de los blocs de notas, que no necesita, y se acerca con cara de imbécil.
—Bienvenido, cliente ¿en qué puedo ayudarle hoy?
—Café solo y un trozo de tarta de frambuesa.
—¿Nada más? ¿Su nombre, quizás?
El tipo sonríe con ironía, de hecho, desde que lo ve, tiene esa mueca en la cara, como si estuviera esperándolo y JongDae, ni siquiera finge que anota algo.
—Más te vale no traerme mal el pedido, JongDae.
Joder, le encanta ese hijo de puta.
—Tienes cara de idiota. —anunció LuHan cuando le pasa el pedido en la barra.
JongDae prefiere ignorarlo y pasa su peso de un pie al otro, esperando que LuHan complete el pedido. Está deseando saber el nombre del hombre, en realidad quiere saberlo todo sobre él y no entiende muy bien por qué siente tanta curiosidad sobre ese leopardo.
Una vez le entrega su bebida y el dulce, JongDae, aprieta la bandeja contra su pecho y se queda mirando al cliente, como si no pudiera dejar de mirarlo.
—¿Quieres algo?
—Tu nombre.
—¿Para qué quieres saberlo?
—Porque no es atractivo llamarte cliente caliente cuando pienso en ti.
El hombre revuelve el café sin perder la sonrisa recta que tiene en su cara, de hecho, está calmado, como si JongDae no le hiciera perder los nervios, y eso no es tan habitual de encontrar, incluso BaekHyun no sabe a veces cómo lidiar con él.
—¿Piensas en mi? Espero que no sea para tocarte pajas.
—Ya te dije que me gustas, quiero salir contigo.
Da unos golpecitos con la cuchara sobre el borde de la taza y lo prueba lentamente. JongDae observa todo el movimiento, como embelesado por el tipo.
—En realidad, me dijiste que soy caliente.
—¿No vas a decirme tu nombre?
—¿Cuántos años tienes JongDae?—corta su pedazo de tarta y JongDae se asombra de la calma que transmite el bastardo, pillándolo por sorpresa.
—Veintiuno.
—Soy tu hyung, trátame con respeto. —se lleva el tenedor a la boca y el sonido que hace al introducir la tarta de frambuesa en la misma, no debe ser legal. A JongDae se le seca hasta el esófago. —Sientes curiosidad por mi porque te ignoro, en el momento en el que te preste algo de atención y ceda ante tus preguntas, olvidarás que existo y regresarás a fregar los baños.
—Me estás juzgando sin conocerme. —se cruza de brazos y esta vez está un poco ofendido.
—Te estoy evaluando según lo que me has mostrado de ti, JongDae. Huelo tu deseo por mi desde que entro por la puerta, pero sé que toda tu atención se basa en que yo no te hago el más puñetero caso.—come otro trozo de tarta.—Solo por tu forma de comportarte aquí, se nota que eres una persona apática que se aburre demasiado rápido de las cosas y sólo se esfuerza de verdad cuando algo lo motiva y yo te produzco curiosidad. —se limpia la boca con la servilleta.
—Si tu teoría es cierta…
—No es una teoría, es un prejuicio de lo que tú transmites a los otros. —lo corrige.
—Entonces dime tu nombre y así te dejaré en paz. Satisface mi curiosidad.
—Que te diga mi nombre no va a cambiar el hecho de que nunca vamos a follar, JongDae.
—Nunca se dice nunca, hyung. —JongDae le da una sonrisa torcida, apoyando las manos en la mesa, inclinándose un poco más cerca de lo estipulado correcto al cliente. —Y en tal caso, no pierdes nada.
El mayor se queda mirándolo, haciendo un rictus con la boca, como si lo estuviera pensando.
—Me gustaría comer mi pastel a solas, JongDae.
—Claro, hyung.
JongDae está demasiado frustrado, pero da media vuelta y regresa a su punto de partida, recogiendo la escoba olvidada, abrazándola y sentándose en un taburete, observando descaradamente a su hyung. LuHan está justo detrás, oportunamente, limpiando y se queda durante algunos minutos en silencio.
—Hace mucho que no mojas el pene o te gusta mucho.
—¿Se supone que tengo que elegir una de las dos opciones?
—Sí.
—¿Querías ser presentador de quién quiere ser millonario o algo así?
—No me cambies de tema, bastardo.
—No puedo inclinar la balanza hacía un solo lado. Es una mezcla de ambas.
—Pues yo creo que como él dice sólo le tienes ganas porque pasa de ti.
JongDae alzó las cejas, mirando a su jefe. LuHan sonreía con esa mueca infantil en su cara de niño y tuvo ganas de romperle la nariz, solo para afear su bello rostro.
—¿Qué quieres decir con eso? Está mal escuchar conversaciones ajenas.
—Quiero decir que cuando cortas con alguien es porque te ha aburrido, por eso nunca tienes una relación estable con nadie, y no me vengas con la mierda de que estás buscando a tu alma gemela, porque sabes que eso es mentira, a ti te chupa un huevo encontrar a tu pareja hoy o mañana o dentro de diez años. —lo está acusando con un dedo mojado y JongDae frunce los labios. —Y no tengo la culpa de tener un oído superdesarrollado.
—Los lobos siempre se creen que ellos son los únicos que desean encontrar a su pareja destinada. —bufó JongDae, irritado.
—Esto no se basa en que tú seas un leopardo, JongDae. Simplemente, a ti te da igual encontrar o no a tu pareja, no es una prioridad para ti y ¿sabes? admiro eso de ti.—se sorprende momentáneamente por esa afirmación, pero sigue sin estar feliz.—A mi me criaron para encontrar a mi pareja, me dijeron que sin una compañera estaría perdido y terminaría loco.
—¿Loco? —casi suena a burla cínica, pero no puede evitar el sarcasmo.
—No es una broma, para mi especie al menos no lo es. A medida que los lobos se hacen más y más viejos, sus lobos se vuelven irascibles al control humano y adquieren la misma fuerza que gana el hombre. Necesitan una pareja para completarse, los tranquilice y les devuelva la paz. —LuHan sacudió la cabeza. —Creo que el proceso se vuelve contra nosotros antes de tiempo porque desde pequeños somos condicionados a creer que necesitamos una pareja y eso nos puede obsesionar con encontrarla. Luchamos contra el tiempo y nos frustramos cuando pasan los años y seguimos solos.
—¿Estás enloqueciendo, LuHan?
JongDae mira a su amigo, porque al fin de cuentas, eso es lo que es, aunque sea un jefe mandón y un bastardo en la mitad de los casos, LuHan es un buen amigo. Por un momento, cree que le quiere decir algo, pero al siguiente, vuelve a ser el de siempre y le da una sonrisa burlona.
—Atiende a tu cliente caliente y procura no tener una erección en medio de mi cafetería, JongDae.
Sonrió como un gato cuando se acercó de nuevo a su cliente. El hombre acaba de terminar y estaba aún limpiándose la boca.
—¿Todo está de su gusto?
—¿Los pasteles los hacen aquí?
—Sí, tenemos un pastelero.
Se forma un silencio donde él vuelve a sacar su cartera y JongDae intenta ver su nombre, sin éxito.
—¿Qué es lo que te gusta de mi, JongDae?
La pregunta lo pilla desprevenido y se revela en su expresión.
—A decir verdad, no lo sé. Desde que entraste quise acercarme, fue algo que no planeé, sólo quería conocerte y dado que aún no sé ni tu nombre, no puedo destacar algo que me guste de ti, aparte de que me parezcas caliente, porque no te conozco. —ha procurado ser sincero esta vez.
Él asiente.
—¿Lo mismo que la otra vez?
—Sí, voy a buscarte la cuenta.
—No te molestes. —pone los wons sobre la mesa y se levanta. —Muy bueno el café. —le dice a LuHan alzando un poco la voz, aunque no fuera realmente necesario.
JongDae se queda ahí, aspirando el aroma del hombre cuando pasa por su lado, no obstante, vuelve a sorprenderlo, al detenerse a unos centímetros de él.
—Kim MinSeok.
La sonrisa estúpida duró el resto del día en la cara de JongDae.
***
MinSeok volvió al Dorado después de aquella vez todos los días, religiosamente, a las cinco de la tarde, después de terminar su trabajo. JongDae continuó acosándolo a su manera, de hecho empezó a sentarse al otro extremo de la mesa, jugaba con el servilletero y comenzaba a preguntar cosas sobre la vida de MinSeok.
Al principio, contestaba lo que deseaba responder o lo ignoraba, a su parecer era más divertido ver la cara del tipo cuando él gemía al comer su trozo de pastel que cotorrear sobre detalles de su vida, no obstante, JongDae era persistente y testarudo. Tanto que logró averiguar que era profesor de los alumnos de primero de primaria, se burló de que parecía muy joven para darle clases a unos niños de seis años y sufrió el primer pellizco de su parte.
También le preguntó cosas tontas que se solían preguntar en momentos absurdos de la vida, donde se suponía que tenías que saber esas cosas básicas de cada persona, como su color favorito, su comida preferida o la cosa que más odiaba.
MinSeok aún no entendía exactamente por qué no mandó a JongDae a la mierda cómo tuvo ganas de hacer el primer día que lo conoció. Pero supone que, como la segunda vez que acudió al Dorado, había sucumbido a la curiosidad. Era cierto que JongDae le pareció un idiota, y aun así, aunque se resistió unos días de volver a la cafetería de excelente café y pasteles, MinSeok decidió que no podía huir sólo porque el friegasuelos estaba encaprichado con él. Y qué decir, JongDae era atractivo y si no fuera a veces tan jodidamente petulante, hasta quizás le hubiera dicho su nombre antes.
—¿Tienes pareja, hyung?
Lo miró a través de la mesa, JongDae parecía fingir desinterés. MinSeok enseñó la palma izquierda como si esa fuera su mejor respuesta, con una sonrisa sarcástica en los labios.
—Sabes que no me refería a eso.
Claro, estaba claro que no tenía la marca de emparejamiento y que no había encontrado a su pareja destinada, lo que no significaba que no tuviera una pareja elegida por sí mismo. Aunque los cambiaformas no solían caer en el amor, porque sabían que sería pasajero hasta que encontraran a su pareja, la persona que sería hecha para él y que luego solo habría daño y dolor innecesario. Sobre todo los leopardos no eran muy amantes de estar atados a una pareja, no eran como los lobos y sus manías de sentirse en manada y pertenencia. Los felinos caminaban solos e incluso, algunos, después de emparejarse, seguían separándose y reuniéndose algunas veces al año.
—No, JongDae, no tengo pareja.
—¿Y te gustan los penes?
JongDae hacía bailar el servilletero como si no le acabara de preguntar su orientación sexual y MinSeok no sabía si reírse por la cara del tipo o pegarle. No hizo nada, se mantuvo serio, observándolo de la misma forma intensa que tenía JongDae de mirarlo. Él sabía por qué él dudaba. A decir verdad, MinSeok era bueno ocultando sus emociones y no permitiendo que por el olor, supieran en qué estado anímico se encontraba, así que JongDae no podía estar seguro de que a MinSeok también le excitaba.
—¿Cuál era la verdadera pregunta?
—¿Yo te gusto, hyung?
MinSeok se termina su delicioso café y finge que no ha escuchado ninguna pregunta. Hace su ritual de sacar la cartera, dejar la cantidad exacta de lo que cuesta su pedido y luego, mira a JongDae. El tipo sigue mirándolo con cierta aprensión y le parece jodidamente tierno y estúpido.
—¿A cuántos clientes has acosado?
—Tú eres el primero.
Alzó una ceja, sonriendo de forma torcida, casi, casi, satisfecho porque sabe que JongDae no está mintiéndole.
—¿Qué te ha pasado si has sido demasiado obstinado con alguien y el otro no está interesado?
—Las mujeres me han abofeteado y los tíos me han dejado el ojo de color verde.
—No te veo con un ojo verde. —JongDae ladea la cabeza y MinSeok se levanta. —Lo que quiero decir, es que si me parecieras un tocapelotas integral, ni siquiera me hubiera molestado en volver.
—Te gusto.—una sonrisa empieza aparecer.
—O quizás el café de LuHan es demasiado bueno como para desperdiciarlo porque el fregasuelos es idiota. —le guiñó el ojo y JongDae hace una mueca infantil.
***
—¿No te desquicia ser profesor de niños pequeños?
JongDae le hace esa pregunta de forma repentina, está mirando por la ventana de forma distraída.
—Me gusta mi trabajo. ¿A ti no te aburre pasarte el día delante de un ordenador o leer esos mangas raros?
En los últimos tiempos se ha enterado también de la vida de JongDae, sabe que el tipo estudia informática, le encantan los videojuegos, pero sobre todo, lee mangas subidos de tono y no se molesta en ocultarlo. De hecho, ahora tiene uno frente a él y a MinSeok casi le parece obscena la forma ridícula que tienen algunos dibujantes de crear a chicas adolescentes con pechos tan grandes.
—Me puedo pasar horas así. Los mangas son educativos.
—¿Educativos? —preguntó de forma escéptica. —¿Y qué mierda te puede enseñar un manga donde lo más interesante que ocurre es que las chicas enseñan sus bragas o los pechos?
—¿Celoso, hyung?
—¿Celoso de qué? Me ofende que digas que esa mierda puede enseñar algo cuando yo soy profesor. —bufó.
—Enseña culos y pechos. —se ríe JongDae, burlándose.
MinSeok aprieta los labios.
—Idiota.
***
JongDae hoy está distraído. Es la primera vez desde que lo conoce, que está ausente mientras está sentado con él, y ya hace seis semanas que todos los días acude al Dorado y charla media hora con JongDae.
—¿Qué te pasa?
—Nada.
MinSeok le da una patada en la canilla, haciéndolo chistar de dolor.
—Si no quieres contarme qué te pasa, está bien, pero no me mientas y me digas ese ‘nada’ estúpido. —le dijo enojándose.
JongDae aprieta los labios y desvió la mirada hacía la calle. MinSeok continúa comiendo y se quedan en un silencio, que no es ni cómodo ni incómodo, simplemente, es un silencio. JongDae quiere hablar, pero no sabe cómo y MinSeok está frustrado porque en el fondo, le ha tomado cariño a JongDae.
—A mi padre no le gustó nunca que estudiara informática, tampoco valoró nunca que yo no siguiera sus normas. El mero hecho de que mi mejor amigo o mi jefe sean lobos le pone de mal humor y me hace a mi ver como una vergüenza. —nota la molestia de JongDae, pero sobre todo una nota de dolor y MinSeok se da cuenta de repente, que el chico no es todo petulancia, sonrisas y bromas sobre sexo. —Estoy terminando mi carrera este año y mi padre quiere meterme a trabajar en su empresa. He discutido con él.
—¿Por eso trabajas para LuHan?
—¿Sinceramente? —ve un abismo de sonrisa, no es tan alegre como siempre, tan confiada, pero es un inicio. —Trabajo para LuHan porque el tipo me cae bien. —JongDae mira por el rabillo del ojo de forma juguetona hacia la barra, donde LuHan está enfrascado con otro empleado. —Mi padre me paga los estudios, no le gusta mi decisión, pero prefiere que esté estudiando a que esté tirado en casa leyendo mangas, como sabe que soy capaz de hacer.
—Yo también te imagino así. —bufó MinSeok. —¿Eso es lo que haces los fines de semana?
—¿Quieres saber qué hago los fines de semana?
Y ahí vuelve a ser el petulante idiota de siempre y MinSeok hace como siempre el trabajo de resoplar y mandarlo de forma indirecta a la mierda, no obstante, prefiere a ese JongDae.
***
—¿Por qué te sentaste en la mesa nueve?
MinSeok alzó las cejas.
—¿A qué viene esa pregunta?
—Curiosidad.
JongDae está vestido de forma ridícula hoy. Llevan un gorro rosa en la cabeza, unos guantes color fucsia que sabe son los más baratos del supermercado y el delantal no es el del uniforme del Dorado, sino uno color aguamarina feo. LuHan lo ha hecho limpiar el sótano de la cafetería para habilitarlo como almacén y JongDae estuvo un rato quejándose sobre cómo lo explotaban.
—Mi número favorito es el noventa y nueve.
—Lo sabía, eres un viejo pervertido con cara de niño. —dramatizó JongDae, llevándose una mano al pecho. —No me violes.
—Mira que eres idiota. —el tipo sigue fingiendo llorar. —El único pervertido aquí eres tú. Te recuerdo que me acosabas.
—¿Ya no consideras que te acoso?
Se miran entre sí y MinSeok tiene que hacer un esfuerzo para no besarle, porque a decir verdad, lleva un par de días pensando en cómo es besar a JongDae y no le ayuda que él sonría de esa forma.
—Sigues siendo demasiado intenso para tu propio bien, JongDae.
***
MinSeok ha llegado al punto donde sabe diferenciar los diferentes estados de ánimo de JongDae, aunque éste trata de dibujar una sonrisa en su rostro y fingir que nada le importa. Por eso sabe que quiere preguntarle algo, antes de que el chico ponga claros sus pensamientos.
—¿Qué quieres?
JongDae casi lo mira con sorpresa, pero parpadeó y se recompuso con rapidez.
—Tengo entradas para un concierto del conservatorio. —MinSeok pregunta mudamente ’¿y que?’ mientras come pastel. —Mi padre me las dio y tengo que ir. Mi madre me dio una segunda entrada para que invitara a alguien y BaekHyun es un mal amigo y me ha plantado por su cita de pene pequeño. —en este punto, refunfuñó molesto. —¿Me acompañas?
—¿Y cómo sabes que tiene el pene pequeño?
—BaekHyun está decepcionado desde que tuvo sexo con él. Creo que ahora sólo aceptó la cita porque le sigue pareciendo mono, pero a BaekHyun le gusta que se lo hagan duro y los tipos intimidantes. Me dirá lo que quiera, pero a él le ponen los alfas fuertes, grandes y bordes. —le explicó con tranquilidad. —¿Celoso de que haya mirado otro pene que no sea el tuyo, hyung?
—Tú nunca has visto mi pene, JongDae.
—Porque no quieres, hyung. —se mojó los labios en este punto y MInSeok quiere ahorcarlo con sus manos. —¿Me acompañas, entonces? ¿Te recojo a las siete? El concierto empieza a las ocho y podemos comer unos perritos calientes antes de entrar.
—Estás suponiendo que voy a decir que sí.
—Venga, hyung. Fuiste mi primera opción desde el inicio.
—¿Y BaekHyun?
No quiere sonar tan asquerosamente rencoroso, pero se reconoce que quería ser la primera opción de JongDae.
—Era mi excusa para que me acompañaras. Darte pena diciendo que no tenía a nadie más a quien invitar y así te sintieras en la obligación de acompañarme a un evento al que no deseo ir y que me avises cuando termina para que nadie me vea leyendo manga en el móvil.
MinSeok no quiere sonreír, pero lo hace, demasiado acostumbrado a esas salidas por la tangente de JongDae y sus mierdas.
—¿No tienes a quien más invitar?
—Mi círculo social es escaso y de todas formas, no quiero invitar a otra persona. Quiero ir contigo, hyung. —es sincero cuando debe serlo y MinSeok de nuevo, quiere besarle.
—¿Y se supone que vas a pasarte todo el concierto leyendo manga?
—No, pensé en intentar meterte mano y que nos diéramos nuestro primer beso en esta primera cita.
—¿Cita, eh?
—Sí.
JongDae sonríe y MinSeok rodó los ojos.
***
MinSeok no quiere parecer accesible, pero de todas formas acepta ir al concierto con JongDae. El menor lo pasa a buscar a las siete como le dijo, descubre por el camino que odia su manera de conducir y que su coche amarillo es feísimo, también admite que le pone un poco caliente la estúpida forma de JongDae de comerse su perrito caliente. Aunque cambia de idea cuando después de los primeros minutos, JongDae devora el perrito y se compra otro porque si no va a darle hambre.
Igualmente, reconoce que se ve bien embutido en un traje, pese a que está incómodo y no lleva corbata porque se negó rotundamente, según le contó. Y dentro del anfiteatro, el tipo comienza a quejarse rápidamente de los asientos y de la luz y de cualquier cosa que se le pasa por la mente, pero están charlando, bromeando y MinSeok se divierte.
Cuando el concierto empieza, están rodeados de personas, aunque no hay una gran cantidad de público como para llenar el anfiteatro y en los asientos de su fila solo hay un matrimonio en el final de la misma. No sabe si eso es lo que anima a JongDae a poner una mano en el muslo de MinSeok, pero el tipo lo hace con demasiada naturalidad mientras lee manga en su móvil.
—No sé si quiero cortarte la mano o hacerte tragar el teléfono.
—Quizá lo que deseas es que me trague tu pene, hyung.
—Definitivamente, te haré tragar el móvil. —apartó la mano de JongDae y en el fondo, no está molesto.
—La música clásica me aburre, hyung.—el chico susurró con voz infantil, apoyando su cabeza en el hombro de MinSeok. —Hagamos algo interesante.
—¿Qué cosa interesante vas hacer?
—Juguemos al strip ahorcado.
—No existe ese juego.
—Pero existe el ahorcado y existen los striptis.
—¿Y qué pretendes? ¿Desnudarnos aquí mientras decimos letras?
—No olvides el duro trabajo de realizar un dibujito de un muñeco que se ahorcará a medida que nosotros fallemos.
MinSeok rueda los ojos.
—¿Me has traído a un concierto para desnudarme, JongDae? ¿De verdad?
—Mi plan original era meterte mano y escandalizar un poco a las señoras despistadas dándote un par de besos con lengua, pero ahora que lo pienso el strip ahorcado es más interesante. —su sonrisa es tan brillante y autosuficiente que MinSeok quiere reírse, pero conjura una cara seria.
—Procura mantener tus manos lejos de mi cuerpo, JongDae. No pienso desnudarme en un anfiteatro y como sigas leyendo esa mierda, juro que no te dejaré besarme esta noche.
—¿Vas a dejarme hacerlo?
—Iba. Pasado. El manga sigue visible y estoy hasta las pelotas de ver las tetas artificiales de esa tipa.—si suena algo cabreado en ese momento y de hecho, sí que es verdad que está harto de los mangas obscenos de JongDae.
El menor obedece con rapidez y sólo tiene que observar el fondo de pantalla, que oh, sorpresa, también es una chica de manga o de anime con tremendo escote.
—Estás perturbado con esa mierda.
—Te pondría a ti de fondo de pantalla, pero me dirías que soy un acosador.
—Eres un acosador ¿y acaso tienes alguna foto mía?
JongDae le da una sonrisa.
—Puede.
—Te haré tragar el móvil.
—Hazme tragar tu lengua, hyung.
***
Después de concierto de dos horas, MinSeok sale riéndose y con varias miradas sobre ambos. JongDae lo entretuvo prácticamente una hora entera leyéndole el horóscopo, haciéndole test estúpidos de internet y jugando juegos tontos. La otra hora la perdió jugando con los dedos de MinSeok, trazando líneas imaginarias y en definitiva, poniéndolo caliente sin en verdad estar haciendo nada.
Cuando salen fuera del anfiteatro, JongDae se saca la camisa de dentro del pantalón, los dos primeros botones están desabrochados y se desarregla su siempre desordenado cabello mojándolo con agua. MinSeok lo encuentra más atractivo aún y no han alcanzado el dichoso coche amarillo de JongDae, antes de que lo detenga y lo bese.
No es un beso profundo. MinSeok aplasta sus labios contra los suyos por un impulso salido desde el animal que lleva dentro y cuando JongDae está reaccionando, acercándolo por las caderas, se separa.
—Hyung.
—JongDae, tengo un maldito nombre, uno por el que me tocaste las pelotas dos días, aprende a usarlo.
JongDae le da una sonrisa, mojándose los labios y MinSeok sigue caminando en busca del auto amarillo.
Vuelven a besarse a lo largo de la noche muchas veces. Besos cortos, de conocimiento y exploradores. MinSeok casi se siente como un adolescente curioso por saber qué significa ser besado y JongDae lo hace ver todo tan natural, que le sorprende que lleven tan poco tiempo haciendo justo eso.
No obstante, no se dan un señor beso hasta que JongDae detiene el coche delante del bloque de apartamentos de MinSeok y él se niega a dejarlo subir a casa.
—No te acuestas con tipos en la primera cita.
—Cierra la boca y haz algo más productivo con tu lengua, JongDae.
MinSeok tiró de él, atrayéndolo por la nuca y lo besa. Esta vez es todo explosiones, fuego y pasión, se besan con urgencia, chupando el labio inferior del otro, absorbiendo todos y cada uno de los sabores y MinSeok cree que se hace adicto a besar a JongDae, porque lo vuelve un poco loco la forma casi estúpidamente bien que tiene JongDae de besar.
Al separarse jadean al unísono y su leopardo ronronea por más del tipo, sin embargo, MinSeok, pone una mano en la manilla de la puerta.
—No vuelvas a invitarme a ir a un concierto contigo.
—Te lo has pasado bien. —afirma.
Él rueda los ojos, pero le termina sonriendo, es inevitable no terminar contagiándose por su sonrisa.
—Nos vemos en el Dorado, JongDae.
—Quiero salir en una segunda cita contigo, MinSeok.
Y él tiene que hacer un esfuerzo en ese momento por salir del coche y no volver a besarle.
***
Al día siguiente de la cita, cuando MinSeok entra en el Dorado, JogDae no está. Eso lo hace fruncir tanto el ceño que cree que sus cejas se unirán en una línea arrugada. Tampoco trata de forma muy amable al camarero y está terriblemente frustrado porque no sabe si debería preguntarle o no a LuHan por qué su friegasuelos no está allí, en la barra, esperando por él como siempre.
Ese día no pide pastel y le traen un café solo. Se toma su bebida tan jodidamente despacio que termina siendo café frío y MinSeok se enoja un poquito más con el planeta porque JongDae sigue sin aparecer por ninguna de las puertas de la cafetería con sus andares petulantes y su sonrisa felina.
MinSeok se levanta esta vez para pagar en la barra.
—¿Saliste con JongDae el sábado, no?—le lanza una mirada filosa a LuHan. Le cae bien el tipo y hace un malditamente bueno café, pero no aprecia que se meta en su vida. —De acuerdo. —ríe un poco, dejando la cuenta delante de él. —Me preguntaba si querías saber por qué JongDae no está hoy trabajando.
Saca su cartera y pierde el tiempo buscando las monedas. Mira a LuHan, el cual aún está sonriendo.
—¿Y bien?
—¿Y bien qué? ¿Quieres saber?
—No me jodas, LuHan.
—Creo que entiendo porqué le gustas tanto a JongDae.—murmuró más para sí que para él, aunque lo escuchó de todas formas y a MinSeok le late el corazón un poquito más fuerte de lo que le gustaría reconocer. —Tiene que entregar un trabajo mañana a primera hora y el muy idiota lo olvidó. Lo más absurdo es que cuando me llamó ni siquiera me pidió permiso para ausentarse del trabajo, sólo estuvo preocupado por ti. Quería que te dijera el motivo por el que iba a faltar al trabajo, creo que estaba preocupado que te enojaras con él y pensaras que después de la cita ya no estaba interesado en ti. Algo absurdo, en mi opinión, nunca vi al bastardo ese tan interesado en nadie. —rodó los ojos y MinSeok terminó de sacar las monedas, más tranquilo, con una carga menos en su pecho.
—Gracias por el café, LuHan.
—¿Solo por el café? —MinSeok sonríe y se da la vuelta. —MinSeok, dale tu estúpido teléfono al idiota de JongDae. No me gusta hacer de mensajero.
—No te pregunté si te gusta, LuHan. —le dio una mirada sobre el hombro y lobo gruñó.—Hasta mañana.
***
‘Idiota ¿cómo es que se te olvida hacer un trabajo importante? ¿Siempre dejas todo para última hora?’
Fue el mensaje que le mandó esa noche a JongDae. Él no tenía su número, pero MinSeok si tenía el suyo, no sólo conservado en la trasera de la tarjeta de publicidad del Dorado, metida cuidadosamente dentro de su cartera, sino registrado como un nuevo contacto en su móvil desde hacía tres semanas.
Recibió una respuesta inmediata.
‘¿MinSeok hyung?’
‘A Luhan no le gusta hacer de mensajero.’
‘Sabía que conservaste mi número.’
‘¿Cómo llevas el trabajo?’
‘Mal, hyung, muy mal. No podré dormir esta noche.’ Le puso además una carita triste y MinSeok rodó los ojos.
‘Te pasa por perder el tiempo leyendo esos mangas tuyos en vez de centrarte en tus clases. Imbécil.’
‘Que poco amoroso eres, hyung. ¿Me echaste de menos hoy?’
‘Cursi.’
‘Tenemos que ir a otra cita, hyung.’
‘¿No tienes un trabajo que terminar?’
‘¿Sabes que ahora que tengo tu número te voy mandar muchos mensajes cuando sienta que no tengo nada mejor qué hacer con mi vida?’
‘Sabía que me exponía a tu acaso cuando te mandé el primer mensaje. Por eso esperé hasta este momento.’
‘Sigues llamándome acosador.’ Otra carita triste.
‘Los emoticones tristes no me conmueven, JongDae.’
No recibió una respuesta rápida en este punto y MinSeok casi creyó que el chico iba a dejarlo en visto y eso no se lo perdonaría con facilidad. Estaba mirando con desdén el chat cuando la maldita cosa le anunció que JongDae estaba escribiendo y recibió una foto. JongDae tenía el pelo revuelto como de costumbre, tenía un poco de ojeras y fruncía los labios. Pese a todo, parecía un niño travieso.
‘¿Te doy pena ahora?’
MinSeok tuvo que reírse.
***
JongDae, como le advirtió, le llenaba el móvil de notificaciones. MinSeok a veces bufaba cuando el dichoso aparatejo sonaba con otro nuevo mensaje y casi era raro que no fuera JongDae contándole alguna cosa absurda. Por supuesto, mientras estaba en clase no podía responderlos, pero aunque JongDae debería estar prestando atención a sus profesores, seguía mandándole mensajes.
MinSeok se acostumbró a mandarle un mensaje todas las mañanas, para que despertara y no llegara tarde, le respondía a la barbaridad de cosas que podía mandarle JongDae en un corto plazo de dos horas, en el receso de las once y volvía a responder a las dos. El chat con JongDae era inmenso, lleno de emoticonos, audios y fotos. MinSeok a veces le mandaba audios para regañarlo y le divertía las caras extrañas que JongDae se tomaba en las fotografías.
Habían salido otras veces más después de la cita al anfiteatro, aunque ninguno de los dos se atrevió a llamarlo cita. Eran salidas normales, invitaciones para acompañarse mutuamente hacer recados. Un día fue para comprarle un regalo a la madre de JongDae, otro para comprar el CD nuevo del grupo favorito de MinSeok -TVXQ. JongDae casi puso mala cara por su cara de fanático incontrolable que puso.- Salieron a comer hamburguesas, comida italiana y fueron a un bar de música urbana, Machine, y vieron algunos artistas de la calle tocar sus canciones, unos más buenos que otros. Quedaron con BaekHyun varias veces y sus múltiples citas mientras JongDae juzgaba al chico por ser tan desesperado y MinSeok lo regañaba a él por burlarse de su amigo.
Hicieron tantas cosas, tantos recuerdos en apenas tres meses de risas y miradas intensas.
Y durante todo ese proceso hubieron besos, muchos besos, de todo tipo, sabor y color. Se tomaron de las manos como dos adolescentes y como un matrimonio de años y MinSeok a veces se sorprendía de lo cerca que estaba de JongDae. Y le asustaba un poco. Porque entre ambos había algo y MinSeok casi, casi, estaba acojonado con la idea de que tuvieran sexo y la magia se fuera.
Al fin y al cabo, eran cambiaformas, dos betas leopardo que estaban sujetos al destino y no quería que JongDae empezara a significar más para él de lo que podía permitirse, porque si resultaban no ser pareja, terminarían rompiéndose, uno de los dos encontraría a su pareja y uno de los dos sufriría de desamor.
Quizá por eso, MinSeok había detenido a JongDae cuando lo llevó a su casa y lo tenía acorralado en su horrible sillón color mostaza.
—¿Por qué?—y por una vez JongDae parecía serio, frustrado, enojado. —No eres un juego para mí, no voy a perder el interés ¿o sigues creyendo eso de mí?
Sonó dolido y MinSeok hace un esfuerzo por no acariciarle la mejilla.
—¿Qué pasa si no somos pareja?
—¿Ese es el problema?
—Es un gran problema.
—Si no somos pareja el destino está mal.
—El destino nunca está mal, JongDae. Si no eres mi pareja y seguimos con esto, terminaremos haciéndonos daño. Los cambiaformas que creen que el amor es suficiente, están equivocados.
—Pero si no lo intentamos tampoco sabremos si somos pareja o no. —realmente JongDae se ha enojado, sus músculos se crispan al igual que su voz. MinSeok frunció los labios y sabe que tiene razón.—Tú no crees que seamos pareja.
—¿Cuántas probabilidades hay que dos betas sean pareja?
—No me vengas con la mierda de la probabilidad, MinSeok. Si fuéramos alfas hasta te lo podría aceptar, porque conozco las cifras, pero entre betas no es tan inusual que se formen parejas. Y de todos modos ¡qué le follen a las probabilidades! —apretó los puños. —Me importa lo que tú creas y tú piensas que no somos pareja.
—No es eso.
—¿Entonces qué es, MinSeok?
MinSeok descubre ese día que JongDae no es todo sonrisas, que no todo es una broma para él y que aunque desde el principio haya sido un idiota encantador, no se ha tomado nada entre ellos como algo pasajero. MinSeok la ha cagado al desconfiar de él.
—Entiendo. No crees que alguien como yo pueda encajar contigo.—se levantó.
—No saques las cosas de quicio, JongDae. No quería estropear lo que tenemos.
—¿Tú no puedes sentirlo?—murmuró el chico y se veía tan dolido por primera vez desde que lo conocía que MinSeok se ahogó.
—¿Qué?—graznó inseguro.
—Nada. Será mejor que te vayas, hyung. Mañana tienes clases.
MinSeok quiso hacer muchas cosas en ese momento, pegarle, besarle, gritarle cuán estúpido era, pero no lo hizo, porque quizá esta vez, JongDae no era el idiota.
***
JongDae llevaba unos días de mierda en los que cualquier cosa que hiciera le salía de culo. Se golpeó el dedo gordo del pie contra la cama, tiene un hematoma en la pantorrilla porque un mueble se le puso en medio y llegó tarde a su última clase antes del examen con la profesora más hijaputa de este curso, la señora Jang, la cual lo odiaba a muerte desde que leía mangas en sus clases y se pasaba sus explicaciones por el forro de los huevos.
Él sabía que su mal humor estaba ligado al hecho de que llevaba tres putos y asquerosos días donde no le había mandado ni un solo mensaje a MinSeok y tampoco respondió los que, para su sorpresa, él le envió, y de hecho, tampoco lo había visto. Fue conveniente pedirle unos días de descanso a LuHan por el tema de los exámenes finales.
Siendo sincero, JongDae estaba evitándolo, porque él nunca se puso a estudiar antes de los exámenes una semana antes y se pasaba las tardes mirando el techo de su cuarto y enojándose porque la mancha en el techo no era MinSeok. Pero le frustró su discusión con él. Le jodió que MinSeok no quisiera echar por la borda lo que tenían y probar si eran compañeros o no, porque eso significaba que el mayor no creía que lo fueran y JongDae sentía que era el único que sí creía en ellos.
—¿Puedes quitar esa cara de perro con pulgas?
—No me compares con un chucho, BaekHyun.
—¿Gato con una bola de pelos?
Se miraron y JongDae gruñó un poco.
—Estás realmente jodido por MinSeok. —murmuró BaekHyun y él rodó los ojos ante lo evidente. —¿Tanto querías que él te la chupara?
—¿Por qué todos piensan que esto tiene que ver con el sexo? Sí, quiero follarme a MinSeok y que él me folle y hacerlo todo duro….
—Demasiada información—chilló su amigo a la vez, tapándose los oídos.
—¿Por qué ninguno puede creer que estoy cabreado porque soy el único con sentimientos? —BaekHyun se detiene y lo mira. JongDae se gira en su silla de ruedas y mira la pantalla de su teléfono. La chica tetona de manga fue sustituida por una foto de hacía tres semanas, cuando acompañó a MinSeok a comprarse su maldito CD de TVXQ. Ambos salían en la foto divertidos, JongDae hacía una cara graciosa, mientras MinSeok sujetaba su CD, señalándolo. —No es por el sexo. Es la razón por la que no quiere tenerlo. —susurró sin apartar los ojos de la fotografía.
BaekHyun no supo qué decirle y sólo se acercó a su amigo y le puso una mano en el hombro.
—A lo mejor, solo tiene miedo, JognDae. —le dice suavemente. —Yo estaría cagado si me gustara una persona más de lo normal y tuviera que comprobar si es o no mi pareja. —JongDae lo miró. —Admítelo, las probabilidades son un cincuenta a tu favor y otro cincuenta en tu contra.
—Pero yo siento que él es especial. Siempre ha sido así para mi.
—Eso no se lo dijiste a MinSeok, ¿verdad?
—Su primera impresión de mi fue que yo solo quería su nombre porque él no me lo daba.
—¿Y no era así?—BaekHyun se cruza de brazos, haciendo una mueca.
—En parte. Pero él siempre me ha gustado más de lo que otras personas lo hacían. —asintió lentamente mientras respondía, sin avergonzarse.
—Evitándolo no vas a resolver esto, JongDae, además, ¿desde cuándo escondes la cabeza cuando algo no sale como tú quieres? Eres la persona más tocapelotas que conozco, JongDae.
—Recuérdame que no vuelva a pedirte que me animes. No has aprendido nada de mí. —chasqueó su lengua, pero un poco de su mal humor se ha esfumado y se permite sonreír.
***
JongDae estaba de acuerdo en algo con BaekHyun, él no escondía la cabeza como un avestruz cuando algo salía mal. Y estaba claro que evitar a MinSeok no le estaba sentado bien, no de la forma que él esperaba y además, su amigo tenía razón, tenía que decirle a MinSeok lo que significaba para él.
Por eso se plantó a las once de la mañana en pleno recreo en el patio del colegio donde trabajaba MinSeok. Los niños lo miraron un tanto extrañados y JongDae evitaba que los profesores lo vieran, para que no lo echaran a la calle. Miró a los críos, buscando los que podrían tener seis años y serían los alumnos de MinSeok.
—¿Son de primero?
—¿Quién es usted, señor?
—¡Un secuestrador!
—¡Un ladrón!
—No, niños. —bufó JongDae. —Escuchen. Soy amigo del profesor MinSeok.
—¿Profe Min?—preguntó una niña con dos coletas que se veía francamente adorable vestida de rosa.
—¿Sabes dónde está?
Los niños le indicaron entre chilliditos agudos en dónde quedaba su clase de primero. Ellos dijeron que los miércoles no le tocaba hacer guardia en el recreo y que normalmente, se quedaba en clase y les hacía algún tipo de dibujo en la pizarra antes de entrar a su clase de plástica.
—Profe Min. —lo llamó entrando en la clase.
MinSeok pareció sorprenderse al verlo allí. Como los niños le dijeron, estaba delante de la pizarra, las manos sucias con tizas de colores y un bonito paisaje dibujado.
—¿Qué haces aquí? Si te ven pensarán que eres un pervertido secuestrador.
—Sí, eso dijeron los niños. —rumió JongDae, entrando completamente en el salón y sentándose sobre la mesa del profesor. —Respondiendo a tu pregunta, vine a verte a ti.
—¿Por qué? Llevas casi cuatro días ignorándome.—MinSeok se aparta y comienza a limpiarse las manos con un trapo.
JongDae no lo culpa por el rencor que escucha en su voz.
—Lo siento. —se mordió ligeramente el labio antes de continuar hablando. —No es justo que me enfade contigo porque no me has respondido lo que yo quería oír, cuando nunca te he dicho sinceramente qué significas para mí.
MinSeok se cruza de brazos, observándolo.
—¿Y qué significo para ti?
—Todo. —JongDae sonrió y casi soltó una risa sarcástica.—¿Muy cliché, no? Pero es así. No voy a negarte lo obvio, me interesé por ti porque parecías inaccesible, me mandabas a la mierda y no accedías ante mis peticiones. Ni siquiera te reías y cuanto más me rechazabas, más quería saber de ti, hasta que llegó el punto donde no me cansaba de saber quién era Kim MinSeok. —Le miró tan intensamente, quería decirle tantas cosas con esa mera mirada. JongDae se frotó la nuca. —Para mi eres especial, diferente, nunca me he sentido así con otra persona y no sé si es amor o es porque eres mi pareja predestinada, pero quiero intentarlo, MinSeok. —hizo una pausa. MinSeok no reaccionaba de alguna forma y continuó.—BaekHyun siempre ha dicho que dejo que el azar tome las decisiones por mí y a decir verdad, no puedo resistirme a saber qué vendrá después. ¿Por qué conformarme con algo pequeño cuando puedo tener lo grande? ¿Por qué no arriesgarme?—negó con la cabeza sonriendo testarudamente. —No puedo obligarte, pero yo sí creo en nosotros, yo sí creo que eres mi pareja y que encajamos de alguna extraña manera.
Un silencio flotó hasta ellos, no era incómodo ni cómodo, solo era una nota. JongDae miró por la ventana un momento, dejando que MinSeok asimilara sus palabras. Había pensado tanto qué decirle y al final, había improvisado, porque a JongDae no se le daba bien seguir un guión.
—JongDae. —giró su cabeza, encontrándose con MinSeok a unos centímetros de él. Se bajó de la mesa y se quedó apoyando en ésta. —Eres un completo gilipollas.
—¿Y eso qué quiere decir?
—¿Quieres que te haga buscar en un diccionario la palabra gilipollas? —le soltó enojado, aún cruzado de brazos.
—¿Me perdonas?
—¿Te crees que con un par de palabras bonitas voy a olvidar que me has evitado? Incluso dejaste de ir a trabajar y eso es tan patético, tú ni siquiera estudias para tus exámenes.
—Me pones tan caliente cuando te enojas, MinSeok. —es una declaración sincera y ronca, casi, casi, ronronea y estira sus brazos a por la cintura del mayor.
El tipo palmea las manos de JongDae con fuerza.
—A mi no me vengas con esa mierda, JongDae.
—Ninguna mierda. Las mejillas se te ponen ligeramente rojas y tu tono enojado me excita.
MinSeok rodó los ojos.
—Cállate o te saco de aquí volando de una patada en los huevos.
—Procura que los niños no te escuchen decir esas cosas, hyung. —le da una sonrisa traviesa y MinSeok se distrae cuando la campana toca. JongDae aprovecha y besa sus labios en ese instante. Es un beso juguetón, invasivo y rápido. Muerde su labio inferior tirando de este al separarse y le guiña el ojo. —No te vas a librar de mi, al final haré que me perdones. —los niños ya están gritando por el pasillo. —Adiós, profe Min.
MinSeok se queda con las ganas de golpearlo porque los niños entran en clase y JongDae agita la mano tirándole un beso volado.
***
JongDae es un grano en el culo, es lo que se dice todos los días MinSeok al verlo plantado por fuera del colegio, esperándolo. El muy idiota ya ha terminado sus clases y se supone que debería estar estudiando para los exámenes finales, pero aún a riesgo de llorar después, siempre comen juntos.
A veces MinSeok prepara dos almuerzos para ambos y otras utilizan los vales descuento que JongDae recorta del supermercado. El tipo tiene una gran cantidad de ticket con descuentos en muchos locales de la ciudad gracias a la propaganda. MinSeok piensa que es un pensamiento rácano, pero en el fondo, entiende que JongDae desea gastar el menor dinero posible proveniente de la cuenta corriente de sus padres y que ahorra como un desgraciado para comprarse merchandising de mangas y animes.
Esta vez, le ha propuesto ir a cenar a un local de la zona donde sirven carne. Al final, JongDae termina envuelto en un concurso de comida y lo gana al ser el cliente que más termina tragando. MinSeok no sabe dónde diablos metió tanta carne y la camarera parece sorprendida de que no haya reventado aún.
—Eres un burro, JongDae.
JongDae está aferrado a su brazo, camina pesadamente y MinSeok lleva ambas manos en los bolsillo, observándolo de reojo.
—Estaba delicioso.
—Que te descontaran el veinte por ciento de la cena por ganar el concurso no influyó en ningún momento ¿verdad? —rumió con la mandíbula apretada.
—Esa fue la mejor parte.
—Estúpido.
Muy a su pesar, se ríe. Está acostumbrado a la personalidad de JongDae y a ese tipo de cosas que hace el hombre.
MinSeok tiene que conducir el coche amarillo de JongDae, ya que el tipo está tan inflado y somnoliento que ruega por solo cerrar los ojos y MinSeok continúa llamándolo bestia.
—Odio tu coche casi tanto como tu horrible sillón mostaza.
—Estaba de oferta cuando lo compré. BaekHyun también lo odia.
Rodó los ojos por la explicación tan típica de JongDae.
No obstante, esa noche, en ese mismo sillón mostaza, JongDae se dejó dormir con la cabeza apoyada en sus rodillas, mientras fingían ver una serie criminal. MinSeok le acarició los mechones de cabello hasta que sus respiración se hizo lenta y pausada y su ritmo cardiaco disminuyó, y allí, con él profundamente dormido, pensó que no le importaría volver a ser la almohada de JongDae. Joder, no le importaría tener más salidas como esas o que después de cenar vieran la televisión juntos y JongDae se dejara dormir. No le importaría que fueran una pareja. Y MinSeok tomó una decisión: No iba a tener más miedo.
***
JongDae pasa unos cuantos días horribles durante sus exámenes finales, no estudió cuando pudo y sus visitas al Dorado han sido meramente como cliente esas veces. LuHan aún le tiene algo de rencor por haberse tomado dos semanas de descanso, cuando en realidad ha dejado todo para el último segundo y JongDae riéndose, le dijo que si no lo conocía lo suficiente, haciendo enojar al lobo más.
Se ha mantenido a base de café y de la comida que le ha preparado MinSeok. BaekHyun también lo ha ayudado sufriendo su pena con él, con la diferencia de que su amigo sí tiene ya materia estudiada y no está tan ahogado. Sin embargo, cuando termina su último examen, cree que no le ha salido tan mala jugada.
—Bastardo de mierda.—lo insulta BaekHyun al conocer la noticia.—Siempre tienes demasiada suerte. Suerte que no te mereces.
—No es mi culpa tener buena memoria.
Están en su departamento con MinSeok sirviéndoles buena comida. BaekHyun se ha hecho amigo de MinSeok y como se queja múltiples veces de que siempre termina sin comida en la despensa por culpa de JongDae, al final el mayor lo ha invitado a comer en casa. A él le hace gracia como MinSeok se declara dueño de su apartamento y lo hace limpiar su desorden con un par de miradas y palabras bordes. No miente cuando dice que le excita MinSeok enojado.
Pero esa noche, algo no encaja. BaekHyun se va muy pronto y MinSeok parece querer decir algo, pero no encontrar las palabras. Además, la sonrisa de BaekHyun antes de irse ha sido perturbadora a muchos niveles y JongDae no está acostumbrado a que él sea el idiota que no sabe algo.
—¿De qué me he perdido?
—¿A qué te refieres?
—¿BaekHyun y tú están tramando algo?
—¿En qué te basas para decir eso?
—BaekHyun tiene una cara muy expresiva y tú llevas un rato muy callado.
—Siempre soy callado.
—No tan callado.
Se miran y JongDae se cruza de brazos.
—¿Qué pasa?
MinSeok comienza a caminar por la sala, haciendo círculos y JongDae reprime sus ganas de arrastrarlo contra su regazo y abrazarlo.
—Estoy dispuesto a intentarlo.
Por un momento las palabras se confunden en su cerebro y JongDae no entiende a qué carajos se refiere. Luego, explota algo, se conecta algo y sus neuronas hacen la sinapsis correctamente y entonces, entiende a qué se refiere con intentarlo. Una sonrisa estúpida se dibuja demasiado grande en su cara y esta vez, sigue su impulso y se acerca hasta MinSeok para besarlo.
—No pienses en lo que ocurra después, MinSeok, solo siente.
—¿Desde cuándo eres un galán de drama, JongDae? —se burló con sarcasmo.
—No me arruines el momento. —pero su voz ya está saliendo ronca y hace círculos contra su pelvis.
Es MinSeok quien da el primer paso y lo arrastra hasta la habitación, empuja a JongDae sobre la cama y se sube sobre él a horcajadas, mirándolo con tanta intensidad en sus ojos que JongDae solo puede pensar en cuánto lleva deseando que eso ocurra.
—MinSeok.
—¿Estás caliente ahora, JongDae?
Y es todo lo que necesita, joder. Todo.
Se desnudan mutuamente de la forma más lenta posible, porque quizá han esperado tanto por esto que no desean arruinarlo por el deseo y el apuro. A lo mejor, quieren conservar este recuerdo, porque la incertidumbre del qué ocurrirá luego sí los asusta. No está seguro, pero pierde el hilo del pensamiento cuando no hay ropa de por medio y MinSeok frota su pene con el suyo.
—Joder. —es lo único que puede decir.
MinSeok está creando una deliciosa fricción y JongDae no puede evitar pensar que no quiere correrse, no tan rápido, no sobre su estómago. Pone las manos sobre las caderas del mayor y se alza, dándole un beso que les deja sin aire y con el que pretende decirle todo. Los todo está bien, no importa el futuro, te quiero, están ahí, en ese beso y al mirarse MinSeok sonríe con los labios rojos e hinchados y a JongDae el destino puede moderle el trasero si ese no es su jodida pareja.
—Quiero follarte, MinSeok.
—¿Y qué te lo impide?
De nuevo, se sorprende. Esperaba una protesta, una respuesta sarcástica o ácida o algo por el estilo, algo que le dijera por qué quería ser el activo, pero el susurro solo le calienta la sangre y JongDae termina acorralando a MinSeok contra la cama. Y no obstante, se propone hacerlo llegar primero.
JongDae se metió entre sus piernas, muerde, seduce sus muslos y al escuchar un ronroneo quejumbroso proveniente de MinSeok, se introduce su pene en la boca. Lo hace durante varios minutos, mete su erección todo lo que su garganta le permite y luego lo chupa hasta dejarlo salir. MinSeok jadea con cada respiración sobre su glande y JongDae no sabe cómo colocar su propia polla para que no le duela tanto. Su leopardo está inquieto y de todas formas, le calma saber qué solo está buscando la satisfacción de MinSeok.
Exprime todo lo posible el juego, lamiendo el falo una y otra vez, hasta que la mano de MinSeok sobre su cabello, le dice que no lo soporta más. Una mera mirada y se deja follar la boca hasta que el mayor se corre y es todo tan caliente, tan sucio y tan perfecto que JongDae tiene que tragarse el semen y así aguantar el gemido que quiere salir por sus labios.
—Mierda, JongDae.—le está dando una sonrisa descarada. —Si te atreves a decir alguna estupidez sobre tu mamada te rompo la cara.
—No tentaré a la suerte. —murmuró. —Te quiero arriba, como antes.
—¿Quieres que te cabalgue, JongDae?—le susurró exactamente sobre su oído y JongDae gruñe y es un sonido tan animal que se sorprende.
MinSeok no le deja darle una respuesta, lo tumba sobre la cama y esta vez le toca ver al hombre prepararse a sí mismo y es francamente la cosa más caliente que alguien ha hecho para él. Las manos le pican por tocar a MinSeok y se aferra a las sábanas, expectante ante las expresiones que surcan el rostro del leopardo, grabándolas en su memoria todas y cada una, atesorándolas y queriendo revivirlas una y otra vez.
—MinSeok. —su tono es urgente, se está alzando con los hombros apoyados en la cama y seguramente tiene la expresión más oscura que jamás haya puesto. MinSeok se moja los labios con dos de sus dedos dentro de él y entre sus labios sale un jadeo.
Lo besa tragándose sus gemidos y MinSeok tiene que obligarlo a recostarse de nuevo en la cama. Se dedica un momento a frotar y extender el preseminal sobre su pene y lo lubrica un poco mejor con la vaselina.
—Joder, para o me voy a terminar corriendo y me voy avergonzar mucho con eso. —soltó en un jadeo que suena demasiado grave para ser su voz y MinSeok se ríe.
Con las manos en sus caderas, para ayudarlo, MinSeok se penetra. Baja lentamente por su polla y JongDae, hace un terrible esfuerzo por dejar que el mayor marque el ritmo de entrada, aunque su leopardo esté arañándole, exigiéndole más. Cuando está enterrado profundamente en MinSeok se siente en el paraíso y él le muerde un pezón de forma juguetona.
Lo cabalga lentamente, saboreando cada subida y bajada por su pene y JongDae no sabe si lo adora o sólo desea maldecirlo porque no va lo suficientemente rápido. Pero le gusta la mirada caliente de MinSeok sobre él, el brillo de sus ojos es todo deseo, lujuria y un tinte de algo que cree que es amor o cariño, no lo sabe, pero es especial y a JongDae le encanta, joder.
—Ronronea para mi, JongDae. —murmuró sobre sus labios.
De hecho, JongDae termina ronroneando porque ¿quién es él para negarle algo a MinSeok? Y cuando él empieza a moverse más deprisa y JongDae eleva sus caderas buscando el ángulo perfecto, encontrando ese punto que enloquecerá a MinSeok, sabe que no tardará mucho en correrse.
Llega al orgasmo después de un par de embestidas más y se traiciona en su petición, dándole la vuelta a MinSeok, acorralándolo. Y mientras eyacula sigue penetrándolo y de alguna forma lógica, alcanza el pene del hombre, masturbándolo.
No deja de moverse hasta que MinSeok se viene sobre su estómago por segunda vez y JongDae con un jadeo se deja caer sobre la cama, abrazándose al hombre. Es entonces cuando la realidad lo golpea como un martillo y desea, desea demasiado, que la dichosa marca de emparejamiento salga en su mano izquierda.
MinSeok debe de estar pensando lo mismo y no le dice nada. Lo envuelve en sus brazos, sus piernas se enredan y le acaricia el cabello a JongDae, permaneciendo así, juntos, sincronizando sus alientos y corazones, durante mucho, mucho tiempo.
***
Se han dejado dormir abrazados, consumidos por las dudas y el miedo. MinSeok es el primero en despertar y casi observa su mano izquierda con rabia. No tarda en darse cuenta de que apenas llevan dos horas dormidos y que esa cosa no actúa tan rápido o eso cree.
Sobre todo, procura no pensar mucho en ello y se concentra en observar a JongDae. Y joder, se ve tan atractivo dormido, aunque MinSeok lo prefiere sonriéndole. Su sonrisa felina y petulante es asquerosamente encantadora y a MinSeok siempre le ha gustado y fue uno de los motivos por los que lo mandó a la mierda al principio.
Lo mira durante tanto tiempo, que MinSeok vuelve a quedarse dormido, no despierta de nuevo, hasta que algo le pica la mano. Con los efectos del sueño aún sobre él, se frota la mano repetidas veces contra las sábanas, pero el picor en vez de disminuir, aumenta. Entonces, MinSeok abre los ojos, porque la palma de la mano le quema y eso no es una puta sensación de hormigueo porque se le haya dormido una parte del cuerpo.
MinSeok mira maravillado como unas suaves líneas y trazados se comienzan a formar y sabe jodidamente bien qué es esa mierda y nunca estuvo tan feliz en su vida.
—JongDae. —lo zarandeó, aún atónito. JongDae rueda por la cama, murmurando cosas que no entiende. —JongDae. —otro murmullo. —Mierda, JongDae, despierta, que nos estamos emparejando.
JongDae se frota cómicamente los ojos y MinSeok se queda mirándolo entre enojado y estupefacto porque el tipo no siente el calor y quemazón en su mano, aunque las líneas se están formando iguales a las suyas.
—¿Qué pasa? ¿Por qué me quema la mano?
MinSeok bufó sin responderle. JongDae no necesita tampoco una, el chico se mira la mano confuso durante unos tres segundos hasta que se despeja del sueño y su expresión empieza a formular todos sus estados de ánimo. MinSeok observa como la sonrisa petulante se adueña de sus labios y al mirarse entre sí los ojos de JongDae brillan tanto que parecen querer comérselo.
—Eres mi pareja.
—Eso parece.
JongDae levanta la palma izquierda en alto y MinSeok lo imita, sus dedos se entrelazan y notan cómo las marcas y líneas únicas se forman a través de la piel de ambos y sus bocas encuentran el camino para fundirse en un beso tierno, sincero y feliz.
MinSeok en ese momento sólo se arrepiente de no haber tomado esa decisión antes.
***
Presente.
JongDae entró en su casa con la sonrisa maliciosa dibujándose en sus labios. Dejó su alijo recién extraído desde las profundidades de la cocina de BaekHyun y sus ojos le brillaron con un tinte divertido y oscuro al observar la miel.
El leopardo se desperezó, olvidó el susodicho tarro, dejándolo sobre la mesa del comedor y realizó su rutina diaria de encender su portátil y fusionarse con el sofá. JongDae por lo general dormía poco, se acostaba tarde y se levantaba temprano, a veces dormitaba de día en algún rincón y otras sólo se perdía a sí mismo en sus mierdas.
Lo primero que hizo fue revisar su email, al contrario de lo que dijera BaekHyun, él si estaba entregado al negocio que ambos habían montado y sí era responsable. Confirmó la disponibilidad para organizar una fiesta de cumpleaños de una niña de papá y sintiéndose realizado como hombre de negocios, abrió el manga que había estado leyendo.
Todavía era temprano cuando MinSeok apareció frotándose los ojos. JongDae le dio una mirada intensa, como a él le gustaba llamarlas, y MinSeok se detuvo en el camino a la cocina, entre confuso, adormilado y una nota de reconocimiento.
—¿Algún día dejaras de mirarme como si me estuvieras desnudando?
—No lo sé, es difícil cuando ya sé cómo te ves desnudo.
MinSeok bufó, se frotó detrás de la nuca, alborotando un poco más su cabello e ignoró a JongDae, encaminándose a la cocina.
—Supongo que no has desayunado.
—No, estaba esperando a que fuera un poco más tarde para empezar hacer el desayuno. Traje huevos, pan y miel.
—¿De nuevo robándole a BaekHyun? —MinSeok se cruza de brazos, sus músculos se tensan y JongDae se queda mirándole los brazos a su pareja.—JongDae, mi cara está más arriba.
—No uses entonces camisillas. O mejor, no uses nada.
El mayor rueda los ojos.
—Eres un jodido pervertido, Kim JongDae.
—No soy un ladrón, le tomo a BaekHyun comida prestada, nada más. —regresa al tema inicial, sin dejarse afectar por las palabras de su pareja. —Y le hago un maldito favor, ese idiota compra comida que no va a consumir, compra de más y yo sólo evito que se le estropee y tire el dinero que tanto nos cuesta ganar.
—¿No has pensado que quizá compra comida de más porque te pasas la vida metiendo la cabeza en su nevera? —MinSeok se apoya en la silla de enfrente de JongDae. Él lamenta no poder verle el culo en pompa de su hyung.
—Te recuerdo que la mayor parte de las veces, BaekHyun hace al menos una comida diaria aquí.
—Y qué, soy yo el que cocina, es mi invitado, y te recuerdo que la última vez que hiciste un almuerzo me dio indigestión.
—Eso fue un error, qué iba a saber yo que el kimchi estaba estropeado, hyung.
Por eso era JongDae el que normalmente se encargaba del desayuno que no implicaba una gran elaboración ni preparación. JongDae comía cualquier cosa, literalmente y su sentido del olfato muchas veces se veía anulado con la comida. Bajo su criterio, todo lo que llamaras comida era comestible.
—Para ser un hombre mitad animal, tu olfato es una mierda, JongDae. Debería de haberte dado a ti la diarrea. —MinSeok habla con rencor y bufa las palabras, poniéndose derecho de nuevo.
—No te enojes, hyung, sabes que eso fue un error. —le hace una mueca con la que pretende ser tierno y MinSeok rueda los ojos.
—¿Y para qué diablos trajiste la miel? —MinSeok mira el tarro de miel con escepticismo y JongDae se lame los labios.
—Oh, eso. Se me ocurrió algo interesante, hyung. —alza las cejas de forma provocativa, tamborileando los dedos sobre la mesa.
—No hagas eso con las cejas, JongDae. Esa mierda de mangas y animes te joden el cerebro. No quiero saber tu idea.
—Hyung, ya te dije que los mangas y animes son instructivos y educativos.
—Pervertidos, JongDae. Ves cosas hentai. —le lanza una mirada filosa.—¿Leyendo manga yaoi aprendiste hacer mamadas?
—No te quejaste anoche, hyung.
Intercambian una mirada, JongDae sonrió dándole esa sonrisa de gato típica de él y MinSeok aunque bufó como si estuviera exasperado, sabía que en el fondo le divertían estos intercambios con él.
—Hazme el desayuno y déjate de tonterías.
—¿No quieres escuchar mi gran idea, hyung?
JongDae se levantó y caminó hacía MinSeok de una forma muy felina, hasta que tuvo sus manos en la cintura del mayor, atrayéndolo contra él.
—Casi prefiero que te la guardes para ti mismo.
—Pero te incluye a ti.
—Qué raro ¿no puedes dejar de pensar con la polla, JongDae? Tienes tu nivel de libido muy alto para haber pasado ya por la pubertad.
—No puedes juzgar mi idea sin que te la cuente. Y nunca dije que fuera algo que te incluyera a ti desnudo, hyung.
—JongDae, puedes seguir diciéndole a todo al que quiera oírte, que me lanzabas miradas intensas, pero yo sé que me acosabas y que esas miradas no eran inocentes, así que solo cierra el pico.
MinSeok tiene los brazos cruzados, sin dejarse engatusar por el intento persuasivo de su pareja. JongDae recuerda que siempre le ha gustado que MinSeok se resista a sus intentos de coqueteo, que lo corte, que no le importe las cosas que diga. Es difícil hacer sonrojar al mayor y a JongDae siempre le gustó un buen reto, sobre todo uno que incluía ver la cara de MinSeok roja.
—A decir verdad, mi idea si te incluía a ti desnudo. —continúa pese a las palabras de MinSeok. —Se me ocurrió una nueva forma de comer miel.
Y por el bufido y el golpe en el hombro que recibe de MinSeok, sabe que él entiende lo que quiere decir.
***
MinSeok no sabe muy bien cómo se dejó engatusar por JongDae, pero al final han terminado desnudos sobre la cama cubiertos de la miel robada de BaekHyun. Casi, podría sentirse culpable por usar algo que no es suyo, y quiere argumentarle a JongDae por qué debería dejar de asaltar la nevera de su vecino, sin embargo, la lengua del tipo lo distrae demasiado y MinSeok tiene que admitir que nunca ha sido tan agradable estar tan pegajoso.
Sabe que las sábanas se están manchando con los restos de miel que resbalan por su cuerpo sin que JongDae las pueda devorar y lamer y le importa un carajo. Se traga sus gemidos a duras penas apretando los dientes y JongDae sigue lanzándole miradas calientes a través de las pestañas, mientras juega con su ombligo, tentándolo.
—Bastardo.
—Te encanta.
Y lo hace. Le encanta, pero le tira del pelo a JongDae, impulsándolo hasta dejarlo sobre su polla.
—Te estás dejando una zona importante sin lamer.
MinSeok agradece que el tipo no abre la boca para responderle y que tenga el suficiente sentido común como para evitar ser un petulante idiota en ese jodido momento. Atrapa su pene entre sus labios, raspando un poco con sus dientes y lo chupa obscenamente. Vuelve a repetir la acción esta vez echándole un poco más de miel por encima y aunque podría haberle parecido en un comienzo algo asqueroso, MinSeok no puede pensar lo mismo, no con la boca de JongDae trabajando sobre su pene.
Se siente un poco estúpido por llegar al orgasmo demasiado deprisa después de un par de lamidas rápidas, pero se consuela diciendo que es culpa de JongDae porque lleva un rato jugando con él a chupar y morder su piel y MinSeok no pudo ser indiferente a eso. JongDae, se ha tragado parte de su semen, aunque no todo y le da una mirada caliente y deliciosa, ronroneando y se dice que sí, joder, eso es erótico.
—¿Quieres saber a qué sabes?—preguntó roncamente.
JongDae gatea sobre él y lo besa. El sabor amargo y dulce llega a sus labios e invade su boca, la lengua del leopardo juega a dominarlo y MinSeok frota sus caderas pegajosas contra las de JongDae, alcanzando su polla y haciéndolo gemir sorpresivamente por la fricción.
—No has terminado de comerme.
—Guardé sitio para el postre.
MinSeok de nuevo es objeto de las atenciones de la lengua de JongDae. Al parecer el hijo de puta se ha propuesto volverlo loco y que MinSeok entienda que su idea es maravillosa. De nuevo usa la miel como lubricante o algo así y lo penetra con la lengua haciéndolo aferrarse a las sábanas y deshacerse en pedazos.
Lo siguiente son sus dedos, entrando y saliendo fácilmente con el líquido pegajoso, dilatando su cavidad a su antojo y MinSeok en algún punto se le nubla la vista y ve estrellas de colores, luego, al segundo siguiente, está vacío y observa a JognDae, alineando sus caderas con las suyas. Sus piernas lo rodean, impulsándolo hacia delante y lo penetra de una estocada sin que él pueda hacer nada por evitarlo.
—Mierda, MinSeok.
—Cierra la boca. Lo quiero rápido y fuerte, JongDae. —y procura darle una mirada seria que no sabe si ha conjurado bien entre la nebulosa del deseo.
JongDae le da lo que pide, como siempre. Lo embistió duro, levantando una melodía musical y erótica en la habitación que va desde el murmullo de las sábanas hasta el chocar de piel contra piel y el dulce sonido de los testículos de JongDae golpeando contra sus nalgas y es jodidamente suficiente para MinSeok.
Y cuando embiste contra su próstata, MinSeok cree que puede correrse, pero JongDae llega primero y no tarda en venirse él nuevamente, porque la mirada caliente de su pareja está fija sobre sus ojos y le murmura un te quiero al oído que lo deja sin aliento.
—Debes reconocer que fue una gran idea lo de la miel. —le dijo una vez recuperado. Aún está dentro de él y MinSeok está de acuerdo en que siga así.
—No voy aumentar tu ego, JongDae. —rodó los ojos, pellizcándole.
—BaekHyun no le hubiera dado un buen uso a la miel.
—Deja de robarle comida a tu amigo.
Vuelven a mirarse. A MinSeok le gustan las miradas de JongDae, son sinceras, sencillas y le dicen tantas cosas que le abruman. Pero sobre todo son intensas, fuertes, son como el mismo JongDae.
—Nunca dejes de mirarme así.
—¿De qué forma?
—Como el acosador estúpido que eres. —sonrió y JongDae le guiña el ojo.
—Nunca.
FIN