Muñeco
BaekHyun no sabe cuándo se convirtió en una marioneta, pero se da cuenta de que lo es. En algún punto entre los besos de ChanYeol, sus dientes, la sangre y el olor a marihuana entiende que de hecho es un muñeco. Mientras está recibiendo las embestidas duras y profundas de su amante, tiene el estúpido pensamiento de que se ha rellenado a sí mismo con algodón, se ha dibujado una sonrisa con rotulador permanente y su corazón no es más que fragmentos de palabras con sabor a nicotina que simulan amor.
(Estás roto, BaekHyun. Y nadie juega con muñecos rotos.)
El chico se pregunta si sigue siendo él, si sigue siendo BaekHyun, o es solo un recuerdo de lo que fue y nunca más volverá a ser, porque ChanYeol ha llegado al orgasmo, su semen caliente llena sus paredes y sale por su cavidad y ha gritado el nombre de otra persona y BaekHyun ni siquiera se ha sobresaltado por este hecho.
(JongIn. JongIn. ¡JongIn!)
Quizá por eso fuma más. Porque quiere encontrar un vicio que sustituya a otro vicio, o algo así se dice. Sabe que es una mentira, sabe que a ChanYeol no se lo puede borrar con nicotina, porque las propias palabras del hombre que lo folla saben a cigarro y marihuana, pero BaekHyun siempre ha sido muy estúpido y se ha alimentado de esperanza.
Por eso cuando se enamoró de su amigo de infancia tuvo la necesidad de callarse, reprimir todos y cada uno de sus sentimientos y esperar el momento adecuado. Porque se conocían desde que eran críos y se comían los mocos en el parvulario. Amigos que parecen unidos por la cadera y que nunca está uno sin el otro. No había un ChanYeol sin un BaekHyun ni viceversa, y eso, francamente, para él era genial y no quería arruinarlo por un sentimiento tan frágil como el amor.
(Sólo es amor. Un amor más doloroso que los demás.)
Antes. Antes de que las cosas fueran mal y ChanYeol estuviera jodido, todo estaba bien. Todo lo bien que puede ir tu vida si tienes veintiún años, estás enamorado de tu mejor amigo desde los dieciséis y nunca te has confesado. BaekHyun nunca encontró el dichoso momento adecuado para decirle a ChanYeol cuánto lo amaba porque él tenía la certeza de que sería rechazado y no podía soportar la idea de tener una vida sin ChanYeol a su lado. No podía perderlo.
Y porque siempre había alguien más que ocupaba el lugar en la vida de ChanYeol que BaekHyun aspiraba a tener. Un sinfín de nombres había en la lista. Hombres y mujeres, no le importaba especialmente, porque sólo uno logró lo que ningún otro, ni siquiera BaekHyun, había conseguido.
ChanYeol se enamoró como un loco de JongIn. Sus ojos brillaban tanto que a BaekHyun le dolía, porque sabía que esa era la mirada que él tenía cuando miraba a ChanYeol. Y es que, esa vez, fue la primera vez que ChanYeol realmente sintió amor por alguien. Un amor sincero, puro, de los de verdad. No un amor doloroso como el suyo. Nunca antes nadie había significado tanto para él como lo fue JongIn, ni siquiera BaekHyun.
Sin embargo, fue JongIn quien creó a ese ChanYeol que ahora está desnudo sobre las sábanas manchadas de semen, sangre y fluidos que no quiere reconocer, con un porro entre los labios y que ni siquiera lo mira después de habérselo follado. La nube de humo sale por su boca, se mezcla con el olor a sexo y sudor y se pierde en el bombillo de luz amarilla sucia que recae sobre la habitación.
(JongIn lo creó, pero es BaekHyun el que lo cuida y lo hace crecer.)
BaekHyun no sabe cuándo llegaron a ser así. No sabe cuándo dejaron de ser ellos, porque ya no era ChanYeol y BaekHyun, solo eran sombras de lo que alguna vez habían sido. ChanYeol era un titiritero sin sonrisa y BaekHyun un muñeco de corazón roto.
Sí sabe cuándo ChanYeol se volvió negro y empezó a infectar desde dentro hacía afuera a BaekHyun.
Fue un jueves nublado y bochornoso, el sol se negó hacer acto de presencia, cubierto por las nubes grises del cielo, pero aun así cargando el ambiente con un calor pesado y que te hacía difícil el tomar aire limpio. JongIn había venido al apartamento que los dos amigos compartían para ver a su novio, como siempre.
Para ChanYeol fue desconcertante que JongIn le dijera en medio de sus cereales, bollos de chocolate y mermelada que su relación no funcionaba. Para él todo iba bien, iba perfecto, ellos eran una pareja estable, amorosa y cálida. Pero lo que para ChanYeol estaba bien, para JongIn no era así.
BaekHyun se había escabullido a su habitación sin ser capaz de mirar la escena, sintiéndose como un intruso que se alimenta de las sobras y tuvo que escuchar el pequeño revuelo que se formó en su piso desde detrás de la puerta de su habitación. A favor de JongIn podía decir que él sí notó que su relación no cuajaba ni aunque ChanYeol lo intentara.
Y cuando JongIn se fue con un portazo, dejando atrás el corazón desquebrajado de Park ChanYeol, BaekHyun salió de su habitación.
—Me ha dejado. —ChanYeol nunca lloraba, al menos no frente a los demás. Reprimía sus lágrimas todo lo posible porque él debía ser feliz para darle un motivo a los otros para sonreír. Escuchar su sollozo solo lo hizo sentirse más lamentable y le sacó todo el aire por la boca. —JongIn ya no está.
BaekHyun no fue capaz de decirle nada, no encontró palabras que pudieran consolar un corazón herido ni una voz que saliera de su garganta. Se arrodilló frente a su amigo y lo envolvió en un abrazo todo lo que pudo, y casi sintió que por una vez, ChanYeol era tan pequeño como un guisante y él tan grande como un faro.
ChanYeol había perdido la sonrisa y mientras uno sufría porque su amor se había vuelto doloroso, BaekHyun lo hacía porque el que amaba sentía un amor como el suyo.
Pero si las cosas desde JongIn fueron mal, con la llegada de KyungSoo todo fue peor. El antiguo novio de ChanYeol encontró otra pareja con demasiada rapidez y él no pudo soportar verse negro y vacío y encontrar a JongIn blanco y feliz. Porque JongIn fue el primer amor de ChanYeol y sin embargo, KyungSoo parecía ser el primer amor de JongIn.
(Los ojos de JongIn brillaban demasiado, BaekHyun. Yo miraba así a JongIn.)
En ese entonces, comenzó a ser habitual encontrar porros encendidos en su salón, los agujeros en los cojines se volvieron cada vez más y el olor a nicotina nunca abandonaba del todo su apartamento. ChanYeol llevaba para entonces una semana encerrado en casa y cuatro semanas sin ser novio de Kim JongIn. ChanYeol se ahogó a sí mismo en latas de cerveza y cigarrillos liados a mano y BaekHyun desesperado, asustado y necesitado por recuperar a su mejor amigo, lo besó.
En un primer momento, nadie hizo nada. BaekHyun creyó que iba a rechazarlo, gritarle o incluso golpearle, pero nada ocurrió. Durante unos dolorosos y desconcertantes veinticinco segundos, ambos amigos de infancia se miraron a los ojos sin saber qué ocurría y cuando BaekHyun iba abrir su boca para pedir disculpas, los labios amargos de ChanYeol volvieron a besarle.
Esa noche fue la primera de muchas veces en las que lo usó para traer de regreso a JongIn.
(En eso se había convertido Byun BaekHyun. En el sustituto de JongIn. Palabras con sabor a nicotina que le decían te amo, mientras era otro al que se lo susurraban al oído.)
***
Dentro de lo jodido que estaba ChanYeol, tenía días buenos y días malos. Los días buenos tenían matices grises, no blancos, nunca blancos, pero al menos eran más soportables, menos dañinos y tóxicos. En los malos el ácido circulaba por las venas de ChanYeol, se extendía por todo su cuerpo, prendiéndolo como la pólvora a la dinamita e infectaba su mente de mierda.
En general, los días malos, BaekHyun terminaba con marcas moradas, sangre derramada y más semen del habitual manchando su cuerpo. No era como si en los días buenos no le dejara secuelas de lo que hacía con él. ChanYeol nunca era suave, no con BaekHyun. Todo era duro, exigente y profundo. No existía en su vocabulario hacer el amor, no al menos desde que JongIn lo dejó y se enamoró de KyungSoo.
(Voy a follarte, BaekHyun.)
Al principio, BaekHyun lloraba, durante y después, y no sabía si el dolor que sentía en el centro de su pecho era la polla de ChanYeol partiéndolo por la mitad o el propio ChanYeol rompiéndolo lentamente con cada nueva muestra de que no era BaekHyun sino JongIn.
Nunca llegó a descubrir si se acostumbró a ser el sustituto de JongIn o si ya no le quedaban lágrimas para derramar, pero el caso fue que BaekHyun dejó de llorar como un bebé. A él le gustaba creer que se había secado y que ya no tenía más lágrimas que ofrecer, lo que no quería decir que no le doliera igual.
(Siempre le dolía. Su amor nunca dejaba de doler.)
***
La primera vez que ChanYeol lo usó, BaekHyun pensó que eso sólo pasaría una vez. Ilusamente creyó que se convertiría en JongIn por una noche y que nunca más volverá ocurrir.
Al fin de cuentas, hablábamos de BaekHyun, el mejor amigo de ChanYeol, el crío que lo defendió de un grupo de abusones en el colegio, fingió que le gustaban los hurones y le sujetó la cabeza cuando vomitó delante de un profesor. El chico que llevaba enamorado de él cinco años, aunque ChanYeol ni estuviera enterado del asunto, y que había mantenido las esperanzas de ser correspondido, aún sabiendo que para ChanYeol, BaekHyun era un amigo, el mejor, pero un amigo.
Sí, BaekHyun creyó muchas cosas esa noche, también supuso mucho. Demasiado.
La segunda vez que acorraló a BaekHyun entre su cuerpo y algo duro contra su espalda que no sabe si fue el sillón, la pared o la puerta, fue cinco días después del incidente del beso y sus consecuencias.
La sombra de JongIn atraía a ChanYeol hacía la oscuridad y necesitaba una manera de escapar, un anclaje que lo sujetara, lo mantuviera y evitara que se ahogara en desesperación.
—Déjame hacerlo, BaekHyun.—Fue todo lo que dijo antes de demandarle un beso y dejarlo sin aire.
Con el tiempo, ChanYeol se cansó de pedir permiso, porque de todas formas, BaekHyun se abandonaba a él sin importar lo que hiciera. A veces creía que ChanYeol era adictivo y que él era muy estúpido por engancharse a una droga. Otras sólo se decía a sí mismo que estaba enamorado.
(Ser JongIn, ser odiado como JongIn era la única manera de tener a ChanYeol.Y esa era la verdad.)
***
Tuvieron que encontrarse de frente con unos acaramelados JongIn y KyungSoo un agradable día de sol de fin de semana, para que BaekHyun comprendiera la diferencia entre un día bueno y un día malo en el diccionario de Park ChanYeol.
Ese día todo fue en picada a partir de ese momento y BaekHyun sintió que caía durante horas antes de estrellarse contra el suelo y romperse.
(Nunca te rompes del todo, BaekHyun.)
La poca consideración que ChanYeol sentía hacía él cuando se lo follaba, fue nula y la primera mordida de la tarde fue la que más le asustó. Quizá lo que convertía ese día en malo para BaekHyun también no era la violencia en los actos de ChanYeol, la aspereza de sus manos o la frialdad de sus besos. Ni siquiera la fuerza de sus empujes dentro de su cuerpo o el constante cambio de nombres que sólo le recordaba su rol.
Para BaekHyun el dolor físico era soportable. Lo aceptaba porque era algo que recibía de ChanYeol y cualquier cosa que viniera de él lo atesoraba. Lo que realmente lo dañaba y hacía que una culebra invisible se enroscara en sus pulmones e inyectara a su corazón veneno era la forma fría en la que pronunciaba su nombre.
(BaekHyun. BaekHyun. BaekHyun.)
Porque los ojos de ChanYeol brillaban cuando se corría pensando en JongIn. Había fuego, lujuria y castigo, en muchos casos, brillaban en exceso por los efectos de la mierda que se fumaba. Pero en los días malos, no había destello, no había chispa, sólo vacío. Las pupilas negras se volvían más negras y cuando pronunciaba su nombre antes de que JongIn lo suplantara y sólo estaban ChanYeol y BaekHyun, arrastraba las palabras, no había cadencia en su voz y BaekHyun quería correr, esconderse y llorar.
(Aun así, BaekHyun acude al llamado y se deja usar.)
***
ChanYeol nunca le pidió a BaekHyun que sustituyera a JongIn, al menos no con palabras. BaekHyun asumía el rol, permitía ser llamado por otro nombre y que su mejor amigo imaginara otro rostro y otro cuerpo cuando estaba tirándoselo.
Tampoco hablaban nunca sobre lo que ocurría entre ambos. Era alguna especie de tema tabú en casa, así como lo era JongIn, y ChanYeol parecía olvidar que se había follado a BaekHyun diez minutos atrás. Y a veces, solo a veces, BaekHyun se preguntaba si de verdad había tenido sexo y si no se lo estaba imaginando. El semen que aún se escapaba por su culo solía recordarle que de hecho sí era verdad y que ChanYeol era muy buen actor.
—BaekHyun, llegaremos tarde. —le diría y la sonrisa partiría su rostro. Sólo BaekHyun se daría cuenta de que la sonrisa, como todo lo demás de ChanYeol, era mentira y que JongIn le quitó mucho más que el corazón.
Jamás escucharía unas disculpas y BaekHyun no las quería, sí las necesitaba, sin embargo.
Porque aunque tratara de decirse que él aceptaba tener a ChanYeol así, se mintiera pensando que esa era la única forma de ayudarlo y fumara porros hasta que su mente estuviera tan nublada como para olvidar que le dolía el corazón, BaekHyun necesitaba escuchar que ChanYeol lo sentía. Necesitaba escuchar que su mejor amigo, el hombre del que estaba enamorado, lamentaba haberle hecho daño, que no quería ser tan hosco y que deseaba que él pudiera perdonarlo por hacerle suplantar a JongIn.
(Siempre encuentras nuevas formas de mentirte, BaekHyun.)
***
Está en el baño de su apartamento cuando descubre por fin que ha perdido la libertad y la identidad cuando no reconoce el reflejo que le devuelve la mirada a través del espejo. Es una noche cualquiera de lluvia, truenos y rayos, después de haber sido follado por ChanYeol, y BaekHyun no comprende muy bien por qué ahora debe percatarse de algo tan obvio y tan estúpido.
El chico que está allí, justo enfrente de él tiene marcas por todo su cuerpo. Mordiscos, moratones y dedos grabados a fuego sobre su piel. Recuerdos de días buenos y días malos, viejos y recientes. BaekHyun sabe que ese es él, entiende que esa es la sombra de ha dejado ChanYeol y casi cree que la oscuridad que lo come de dentro hacia afuera le saldrá por la garganta y se disolverá como el humo del cigarro. Y entonces piensa que los porros le están dañando el cerebro.
Sin ningún motivo en especial, recuerda que a él solía gustarle la lluvia, mientras enjabona su cuerpo con demasiada fuerza, dejando su piel rojiza. Con el tiempo, BaekHyun se da largos baños después de ser utilizado y en la medida que pueda hacerlo. Porque ChanYeol ya no lo quiere solo en casa, lo busca en el trabajo, en clases, en cualquier lugar, y BaekHyun espera con impaciencia los segundos para estar de vuelta a su apartamento y lavarse.
Cree que sus ganas de no sentirse sucio empezaron cuando dejó de llorar. Dice cree, porque ya no está seguro del tiempo que lleva siendo el sustituto de JongIn y a veces piensa que siempre ha sido así.
Una vez termina su ducha, BaekHyun sigue sin sentirse limpio. El veneno se ChanYeol se ha extendido por todo su sistema y no hay forma de que un poco de agua y jabón consigan arrancarlo.
—¿Vemos una película?—pregunta ChanYeol desde el sofá.
Es un retazo del antiguo ChanYeol y BaekHyun sonríe, asiente y se sienta a su lado como si cinco minutos atrás no hubiera tratado de llorar debajo de la ducha sin conseguirlo.
(Es un muñeco. De relleno de algodón, sonrisa dibujada y corazón lleno de palabras con sabor a nicotina.)