Dragon Breath 🐉Kookmin 🐲 L3

Summary

Sinopsis Desde que JungKook vio al pequeño dragón encadenado en el cuenco de los oráculos, supo que tenía que salvarlo. Por alguna razón Kook se sentía arrastrado hacia el otro hombre y no descansaría hasta saber que estaba a salvo. Jimin había estado siempre cautivo desde el día que había nacido. Cuando es rescatado por Kook siente una instantánea conexión con él. Pero Jimin tiene miedo de bajar la guardia y permitir que alguien intime con él. ¿Podrá Jimin sobrellevar un pasado de abusos? ¿O condenará al fracaso el amor encontrado entre él y Kook? L3: Aliento de Dragon ° Serie: Alma de Dragon ° Personajes Actuales: JungKook ( Dragon ) Jimin (Dragon) Nota: Kook del Segundo libro es Yongi en el L3 Jimin del Segundo libro es Namjoon en el L3 Adaptación *Esta historia es una adaptación del libro original solo por entretenimiento sin fines de lucro. *La historia no es de mi pertenencia por lo tanto Todos los creditos a su Autora Original. 🔞🚫📎👬 *Prohibida su copia, otras adptaciones pedir permiso.

Status
Complete
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
18+

Ep 1⭐️🌛

¡Maldición! Gordon Ramsay podría haber pasado un día de campo en este hotel.

Mientras que un rápido vistazo podría haberle hecho pensar a uno que el lugar era

nostálgico y cálido, era todo una fachada.

En realidad, el edificio debería de haber sido derruido años atrás, y había más ratas dentro de él que humanos.

JungKook casi podía ver al viejo Gordon corriendo por doquier y gritando por todas las telarañas y la falta de higiene. La alfombra de un verde vómito estaba tan sucia que estaba tiesa en su mayor parte, y combinaba atrozmente con las paredes parduzcas. O, al menos, JungKook pensaba que eran amarronadas. Podían ser capas de mugre. Estaba medio tentado a coger un paño y frotar la pintura para ver si su teoría era cierta. El único problema era que en ese hotel nunca le habían dado toallas en primer lugar. Hubo una suave llamada en la puerta antes de que Namjoon asomara la cabeza.

—¿Estás listo? SeoJin ya ha reunido a todo el mundo y está esperando abajo.

JungKook se sobresaltó. —Lo siento.

No me había dado cuenta de que ya era por la mañana. No estoy acostumbrado a que sea de noche a las nueve.

Namjoon sonrió. —O que esté todavía nevando en nuestros culos cuando es abril. —Me partí el culo cuando Yongi me preguntó por qué había puertas en el segundo piso de tantas casas. Nunca se percató de cuánta nieve tenían aquí.

—Yo también pensé que era muy lindo.

JungKook meneó la cabeza. No se molestó en decir que él no había usado esas mismas palabras. Dado que NamJoon estaba enamorado hasta el tuétano de Yongi, pensaba que todo lo que el bobo decía era maravilloso. No es que Kook envidiara en nada a Nam. Después de todo por lo que su hermano había atravesado, merecía tener el fueron felices por siempre jamás.

—Dile a SeoJin que bajaré ahora mismo —dijo JungKook.

Golpeó ligeramente la pared de la frustración. Pensaba que por el momento ya habría encontrado al dragón más pequeño. Una vez que había tenido el cuenco del oráculo, creyó que sería muy fácil encontrar al dragón en un instante. Todos ellos habían asumido estúpidamente que el cuenco les diría la localización exacta de los dragones perdidos. Pero, nooooo… había descubierto de la manera más difícil que las cosas no funcionaban así.

Primero, tenían que predecir el futuro para obtener una localización global, luego tenían que continuar leyendo el futuro hasta que se iban acercando y acercando. Lo cual era el porque se encontraban tan lejos en la península superior de Michigan y por lo que estaban en el único hotel en cincuenta millas a la redonda. Un Starbucks era simplemente un sueño, y olvídate de un Walmart, porque, cariño, en este lugar no había.

NamJoon estaba todavía hablando, pero JungKook sólo lo estaba escuchando en parte.

A penas se había despedido de su hermano mientras cerraba la puerta tras él. Una vez que NamJoon se había ido, Kook comenzó a prepararse. Dado que ya se había duchado y vestido hacía horas, todo lo que tenía que hacer era ponerse sus cinco kilos de ropa de nieve. Quizás era irónico, siendo un dragón, pero cogía frío con mucha facilidad.

Si pudiera, habría añadido incluso unas cuantas capas más, pero no habría sido práctico. Necesitaba poder moverse con facilidad si eran atacados.

Una vez que hubo terminado, bajó a reunirse con los demás. TaeHyung lo saludó con una barra energética y una botella de agua. JungKook debió de haber puesto una expresión de confusión, porque Tae dijo; —Sé que has estado comiendo una mierda. Tampoco has estado durmiendo bien. Si terminamos en alguna batalla épica o algo así, tú no estarás en condiciones.

—¿Una batalla épica? ¿Quién demonios le llama a una pelea eso? No es como si estuviésemos luchando por proteger el Muro de Juego de Tronos o algo así —dijo Kook mientras tomaba las cosas.

—Yo las llamo así —Tae arrastró despacio los pies. —O al menos lo hago en mi cabeza.

Hace que me sienta más como un cabronazo de esa manera. Es simplemente mucho más glamuroso que decir voy a salvar a un dragón solitario de un grupo de ladrones.

—Aún así digo que necesitamos recibir algún tipo de terapia, en serio.

TaeHyung le dedicó una pícara sonrisa.

—Hoseok me proporciona todas las sesiones privadas que necesito.

—Él es un jodido hechicero, no un terapeuta —replicó JungKook con sequedad. Si pasaba algo más de tiempo viviendo con este grupo de calientes desastrosos, entonces sería el único que estaría buscando terapia.

—Simplemente estás celoso —declaró Yongi mientras entraba en la habitación.

Sí, JungKook estaba súper y endiabladamente envidioso. Ya tenía cierta edad y había estado anhelando asentarse con alguien a pesar de lo que le decía a la gente.

Así que, el ver a sus dos hermanos pequeños encontrar a sus parejas de una forma tan explosiva le hacía querer todavía más su propio alguien especial.

¿Quizás eso era por lo que estaba tan obsesionado con la imagen de dragón más joven encadenado? Incluso si Kook sólo había podido ver una diminuta imagen del hombre desaparecido, se había sentido atraído instantáneamente por él. Quién sabía, quizá el misterioso dragón podía ser la pareja que JungKook había estado añorando. Podía haber sido que el destino los hubiese unido. Quizá no había sido un error que Kook les hubiera demandado ir tras este dragón en particular en primer lugar. Incluso aunque hubiese numerosos dragones que necesitasen ayuda. ¿Había una parte de JungKook que había presentido que era su pareja? JungKook negó con la cabeza internamente. No, no podía ser eso.

JungKook siempre tenía el impulso de ayudar a aquellos en necesidad, y este dragón le había parecido el más necesitado en ese momento. Eso era todo. Había una razón por la que SeoJin le había llamado sabelotodo con un serio complejo de héroe. Por alguna razón Nicholas debía de haber sentido que este JungKook, en particular, estaba en un peligro mucho mayor.

Dado que JungKook sabía que sólo era un asunto de tiempo antes de que SeoJin enviase a alguien más para gritarle que estaba siendo demasiado lento, se apresuró a ir al vestíbulo.

Fue recibido por el resto del grupo. Por supuesto, todos llevaban puestas camisetas o polos de manga larga.

No llevaban abrigo ni pantalones de nieve ni botas aislantes. No se veía tan siquiera una sudadera o unos guantes.

No había forma de que cualquiera lo fuese a dejar estar sin hacer algún comentario.

Yongi, el cual ni siquiera tenía un gorro para cubrir su pelo con mechas azules, preguntó: —¿Para que te has preparado? ¿Una expedición al Ártico? Porque, entonces, en ese caso deberíamos haber comprado algunos buenos perros de trineo.

—Cállate —refunfuñó JungKook.

—¿Cómo demonios vas a pelear con todo eso? A penas te puedes mover —dijo Maddox, uno de sus guerreros.

—Me aseguré de no ponerme demasiada ropa —se defendió Kook.

—¿Demasiada? —se hizo eco Ryker.

El hecho de que Ryker incluso hablase asombró a JungKook. Normalmente, el taciturno dragón se mantenía ensimismado y no compartía ni una maldita palabra.

Había desaparecido durante un mes hacía un año y había regresado de esa manera, todo melancólico y sombrío. Antes de eso había rezumado alegría. Ponía a JungKook triste el pensar lo que podía haberle ocurrido al guerrero durante ese corto espacio de tiempo.

Mirando a JungKook con los ojos entrecerrados, SeoJin añadió, —Sí, puedes querer darle al Príncipe Gruñón una amplia litera esta mañana. Parece como que no descansó lo suficiente anoche.

—¡Dios mío! —gruñó Tae. —Espero que no fuera porque viese una maratón de The Walking Dead de nuevo anoche.

No me apetece discutir cada punto de la trama con él e intentar imaginar si tuvo un significado especial para él.

—Él está justo aquí, muchísimas gracias.

No, no me quedé despierto toda la noche viendo la tele.

—Quizá no. Pero tú y yo aún así vamos a tener una charla rápida antes de irnos —ordenó SeoJin, la expresión de su rostro era demasiado conocedora para la tranquilidad de JungKook.

—Sí, hermano—Por mucho que quisiera evitarlo, ni siquiera a Kook le era posible desobedecer una orden de su autoritario como el demonio hermano. Después de todo, SeoJin era su rey.

Eso aún tenía mucha importancia en su mundo.

Después de que el resto del grupo hubiese abandonado el vestíbulo, SeoJin fue directo al grano.

—No sé si debería dejarte participar en esta misión de rescate.

El corazón de Kook sufrió una enorme convulsión. —¿Por qué no?

—Estás demasiado apegado a este caso, por alguna razón. Lo has estado desde el principio. Nunca debería de haberte permitido llegar así de lejos en primer lugar. Fue un error de mi parte. Simplemente me vuelvo ciego cuando se trata de ti, porque te amo, dado que eres mi familia. Tengo que tratarte más como a uno de mis soldados en lugar del como al pequeño mocoso que solía quedarse siempre con la última galleta.

—¿Me estás vacilando? —bufó JungKook.

—En cualquier caso, eres más duro con nosotros porque somos tus hermanos.

Nos has presionado desde el momento en que comenzamos a caminar. Creo que fui el único niño al que alguna vez se le haya enseñado el arte de la batalla a la edad de dos años. ¡Mierda! Mi primera frase entera fue probablemente; “Ríndanse, perras, o sentirán el acero de mi espada.”

SeoJin lo miró boquiabierto. —Nunca te habría enseñado a decir algo como eso.

—Sí, pero enfrentémoslo, era un listillo. Incluso por aquel entonces. Por favor, no me retires ahora. No cuando estamos cerca del rescate. Prometo que no permitiré que mi cordura me abandone. Permaneceré en la retaguardia y mantendré el pico cerrado.

—Eso sería imposible para ti—dijo Seojin con voz cansina y una mirada conocedora.

JungKook sostuvo dos dedos en alto como un Boy Scout.

SeoJin puso los ojos en blanco. —¿Desde cuando has sido parte de ese tipo de organización? Cada que ves una araña corres en sentido contrario. Si salimos de acampada, protestas, todo el tiempo.

No puedes hacer un nudo sencillo, olvídate de todos esos nudos elaborados que ellos

hacen. Con lo de montar una tienda, no sabrías tan siquiera en qué agujero meter la

vara.

—No sé si me estás simplemente insultando o burlándote de mí por mi falta de vida sexual. Vale, quizás no fui un Boy Scout. Eso sólo fue porque ellos tienen una regla estricta de que los dragones no son permitidos —admitió JungKook.

—Bien, mete tu culo en la van —SeoJin hizo señas hacia la puerta. —Simplemente tienes que saber que estás sobre hielo fino. Un movimiento equivocado y te estaré pateando el culo.

Sin necesidad de que se lo dijeran dos veces, JungKook salió pitando. Tan pronto como abrió la puerta se encontró con una ráfaga glacial de aire frío. Querido y jodido Snow Miser; ¿cómo se las arregla la gente que vive aquí arriba? Deben ponerse calcetines en sus pollas, simplemente así las cosas no se desprenden.

JungKook sintió que de seguro había roto algún record de sprint en su apuro por

entrar en la van. Estaba seguro que uno de los chicos iba a bloquear las puertas,

simplemente para vacilarlo, pero tuvieron piedad. Una vez que alcanzó el santuario la puerta se deslizó con facilidad y a él le fue posible sumergirse en la calidez.

—Maldición, chico —dijo TaeHyung.

—¿Qué vas a hacer si tenemos que pasar algún tiempo en el exterior? ¿Asustar al enemigo al congelarte hasta la muerte delante de ellos?

—Me las apañaré —prometió JungKook.

Cómo, no estaba seguro. Incluso en ese momento, se estaba acurrucando formando una bola para conservar el calor corporal. Entonces sintió una explosión de calor subiendo por su cuerpo. Bajando la vista, vio una pequeña bola de fuego en la palma de NamJoon. JungKook le dedicó a su hermano una sonrisa de agradecimiento.

NamJoon era uno de los pocos que ayudarían a Kook sin hacérselo pasar mal antes.

Por eso, Kook estaría eternamente agradecido de que su medio hermano estuviera finalmente en casa con ellos, en donde pertenecía.

Condujeron durante bastante tiempo. Incluso aunque JungKook no creyese que pudieran avanzar más profundamente en las zonas inhóspitas, lograron esa proeza.

Mientras conducían alejándose más de la civilización, las casas se volvieron más

destartaladas y más depresivas a la vista. Algunas eran chozas hechas a mano, mientras otras eran trailers más allá de sus años espléndidos.

Finalmente aparcaron en una de las pocas casas que quedaban. Bueno… era una casa en los términos más básicos. Tenía cuatro paredes y un tejado, pero eso era hasta donde llegaban las comodidades. La mayoría de las ventanas estaban rotas y selladas con tablas. Las tejas estaban rotas o habían desaparecido, dejando agujeros, agujeros que eran tan grandes que JungKook supo que si tuviera que volar por encima le sería posible ver el interior de la vivienda.

La pintura hacía mucho tiempo que se había descolorido hasta un gris deslucido y la mayor parte de las guarniciones habían desaparecido, lo que le confería a la totalidad del lugar un aspecto lóbrego.

Los escalones rotos de delante habían sido reemplazados por cajones de varios tamaños.

Un viejo mosquitero de madera de la puerta se balanceaba abierto. En seguida, numerosos dragones grandes salieron precipitadamente, todos en forma humana. —¿Recuerdas cuando dije que tenía que leer el cuenco una última vez para estar seguro de que estamos en la localización correcta? —preguntó NamJoon.

—Sí —replicó JungKook.

—No creo que sea necesario. Estoy bastante seguro de que es este sitio.

Observando a los dragones los cuales estaban ahora mirando los coches, NamJoon

meneó la cabeza. El grupo hostil llevaba puesto camisas a cuadros y petos de trabajo.

No había tan siquiera un indicio de cualquier otra clase de atuendo. Quizás tenían un rígido código de vestimenta que todos tenían que seguir.

Todos y cada uno de ellos eran enormes y tenían barba, incluida la mujer.

También, todos parecían terriblemente mezquinos. Eso no atemorizó ni en lo más mínimo a JungKook. Ellos eran la única cosa que se interponía entre él y el dragón perdido.

JungKook podría deshacerse de ellos el solo si tuviera que hacerlo.

SeoJin salió de la van seguido en pelotón por sus soldados y hermanos. Mientras SeoJin caminaba regiamente hacia la casa, Tae y Kook lo flanqueaban, como los dos descendientes más mayores. Mientras tanto, JungKook disparaba miradas continuas a las ventanas.

Esperaba poder percibir un destello del cautivo.

El dragón más antiguo de la cáscara de casa no parecía impresionado por ellos para nada.

De hecho, tuvo las agallas de no inclinarse ante SeoJin. JungKook ya estaba enfadado, pero esa irrespetuosidad del decoro hizo que le hirviese la sangre.

—¿Qué están haciendo por aquí unos tipos ricos y pomposos? —preguntó el dragón más viejo.

JungKook agarró la empuñadura de su espada, pero haciendo honor a su promesa, no dijo ni hizo nada. Incluso aunque no quisiera nada más que destripar al bastardo.

Después de todo, sólo la falta de respeto que había mostrado al rey era razón suficiente para que JungKook lo matase. El hecho de que lastimaste y encadenase al misterioso dragón de Kook añadía más leña al fuego.

—Tenemos una razón para creer que tienes un dragón esclavizado —dijo SeoJin con voz tranquila.

—Sí, ¿y qué? —uno de los dragones, el más pequeño del grupo, se rascó las bolas.

Ese último movimiento empujó hasta el límite el humor de JungKook.

Ya había estado muriéndose de ganas por una pelea. Iba a hacer que estos dragones se pusieran de rodillas. Luego iba a quemar todo lo de cuadros que hubiera dentro de la casa.

Lo cual probablemente supondría que iban a andar desnudos por ahí. Kook sólo esperaba que se congelaran hasta morir. Salir al exterior así con este tiempo sería todo un mérito.

Demonios, Kook podía haber estado dispuesto a renunciar a un par de sus guantes como tributo.