Diablo de ciudad

Summary

A ChanYeol le gusta su trabajo en Seúl, ser el Director ejecutivo de una multinacional, sus trajes de Armani, jugar al golf en el club de campo y su jodido Lexus descapotable. Por eso, está cabreado por tener que viajar a un pueblo perdido en el quinto infierno para tener que firmar un maldito contrato y comprar la estúpida propiedad de los Byun. Sin embargo, cuando llega al lago Tangeum, ChanYeol descubre que Byun BaekHyun es un tipo caliente y sarcástico y que esta vez no va a ser tan fácil para él convertirse en el Diablo y conseguir la firma de BaekHyun.

Status
Complete
Chapters
10
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5.0 3 reviews
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18+

Capítulo 1

Cuando lo tienes todo, sueñas con tener más.

ChanYeol lo sabe, es consciente y le importa una mierda estar siendo un egoísta ambicioso, porque es así como ha llegado a dónde está. No quiere renunciar a su apartamento en el centro de Seúl, con vistas a la ciudad, el tráfico y la ostentosidad que conlleva vivir en un edificio moderno de alto nivel, ni a su Lexus descapotable o a su carné de socio en el club de golf. Tampoco le gustaría renunciar a su puesto privilegiado como director de la sucursal central de SMTown, sobre todo ahora que ante el único al que tiene que responder es ante el dueño del aglomerado de empresas que se ha convertido en un imperio en Corea del Sur a base de comprar empresas y terrenos.

Ha trabajado mucho para llegar a dónde está, a lamido muchas botas, se ha envenenado muchas veces mordiéndose la lengua y a sabido mandar a la mierda a las personas adecuadas para conseguir su puto puesto de director ejecutivo. Y ChanYeol hará cualquier jodida cosa para mantenerse en ese lugar y no cagarla.

Porque ahora lo tiene todo, pero antes no tenía nada, y cuando luchas para tener las cosas y las consigues, te acostumbras a ganar.

Por eso, cuando Lee SooMan pone ante él un nuevo proyecto y la creación de un parque recreativo, ChanYeol cree que las cosas no pueden ser tan difíciles y que a decir verdad, la mierda no es muy diferente a algo que no hubiera hecho antes. Su jefe quiere comprar el lago Tangeum en Chungju y convertir la reserva en un gran parque recreativo que ofrezca más turismo a la zona. La única pega es que hay casas residenciales a lo largo del lago y primero deben comprar todas y cada una de éstas para poder construir a sus anchas.

—Ya sabes lo que pasa con este tipo de proyectos, ChanYeol. Hay gente a favor, pero también gente inconsciente en contra. —le había dicho Lee con una sonrisa tranquila, colocando encima de la mesa una nueva carpeta. —Tenemos un propietario que no quiere vender.

—¿Y eso desde cuándo ha sido un problema para nosotros?—preguntó ChanYeol con una arrogancia que se había forjado con el paso de los años y la experiencia.

SooMan aumentó su sonrisa y él alzó las cejas.

—Su terreno es clave para la construcción del parque. No es solo el que más hectáreas tiene, sino que además el dueño fue durante años el encargado del cuidado del lago y sus alrededores.

—¿Una especie de guardabosques del lago?—se burló algo exasperado y sin comprender por qué el tipo estaba recurriendo a él.

ChanYeol era un buen empleado, siempre demostró lo carismático que podía llegar a ser con su don de gentes y su forma absurda de hablar de cualquier cosa menos del contracto que debía firmar. Conseguía embaucar a su cliente, decirle exactamente lo que quería y darle a la empresa lo que buscaba. Era un hijo de puta sin escrúpulos, sip, pero ahora era el jefe y otros tenían que hacer ese tipo de trabajos sucios, no él.

Sin embargo, SooMan presentó ante él la carpeta del terreno que quería comprar con información sobre la finca y su dueño y ChanYeol tiró del nudo de su corbata, comenzando a sentirse exasperado porque esas funciones no eran las suyas.

—Ofrézcale más dinero. —soltó con un gruñido.

—Ya lo hemos hecho y no está funcionando. —respondió Lee con tranquilidad, subiéndose las gafas redondas por el puente de la nariz. —Por eso te voy a mandar para que negocies con él y descubras que es lo que quiere.

—Mande a otro.

—Pero te quiero mandar a ti, ChanYeol. —objetó su jefe con un tono autoritario que joder, no podía refutar.

Por eso terminó conduciendo una larga distancia desde Seúl hasta Chungju un viernes por la tarde, importándole poco o nada que la noche lo pillara a mitad de camino o perderse la fiesta sin ningún motivo especial de la nieta de SooMan. Tiffany tenía que aceptar que ChanYeol no era su jodido novio y él estaba lo suficientemente cabreado como para desear tan solo conducir el Lexus hasta el maldito culo del mundo, o algo así.

De hecho, más o menos no se equivocaba en su destino, porque el lago Tangeum no era una fiesta constante. La señal era una mierda, el wifi inexistente y la televisión por cable no había llegado a Chungju, así como las cadenas de restaurantes, tiendas o centros comerciales que habían en Seúl. ChanYeol se iba a un pueblo en el quinto infierno y él lo sabía demasiado bien, porque no era la primera vez que iba a allí.

Solía ir de vacaciones familiares al lago Tangeum de pequeño, sus padres no tenían dinero para ir a las bonitas playas de Busan o visitar isla Jeju. Ir en coche hasta Chungju era comprensiblemente más barato si tenían en cuenta que uno de sus tíos vivía allí y les daba alojamiento durante los quince días de vacaciones que sus padres se permitían tener su restaurante cerrado. Compartir habitación con sus dos primas y su hermana no era tan agradable para ChanYeol, menos cuando se ponían a hablar de chicos o discutían porque Brad Pitt es mucho más guapo que Leonardo DiCaprio, aunque reconoce que era divertido escucharlas amar a un tipo del cual no sabían ni pronunciar su nombre.

Pasó buenos veranos en Chungju, sin embargo. Buenos veranos para tratarse de un adolescente de catorce años que llevaba gafas, tenía algo de tripa y prefería ir de vacaciones a los sitios geniales donde iba su amigo YiFan. Pero la situación económica de YiFan era buena y el tipo podía tener lo que quisiera con solo chasquear los dedos.

Y ChanYeol desde joven se prometió que él algún día también sería así.

Puede que por eso le tocara tantos los cojones tener que salir de Seúl para encargarse de un trato que podría haber firmado cualquier otro de sus subordinados. A fin de cuentas, ¿qué era un dueño obstinado contra una multinacional como SMTown? Con dinero puedes comprar muchas cosas, incluso el alma de una persona, no obstante, era ChanYeol quién debía ser el diablo esta vez.

ChanYeol se detuvo a las tres de la mañana de esa madrugada de verano en un estación de servicio para descansar un poco y reponer fuerzas. Repostó gasolina y se tomó un tiempo para tomarse un café amargo que le sirvió una camarera redonda y de sonrisa gentil, mientras por fin abría la jodida carpeta que lo había llevado a esta situación de mierda.

—El número 4, Propiedad Byun. —leyó ChanYeol en un murmullo ronco con el vaso largo de plástico frente a él.

SooMan tenía razón, la propiedad de los Byun era una de las más grandes, abarcando gran parte del terreno alrededor del lago y encontrándose en un lugar privilegiado y clave para la construcción del parque. El anterior dueño había sido durante treinta y tres años el encargado de cuidar del lago y sus modestas instalaciones para la temporada de verano, y su heredero había asumido sus funciones y la tutela de la propiedad después de su fallecimiento tres años atrás.

Byun BaekHyun era el nieto del antiguo propietario y la foto que tenía ante él le mostraba a un chico de rasgos delicados, muy joven en apariencia para su año de nacimiento y de rostro quizás demasiado serio debido a que la fotografía parecía ser del carné de identidad. Y de todas formas, era jodidamente atractivo, pensó ChanYeol con la boca repentinamente seca.

Cerró la carpeta con un golpe seco para apartar de su mente los ojos intensos de Byun BaekHyun y sintiéndose aún más molesto e irritado con la situación, porque mierda, él no tenía por qué hacer ese viaje. Pero no tenía elección y era hora de seguir, si es que quería llegar para el amanecer al jodido pueblo de Chungju y terminar con aquella ridiculez.

Porque para ChanYeol eso era aquel viaje, una pérdida de tiempo, un caso absurdo de testarudez de un dueño obstinado que se negaba a venderle su propiedad a una multinacional, por el simple hecho de tocar los cojones. No había más, y sin embargo, él tenía que hacerse cargo del trabajo que otros no había conseguido y no iba a permitir que ese tal BaekHyun se lo arruinara (por muy guapo que fuese.)

Como planeó, entró en el pueblo al amanecer y joder, fue como si se adentrara en un bucle de recuerdos, un viaje al pasado en el cual ChanYeol aún era un adolescente regordito y con gruesas gafas de pasta que no estaba ni remotamente interesado en ver a chicas en bikini o algo por el estilo, y que prefería pasarse el verano leyendo formas de hacerse rico y mangas de fantasía y mundos post-apocalípticos. Chungju estaba exactamente igual como recordaba con sus casitas modestas, sus paseos de tierra y piedra y su verde en todas jodidas partes, así como sus insectos del demonio.

ChanYeol trató de no rodar mucho los ojos al comprobar que la casa de su tío JungMoon continuaba teniendo aquel color plomo sucio que su mujer tanto le criticaba y que el letrero de entrada a la finca seguía torcido, tal y como hacía catorce años atrás. Enfiló el Lexus por el camino de tierra y paró el silencioso motor frente a la casona, manteniéndose unos minutos dentro del coche.

Ya que su viaje al lago Tangeum había sido improvisado, prefirió probar suerte llamando a su familiar que coger una infección en algún motel de la zona. Además, contaría con la ventaja de que podría parecer que estaba allí de visita y no por trabajo y ChanYeol primero quería saber cómo se las gastaba Byun BaekHyun, antes de exponer todas sus cartas y entablar una negociación. No iba a arriesgarse a recibir una patada en las pelotas en su primer encuentro y joderla, puede que ahora fuera el director ejecutivo, pero si SooMan se lo había pedido a él era porque lo estaba poniendo a prueba, y ChanYeol sabía que no era el primer gilipollas que estaba en ese puesto y que se iba antes de llegar al año. Él llevaba ocho meses y quería continuar allí y permitirse su puto Lexus si le daba la gana.

ChanYeol se bajó del coche con resignación, apenas había tenido tiempo para darse una ducha rápida y cambiar su traje Armani por algo más sencillo y estaba agotado de pasar tantas horas tras el volante, pero al menos más calmado por su cambio de planes de fin de semana. Sacó del maletero la maleta que había preparado para pasar allí una semana y por fin, buscó el móvil en el bolsillo de su chaqueta, dándose cuenta de los quince mensajes que tenía solo de Tiffany, logrando que otro gruñido escapara de sus labios.

La mujer lo había bombardeado durante la noche a preguntas, pidiéndole explicaciones de por qué no acudió a su jodida fiesta y ChanYeol se encontró con el colmo de los colmos cuando descubrió que el último mensaje era un audio de tres minutos.

Oppa, ¿por qué no has venido hoy? Estoy muy preocupada por ti, creí que vendrías a mi fiesta y que estarías conmigo para pasarlo bien. ¡Te había comprado un pañuelo rosa a juego con mi vestido y tú no has aparecido! ¡Ni siquiera me has dado una explicación! Sabes cuánto te qui… —ChanYeol rodó los ojos, deteniendo el audio, decidiendo que ya había tenido suficiente estupidez por parte de la mujer después de dieciséis segundos.

No respondió a Tiffany, no pudo y tampoco quería hacerlo.

—¿ChanYeol, eres tú? ¡Cuánto has crecido pequeño bribón! ¡Eres más alto que ChanWoo!—su tío lo sorprendió saliendo por la puerta y bajando las escaleras del porche con una alegría sobrecargante y él tan solo atinó a sonreír de forma falsa, mientras recibía una palmada en la espalda del hombre mayor. —Vamos dentro para que desayunes algo. ¡Oh, demonios! ¿Eso es un jodido Lexus?

—Descapotable. —añadió con prepotencia.

Su tío silbó.

—Tienes que dejar que me dé una vuelta.

—Luego. —pero no pensaba hacerlo. ChanYeol no le dejaba su coche a nadie, mucho menos a alguien como su tío que había estrellado más coches de los que había tenido.

No obstante, se estaba quedando en su casa y pretendía mantener una fachada de familiar de visita que viaja para liberar algo de estrés por el trabajo y eso incluía ser amable con sus tíos, aunque sus gustos culinarios fueran a base de fritos, su tono de voz fuera demasiado alto y ChanYeol no estuviera realmente interesado en ver el maldito club nuevo que había en Changju y que era genial.

Por eso, después de seguir el protocolo familiar de picotear del desayuno, mientras fingía que le interesaba la historia del laborioso parto de su prima, ChanYeol buscó algún tipo de excusa para salir de esa casa de locos y no tener que seguir escuchando a su tía HwanJi hablar sobre lo regordete y precioso que era su nieto.

—Iré a dar un paseo.

—¿Estás seguro, querido? Es aún muy temprano ¿por qué no te echas un sueñito?—le dijo la mujer con una sonrisa de dientes torcidos.

ChanYeol negó con la cabeza.

—Necesito despejarme del trayecto en coche, caminar por el lago me vendrá bien.

JungMoon alzó la cabeza, interviniendo.

—Déjalo en paz, mujer. Vete chico, pasear por la naturaleza te enfriara la cabeza.

Él suprimió un comentario sarcástico, porque no era un jodido chico, tenía veintiocho años y tenía su casa, su trabajo y su puto Lexus, pero prefirió salir por la puerta de la cocina que daba al patio que enfrascarse en una discusión sobre lo grande que era. De hecho, el sol le dio en la cara, obligándolo a ponerse sus gafas de sol y salió de la finca de su tío en dirección al lago.

A diferencia de las casas residenciales que estaban pegadas al Tangeum, sus familiares había comprado su vivienda más arriba, por lo que tenías una bonita bajada repleta de vegetación hasta el lago y una jodida subida para volver. ChanYeol detestaba aquella empinada cuando era pequeño, tanto subiendo como bajando, porque por el camino siempre se tropezaba con piedras o raíces y terminaba con las rodillas manchadas de tierra y sangre al llegar al agua. Descubrió, sin embargo, que el Ayuntamiento había aprendido y ahora había un camino de escaleras para hacer el paseo más ameno o algo por el estilo.

ChanYeol no tardó demasiado en alcanzar la zona residencial y la primera línea del lago Tangeum. Se tomó un segundo para tomar una respiración profunda con las manos en las caderas y cerrar los ojos un instante. Estaba cansado, irritado y detestaba haber tenido que venir a un lugar tan campestre por un tema de trabajo. Ni siquiera era que odiara el campo, simplemente, ChanYeol fue criado en ciudad y se había vuelto un tipo habituado a esa vida.

Quizás por eso no supo cómo diablos reaccionar cuando aquella maldita vaca corrió en su dirección dispuesto a embestirlo. Porque ChanYeol estaba acostumbrado a los jodidos ciclistas, la gente imprudente o los motoristas chulitos, pero no a que una endemoniada bestia de granja tratara de matarlo.

La vaca mugió, enfurecida (si es que una vaca puede estarlo) y a ChanYeol no se le ocurrió otra cosa que correr para tratar de evitarla. Tan solo consiguió que el animal lo siguiera con más ahínco, logrando a su vez que él entrara en pánico y gritara como un imbécil, buscando algo que lo separara de la vaca. Lo primero que encontró fue un árbol y trepó como pudo por el tronco, enganchándose de una rama de forma patética para ser un jodido jefe ejecutivo de una multinacional.

—¡Pero qué demonios! ¡Fuera de aquí!

Alguien le gritó al animal, una voz suave pero firme y ChanYeol casi observó de forma estúpida como un pequeño tipo aparecía de algún lado por detrás de él, ahuyentando a la bestia.

—¡Kim, ya te he dicho que controles a tu maldita vaca! ¡Podría hacerle daño algún niño y espanta a los turistas!

—¡Lo siento! ¡Lo siento mucho! —gritó un hombre a lo lejos, el que supuso que era el dueño de la vaca.

—¡Estamos en la jodida temporada de verano, controla a tu animal o no la dejes salir, Kim! —le advirtió el tipo con las manos en las caderas. El dueño volvió a alzar las manos, juntándolas en señal de disculpa y el otro bufó. —Ey, tú, ya puedes bajar de ahí. La vaca no iba a comerte, de todas formas.

A ChanYeol se le cortó la jodida respiración cuando descubrió a Byun BaekHyun frente a él, mirándolo con ojos castaños brillantes de diversión, una sonrisa de bastardo y el rostro más bonito que él hubiera visto nunca en algún hombre, joder, y eso era decir mucho. Y mierda, no era así como ChanYeol le hubiera gustado encontrarse con el tipo que lo había hecho recorrer más de ciento trece kilómetros para firmar un estúpido contrato. Sobre todo porque Byun BaekHyun era muy atractivo, él tenía la boca seca y no sabía qué le tocaba más el orgullo, que su cliente le gustara o estar subido a un maldito árbol frente a un hombre muy caliente.

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