Ardiente Deseo (Chanbaek) by Miausi ✨ at Inkitt
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Ardiente Deseo (Chanbaek)

Summary

El día en el que Baekhyun le diría a su amante que iban a tener un hijo, se entera que él es en realidad un mafioso. Asustado, huye lejos de Chanyeol, sin contar con que él iría tras suyo. Al volver a encontrarse, Chanyeol descubre su avanzado embarazo, y Baekhyun no tienen otro remedio sino decirle que el bebé es de otro hombre. Pareja principal: ChanBaek Parejas Secundarias: Chenmin, KaiSoo. Advertencias: Milfau! (Baekhyun Milf); +18. Extensión: 5 capítulos (actualización diaria) Obra participante en el MilfBBHfest

Status
Complete
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: Concepción

BAEKHYUN

(Coldplay - Yellow)

Las calles de Seúl nunca se me hicieron más populosas, tan agitadas y bulliciosas, aunque supongo que siempre fue así. Conocía ya el camino casi de memoria pues lo recorría todos los días para hacer una entrega especial. Hoy era: fresas, moras, chocolate y mucha crema batida. Un gusto muy peculiar para su destinatario, Park Chanyeol, el CEO de Park Shipping Company.

Caminé a prisa bajo el sol de verano, apresurando mis pasos al ver la hora. ¡Diablos! Llegaría tarde y Chanyeol odia que lo haga esperar, algo que descubrí poco después de que empezáramos a salir hace tres años.

Una sonrisa surcó mis labios ante el recuerdo de aquella noche mágica bajo el cielo parisino.

Estaba en Francia por mi educación culinaria como repostero y en París se llevó a cabo una pomposa gala reservada para la crema y nata de la ciudad. Mi amigo Luhan y yo nos las apañamos para entrar luego de haber gastado nuestro sueldo de dos meses en un traje elegante que no delatara nuestra pobre situación económica frente a todos los ricos y famosos franceses. Mi traje consistía en una elegante camisa blanca casi transparente que revelaba el encaje de mi sujetador y mis pechos, un pantalón entubado color negro y zapatos de vestir, sobre mis hombros llevaba un blazer capa rojo shiraz. Mi cabello rosa pastel era quizás la cosa menos rebelde en mi atuendo, después de todo, no siempre la sociedad aceptaba ver a un doncel lucir sus curvas. La sociedad francesa era aún más conservadora, aunque era una hipócrita ironía cuando a los donceles no nos permitían ser atrevidos y la mayoría de mujeres tenía pleno derecho a lucir escotes llamativos y encajes.

Luhan me abandonó en algún punto del baile cuando sus ojos se posaron en un guapo y alto griego con quien parecía coquetear. No me molestó, de todas formas, a eso vinimos, por un poco de diversión. Y cuando me di cuenta de su ausencia noté la presencia de alguien más. Un hombre alto, mucho más que yo, de porte elegante y facciones rudas, con el cabello castaño oscuro y traje negro ceñido a su cuerpo escultural. Ni siquiera supe que me quedé mirándolo como un tonto y al darme cuenta sentí mucha vergüenza.

Mira a las estrellas,

mira cómo brillan para ti,

por todo lo que haces.

Sí, eran todas amarillas.

—Tus mejillas lucen aún más preciosas estando sonrojadas —me dijo y fue su saludo.

Yo no pude decirle nada; estaba demasiado avergonzado de que él me viera. ¿Qué pensaría de mí?

—Nunca te había visto antes, ¿puedo saber quién eres?

¿Sabría ya que me colé en esa elegante fiesta? Seguramente, no por nada tenían una buena seguridad, claro, aunque solo bastó que Luhan les coqueteara un poco para poder escabullirnos entre la multitud.

Él me miró de arriba abajo, estudiando mi apariencia sin cuidado. Era un hombre arrogante y confiado, fue lo primero que pensé de él y mi pensamiento no cambió mucho con el tiempo, pero sí fui añadiendo adjetivos a esa descripción.

—Byun Baekhyun —le dije estúpidamente, olvidando el hecho de que era un intruso y de que bien podrían enviarme a la cárcel por una o dos noches. Luego no me arrepentiría de ese error.

—Park Chanyeol —dijo, altivo.

Pero a mi ese nombre no era nada y me encontré avergonzado de mi ignorancia en el tema de negocios, a cualquiera que Chanyeol perteneciera. Traté de recomponerme y le dije:

—¿Eres banquero?

Y mi voz sonó demasiado infantil que intenté retractarme, mas sus carcajadas me detuvieron. La humillación continuaba, y esa noche ya tenía un largo registro.

—No, ¿parezco uno?

Parecía un modelo o un heredero, pero no le diría eso.

—Lo intenté, pero soy terrible para las adivinanzas.

—No se trata de que adivines —dijo con renovada arrogancia—. Soy CEO de Park Shipping Company.

Yo me presenté,

escribí una canción para ti,

y todas las cosas que haces,

y se llamó “amarillo”.

Me mordí los labios. El nombre tampoco me sonaba, pero si él me hablara de cómo hacer un perfecto merengue seguramente podría seguirle la conversación. No era el caso, lamentablemente.

—Es una naviera coreana —explicó al notar mi remarcada ignorancia.

—¿Y qué haces en París?

—Supongo que lo mismo que tú. Negocios.

Yo no estaba ahí por negocios, pero tampoco debía explicarle a qué me dedicaba.

—Luces asustado, tranquilo, no voy a morderte, kitten.

Me mordí los labios, un mal hábito que tengo cuando estoy nervioso y del cual mi madre siempre renegó.

—¿Puedes concederme una pieza?

Asentí con la cabeza y dejé que me tomara de la mano para empezar a bailar. Su mano pesada sobre mi cintura me tomó por sorpresa y dio un brinco sin querer; él apegó sus labios a mi oído y murmuró algo que jamás olvidaré:

—Con calma, gatito, o provocarás una tormenta que no querrás enfrentar.

Entonces me toca a mí,

oh, qué cosas hay que hacer,

y era todo amarillo.

Finalmente, sí la enfrenté, aunque mucho tiempo después.

Él me sujetó por la cintura y con la zurda tomó mi mano mientras me llevaba de paseo por todo el salón en medio de suaves pasos y coquetas volteretas. Su fragancia, estando tan cerca, me embriagó lo suficiente como para poner duros mis pezones y tan apegados estábamos que podía jurar que él los sentía contra su ropa, después de todo, yo usaba lencería de encaje debajo de la llamativa ropa.

—¿Esa es una invitación? —me preguntó, pero yo no entendí lo que insinuaba.

—¿Disculpa?

Él se rio.

—La aceptaré, si no te molesta.

Y al salir del salón lo comprendí.

Él me acompañó al jardín junto al salón de baile y ahí me dijo algo que me dejó helado.

—Sé que no estás dentro de la lista de invitados.

Quise morir ahí mismo, pero seguramente mi paludismo se lo dijo y su expresión altiva cambió a una un poco más suave.

—Lo lamento —le dije.

—No te disculpes por una tontería como esa, además, si no hubieses aparecido esta noche, hace mucho que me hubiese marchado.

—¿No te molesta que no sea como tú?

Él sonrió de lado como si se burlara de mi pregunta.

—Yo tampoco soy como los demás, cariño, y no hay nada que celebre más que eso.

—Solo creí que sería divertido… —murmuré tratando de explicar mi intromisión.

Él lo notó con tal facilidad que ello me dijo que yo no encajaba en aquel lugar, ni siquiera si llevaba un costoso traje o había maquillado mi rostro. Yo no pertenecía a ese despampanante lugar de luces y música clásica. Me sentí tonto.

—Será mejor que me vaya.

—¿Por qué? —dijo y me detuvo con su mano.

—Porque en primer lugar nunca debí venir. Además, ya tomé mucho de tu tiempo.

—¿Y no has pensado que quiero que tomes algo más que mi tiempo?

Tu piel,

oh sí, tu piel y huesos,

se vuelven algo hermoso,

y ya sabes,

sabes que yo también te quiero,

sabes que yo también te quiero.

Me llevó en su coche, un Porsche 911 color blanco que corrían rápido como yo mismo quería hacer. Las calles de París a esas horas estaban llenas de turistas y de románticos nocturnos. Me llevó al Sena, justo en frente de la torre Eiffel. Estacionó el auto y me ayudó a bajar del coche. El viento alborotó nuestro cabello, pero para mí él se vio aún más guapo.

—Después de esta noche, ¿podré volver a verte?

—¿En verdad lo quieres o lo dices por cortesía?

—Cuando me conozcas sabrás que casi nunca soy cortés —dijo, burlándose de sí mismo.

—Sí…, sí quiero volver a verte.

Sonreí, ese era un muy buen recuerdo que atesoraba en mi corazón.

Saliendo de mi ensoñación divisé el número en el ascensor que llegó ya al último piso, el despacho de Chanyeol.

Su secretaria me recibió, una mujer mayor que era la ancianita más adorable que jamás conocí; ella me indicó que Chanyeol estaba esperándome y me dejó pasar. Como era la hora del almuerzo ella también se iría pronto y ya casi nadie quedaba en el edificio. Entré y cerré tras de mí la puerta con seguro. Era una costumbre entre nosotros desde que empecé a visitar su oficina en las tardes para compartir el almuerzo y charlar.

Chanyeol solía estar a veces demasiado ocupado o estresado, pero siempre tenía tiempo para mí, su novio. Era extraño llamarme a mí mismo de esa forma, y aún más lo era que yo lo llamara mi Chanyeol.

Me senté en el sofá y saqué del empaque el pastel de crema batida que me pidió. Él estaba al teléfono y me saludó con un ademán de la mano.

—Quiero ese cargamento mañana mismo —bramó—. Te estoy dando un día de plazo por tu estupidez y ya he perdido demasiado dinero como para que todo se venga abajo.

Poco después colgó y con impaciencia se desató la corbata mientras avanzaba hacia mí. Se inclinó para alcanzar mis labios. Él estaba feliz a pesar de su molestia con la persona al otro lado del teléfono.

Crucé océanos a nado,

crucé de un salto para ti,

oh, qué cosas hay que hacer,

porque tú eras toda amarilla,

dibujé una línea,

dibujé una línea por ti,

oh, qué cosas hay que hacer,

y era toda amarilla.

—Hola, gatita.

Se sentó a mi lado y abrazó mi cintura y dejó un camino de besos en mi cuello.

—Te extrañé todo el día —ronroneó contra mi oído y yo reí.

Para ser un hombre de treinta y siete años, Chanyeol se comportaba conmigo como un niño, demasiado mimoso y consentido, fuera de aquella aterradora faceta que tenía con sus subalternos.

—Nos vimos esta mañana, Yeol —le dije entre risas.

—Debiste dejarme atarte a la cama y no dejarte salir.

Esa fue la propuesta que me hizo en la mañana cuando desnudos en la cama las cosas empezaron a calentarse demasiado. Le dije que él debía ir a la naviera y yo a mi pequeña pastelería en el centro de la ciudad, pero aun así quiso quedarse a jugar en la cama.

—Supongo que puedo compensártelo ahora —sugerí a sabiendas de que él no lo rechazaría.

Su aliento caliente me erizó la piel de la nuca y pronto sus besos me atraparon. Sus toscas manos acariciaron mi cintura, la una con camino hacia mi entrepierna y la otra subiendo sobre mi camisa hacia mis senos. Últimamente los sentía muy sensibles, erguidos casi todo el tiempo y con la calentura de un demonio.

Me acomodé en medio de sus piernas aun dándole la espalda. Mi camisa fue desabotonada y entre besos me dijo:

—No sabes cómo de duro me pone verte así.

Sobre mi brasier de encaje transparente con bordes dorados y tela negra, sus manos apretaron mis pechos y los amasaron con suavidad, sobre el encaje acarició mis pezones duros, apretándolos entre sus dedos. Me arqueé de placer. Se sentía muy bien; siempre su toque me enloquecía.

—Yeol —gimoteé.

Sacó mis pechos que, aunque no eran muy grandes, siempre cabían en sus manos, y los acarició piel contra piel. Su tacto caliente y áspero me hizo mojar; ya sentía mis bragas empapadas por la excitación. Sus besos continuaron camino hasta mi hombro donde dio una suave mordida.

Y tu piel,

oh sí, tu piel y huesos,

se vuelven algo hermoso,

y ya sabes,

por ti me desangraría, por ti me desangraría.

—Eres mío —me dijo y yo no pude estar más de acuerdo.

Bajó la zurda por mi vientre hasta llegar a mi ajustado pantalón, escuché un gruñido suyo contra mi oreja.

—Te ves malditamente caliente.

Sonreí y mis mejillas se colorearon.

Bajó la bragueta de mi pantalón y metió la mano. Chillé. Su tacto, por simple y escaso, me causó un desenfreno incomprensible. Su mano acarició sobre mi braga mojada mi pequeña y llorosa polla, y con los dedos índice y medio acarició el camino hacia abajo hasta mi entrada.

¡Dios, estaba aún más mojado ahora!

—Pequeña zorra —me dijo—, tan mojada y necesitada.

—Lo soy —concedí—. Soy tu zorra, Chanyeol.

Con premura me desvistió y yo solo me dejé hacer, cegado por el deseo y la impaciencia. Mi cuerpo casi desnudo le reveló el encaje que me regaló hace un par de semanas por nuestro aniversario. Las bragas abrazaban mi cintura y resaltaban mi respingado culo que a él le encantaba golpear.

Le quité la camisa y sin reparo la aventé contra su escritorio. Tenía un tatuaje en el brazo izquierdo, empezaba en la espalda y cubría poco del frente de su hombro. Era el ala de un ángel, aunque cuando le pregunté me dijo que era del demonio.

Mis manos pequeñas acariciaron su pecho fornido, bajando por sus poderosos pectorales hasta el ligero camino hacia su miembro. Me relamí los labios y mirándolo a los ojos me senté sobre su entrepierna. Su dura polla golpeando su pantalón tocó mi culo y me aseguré de que mi entrada mojada la acariciara. Él lo notó y me sujetó por las caderas, empujándome sin cuidado contra su verga.

—¿Puede esta gatita jugar con la polla del amo? —pregunté con la voz suave y mimosa, meciendo mis caderas, torturándolo.

—Puedes, pero debes beberte tu leche también, gatita.

Me relamí los labios y ronroneé.

Me volvía un descarado cuando estaba en su regazo.

De rodillas sobre la alfombra azul oscuro y abrí su pantalón. El aroma del presemen me recibió y yo me moví inquieto. Su polla saltó contra mi mano, caliente y húmeda, dura, larga y gruesa. Lamí la punta y recogí su sabor.

Erguido, pasé mis manos por mi espalda y abrí el broche de mi sujetador, lo retiré y mis senos rebotaron. Chanyeol jadeó y se lamió los labios; sus ojos oscuros me miraron con la viva llama de la lujuria. Su polla se puso aún más dura.

Sonreí. Chanyeol tenía una seria fijación con mis senos.

Emboqué su verga y mis labios la chuparon ávidamente. Con mis manos sujeté su tronco mientras me deleitaba con esa masa caliente en mi boca.

Él me acarició el pelo e incitó a que fuera más profundo.

Es verdad,

mira como brillan para ti,

mira como brillan para ti,

mira como brillan para...

mira como brillan para ti,

mira como brillan para ti,

mira como brillan.

Mientras yo estaba ocupado con su polla, él tomó el pastel de crema y con su dedo tomó una porción de la blanca cobertura, me miró con malicia y deslizó su dedo empapado sobre su polla.

—Cómelo —me dijo.

Saqué mi lengua y lamí el glande, saboreando mi propia creación mezclado con el sabor de Chanyeol. Gemí con descaro y chupé más. Mis senos acariciaron el pantalón de Chanyeol y los pezones sollozaron contra la tela. Estaba demasiado sensible últimamente.

—Maldita sea —gruñó—. Necesito hundirme en tu mojado agujero.

—Entonces, ¿no tendré mi lechita, amo?

—Tal vez después, cariño —me dijo y con su diestra acarició mi rostro—, pero ahora…, en verdad quiero poseerte.

No me negaría, después de todo, podía conseguir mi leche en la noche o temprano en la mañana.

Él me puso en pie y dijo:

—Quiero jugar.

No lo comprendí en ese momento sino hasta que me vi apoyado contra el ventanal, completamente desnudo. Temblé. Desde ahí cualquiera podía verme por mucho que estuviésemos en un edificio alto, especialmente de los edificios aledaños. Mis manos pegadas al vidrio me sujetaban cuando mis piernas vibraban por tener a Chanyeol en medio.

Sentí sus manos acariciar mi trasero y una palmada resonar. Mi carne ardió y mi espalda se arqueó. Sollocé, y arqueé mi espalda empujando mi culo contra Chanyeol. Quería más.

—Voy a destruirte, preciosa zorra.

Dos de sus dedos pasaron por mi entrada dejando un rastro pegajoso que no supe qué era sino hasta que volteé mi rostro. Era crema batida.

—Chanyeol —chillé.

—Un encantador pastelito como tú debe estar relleno no solo con mi semen.

Metió un dedo empapado de crema y dentro mis paredes calientes lo apretaron. Se sintió curiosamente bien, especialmente esa rara sensación que me invadía.

—Otro —le pedí con descaro.

Me complació más de lo que creía. Metió otros dos dedos y mi entrada se estiró con doloroso placer. La crema entró aún más y un poco que se deslizaba por mis muslos. Gemí. La sensación era malditamente caliente.

Los metió y sacó con rapidez calentando mi entrada y salpicando la crema. El sonido me gustó demasiado y sin pensarlo tomé uno de mis senos y lo apreté, estimulando mi pezón con mis dedos ansiando ser llenado por la polla de Chanyeol.

—Por favor, fóllame.

Retiró sus dedos. Me sentí vacío y solo en ese momento me di cuenta en la perversa zorra necesitada en la que me convertí.

Su glande acarició los pliegues de mi entrada y empujó contra ellos. Me tensé. La polla de Chanyeol era descomunalmente grande y mi cuerpo siempre batallaba para tomarla entera, pero una vez dentro me volvía un egoísta insensato que no quería soltarla.

—¡Chanyeol! —chillé con voz potente una vez sentí su miembro entrar hasta la mitad. Mi respiración se cortó y mis piernas empezaron a fallar—. Oh, Dios —murmuré.

—Sé que puedes tomarla, gatita —me dijo y besó mi cabello.

Asentí con la cabeza y di una profunda respiración.

Su polla me atravesé. Me quitó el aliento.

Mira a las estrellas,

mira como brillan para ti,

y por todas las cosas que haces.

Sentía su glande acariciar la entrada de mi útero con burla.

—No usaste…, condón —le dije.

Siempre lo usábamos o al menos cuando no estábamos demasiado calientes como para unirnos en la cama.

—Déjamelo a mí.

Me bañaría en su leche, lo sabía.

Su polla siguió empujando mi estrecho canal. Por dentro yo me sentía en pleno éxtasis, demasiado caliente y mojado, estirándome centímetro a centímetro conforme la polla de Chanyeol me atravesaba. Por fuera, mi boca escandalosa le decía al mundo a quién le pertenecía y revelaba mis indecorosos deseos de ser follado con rudeza a pesar de poder ser vistos por cualquiera.

Sus manos estrujaron mis caderas a medida que su incontenible orgasmo se acercaba y el mío se arremolinaba en mi vientre.

Pero se detuvo y su respiración agitada me acarició el cuello.

—¿Chanyeol?

—Eres demasiado impaciente y yo demasiado acelerado.

—Por eso estamos bien juntos —le dije sacando una voz calmada de no sé dónde.

—No, no estamos bien. Somo perfectos juntos.

Me besó el hombro suavemente como solía hacer cada mañana que despertaba entre sus brazos. Sentí entonces algo viscoso contra mis senos. Era crema batida que Chanyeol ponía con sus manos, amasando mis pechos y pellizcando mis pezones. Chillé.

—Voy a mancharlo todo.

—Eso espero, cariño.

Volvió a follarme duro mientras sus manos aún jugueteaban con mis senos. Lo sentía demasiado bien. ¡Era jodidamente delicioso!

—Chan…, ¡Chanyeol! —chillé cuando mi cuerpo convulsionó ante el placer y mi pene salpicó largas tiras blancas contra la ventana.

Mi entrada se contrajo rítmicamente, como mis latidos, y ordeñaba con ansiosa lascivia el miembro de Chanyeol. Él gruñó y sacó su pene de mi culo.

—Maldita sea —refunfuñó mientras se corría contra mis nalgas, manchándolas de blanco.

Cuando logré recomponerme me alejé un poco del vidrio como para despegar mis senos y entonces los vi todavía allí. La crema batida creó mi figura contra el vidrio y mis pechos eran las estrellas. Me avergoncé, pero si se lo decía a Chanyeol, él replicaría: Mandaré a que pinten tu cuerpo en cada pared de mi despacho. Así se comportaba él y a mí ciertamente me gustaba lo mucho que él me quería. Muchos hombres no encuentran atractivos a los donceles, o incluso pueden ser muy exigentes. Deben tener el tamaño de pechos ideal y la cintura pequeña, el trasero gordo y respingado. Y al diablo. Chanyeol me conoció cuando yo estudiaba en Francia y era bastante regordete, especialmente en mis caderas y muslos, y no había otra cosa que él más amara sino a mí.

Y yo lo amo igual.

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Great Character

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Strong Dialog

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