Capitulo One shot
Fue a lo largo de un oscuro día de invierno, en que las sombras descendían rápidamente en el territorio de los Cárpatos, lugar salvaje e ignoto tal cual hermoso de otras eras, donde la luz de luna difícilmente penetraba las copas de los árboles. Me encontraba alumbrado solamente por la mortecina luz de mi linterna, misma que oscilaba vacilante a cada uno de mis pasos, esta temblaba con los vientos que emanaban de las profundidades de la noche, viéndose temerosa tal cual alma humana, danzando a la par de los fuegos fatuos que se contemplaban a la distancia, flotando en el aire, entonadas solamente por el ulular de los búhos quienes me acechaban desde las alturas desde sus solitarios nidos.
Era media la noche, y las primeras nieves de invierno se hacían presentes entre las gélidas ráfagas del viento del norte, mismas que adormecían el espíritu y presagiaban el final del mundo mortal.Me encontraba viajando por senderos olvidados, lugar de solitarios ecos, en donde mejores épocas habían transcurrido ya, y que habían sido abandonadas por el hombre a su suerte. El paisaje inspiraba la sensación de ser observado desde la penumbra por almas errantes, quebradas en pena, abandonadas, acechando con su último aliento desde un abismo con una mirada negra que absorbía el todo. Pocos hombres han mirado al abismo, y salido airosos de él, yo he sido uno de los pocos de ellos, pero… ¿a que costo? Mi apariencia jovial se había desvanecido a la par de una docena de exorcismos realizados y de las que muchas veces fui testigo o presenciado, cada uno de ellos profetizaban ruina hacía mí persona, pues a mis treinta años de edad, mi apariencia distaba mucho de la de un hombre promedio, mi largo cabello, ya encanecido, era adornado por un oscuro sombrero de ala ancha, a la par que mis arrugas, habían sido cubiertas por una bufanda negra, tal cual mi cuerpo encorvado, era portador de una larga gabardina de cuero negro, que resguardaba en si misma todo un arsenal sagrado hacia sus adentros.
Sabía que no me quedaban muchos años de vida, pues el estilo de vivencia nocturna de la lectura constante de predecir el futuro por medio de oráculos paganos, así como de innumerables exorcismos vistos como realizados, me habían expuesto a energías odiosas y detestables que absorbían mi energía, dejándome abatido con la apariencia de un anciano de poco libido como resultado, mi vida era acortada por cada uno de estos rituales, al igual que mi juventud era magullada… pero lo que más me dolería sería expirar tempranamente y dejar sola a mi prometida, mi amada Carmilla, dueña de mis pesadillas y ensoñaciones, joven prometida cuya bendición antes de partir, añoraba con la esperanza de ver una nueva aurora, mis pensamientos por ella alzaban la moral, a lo cual recorría el camino brumoso y sombrío, al cual mis pasos se volvían mas pesados colina arriba, rumbo al castillo de lo que los aldeanos llamaban, pertenecía a un demonio.
Los pobladores de Streigocavar, habían abandonado sus hogares hacía ya tiempo, debido a extraños sucesos y supersticiones que se habían suscitado en la zona hacía meses, haciendo que una gran tristeza reinara en el pequeño pueblo transilvano con la llegada de una extraña criatura, que ellos mismos llamaban vampiro, este se encargaba de secuestrar con infinita destreza, bajo el manto nocturno, a bebés recién nacidos, así como la habilidad de debilitar hombres maduros mientras estos dormían noche tras noche, dejándolos en un grado deplorable y enfermizo. En cuanto a las mujeres o niños, estos desaparecían sin dejar rastro alguno. Muchos aldeanos pensaban que estos últimos, eran llevados a la torre más alta del lúgubre castillo, que se perdía entre la niebla que remataba en la cimas, al otro lado de una cara desnuda de la montaña, donde se levantaba ese odioso castillo negro, rodeado de acantilados y abismos malditos, siempre rondado por demonios a los cuales los hombres sabían de sus existencia y les rehuían.
Mire hacía la escarpada montaña amarga, y esta era ensombrecida por una extraña aura maléfica y endemoniada misma, que podía contemplarse desde la plaza de Streigocavar, y la gente misma clamaba por ayuda y salvación, ante semejante ente siniestro e incomprensible.
Extraño era el tiempo que transcurría en dicho poblado, pues en pleno año de 1899, tanto sus costumbres y ritos o tradiciones, evocaban la esencia de otras eras. Sus calles adoquinadas no pertenecían a nuestros días, y sus pobladores emanaban una apariencia antigua tanto en sus costumbres, como en vestimentas, que estos citaran a una criatura de antaño y de leyendas en plena época actual, sonaba tan descabellado para muchos de mis contemporáneos, como para todo aquel quien ignorara del tema.Hacía un par de meses que un grupo de pobladores habían viajado rumbo al vaticano a clamar por mi ayuda, estos dejaron un adelanto como pago antes de mi llegada, pues aquel quien diera caza y muerte a dicho demonio, seria bien recompensado una vez acabada la misión.
Fui escoltado por un par de hombres a caballo, hasta llegar al umbral de la arboleda, pero al llegar, estos al verse intimidados por los mitos y supersticiones bien sabidas por los pueblerinos, se negaron a entrar conmigo, para luego darse media vuelta y retornar de nuevo rumbo a sus hogares, no sin antes clamar una oración, dejándome abandonado solo a mi suerte, pues mi misión aquí había sido sugerida por del obispo de la región a sus fieles devotos, quien había oído de mi experiencia como mi cargo de “ cazador de demonios” por parte reconocida del vaticano y su santidad hacía pocos años.
Esa tarde a mi llegada, el abad del pueblo me bendijo tanto como la misma agua bendita que yo portaba en pequeñas botellas atadas a mi cinturón, ocultas bajo mi gruesa gabardina, así como mi armamento resguardado bajo mis gruesos ropajes, escondidos ante la mirada de cualquier curioso. En esa misma iglesia pernocte en una habitación preparándome antes de mi larga travesía rumbo a la sombría morada, que se llegaba a contemplar desde mi ventana en la habitación, al tanto que los vientos arreciaban contra mí, anunciando una ira espectral a modo de advertencia ante la nueva presencia sagrada en la región.
Nadie había escalado más allá de las inclinadas laderas, nadie había visto el misterioso castillo perdido entre las altas brumas, pero fueron los mismos pastores de Streigocavar quienes desde lo alto de las colinas, mientras dirigían su ganado de vuelta a sus respectivas granjas al anochecer, quienes veían como grupos de luces blancas y negras emanaban desde las espaldas de la imponente montaña, y que estas descendían durante la hora del crepúsculo hacía los bosques, para después desplegarse hacía la aldea. Fue ahí que descubrieron que el mal procedía de dichas regiones, donde las leyendas de antaño citaban un susodicho castillo abandonado durante la baja edad media, y los espíritus de guerreros muertos embrujaban la zona y descendían en el nombre de su extraño amo, de cuando en cuando a causar la desgracia sobre Streigocavar o sus alrededores . Con ese conocimiento en mente, partí con pesar hacía las faldas de la montaña a la mañana siguiente. Camine y ande por tumultuosos y perdidizos pasajes de fauna salvaje, cubriendo kilómetros de viaje hasta dejar atrás el interminable bosque, situado a la periferia de las faldas de la montaña, hasta que llegue a lo alto de una desolada meseta, que era acariciada por el viento, ahí reinaba un silencio sepulcral y tranquilidad absoluta, anulada solamente por mis pasos vueltos ecos. Decidí acelerar mi paso para recorrer a marcha cerrada la escabrosa área, hasta llegar a un soto, que una vez cruzado, encontré un claro, lugar donde divisé a la distancia un rustico puente de madera, mismo se decía que conectaba con la serpenteante ruta hacía lo alto del castillo, pero el mismo puente había sido roto por la mitad, quizás por las fuerzas de la naturaleza, o por él mal tiempo, o quizás… algo más desconocido, algo como fuerzas de ultra tumba.
Resolví a cruzar el puente por debajo, deslizándome lentamente por las laderas escarpadas, hasta llegar sano a los barrancos, que para mi fortuna, anunciaban entre la niebla que el lecho del rio estaba seco a varios metros por debajo de mí. Mire hacia arriba y contemple gigantescas nubes grises que corrían por todo lo alto y que presagiaban un mal tiempo, siendo así que opte por correr hacia al lado opuesto del camino por el cual yo había descendido, recorriendo todo el tramo seco del lecho del rio, que estaba lleno de gigantescas piedras negras de extrañas apariencias, y que evocaban pesadillas, no dejaron de aparecer en mi ruta, hasta encontrarme al pie de la montaña siniestra, donde una cueva me dio cobijo.
Decidí descansar unos minutos hacía sus adentros, tratando de escapar de ese preludio de tormenta invernal que se avecinaba al anochecer, y ahí la cueva me mostraba que era un lugar desagradablemente oscuro, repelía a todo hombre cuerdo y sano, pero aun así, me acurruque hacía sus adentros, y encendí una fogata con la poca luz de mi linterna, y algunos leños secos que cargaba hacía mis espaldas, mismos que se me habían sido ofrecidos por quienes me escoltaron.
El frio me clavaba hasta los huesos, pues el tamborileo de la lluvia, fue precedido por las ráfagas del fuerte viento invernal, para poco después este convertirse en granizo. La lluvia me ayudo a dormir rápidamente, pero aún entre sueños, lograba divisar extrañas siluetas entre las sombras, rostros blancos de personas con formas indistinguibles, me indicaban el puente hacía el mundo real y el del más allá, de pronto, un sobresalto me saco de mi sueño, y me sentía vigilado, al tanto que el aullar de los lobos se colaban dentro del sitio. Desesperado, me apresure a encender una antorcha y alzarla por todo lo alto, a tal cual cientos de murciélagos que adornaban el techo, silenciosos y terribles, emanaron desde las profundidades de la cueva, vociferando y aleteando sus soporíferas alas llenas de hedores pútridos cerca de mi rostro como en rededor, decidí espantarlos desesperadamente a diestra y siniestra, con una de mis antorchas que ya mustiaban ante las inclemencias del tiempo, pero la misma luz vacilante, ilumino el camino hacía las profundidades de un túnel, mostrándome extraños peldaños, mismos que llamaron mi atención, y que serían explorados por mí al día siguiente.
Luego de una mala noche de sueño, opte por explorar los peldaños que estaban toscamente tallados en la roca misma, estos se enrollaban en una espiral mal sana y siniestra hacía arriba por varios kilómetros, por la cuál comencé a subir, y en cada uno de mis pasos, las paredes parecían cerrarse a cada momento, causando una especie de claustrofobia que mermaba el espíritu, y volvía cada vez el ambiente más asfixiante. Me pegue tanto como pude a las paredes como fuera posible, palpando los muros con las manos, los insondables caminos desconocidos de una negrura eterna, y en cada escalón mohoso, mi antorcha proyectaba largas sombras que se distorsionaban delante de mí, y desconcertaban al tanto que yo avanzaba, siendo que la penumbra acentuaba la negrura de las sombras que se agolpaban a mi alrededor y causaban visiones mal sanas.
Durante mi trayecto infernal, la luz mi antorcha iluminaba una historia incierta cincelada en las rocas, donde en un latín muy antiguo en alto relieve, narraban lo que los nativos de la zona llamaban “vampiro”, grabados de perversa naturaleza y de otras eras, que repelían a todo hombre, pues estaban lleno de maldiciones y blasfemias sin sentido que profetizaban una ruina a todo aquel que la viese. Entre los dibujos tallados, había el de un hombre que corría a toda velocidad con el cabello alborotado, sus manos extendidas al cielo, tras él, le seguía una forma extraña y gigantesca sin similitud alguna a la humana, esta brotaba de un pozo seco de agua. Era una silueta monstruosa, una sombra negra gigantesca y deforme que perseguía el alma de un pobre cazador. Más adelante vi grabados con escrituras que narraban la historia de un hombre llamado “KhadMurd”, el primer gran vampiro, nacido luego del gran diluvio universal. Se decía que KhadMudr había tenido contacto con seres pavorosos ajenos a la tierra mortal, casi dioses de otras eras, iniciado en antiguos ritos a manos de seres ajenos a la humana, rituales dedicados a un tal “gris Khihf” en un lugar llamado “El pilar de Pnath”. Estos seres le habían brindado vida inmortal, así como poderes sobre naturales por encima de los humanos o bestias, conocimientos paganos o esotéricos prohibidos, pero todo esto fue pagado por él, a cambio de innumerables vidas humanas, mismas que eran ofrecidas a dichos entes en rituales antiguos y paganos de los cuales, actualmente, ninguno de sus adoradores quedan en este mundo hoy en día.
El peso de los siglos había caído sobre KhadMurd, pues él era el primer gran vampiro, el primero y el último a mi parecer, pues a diferencia de sus congéneres, él no había sido mordido por algún gremio o sociedad vampírica secreta, como lo citaban las leyendas de antaño, ya bien conocidas…no, el no… él había sido sometido a un antiquísimo ritual pre humano a manos de sus “dioses”, despreciables, seres cuyas formas distaban mucho a la humana, quienes lo habían maldecido con una eterna sed de sangre humana para su horrible inmortalidad, sin embargo, me di cuenta que los “dioses “ que eran dignos de su devoción, no eran tan antiguos como los que yo llegue a saber en los grimorios de sociedades secretas, mismas sociedades que contaban con manuscritos secretos y esotéricos . Los dioses antiguos que yo conocía, habían abandonado nuestro mundo hacía siglos. Cuando las primeras civilizaciones en el gran país de MUR, se alzaban en el continente de Híperborea, estos ya habían desaparecido, y no dejaron rastros, leyendas, ni templos de su existencia, más solo quedaron resguardados por un sequito de 3 docenas de personas, grabados en pergaminos las historias de sus dioses, y la forma de invocarlos. Estas tribus pre humanas, son mencionadas vagamente en un libro conocido como “Los cultos sin nombre”.
Salí del túnel horas más tarde con la cabeza hecha girones en un mar de pesadillas, solo para ser recibido por un golpe de aire mohoso y fétido, pues al final del túnel, había una pared de mármol que funcionaba como pasadizo hacía un mausoleo de inicios el siglo XVIII, ahí se resguardaba una docena de cuerpos amortajados en un aire viciado, en posiciones algo incomodas, me santigüe al contemplar dicha escena y clame una oración a lo alto, me dirigí hacía la entrada de ese mausoleo, para después empujar con una patada a la carcomida puerta de madera que se usaba como acceso. Emane de las sombras del inframundo, solo para contemplar alrededor y encontrarme después en un espacioso cementerio abandonado, situado a espaldas de una capilla que pertenecía a una iglesia parroquial. La nieve comenzó a caer una vez más, cubriendo así las antiquísimas lapidas que se contemplaban a la distancia, y se perdían entre la niebla tal, cual rocas cualquiera, estas me distrajeron por breves momentos por su antigüedad, al tanto que tome un poco de la nieve que caía sobre de estas, y la vertí en mi boca para apaciguar la sed que me carcomía desde la gran escalinata del túnel. Mi descanso se vio interrumpido sin anuncio alguno, pues me gire a mis espaldas solo para encontrar la mas
perversa bestia de leyendas que me habían contado. Se trataba de una figura lupina de negro azabache, gigantesca bestia de poco más de dos metros de altura, a lo cual reconocí en mis recuerdos con el nombre de Lycaon, cuyas leyendas en grimorios contaban era capaz de acabar con ejércitos de hombres en una sola noche, y que tanto como con héroes y villanos le temían.
Mi fe flaqueaba de salir victorioso ante semejante monstruo negro, de filosos dientes canidos, y puntiagudas garras que lanzaban zarpazos hacía el aire contra mi persona, siendo así que tratando de encontrarme a salvo, corrí en dirección de regreso al mausoleo para encerrarme ahí, escondiéndome bajo los cuerpos amortajados, y usarlos como escudos mientras preparaba mis armas. Prepare mi revolver ahí mismo, mientras la bestia salida de los avernos a penas asomo su hocico por la puerta y desde las sombras, una lluvia de balas furiosas provenientes de mi revolver dio en el blanco inmediatamente, este quedo fulminado al instante ante mis ojos, dejando su hocico con un rio de sangre oscura que decoraba el piso marmóreo. Salí del mausoleo temblando con la adrenalina, como tiritando de frío, solo para retirarme dejando al gigantesco cuerpo del monstruo vencido detrás, pero ingenuo de mí al pensar que había acabado tan fácilmente con una criatura de leyendas, pues de pronto, a unos metros de mí, me vi rodeado por una jauría de una docena de lobos embravecidos, pues un simple mortal, había matado a su líder, pero estos lobos más que tristes o intimidados, se veían llenos de rabia. Avalentonados comenzaron a aullar a lo que parecía entonar un luciferino canto fúnebre o pagano, donde la luz del sol hiso su ausencia más que nunca, pareciendo estarse despidiendo de los cielos para jamás volver, el canto de los lobos a los pocos segundos surtió efecto, pues sentí un jadeo caluroso a metros de mi nuca solo para a encontrarme de nuevo con el gran lobo Lycaon de pie a unos metros, fue que a un par de latidos que este ser ya estaba pegado hacía mis espaldas. Esa criatura, era. . . ¡inmortal!.
Un gigantesco zarpazo directo fue dado a mi muslo por parte de mi agresor, me hizo caer de espaldas para después verme inundado por un ataque de hocicos ferales, la jauría de lobos laceraban mis piernas y mordían mis brazos, que eran atacados sin tregua alguna, hasta lograr ver emanar mi propia sangre, y cubrir la nieves hasta convertirse en largos ríos púrpuras. Mis gritos desesperados vueltos ecos retumbaban en los alrededores, no había nadie quien podría ayudarme cerca, estaba a punto de desfallecer vuelto en pánico, cuando fue que lo vi…ahí fue en que lo vi… el rostro del maligno mismo burlándose, emanando de la cara del Lycaon, era espantoso, una mezcla entre humana y bestia asemejándose a los rostros de una gárgola, aunque una gárgola en lo alto de las iglesias resultaba más benevolente ante mis ojos, que aquella mirada de los abismos.
Entre gritos y girones comencé a lanzar injurias para luego clamar por el amor de Dios que me soltaran…comencé a orar por todo lo alto, al tanto que la gran criatura se reía una vez más ante mí con más malicia que antes.De pronto, uno de los lobos me hizo quebrar una botella de agua bendita que estaba oculta debajo de mi gabardina atada a mí cinturón, se hizo un charco de agua sagrada, que a los pocos segundos, esta hizo que se retirasen casi al instante, al darme cuenta de ello, tome una segunda botella de vidrio con mi lacerada mano, y la lance contra el gran Lycaon …falle, pero este retrocedió unos metros, luego tome una tercer botella y la rocié sobre mis cuerpo, los lobos comenzaron a apartarse ,y comencé a hacer una oración protectora tartamudeando, que al cabo de unos instantes parecía surtir efectos, pues la jauría se apartó de mí corriendo rápidamente en sentido contrario al mausoleo, donde el mismo Lycaon de un solo salto, yacía ya en lo alto del techo a punto de retirarse, no sin antes dar un largo aullido a una luna negra, de forma de advertencia hacía mi persona, solo para después perderse entre las tinieblas de las bajas nubes grises, y huir a través de sus largo saltos en las capillas.
Aun con la adrenalina por todo lo alto, me puse en pie, y tambaleándome me acerque hacía un árbol seco, arranque una rama y la use como bastón. Camine cojeando por varios metros tratando de salir del cementerio, pero al poco tiempo, una vez pasada la adrenalina, me desvanecí como plomo. Con mi cuerpo cubierto de nieve y entumecido, me arrastre con las manos ensangrentadas por el suelo, apoyando mi persona sobre una rama como bastón, me reincorpore lentamente, y de vez en cuando soltaba un grito de dolor, y caía al suelo. Termine gateando por varios metros, solo para después reincorporarme duramente, y seguir hacía adelante con la mente fija en terminar mi misión, pero me di cuenta que no podía hacerlo en esa condición, siendo que me retire ante un ataque de hipotermia, y me resguarde en el interior de la capilla del cementerio, me quite mis ropas húmedas, y las puse a secar cerca del fuego, mismo me llevo horas en producir, pues tanto lo helado de mis manos como las heridas hechas por la jauría, me dificultaban crear fuego con los pocos leños secos que aún me quedaban. El resto del día la pase tratando de recuperarme, pausando momentáneamente mi misión por algunas horas.
A la mañana siguiente, tome rumbo hacía a la senda que conectaba la capilla con el castillo del vampiro ancestral, me llevo todo un día, así hasta estar colocado situado en lo alto de una de las malditas montañas siniestras, donde la soledad inundaba la vista, al tanto que la luz del crepúsculo depositaba el rocío de la noche en mi persona.Mire con calma hacía los abismos y barrancos que flanqueaban los costados de la senda serpenteante, misma que era decorada por los flancos por cuerpos empalados vueltos esqueletos, productos de otras eras y guerras, estos desviaron mi mirada hacía los horizontes, que se cerraban hacía mí, logrando divisar bosques en la simas, rodeados por arbustos que resguardaban ancianas casas de piedra, abandonadas por sus dueños, debido al temor que los acongojaba, estas estaban ya casi hechas añicos por el clima, pero las mismas le daban sosiego a mi espíritu y tranquilidad a mi mente al darme la impresión de ver un pueblo cercano, pero fue por muy poco tiempo , pues el sol se ausento una vez más por detrás de las nubes negras, sin la esperanza de ser visto de nuevo, solo para mostrarme con desprecio el paisaje invernal por donde la muerte cabalgaba clamando mí nombre una vez más.Picos tormentosos se perdían entre las nubes de nieve eterna, y el vigoroso viento a pausado me empujaba una y otra vez hacía los barrancos a cada paso que yo daba, solo para después volverse una fuerte y constante corriente de viento gélido conforme yo me acercaba a mi destino final, donde yacía la última morada del mal.
Avance hasta quedar asombrado por la silueta del castillo maldito, situado en la cúspide de la montaña más alta, dibujaba en el horizonte tal cual sinfonía nocturna, donde el infierno vertía sus entonaciones malignas de media noche, creando una sombra gris y monstruosa erguida entre el cielo brumoso. Me encamine hacia ella sorprendido ante tal majestuosidad, como si hubiera descubierto la morada de un dios, y deje la mirada fija por varios minutos ante el asombro de tal monstruosa gema surgida de los abismos infernales, llena de torrecillas, gárgolas y ornamentos esbeltos, hechos por una delicada obra maestra arquitectónica ajena a la tierra. Al acercarme, percibí la espantosa verdad de eso ¡El castillo estaba tallado en una sola pieza!, perfectamente polimétrico, no había duda que había sido tallado por manos ajenas a la humana.
Al llegar al área circundante del castillo colina arriba, llena de barrancos por donde me abría paso entre malas yerbas y enredaderas, las impetuosas ráfagas de viento, envueltas por la noche desplegaban su fuerza contra mí persona una vez más. Yo estaba a punto de desfallecer ante las inclemencias del clima , camine de rodillas por la senda final hasta llegar al amplio puente de mármol, que constaba de una gigantesca y pesada reja de hierro en su techo, oxidada y atascada por el tiempo, como por las inclemencias del clima. Esta era la parte final que conectaba al mundo mortal con aquella fortificación.
La fortaleza del diablo mismo constaba de gigantescos muros cincelados y vaporosos, entre más me acercaba más maravillado me encontraba. Ahí encontré una vieja espada tirada en el puente, producto guerras de antaño con la cual forcé entre las puertas de vieja madera podrida y hierro oxidado, hasta abrirlas y lograr ingresar en el mismo, solo para sorprenderme aún más hacía sus adentros.
Y ya ahí, lejos de la tierra, tal cuál fantástica visión de mansión aislada, vague sorprendido ante las salas y cámaras sostenidas por pesadas columnas de mármol. Me encontraba caminando a lo largo de corredores calados, adornados por ventanas ovaladas y vitrales coloridos, así como fragmentos de columnas colocados en posición vertical, con bustos antiguos sobre ellos, alzaba maravillado mis ojos hacía los pináculos que asemejaban cohetes al cielo, que estaban tallados en granito, estos guiaban mi mirada hasta el techo que era adornado por esqueletos en candelabros, que iluminaban los pasillos y salas que me guiaban hasta la sala principal del castillo.
En silencio atravesé el vestíbulo, y llegue hasta la sala principal, esta contaba con un techo plano y era adornada por una diabólica pintura deteriorada al estilo de algún pintor del siglo XVII, su temática era de extraña y espantosa imagen del “Juicio final”, llena de llamas espeluznantes, ciudades cayendo, barcos en llamas, almas llorando, y demonios pardos sonrientes en sus esquinas, pero había aún algo más horrible en esa habitación, una oración dedicada al mismo rey de los abismos, vuelta poema y colocada bajo la pintura, dicho escrito estaba en lenguaje “Aklo y ”era una invocación que hacía alusión a viejas criaturas de leyendas, la leí de forma vaga y para mi sorpresa mencionaba el nombre de “KhadMudr”, las luces de los candelabros se apagaron con una fuerte corriente de aire que me a travesó al finalizar de leer el poema.
Gire la mirada, y en la penumbra, una pesadilla crecía hacia el centro del salón. Me envolvía un espantoso olor a podrido, un aire que se volvía estancado y espeso, fije la mirada en el centro de la sala abovedada, mientras que la luz de los pasillos de en rededor, se disolvía lentamente, y mire postrado en su trono, al demonio final de mis pesadillas. Era el mismísimo vampiro que mencionaban en los grabados de la cueva, era el vampiro Khadmudr! Quien mostraba su rostro idéntico al cuál antes yo había visto tallado en la roca del túnel que me había traído hasta acá.No había duda de que este poseía un poder siniestro que hipnotizaba y asustaba a quien lo mirase, pues del cuerpo de este emanaba una densa nube negra en rededor, como un aura hostil, su cuerpo era delgado hasta los huesos, y de piel nívea. Sus manos eran delgadas y huesudas, terminando en garras. Sus ojos eran totalmente negros y rasgados. Carecía de nariz, pues en su rostro solo había dos fosas nasales humectadas, y sus largos colmillos cafés se asomaban fácilmente por la boca, a cada instante que este hablaba, así como carecía de nariz, carecía de cabello. Se irguió lentamente de su encorvado cuerpo postrado solo para revelar su verdadera altura en la oscuridad, su figura se dibujaba por una leve luz de las velas, situadas a sus espaldas provenientes de los pasillos , y paso su altura de dos metros, a dos metros y medio. Caminaba tranquilo hacía mí, y digo caminar, porque lo más parecido que hacía, era levitar o flotar silenciosamente, ya que sus pasos eran imperceptibles y constantes bajo una larga especie de túnica gris que hondeaba por debajo de él, adornada con grandes botones negros cerrados hasta lo alto del cuello, este se acercó hacía una silla de viejo cuero, y cojio una botella que estaba sobre una pequeña mesa ratona. En un tono extranjero, de acento alemán o quizás ruso, dijo:
“¿gusta una copa de vino mi buen hombrrre?”.
Yo sin responder nada, lo vi vertir el añejo vino en dos copas, y yo, jadeando apoyado en mi bastón, me acerque a uno de los asientos disponibles cerca de la mesa, tome la copa que él había dejado sobre la mesa para mí, no sin antes olerla y examinarla, para darme cuenta que si era un buen vino añejo, que al beberla de un solo trago, en un instante el calor volvió a mi cuerpo.
No suelo tener visitas muy seguido, me sorprende que alguien haya logrado llegado hasta acá sin previo aviso. Dijo el demonio tranquilamente. Mientras yo me sentaba a unos metros frente al él, saqué mi revolver lentamente de mi cintura para apuntar directo a la cabeza, este esbozo tranquilamente su brazo derecho en el aire, y sin tocarme si quiera, estando retirado a varios metros de mí, mi arma salió volando por los aires a varios metros por arte de magia.
Vamos, vamos.-Menciono el demonio con un tono extranjero-¿es así como se trata a un anfitrión?, seamos sinceros…usted mi querido amigo no se encuentra en una situación muy favorable, para llegar aquí a un ajuste de cuentas de la que usted es ajeno, pues se encuentra ante alguien quien no fallecería inmediatamente a un par de ráfagas de balas, o de un simple corte de cabeza o incendio ¿Cree que acaso yo no lo he intentado?.
Al instante, este saco una pequeña daga del cajón de la pequeña mesa donde estaba puesto el vino, para después desplegar su imponente poder y fuerza ante mi mirada al cortarse lenta y profundamente la palma de la mano, para luego mostrarme su fallido intento de suicidio al cortarse de un solo tajo la garganta de izquierda a derecha de una forma muy torpe y brusca. Un extraño líquido viscoso emano por breves instantes de su cuerpo, pero las heridas causadas por sí mismo, sin importar que tan leves o profundas fueran, estas se recobraban nuevamente para sanar como si nada en cuestión de segundos, una vez recobrado de sus heridas, menciono lo siguiente:
“Como ve, no puede acabar conmigo como lo ha hecho con algún otro mortal o criatura parecida, lo único que puede hacer es…mantenerme a distancia con sus fruslerías, como mantenerme a raya con ese collar de ajos que esconde bajo de su bufanda, así como su cruz de plata bendita que porta bajo su gabardina. Si no fuera por eso, yo inmediatamente ya hubiera acabado con usted, afortunadamente los murciélagos como los lobos me pusieron al tanto horas antes de su llegada… le sugiero que se retire apenas despunte el alba, si en verdad aprecia su vida. “pues muchos han perecido ya en las sombras.
Luego de decir esto, se desvaneció lentamente en una densa niebla negra, misma que se volvió una silueta ensombrecida que se disipaba como motas de polvo en el aire en la gran penumbra del salón. Me quede pasmado unos segundos en el asiento sin moverme, para tratar de procesar lo que había ocurrido, me negaba a retirarme simplemente, pues me sentía vigilado, y el ambiente se sentía una rara pesadez en rededor que oprimía mi pecho, pero él tenía razón. ¿¡Como aniquilar a un ser inmortal!? Una entidad que tenía el peso de los siglos encima, tal cuál como una sabiduría inigualable. Yo no había sido el primero o el último en darle caza, pero probablemente otros ya habían fallado en sus intentos, aun así, opte a enfrentarme a él y no dar marcha atrás en mi recorrido, decidiendo pasar la noche en una habitación del castillo, donde fraguaría mi nuevo plan maestro.
Camine por todo el inmueble, y muchas de las puertas de hierro estaban cerradas a cal y canto, no fue sino hasta llegar a una de las torres donde encontré una habitación con una vieja cama empolvada, y de aire viciado donde trate de pasar la noche. Mas sin embargo en esa madrugada no podía dormir, ruidos misteriosos en los pasillos se escuchaban, así como rugidos espantosos provenientes de las paredes. Me asome por la pequeña ventana ovalada de la habitación solo para divisara a la lejanía, a horribles seres quienes surcaban el cielo y se perdían entre la niebla, y las sombras del bosque, quizás eran harpías, brujas o banshees, quienes servían al mismo vampiro y le seguían. Mi sola presencia bañada por agua bendita los repelía a toda costa, haciendo que abandonaran el castillo, y las mismas gárgolas, parecían lanzarme miradas de muerte desde lo alto de sus torrecillas, pues aun sin moverse, parecían estar vivas.
Esa misma noche, a través de en soñaciones, causadas por mi auto hipnosis, me quede mirando los fuegos de la chimenea que había en mi habitación, deje mi mirada postrada en ella, y en mi propio mantra, puede evocar el recuerdo vago y antiguo de los conocimientos prohibidos plasmados en la roca de la escalinata por donde vine, pero esta vez, ese idioma se encontraban en libros, libros de conocimientos arcanos resguardados en bibliotecas de un viejo tío, hermano londinense de mi padre, quien había pertenecido a una secta la mitad de toda su vida, mismo quien me había iniciado a la edad de 14 años en su logia, y en esa misma secta llena de saberes resguardados de todo humano, fue quien puso mis pasos en marcha hacia donde estoy ahora, el de ser exorcista, el de ser un cazador de demonios. Pasaron años para que yo llegara a ver la biblioteca prohibida del gremio, y en uno de esos compendios de la colección, recordé a través de las ensoñaciones, runas escritas para invocar a esos seres llamados los “antiguos dioses”, pues si ellos habían sido capaces de haber otorgado dicho conocimiento de poder a esa extraña criatura, entonces, ellos mismos podrían contrarrestarlos. Comencé a ver el recuerdo remoto que se iba abriendo a la luz de los símbolos prohibidos, que no pertenecían a ningún alfabeto humano, hasta quedar plasmados de forma absoluta en mi mente para llamar a los antiguos dioses.
Al día siguiente, me quede en espera de cualquier manifestación espectral que pudiese aparecer en contra de mi persona, pero no sucedió nada. El castillo estaba vacío, había sido abandonado por todas esas terribles criaturas, pues mi sola presencia emanaba aún el agua bendita en mis ropas. Hallándome ahora totalmente solo, en un castillo abandonado, vacío y sin dueño.Durante la hora del crepúsculo, inicie en una amplia cámara del castillo, el ritual de llamar a los antiguos dioses, y entonando mantras blasfemos, así como danzas macabras en rededor de un circulo dibujado con mí propia sangre, mismo que encerraba símbolos esotéricos de conocimientos arcanos, que fueron plasmados la noche anterior a través de mis sueños lucidos por auto hipnosis, clame el nombre de los innombrables. No me detuve en dicho rito hasta que la realidad ante mis ojos comenzó a distorsionarse, pues había logrado llamar a un ser cuya mortalidad nunca ha conocido. Vastas cosas sin formas comenzaron a alterar el espacio tiempo para dar paso a un haz de luz del cuál emano desde las alturas, una criatura de varios metros de estatura que se encontraba suspendida en el aire, era un ser etéreo, que poco o nada tenía que ver con lo humano, asemejaba una especie de insecto gigantesco portador de una especie de exoesqueleto, mismo que era rodeado por una sucesión de formas espantosas pertenecientes a la superstición de los aldeanos ¿era acaso eso un dios?. Mis palabras son impotentes para transmitir una idea de lo que este ser era, pues poseía un brillo espantoso capaz de segar a cualquiera, ese brillo emanaba por detrás de su cabeza, y esta se desvanecía con la misma fuente de luz. Me era imposible mirarlo más a detalle. Mi alma temblaba de horror y enloquecía ante ese dios salido de otro mundo, me hallaba aterrado, cuando mi mente se vio invadida de forma telepática.
Esa criatura se comunicó conmigo y me pidió que le llamara a él o a eso, con el nombre de “ los ancestrales”. Mis sentidos fueron alterados de formas inigualables, y me presente con una reverencia con cordialidad y temor ante él, solo para clamar por ayuda ante una criatura ajena a nuestra dimensión, comente la situación de desventaja ante mí contra un vampiro ancestral y mí promesa ante la gente de quienes vivían sometidos bajo el horror de ese demonio, a lo cual “el ancestral” me respondió con una voz estruendosa que se hacía eco a la lejanía:
“Eres una criatura tan tonta como valerosa, pero es imposible acabar con un ser cuya inmortalidad esta de su lado, sin embargo, aún entre los ancestrales conocemos los símbolos prohibidos para acabar entre nosotros, solo existen dos maneras para lograrlo, una de ellas es convertirlos en piedra, la segunda es inducirlas al sueño permanente, no obstante, si estos hechizos son contrarrestados o anulados por algún otro, la criatura eterna volverá de nuevo a caminar entre ustedes los mortales”.
Luego de decir esto, plasmo en mi mente runas, y glifos de dudosa índole, así como los procedimientos de los mismos para llevar a cabo la misión, para poco después retirarse no sin antes dejarme un objeto con forma de pirámide de cristal cuyas tres puntas eran doradas, y contenían un extraño interior. Y dijo:
“Usa este objeto como protección, y no te apartes de él, úsalo solo cuando corras verdadero peligro, clamado la siguiente oración y alzando el objeto por encima de tu cabeza “una vez dicho eso, partió de nuevo al haz de luz del cual este había emanado, dejando la cámara con corrientes vagas de aire dentro de la gran sala. Todo volvió a la normalidad como si nada hubiera pasado. Me quede quieto unos minutos y caí desvanecido ante la falta de energía robada por ese ente, pues lo antiguos dioses, parecían absorber y alimentarse de todo tipo de energía mortal solo con su simple presencia.
Pasaron semanas, en la cual el vampiro no hacía acto de presencia en el interior del castillo, mismos días los use para recuperarme físicamente de mis heridas, y del cansancio. Cazaba con una ballesta a los cóndores quienes anidaban en lo alto de la región para alimentarme, así como bebía agua de lluvia recolectada en viejas vasijas que encontraba por ahí. La soledad me estaba volviendo loco en el majestuoso y sombrío castillo, lleno de penumbra y sombras, pero no abandonaría mi misión, cientos de familias dependían de mí, así como Carmilla quien estaba en cinta antes de mi partida, sería una pena volver al pueblo y decir que falle en la misión, luego me puse a pensar que tal vez ese era el plan maestro de mí enemigo, dejarme a solas en lo alto de la montaña de por vida, resguardado ante las inclemencias del tiempo, solo para desfallecer y terminar vencido sin siquiera haber luchado, aun y sin haber logrado nada, para después fallecer y volverme uno de sus sirvientes acólitos de las sombras, cuando este volviese de su actual escondite.
El severo destino había sellado mi muerte de una manera tan simple y prematura ante los ojos negros de KhadMudr parecía el haber ganado, y podía escuchar su risa durante la noches, mi moral estaba por los suelos. Durante las noches soñaba a mi amada Carmilla, en su cama, y esta era invadida por un extraño ente el cuál se alimentaba de su energía sin siquiera tocarla. Mis temores se hicieron más grandes al pensar que eso era una clarividencia, y no un sueño, trate de distraerme durante el día colocando trampas y sellos o símbolos en paredes y pisos donde atraparía estratégicamente y debilitaría a mi enemigo. Me encontraba preparado día y noche armado con una ballesta, una espada, una daga, un revolver, y una colt 45 escondida en m tobillo, todas roseadas con mi última botella de agua bendita. Me mantuve ahí solo, esperando durante meses. Pasaron días y mi salud mermaba, al cual mí mente invadida por la soledad estaba decayendo, la locura se apoderaba de mí, en ese castillo tallado por demonios que vertían visiones sombrías en mi mente, donde podía ver a monstruos burlarse de mi estado. Mi moral estaba por los suelos.
Finalmente abatido y cansado, situado en lo alto de la ultima cámara de una de las torres, lugar de solitarios ecos que me alentaban a profundas cavilaciones, veía por la ventana a los picos tormentosos de las montañas que rodeaban al castillo, y parecían congelar el tiempo, picos que se perdían en las nubes bajo la nieve eterna, hacían que mi morada se perdiera también en el lúgubre horizonte, me hacía preguntarme si esta sería mi final, mi tumba. Estaba yo aguardando mi muerte, alejado del tiempo y de la gente. Era un lugar bastante solitario como para ser asesinado sin que nadie me escuchara, había una terrible quietud. Me hallaba tan lejos del mundo, y sin más compañía que los melancólicos robles y olivos que se me miraban a la lejanía.
No fue hasta que llego la hora del crepúsculo un cuatro de Mayo, en que contemplé desde esa misma ventana ovalada una curiosa niebla que se levantaba a lo lejos del castillo. Una tormenta repleta de densas nubes negras se avecinaba en mi dirección, los truenos retumbaban a la distancia, la electricidad se sentía en el aire, y en el espacio de luz que se abría en el horizonte, entre las masas del cielo, mire a la lejanía lo que parecía ser una cosa maligna que revoloteaba en el crepúsculo. Rayos bifurcados surgían estirándose y retorciéndose, volviéndose huracanes de luz que retumbaban y resonaban dentro del castillo, contemple por breves minutos el terrorífico paisaje que anunciaba lo que se avecinaba, un terrible presagio de mi muerte al parecer, me hallaba sumido en mis cavilaciones cuando la soledad fue interrumpida de la forma más espantosa posible, un grito espantoso acuchillo la quietud de la cámara en el piso de abajo, el grito rompió en un gorgoteo aborrecible. Corrí tan pronto por las escaleras hacía la entrada, y desde el segundo piso, mire de donde provenía ese sonido, asomé la cabeza para mirar a un ser que venía bajando desde las alturas del ventanal principal que yacía ya hecho trizas, era un ave alta de largas uñas, su cuerpo era al de un buitre envuelto en una forma horriblemente antigua, oscura y siniestra, como si fuera una bestia resucitada monstruosamente de las negras edades perdidas. Su cabeza era la de un humano, pero su cuerpo era de un pájaro gigantesco, este era KhadMurd, quien arrastraba con sus negras garras de ave a sus víctimas indefensas raptadas de pueblos aledaños, mismas que le proporcionaban esa espantosa inmortalidad en un ritual , pero estas, yacían ya medio muertas por el trayecto.
Este voltio la cabeza al verme a la distancia del segundo piso, tenía una mirada brillante que sofocaba y producía un miedo sobre quien lo viese de frente. De forma repentina y silenciosa se enderezo de su aterrizaje, se acercó a una velocidad espantosa a atacarme, me tambalee por un instante y una horrible angustia me había invadido. El miedo se había apoderado de mí mente de una forma brutal e intensa, y con un poder superior al infernal se abalanzó sobre mi cuerpo con los colmillos desnudos y su lengua suelta sobre mi cuerpo, reclinándose y mostrándome sus largos dientes canidos.
Con un vaho espectral transmitía mi energía en una mezcla de cambio de alientos que me debilitaban, y a él lo reanimaban. Truenos bifurcados resonaban en el interior del inmueble, y la lluvia y los fuertes vientos se colaban por el ventanal roto, el miedo se apoderaba cada vez más y más en mí de una forma brutal. Con la frente inundada en sudor, me cubrí el rostro y trate de repeler a esa gigantesca criatura, envolviéndome en una coraza de oraciones para repelerlo. Nuestra lucha era algo prohibido, blasfemo, y profano para todo aquel quien nos viese, simplemente nuestra lucha escapaba a la razón y la lógica para cualquier mortal. Avalentonado, y débil ,saque torpemente mi colt45 de mi cintura y proporcione un balazo a la mandíbula de ese diablo mismo, pero este no se rendía ante la muerte ante todo.De aquel hocico emergió un grito largo y espantoso que se hincho como una sirena ambulante, tome un puñal bendito atado de un cinturón de mi tobillo y después ataque con una aguda puñalada en su cuello, y una fuerte fuente de sangre broto en el aire, mientras el ser se tambaleaba comencé a decir una oración al tanto que yo escribía runas en el aire con mi mano, para debilitarlo aún más, este se enfrío de repente y se petrifico ante una ráfaga de aire, volviéndose una especie de gigantesca estatua que cayó con aplomo al suelo húmedo.
Las luces de los candelabros fueron apagadas por el viento y la lluvia, y todo quedo en completa oscuridad, pero de repente, una niebla húmeda se abría paso por mi garganta, me sentí rígido y frío, al tanto que de la sombras, por detrás de uno de los pilares del pasillo emanaba a mis espaldas el verdadero KhadMurd, quien reía con una mirada muerta y un rostro feroz y salvaje al haberme engañado exitosamente con una de sus gárgolas. Tan pronto me gire a verlo, me encontraba rodeado de una sucesión de seres aborrecibles y espectrales, dispuestos a destruirme a favor de su líder. Una docena de lobos, guiados por Lycaon estaban en rededor mío, gárgolas descendían de las sombrías alturas caminando por las paredes desde el techo abovedado, estas se lanzaban señas y jerigonzas en un lenguaje incomprensible, con la intención dispuesta a atacarme al mismo tiempo. Arañas gigantes emanaron de los rincones y de oscuras grietas.El temor se apoderaba de mí, y el severo destino había sellado mi prematura muerte, oh clemencia por favor, pensé, y comencé a orar, cerré los ojos y toque mi pecho, sentí aquel amuleto que el “ancestral “ me había brindado hacía meses, lo saque de mi pecho, y trate de recordad la frase que este había plasmado en mi mente, lo alcé por encima de mi cabeza, y clame en una lengua muerta y prohibida por el hombre, un hechizo que los dioses habían formulado ante los seres de oscuridad, al finalizar la oración, emano del amuleto una gran luz tan segadora como el sol, que se desplego a mi alrededor a gran velocidad como una fuerte ráfaga de viento constante, los seres de las sombras palidecieron ante dicho poder. Nunca antes me había sentido tan vivo, tan fuerte y poderoso, me sentía palpablemente protegido, supe entonces porque los humanos viajeros en la antigüedad, adoraban a dichos dioses, quienes parecían no fallar ante las suplicas de dar ayuda. Las gárgolas se volvieron polvo, y los lobos corrieron en sentido contrario hacía mí, aullando adoloridos, y las arañas caían muertas de las paredes mohosas al instantes, luego de mi acertado ataque.
La cara de KhadMurd se ensombreció al ver que yo sobrepasaba sus conocimientos. Este se quedó pálido e inmóvil por unos segundos, y el sudor provocado por el miedo en él, empezó a hacerse presente, este se enderezó y se acercó con un poder superior al infernal a mí, para atrincherarse a mis espaldas y sujetarme de ambos brazos, comenzó a crear una brutal incisión en mi cuello violentamente con sus largos colmillos, en mi vena que rebosaba palpitante y roja, cada segundo parecía un siglo, mi cuerpo se debilitaba rápidamente, esperaba sin aliento lo que podría ocurrir, al tanto que una terrible angustia se hacía presente en mí. Con la frente inundada en sudor, con mis últimas fuerzas, mientras que la luz de la vida se desvanecía lentamente ante mis ojos, alce de nuevo el amuleto difícilmente y...con mi vago último aliento, repetí la frase en una lengua muerta:
“YAD BIDMCK AD NEF BIK yK YK “
Y así emano del amuleto por segunda vez una cegadora ráfaga de luz, la criatura se apartó violentamente de mí al tanto que termine de decir la frase, mis pies se arrastraban pesadamente hacía él, quien se alejaba bruscamente. Yo me acercaba torpemente con la intención de dibujar de nuevo las runas y glifos que lo convertirían en una roca, estos fueron dibujados de manera exitosa en el aire, creando un triple sello sagrado, dibujado con la yema de mi dedo índice.Eran signos esotéricos, y de alquimias olvidadas. El primero lo dejo inmóvil por unos segundos, el segundo trazo que hice lo debilito aún más, era un hechizo de luz, y un tercero dibujado, le daría el descanso eterno. Mientras él seguía luchando por su vida en jadeos incesantes que lo debilitaban más y más, no pudo siquiera hacerme frente.
Esa cosa que no estaba viva ni muerta, comenzó a convulsionar en una extraña masa in deforme violentamente, cambiando de apariencia de hombre a mujer, de mujer a niño, de niño a gárgola, y de una gárgola a algo indefinible. La lluvia azotaba los cristales de las ventanas y redoblaban sonoramente sobre la lucha de ambos en nuestras espaldas.Yo me encontraba arrodillado gritando en voz alta mis oraciones para ahogar los espantosos gritos de esa bestia, gritos de algo que no estaba vivo y no estaba muerto, lo veía revolcarse en dolor mientras yo gritaba la siguiente oración:
“A todos los dioses, que son.A todos los dioses que fueron.Dondequiera que estén los hombres, mar o tierra, en lo alto o bajo, ya sea oscura la ruta o iluminada su morada, ya los amenace peligro de fiera o roca, ya los aceche el enemigo en tierra o mar, o guarden hombres bajo la guardia de otro. Guárdenos, guíenos y retórnenos seguros a nuestra vieja tierra que nos ha conocido, y retorne a sus lejanos hogares a las masas impías de oscuridad.
A todos los dioses que son… a cualquier dios que pueda oír.
A todos los dioses que fueron.
Manteniéndome orando así, logre ver el toque de corrupción en el rostro de aquel monstruo, vi como la muerte lentamente se apoderaba de él hasta quedarse totalmente quieto, inmóvil, su cuerpo se convirtió en una grotesca estatua dedicado a lo infernal, que con mi pocas fuerzas, lo lleve a rastras hacía las a fueras del castillo, y lo lance hacía los acantilados, donde mire desde las alturas su cuerpo chocando y golpeando contra las piedras del barranco por paisajes oscuros, hasta convertirse en añicos, pues esa cosa había emanado de la oscuridad y a la oscuridad había vuelto.
Días más tarde, de montañas nevadas y cercanas, descendían de campos helados un carruaje de extranjeros ingleses, mismos quienes me habían encontrado cubierto de nieve, tirado boca abajo en un valle. Dicen que me había hallado en un estado febril, delicado y desvariando, temblando ante un temor sin nombre, que vez recuperado en la ciudad, lugar donde me vi hospedado por estos en un hospital, supe desde entonces que estuve así durante tres días sin dar señal alguna de mi existencia. Me dijeron que me encontraron penosamente con la cara aún más envejecida, con una palidez anémica y lánguida, acompañado de somnolencia. Una vez de mejor salud, fue que les narre como descendí de lugares brumosos y tenebrosos, donde había escapado con vida de festines sangrientos nocturnos. Viajando bajo la oscura copa de los árboles de bosques primitivos desde aquel día. Mis últimos recuerdos fue de que corrí entre la vaga oscuridad de los bosques hasta divisar rudas antorchas a través de la noche negra, mientras me acercaba a estas por una senda inclinada, escuche cascos de caballos troyanos rumbo al valle donde me habían encontrado. Y ahí me desvanecí con a plomo. De ahí en adelante no tengo recuerdos de nada.Les conté acerca de la ubicación exacta del susodicho castillo del cuál escape, y del pueblo por el que fui llamado a quienes me habían rescatado, pero me sumí en el espanto y en una confusión una vez más al saber que su respuesta fue:
“Ese castillo, no pertenece a este mundo, es una zona que normalmente no es posible visitar, no hay camino y no hay sendero del que usted haya venido, no hay tierra para el pie, ni aire para las alas, no hay lugar en todo el país que ha descrito… pues ese castillo del que usted habla…no existe”.
Trate de tranquilizarme, y estar en mis cabales, al escuchar dichas palabras a lo que cordialmente respondí:
“En dado caso, la noche lo ha ocultado a los ojos del hombre, los cuáles no habrían de verlo nunca jamás, la soledad lo ha envuelto una vez más. Era un reino muerto poblado tan sólo por fantasmas de aquellos quienes sirvieron en vida a un rey maligno, a un ente malvado y violento, mismo que no podemos permitirnos que vuelva a andar entre nosotros, pues solo vive de la muerte de los demás. Satanás tiene una larga garra y las tumbas no siempre son fieles. He venido de un lugar muy lejos, de un lugar del que nadie ha vuelto con vida, ahí no hay luna, ni sol en esas tierras, solo hay espacio y sombras y nada más. Me vi luchando contra una criatura de perversa naturaleza y ojos marchitos, y ahí he visto como los muertos beben sangre de los vivos, provenientes de la oscuridad, y a los que a la oscuridad he mandado y han de jamás volver “.
Una vez dicho esto, salí de la habitación tranquilamente, y me dirigí al centro de la ciudad, con la intención tomar el tren, y regresar a mi casa junto al mar.
FIN.