Un aprendiz en la ópera

Summary

Después de la muerte de su padre, Baekhyun y Taeyeon no tienen a donde ir, siendo acogidos como protegidos por Giry Tae-hee, una reconocida profesora de ballet. Ella junto a su hija Seulgi serán como una familia para los huérfanos Daaé, llevándolos a vivir con ellos a la Ópera de París, sin imaginarse que al llegar, serían recibidos nada más y nada menos que por el amo y señor de la gran casa del teatro, el fantasma de la ópera. Está historia es una adaptación de la obra homónima de Gastón Leroux, por lo cual, se han cambiado los nombres de los personajes y la trama original para respetar la autoría del escritor original, principalmente se tomarán elementos de la película “El fantasma de la ópera” del 2004, espero la disfruten.

Status
Complete
Chapters
10
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n/a
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18+

Primer acto: La bienvenida a la ópera.

París, 1919

Las calles lucían más deterioradas de lo que recordaba, aunque claro, debía reconocer que hace mucho tiempo no pisaba París, la última vez fue cuando tenía veinte años, antes de que la tragedia la obligará a huir.

El carruaje sobre el que iba siguió su camino hacia el lugar que tantas pesadillas le había traído con los años, aquel lugar donde antes se pensó que se realizarían todos sus sueños, siendo terminado la perdición para su familia.

Cuando el cochero doblo en la esquina suspiro, si iba camino a aquella antigua edificación era solo por el correo que llegó a su mansión anunciando que pronto se realizaría una subasta, al parecer, la ópera necesitaba remodelaciones y sus nuevos dueños buscaban ganar el capital suficiente por medio de las cosas de antaño, y si bien su hogar ya contaba con muchas antigüedades, iba con la esperanza de encontrar algo, un objeto que jamás pensó llegaría a considerar una reliquia que debía recuperar, pero que por el valor sentimental, valía la pena tenerla en sus manos.

Su respiración se atascó en sus pulmones cuando aquellas puertas de cristal le dieron la bienvenida, su chofer no tardó en abrirle la puerta ofreciéndose para acompañarla, pero ella negó con amabilidad, subiendo las escaleras de mármol escondiendo sus manos entre su capa de invierno, aquella era una batalla que debía lidiar ella sola.

Un trabajador la guió hasta la cámara principal, donde antiguamente se llevaban a cabo las obras pero que ahora, solo estaba llena de polvo y telarañas.

El lugar se sentía más frío de lo normal, se podía apreciar algo de nieve cayendo del techo, vaho salir de su nariz con cada respiración controlada.

Ralentizó sus pasos cuando reconoció a una de las pocas personas que se encontraban en aquel lugar, habían pasado años desde su último encuentro, ambos unidos por un pasado y final trágico, ellos también tenían historia, así como cada objeto de la vieja ópera.

-Y ahora, damas y caballeros un antiguo cartel de la última obra que se presentó, Don Juan Triunfante-

Ella no quería ver aquella litografía, en su lugar, buscó la mirada de aquel hombre, encontrándose en el camino cada uno, con una mirada de melancolía y alivio, saber que ambos estaban bien y habían seguido con sus vidas era un soplo de aire fresco a pesar de que eso no aminorara su dolor.

-Vendido-La voz del orador volvió a llamar su atención-ahora, un antiguo objeto que fue encontrado en las profundidades de este teatro, en los laberintos de agua-

Aquella caja musical que jamás creyó volver a ver estaba ahí, delante de sus ojos.

-Una curiosa caja músical, un mono con ropa persa llevando en sus manos platillos que suenan al ritmo de la melodía-

Cuando el hombre le dio cuerda, sus pensamientos se perdieron en los recuerdos de su juventud, lágrimas formándose en las esquinas de sus ojos.

-Comencemos con la subasta, ¿mil francos?-

-Aquí señor-No lo pensó cuando levantó la paleta con su número

-Perfecto-

-Aquí también-La paleta de aquel hombre también se alzó

-¿Qué sean dos mil entonces?-Sus paletas se alzaron al mismo tiempo en competencia

-¿Tres mil?-Ninguno bajó su mano-¿cuatro mil?-

Ambos se mantuvieron firmes

-Subamos la apuesta-Dijo el hombre-¿diez mil?-

Aquella era una cantidad exagerada, era mucho más de lo que la habría conseguido en una tienda, su mirada se posó en su contrincante, lo que vio ahí, la hizo ceder bajando su paleta.

-La última oferta es diez mil francos-El hombre habló para ella-¿continuará?-

-No-

Fue sincera, después de todo, ella tenía objetos más valiosos, en cambió él, sin un anillo en su anular o un acompañante, era fácil para ella entender que seguía amándolo y que aquella caja de música, era lo único que le quedaba en su memoria.

-Entonces, vendido al Vizconde de Chagny-

Un empleado tomó la caja depositándola en sus manos, el anhelo en sus ojos fue más que suficiente para llenar su alma de felicidad.

-Y por último, la reliquia más valiosa de este lugar, la mítica araña que años atrás colgó del techo y que cayó en aquel terrible accidente, la última noche que este teatro vivió su máximo esplendor-

Dos hombres avanzaron al centro, retirando una manta pesada y polvorienta.

-¿Sabían ustedes de la famosa leyenda que ronda este teatro?-

Su sangre se congeló.

-Dicen que el amo y señor de este lugar siempre fue un hombre misterioso de capa negra y máscara, un ser tanto aterrador como brillante que aún podría vivir entre las sombras de estas ruinas-

El sonido de una polea llenó el silencio.

-Ahora con luz eléctrica hemos hecho que funcione, y esperemos, podamos ahuyentar a los fantasmas del pasado-.

Los engranes levantaron la pesada araña, agitando el polvo y que con ello volvieran a otra época cuando había música en la sala, instrumentos en la trinchera, bailarinas en el escenario, el sonido del piano, los regresó a su juventud.


París, 1870.

El lugar se veía tan imponente como les habían dicho, su arquitectura tan pulcra y fina con frisos multicolores elaborados en mármol, columnas y estatuas de ángeles guardianes de la entrada, musas de la antigua Grecia que inspiraban a los artistas, bustos de bronce representando a grandes genios de la música como Mozart y Beethoven, su exterior no se comparaba con la opulencia de su interior.

Cruzando las puertas de cristal te recibía la vista de un palacio adornado en terciopelo rojo desde los pasillos a los palcos hasta la gran escalera imperial, hojas doradas en coronas de ninfas y querubines en cuadros de óleo, largas columnas dóricas con tallados refinados, candeleros y candelabros de diamante colgantes, jarrones de porcelana y más allá, la verdadera belleza de su escenario.

La cámara principal contaba con asientos aterciopelados, butacas, filas numeradas con palcos a los costados, entradas privadas para la realeza y quienes trabajan detrás de escena, cada miembro que asistiera a una presentación tendría una vista privilegiada de su gran escenario hecho en madera de roble pulida.

La trinchera donde se colocaba la orquesta era algo que todos querían ver, escuchar de cerca los violines y al maestro de ceremonias era todo un deleite, todo esto, custodiado por una araña que colgaba del techo, seis toneladas de oro puro.

Velas de cera, perlas de coral y diamantes, el sueño de todo amante de las artes y el buen gusto encontraba todas sus exigencias en la Gran Ópera Garnier.

Su padre muchas veces les contó historias de ese lugar, sus anécdotas los entretenían por horas, jugaban en el ático de su casa de campo donde ella era la bailarina que seguía las notas del violín de su hermano, comían dulces de fresa y chocolates, bebían el té en el juego de su madre, tenían horas de diversión con su pequeña familia de tres.

Era una lástima que nadie les dijera que debían aprovechar esos momentos al máximo, porque la partida de su padre estaba próxima.

Cuando Jung Daaé falleció ellos quedaron desprotegidos siendo tan solo niños, ella tenía ocho y su hermano seis, no tenían familiares que se hicieran cargo de ellos pues su madre falleció después de que el menor de la familia naciera, ingresar a un orfanato tampoco era una opción, ya que ningún matrimonio los aceptaría si eran dos, lo cual, hacía precaria su situación.

En medio del dolor por la pérdida de su padre una misteriosa mujer aceptó hacerse cargo de ellos, descubriendo después, que aquella dama era hermana de su madre, Giry Tae-hee vivía en la capital y ejercía como maestra de ballet que impartía sus clases dentro del teatro, su nuevo y futuro hogar.

Dejando atrás su casa cogieron sus maletas partiendo de la mano de Tae-hee y su pequeña hija, Seulgi, rumbo a la capital, maravillándose de todo lo que descubrieron tras bambalinas en el teatro, porque a pesar de que su padre les dijo que la magia se llevaba a cabo arriba, el verdadero espectáculo estaba cuando se bajaba el telón.

Ellos fueron testigo de cómo las actrices y cantantes se codeaban con los sopranos.

Observaron a lo maquillistas, vestuaristas, trovadores, ingenieros y arquitectos.

Maestros de ceremonia e instrumentistas, ver todo aquello a color lleno sus pechos de regocijo.

Tuvieron una inolvidable fiesta de bienvenida donde las bailarinas le hicieron trenzas en el rubio cabello a su hermana y a él los violinistas lo dejaron tocar algunos acordes.

Sin embargo cuando la noche cayó en los dormitorios, aquel niño pequeño de cabellos castaños no pudo conciliar el sueño, optando por dejar su lugar en la cama al lado de su hermana para vagar por los alrededores del enorme recinto.

Sus pasos eran guiados por una vela, la oscuridad lo envolvía haciéndolo parecer un ángel de aura dulce e inocente, su corazón irradiará lo brillante de su ser.

Bajo los dormitorios había una pequeña capilla decorada con el vitral de un ángel consolando a una mujer llorando, ahí, se encontraba un altar con velas y mensajes sagrados con un descanso en piedra.

Era un lugar silencioso apartado del bullicio, con rendijas que dejaban oír el agua de los túneles de las catacumbas y si se prestaba atención, el coro de los instrumentos dejaba apreciar sus notas.

Aquel pequeño encontró aquel lugar parecido al ático de su antigua casa, sus luces cálidas simulaban a las de su habitación, fue por eso que bajando despacio las escaleras se puso de rodillas frente al altar, dejando su vela como una ofrenda para su padre, el hombre que lo amo y cuido hasta donde su enfermedad le permitió.

-Papá…¿por qué te fuiste?-Las primeras lágrimas descendieron por sus mejillas-te extraño, Tae y yo te extrañamos-

Con sus delicadas manos tomo el collar que el hombre le regaló antes de morir.

-Antes de que dieras tu último aliento nos dijiste que enviarías a un ángel a cuidarnos, pero papá, ese ángel no me ha visitado aún-El silencio fue su única respuesta

-Tal vez no lo he pedido con la suficiente fe-Limpiando sus lágrimas, junto sus palmas en señal de súplica

-Padre por favor, envía al ángel de la música para mí-

Aquel coro musical se dejó escuchar con mayor claridad, siendo acompañado del arrullo del agua pero también, de una voz que le habló desde las alturas.

-¿A qué temes pequeño niño?-Una voz profunda le dio escalofríos-¿no era a mí a quien buscabas?-

-¿T-Tú eres…e-el ángel de la música?-Mirando a todos lados, sus ojos se posaron sobre una rejilla en el techo-¿mi padre te envió?-

-Él me dijo que cuidara de ti-Si bien la voz era profunda, no sintió miedo en lo absoluto

-¿Y cuidarás también de mi hermana?-

-¿Ella está aquí?-El niño negó a pesar de no ser visto

-Yo solo cuido a quienes me visitan-Quiso objetar, pero la voz no lo dejo-pediste por mí de la manera adecuada, dime, ¿por qué tus ojos parecen tristes?-

-Mi padre…murió hace poco, mi hermana y yo hemos quedado al cuidado de nuestra tía, ella dice que este es nuestro nuevo hogar, que ahora somos parte del teatro-

Comentó con entusiasmo

-Entonces debes saber que yo no permito que cualquiera viva en mi casa-Aquello derrumbó sus esperanzas

-¿C-Cualquiera?-Tartamudeo

-¿Sabes cantar?-Su pregunta lo tomó desprevenido-¿no vas a responder?-

-E-Es que y-yo…-Jugando con sus manos, soltó un suspiro-mi padre me enseñó a tocar el violín, Taeyeon, ella es quien sabe cantar-Respondió triste

-¿Y no querrías aprender?-

-¿Podría?-

Uno de sus sueños siempre fue poder cantar como su hermana, quien además de ser una excelente bailarina de ballet cantaba como los mismos ángeles

-Solo si tienes un buen maestro-La melodía de un piano llegó a sus oídos-pediste un ángel de la música y este ángel necesita una musa-

A pesar de su corta edad, su comentario lo hizo sonrojar

-Pero antes de iniciar con nuestras clases debemos hacer un trato-

-Haré lo que me pidas-Sus aspiraciones de niño pudieron más que su raciocinio

-Nadie podrá saber de esto, será un secreto entre tú y yo-

-¿Taeyeon no puede saber?-Preguntó mordiendo su pulgar-¿qué pasa si ella también quiere tomar clases?-

-¿Acaso le pondrás condiciones a tu maestro?-Su voz sonó dura

-Si confías en mí te haré el mejor artista que la sociedad pueda haber visto, mis melodías y creaciones serán escuchadas a través de tu voz-

Aquello no sonaba a nada que su padre hubiera querido para él, pero tenía la oportunidad de ser instruido por el ángel de la música, un ser que su padre dijo enviaría para cuidarlo, si era así, entonces no tendría nada que temer.

-Está bien, acepto ser tu musa-.


Aceptar sin restricciones nunca pensó que le traería consecuencias, porque en sus noches de desvelo cuando bajaba a cantar con el ángel de la música se sentía querido.

Sus halagos hacía su voz con el paso de los años lo hacían sentir orgulloso de sí mismo, aunque le dijera mentiras a su hermana ya su tía, él era feliz en su santuario, riéndose con la melodía del piano, disfrutando de las letras dulces que su maestro componía para él.

Pero nada se comparó con el día que cumplió quince años y lo escuchó pronunciar su nombre por primera vez.

-Baekhyun Daaé, bienvenido a la Ópera Garnier-.