Prólogo
Se estuvo escondiendo por meses. A decir verdad, que lo lograra por tanto tiempo fue un tanto sorprendente, en especial sabiendo de quién estaba huyendo.
Siempre le dijeron que iba a meterse en problemas si seguía llevando aquel estilo de vida, y que conseguiría su muerte de esta manera, sin embargo, en ese momento no le importó, porque su vida no valía nada desde que perdió a su pareja destinada.
Desde la muerte de su omega su vida se volvió un mundo lleno de oscuridad. No le importaba mucho que en casa tuviera un hijo de diez años necesitaba de él para poder sobrevivir, además, si a su primer hijo le dio igual dejarlos atrás, aquello significaba que ninguno de los dos valía lo suficiente.
Su esposa murió, su hijo mayor se marchó para nunca volver, evidentemente había encontrado su destino y era quedarse solo, entonces por qué tendría que preocuparse por el niño en casa. Aquella no era la única razón, tampoco quería seguir viviendo con él niño porque era tan parecido a su madre, y no solo eso, CheongSu había tenido que cargar con la responsabilidad de ser el padre de un omega dominante. Él, siendo un simple alfa, ni siquiera un alfa dominante, no, él sólo era una alfa común y corriente, y había mucha gente más fuerte y con más poder allá afuera; todos creían que había sido una vil burla el ser bendecido con un hijo omega dominante, y no solo eso, su primer hijo también era un alfa dominante, su esposa era una omega dominante, parecía que todos eran más fuertes que él, mejores que él…
Él solo era basura en esa familia.
Tampoco había visto lo que significaba ser "dominante". Al menos su esposa había sido tan dulce y hermosa con él, y jamás usó sus poderes o dones, como sea que acostumbraban llamarles; ella nunca lo hizo sentir menos por eso.
Su esposa había sido el ser más dulce y especial de toda su vida. Fue una luz en tanta oscuridad, pero al final se fue y la oscuridad se había vuelto incluso más consumidora.
Por los últimos diez años después de la muerte de la mujer, se la pasó de bar en bar, bebiendo tanto como pudo, porque además, necesitaba beber demasiado para poder embriagarse debido a que era un alfa.
Su esposa murió cuando su hijo más joven cumplió los diez años, solo unos meses después, CheongSu salió de casa para no volver al día siguiente, sino que regresaba cada dos o tres meses solo para encontrarse al niño esperando por él en el mismo lugar, igual se llevó la sorpresa de que ahora era su hermana menor quien se había hecho cargó de él.
No es como que aquella situación le importara. Muy pocas cosas lo traían con cuidado desde que se quedó solo. La hermana de CheongSu siempre había sido una entrometida. Desde el principio sospechaba que ella le tenía envidia, porque a diferencia de él que al menos era alfa, ella era un simple beta y también desafotunadamente muy infertil.
Ahora, ella quedándose con el niño resultó bien. Se lo llevó y ya no tuvo que verlo de nuevo, no tenía que ver su rostro y pensar en su esposa muerta.
Solo tenía que preocuparse por conseguir dinero y comprar alcohol para beber y así perder la consciencia. Pero pronto el dinero se acabó, vendió su casa, sus pertenencias, hasta que no tuvo de otra y empezó a pedir prestado a diferentes personas, solo que después de unos años, ya nadie quiso darle ni un centavo.
El niño que había dejado a la edad de diez años intentó contactarlo pero tan pronto vio su rostro, CheongSu enloqueció. No quiso saber de él y si se mantenía cerca del pueblo donde vivían, él iba a encontrarlo fácilmente, por lo tanto, terminó por cambiarse de lugar.
Pero aún estaba sin dinero. Sin dinero no tenía para comprar bebidas lo que significaba que tenía que estar consciente y pensando en todo, con los recuerdos vívidos sobre su esposa en su mente.
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No pasa mucho tiempo hasta que conoce a un compañero de copas y este le habla de un hombre que presta dinero a cambio de favores o de lo que sea que tuviera a la mano.
Sin embargo, antes de que CheongSu fuera en busca de este hombre, su compañero se aseguró de hacerle saber que si no pagaba en el tiempo estipulado, las consecuencias serían más que graves. Y estando acostumbrado a escuchar esto, sabía que al final nada sucedería porque le era fácil escapar y esconderse de las personas a las que le debía dinero.
Así que al día siguiente va en busca del hombre.
No esperaba que fuera un hombre como aquél, de hecho, sintió que algo muy malo podría suceder si se atrevía a entrar en casa del tipo, solo que estaba más que desesperado por su situación que en hacer caso a las alarmas en su cabeza.
Meses después se arrepintió de no haber hecho caso a todas las señales que su cuerpo casi casi le gritaba sobre no hacer un trato con ese hombre.
Pero las cosas ya estaban dichas y hechas.
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Había pasado un año desde que empezó a huir y comenzó a temer por su vida. En algún momento le dio igual si moría, sin embargo, sabía perfectamente bien que con ese hombre no sería así de fácil, él se aseguraría de darle una muerte lenta y dolorosa. Le aterraba la idea de ser atrapado sabiendo esto.
Huyó por tanto tiempo como pudo, pero la mala vida que había llevado por los últimos años finalmente mostraron las consecuencias. Ya no tenía fuerzas para huir.
Cuando el guardian principal del Lord Park ChanYeol llegó a él la noche del sábado, Byun CheongSu no tenía fuerzas ni para sentarse. De pie junto a las piernas del guardian se encontraban dos perros grandes de color negro. Había saliva escurriendo de sus bocas y parecía que en cualquier momento iban a lanzarse sobre CheongSu.
Y que los perros estuvieran aquí, significaba que Lord Park había venido él mismo en su búsqueda.
CheongSu tembló cuando escuchó un fuerte golpe proveniente de afuera. Se encontraba en una casa abandonada, el techo estaba casi cayendo a pedazos pero no dejaba ver lo suficiente del cielo, así que no había notado cuando la bestia voló sobre el cielo. Por el golpe fuerte sobre el piso de madera en el porche de la casa, supo que se trataba de él finalmente llegando a tierra. Y era más que seguro de que estaba ahí finalmente cuando los dos perros se sentaron sobre sus patas traseras y esperaron a que su amo entrara.
Podría haberse orinado en los pantalones ya que estaba hecho un manojo de temblores y estaba tan aterrado que no podía darse cuenta de si realmente se había orinado o si era sudor.
Por los agujeros del techo entraban rayos de luz lunar, pero no era lo suficiente para iluminar el lugar. A CheongSu lo cubría la luz que provenía de la puerta que estaba abierta de par en par. El guardian de aquella bestia estaba en un lado, con los brazos detrás de la espalda y en posición de espera a que su amo entrara.
Los pies del hombre que acaba de llegar golpearon contra la madera de la entrada tras cada pisada, y cada sonido ponía a CheongSu con los nervios de punta. Hasta que finalmente él llegó y todo el color en el rostro del alfa se drenó.
No había más luz proveniente de la puerta, una enorme figura bestial lo estaba bloqueando. CheongSu sintió las ganas de gritar en cuanto lo vio entrar. Apenas y pudo pasar por la puerta.
Había escuchado de los íncubos, conocía a un par gracias a las revistas de espectáculos de su esposa. Les encantaba ser el centro de atención y siempre presumían de su poder y riqueza. Siempre creyó que eran seres superficiales, hambrientos de sexo y que no tenían más propósitos en la vida que ser una plaga que hacía a la comunidad sobrenatural lucir como payasos frente a los ojos de los demás.
Escuchaba a los demás hablar sobre las transformaciones que sufrían, las cuales eran dos, y que no todos lo lograban, y dependía de qué tan fuerte era su linaje para saber si sería un íncubo social o un guerrero.
A CheongSu no le parecía interesante saber sobre la existencia de los íncubos. Eran hermosos y no podía negarlo. No sabía qué es lo que hacía la gran diferencia entre los dos tipos. Pero viendo a Park y su título como Lord el cual se había ganado tras pasar con éxito su segunda transformación, se dio cuenta de la abismal diferencia que había con los íncubos denominados sociales a los que había visto en los últimos años.
Había pensado que Park ChanYeol era un íncubo social cuando lo vio la primera vez. Vestía todo de negro, su cabello rojo con mechones casi blancos era demasiado llamativo. Sus zapatos brillaban tanto como el topacio en su anillo ubicado en su mano derecha. También llevaba un reloj costoso en esa misma mano.
Con la mano izquierda había estado sosteniendo un bastón de color negro con la cabeza de un gran danés tallada en la empuñadura, la cual apostaba a que era de plata pura.
Su traje permanecía sin ninguna arruga, completamente limpio y bien acomodado sobre su cuerpo. Le quedaba de manera perfecta. Y en el bolsillo de su saco, justo por encima de su corazón llevaba un broche con la insignia de la casa Park. Era una rosa roja con espinas envolviendola.
Llevaba una sonrisa arrogante y ojos fieros. Lucía como un hombre rico y rebelde.
Y justo en ese momento, no había nada de aquel hombre frente a CheongSu. Situado a sus pies, mientras él yacía de espaldas sobre el piso de la vieja casa, se encontraba una bestia de más de dos metros de altura, con hombros anchos y un pecho fuerte y grueso que le hacía par. Tenía largos colmillos saliendo de su boca y ojos de color violeta. Tenía un par de cejas gruesas de color negro. Y más arriba, encima de su cabeza tenía dos cuernos de color negro que se doblaban hacia atrás y terminaban en puntas filosas.
Su cabello era rojo y blanco, como en su forma humana. Todo su cuerpo era de color negro, y el rojo no solo lo llevaba en el cabello, sino que también en sus largas alas apretadas contra su espalda.
Tenía garras en lugar de uñas. Pezuñas en lugar de pies. También una cola larga yacía en el piso detrás suyo. Vestía una especie de pantalones de color negro.
Y la energía que provenía de él era totalmente apabullante. A propósito se mantuvo quieto y dejando que CheongSu lo observara para que se diera cuenta del tipo de bestia que tenía frente a él y sintiera más terror del que ya tenía.
CheongSu sabía que se acercaba su fin. El íncubo iba a quitarle la vida y estaba seguro de que lo haría sufrir hasta el último segundo.
Decidió aceptar su futuro. No le quedaba de otra. Fue advertido y no hizo caso. Terminó por recostarse en el piso de madera y esperar a lo que tuviera que pasar.
Sin embargo, dos horas después, se arrepintió de quedarse sin hacer nada.
— ¡Espera! ¡Detente, por favor! —Su voz salió como un gruñido, ni siquiera sabía de dónde sacó la fuerza para poder gritar. Su cuerpo era una masa de dolor.
El íncubo sujetó su cabeza con sus grandes manos y lo acercó a su rostro. El cuello de CheongSu dolió al ser levantado con su peso colgando de su frágil cuello.
Gritó e hizo al íncubo gruñir.
— ¿Crees que tienes derecho a pedir compasión?
La voz de la bestia se escuchó diez veces más gruesa que el tono en el que hablaba en su forma humana. Y era mil veces más aterradora.
CheongSu lloró y se sujetó de los brazos del íncubo, su cabeza había empezado a doler y todo le daba vueltas.
— ¡No necesitas el dinero! ¡Tienes más que suficiente! —La garganta se le estaba destrozando con cada palabra. —Lo que te debo es nada comparado a mi vida.
El Lord íncubo soltó una carcajada y sus ojos de color violeta brillaron con burla.
—Es verdad que no necesito el dinero. En especial no necesito el que provenga de una vil sanguijuela, pero eso no significa que estoy dispuesto a que me traten como un imbécil. Hicimos un trato, tu vida a cambio del dinero. Si no conseguías mi pago, dijiste que estarías dispuesto a ser mi esclavo, en cambio huiste tras la primera visita de mi guardián.
Por supuesto que iba a huir. Le temía. No pudo decir nada de esto porque el íncubo sujetó su cuello con fuerza evitando que el aire llegara a sus pulmones.
Golpeó las manos del íncubo tratando de deshacerse de su agarre pero no logró nada. Sus golpes se sentían como caricias en comparación a la fuerza de aquella bestia.
El rostro de CheongSu estaba empezando a quedar de color morado y el Lord íncubo volteó los ojos y aflojó su agarre.
CheongSu respiró con fuerza, sus pulmones ardiendo y su cuerpo doliendo y palpitando. Sus piernas estaban muy probablemente fracturadas por culpa del íncubo de cuando se sentó sobre su mitad inferior.
Trató de inhalar aire para intentar calmarse y pensar mejor. Si existía algo que el íncubo quisiera, CheongSu lo encontraría para él.
Dejó de luchar contra el Lord y lo miró directo a los ojos. El brillante violeta del íncubo era de cierto modo hipnotizante.
—Déjame ir y te daré lo que quieras —susurró con la respiración entrecortada. La gruesa ceja del íncubo se alzó con diversión.
— ¿Qué podrías tener que me interese?
—Cualquier cosa que quiera, si no lo tengo lo conseguiré para usted. —Las lágrimas seguían cayendo por el rostro morado de CheongSu. Si hiciera falta rogar un poco más, lo haría.
Sin embargo, no necesitó hacerlo. El Lord íncubo iba a empezar a reír pero de pronto se detuvo. La sonrisa que le dio a CheongSu fue escalofriante y le heló los huesos.
—Sí, hay algo que quiero de ti —murmuró cerca del rostro del hombre, se notaba su determinación y la maldad en su expresión.
CheongSu no tenía idea de a qué se refería, tampoco pudo pensar en ello cuando su rostro fue arrojado al rincón más oscuro. Una punzada de dolor recorrió su espalda y vomitó sangre.
Apesar de que su vista estaba algo borrosa, se dio cuenta de cuando la bestia de color negro salió por la puerta y su perros trotaron justo detrás de él.
El guardián se acercó junto a él, lo tomó del cuello de su camisa y lo arrastró hasta la puerta. Alcanzó a ver un pequeño destello de la luna, después todo se volvió oscuridad.