Fragmentos de Destino: El Ocaso de los Nefilim

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Summary

En un mundo donde los dioses codician y temen el poder de los Nefilim, la última descendiente de una raza divina, se encuentra en medio de una batalla épica por lo que más ama. Enfrentada a la tragedia y a difíciles decisiones, deberá luchar por su vida y el destino de su linaje. Esta es una historia agridulce de poder, sacrificio y esperanza en un universo mitológico lleno de intrigas divinas, mundos paralelos y en donde el tiempo fluye libremente.

Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
18+

Ancla

Miraba al techo con apatía y se preguntaba qué significaba realmente vivir una vida plena. El ardor creciente en sus ojos advertía la inminente llegada de las lágrimas.

Había sido su elección. Solo suya. Durante años, había anhelado este preciso momento. Se había negado a aceptar tratamientos experimentales que prometían algunos meses más cuando le notificaron que su enfermedad era terminal.

Las lágrimas cálidas, saladas y húmedas surcaban su rostro, dejando un pequeño y patético rastro en su piel pálida y sin vida.

Todo lo que alguna vez fue se había desvanecido lentamente con cada día que pasaba.

“¿Ha sido mi vida una buena historia?“, se preguntó en medio de sollozos ahogados.

Día tras día, su agonía la había consumido.

“¿Ha sido una historia que valió la pena?“, se cuestionaba mientras su alma se desmoronaba lentamente.

“Incluso, ¿ha sido una historia real?“, pensó. Había sido una historia corta. También una muy larga. Una historia interminable, llena de giros y vueltas, que ahora se acercaba a un abrupto final después de innumerables muertes y resurrecciones.

El resumen de su vida se asemejaba a ese solitario y asfixiante sollozo atrapado en su garganta.

Con gran esfuerzo, levantó un brazo y, usando la poca energía que le quedaba, secó furiosamente con su antebrazo las lágrimas que había en su mejilla. No podía permitirse desmoronarse ahora. No cuando esto era lo que había deseado durante tanto tiempo. Solo le quedaba refugiarse en la rabia.

La rabia era la esencia de quién era y lo que sentía. Rabia por ese sollozo, por las lágrimas, por las dudas, por su debilidad, por su inefable realidad que llegaba a su fin. Rabia porque lo dejaría solo.

Desde lo más profundo de su ser, quería creer que él estaría bien. Que comprendería todo esto y seguiría adelante hasta encontrar su propio camino, haciéndola sentir orgullosa, incluso si ella ya no podía estar allí.

Pero también sentía rabia hacia él por aceptarlo todo tan fácilmente. Por perdonarla tan fácilmente. Por siempre mostrar una sonrisa en su rostro. Por ocultarle su propio dolor, a pesar de que podía ver cómo lo desgarraba por dentro. La rabia que sentía era por su corazón roto.

“Entonces...“, su voz interior le preguntó una vez más, “¿ha sido tu vida una buena historia después de todo?”

¿Por qué simplemente no podía dejar de pensar? Siempre pensando. Pensando en pensar...

Sus ojos comenzaban a pesarle. Cuando el sueño finalmente la venció, se hundió lentamente en su pesadilla infernal, mientras las lágrimas continuaban deslizándose silenciosas por sus mejillas, rompiendo los diques de su lucidez.

Su cuerpo quebrantado yacía en la cama de hospital, aferrándose obstinado y débil a las últimas horas de su vida. El latido de su corazón era apenas un susurro, brasas de un fuego moribundo. Su alma repetía un nombre una y otra vez, como si la mera repetición la anclara a la cama. A su llegada. A Él.

En sus sueños delirantes, volaba hacia el sol y, justo cuando estaba a punto de tocarlo, como Ícaro, se desplomaba en el mar, ahogándose en llamas y dolor.