Álgebra charlatana
Mi vida es como el álgebra y sus expresiones: sencilla para unos, imposible para mí.
Desgaste emocional es lo exudan mis poros, toxinas que apestan y garantizan mi infelicidad e inferioridad, y como bonificación: la incomodidad de otros.
No podría ser feliz incluso encontrando las fórmulas que deberían dar respuestas a la jauría incesante que compone mis pensamientos; yo,
sin importar cuánto luche por complacer, terminaré siendo insuficiente.
Podría acusar a la sociedad de insufribles, canallas egocentristas que martirizan la vida de los débiles por defecto.
Pero eso sería acusar a los creadores del sistema y terminaría siendo eliminado del juego.
La perspectiva del débil eslabón, del escalón mugriento que solo siendo pisado puede llevar a los fuertes a la cima, es excesivamente dramática, se vive en un cuento siniestro donde si no eres adoctrinado; eres hombre muerto.
Aunque ser un soporte débil que solo sirve para alimentar egos es a lo que nos dedicamos, y somos premiados con sentimientos de insuficiencia, seguimos formando parte de la sociedad.
La sociedad, la bella y conservadora sociedad, luchadora espartana, adversaria suprema de la juventud, amante de deteriorar en masa.
Oh, sí, la suprema deidad, aquella que preservamos como la inocencia de un niño recién nacido; como a los seres vivos en peligro de extinción.
Entre tantas cosas a pensar, ¿por qué he sido yo?
Toda la vida, durante toda mi existencia, a cada momento, cuando intento mirar al cielo y veo la suela de aquellos fuertes zapatos que sostienen pies de líderes, me repito la misma pregunta:
¿Por qué yo?
Con diferentes palabras me he preguntado lo mismo, intentando llegar a un punto específico, conocer la llama renaciente del rencor de los demás.
Pero no alcanzo a vislumbrar, se me desprecia por ser yo y eso es algo que nunca podrán cambiar los golpes de la vida y sus expirantes.