Create New List
Share with your friends
Customize readability

Cachetes ও Minsung

Summary

πŒπˆππ’π”ππ† : ❝Minho cada vez que ve a su novio comer y que sus cachetes se inflen se le hace una de las cosas de lo mΓ‘s tierna. ΒΏY porque no? Es un buena razΓ³n para llenarlo de besos❞. Β‘ π€πƒπ•π„π‘π“π„ππ‚πˆπ€π’ ! ━━━Minho top, Jisung bottom. ━━━OS. ━━━Fluffy, romance y soft. ━━━Portada y separador hecha por @sxftabo. Historia completamente original. Fanfic ΓΊnicamente disponible aquΓ­ y en mi cuenta de Wattpad: @defsoulgguk. No se permiten copias, resubidas y/o adaptaciones de Γ©sta obra. Β©defsoulgguk. πŸ₯ž

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

only.

La luz en el comedor de la familia Han era de un amarillo suave, casi melancΓ³lico, que se posaba sobre la mesa de madera como una caricia tibia. El aroma a sopa de pasta de soja y arroz reciΓ©n hecho envolvΓ­a la estancia, un perfume de hogar que, sin embargo, no lograba calmar los nervios de Lee Minho. O quizΓ‘s no eran nervios. Era otra cosa. Algo mucho mΓ‘s profundo y primitivo que se revolvΓ­a en su pecho cada vez que sus ojos se posaban en el chico de cabello azul sentado a su lado.

Minho necesitaba calmarse. Era un mantra que se repetΓ­a en su cabeza como una letanΓ­a silenciosa. Primero, porque Jisung no lo estaba haciendo a propΓ³sito. Cada movimiento del menor era completamente natural, tan inherente a Γ©l como respirar. Segundo, y crucial para su supervivencia a largo plazo, estaban en la casa de sus suegros. La mesa baja de la familia Han no era territorio neutral; era tierra sagrada y hostil a partes iguales. Y tercero, el punto mΓ‘s importante y el que le hacΓ­a apretar los palillos con mΓ‘s fuerza de la necesaria: el padre de Jisung no sentΓ­a un especial aprecio por Γ©l. Don Lee Han-sol, un hombre de hombros anchos y mirada severa, observaba a Minho como quien observa a un zorro merodeando un gallinero. Con sospecha contenida y una advertencia silenciosa en cada sorbo de su tΓ©.

Pero, maldita sea. ΒΏCΓ³mo se suponΓ­a que iba a mantener la compostura?

Jisung,suJisung, era la cosa mΓ‘s preciosa e inocente del mundo. No era solo que fuera su novio, era una convicciΓ³n universal que Minho sostenΓ­a con la firmeza de un cientΓ­fico defendiendo una ley fΓ­sica. Su existencia misma era un atentado contra la cordura de Minho. Con ese cabello azul medianoche, suave y revuelto como si acabara de despertar de un sueΓ±o, y esos ojos grandes y almendrados que brillaban con una curiosidad infinita, Jisung era un imΓ‘n para su atenciΓ³n. DebΓ­a ser resguardado, pensaba Minho a menudo con un instinto posesivo que le sorprendΓ­a a sΓ­ mismo. Guardado en una habitaciΓ³n cΓ‘lida, con luz tenue y mantas suaves, donde nadie mΓ‘s pudiera observarlo en los momentos en los que se volvΓ­a mΓ‘s vulnerablemente adorable. Como ahora.

Jisung masticaba un bocado de arroz mezclado con kimchi. Sus mejillas, naturalmente redondeadas, se inflaban ligeramente con cada porciΓ³n que introducΓ­a en su boca, dΓ‘ndole un aspecto de pequeΓ±a ardilla satisfecha. Un suave rubor, un tono rosa chicle que nacΓ­a en sus pΓ³mulos, se intensificaba con el calor de la sopa, contrastando de manera ridΓ­culamente hermosa con el azul de su pelo. Minho dejΓ³ de respirar por un segundo. Literalmente. Su pecho se olvidΓ³ de su funciΓ³n principal porque toda la energΓ­a de su cuerpo se habΓ­a desviado hacia el centro de procesamiento de ternura en su cerebro, colapsando el sistema. La punta de la nariz de Jisung se arrugaba un poco cuando la comida estaba especialmente buena, y sus pestaΓ±as, larguΓ­simas, proyectaban sombras sobre sus mejillas cada vez que parpadeaba.

Los dedos de Minho hormigueaban. QuerΓ­a tocarlo. QuerΓ­a tomar ese rostro entre sus manos, sentir la suavidad de sus mejillas llenas ceder bajo la presiΓ³n de sus palmas, y besar cada rincΓ³n inflado hasta borrar ese rubor con sus labios. La imagen era tan vΓ­vida en su mente que un escalofrΓ­o recorriΓ³ su nuca. Sus palillos crujieron peligrosamente. Don Lee tosiΓ³, un sonido seco y deliberado. Minho se obligΓ³ a mirar su propio plato, contando hasta diez. El pescado estaba en su punto justo, pensΓ³ sin verlo realmente. Muy bueno. ConcΓ©ntrate en el pescado, no en las mejillas de tu novio como pequeΓ±os mochis rellenos del ser mΓ‘s perfecto del universo.

β€”Hyung.

La palabra llegΓ³ flotando hasta Γ©l, amortiguada y distante. Los pensamientos de Minho eran una nebulosa densa de colores pastel y el sonido de la risa de Jisung en su memoria. En su ensoΓ±aciΓ³n, ya le habΓ­a robado un beso, habΓ­a sentido la cΓ‘lida blandura de sus mofletes contra sus labios y el pequeΓ±o quejido de falsa protesta que Jisung soltarΓ­a.

β€”Hyung. β€”La voz era un poco mΓ‘s aguda ahora, insistente, pero seguΓ­a sin atravesar la burbuja de fantasΓ­a de Minho. Se lo llevarΓ­a a casa, pensΓ³. Lo envolverΓ­a en la manta mΓ‘s mullida que tuvieran y le darΓ­a de comer fresas con chocolate. Solo para ver sus mejillas manchadas.

Han Jisung lo observaba de reojo, una chispa de diversiΓ³n y exasperaciΓ³n brillando en sus ojos. Era la tercera vez que le hablaba a su novio. AhΓ­ estaba, el gran Lee Minho, conocido por su lengua afilada y su elegancia felina, convertido en una estatua de sal con los ojos vidriosos fijos en un plato de sopa que ya se estaba enfriando. Su perfil, normalmente afilado y alerta, estaba relajado en una expresiΓ³n de total embeleso. Jisung conocΓ­a esa mirada. Era la misma mirada que Minho le dirigΓ­a cuando creΓ­a que Γ©l no se daba cuenta, en las maΓ±anas perezosas del domingo o cuando lo veΓ­a practicar baile hasta el agotamiento. Una mirada llena de una ternura tan profunda y cruda que a Jisung todavΓ­a le costaba sostenerla sin que algo en su interior se estremeciera. Pero en la casa de sus padres, con su progenitor lanzando dagas visuales, era peligroso.

Una idea traviesa, una de esas que solΓ­an meterlo en problemas que Minho le reprochaba con besos, cruzΓ³ su mente. DejΓ³ sus palillos en el reposador con un leve tintineo que, por fin, hizo parpadear al mayor. Jisung se levantΓ³ con cuidado, el movimiento amortiguado por la esterilla en el suelo. Su sombra se proyectΓ³ sobre Minho antes de que pudiera reaccionar. Entonces, con la precisiΓ³n de un francotirador y el cariΓ±o de un bruto, le dio un golpe seco en la coronilla.

β€”Β‘Ay! β€”El quejido escapΓ³ de los labios de Minho antes de que su cerebro procesara la ofensa. Su mano volΓ³ instintivamente hacia el punto del impacto, frotΓ‘ndose el cuero cabelludo. AlzΓ³ la vista, con la boca ligeramente abierta y los ojos muy abiertos, encontrΓ‘ndose con el rostro de Jisung justo encima del suyo. El corazΓ³n le dio un vuelco tonto, olvidando al instante el dolor. Dios, era tan lindo incluso desde este Γ‘ngulo contrapicado.

—‘¿QuΓ© te pasa?! β€”FrunciΓ³ el entrecejo, intentando inyectar indignaciΓ³n en su voz, aunque sonΓ³ mΓ‘s a un gato mimoso al que le han pisado la cola. Su mano seguΓ­a frotando el lugar exacto donde el nudillo de Jisung habΓ­a hecho contacto.

Jisung se dejΓ³ caer de nuevo en su asiento, la estampa de la inocencia, aunque sus ojos negros danzaban con regocijo. LevantΓ³ ligeramente los hombros, un gesto despreocupado que hizo que el cabello azul le rozara las sienes.

β€”No me hacΓ­as caso. TenΓ­a que hacer algo. β€”TomΓ³ su vaso de Coca-Cola y le dio un sorbo, la pajita de plΓ‘stico entre sus labios. Las burbujas crujieron en el lΓ­quido, un contrapunto musical a su propia tranquilidad.

β€”Hay formas mΓ‘s lindas de hacerlo, ΒΏsabes? β€”El tono de Minho todavΓ­a arrastraba una indignaciΓ³n fingida mientras lo miraba fijamente. Su pulso comenzaba a estabilizarse, reemplazando la sorpresa por un cΓ‘lido afecto burbujeante. Su Jisung, siempre tan impredecible.

Una pequeΓ±a carcajada, ligera como el repique de campanillas, escapΓ³ de la garganta de Jisung. El sonido le hizo cosquillas en el estΓ³mago a Minho.

β€”ΒΏUn beso, dirΓ‘s? β€”Una ceja azul se alzΓ³ en arco, desafiante.

Lee Minho sintiΓ³ que el mundo se alineaba. Una sonrisa perezosa y encantadora se extendiΓ³ por sus facciones mientras asentΓ­a con la cabeza con un entusiasmo que no intentΓ³ ocultar. Β‘SΓ­! Β‘Un beso! Β‘Mil besos! Era la ΓΊnica respuesta lΓ³gica y civilizada a un descuido comunicativo.

Jisung frunciΓ³ el ceΓ±o, pero la comisura de sus labios temblaba traicioneramente.

β€”Lo siento, demasiado clichΓ©. AdemΓ‘s, no somos Changbin y Felix. β€”Hizo una pausa, sacando la lengua y poniendo una expresiΓ³n de asco fingido que arrugΓ³ toda su narizβ€”. Asco, wakala, no.

Minho observΓ³, hechizado, cΓ³mo despuΓ©s de su pequeΓ±a actuaciΓ³n, Jisung tomaba sus palillos de nuevo. Sus dedos, Γ‘giles y delgados, se movieron con soltura para tomar una cucharada perfecta de arroz blanco junto con un poco de la guarniciΓ³n de verduras salteadas. El montoncito desapareciΓ³ tras sus labios, y sus mejillas se inflaron una vez mΓ‘s. El ritual se repitiΓ³. La tierna ofensa de Minho quedΓ³ momentΓ‘neamente relegada.

β€”Jisung. β€”La palabra fue casi un susurro ronco. El mencionado solo tarareΓ³ una respuesta, un ruido bajo en su garganta que le indicaba a Lee que lo escuchaba, mientras masticaba. Sus ojos estaban entrecerrados de puro placer gastronΓ³mico.

Fue la gota que derramΓ³ el vaso. El autocontrol de Minho, ya de por sΓ­ frΓ‘gil, se hizo aΓ±icos. DejΓ³ su comida a un lado con un movimiento brusco que hizo tintinear los platos. Antes de que Jisung pudiera tragar o protestar, Minho se abalanzΓ³ sobre Γ©l, sus manos tomando el rostro del menor y aplastando sus mejillas con una delicadeza posesiva, sintiendo la comida dentro de sus carrillos y la textura cΓ‘lida y suave de su piel.

β€”Β‘Eres una cosa preciosaaaa! β€”exclamΓ³ en un tono que era a medio camino entre un grito de guerra y una declaraciΓ³n de amor.

—‘¿QuΓ© tephasha?! β€”La protesta de Jisung saliΓ³ completamente distorsionada. Con sus mejillas comprimidas, las palabras eran un balbuceo ininteligible, lo que solo sirviΓ³ para que los ojos de Minho brillaran con una locura cariΓ±osa aΓΊn mayor. El pobre intentΓ³ mantener una expresiΓ³n de dignidad ofendida, pero con los labios haciendo un puchero forzado, fallaba estrepitosamente.

β€”Β‘Si hablas asΓ­, menos te dejarΓ©ee! β€”canturreΓ³ Minho, fascinado. La ternura que su novio cargaba en ese momento era una fuerza de la naturaleza contra la que no pensaba luchar. AplastΓ³ aΓΊn mΓ‘s sus cachetes, sintiendo la redondez ceder bajo sus dedos. Y entonces, sin importarle el lugar, la presencia de sus suegros, o las leyes del decoro, empezΓ³ a repartir besos. No eran besos pasionales, sino picotazos rΓ‘pidos, sonoros y llenos de mimo. BesΓ³ la cima de cada mejilla sonrosada, el puente de su nariz, la comisura de sus labios fruncidos, la curva de su mandΓ­bula. Un mapa de cariΓ±o sobre la piel mΓ‘s querida.

Jisung se retorcΓ­a, un torbellino de vergΓΌenza y un placer secreto que le encendΓ­a el pecho. PodΓ­a sentir la mirada de su madre, divertida y cΓ³mplice, y la de su padre, que probablemente estaba calculando cuΓ‘ntos aΓ±os de cΓ‘rcel le darΓ­an si estrangulaba a su yerno con un cinturΓ³n. TenΓ­a que detener esto. Ya.

β€”Hyung... Shueltane. β€”Su ceΓ±o fruncido, intentando lucir enfadado, fue el clΓ­max. Para Minho, ese gesto de falsa molestia era el equivalente a que un cachorrito le gruΓ±era. Es decir, infinitamente adorable.

—‘¿PODRÍAS DEJAR DE SER TAN TIERNO?! β€”gritΓ³, aunque para los involucrados sonΓ³ como una sΓΊplica. ComenzΓ³ a menear el cuerpo de Jisung, pegando sus dos mejillas contra las del menor, frotΓ‘ndolas como un gato que marca su territorioβ€”. Β‘Te ves hermoso!

La cercanΓ­a, el roce de la piel de Minho contra la suya, la risa vibrante en su oΓ­do, fueron demasiado. El rubor de Jisung, que antes era un leve matiz, se intensificΓ³ hasta teΓ±ir sus mejillas de un rojo cereza, cΓ‘lido e incontrolable. SintiΓ³ un vuelco en el estΓ³mago y un calor que se extendΓ­a desde su pecho hasta la raΓ­z de su cabello. Minho se separΓ³ ligeramente, solo para admirar su obra: un Han Jisung completamente sonrojado, despeinado y con los labios hΓΊmedos por el ataque de besos. Sus ojos se encontraron. Los de Minho eran dos lunas crecientes llenas de adoraciΓ³n. Los de Jisung, dos estanques profundos donde la emociΓ³n se arremolinaba, luchando por no desbordarse.

β€”Hyung... ΒΏpodia sholtalme? β€”murmurΓ³, odiando cada sΓ­laba que salΓ­a de su boca sin su permiso. Odiaba no poder hablar, odiaba la vulnerabilidad que su propia voz revelaba, y en ese preciso instante, odiaba la situaciΓ³n. Porque se sentΓ­a demasiado expuesto. Demasiado amado. Y no sabΓ­a quΓ© hacer con esa avalancha de sentimientos frente a la mirada analΓ­tica de su padre.

El cambio en el ambiente fue inmediato. La exuberancia de Minho se enfriΓ³. Su sonrisa se desdibujΓ³ lentamente, reemplazada por una expresiΓ³n de confusiΓ³n que frunciΓ³ su entrecejo. SeparΓ³ las manos del rostro de Jisung, pero no se retirΓ³ del todo.

β€”ΒΏPor quΓ©? Adoras cuando te hago mimos β€”dijo, y aunque su voz era neutra, habΓ­a una pregunta filosa en sus palabras. Una grieta en la burbuja de felicidad.

Jisung bajΓ³ la mirada. Su cuerpo, que segundos antes era pura plasticina en manos de Minho, se tensΓ³ hasta convertirse en una tabla rΓ­gida. Cada lΓ­nea de su espalda era una disculpa silenciosa. Las palabras de su novio resonaron en sus oΓ­dos. β€œAdoras cuando te hago mimos”. Era cierto. Lo adoraba. Lo adoraba con cada fibra de su ser, y ese era precisamente el problema.

β€”Hay que se-seguir comiendo β€”tartamudeΓ³, un cambio de tema torpe y transparente. Sus dedos, ligeramente temblorosos, rodearon de nuevo su plato de arroz. EmpezΓ³ a comer con una concentraciΓ³n excesiva, los palillos moviΓ©ndose mecΓ‘nicamente mientras un nudo de nervios le apretaba la garganta. PodΓ­a sentir la mirada de Minho taladrando su perfil. Una mirada que ya no era de adoraciΓ³n, sino que estaba cargada de una creciente tormenta de desconcierto y enojo.

β€”ΒΏQuΓ© ocurre? β€”La voz de Minho era peligrosamente baja. Se inclinΓ³ hacia el azabache, su aura felina y juguetona transformΓ‘ndose en una depredadora. Su mandΓ­bula se apretΓ³, y sin que Γ©l mismo lo notara, sus manos se hicieron puΓ±os sobre sus muslosβ€”. ΒΏPasa algo?

Se acercΓ³ aΓΊn mΓ‘s. Jisung podΓ­a sentir el calor de su cuerpo, el familiar aroma de su perfume cΓ­trico, ahora percibido como una invasiΓ³n. El menor siguiΓ³ evitando su mirada, masticando un arroz que ya no le sabΓ­a a nada. Sus hombros se encorvaron ligeramente, como si quisiera desaparecer.

La furia silenciosa de Minho no era contra Jisung, sino contra la situaciΓ³n. No entendΓ­a el repentino rechazo, la forma en que la calidez se habΓ­a esfumado, reemplazada por esta barrera helada. ΒΏHabΓ­a hecho algo mal? ΒΏEra el lugar? ΒΏSu padre? Un Γ‘cido resentimiento hacia el hombre al otro lado de la mesa le quemΓ³ la garganta. Sin decir una palabra mΓ‘s, Minho se levantΓ³ abruptamente del suelo. Su cojΓ­n quedΓ³ torcido. Con movimientos bruscos y llenos de una frustraciΓ³n apenas contenida, recogiΓ³ su plato, su vaso y sus palillos. El tintineo de la loza fue la ΓΊnica banda sonora de su furia mientras salΓ­a de la habitaciΓ³n. El sonido de sus pasos, un poco mΓ‘s fuertes de lo necesario, resonΓ³ en el pasillo hacia la cocina.

Jisung se quedΓ³ inmΓ³vil. El vacΓ­o dejado por Minho era una presencia fΓ­sica, frΓ­a. EscuchΓ³ sus pasos alejarse, y cada uno era un martillazo en su pecho. Un profundo suspiro escapΓ³ de sus labios, arrastrando consigo el peso de las palabras no dichas. No querΓ­a que la situaciΓ³n se le fuera de las manos. No querΓ­a que Minho se enojara, no querΓ­a que su padre pensara mal, no querΓ­a sentir esta presiΓ³n aplastante en el centro de su pecho. Pero sobre todo, no querΓ­a que Minho se alejara. Esa era la ΓΊnica verdad que importaba. Esa, y una pregunta que llevaba semanas ardiendo en la punta de su lengua, esperando el momento perfecto que nunca llegaba. Un momento que no fuera en la casa de sus padres, con la cena a medio terminar y las emociones a flor de piel. Pero viendo la espalda de Minho alejarse, una urgencia desesperada le sobrevino. Si no lo decΓ­a ahora, la grieta se harΓ­a un abismo.

—‘¿Quieres vivir conmigo?!

La pregunta saliΓ³ disparada como un resorte. Alta, clara, y ligeramente quebrada al final. Lee Minho, que ya casi llegaba a la puerta de la cocina, se detuvo en seco. Su espalda, todavΓ­a vuelta hacia Jisung, se convirtiΓ³ en una estatua de sal. El tiempo pareciΓ³ suspenderse en el comedor, espeso y expectante. Jisung sintiΓ³ que el corazΓ³n se le subΓ­a a la garganta y le latΓ­a ahΓ­, impidiΓ©ndole respirar. Era como si hubiera lanzado una piedra a un lago en calma y ahora solo pudiera esperar, impotente, a ver las ondas.

β€”He estado buscando departamentos. β€”La voz de Jisung era mΓ‘s baja ahora, un torrente de palabras apresuradas que habΓ­a estado represando por demasiado tiempo. Se retorcΓ­a las manos sobre el regazo, sus nudillos blancos por la tensiΓ³nβ€”. Si te preguntas por quΓ© mi cambio de actitud ahora... β€”Se atreviΓ³ a levantar la vista, encontrΓ‘ndose con que Minho se habΓ­a girado lentamente. Su rostro era un jeroglΓ­fico indescifrable. Una mezcla de sorpresa, confusiΓ³n y algo mΓ‘s, algo brillante y esperanzador que Jisung no se atrevΓ­a a nombrar. Verlo asΓ­, expectante, lo impulsΓ³ a continuar.

β€”Fue porque pensΓ© que tal vez si te decΓ­a... era como una manera de apresurar las cosas. Y sΓ© que tal vez... β€”Su voz se fue apagando, la seguridad desvaneciΓ©ndose como humo. De repente se sintiΓ³ muy tonto. β€œApresurar las cosas”. ΒΏEra una estupidez? ΒΏSe estaba lanzando al vacΓ­o sin red?

No pudo terminar. Un borrΓ³n de movimiento, un susurro de ropa, y unos labios cΓ‘lidos estaban presionΓ‘ndose contra los suyos. No fue un beso tierno. Fue hambriento, casi desesperado. Las manos de Minho encontraron su cintura y lo atrajeron hacia Γ©l, fundiendo sus cuerpos en un abrazo fΓ©rreo. El beso sabΓ­a a la sopa de pasta de soja y a la tormenta que habΓ­a estado a punto de estallar. Era una respuesta, una reprimenda, y una promesa, todo en uno.

Al sentir el contacto, el nudo en el pecho de Jisung se deshizo de golpe. SuspirΓ³ dentro del beso, un suspiro que era pura liberaciΓ³n. Sus labios, al principio tensos por la sorpresa, se movieron para encontrarse con el ritmo que Minho imponΓ­a. Era un lenguaje secreto que solo ellos entendΓ­an. Minho lo besaba de una manera que lo dejaba sin palabras, con un Γ­mpetu que movΓ­a sus bocas para expresar todo el amor y la frustraciΓ³n que sus voces no podΓ­an articular. Era una conversaciΓ³n silenciosa donde cada roce decΓ­a β€œte quiero” y cada leve mordisco preguntaba β€œΒΏcΓ³mo pudiste dudarlo?β€œ.

El primero en separarse, sin aliento y con los labios hormigueantes, fue Jisung. Una sonrisa temblorosa, aΓΊn incrΓ©dula, curvaba sus labios. Sus manos subieron lentamente desde el pecho de Minho hasta enredarse alrededor de su cuello, sintiendo el pulso acelerado del mayor bajo sus dedos.

β€”ΒΏQuΓ© dices? β€”susurrΓ³, y su voz era apenas un hilo de sonido cargado de intriga y una vulnerabilidad esperanzada. La pregunta flotaba entre ellos, cΓ‘lida y viva.

Minho lo mirΓ³, sus ojos oscuros brillando con una emociΓ³n intensa. MostrΓ³ una sonrisa de lado, su tΓ­pica sonrisa de chico malo que a Jisung le derretΓ­a las rodillas, mientras sus manos se posaban con firmeza en la cintura mΓ‘s pequeΓ±a de su novio. Sus pulgares empezaron a dibujar cΓ­rculos lentos y tranquilizadores sobre la tela de su sudadera, un contacto que anclaba a Jisung a la realidad.

β€”ΒΏRealmente no te quedΓ³ claro, amor? β€”ronroneΓ³. Su voz era terciopelo y promesas. InclinΓ³ la cabeza, rozando la punta de su nariz con la de Jisung, un gesto tan Γ­ntimo que hizo que el menor contuviera el alientoβ€”. Mi respuesta es sΓ­. Claro que voy contigo... a donde sea.

Y para sellar la promesa, lo besΓ³ una vez mΓ‘s. Esta vez, el beso fue mΓ‘s lento, mΓ‘s profundo. Minho jugueteΓ³ con los labios de Jisung, mordisqueando el inferior con suavidad, pidiendo permiso para profundizarlo. Pero justo cuando su lengua rozaba la comisura de la boca del menor, Jisung se separΓ³ una vez mΓ‘s, apoyando una mano en el pecho de su novio para poner un mΓ­nimo de espacio entre ellos. El cuero cabelludo le hormigueaba y su cerebro, todavΓ­a lleno de neblina, intentaba aferrarse a la parte prΓ‘ctica de la vida.

β€”E-espera, antes tenemos que planear todo. β€”Las palabras salieron atropelladas. TenΓ­an que buscar algo cerca de la universidad, y que estuviera cerca del metro para Minho, y con una cocina decente, y que aceptaran mascotas, porque Soonie, Doongie y Dori no eran negociables. Y...

Un puchero indignado, adorablemente infantil, apareciΓ³ en el rostro de Minho. Ver a un hombre tan absurdamente guapo y normalmente serio hacer ese gesto era una de las debilidades de Jisung. El mayor soltΓ³ un suspiro teatral.

β€”Luego vemos eso, ΒΏsΓ­? β€”pidiΓ³, y su tono no admitΓ­a discusiΓ³n. Pero aun asΓ­, esperΓ³. Su mirada era suave, pidiendo permiso.

Como respuesta, Han asintiΓ³ lentamente con la cabeza. ΒΏCΓ³mo negarse cuando le hablaban asΓ­? La respuesta de Minho fue inmediata. CerrΓ³ los ojos, levantΓ³ ligeramente la barbilla y sus labios se curvaron en una sonrisa expectante.

β€”Ahora... bΓ©same, bebΓ©.

Una carcajada sincera, cristalina y llena de alivio y alegrΓ­a burbujeΓ³ del pecho de Jisung. Adoraba cuando su novio se comportaba de esa manera. Le recordaba a cuando eran mΓ‘s pequeΓ±os, en sus dΓ­as de trainees, y Minho, el chico nuevo, serio e intimidante, esperaba con los ojos cerrados y un puchero mal disimulado a que Jisung se apiadara de Γ©l y le diera un beso de buenas noches en la mejilla. Algo en su interior se derritiΓ³, cΓ‘lido y familiar.

β€”De acuerdo β€”susurrΓ³, y la palabra era una promesa.

SonriΓ³, una sonrisa que nacΓ­a desde lo mΓ‘s profundo de su ser, y se inclinΓ³ para juntar sus labios con los de Minho. El contacto fue dulce y profundo. Jisung se derritiΓ³ en Γ©l. Lo mΓ‘s seguro, pensΓ³, con los sentidos anegados en el perfume cΓ­trico y el calor de su novio, era que esa noche la cena se enfriarΓ­a por completo. La velada estaba destinada a estar llena de mimos, de besos robados entre plato y plato, de las cosquillas que Minho le harΓ­a para escucharlo reΓ­r y de un nuevo capΓ­tulo que acababan de empezar a escribir juntos, allΓ­, en medio del comedor familiar y frente a una sopa de pasta de soja que ya nadie recordaba.

Los meses se deslizaron como agua entre los dedos, dando paso a una nueva realidad.

El departamento no era enorme, pero era suyo. Un lienzo en blanco que habΓ­an llenado con sus personalidades opuestas y complementarias. El sofΓ‘, elegido por Minho, de lΓ­neas limpias y color gris topo, contrastaba con la manta de felpa amarilla y absurdamente suave que Jisung habΓ­a insistido en comprar y que ahora era el trono indiscutible de las gatas. Las estanterΓ­as eran un caos organizado de figuras de anime, libros de producciΓ³n musical y algΓΊn que otro gato de cerΓ‘mica. El olor a cafΓ© y a las galletas de mantequilla que Minho horneaba los fines de semana se habΓ­a impregnado en las paredes. Pero sobre todo, el pequeΓ±o apartamento en el tercer piso de un edificio tranquilo se habΓ­a llenado del sonido de sus risas, de sus discusiones tontas sobre quiΓ©n lavaba los platos y del inconfundible y profundo amor que se profesaban.

Fue un miΓ©rcoles cualquiera, de esos que saben a rutina y a felicidad domΓ©stica. La tarde se derramaba perezosa a travΓ©s de la ventana del salΓ³n, tiΓ±endo el ambiente de un dorado melancΓ³lico. Jisung llegΓ³ a casa agotado. La sesiΓ³n en el estudio con Changbin y Chan se habΓ­a alargado mΓ‘s de la cuenta, un estribillo rebelde se negaba a salir y sus dedos estaban acalambrados de tanto teclear y pulsar botones. Al abrir la puerta, el aroma a algo delicioso lo golpeΓ³ de lleno. Su estΓ³mago rugiΓ³ en respuesta.

β€”ΒΏHyung? β€”llamΓ³, quitΓ‘ndose las zapatillas con un suspiro de alivio.

β€”En la cocina β€”llegΓ³ la respuesta, cΓ‘lida como la luz que inundaba la casa.

SiguiΓ³ el aroma. La escena que lo recibiΓ³ en la entrada de la cocina le robΓ³ el aliento y le deshizo el cansancio de todo el dΓ­a. Minho estaba de espaldas, ante la encimera, tarareando una canciΓ³n que Jisung no reconociΓ³. Llevaba un delantal azul marino sobre una camiseta blanca de tirantes que dejaba al descubierto la elegante musculatura de sus brazos. Su cabello negro, ligeramente mΓ‘s largo, se rizaba en la nuca. Estaba friendo algo en la sartΓ©n, su muΓ±eca moviΓ©ndose con la gracia de un bailarΓ­n para hacer saltar las verduras. El aceite chisporroteaba una melodΓ­a alegre. Sobre la mesa, ya estaban servidos dos cuencos de arroz humeante y varios platillos con guarniciones: kimchi, brotes de soja salteados, tortilla enrollada.

β€”Hueles a chocolate y a cafΓ© frΓ­o β€”comentΓ³ Minho sin darse la vuelta, pero la sonrisa se adivinaba en su vozβ€”. Ve a darte una ducha rΓ‘pida. La cena estΓ‘ casi lista.

β€”Ahora voy β€”murmurΓ³ Jisung, con los ojos clavados en la espalda de su novio. No se moviΓ³ de la puerta.

Diez minutos despuΓ©s, Jisung regresΓ³ a la cocina con el pelo azul aΓΊn hΓΊmedo y goteando sobre una toalla que llevaba al cuello. Se habΓ­a puesto un pantalΓ³n de chΓ‘ndal gris y una camiseta vieja y suave de Munchlax, con el cuello tan dado de sΓ­ que le resbalaba por un hombro. Se dejΓ³ caer en su silla con un suspiro de pura satisfacciΓ³n. Minho sirviΓ³ el plato principal β€”un salteado de cerdo con verduras y una salsa oscura y brillante que olΓ­a a jengibre y mielβ€” justo en el centro de la mesa.

β€”Justo a tiempo. Come, que estΓ‘s muy delgado. Últimamente no paras β€”lo reprendiΓ³, pero su tono era cariΓ±oso. Se sentΓ³ frente a Γ©l y lo observΓ³.

Jisung no se hizo de rogar. El estudio era un agujero negro que le absorbΓ­a las horas y las calorΓ­as. TomΓ³ sus palillos, juntΓ³ un bocado perfecto de arroz, cerdo y un trozo de pimiento rojo, y se lo llevΓ³ a la boca. Sus ojos se cerraron involuntariamente. Una pequeΓ±a exclamaciΓ³n de placer, un β€œmmmmh”, vibrΓ³ en su garganta. MasticΓ³ despacio, y sus mejillas, sonrosadas por el calor de la ducha y la comida, se inflaron de esa manera tan caracterΓ­stica.

Y Minho, al otro lado de la mesa, se quedΓ³ sin aire. Otra vez. Siempre.

Era ridΓ­culo. Llevaban meses viviendo juntos. HabΓ­a visto a Jisung comer miles de veces, en todos los estados de Γ‘nimo y a todas horas. Lo habΓ­a visto devorar ramen a las tres de la maΓ±ana con ojeras y el pelo hecho un desastre, y tambiΓ©n lo habΓ­a visto comer con una etiqueta forzada en cenas de empresa. Pero cada vez que Jisung estaba relajado, en su espacio seguro, y comΓ­a algo que Γ©l mismo habΓ­a cocinado con esa expresiΓ³n de inocencia y placer... el pecho de Minho se convertΓ­a en un campo de flores y dinamita al mismo tiempo. Era ternura en estado puro. Era un instinto posesivo y protector que le rugΓ­a en las entraΓ±as. Era amor. Tan sencillo y demoledor como eso.

ObservΓ³ cΓ³mo la punta rosada de la lengua de Jisung aparecΓ­a para limpiar una mΓ­nima mota de salsa de la comisura de su labio inferior. El movimiento fue casi hipnΓ³tico. Minho apretΓ³ sus palillos con fuerza. La cena que Γ©l mismo habΓ­a preparado dejΓ³ de importarle. Su propio plato permanecΓ­a intacto. Todo su universo se reducΓ­a a la visiΓ³n de su novio comiendo feliz.

β€”ΒΏNo comes, hyung? β€”preguntΓ³ Jisung al darse cuenta, inclinando la cabeza como un cachorrito confundido. El hombro de su camiseta se deslizΓ³ un poco mΓ‘s, dejando al descubierto una extensiΓ³n de piel suave y la lΓ­nea de su clavΓ­cula. Otro mordisco. Otra mejilla inflada.

El β€œclick” de los palillos de Minho al ser depositados en el reposador resonΓ³ en la cocina como un disparo. Jisung levantΓ³ la vista, sorprendido. Minho se habΓ­a levantado y rodeaba la mesa con una lentitud calculada y felina, sus ojos oscuros fijos en Γ©l. Una energΓ­a distinta, densa y electrizante, crepitaba en el ambiente.

β€”Hyung, ΒΏquΓ©...? β€”empezΓ³ a preguntar Jisung, pero las palabras murieron en su garganta cuando Minho se detuvo detrΓ‘s de su silla. Las manos cΓ‘lidas del mayor se posaron sobre sus hombros, masajeando la tensiΓ³n acumulada con una presiΓ³n firme que le arrancΓ³ un suspiro involuntario. Los dedos de Minho rozaron los lΓ­mites de la toalla hΓΊmeda, tocando la piel desnuda de su cuello, justo donde el pulso latΓ­a con fuerza creciente.

β€”Shh. β€”El aliento de Minho le rozΓ³ la oreja, cΓ‘lido y mentolado, erizΓ‘ndole la pielβ€”. Termina de comer, Jisung-ah. No te detengas.

La orden era suave, casi una sΓΊplica, y el tono le produjo a Jisung un escalofrΓ­o que no era de frΓ­o. Su mano temblΓ³ ligeramente al tomar los palillos de nuevo. Minho no se moviΓ³ de detrΓ‘s de Γ©l. Sus dedos seguΓ­an dibujando perezosos cΓ­rculos en la piel de su nuca, bajando a veces por la pendiente de su clavΓ­cula expuesta. Jisung se llevΓ³ otro bocado a la boca, pero apenas podΓ­a saborearlo. Todo su cuerpo estaba concentrado en el punto de contacto, en la presencia imponente de Minho detrΓ‘s de Γ©l, en el aroma de su perfume que lo envolvΓ­a.

Cuando sus mejillas se inflaron de nuevo con el arroz, escuchΓ³ la respiraciΓ³n de Minho cortarse.

β€”Eres tan perfecto... β€”susurrΓ³ contra su cabello hΓΊmedo. La voz era ronca, cargada de una adoraciΓ³n que rasgΓ³ algo dentro de Jisungβ€”. A veces no sΓ© quΓ© hacer conmigo mismo. Verte aquΓ­, en nuestra casa, comiendo lo que yo cocino para ti... con esas mejillas llenas. Es lo mΓ‘s bonito que me ha pasado en la vida. Y a la vez, es una locura, Jisung. Porque te veo asΓ­ y quiero... β€”Se interrumpiΓ³, apoyando la frente en la coronilla del azabache. Jisung permanecΓ­a completamente inmΓ³vil, los palillos suspendidos en el aire, el corazΓ³n latiΓ©ndole desbocado.

β€”ΒΏQuΓ© quieres? β€”La pregunta era apenas un hilo, vulnerable y expectante. Se girΓ³ un poco en su silla, lo justo para mirar a Minho por encima del hombro. Sus miradas se encontraron. El fuego en los ojos de Minho era oscuro, intenso, pero ardΓ­a sobre un lecho de ternura infinita. Era una combinaciΓ³n que lo dejaba sin aliento.

β€”Quiero... β€”Minho deslizΓ³ sus dedos por la mandΓ­bula de Jisung, enmarcando su rostro, su pulgar acariciando la mejilla que todavΓ­a no habΓ­a terminado de masticar. En ese pequeΓ±o contacto, Jisung sintiΓ³ la ligera aspereza de su yema, el temblor casi imperceptible de su manoβ€”. Quiero amarte β€”confesΓ³, desnudando su almaβ€”. Hasta que no puedas pensar en nada mΓ‘s que en mΓ­. Hasta que olvides tu propio nombre.

El cuenco de arroz de Jisung cayΓ³ sobre la mesa con un ruido sordo, la cena olvidada. El mundo exterior β€”el salΓ³n, los gatos durmiendo en el sofΓ‘, el ruido lejano del trΓ‘ficoβ€” se desvaneciΓ³. Solo existΓ­an ellos dos en la burbuja dorada de la cocina. Sin despegar sus ojos de los de Minho, Jisung girΓ³ completamente en su silla. Sus manos, todavΓ­a frΓ­as por el cansancio, se alzaron para descansar en las caderas de su novio, sus dedos aferrΓ‘ndose a la tela del delantal.

β€”Entonces hazlo β€”susurrΓ³, y era una rendiciΓ³n, un permiso, un ruegoβ€”. Ámame.

Fue como liberar a una fiera contenida. Pero no una fiera violenta, sino una devota. Minho se inclinΓ³, capturando sus labios en un beso profundo y hambriento. No habΓ­a prisa, pero sΓ­ una intensidad que quemaba. Su lengua acariciΓ³ la costura de los labios de Jisung, pidiendo paso, y este se lo concediΓ³ con un gemido tembloroso. El sabor de la cena se mezclΓ³ con el sabor ΓΊnico de su amor, familiar y nuevo al mismo tiempo. Las manos de Minho se movieron a su espalda, deslizΓ‘ndose por debajo de la camiseta de Munchlax para tocar su piel desnuda. Estaba caliente y se estremeciΓ³ bajo sus dedos. TirΓ³ de Γ©l, instΓ‘ndolo a levantarse de la silla.

De pie, con sus cuerpos pegados, el beso se profundizΓ³. La toalla de Jisung cayΓ³ al suelo, olvidada. Minho era un explorador meticuloso, sus manos trazaban mapas de la espalda de Jisung, sus omΓ³platos, la curva de su cintura. Cada roce era una chispa. Se separaron solo para tomar aire, sus frentes apoyadas, compartiendo el mismo aliento agitado. Las manos de Jisung se deslizaron por el pecho de Minho, sintiendo los latidos acelerados de su corazΓ³n a travΓ©s de la camiseta de tirantes.

β€”BebΓ©... β€”murmurΓ³ Minho, la palabra cargada de significado. BesΓ³ la punta de su nariz, sus pΓ‘rpados cerrados, el lunar bajo su ojoβ€”. Mi bebΓ©.

Sin romper el contacto, comenzaron a moverse. Un baile torpe y ciego en direcciΓ³n a la ΓΊnica habitaciΓ³n de su pequeΓ±o santuario. Dejaron atrΓ‘s la cocina con su cena a medio terminar, dejaron atrΓ‘s el salΓ³n donde Dori dormΓ­a plΓ‘cidamente. El trayecto fue un torbellino de besos robados y roces imposibles. En el umbral de la puerta, Jisung se detuvo, presionando a Minho contra el marco. Esta vez fue Γ©l quien lo besΓ³, un beso que era puro agradecimiento, una forma de decirle β€œgracias por esperarme, por cocinar para mΓ­, por amarme incluso cuando me olvido de comer”. Minho lo recibiΓ³ con un suspiro entregado, sus dedos peinando el cabello azul hΓΊmedo.

Entraron en la habitaciΓ³n. La ΓΊnica luz provenΓ­a de la farola en la calle, filtrΓ‘ndose a travΓ©s de las cortinas finas y dibujando siluetas plateadas en la cama. Minho cerrΓ³ la puerta con suavidad, el clic amortiguado, un sello de intimidad. GuiΓ³ a Jisung hasta el borde del colchΓ³n. La cama se hundiΓ³ ligeramente bajo su peso cuando se sentΓ³. Minho se arrodillΓ³ frente a Γ©l. El acto, tan devoto, tan inesperado, hizo que a Jisung se le encogiera el corazΓ³n.

Con parsimonia, como si desenvolviera el regalo mΓ‘s preciado, Minho tomΓ³ el dobladillo de la camiseta de Jisung y tirΓ³ de ella hacia arriba. Jisung alzΓ³ los brazos, dejΓ‘ndose hacer, su mirada fija en el rostro concentrado de su novio. Cuando la tela fue descartada en algΓΊn rincΓ³n oscuro, Minho se quedΓ³ quieto. Sus ojos viajaron por el torso desnudo de Jisung, la suave curva de su cintura, el pecho que subΓ­a y bajaba con rapidez. Su mirada no era solo de deseo; era de veneraciΓ³n.

β€”Eres tan hermoso β€”dijo, su voz quebrada por la emociΓ³nβ€”. No es solo tu cara, Jisung-ah. Es todo. Es verte comer feliz. Es verte dormir con la boca abierta. Es verte concentrado en tu mΓΊsica, mordiendo el lΓ‘piz. Todo tΓΊ eres hermoso.

Jisung sintiΓ³ que sus ojos se humedecΓ­an. ParpadeΓ³ rΓ‘pidamente. No querΓ­a llorar, pero las palabras de Minho tenΓ­an una forma de calar hasta lo mΓ‘s hondo de su alma, de arropar las inseguridades que a veces le susurraban al oΓ­do. No hubo tiempo para responder. Minho se inclinΓ³ y depositΓ³ un beso justo sobre su esternΓ³n, en el centro de su pecho. Sus labios estaban calientes. Luego, moviΓ©ndose con una lentitud que enloquecΓ­a, subiΓ³ por su cuello, besando su pulso acelerado, la barbilla, de nuevo la comisura de sus labios. Jisung se echΓ³ hacia atrΓ‘s, apoyΓ‘ndose en sus codos, y Minho lo siguiΓ³, colocΓ‘ndose sobre Γ©l sin dejar de besarlo. El peso de su cuerpo era una promesa de seguridad.

El resto del mundo se diluyΓ³. Se convirtiΓ³ en un asunto de tacto. Los dedos de Jisung se enredaron en el delantal de Minho, desatando el nudo con impaciencia. La prenda se uniΓ³ a la camiseta en el suelo. TirΓ³ de la camiseta de tirantes, necesitando sentir su piel. Minho se incorporΓ³ un momento para quitΓ‘rsela, y la visiΓ³n de su torso, esculpido y pΓ‘lido bajo la luz de la luna, le cortΓ³ la respiraciΓ³n a Jisung.

β€”MΓ­o β€”murmurΓ³, alzando la mano para tocar. Sus dedos recorrieron la lΓ­nea de su clavΓ­cula, bajaron por su pecho, contando el relieve de sus abdominales. Minho tomΓ³ su mano y la llevΓ³ a sus labios, besando cada nudillo.

β€”Tuyo β€”confirmΓ³ contra su piel.

Se deshicieron del resto de la ropa entre caricias y murmullos. No habΓ­a prisa. Era un ritual sagrado. La piel contra la piel era una sinfonΓ­a de sensaciones: la suavidad de los muslos de Jisung contra sus caderas, el calor que emanaba de sus cuerpos, el roce del algodΓ³n de las sΓ‘banas. Minho se reincorporΓ³, buscando en el cajΓ³n de la mesita de noche, y Jisung se quedΓ³ mirando el techo, su pecho agitado, cada terminaciΓ³n nerviosa de su cuerpo encendida. Cuando Minho volviΓ³ a su lado, su mano acariciΓ³ el costado de Jisung, bajando en una lenta trayectoria que hizo que este arqueara la espalda.

β€”MΓ­rame, Jisung β€”le pidiΓ³, su voz ronca en la oscuridad.

Jisung obedeciΓ³. Sus ojos, ya acostumbrados a la penumbra, encontraron los de Minho justo sobre Γ©l. La intensidad de su mirada lo atravesΓ³. No era solo lujuria; era una conexiΓ³n profunda, un β€œaquΓ­ estoy, soy yo, y te amo”. El primer contacto Γ­ntimo fue un jadeo compartido. Minho se moviΓ³ con una lentitud exquisita, preparΓ‘ndolo con una paciencia que hacΓ­a temblar a Jisung. Sus dedos, ungidos y cΓ‘lidos, dibujaban cΓ­rculos que desarmaban todo pensamiento coherente. Le susurraba cosas al oΓ­do, un torrente de amor y suciedad que se mezclaba de una manera perfecta: β€œEsto es lo que me haces”, β€œTan bien para mΓ­β€œ, β€œMi niΓ±o bueno”, β€œEres un sueΓ±o, Jisung-ah, mi sueΓ±o”.

Cuando sus cuerpos por fin se unieron, fue un regreso a casa. Un suspiro tembloroso escapΓ³ de los labios de Jisung. No era solo una sensaciΓ³n fΓ­sica de plenitud, era una uniΓ³n emocional, un clic en un mecanismo perfecto. Se aferrΓ³ a los hombros de Minho, sus uΓ±as araΓ±ando suavemente su espalda. Minho se quedΓ³ quieto por un momento, dejΓ‘ndolo adaptarse, su frente sudorosa apoyada en la de Jisung.

β€”Te quiero β€”susurrΓ³, y no era una frase hecha. Era una verdad absoluta y temblorosa que se colaba por las grietas de sus almasβ€”. Te quiero tanto que duele.

β€”Y yo a ti β€”respondiΓ³ Jisung, con voz quebradaβ€”. Ahora, muΓ©vete, por favor.

Minho obedeciΓ³. ComenzΓ³ un ritmo lento y profundo, un vaivΓ©n de olas del mar que lamΓ­an la orilla. Cada embestida arrancaba un gemido de la garganta de Jisung, un sonido que era mΓΊsica para los oΓ­dos de Minho. Se besaban sin coordinaciΓ³n, mΓ‘s un compartir aliento que un beso real. Las manos de Minho estaban por todas partes: en su cabello, en sus mejillas (todavΓ­a las podΓ­a sentir ligeramente infladas, y ese pensamiento lo enloquecΓ­a), en sus caderas, guiando el ritmo. La fricciΓ³n de sus cuerpos encendΓ­a hogueras en el bajo vientre de Jisung. El placer no era una explosiΓ³n repentina, sino una construcciΓ³n constante y abrumadora. Era un calor lΓ­quido que se extendΓ­a desde su centro hasta la punta de sus dedos, un cosquilleo en el cuero cabelludo, una luz blanca creciente detrΓ‘s de sus pΓ‘rpados cerrados.

Era completamente sensorial. El sonido de su respiraciΓ³n agitada llenando la habitaciΓ³n, el roce de las sΓ‘banas de algodΓ³n bajo su espalda, el aroma almizclado de sus cuerpos mezclΓ‘ndose, el sabor salado de la piel de Minho cuando besaba su cuello. Y sobre todo, el tacto. La sensaciΓ³n de ser llenado, tomado, amado hasta el ΓΊltimo rincΓ³n de su ser.

β€”Jisung... Jisung, mΓ­rame β€”jadeΓ³ Minho, su ritmo volviΓ©ndose mΓ‘s errΓ‘tico, mΓ‘s profundo. Estaba cerca, Jisung podΓ­a sentirlo en la tensiΓ³n de sus mΓΊsculos. AbriΓ³ los ojos. La imagen sobre Γ©l era devastadora. Minho, con los ojos ennegrecidos por el deseo y el amor, los labios entreabiertos, el cabello pegado a la frente sudorosa. Era un dios griego esculpido solo para Γ©l.

β€”Siempre te veo, hyung β€”murmurΓ³, alzando una mano temblorosa para acariciar su mejilla. Ese simple gesto fue el detonante.

Minho gimiΓ³ su nombre como una plegaria y se derramΓ³ en su interior, su cuerpo tensΓ‘ndose en un arco perfecto. La sensaciΓ³n de su liberaciΓ³n, cΓ‘lida y pulsΓ‘til, empujΓ³ a Jisung al abismo. Con el nombre de Minho en sus labios y los ojos apretados, se dejΓ³ caer en un clΓ­max que le robΓ³ el aliento y le estremeciΓ³ hasta la ΓΊltima fibra. Era luz, era calor, era paz.

Por un largo minuto, el ΓΊnico sonido fue el de su respiraciΓ³n entrecortada, intentando volver a la tierra. Minho se dejΓ³ caer con cuidado sobre Jisung, su peso un bΓ‘lsamo, no una carga. Jisung rodeΓ³ su cintura con sus brazos, abrazΓ‘ndolo fuerte. BesΓ³ su cabello hΓΊmedo, su sien. El mayor escondiΓ³ el rostro en el hueco de su cuello, respirΓ‘ndolo.

β€”ΒΏVes? β€”murmurΓ³ Minho contra su piel, su voz completamente roncaβ€”. Te dije que querΓ­a amarte hasta que olvidaras tu nombre.

Una risa suave, cansada y feliz, vibrΓ³ en el pecho de Jisung. Sus dedos dibujaban constelaciones en la espalda sudorosa de su novio.

β€”Han Jisung β€”dijo en un susurro soΓ±adorβ€”. No me he olvidado, hyung. Es Han Jisung. Y soy el hombre mΓ‘s feliz del mundo porque Lee Minho me ama... incluso cuando hablo con la boca llena.

Minho se rio, una risa baja y ronca que era su sonido favorito en el universo. Se incorporΓ³ lo suficiente para mirarlo a la cara, sus ojos todavΓ­a brillando con restos de deseo y un torrente de adoraciΓ³n. Con un pulgar increΓ­blemente suave, limpiΓ³ una pequeΓ±a mancha que Jisung no sabΓ­a que tenΓ­a en la mejilla. Un resto de salsa de la cena.

β€”Especialmente cuando hablas con la boca llena β€”corrigiΓ³ Minho, besando la mancha invisibleβ€”. Porque asΓ­ es como tus mejillas se inflan. Y es la cosa mΓ‘s tierna del mundo. Y es la razΓ³n por la que voy a pasar el resto de mi vida cocinando para ti.

Jisung sintiΓ³ un nudo en la garganta. ParpadeΓ³, y esta vez una lΓ‘grima feliz y perezosa se deslizΓ³ por su sien hasta perderse en la almohada. Minho la atrapΓ³ con otro beso.

β€”Duerme un poco, bebΓ© β€”susurrΓ³, arropΓ‘ndolo con el edredΓ³n y su propio cuerpoβ€”. MaΓ±ana te harΓ© panqueques. Y tortilla enrollada. Y sopa de algas. Todo lo que quieras. Quiero verte comer.

Jisung cerrΓ³ los ojos, una sonrisa tonta y cansada en los labios. Acurrucado en la calidez del abrazo de Minho, se sintiΓ³ completo. Lo ΓΊltimo que pensΓ³ antes de que el sueΓ±o lo reclamara fue que, de todas las formas en las que Minho le habΓ­a demostrado su amor, esta era su favorita. No por el placer, sino por la certeza. La certeza de ser visto, de ser conocido, y de ser amado en cada pequeΓ±o gesto. Incluso, y sobre todo, en la forma en que sus mejillas se inflaban al comer.

Un aΓ±o despuΓ©s

El aroma a cafΓ© reciΓ©n hecho y a tortitas dulces invadiΓ³ el apartamento. Era sΓ‘bado, y la luz del mediodΓ­a se colaba a raudales por las ventanas, iluminando las motas de polvo que danzaban en el aire. Era el dΓ­a de limpieza, pero la limpieza podΓ­a esperar. Minho estaba ante la cocina, como tantos otros sΓ‘bados, con un delantal rojo cereza, friendo panqueques. Soonie, Doongie y Dori merodeaban entre sus piernas, expectantes ante la posibilidad de que cayera alguna migaja.

Jisung apareciΓ³ en la puerta de la cocina, bostezando. Su cabello azul, ahora con las raΓ­ces negras crecidas, apuntaba en todas direcciones. Llevaba una sudadera tres tallas mΓ‘s grandes que le pertenecΓ­a a Minho y unos calcetines de pandas desparejados.

β€”SiΓ©ntate β€”ordenΓ³ Minho sin darse la vuelta, su voz una caricia maΓ±aneraβ€”. El cafΓ© estΓ‘ en la mesa.

Jisung obedeciΓ³, todavΓ­a medio dormido. Se dejΓ³ caer en su silla, frente a un plato ya servido con un montoncito humeante de panqueques dorados, coronados por una generosa porciΓ³n de fresas laminadas y un chorrito de sirope de chocolate. Un pequeΓ±o vaso de leche frΓ­a y una taza de cafΓ© americano humeante completaban el cuadro. Jisung observΓ³ la comida, y una sonrisa llena de sueΓ±o y felicidad curvΓ³ sus labios.

β€”Eres un Γ‘ngel, hyung. ΒΏQuΓ© hice yo para merecerte? β€”murmurΓ³, su voz todavΓ­a Γ‘spera por el sueΓ±o.

Minho apagΓ³ el fuego y se girΓ³. Al verlo, su corazΓ³n hizo la misma cabriola de siempre. El chico mΓ‘s hermoso del mundo, con su pelo azul revuelto y su sudadera robada, sentado en su cocina, esperando sus panqueques. Era la definiciΓ³n de la felicidad.

β€”Existir β€”respondiΓ³ simplemente, dejando un beso en su sien antes de sentarse a su lado con su propia taza de cafΓ©.

Jisung, ya un poco mΓ‘s despierto, empuΓ±Γ³ el cuchillo y el tenedor. CortΓ³ un triΓ‘ngulo perfecto de panqueque, se asegurΓ³ de que tuviera una fresa y la cantidad justa de sirope, y se lo llevΓ³ a la boca. MasticΓ³ lentamente, con los ojos entrecerrados de puro placer. Y sus mejillas, naturalmente, se inflaron.

Minho lo observΓ³ por encima del borde de su taza. SintiΓ³ esa punzada de adoraciΓ³n, ese β€œclick” en su pecho. DejΓ³ la taza en la mesa.

β€”Jisung-ah β€”llamΓ³ con una calma sospechosa.

β€”ΒΏMmmmh? β€”respondiΓ³ el aludido, todavΓ­a masticando, sus mejillas llenas como las de un hΓ‘mster feliz.

β€”ΒΏSabes quΓ© estaba pensando mientras hacΓ­a los panqueques?

Jisung negΓ³ con la cabeza, tomando un sorbo de leche. Un pequeΓ±o bigote blanco le quedΓ³ sobre el labio superior. Minho se derritiΓ³ un poco mΓ‘s.

β€”Estaba pensando en la primera vez que te vi comer en casa de tus padres. Hace mΓ‘s de un aΓ±o. β€”Sus ojos se encontraron, y el ambiente se cargΓ³ de recuerdosβ€”. Tu padre me estaba fulminando con la mirada, y tΓΊ estabas comiendo sopa, inflando los cachetes de esa manera... tan tΓΊ. Y yo pensΓ©: β€œDios mΓ­o, quiero ver esto todos los dΓ­as de mi vida”. Y por eso casi me matas de un golpe en la cabeza.

Jisung soltΓ³ una carcajada, un sonido brillante y libre que llenΓ³ la cocina.

β€”No te estabas concentrando, hyung. Fue en defensa propia. AdemΓ‘s, esa misma noche te pedΓ­ que viviΓ©ramos juntos. AsΓ­ que tΓ©cnicamente, todo fue gracias a mi golpe y a mis cachetes.

β€”TouchΓ©. β€”Minho se rio, negando con la cabeza. Se inclinΓ³ hacia adelante, apoyando los codos en la mesaβ€”. Pero ahora los cachetes son solo mΓ­os. Y la sopa de mis suegros fue reemplazada por mis panqueques. Todo estΓ‘ en orden.

Se levantΓ³ de su silla y rodeΓ³ la mesa con la misma lentitud felina de aquella noche especial. Jisung lo siguiΓ³ con la mirada, el tenedor suspendido en el aire. Sus mejillas, con el ΓΊltimo bocado, estaban todavΓ­a ligeramente infladas. El corazΓ³n le latiΓ³ mΓ‘s rΓ‘pido, anticipando lo que sabΓ­a que iba a pasar.

Minho se detuvo justo detrΓ‘s de Γ©l. Sus manos se posaron en los hombros de Jisung, bajando lentamente por sus brazos hasta cubrir sus manos. Con una suavidad exquisita, le quitΓ³ los cubiertos y los dejΓ³ en el plato.

β€”ΒΏLo ves? β€”ronroneΓ³ en su oΓ­do, y su aliento cΓ‘lido hizo que Jisung se estremecieraβ€”. Ahora, no hay padre. No hay sopa. No hay interrupciones. Solo tΓΊ y yo, y tus preciosas mejillas llenas de mis panqueques.

BesΓ³ su mejilla inflada. Un beso largo y sonoro. Jisung intentΓ³ protestar, pero solo saliΓ³ un sonido amortiguado. Minho se rio.

β€”Te quiero, Han Jisung β€”dijo, dando la vuelta a la silla para que Jisung quedara de frente a Γ©l. Se arrodillΓ³, quedando sus rostros al mismo nivel. Con sus dos manos, enmarcΓ³ el rostro del azabache y presionΓ³ sus mejillas, haciendo que sus labios se fruncieran en un adorable puchero. Restos de sirope de chocolate y diminutas semillas de fresa manchaban la comisura de su boca. Era un desastre. Era perfecto.

β€”Te voy a besar β€”anunciΓ³ Minho, con la seriedad de quien declara una ley universal.

β€”Bwueno β€”concediΓ³ Jisung, su voz completamente deformada.

Minho se inclinΓ³ y lo besΓ³. El beso sabΓ­a a cafΓ©, a panqueques, a chocolate y a fresas. Pero debajo de todo eso, sabΓ­a a β€œhogar”, a β€œpor siempre” y a un amor tan tierno y profundo que hacΓ­a que a Jisung le dieran ganas de llorar de nuevo. EnvolviΓ³ sus brazos alrededor del cuello de Minho, profundizando el beso, riendo contra sus labios cuando las gatas empezaron a maullar, exigiendo su parte del desayuno.

β€”Te quiero, Lee Minho β€”murmurΓ³ Jisung cuando se separaron, con la voz ya normal pero los ojos brillantesβ€”. Ahora, ΒΏpuedo terminar mis panqueques? Se estΓ‘n enfriando.

β€”Solo si me das otro beso β€”regateΓ³ Minho, frotando su nariz contra la de Γ©l, un gesto cariΓ±oso y felino.

Jisung puso los ojos en blanco, pero se estaba riendo. Le dio un beso rΓ‘pido en los labios.

β€”Hecho. Ahora, dΓ©jame comer. Mira que tengo las mejillas vacΓ­as. β€”Y cogiendo su tenedor, empezΓ³ a inflarlas de nuevo de forma teatral, masticando aire, solo para hacer reΓ­r a Minho.

El mayor volviΓ³ a su asiento, el corazΓ³n tan lleno de amor que sentΓ­a que iba a desbordarse. TomΓ³ su cafΓ©, ya tibio, y observΓ³ a Jisung devorar el resto del desayuno. En ese pequeΓ±o apartamento, con sus gatos y el olor a dulce, con el chico del pelo azul y las mejillas de ardilla sentado frente a Γ©l, Lee Minho supo que todo, absolutamente todo, estaba exactamente donde debΓ­a estar. Y todo habΓ­a empezado, de una forma extraΓ±a, por el simple y maravilloso acto de verlo comer.

Let 𝐜𝐚𝐦𝐒 β™‘ know what you thought about this chapter!
Love this

49

Love this

Funny

3

Funny

Spicy

4

Spicy

Suspenseful

2

Suspenseful

Emotional

4

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

8

Heartwarming

Shocking

1

Shocking

Good Writing

3

Good Writing

Compelling Plot

3

Compelling Plot

Great Character

4

Great Character

Strong Dialog

1

Strong Dialog

Further Recommendations

PARIS IN THE DARK

Hester: Very good, was short too the point , not lingering on the abuse, pity you didn’t let him step in earlier knowing the abuse was happening, but this is almost real for some women who have gone through it, just wish they could all have a princess at te end of thete tunnel

Read Now
The Grumpy Next Door

ceruleandecay: Great book! couldn't peel my eyes of it... finished it in one go!! Amazing!!

Read Now
Bear Shifter Secrets

Karen Nagy: This is a wonderful story with warm, endearing characters. It shows growth and acceptance of individual differences combined to make a strong unit. Loved the characters and enjoyed the writing style. Can't wait to read more!

Read Now
THE WOMAN HE BOUGHT

jonahlee: at first i though it was a historical romance but realized it was a modern novel.I loved it ,great storyline

Read Now
The Contract Wife

barb7604: Very good story, but glad you are writing a longer version. The end came way to quick without any of the previous drama

Read Now
The Heir's Shadow

caldwtd: A bit of sweet in a world of violence. I enjoyed this story, and angst of each character believing they should not have these feelings towards each other. I did struggle with her seeming to be a bad ass, but yet was always so negative about herself, her negativity was a bit too much for my liking, I...

Read Now
SECRET BILLIONAIRE

Lynnfaulkner: I really enjoyed reading this story. Keep up the good writing.

Read Now
Exile in Flames

Theresa: Loved the book. I’d recommend it to anyone who likes fantasy books.

Read Now