Capítulo 1
Lucian:
Era un día de verano llevaba la camisa ajustada de siempre y los jeans azules que todos consideran aburridos, una corbata roja que no combinaba con nada de lo que tenía, pero ya era normal que nada en mi vida combinará.
Me senté en la primera banca que vi para esperar el bus cuando un niño que llevaba la maleta arrastrándola se sentó a mi lado como si nada dejando su maleta de escuela en el suelo.
—Oiga, señor ¿Qué espera?—Pregunto el niño inocente.
—El autobús, como todos.
—Ya que está esperando lo mismo que yo ¿Me puede contar una historia?—Me miro con cara de adoración—.Por favor.
Lo miré para luego pensármelo por unos segundos. ¿Una historia? No tenía ni idea de los cuentos que se leen ahora, pero algo que me sabía del derecho y al revés era aquella leyenda que me contaba mi abuela.
— Hace mucho tiempo, en una parte del cielo existían seres del amor que eran capaces de unir a dos almas para toda su vida, entre todos ellos solo una joven era capaz de desafiar todos los limites de sus poderes—Comencé a narrarle al pequeño.
— Señor ¿A qué se refieres con que era capaz de desafiar sus poderes?—Preguntó él con ojos de curiosidad—.
— Bueno ella era la más fuerte y era muy dedicada, pero lo más importante tenía un corazón lleno de bondad. Que hasta incluso decidió abandonar todo por su amado.
— ¿Qué? ¿Cómo que su amado?—Preguntó con incredulidad, recostándose en el espaldar.
— La mandaban a misiones en el mundo de los humanos y poco a poco se fue enamorando de uno de esos humanos. Él también le correspondía y decidieron escapar juntos para que nadie se interpusiera en su amor,—Solté un pequeño suspiro de anhelo por un amor así y continué—:Eso es lo que dice la leyenda que me contaba mi abuelita Isabel, es una hermosa historia de amor ¿No lo crees?
— Pfff, para nada. Que ridículo, abandonar toda la gloria, solo por un romance es un disparate.
— ¿Cómo que disparate, pequeño demonio? ¿Quién te enseño esas palabras tan… de señor jubilado? — Dije con molestia ante la respuesta brusca del niño.
La mayoría de niños eran muy tiernos y amable, y sobre todo les encantaba este tipo de historias. Es mi historia favorita ¿Qué hay de malo con que la protagonista haga locuras por amor?
Me preguntaba mientras que una cierta sensación de cólera me recorría el cuerpo, nunca había sentido así pero ¿Por qué el que a un niño no le guste mi historia causaría eso?
Trate de calmarme ante esa sensación que se apoderaba de mí para luego solo actuar como si no hubiera pasado nada.
Esa historia fue toda mi infancia ¡Incluso la de mis amigos!, supongo que las generaciones cambian con el tiempo.
— Bueno niño como no te gusto mi historia, ¿Por qué no me cuentas una tú?
Decidí retarlo al ver que él se creía Shakespeare, mi historia quizá no había sido la mejor pero si que era buena.
— Qué bueno que por fin me lo pidas. Imagina una graaan nave espacial que se estrelló contra el mundo e hizo que todos hiciéramos ¡Pam! En tan solo un instante y luego…
Le di un pequeño golpe en la cabeza interrumpiendo su historia inventada hace unos segundos.
— Por favor, piensa en algo más que no sea guerra o naves espaciales ¿Acaso es lo único que tienes en esa pequeña mente?
— ¿Robots?
Solté una carcajada al darme cuenta que aunque aparente ser mayor con ese léxico de señor, sigue siendo solo un niño.
— ¡¿De qué te ríes?! ¡Los robots son extraordinarios! — Exclamó él con genuina admiración.
Aún así no pude evitar seguir riendo, llevé mi mano a la cara intentando ocultar mi rostro, pero era inevitable no reír con sus respuestas. Él hacía pucheros de enojado mientras yo me seguía matando de la risa cuando sentí una repentina ráfaga de viento pasar por mi cara acompañada de un olor a humo de autobús.
Cuando mire hacia el frente el bus ya había pasado de largo.
Corrí desesperado tras él pero nadie ni nada parecía escucharme y al ver que era imposible llegar a el bus me rendí cayendo de rodillas mientras que atrás ya escuchaba una risa burlona.








