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Fallen

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Sinopsis

Ya no soy el Ryan que conociste. Ahora soy un caído. Se decía que un caído consumiría en vida la carne y sangre de la última persona que vio antes de morir. Es una lástima que la última persona que vio, fuera él.

Estado:
En proceso
Capítulos:
25
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4.5 2 reseñas
Clasificación por edades:
18+

#1.1

Los recuerdos son simples memorias del pasado. Pero para David eran muchísimo más que viejas memorias sin importancia, porque cada pequeño y fragmentado recuerdo de su tiempo juntos, era lo único que le quedaba de él.


Él siempre fue un chico sin nada, se creía sin razones para seguir. Solo viviendo y respirando por pura inercia desde el día en que él desapareció, su mejor amigo y el único ser viviente que lograba darle un sentido a su vida.


Dos años, dos largos años habían pasado desde la última vez que supo de él.


Aún recordaba esa lluviosa y fría mañana de otoño que jamás pensó que sería la última de sus días junto a Ryan Smith.


—Quién demonios ha hecho esto?— indagó con ligero desprecio ante lo que sus ojos veían a un lado de su salón de clases en la universidad a la que había decidido ir con él. Todo un sin sentido ahora que ya no estaba.


—Hablas del altar?— cuestionó el más antiguo sus amigos. Luke, un extraño peli rosa que había tomado el asiento disponible para Ryan Smith en un viaje que deberían haber hecho juntos. Asintió —Son para Ryan, pronto se cumplen dos años de su muerte— es lo que dice apreciando el improvisado altar contra la pared junto a la puerta del salón, con fotos de Ryan Smith, rosas e incluso un par de pequeñas velas.


Pero se arrepintió al instante en que la mirada molesta, herida e indignada de David Williams se posó sobre él.


—Ryan no está muerto, está desparecido— corrige cruzando sus brazos sobre su pecho.


—David— suspiró rascando su nuca con impaciencia y sin tener idea de cómo tratar ese tema con el rubio —Sé cuánto sufres con este asunto, pero debemos ser realistas. Han pasado dos años desde ese maldito accidente, dos años en los que no hemos sabido nada de él. Estaba muy malherido cuando las autoridades llegaron a la escena, es muy difícil que con la gravedad de sus heridas haya logrado ir muy lejos del lugar del accidente. Sé que es doloroso, pero lo más seguro es que haya muerto ese mismo día— concluye con pesar, suspirando abatido al ver el brillo de las lágrimas no derramadas en los ojos color avellana de su querido David Williams.


A él también le dolía, no era fácil, nunca lo sería.




—No han encontrado su cuerpo Luke, y es todo lo que diré de este asunto— el suspiro rendido de Luke fue lo único que se escuchó entre ambos antes de que el timbre sonara dando inicio a una nueva clase y un par de alumnos apresurados casi los apartaran para internarse en el salón.


—Bien, sólo vayamos a clase y olvidemos este tema— propone tomando la mano de su dolorido amigo para internarse en el salón.


Luke cedió, supo que no se repetiría al ver la emoción en sus ojos, pero aún así él lo agradeció.


Al momento de tomar asiento en su puesto, sus pensamientos se alejaron de él, escogiendo por si mismos transitar por esos caminos angostos de su memoria.


Recordaba que un día, en una de esas recurrentes crisis de ansiedad que lo azotaban y que Ryan siempre calmaba, su madre decidió llevarlo a ver una psicóloga.


Ella le dijo que su apego por Ryan Smith era desorbitado y extremo, rozando lo enfermizo. Y él terminó volteando su jugo de manzana favorito sobre la ropa de la mujer. Nunca más vio a un psicólogo.


Quizá si lo pensaba con su cabeza fría y se abría a las críticas él era capaz de admitir que aquello era cierto.


Y es que, si alguien le preguntaba quién era la persona más importante en su vida.


La respuesta obviamente sería Ryan.


Si tuviera que escoger entre salvar a sus ausentes progenitores, o a Ryan, su mejor amigo sería sin duda la respuesta.


Él felizmente bailaría sobre la tumba de sus padres si con ello podía estar siempre con Ryan Smith.


Su primer beso. También fue Ryan. Su primer secreto. Su primer amor. Su primera pérdida y su primera obsesión.


Ryan Smith era su todo.


Y su vida dejó de tener sentido desde aquella mañana de jueves en que lo perdió.


Fue un trágico accidente múltiple en el que más de un vehículo estuvo involucrado, entre ellos el auto de la señora Smith.


Aquella fue una mañana sumamente triste para David, porque Ryan se iría a un viaje a Japón con su madre, dejándolo detrás. Estarían separados durante un mes entero, y todo era su culpa. Ryan se iba por su maldita culpa.


Las preciadas vacaciones que solían pasar juntos, ahora las pasaría solo.


Estaba enojado porque sin importar las veces que le rogó que no se fuera, su amigo jamás hizo nada para quedarse.


Según el informe de la policía, el accidente se desató debido a un camión de carga que resbaló sobre la carretera mojada impactando contra una camioneta familiar y desatando por el impacto los troncos que formaban parte de la carga que llevaba, sobre el pavimento.


Una docena de muertos y más de 20 heridos en un trágico accidente. Y a él solo le importaba Ryan.


La madre de su amigo murió en el acto cuando fueron golpeados de frente por un tronco a gran velocidad, y el auto fue empujado al borde de la carretera, justo donde el bosque de la región se alzaba esplendoroso.


Los detalles eran lo suficientemente crudos como para hacerlo llorar y vomitar, pero aún así David había leído aquel informe más de 20 veces. El pecho de Ryan fue atravesado por la rama de un árbol que perforó su corazón.


Las autoridades médicas locales no le dieron atención inmediata al considerarlo una víctima mortal, se enfocaron en los lesionados que sí podrían sobrevivir, como se hace en estos casos.


Sin embargo, cuando fueron a revisar el coche donde la familia Smith viajaba, solo el cuerpo sin vida de su madre estaba allí. Ryan no estaba.


La rama ensangrentada seguía intacta en el mismo sitio y los médicos aseguraron que con una herida así era imposible que lograra sobrevivir aún si había logrado salir del auto, lo cual también parecía sumamente difícil de creer.


La policía y los perros buscaron en las cercanías del bosque y lugares aledaños al accidente durante días. Era imposible que un chico moribundo se esfumara, y aún así ellos jamás lo hallaron.


—Señor Williams— el profesor golpeó su marcador sobre el escritorio de David haciéndolo salir de su propia mente para ver alrededor notando a Luke a un par de pasos de distancia, justo esperándolo junto a la puerta —Puede decirme dónde ha tenido su cabeza durante mi clase?— cuestiona frunciendo el entrecejo ante el gesto de confusión de su, normalmente aplicado alumno.


En qué momento había acabado la clase?


—L-Lo siento tanto profesor Lee— se pone de pie en su sitio como un resorte en su disculpa apenada hacia su profesor.


—Está bien, no te preocupes. Solo, procura copiar los apuntes del señor Harris, la semana próxima tendremos examen sobre el tema de hoy— suspira apoyando sus manos en su cintura en una pose relajada —Otra cosa, sé que no se ha enterado pero tenemos un proyecto en pareja, más le vale ponerse a ello porque vale la mitad de la nota final de mi materia— dijo con estoica seriedad, su cuerpo rígido en su lugar cuando los ojos de Luke Harris cayeron sobre él.


En qué momento habían anunciado algo así?


Cuánto exactamente se había perdido de la clase, y de su alrededor? David no pudo evitar preguntarse aquello en medio del incómodo silencio.


—G-Gracias— en un balbuceo comienza a guardar sus cosas en su mochila.


—Hasta la próxima clase— es lo que dice el hombre antes de salir del salón recibiendo un gesto de cabeza a modo de despedida de parte de Luke.


—David estás bien? Haz pasado toda la clase con la cabeza en las nubes— preocupado lo ayuda a guardar el resto de los materiales que no utilizó.


—Estoy bien— miente colocando su mochila en su espalda —Solo. ..Algo cansado— suspiró enganchando su brazo al de Luke en cuanto emprendieron el viaje fuera del salón —Con quién me ha tocado?— preguntó en voz cansada, dejándose guiar a la salida de la institución por el peli rosa.


—Oh, te ha tocado con Hugo— dijo con calma, pero el horror en el rostro del rubio de rasgos hermosos logró distraerlo del camino.


—H-Hugo..— balbuceó, olvidando por completo que Luke estaba con él. No notó que lo veía hasta que lo sintió detenerse en medio del estacionamiento a las afueras de la universidad.


—Todo en orden?— lo oyó cuestionar en voz afilada, y persuasiva. Y al mirarlo David solo pudo apreciar el movimiento tenso de esas finas cejas castañas bajo todo el cabello rosa pálido. La mirada de Luke era intensa sobre él, sus ojos mieles clavados en su rostro con un filo que lo inquietó.


Luke podía parecer muy lindo, incluso adorable aún con su altura de metro ochenta, sus labios gruesos siempre parecían tener pegados esa mueca burlona, como niño al que atrapan haciendo alguna travesura. La claridad en sus ojos mieles era linda, su cabello rosa como goma de mascar le daba una apariencia fresa, tierna.


Pero no lo era, no era tierno, o lindo, o adorable como parecía. Y eso era aún más aterrador, porque incluso ahora que lo veía con aquel distante filo en su mirada normalmente amable, todo lo que David podía ver era el sol del atardecer bañando el rostro aniñado de Luke, y la forma en que sus pecas resaltaban como adorables puntos sobre sus mejillas rellenas.


—Lo cortaste?— indagó David con la voz perdida, su mano extendiéndose hacia el rostro contrario. Y pudo ver la expresión de Luke transmorfarse en cuanto sus dedos agarraron con suavidad un mechón de su cabello rosa.


Las mejillas del peli rosa se tiñeron en un sonrojo inesperado, y su mirada inquisitiva dejó de poseer ese brillo que podría hacerlo confesar sus más oscuros secretos.


No podía permitirlo, no podía permitir que lo leyera con tanta facilidad. Porque Luke no era lo que aparentaba, pero él tampoco.


—No lo hice— balbuceó el peli rosa apartando de forma sutil la mano del rubio de su cabello.


Claro que no lo había hecho. David ya sabía eso.


—En serio?— lo ve asentir —Lo recordaba mucho más largo— dijo sonriendo con suavidad.


Mintió. Por supuesto que mintió.


—No lo hice— negó nuevamente y ya más tranquilo y habiéndose librado del molesto sonrojo en sus mejillas volvió a tomarlo del brazo —Tu madre ha vuelto a dejarte solo?— cuestiona con preocupación guiando los pasos de un cansado David hasta las bancas del exterior del campus.


Vio a su grupo de amigos a lo lejos y deseó que la tierra lo tragara cuando aquella mirada verdosa lo enfocó.



—Alguna vez está?— bostezó cubriendo su boca con la palma de su mano. Sopló una risa, pero no hubo diversión alguna en su retórica pregunta.


—Ya veo. Entonces supongo que no irás a cenar— señala el grupo de amigos que los esperaba a las afueras de la enorme construcción, y la mirada del rubio lo hizo sonreír —Ve a casa entonces, me haz dado la excusa perfecta para evitar otro sin sentido— sonrió y la claridad en sus ojos bañados en el ocaso reflejó demasiadas cosas, más de las que David podía enumerar, descifrar, o comprender.


—Tomaré el metro y me iré directo a casa Luke— y en un gesto suave lo estrechó entre sus brazos en un abrazo fuerte y cargado de esa necesidad que el peli rosa no comprendía, pero que le hacía sentir tan triste.


Porque su querido David se veía como si fuera a desaparecer en cualquier momento, y sin embargo el calor que emanaba contra su propio cuerpo le hacía sentir su existencia tan abrumadoramente real.


Era una sensación extraña, la misma que tuvo la mañana del accidente dos años atrás. Evento que cambió su vida tal y como la conocía, evento que David jamás superaría.


Tampoco él.


No lo permitiría.


—Dave— susurró el peli rosa y los ojos del rubio se ampliaron con sorpresa. Porque así le llamaba él, Ryan, su Ryan —Estarás bien— las manos de Luke siempre fueron más suaves que las suyas, quizá por eso se sentía tan ajeno el toque de las mismas acariciando su nuca — Estaremos bien— se corrigió moviendo sus labios como si pudiera saborear cada palabra pronunciada.


David sostuvo el apretado nudo en su garganta y lo tragó como un buche amargo de su propio veneno. Decir que le había sorprendido la forma en que Luke lo había llamado, era poco. Pero en cambio él solo sonrió, se despidió una vez más y luego se alejó a paso lento ignorando la mirada verdosa de aquel a quien conocía tan bien.


Había cosas que prefería ignorar, y en ese momento prefirió ignorar la voz que lo llamó, la voz de Hugo.


Déjalo ir, está cansado....


Escuchó que Luke dijo, a la lejanía.


Mañana podrán comenzar el proyecto para la clase de Lee.....


Claro. Mañana.


Se repitió, una y otra vez.


Pero siempre había una voz, una voz en su cabeza a la que prefería no poner nombre al no saber cómo definir lo que sentía cada que la escuchaba llamarlo en lo profundo de su inconsciente consciente.


Cuando la luna se alzaba sobre las altas edificaciones de una ciudad que cobraba vida por las noches, cuando las sombras crecían tras su espalda con cada paso que daba y las luces deficientes del alumbrado público parpadeaban sobre su cabeza sombreando su camino.


Cuando el silencio exterior no era capaz de amortiguar todo el ruido en su cabeza.


Cuando sus piernas le fallaban a la puerta de un departamento vacío, silencioso y solitario, mismo que ya no lograba recordar en otro estado que no fuera ese.


Tan lúgubre.


Mientras se desnudaba de camino al baño y sus pies palpaban el frío de la losa, aquel pensamiento seguía intacto en su cabeza.


Repitiéndose una y otra vez, tras el eco de aquella voz, aquella voz que no era suya, aquella voz tan familiar y lejana a la vez. Tan perdida en sus recuerdos.


La misma pregunta que se había hecho cada noche, desde el día en que su vida dejó de tener sentido.


—Estaré aquí mañana?— susurró, sus ojos fijos en el reflejo inexpresivo de su rostro en el espejo frente a él.


El avellana de sus ojos se admiraba opaco, apagado, su mirada cansada. Su piel canela al descubierto, su desnudes captada en el espejo de cuerpo completo, y su reflejo jamás le pareció tan imperfecto.


Palpó sus muslos con su mano izquierda, y con las yemas de sus dedos delineó aquellas viejas y nuevas cicatrices.


Un suspiro tembloroso y frío abrió sus labios mientras su mano derecha iba por la navaja de afeitar que jamás tuvo que usar debido a su nulo vello facial. El frío material contra sus dedos temblorosos mientras acercaba el filo a su piel.


—A-Ah— jadeó cuando hundió el filo de la navaja en la sensible piel de su muslo derecho. Mordió con fuerza sus labios hasta sentir el sabor metálico en su paladar.


Seguiré aquí mañana?


Las lágrimas recorrieron sus mejillas, y él contuvo un chillido en lo profundo de su pecho cuando el filo se hundió un poco más en su piel. La sangre se deslizó por su muslo, bañando su pierna hasta manchar la blanca losa bajo sus pies.


Sollozó, el sonido que hizo la navaja al caer al suelo lo aturdió.


Cuándo había empezado a autolesionarse así? No lo recordaba. No quería recordarlo.


Pero nadie lo sabía, nadie excepto Ryan, sollozó con fuerza, su llanto siendo amortiguado por el agua cayendo en el interior de su bañera.


Mentiroso! Gritó aquella voz en su interior y David tapó sus oídos para no seguir escuchándola.


Son lindas.


Había dicho una vez Ryan, sobre sus cicatrices.


Pero no vuelvas a hacerlo.


Y él no lo hizo.


Pero Ryan ya no estaba, no estaba.


Sumergiéndose en su propia miseria mental David se dejó caer de rodillas, sus manos resbalando contra el espejo, la humedad de su propia sangre impregnándose en su piel.


Pegó su frente contra el espejo y se dejó ir, el infierno en su cabeza era tan abrumador que ni siquiera escuchó su teléfono sonar, la fría humedad que tocó su rodillas fue lo suficientemente inesperada como para sacarlo de su infierno personal.


—Mierda— el agua de la bañera se desbordaba, David se levantó de un salto, con sus mejillas empapadas y el rastro de crudo dolor dibujado en cada centímetro de su piel.


Cerró el grifo cortando así el paso de agua, como manejado por cordeles David salió del cuarto de baño, atravesando el umbral de aquella puerta que jamás cerraba al tener esta extraña aversión a estar encerrado, en busca de su teléfono celular, mismo que sonaba incansable sobre el sofá de su sala de estar, sofá que se había transformado en su cama desde que no se vio capaz de convivir en un espacio tan pequeño y lleno de Ryan, pero sin Ryan.


Era Luke quien llamaba.


Contestó.


—Oh... por qué haz tardado tanto en contestar?— lo escuchó preguntar desde el otro lado de la línea, la molestia palpable en su voz.


—Perdona, estaba tomando un baño— mintió, ni siquiera se había llegado a meter a la bañera.


Un silencio algo incómodo se abrió paso en la conversación, hasta que Luke se aclaró la garganta.


—Ya veo— su voz sonó extraña a los oídos de David —Llegaste bien a casa?— preguntó Luke.


—Lo hice— la conversación comenzaba a tornarse extraña, y sobre todo muy incómoda.


—Me alegra— contestó Luke y otro silencio se abrió paso entre ellos como si sus voces hubiesen sido anuladas —Ven a cenar mañana— propuso de repente logrando sorprender a David.


—Qué?....


—Ven a cenar mañana— el peli rosa repitió haciéndose escuchar con claridad —Supongo que quedarás mañana con Hugo para comenzar el trabajo, ven cuando termines. Papá se ha quejado conmigo porque llevas mucho tiempo sin pasarte por casa, y no te preocupes, Milo no estará aquí— concluyó con un sonido en su voz demasiado similar a una risa, pero tan extraño al mismo tiempo.


—Eh....y-yo...yo


—No tienes derecho a negarte— la demanda en la voz de Luke lo hizo callar de inmediato, y terminó asintiendo a pesar de saber que el otro no podía verle —Te veré mañana— dijo antes de cortar la llamada.


Y los dedos de David dolieron debido a la fuerza con la que sostuvo su teléfono celular, apretándolo en su mano tanto como apretó su mandíbula.


Cuán aterradores podían ser los secretos.


Él en lo personal tenía muchos. Pero había uno en específico que le susurraba cada noche, que lo acunaba en el frío de aquel recuerdo que desearía haber bloqueado, el mismo que lo hacía sentir el pánico tras su cabeza.


Si tener secretos era aterrador, tener un secreto compartido.....era aún peor.


La pantalla del aparato que aún sostenía se iluminó mientras regresaba al cuarto de baño.


Era un mensaje de Hugo.


"Mañana después de clases, en la biblioteca. Ese trabajo no se hará solo ;)"


Suspiró, el agua de la bañera lo heló al momento de sumergirse. Se acomodó, el frío penetró su piel, sus huesos y se alojó en cada órgano de su cuerpo.


Vio la sangre difuminarse hasta desaparecer en el agua y el brillo de la navaja se reflejó en sus ojos.


Estaré aquí mañana?


Lo pensó.

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Amiga siempre usas el mismo nombre de usuario en todos sitios 😂. Pero me gusta encontrar Fallen aquí 😏

2 años
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author

Hola

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