Capítulo 1
Doy una profunda calada a mi cigarrillo una vez más y expulso el humo de mi sistema. Observo el cielo gris que me saluda esta tarde, el cual anuncia que pronto caerá una tormenta. Doy otra calada mientras bajo la mirada hacia la concurrida ciudad de México desde el balcón de mi departamento y apoyo los codos sobre el barandal, a la vez que miro minuciosamente el trajín de las personas, la cuales van y vienen de sus trabajos a sus casas y viceversa. No lo había notado antes, pero la vida es tan simple y monótona. Todos los días hacemos lo mismo, trabajar para vivir, ¿Y vivir para qué? Para que te hagan mierda el corazón y no te valoren.
Quizás debería ser una mierda, a esa clase de personas las valoran más. Doy dos golpecitos al cigarrillo con mi dedo índice y veo como el viento se lleva consigo las cenizas. Tal como hizo Kristal con mis sentimientos, se los llevó a Londres, se llevó mis sueños, mi corazón, mi alma y a mí mismo.
No me reconozco, estoy fumando luego de recomendarle constantemente a mis pacientes que no lo hagan, pero ahora los entiendo porque lo encontré placentero, luego de no tener nada. El cigarrillo acompañado del alcohol, se convirtieron en mi refugio. Sonrío sarcásticamente y llevo de nuevo el cigarrillo a mis labios, doy una profunda calada pensando en la burla en la que me convertí, jugó conmigo y luego dijo que se arrepentía de hacerme daño, pensé que era cierto y estuve tentado a darle otra oportunidad, pero, ¿Para qué? ¿Cómo podría confiar en ella de nuevo? Le di tanto poder sobre mí, se fue, y, aun así, sigo pensando en ella mientras mi vida se volteó de cabeza y me convirtió en una mierda.
Quisiera odiarla, debería odiarla, pero no puedo y me odio a mí mismo por seguirla amando, por haberla herido con mis palabras, a pesar de todo, no lo merecía y no estuvo bien de mi parte. Desde que eso pasó, morí. Mi cuerpo sigue en pie, pero solo es un saco con huesos sin vida, se fue hace un mes y morí desde entonces. Quisiera llamarla y disculparme, pero es como si nunca hubiera existido, eliminó sus cuentas de redes sociales y no puedo contactarla, ya que no tiene el mismo número telefónico, mi única opción es Gabi y ya se negó a darme su contacto, así que, a la mierda todo, de por sí, mi vida ya lo es.
Volteo hacia la puerta al escuchar el timbre, ya tengo en mente quién debe ser, pero no quiero hablar con nadie, así que regreso a mi posición y continúo calando de mi cigarrillo mientras miro la ciudad.
El timbre resuena constantes veces y harto del ruido, retuerzo el cigarrillo en el barandal y lo lanzo al basurero, camino enojado hasta la puerta y abro para encontrar justo en quién pensé desde que sonó el timbre. Sus ojos desorbitados me evaluaron de pies a cabeza con la boca abierta.
—Por Dios… —
—Hola a ti también —entorno los ojos y le doy la espalda para ir hasta el sofá.
Escucho el clic de la puerta siendo cerrada y me acuesto en el sofá, la veo recorrer el departamento con una mirada de asco y arruga la nariz.
—Parece que alguien murió aquí —se quejó cubriendo su nariz.
—Nadie murió, estoy más vivo que nunca —
—Se nota —bufó. Caminó hasta las ventanas y comenzó a abrirlas todas, abrió por completo las puertas corredizas que guían hacia el balcón y comenzó a recoger la basura esparcida en el departamento.
—No Gabi, no hagas eso —
—Por supuesto que debo hacerlo, ¿Qué es esto? —se quejó con los brazos abiertos, señalando todo el departamento—. Este no eres tú, si hay alguien adicto a la limpieza, ese eres tú, y mira este lugar. Hay cajas de pizza, botellas de alcohol, ¿Y qué es esto? —preguntó agarrando el cenicero con los ojos desorbitados—. ¿También estás fumando? No Diego, esto no puede seguir así, te di tu tiempo, sé que necesitas vivir tu duelo, pero ya no más, debes terminar con esto, sabes muy bien lo que el alcohol y el humo pueden hacerte —
—No estoy para sermones, estoy bien y no tienes que venir a limpiar, nadie te lo pidió —cubro mis ojos con mi antebrazo. —¿Estás bien? Pareces un vagabundo, estás en estado de descomposición, ya moriste o estás en proceso porque de veras que hueles horrible, ¿Te has visto en un espejo? ¿Cuándo fue la última vez que te bañaste? —
—¿Para qué? Nadie va a olerme, ¿Por qué no te vas con tu taquicardia y me dejas solo? —
—No puede ser, mira cómo me estás hablando, este no eres tú. Reacciona Diego, no puedes dejarte derrumbar por esto, mira todo por lo que pasé y aquí sigo —
Quito mi brazo y la miro, tiene razón, tuvo tantas tragedias y ella sigue en pie más fuerte que nunca. Resoplo entornando los ojos y tomo asiento, observo mi departamento, el cual está un poco cambiado, pero no entiendo su desconcierto, no es para tanto, la miro con una mueca desinteresada y me encojo de hombros.
—Mi departamento y yo nos vemos como me siento, esto que ves es lo que soy ahora —
Me dirigió una mirada resignada y caminó hasta mí, tomó asiento a mi lado y me dedicó una de sus habituales sonrisas.
—Te extraño Diego —
—Aquí estoy —
—No —negó con una sonrisa—. Este no eres tú, extraño a ese Diego sarcástico, sonriente y perspicaz. Vuelve, sé que estás ahí, solo necesitas reencontrarte. Piensa en tu vida, tu trabajo, hasta tu madre te extraña, llamó al hospital y dice que no respondes sus llamadas y tampoco la has visitado en mucho tiempo —
—De acuerdo, la llamaré —apoyo los codos en mis rodillas.
—Es un avance. ¿Y el trabajo? ¿Qué hay de tu proyecto? —
—Que se joda —
—Diego… —reclamó en tono de advertencia.
—¿Qué? Ya tú sabes maldecir, ahora si podemos intercambiar insultos —
Comenzó a reír y negó enérgicamente.
—No, eso fue una etapa, sabes que no soy yo, no me gusta maldecir —se puso de pie—. A limpiar —
—No, no tienes que hacerlo —
—Me aventaría de un puente por ti Diego, eres mi hermano —guiñó uno de sus ojos.
Sonreí al escucharla repetir mis palabras, pero, aun así, negué decidido, no quiero que nadie interfiera en mi vida, mucho menos en mi departamento.
—Te adoro Gabi, pero te pido que por favor respetes mi privacidad, tú sabías sobre mi trío y lo ocultaste —
—¿Seguirás con eso? Ya te expliqué —dijo con cansancio.
—Cómo sea —me acosté de nuevo en el sofá.
La escuché exhalar y luego la vi de reojo tomar su bolso.
—Está bien, si no me quieres escuchar como amiga, entonces lo harás como tu jefa. Tienes dos días para presentarte en tu lugar de trabajo. Ya te ausentaste lo suficiente y el departamento de cardio es un desastre —
—¿Me estás dando un ultimátum? —la miro incrédulo.
—Si te suspendí dos días por caerte a golpes con Sebastián, ¿Qué piensas que haré por haberte ausentado sin un motivo justificable durante un mes? —enarcó una ceja.
—No lo puedo creer —bufo—. Qué amiga —
—Ahora soy tu jefa y quiero que reacciones, no puedes echar a perder tu vida y tu carrera por esta situación. También dejaste olvidado el proyecto, creí que querías dejar tu huella en la medicina —La miro de reojo mientras se dirige a la puerta y se vuelve a mí mientras la abre—. Dos días Diego, ni uno más —
Salió del departamento y cubrí mis ojos de nuevo con el antebrazo, lo que menos quiero es regresar al trabajo, ¿Con qué cara le recomendaré a mis pacientes que no fumen y que reduzcan las bebidas de alcohol? Ya no me siento como ese doctor que reparaba corazones, sé suturar ventrículos cardíacos, pero soy incapaz suturar mi propio corazón









ay Diego si ha sufrido!! Merece una persona que lo ame de verdad
bueno, no podemos dejar de leer, necesitamos entenderlo y entenderla
Como dice, yo no merecía esto, ella reprochaba a Sebas como se comportaba con su amiga, pero hacia igual que el