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homo patiens (minjoon)

Sinopsis

Namjoon había perdido a su pareja en un accidente automovilístico dos años atrás después de una pelea sin sentido y está decidido a volver a hablar con él ya que no puede vivir tranquilo desde ese día. Convoca una médium para intentarlo pero el contacto en la sesión falla, al menos eso es lo que piensa. [one shot] [090323]

Genero:
Romance/Mystery
Autor/a:
_bangmoon
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

homo patiens

En el momento en el que entré a esto, sabía que había perdido mi alma. No era consciente de la magnitud de mis actos, lo único que mantenía en mi cabeza era que debía traer a Jimin así me costara la vida.

La muerte no me preocupaba después de haberlo perdido.

Sin embargo, ¿no había renunciado a la vida desde el día de su funeral? Estar de pie junto a su cuerpo gélido, inmóvil y mutilado en un ataúd mientras sus familiares y amigos se reunían alrededor, sin prestar mayor atención al cadáver en la habitación, era algo que me había marcado significativamente.

“No hay nada más que hacer… estamos un día y al otro no”

“Es una lástima que siendo tan jóven muriera así”

“Lamento tu pérdida, mi más sentido pésame”

“Estas cosas suceden, todo es parte del plan divino”

“Jimin era un gran amigo, de verdad voy a extrañarlo”

“A él le hubiera gustado que continuaras con tu vida”

“Hey, nosotros tenemos que seguir, ánimo”

Todas esas frases trilladas que se dicen cuando alguien muere habían sido pronunciadas aquel día con una hipocresía increíble. Decían lamentarlo, pero su cara denotaba felicidad. Decían que era una gran persona, pero recordaban los errores que había cometido en vida. Lloraban algunos cuando se acercaban a mi, pero miraban con desdén y asco el interior del ataúd. Acariciaban la caja con ternura cuando en vida no habían sido capaces de darle un sólo abrazo el día de su cumpleaños. Dejaban flores alrededor del féretro para calmar su conciencia e irse a reír al fondo de la habitación.

También me dijeron que debía superarlo, renunciar a él y aceptar que no se podía hacer nada más pero yo no estaba dispuesto a hacerlo. Siempre hay algo que hacer.

Admito que los primeros meses desde su muerte acepté aquellas palabras como ciertas. Una gran parte de mi murió junto a él y ante eso no podía resistirme. Deja un sabor de boca similar al de una ruptura con la gran diferencia de que el sufrimiento producido por una muerte inusitada es sumamente devastador.

Te desgarra los órganos desde dentro, uno a uno los consume, permaneces con el hedor de la sangre podrida escondido debajo de tu nariz, el dolor se instaura en tu paladar mientras tu mente se encuentra ausente, envuelta en una especie de bruma. La línea divisoria de la realidad y el imaginario se borran, es imperceptible y lo que pueda sucederte mientras caminas entre un mar de cuerpos deja de preocuparte porque no estás aquí, no vuelves a estarlo.

No hay diferencia entre un vegetal y tú, frío, cortado de tajo, arrumbado y destinado a pudrirse en el fondo de la oscura nevera.

¿Cómo aceptar que a la persona que más amabas y con quien habías decidido compartir tus días ahora está muerto? ¿Cómo aceptarlo si minutos atrás habías tenido su cuerpo entre tus brazos, sus labios en tu piel? ¿De qué manera podría ahora olvidar su voz y su presencia en mi vida?

Ninguna de esas preguntas tuvo respuesta para mí. Simplemente no podía aceptar que esto había sucedido porque debía ser así. ¿Jimin tenía que morir de una manera tan brutal? ¿Era ese su destino? Morir por culpa de un matrimonio disfuncional al volante, ja.

Si el cuerpo es algo que inevitablemente perderemos, no tiene sentido alguno que este fuera el contenedor, el envase de algo tan inmenso como el alma, ¿no era eso lo que la reencarnación significaba? ¿renovar el cuerpo para la eterna existencia de la sustancia?

¿No se supone que el alma es distinta al cuerpo? El eterno retorno de las almas y la permanencia de la vida implica que aquello es cierto y que Jimin se encontraba en alguna parte vagando, esperando a que lo traiga de vuelta.

Jimin, Minnie, mi Jimin.

Sí, tiene que estar en alguna parte, esperando su regreso a la vida, en uno, diez, cincuenta años o incluso días, semanas. Si el alma, nuestro propio ser, esto que poseemos más allá de nuestro entendimiento es trascendente e incontingente, eso quiere decir que Jimin sigue vivo.

Está inmerso en esta realidad y sin embargo soy incapaz de comunicarme con él.

Está conmigo, está aquí mismo junto a mi, sus manos en mis hombros como cada noche que llegaba exhausto del trabajo. Está recostado a mi lado cuando las luces de la habitación se apagan y el mundo se olvida de mi existencia.

“Todavía está con nosotros” dijo la anciana en medio de la sesión. Mi pulso se aceleró, las manos comenzaban a sudarme y apreté con más fuerza la de la anciana que a la vez sostenía la mía.

El ambiente era frío, la luz de la luna entraba por las ventanas mientras la ciudad permanecía inerte durante las altas horas de la madrugada. El pasar de las horas, minutos, segundos, todo se había esfumado y habría sido lo mismo para mi si el sol estuviera en lo alto de no ser porque aquella hora era la adecuada para el ritual.

Ella había traído consigo otra persona para llevar a cabo el ritual, me dijo que no era necesario nada más que verdadera disposición a esto. Debía mantener la mente abierta a cualquier tipo de manifestación y yo no entendí a qué se refería.

Los sucesos paranormales eran para mi algo ajeno, jamás en mi vida me había detenido a pensar demasiado en ellos, pero siempre dicen que la ficción supera a la realidad. Otros tantos también son capaces de decir que el arte imita a la vida y viceversa.

Todo nos lleva a la misma pregunta, ¿qué es lo que está más allá y que no podemos explicar? ¿A qué lugar llegamos después de dejar el cuerpo?

El silencio en la sala de estar era increíble, el nivel de concentración que debía mantener la anciana era imprescindible para terminar con éxito el ritual y claro, me lo habían dicho con antelación. No obstante, sospechaba que una vez más terminaría con cero resultados y menos dinero del inicial, lo cual significaba un verdadero problema si de verdad quería tener a Jimin de nuevo conmigo.

Las noches en las que podía conciliar el sueño eran contadas y tampoco podía decir que mi cuerpo estuviera trabajando de forma natural. Vivía a base de una mezcla de narcóticos y alcohol que me mantenían despierto o dormido según mis necesidades.

Y, oh, eso tampoco era una dicha ya que como era de esperarse me despidieron cuando se dieron cuenta de ello, pero ustedes díganme, ¿acaso una persona necesita estar sobria para llevar a cabo tareas tan simples como las de hacer planos? Todos y cada uno de ellos estaban correctos, lo sabía ya que se ni siquiera se tomaron la molestia de entregármelos junto con mi liquidación.

Pero la moral de las personas tiene dos caras y la que pretenden mostrar siempre a la sociedad no les permite aceptar que alguien en aparente desventaja física y anímica pueda realizar las mismas actividades que ellos apenas pueden terminar en sus cinco sentidos.

Me había quedado sin recursos, sin alcohol, sin somníferos y sin opciones. La anciana que permanecía en un estado de meditación, junto al sujeto que leía en voz alta versos en latín que para mí resultaban incomprensibles casi en su totalidad, eran mi última esperanza.

Porque si Jimin no había de venir hacia mí, yo tendría que ir a buscarlo.

Intenté cerrar los ojos tal y como me habían ordenado, pensé en todas las veces que estuvimos juntos, los días en los que fuimos felices uno al lado del otro a pesar de las dificultades. Las charlas interminables que tuvimos debajo del atardecer cuando recién nos conocíamos y éramos un par de tontos solitarios que el mundo no comprendía.

Tenía en mi mente el recuerdo de sus manos pequeñas y llenas de anillos, sus ojos llenos de expectativas, de esperanza, de un brillo inquebrantable mientras observaba cualquier objeto que lo hubiera cautivado o mientras me hablaba de la música. Jimin adoraba tanto la música como a su propia vida, era su motor para seguir, lo que le impulsaba y mantenía en movimiento.

Para mi lo era su persona, tanto como el sonido de su voz llamando mi nombre cuando a la distancia me reconocía. La sensación de sus brazos atrapando mi cuerpo era el único confort que poseía en este asqueroso mundo.

El nudo en mi garganta creció, tragué en seco procurando no llorar para no arruinar la sesión. Pasaban de las tres de la madrugada, no podía darme el lujo de arruinar el momento por culpa del llanto. Si era preciso resistir un par de minutos más, así lo intentaría.

“Park Jimin, nacido en Busan el 13 de octubre de 1995, en el año del cerdo”, dijo la anciana mientras el sujeto que la acompañaba continuaba hablando sin parar. “A inicios de mayo del año pasado en un accidente automovilístico, conducías sobre la carretera estatal y un tren de carga arrolló tu auto cuando volvías a casa”, continuó hablando.

Los recuerdos de aquella oscura noche en la que recibí la llamada, en la que llamé un taxi casi de inmediato para llegar al sitio, volvieron haciéndome un vuelco en el estómago. La imagen de nuestro auto aplastado y de la sangre en el asiento del conductor, su cuerpo casi irreconocible envuelto en una bolsa negra, cada una de esas imágenes regresó tan rápido como se fue.

“Aquí hay alguien que quiere hablar contigo” añadió, a lo que yo me atrevía corregir “No, necesito que se quede conmigo”, porque era cierto, de nada me servía volver a hablar con él durante la sesión. Lo quería de vuelta conmigo a como diera lugar.

“Invitar a este mundo a un alma que ha trascendido es muy peligroso, muchacho” me advirtió, “Jimin será el mismo, estoy seguro, no me importa correr el riesgo” dije, sintiendo un leve tirón en mi mano derecha.

Abrí los ojos de inmediato, se trataba de la mano de aquel sujeto que la acompañaba, apretaba la mía con demasiada fuerza, sus ojos permanecían cerrados mientras no dejaba de enunciar oraciones incomprensibles. Su pulgar pasó repetidas veces sobre mi dedo anular en donde tenía puesto el anillo de compromiso, haciéndome estremecer por el repentino gesto.

“Park Jimin, queremos saber si eres tú quien está en esta habitación con nosotros” insistió la médium “Hazle saber a este hombre que quieres comunicarte con él” dijo con una calma realmente increíble, pues la mano del sujeto no dejaba de temblar y ejercer fuerza sobre ambos.

“Jimin, Minnie, soy tu esposo Namjoon” grité desesperado, “se que estás ahí, quédate conmigo, en la casa” “¡No debes invitarlo!” me reprimió la médium, pero hice caso omiso “¡Jimin se que eres tú, quédate conmigo! Por favor, no me abandones de nuevo.”

Mis palabras enfurecieron a la médium, quien de inmediato rompió el contacto físico conmigo y con su acompañante, quien abrió los ojos, dejando de hablar y de realizar movimientos bruscos.

“¿Eres estúpido o qué? Te dije que no debes ofrecer una invitación en medio de una sesión” gritó enfurecida, tomando sus cosas. “Pero le habló a él, Jimin se manifestó después de que dijo su información”, me defendí, pues era cierto, estaba completamente seguro de que era él.

“Cualquiera que estuviera del otro lado podía responder, nos has puesto en riesgo a todos”, sus manos tomaron el pomo de la puerta, el sujeto completamente desorientado le seguía con la mirada perdida en las baldosas del suelo, lo cual era sumamente extraño. Parecía como si de hecho estuviera reconociendo el lugar, al no terminar la sesión correctamente, pensé, el tipo todavía podía tener el alma de Jimin en su interior.

Caminé hacia ellos, intentando detenerlos para verificar que yo tenía razón, no obstante me detuve en seco al sentir los ojos penetrantes de él sobre los míos. “Lo que sea que hayas invitado aquí no se irá sin algo a cambio, no nos busques si eso ocurre” me gritó la médium en la cara y cerró la puerta detrás de sí.

En medio de la madrugada me quedé parado sobre la alfombra sucia de la estancia, las luces encendidas y el siseo molesto de la ciudad como ruido de fondo. Caí sobre mis rodillas y cerré los ojos pensando su nombre, invocando que manifestara su presencia nuevamente, que hiciera algún ruido, moviera algún objeto e incluso que me golpeara. No obstante, nada ocurrió y todas las esperanzas comenzaron a quebrarse dentro de mí.

Me recosté a llorar en el suelo, quizás la primera vez que lo había hecho de verdad desde que Jimin murió. Mis lágrimas no se debían a algún recuerdo en particular ni a la ausencia de su persona en la casa.

Lloraba porque me había topado con un inmenso muro después de haber corrido durante varios meses, persiguiendo la idea de que podía, quizás, volver a vivir con él tal y como antes del accidente, regresar en el tiempo y hacer de cuenta que el funeral y los meses siguientes habían sido una estúpida pesadilla.

Pero aquellos días habían terminado junto con mi matrimonio y esa era la verdad. Pasé aquella noche llorando y gimiendo en el suelo polvoso de la sala hasta quedarme dormido y los días subsecuentes no fueron tan diferentes.

Cuando al fin me quedé sin dinero busqué un nuevo empleo, tratando de recomponer lo poco que quedaba de mi vida si es que aún me quedaba alguna. Después de la mala recomendación de mi jefe no había conseguido ninguna vacante decente en mi área, salvo de recepcionista en una empresa independiente. Era una paga mínima e injusta, pero me hacía falta ocupar mi mente en algo más, al menos creía que eso podía ayudar un poco en adelante.

Sentado detrás del escritorio, vislumbré en la entrada una figura alta, esbelta y de anchos hombros que me recordaba a alguien que ya conocía. Por supuesto, era el mismo tipo que acompañaba a la médium el día del ritual, la sangre se me fue del cuerpo y ahogué un grito sin quitar la vista de aquel cuerpo que se aproximaba hacia mi.

“¿Puedo ayudarle en algo?” pregunté al sujeto, parecía ausente, justo como el mismo día en que la sesión se había interrumpido, tal vez en medio de mi desesperación no me había percatado de que ese era su estado natural.

“Namjoon” me llamó, haciéndome sentir nervioso “Kim Namjoon, tu gafete nuevo me dice que eres nuevo en esta empresa.” “Lo soy, es mi primer día” respondí, evitando su mirada que insistía en hacer contacto conmigo “¿Necesita que anuncie su llegada?” pregunté viendo una media sonrisa en su rostro.

“Gracias, vine a echar un vistazo” estiró su mano y la miré esperando a que entendiera que no iba a sostenerla “Vamos, hemos hecho esto antes” insistió, un sudor frío recorrió mi nuca. Sí, estaba hablando de la sesión, no obstante había algo diferente, algo completamente automático y familiar en aquel tono que había ocupado desde el inicio.

Acepté estrechar su mano únicamente con la intención de que se marchara pronto, pero me sostuvo con fuerza, su dedo pulgar pasando sobre el anillo de compromiso que Jimin me había entregado, justo como el día de la sesión. “Nos veremos pronto, Namjoon” se despidió, helándome la sangre.

Lo que resto de la jornada pasó casi como una agonía, quería irme a casa inmediatamente después de que aquel tipo saliera del edificio. No podía siquiera concentrarme o hacer mi trabajo correctamente pensando en que andaba por ahí acechando el área. Definitivamente no era coincidencia su visita al edificio, de alguna manera que desconozco consiguió localizarme y había venido a advertirme. Con qué finalidad realmente no estaba seguro, al haber llegado directamente a mi trabajo era probable que quisiera alguna remuneración por la irrupción del ritual aquella noche.

Salí del edificio y tomé un taxi en la esquina siguiente, pues tampoco era demasiado prudente esperar fuera del edificio. Estaba demasiado expuesto, podía sentir que alguien me acechaba y aquella situación comenzaba a exasperarme. Debía estar preparado para enfrentarme a cualquier tipo de extorsión de parte de esos dos, no tenía la certeza de que esos dos tuvieran buenas intenciones.

Llegué a mi edificio y subí las escaleras corriendo, no me importaba verme paranoico, estaba seguro de que podían estar por ahí esperando a que llegara. Revisé dentro de la casa, mi habitación, el baño, la cocina, cada lugar en donde pudieran esconderse pero no había ningún rastro. Suspiré aliviado y me dejé caer en el sillón, pero la calma me duró apenas un par de minutos.

El timbre sonó dos veces, debajo de la puerta podía verse que del otro lado había alguien y comencé a sudar. No quería abrir, pero sabía que era imposible negar mi presencia dentro ya que continuaban insistiendo y probablemente me habrían visto llegar. “¿Quién es?” pregunté acercándome a la entrada. “Namjoon, soy yo” respondió una voz bastante conocida y nuevamente sentí cómo mi cuerpo se paralizaba del miedo. “¿Podrías dejarme entrar? Estoy muy solo afuera”, insistió a lo que no pude hacer más que tomar el pomo de la puerta y entreabrir un poco para comprobar que se trataba de quien estaba pensando. La curiosidad era realmente una maldición para la humanidad.

“Eres-”, “Te dije que nos veríamos pronto” me interrumpió, “¿No te alegras de verme?”, preguntó, intentando empujar la puerta. “¿Quién demonios eres? ¿Cómo conseguiste mi dirección?” le respondí, comenzaba a sentirme nervioso por aquella situación, siendo honesto no creí que realmente fuera capaz de acosarme hasta en mi casa.

Eso sólo significaba que estaban buscando algo, “¿es que acaso no me reconoces ahora? He estado aquí antes, no somos extraños”, su voz sonaba incluso divertida. “No me refiero a ti, se que no eres el sujeto que vino la otra noche”, le enfrenté, evitando lo más que podía su mirada.

“Si nos ponemos estrictos de hecho soy quien se fue de aquí” comenzó a reírse y su voz resonó incluso dentro de mi casa, empujó un poco más la puerta consiguiendo que cediera y tuviera mejor vista de lo que ocurría dentro. “Estás sudando y tu respiración está agitada, ¿por qué estás así? Creía que me querías contigo de nuevo”

Su voz no dejaba de sonar irónica y burlona para mi, sus palabras me indicaban que no era sólo el sujeto que había estado en el ritual sino que se trataba de algo más. “Es porque tú no eres Jimin” repliqué. “¿De qué hablas? Soy yo, mi cielo, déjame entrar ahora”, insistió sonriendo aún más amplio, buscaba mi mirada, podía sentir sus ojos muertos y pesados sobre mi cuerpo, estaba empezando a temblar incluso.

“No” me resistí, su sonrisa desapareció y su tono de voz se volvió aún más gélido, si es que eso era posible. “¿Por qué no?”, objetó. “No tengo ninguna garantía de que eres tu, no tienes forma de demostrarlo”, continué resistiéndome lo más que pude, incluso a expensas de mi propia seguridad ya que ese tipo podía estar armado.

“Me cansé de jugar, no vine hasta acá sólo para eso”, empujó la puerta con bastante fuerza, caminé hacia atrás intentando mantener distancia entre él y yo. Busqué con la vista algún artefacto que me sirviera de arma, pero en la estancia ya no había nada más que el sofá y la mesa de centro, no sabía qué intenciones tenía, ni siquiera estaba seguro de qué era y no quería averiguarlo.

Cerró la puerta con seguro, sus ojos se clavaron en mi persona y mis pies se enredaron con la alfombra, haciéndome caer en el sofá. “Hum a estas alturas me sorprende que seas tan escéptico, acabas de comprobar que existe la alteridad de este mundo físico, que la realidad está más allá de lo que podemos comprender, ¿qué demonios quieres que te demuestre? Me tienes frente a ti” dijo, acercándose más.

“Quiero saber que eres tú quien está en ese cuerpo y no cualquier otro ente”, retrocedí sobre mi lugar, como si eso pudiera alejarme de él cuando literalmente estaba acorralado. “Me alegra que al menos sepas distinguir entre persona y ente” palmeó mi rostro un par de veces y se sentó a horcajadas sobre mis piernas, dejándome incapaz de levantarme. “Dime, Namjoon, ¿qué podría ser ahora bajo estas condiciones? ¿Tu esposo? ¿Un fantasma? ¿Algún ser fantástico que vino a atormentarte?”

“Jimin jamás me hubiera hablado de ese modo, tienes que ser algo que jamás perteneció a este mundo”, mis manos estaban sobre el pecho de aquel sujeto, manteniéndolo lo más lejos que podía. “Oh, claro que soy parte de este mundo, tontito, tú y yo existimos a la par, puedes sentirme más allá de tus sentidos, ¿no es así?”, se inclinó hacia mí, presionando su frente con la mía “¿No puedes sentir la sangre corriendo en este cuerpo? Sé que puedes entender a lo que me refiero”

“No es suficiente, no estás vivo, no eres Jimin”, insistí observando por un momento su rostro, la seriedad en él era algo que me inquietaba. “¿Por qué no habría de serlo? ¿Es porque estoy ocupando este cuerpo que tu memoria corporal no es capaz de reconocer? ¿O es que no te gustan estas proporciones?”, refiriéndose a la altura y peso, pues era cierto que ese cuerpo no se parecía en nada al de Jimin.

No podía pensar con claridad, una parte muy retorcida de mí me gritaba que se trataba de Jimin, que dejara de resistirme y lo abrazara pero, ¿cómo habría de saber si estaba hablando mi lado racional? Tenía la boca seca, las palmas de mi mano sentían con demasiada claridad la tela debajo de ellas y no dejaban de cosquillearme, “tus ojos no reflejan nada, tienes la mirada vacía, por eso sé que no eres él.”

“Ah, claro la dichosa ventana del alma, ¿no te parece una expresión algo absurda? Después de todo, no pueden comprobar que el alma existe dentro del sujeto, sólo les queda engañarse a sí mismos y fingen que ven algo más en las pupilas del otro”, se burló intentando acercarse más a lo que yo alejé el rostro pues físicamente era más fuerte que yo.

“¿Qué tanto aprecias tu vida?”, me preguntó pasando sus manos por mis hombros hasta llegar a las mías. “Lo suficiente como para pelear contigo por ella de ser necesario”, hice un esfuerzo máximo para concentrar todo lo que me quedaba de fuerza en mis manos, demostrándole que hablaba en serio.

“Que hipócrita” escupió con molestía y cierta diversión, “y también que mal mentiroso eres, mejor dicho, siempre se te han dado pésimas las mentiras. Ni siquiera eres capaz de comprender por qué estás metido en esta situación y te crees capaz de luchar para salir de esto.”

“¿Es que acaso a eso vienes? ¿Quieres quitarme la vida y quedarte con mi cuerpo? ¿Dime qué demonios quieres? Dinero tampoco tengo, apenas sobrevivo”, le enfrenté, empujando nuevamente su cuerpo para quitármelo de encima. “Pero si tú me estuviste llamando desde el inicio, por favor tienes que ser congruente. Aunque creo que eso sería demasiado pedir para cualquier mortal, si no lo tienen lo quieren y si lo consiguen se arrepienten de tenerlo. La raza humana es tan estúpida porque ni siquiera puede comprenderse a sí misma y anhela entender lo que está más allá de ellos.”

“¿A qué has venido hoy?”, insistí, quería liberarme de esto cuanto antes. “¿No es evidente? Vine a quedarme contigo”, apartó mis manos con demasiada facilidad, luché para liberarme pero era en vano, terminé inmovilizado de pies a cabeza, mis manos al costado de mis piernas y entre la parte interna de sus muslos. “Mientras este cuerpo no se pudra y el tuyo no falle estaremos juntos, como antes de discutir, ¿recuerdas eso? El día anterior incluso lo hicimos más de una vez, ¿lo recuerdas?”

Continuó hablando, forzándome a verlo, “por supuesto que te acuerdas, no has dejado de pensar en ello desde el funeral, ¿no es así? Todos los días tratas de no olvidar cada palabra de aquel día”, su tono era frío, cargado de resentimiento y cierto odio, fue entonces que comprendí que de verdad era Jimin quien me hablaba.

Aquellas emociones eran imposibles de replicar incluso para cualquier tipo de ser que quisiera fingir, las emociones negativas siempre han sido más complejas y menos apreciadas. “Jimin, lo siento”, hablé sin pensar, comenzando a ceder, “lamento haber discutido y que por mi culpa tuvieras el impulso de salir. De no ser por…”

“Oh, no, no te hagas esto. Todo quedó enterrado, mi cielo”, acarició mi cabello con ternura, “es que yo-”. “¿Es que tu qué? ¿Es que eres un puto masoquista? ¿Por qué insistes en sufrir por una muerte que no estuvo en tus manos?”, interrumpió frunciendo aún más las cejas.

Por primera vez sentía que todavía tenía algo de humano, que no se trataba de un simple ente maligno, por ello insistí, “me estoy disculpando contigo por todo, no sólo por esa noche, no fui una pareja formidable y tampoco debí molestarte después de que murieras, no deberías estar aquí lidiando conmigo.”

Ambas manos se volvieron puño, estampándose con fuerza en el respaldo del sofá, “maldita sea, olvidé lo insoportable y molesto que puedes ser. Tú no aprecias tu vida, ni siquiera creo que sepas realmente lo que eso significa”, sostuvo mi mentón entre sus manos, el agarre era lo suficientemente fuerte para dejar una marca de sus dedos. “Me estoy disculpando por todo, ¿de qué demonios te sirve eso? ¿Me trajiste solo para calmar tu estúpida conciencia? ¿Eh? ¿Qué pretendías buscándome de nuevo?”

“Yo… no podía estar solo, no quería dejarte ir de ese modo, pero no resultó como esperaba, no creí que vendrías así”, sentía la vergüenza corriendo por mi rostro, al no poder evitar su mirada realmente no podía hacer más que sentirme aún más patético. “Aww, qué considerado, supongo que habré de decirte gracias por regresarme a este infierno.”

“Estás entre los vivos de nuevo, Jimin estás en casa de nuevo. Creo que si arreglamos nuestras diferencias esto podría funcionar otra vez”, no tenía sentido, por supuesto que lo sabía pero debía intentar ejecutar los primeros planes que tenía desde la primera vez que busqué contactarlo. “¿Te parece que estar aquí es maravilloso para todos?”, me enfrentó luciendo aún más furioso y callé.

Callé porque era estúpido decir que sí cuando más de una vez me había drogado de más esperando no despertar. “¡Contesta maldita sea!”, fritó. “¡No lo sé, Jimin! ¡No lo sé! ¡Ni siquiera sé en dónde estuviste!”

Tenía que evadir la respuesta o de lo contrario me rendiría y de nada habría servido traerlo de vuelta, lo volvería a perder. “Pero se supone que sabes en dónde estás, ¿verdad? ¿Qué es lo que más recuerdas de todos estos jodidos meses? ¿Por qué crees que todos queremos estar vivos igual que tú?”, insistió, su mirada no dejaba de lucir vacía y molesta, sentía que en cualquier momento terminaría asfixiándome y robándome el aliento.

Mentiría si dijera que no lo deseaba, “no sé… no recuerdo mucho, no hice nada más salvo buscar la manera de traerte de vuelta. Me siento patético”, alcancé a mentir en parte y lo sabía. Jamás iba a decirle que intenté suicidarme después de su partida, estaba de más cuando yo mismo admitía la culpa al evitar la pregunta. “Veo que ahora entiendes el punto, mi cielo, estar vivo es una mierda si no aceptas que la felicidad no es lo único que existe en ella.”

“Pero ¿por qué para estar vivo tengo que sentir dolor? Yo no quiero sufrir más, nadie querría hacerlo, es absurdo tener que aceptarlo sin intentar hacer nada”, cedí nuevamente, estaba atrapado y lo único que me quedaba era hablar con él, probablemente ser honesto con él sería la mejor opción. “¿Quieres hablar sobre lo absurdo que es estar vivo con un ente que está usando un cuerpo como móvil?”, soltó con ironía. “Eres imparcial ahora, estuviste fuera de ella por un tiempo, cualquier cosa que pudieras decirme ahora sería de ayuda.”

“Es increíble que todavía sigas hablando de ese modo, ¿qué tipo de ayuda es la que buscas y para qué? Si no eres capaz de aceptar el dolor cualquier cosa que te diga será como un simple analgésico y, ¿qué crees? los humanos son tan maravillosos que se adaptan a todo, lamentablemente ustedes también se acostumbran a lo que les hace sentir bien.”

La forma en que había dicho eso último me hizo comprender que era cierto y yo no había conseguido ser una buena pareja, era cierto que lo había descuidado por tanto tiempo y aquella discusión había sido el resultado del increíble aguante que poseía Jimin.

Tristemente todo había explotado de tal manera que terminó destruyéndonos a ambos, “pero es que yo sólo quería dejar de sentir dolor por un momento, creí que serviría si intentaba hacer algo, si me movía y buscaba una alternativa de regresar a como era antes”, el nudo comenzaba a formarse en mi estómago, había dejado de luchar con él desde hace un rato. “Bueno, te tengo noticias, parece que fallaste en el intento porque traerme de vuelta no alivió tu dolor. Todo lo contrario, ahora buscas la manera de deshacerte de mí”, la molestia seguía presente en su voz, a pesar de que su rostro ahora estaba completamente impasible.

“No es así, Jimin, yo-”. “¿Qué? ¿Lo sientes por eso también?”, inquirió a lo que sólo fui capaz de asentir. “Deja de lamentar todo lo que haces, simplemente acéptalo.”, “¿Y cómo lo haría? Ahora que estás conmigo no tengo necesidad de seguir sufriendo.”

“Pero lo haces, mi cielo” acarició mis cabellos y se inclinó para darme un beso en la frente, el toque se prolongó y aunque sentía la piel helada y desconocida sobre la mía, ahora podía entender la intención que tenía Jimin más allá de ese cuerpo. “Eres humano, no puedes desaparecer el dolor de tu percepción porque entonces dejarías de serlo.”

Sus palabras no me aliviaban, quería que él me dijera qué camino debía seguir, “¿qué debería hacer ahora, Jimin?”, “Me gustaría escuchar lo que piensas, yo no tengo tus respuestas”, se encogió de hombros esperando a que comenzara a hablar. ¿Qué importaba ahora si no podía volver a la vida de antes? Estaba teniendo una charla con mi Jimin, no importaba de qué modo ya no valía la pena resistirse. No cabía duda de que era él.

“No puedo aceptarlo, no quiero hacerlo”, admití sintiendo un enorme peso en mi pecho, el nudo subiendo desde lo hondo de mi estómago y apretando mis cuerdas vocales, impidiéndome continuar. “La verdad es que no sé qué debería hacer, estoy tan cansado, harto de todo lo que me rodea, me siento perdido no importa a dónde vaya, no importa lo que haga. No he conciliado dormir y después de un año de que te fuiste sólo he deseado un sueño realmente largo y reparador.” comencé a llorar, no fui capaz de contenerme más al tenerlo en mis brazos de nuevo.

Después de tantos meses sentía el abrazo de Jimin, de nuevo me sostenía y consolaba, acariciaba mi cabello, decía mi nombre y tocaba mi piel. El cuerpo desconocido que estaba conmigo no me preocupaba, ni siquiera era importante porque lo único que podía sentir cuando estaba junto a Jimin era el alivio.

“¿Quieres dormir conmigo?” preguntó en medio del abrazo, sus ojos miraban directamente los míos, podía sentir que a través de ellos estaba él, ofreciéndome al fin una respuesta. “Tengo miedo, Minnie” contesté, “Está bien tenerlo, mi cielo, has trabajado muy duro todo este tiempo, lo has resistido bien.”

En medio de las lágrimas, busqué sus ojos a pesar de que en ellos no estaban las mismas emociones que recordaba, no era la misma mirada y ni siquiera una humana, pero sabía que estaba ahí, sus palabras expresaban que era cierto y yo le creí. “No puedo hacerlo sin los somníferos”, los había dejado de comprar cuando no me quedaban más recursos. “Estoy contigo, no los necesitas.”

Sus piernas dejaron de presionar mis manos y al fin pude liberarme de su agarre, “pero no podría…”, “¿Estás dudando de la capacidad de un ente?”, me interrumpió sonriendo, recostando mi cuerpo en el sofá y acomodándose junto a mi. “Dudo porque tengo miedo de despertar sin ti de nuevo.”

“Eso no sucederá, tranquilo”, me veía desde arriba, recargado en uno de sus codos acomodando mi cabello sin dejar de sonreír. “Jimin” lo llamé escuchando un sonido ronco desde su pecho, “gracias por acompañarme en este momento”, “prometimos estar juntos hasta en la muerte.”

“Pero tú-”, intenté objetar pero me interrumpió. “Al final nos habríamos encontrado después de este plano físico, la ausencia de la persona es sólo un momento en la infinita línea de la existencia y el tiempo no nos debería preocupar ahora que dejaremos la mortalidad atrás”, sus labios se posaron sobre mi frente de nuevo, mientras su mano libre descansaba ahora sobre la mía. “Descansa, mi cielo”, su voz me tranquilizó, todo lo que estaba haciendo eran calmantes a mi cuerpo y espíritu. Al fin había dejado de vagar, estaba en casa de nuevo.

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Buenos personajes

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Bloodlines

Diana: Would recomend a good read, I like it's not to long

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