¿Odiarnos?

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Sinopsis

Ella odia a la gente, él ama ser el centro de atención. Ella ama el silencio él adora las fiestas. A ella le encanta leer, a él le encanta el arte. Ella adora comer y a él le encanta ejercitarse. Dos personas completamente distintas que solo tienen en común una cosa: se odian. Aunque nada dura para siempre ¿no? Las personas cambian. El odio se va. Y el amor llega.

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Mili
Estado:
En proceso
Capítulos:
25
Rating
4.9 17 reseñas
Clasificación por edades:
16+

Cap1



Nunca en mi vida había estado tan asqueada como en ese momento, de solo mirar a la parejita que tenía al lado me entraban unas ganas de vomitar enormes ¿no podían ir a un cuarto? Caminé a la cocina en busca de comida, pensando que debía haber algo que no fuera cerveza, pero no; sin mucho éxito con mi búsqueda me senté en el mesón a mirar a las personas que se encontraban a mí alrededor «unas más repugnantes que otras»


La música estaba a todo volumen, no veía a mi compañera de piso por ningún lado y me estaba empezando a dar jaqueca. Por esa razón odiaba las estúpidas fiestas universitarias, solo llevaba un mes estudiando y ya había ido a muchas fiestas —y no porque quisiera— el ruido era insoportable y el ver a tantas personas compartiendo saliva hacía que me entraran unas náuseas enormes, todo por no saber decirle que no a Marian —mi mejor amiga y compañera de piso— no entendía cómo lo hacía, pero siempre lograba convencerme de ir a estas asquerosas fiestas y no entendía para qué, si de todos modos siempre terminaba sola.


Miré por todos lados de la sala examinando a cada una de las personas que se encontraban en el lugar, ¿cómo es que podían compartir el mismo aire?, ¿es que no se asfixian estando tan cerca unos con otros? Y, para empeorar la cosa, hacía calor.


—Hola, guapa —me habló un chico—. ¿Qué haces tan sola?


Lo ignoré para que se fuera, supuse que así entendería que no quería ligar con él, pero no, siguió molestando.


—Oye, guapa, no quieres un poco de compañía...


Intentó ponerme un brazo en el hombro pero me aparté casi al instante.


—Ni se te ocurra tocarme —le advertí.


Él me miró con el entrecejo fruncido, claramente ofendido por mi reacción.


—Tampoco es para que te pongas así —me reclamó.


Lo miré mal y me di la vuelta, ¿se había atrevido a intentar tocarme? Quería irme, pero mi mejor amiga no estaba por ningún lado, me preguntaba ¿a dónde se había metido? Se suponía que no me dejaría sola.


Sí claro, siempre es lo mismo y le sigues creyendo.


Esperé media hora más a mi mejor amiga en el mismo lugar y nunca llegó, me estaba empezando a cansar de esperar a alguien que seguramente estaba con un chico haciendo cositas de adultos. Tuve que echarme a un lado para evitar que me cayera cerveza en la ropa, ya era la décima segunda vez que pasaba eso y estaba empezando a obstinarme. No podía creer que Marian me hubiera hecho eso, otra vez. Ya me quedaba poca paciencia y si una, pero solo una persona se atrevía a molestar juraba que...


—Hola, preciosa —oí que dijeron justo al lado de mí.


¿Es que no había más chicas con las que ligar? Me giré y lo miré con mi peor cara.


—Ahora no estoy de humor para escuchar las labias absurdas que vas a decir —dejé en claro.


El chico parpadeó, sorprendido por mi respuesta, pero aun así continuó con su inútil intento de coquetear conmigo:


—Tranquila, no quería ligar contigo —alzó sus brazos—, solo quería hablar un momento.


—¿Sí? qué mal, yo no quiero entablar una conversación ahora —dije de mala gana.


El chico alzó ambas cejas.


—Al parecer alguien no está de humor.


Fingí una sonrisa claramente hipócrita y rodé los ojos.


—Sí, qué bueno que ya lo notaste, puedes irte.


El chico esbozó media sonrisa y no lo pude negar, tenía una sonrisa hermosa.


—¿Y por qué crees que querría irme? —preguntó.


No pude evitar poner mala cara. No estaba de humor para que un chico viniera a coquetear conmigo.


—No lo sé, tal vez porque no quiero hablar contigo.


El chico negó la cabeza, divertido. No sé si eso me molestó más de lo que ya estaba, pero preferí ignorarlo, sabía que si decía algo iba a explotar y sí, él no tenía la culpa de mi mal humor, pero igual me molestaba el hecho de que no se marchaba.


—¿Eres nueva por aquí?, no te había visto antes.


Lo miré de reojo sin responder a su pregunta ¿era muy difícil dejar a alguien en paz? es increíble la manera en que alguien puede molestar tanto sin hacer nada.


Cálmate querida, hoy estás más quejona de lo normal.


Respiré hondo y cerré los ojos un momento, decidí que tranquilizarme un poco estaría bien. Al abrirlos fue casi la misma mamarrachada, ya que seguía en la fiesta, pero al menos estaba mejor; miré al chico nuevamente y me percaté de algo que no había visto en él, (estaba lindo el chico).


Lindo era poco para describir a semejante bombón.


Bueno, sí, estaba guapo. Era alto, como de 1.89 de estatura y cuerpo atlético, con los músculos ligeramente marcados —se notaba que se ejercitaba— de tez blanca, con el cabello negro y al largo de la frente, tenía los ojos grises, con las cejas pobladas y bien definidas; nariz perfilada, labios finos y mandíbula marcada, y esa sonrisa perfecta que había visto hace un momento.


Para chuparse los dedos.


Me quedé mirándolo un rato, detallándolo y pensando en por qué no había notado su belleza hace un momento. Estaba tan impactada de lo guapo que era el chico que no me di cuenta de que lo estaba viendo descaradamente, hasta que él volvió a hablar:


—¿Y bien? —preguntó, haciéndome salir del trance en que me encontraba—. ¿Me dirás de dónde eres o te vas a quedar todo el día mirándome de esa forma extraña? —parecía divertido.


Me aclaré la garganta un poco para volverme a concentrar.


—No soy de aquí —intenté de que mi voz sonara lo más normal posible—. Estoy empezando mi primer semestre.


Él asintió con la cabeza, pensativo, como si estuviera analizado la situación y después volvió a hablar:


—Déjame adivinar, estás estudiando literatura, ¿me equivoco?


—¿Cómo...? —pregunté impresionada.


La verdad era que sí. Desde pequeña había querido estudiar literatura, amo leer al igual que escribir, son una de las cosas que de verdad me encantaban, el día que le dije a mi madre que quería estudiar eso no lo dudó y empezó a buscar las mejores universidades y después de meses buscando conseguimos Aanthyus, la universidad con más prestigio del país, tuvimos que solicitar una beca para poder hacer mis sueños realidad, pero al final la conseguimos y allí me encntraba.


—Es un poco predecible —se encogió de hombros.


No pude evitar esbozar una sonrisa. De nada me había valido tratarlo mal, me estaba cayendo bien y eso que a mí todo el mundo me caía mal.


—Sí, un poco predecible, esto es un sueño hecho realid...


—Casi todas las personas que vienen a estudiar a esta universidad estudian literatura, no todas claro, pero sí el cuarenta y cinco por ciento de las personas que están aquí estudian literatura, por eso la facultad es tan grande —me interrumpió de repente—. Verás, ese cuarentena y cinco por ciento está dividido en dos grupos: los que realmente les encanta la literatura y los fracasados que no sabían qué carrera escoger y decidieron estudiar literatura para intentar algo, cosa que es una pérdida de tiempo ya que cuando van a mitad de la carrera la abandonan porque no les gusta.


No supe a qué venía eso y solo asentí, hasta que volvió a hablar:


—Supe que estudiabas literatura por eso, porque tienes cara de pertenecer al segundo grupo.


Idiota.


¿Acababa de decirme fracasada? ¿Qué clase de persona le decía fracasada a otra persona sin conocerla?


—¿Perdón? —dije claramente ofendida.


Él sonrió de medio lado.


—Sin ofender, olvidé decirlo.


No pude evitar ponerle mala cara, ¿era posible odiar a una persona de solo conocerla?, sí, sí lo es. Me le quedé mirando fijamente de nuevo, pero no era admirando su belleza, era imaginando distintas formas de golpearlo. Mientras mi imaginación hacía magia con las ideas que se me venían a la mente llegaron unos chicos —con pinta de idiotas, también— y di por zanjada la conversación. Me di la vuelta y volví a buscar a mi amiga con la mirada, tenía más ganas de marcharme que antes, esa fiesta estaba repleta de idiotas.


—Miras al mundo como si lo odiaras —dijo de repente.


—¿Y qué te hace pensar que no es así? —pronuncié lo obvio.


Él asintió y esbozó media sonrisa.


—¿No puedes disimular aunque sea un poco tu cara? —se inclinó un poco hacia mí.


—No —me eché a un lado y no pude evitar hacer un gesto de asco.


—¿Por qué no? —enarcó una ceja.


—Porque no quiero —puse los ojos en blanco.


Intentó sentarse en el lugar que había dejado vacío y yo lo aparté.


—Me rodé de lugar para mantenerme alejada de ti, no para que te sentaras en él —dije de mala gana—, así que quédate en tu lugar y no te acerques.


Emitió una risa divertida y negó con la cabeza.


—Ok, tranquila, me mantengo alejado, lo entiendo —alzó los brazos en señal de rendición—, soy Jade, por cierto.


—Ah, sí, tienes nombre, qué bueno, pensé que no tenías —dije sarcásticamente.


—Dios, sigue haciendo comentarios así y terminaré enamorándome.


—Ya dejaré de hacerlos, tranquilo.


Volví a buscar a Marian con la mirada, ya me quería ir y Jade ya me tenía cansada con su habladera, ¿cómo es que podría existir alguien tan fastidioso? ¿Es que no tenía amigos para molestar?


—¿Y bien? —volvió a hablar—, ¿cómo te llamas?


Lo miré de reojo y respiré hondo, fastidiada.


—No tengo nomb...


—¡Arya, Dios mío, te estaba buscando por todas partes! —exclamó mi mejor amiga y se detuvo de golpe al darse cuenta de que estaba hablando con un chico—. ¿Interrumpo algo?


—No, ¿podemos irnos?


Ella me miró divertida y asintió.


—Sí, ya es un poco tarde.


Los ojos de Jade estaban chispeantes de diversión, no hizo intento de marcharse. Una vez recogí todo para irme él dijo:


—Nos vemos otro día Arya —y se fue.


Nos dirigimos a la salida y Marian empezó a atiborrarme de preguntas las cuales no respondí ninguna.


***


Ya era fin de semana, habían pasado ya cinco días desde la fiesta y por alguna extraña razón no podía sacarme a Jade de la cabeza. Bueno, no era Jade, era lo que él me había dicho, no pensé que eso me afectaría tanto como lo estaba haciendo.


Por cierto, seguía molesta con Marian y ella seguía preguntándome quién era el chico con el que estaba hablando ese día, no había hablado casi esa semana con ella, ¡me había dejado sola en la fiesta! tenía que, por lo menos, vengarme un poco ¿y qué mejor venganza que no darle información algo que quería saber?


Estaba haciendo unas tareas cuando Marian entró a mi cuarto a pedirme perdón, por milésima vez.


—Vamos Arya, perdóname, no fue mi culpa —suplicó mi amiga.


—¿No lo fue? —enarqué una ceja.


—¡No!, fue culpa de Alex, él me sedujo.


—Pudiste haberlo rechazarlo e ir a donde yo estaba, pero no, decidiste quedarte con él —le reproché.


—Pero no lo hice, ¿qué más da? pasado pisado —dijo en un tono chillón—. Perdóname Arya, ¿vivirás toda tu vida enojada por esa estupidez?


—Sabes que sí podría.


—¡Arya! —chilló—, prometo no volver a hacerlo y haré todo lo que tú quieras, por una semana.


Lo pensé un momento, la propuesta se veía tentadora, toda una semana sin ir a fiestas me parecía bien.


—Está bien —acepté.


—¡Bien!, ¿ahora me dirás quién era el chico con el que estabas hablando? —alzó ambas cejas.


Sabía que lo preguntaría.


—No era nadie —le resté importancia.


—¿No? —intentó sacar un poco más de información.


—No.


Me giré a mi mesa y seguí estudiando. No siguió molestando con el tema, ella sabía que no le diría nada, así que empezó a contarme sobre su nuevo ligue, duró casi una hora hablando de cosas absurdas de amor y esas cosas.


Asqueroso.


Huelo envidia por aquí.


Terminé de hacer mis tareas y seguí escuchando a Marian. Me preguntaba ¿cómo es que conseguía ligues tan rápido? No era por falta de belleza, al contrario, era hermosa, era una rubia de ojos azules, ¿a qué persona no le gustaban las rubias?


Escuchar hablar a Marian de sus ligues me hacía entristecer un poco, me recordaba lo mala que era mi vida amorosa, ya hacía un dos desde que había salido con alguien y no terminó muy bien que digamos, el imbécil me puso los cuernos. Creo que es por eso que era tan amargada. Pero ¿qué más podía esperar de un hombre?


—Dijo que me quería —suspiró Marian feliz.


—¿Y le creíste?


—Por Dios Arya, por eso estás sola —soltó una risita—. Por cierto, he invitado a Alex hoy, vendrá con unos amigos, ¿te molesta?


—¿Y qué hay con que me moleste si de igual forma vendrán?


—Tienes razón —se levantó de mi cama y se dirigió a la puerta—. Iré a arreglarme, si llegan diles que esperen en el sillón.


—Obvio, no los traeré a mi cuarto.


—Utiliza ese humor que cargas siempre y consigue a alguien —puso los ojos en blanco—, tal vez se te quite lo amargada.


—Lo intento, pero se espantan —hice un puchero.


—Y los entiendo.


Me eché a reír y Marian se marchó. Salí a la cocina a beber un poco de agua, pensé en qué hacer en la noche pero no se me ocurrió nada. Encendí la TV para ver algo y sonó el timbre del pequeño departamento en el que vivíamos. ¿Y si los dejaba esperar un rato? al final, Marian no se daría cuenta.


—¡Arya, abre la puerta, salgo en un momento! —hablé demasiado pronto.


Resoplé y sin mucho ánimo caminé a la entrada. Al abrir la puerta me quedé estática cuando vi a Alex y no fue por Alex precisamente, fue por el amigo con el que estaba, él me dedicó una sonrisa de medio lado.


—Hola Arya, un gusto volver a verte.