Prólogo
NamJoon no recordaba cuándo fue la última vez que se levantó en medio de la madrugada a caminar. Si bien no tenía hábitos comunes respecto a su horario, la madrugada no era su momento favorito desde que decidió mudarse de edificio.
Su trabajo le quedaba más cerca y sin duda ese había sido el factor por el cual eligió aquel complejo, pero el ruido de los autos transitando incluso antes del amanecer lo exasperaba, sentía que nunca tenía un descanso de toda esa gente ni siquiera cuando el sol desaparecía.
Salió de su departamento con un pantalón de chándal gris, un par de sandalias negras y su habitual hodie holgado. El cielo nuboso creaba un ambiente que podía verse tétrico, pues las farolas alumbraban el camino de la acera pero fuera de esta no podía verse absolutamente nada, como si al dar un paso dentro la negrura absorbiera toda tu esencia hasta hacerte desaparecer sin dejar rastro.
NamJoon se planteó aquel escenario imaginario, ¿alguien lo buscaría si, de un día para otro, dejara este mundo sin dejar ningún indicio? ¿Qué ocurriría con sus cosas y el plato de fideos que había dejado a medio comer en la mesa antes de salir a su aventura nocturna? Probablemente todo terminaría siendo desechado y la idea de ser tragado por la espesa bruma oscura, por alguna extraña inclinación del momento, le pareció atrayente.
Caminó alrededor de tres cuadras cuando un minino, aparentemente marrón, se cruzó en su camino buscando un poco de afecto. Sin pensarlo dos veces lo tomó en brazos sintiendo su escuálido y pequeño ser, el pelaje algo grasoso y lleno de tierra indicaba que era un gato callejero, al menos hasta ese momento pues decidió que sería suyo si este se adaptaba a su espacio. Un par de abandonados como ellos que se encontraban en medio de la madrugada deambulando solos quizás podrían llevarse muy bien.
Con el pequeño gato en brazos siguió su caminata sin rumbo hasta llegar a la entrada completamente cerrada de la universidad. Parecía una prisión de alta seguridad, los enormes muros de concreto gris le daban un aspecto asfixiante y la escasa luz que procuraba envolver la entrada era fría, sin vida. Sonrió ladino, la pared frente a él bien podía ser un espejo y todo lo que pensó sobre aquel complejo fácilmente se lo estaba diciendo a sí mismo. No sabía cómo es que sus pies lo llevaron ahí, probablemente si algún vigilante lo encontraba este lo interrogaría o pasaría de largo, pues no sabía qué apariencia podía dar parado frente a la universidad cerrada antes del amanecer y con un gato callejero dormido en su regazo. No era algo común, ni siquiera para él.
Decidió regresar y en el camino percibió que el tránsito de los autos y las personas apenas iniciaba. Su celular indicaba que eran las 4:03 am. Hace tiempo pensaba que solo los sociópatas iniciaban su vida rutinaria a esas horas, pero si era así entonces él se había convertido en uno de ellos, una idea que le revolvió el estómago y le dejó un sabor agrio en la boca. El cielo comenzaba a verse un poco más nítido a pesar de que la oscuridad seguía acechándolo, toda esa situación le daba muy mala espina.
Fuera del edificio donde habitaba, estaba estacionada una extraña camioneta blanca, le extrañó aquel hecho ya que no recordaba haberla visto al salir. Caminó con cautela hasta que vió cómo el dueño del complejo estaba parado en la entrada esperando la salida de alguien que al parecer se había quedado detrás.
Entonces todo cobró sentido para él, seguramente el dueño estaba dando la bienvenida a algún nuevo habitante. NamJoon se tensó ya que la apariencia que daba no era muy adecuada para un primer encuentro, pero, ¿qué más daba? solo tenía que saludar al nuevo inquilino una vez y pasar de largo hasta su apartamento. Simple cortesía, nada le aseguraba que lo volvería a ver pues el edificio era muy grande y de varios pisos, probablemente sus caminos solo se cruzarían esa vez.
Caminó más decidido hacia su destino hasta que se quedó paralizado en su lugar. Un hombre claramente mayor que él había salido del sitio, vestía de manera casual pero que a la vez le daba un aspecto formal. Llevaba el cabello negro y un poco largo, recogido a la mitad en una coleta, su apariencia era relajada y una expresión impasible. Pasaron varios segundos antes de que el nuevo inquilino se percatara de la presencia de NamJoon, el cual al verlo sonrió y asintió con la cabeza.
El ritmo de su corazón se había acelerado, el hecho lo confundió, ¿por qué demonios se sentía nervioso al ser observado por ese hombre? podía ser el extraño encuentro o la manera en que el hombre desconocido lo había estado mirando. Su mirada era tan fuerte que incluso NamJoon se sintió desnudo, apretó más fuerte al minino y sintió que un nudo se formaba en su estómago.
Se había formado un bucle en el espacio donde solo se encontraba él y ese extraño que lo miraba sin decir nada. Para fortuna de NamJoon, la voz del dueño interrumpió el inexplicable trance en el que había caído.
—Oh, señor Kim parece que salió temprano, le presento al señor Min YoonGi. Él y su pareja se mudarán aquí a partir de hoy —dijo sin ser consciente de que entre sus dos inquilinos había una tensión muy peculiar— se mudará al mismo piso que el de usted, si llega a tener inconvenientes con el ruido sólo avíseme, por favor
Y de un momento a otro el nudo se había esfumado dejando un vacío en su estómago, ¿el dueño había dicho él y su pareja?








