|1| TRABAJO DE MEDIO TIEMPO
— Skylar— Escucho la voz de Kyouhei llamándome desde la entrada del diminuto departamento que compartimos—. ¿Skylar, qué estás haciendo?
Cierra la puerta de la entrada y llega al pequeño espacio en el que duermo.
Si se preguntan quién es Kyouhei, es mi mejor amigo desde que llegué a Doomville.
El barrio no es muy grande. Está lleno de callejones poco iluminados e infestados de borrachos, prostitutas, locos y un poco más. Los pequeños y deteriorados edificios están todos los unos frente a los otros, al igual que todos los locales. La mayoría de las personas aquí ofrecen trabajos de todo tipo. Todos se conocen y saben quién es quién, o qué hace cada uno. Los forasteros son una especie de plaga, por lo que no son bien recibidos aquí. Y ahí es donde entra mi héroe hermano Kyouhei.
Cuando yo llegué aquí, no tenía ni un dólar partido a la mitad. Kyouhei fue quién se apiadó de ésta pobre criatura en desgracia que no tenía a dónde diablos ir.
Recuerdo que cuando lo conocí dijo: "Tu cabello azúl me agrada, tienes pinta de ser alguien genial."
Él no dudó en traerme a su hogar y tratar de presentarme en los callejones. Poco a poco las personas se fueron adaptando a mi y luego pude conseguir un trabajo.
Obviamente, conseguir el trabajo me costó más de lo que imaginé. Pues, resulta que me encontré con un gran conocido allí que se negaba a dejarme entrar, pero al final, después de tanto rogar, obtuve el trabajo. No es lo mejor que puedo hacer, pero gano muy bien. Con eso pago la mitad de la renta del departamento y la comida que comparto con Kyouhei. Puedo permitirme ciertas comodidades o darme algunos gustos, al igual que ayudar a Kyouhei en ocasiones a comprar aparatos electrónicos con los que él hace su trabajo. En pocas palabras, mi trabajo es mejor de lo que imaginé al venir aquí. Y además, por ser conocida de mi jefe obtengo inmunidad en el barrio. Eso es bastante genial para estar en Doomville.
Cuando conocí a Kyouhei, ya vivía solo. Por lo que me contó, era huérfano. Y fue criado por su abuela hasta que él cumplió los 14 años, cuando ella enfermó gravemente de pulmonía y al no poder costear el gasto de los medicamentos, ella falleció, dejando a Kyouhei solo en el departamento. Él ya trabajaba en ese entonces así que sabía valerse por sí mismo. Luego cuando cumplió 18 años, llegué yo. Una chica de 18 años también, y quien se había escapado de su casa por motivos que no me apetecen decir. Desde ese entonces ambos hemos estado viviendo juntos, cuidando el uno del otro. Ahora ambos tenemos 21 años y nos ha ido bien, por lo que creo que haberlo conocido fue una especie de bendición.
— No me desconcentres. No tengo mucho tiempo — digo mientras busco todo lo que necesito para lanzarlo dentro de un bolso.
— ¿Y esa peluca qué? — jala parte de los mechones dorados de la peluca que llevo puesta mientras se burla.
— Deja —suelto riendo, y le doy un manotazo sobre el dorso de su mano—. Éste es mi disfraz.
— Qué disfraz más ridículo. Y lo digo con respecto a todo — comenta muy abiertamente.
Yo me levanto de la pequeña cama y coloco el bolso a un lado de mi, con su respectivo tirante sobre mi hombro.
— Sí, mira. Traigo un vestido — señalo dando una vuelta al tomar pequeños volantes del vestido sencillo, largo y cubierto que llevo puesto—. Nada más ridículo que un estúpido y feo vestido sobre éste cuerpo sobrio y desnalgado.
— Qué mentirosa. Sabes que tienes lo tuyo. Que ese vestido se te ve horrible es otra cosa.
—Ese es el punto — le hago saber con entusiasmo—. Debo hacerme pasar por una organizadora en una fiesta de la élite, en la mansión de Donna Shannon — al nombrar eso él me ve con la boca abierta. Donna es una mujer de la élite. En pocas palabras: parte de la gente más rica y poderosa de Bornerweek—. Sí, sí. Tú sabes — alzo las cejas repetidamente—. Sí, señor Maxwell. Aquí tomamos el té todos los días a la 1:30pm y servimos de postre las esperanzas por ser de nuestra misma clase de nuestros empleados ja, ja — imito la voz de Donna, lo que hace reír a mi amigo allí en frente.
— Vale, pero... ¿cómo demonios conseguiste ese trabajo? — pregunta paseándose la mano por su largo cabello rojizo haciéndolo a un lado.
Kyouhei tiene un estilo genial. Su cabello es espectacular. Además, es increíblemente guapo. En otras circunstancias creo que me habría gustado, pero hay un detalle. A mí me gustan los hombres, y a él también. Creo que funcionamos mejor como mejores amigos.
— Recuerdas que...
—Cállate, cállate. Ya lo recordé — dice saltando, luego se detiene y me señala—. El currículum que me hiciste falsificar. ¿Para eso lo necesitabas?
— Exactamente. Escuché sobre ésto por allí en los callejones y me interesó.
— ¿Pero para qué vas a ir allá? ¿No que los ricos son un dolor de culo? — cuestiona cruzándose de brazos mientras me inspecciona con la mirada.
— No me veas así. Y sé lo que digo. Los ricos en Bornerweek son un dolor de culo total, todo el mundo aquí lo sabe. Pero... Tengo curiosidad por saber cómo vive Donna Shannon. Y un extra en ésto es que el pago será muy bueno.
Él suelta una risotada al escucharme
— Esa mujer es un caso total, Skylar. Creo que hasta su propia familia la tacha de excéntrica y algo loca.
— Oh, créeme. Es realmente maniática. Cuando fuí a hacer la entrevista, casi me desnuda allí frente a sus empleados. Según ella era por seguridad. También me hizo preguntas de todo tipo. Y por si fuera poco, me dijo que si llego 15 minutos antes de la hora acordada, ya no cuento con el trabajo.
— ¿Qué tiene que llegues antes? — pregunta Kyouhei con el ceño fruncido.
— Eso significa que soy una persona que no desea ser profesionalmente la mejor, y eso no le gusta. En pocas palabras, tengo que llegar una hora antes, comenzar a trabajar antes y terminar a tiempo. A parte, se suponía que yo sería ayudante encargada, pero mis mentiras me llevaron al punto en el que ella cree que yo debo ser la que dirija la organización principal.
— ¿Qué mierda? — me mira asombrado. Luego cambia su expresión a una preocupada — ¿Y acaso tú sabes algo de lo que harás?
— Tengo conocimiento básico. Creo que lo haré bien. Y si no le gusta, no me importa. No es como que si ésto sea mi verdadero trabajo. Estoy segura de que me pondría en la lista negra como organizadora si lo hago mal, pero como no me perjudica de ninguna forma, no me preocuparía.
— Skylar, estás loca.
— Creo que ya me has dicho eso antes — finjo pensarlo para después reírme de ello—. Bueno, bueno. Ya me voy. No quiero perder el transporte, K.
Eso provoca que suelte otra risotada.
— Anda. Corre. Tu bicicleta se irá sin ti— se burla.
— Respeta a Petunia. Ella me lleva y me trae cuando lo necesito. Amo a Petunia, no te metas con Petunia — le advierto bromeando.
— Está bien, disculpa — se inclina disculpándose —. Petunia tiene mis respetos. También me ha salvado el cuello a mi —coloca sus manos juntas al frente y ve hacia el techo—.Gracias a Petunia.
— Gracias, por disculparte. ¡Ahora! — digo en voz alta alzando mis manos y doy varios saltitos—. Me voy corriendo. Avísale a mi jefe que quizás llegaré una hora tarde— me apresuro a marcharme, pero no sin antes dar una palmada leve sobre su trasero.
— ¡Sabes que él me da miedo!
— El jefe no va a matarte. Tranquilízate.
— No va a hacerlo, pero muy bien que podría.
— Ay, súperalo — digo desde la puerta—. Ya me voy. No me dejes mal.
— ¡Skylar!
Escucho su grito, pero ya he cerrado la puerta.
Al salir voy corriendo hacia la parte trasera del edificio. La gente me ve extraño. Eso quiere decir que el disfraz es bueno.
— ¡Soy yo. Skylar! — grito antes de tomar mi bicicleta mientras levanto el vestido y lo enrollo entre mis piernas, sujetándolo con unas pinzas para que no me moleste en el camino.
— ¡Es Skylar! — grita la Señora Betty desde su diminuto local de víveres. En ese instante es cuando noto a todos los que andan por allí. Lucen confundidos, pero sí me reconocen al final.
— ¡¿A dónde vas con esa pinta tan horrible?! — pregunta Clark, un muchacho que siempre le echa aceite y aire en las ruedas a Petunia. También es nieto de la señora Betty.
Su comentario me hace soltar una carcajada al igual que a los demás presentes.
— ¡Voy a trabajar. Es un trabajo de unas horas. Pero no me dejan ir con mis looks originales! ¡Dicen que no aceptan locos, así que me vestí para la ocasión!
— ¡Ah, ya! ¡Pero que conste que te ves espantosa! — devuelve Clark.
— ¡Lo sé! — le hago saber—. Gracias, esa es la idea.
Luego de eso, salgo con toda la rapidez que puedo de Doomville. Son alrededor de 20 minutos en Bici, pero ya estoy tan acostumbrada a Petunia que, recorrer distancias largas no me afecta ni un poquito.
Kyouhei dice que podría matar una vaca con mis piernas debido a que siempre las tengo en constante ejercicio. Digo, hay que aprovechar la ocasión para hacer que todo lo que hago me resulte como un ejercicio, de lo contrario estaría jodida ya que, a pesar de estar ligeramente delgada, subo de peso con algo de facilidad.
— A ver, a ver. ¿Dónde estaba la mansión de la loca? Digo, Donna Shannon— murmuro para mí mientras ando en la bicicleta. Mi bolso lo he pasado hacia mi espalda mientras manejo a Petunia.
Abro mis ojos un poco más y asiento al ver finalmente, después de 10 minutos buscando con la mirada, la bendita mansión que en vez de mansión, parece una especie de palacio.
— Mucho lujo — comento para mí misma al llegar al frente de una gran fachada.
He pasado la seguridad ya, tengo un permiso firmado por Donna, y ya los tipos reconocen mi disfraz. Longville es como un enorme barrio de pura gente rica. Todos viven cerca y la seguridad solo es una al principio de la calle.
Veo hacia arriba y noto las cámaras de seguridad.
— Hola— Saludo como si alguien me estuviera viendo—. Hola — alargo mientras sonrío aún en dirección a la cámara.
No me importa estar frente a ellas ya que mis lentes de sol oscuros y la peluca no me delatarán.
— ¿Qué demonios estás haciendo? — escucho desde dentro.
Bajo mi vista con rapidez y miro a una chica del servicio en un ventanal.
«Supongo que por allí se asoman para chismosear.»
— Ay, hola. Soy la organizadora que la señora Shannon contrató para el evento de hoy — me acerco y poso mis manos sobre el muro del ventanal—. ¿Puedes abrir la puerta por favor? — le regalo una sonrisa amplia, a lo que ella me ve con fastidio y se aleja para abrir —. Pero qué amargada — murmuro para mí misma haciendo una mueca mientras camino hacia a la puerta.
Cuando ella abre, paso con rapidez y solo echo un vistazo al lugar. Ya lo detallé antes, cuando hice la entrevista. En realidad, éste tipo de lugares no me asombran. Son muchas personas en la ciudad principal de Bornerweek que viven así. Por lo tanto, ya no es sorprendente para mí ver un lugar lujoso cuando salgo de Doomville.
De hecho, creo que Doomville es el único lugar espantoso de la ciudad principal. Los demás lugares similares están muy lejos y son más decentes, o algo así.
— ¿Y la señora? — pregunto al no ver a nadie en la entrada, ni en la sala.
— Primero que nada. Es señorita Shannon — me corrige.
«¿Señorita? Pero si tiene 55. Y estoy segura de que se ha acostado con más tipos de los que yo podría contar con los dedos de mis manos. No tiene nada de señorita.»
— Lo otro es qué, la señorita está en su spa personal. No te atenderá, dijo que ya tú sabrías qué hacer — ella que dice eso y yo que la veo como si le fuera a pegar un golpe con la palma que está decorando una puerta al final de un pasillo—. Tus ayudantes fueron escogidos por ella. Y ya están todos en el área trasera de la casa, lugar donde se llevará a cabo la fiesta. Tienes solo 3 horas para organizar todo. Los invitados llegarán a las 7 pm, y la señorita quiere todo perfectamente listo para las 6pm. Supongo que ya lo sabrás, te lo tiene que haber dejado claro cuando te contrató.
En el camino ella va hablando demasiado. Ya me estoy mareando de tanta tontería. Definitivamente la estaba escuchando, pero ya estoy aburrida. Así que cuando ella me hace la gran pregunta, yo solo asiento.
— ¿Te quedó claro? — cuestiona mirándome con una seriedad que me hace creer que lleva un palo metido en el culo.
— Ajá. Tan claro como el agua —digo sin interés—. Ahora tú te puedes ir a hacer tu trabajo. Y yo voy a hacer lo mío. Hasta luego.
Al decir eso ella me ve un poco indignada, pero se va.
— Qué mujer tan fastidiosa — digo al aire, soltando un suspiro mientras cierro los ojos momentáneamente.
— Lo es. A todos nos hizo lo mismo.
La voz de un chico me sobresalta.
— Por Petunia — abro los ojos para dirigir mi vista sobre la persona que ha hablado.
— Tranquila. Todos estamos aquí por lo mismo que tú. Ya nos quejamos también. Solo faltabas tú — comenta una chica allí también. Es agradable.
Hay alrededor de 15 personas frente a mi cuando me doy vuelta. Lo que me sorprende, y también me alivia. Eso significa que vamos a terminar más rápido de lo que creí.
— Bueno. Me agrada saber que también tuvieron la libertad de quejarse. Eso significa que nos vamos a llevar bien — bromeo un poco haciéndoles sonreír para entrar en ambiente—. Me presentaré rápidamente. Mi nombre es Alía.
Ni loca diría aquí mi verdadero nombre.
Luego de las presentaciones, empieza el trabajo. No me permito ser floja o quedarme en un solo sitio. No me gusta hacer trabajos mediocres. Me gusta ganar dinero de forma honesta y rápida, así que prefiero ser efectiva y diligente.
Mi objetivo principal tiene que ser completar mi trabajo en la mansión. Y como sé que terminaré rápido, tendré tiempo de husmear un poco y enterarme de los últimos chismes entre los ricos.
Bueno, eso suena como un buen plan hasta que surge un pequeño gran detalle.