Prólogo
El amor es ciego, siempre me lo decían mis padres. Cuando te enamores no importa de quien, estarás en un estado de hechizo, algunos logran salir de él, pero otros quedan atados para siempre.
¿Cuál de las dos opciones era yo?
La segunda claro.
Es inevitable no caer ante él: Un hombre con una belleza casi otorgada por los mismos dioses de la mitología griega, lleno de misterio, una mirada tan gélida, que te hace estremecer, sentirte tan insignificante, solo basta mirarlo a los ojos para saber que estás muerto, el rastro de sus besos en mi piel fueron el paraíso que anhelaba y la condena a mi vida.
Mis padres siempre me advirtieron de él, tanto así que me llegue a cansar; Estaba cegada de un amor, no correspondió. Si tan solo hubiera escuchado a mis padres, las advertencias de mis amigos, todos sabían lo malo que él era para mí.
Menos yo.
Maldigo el momento en que nos conocimos, maldigo el día en que me gusto, odio el momento en que me enamore.
-Mi mayor error, fue enamorarme de la persona equivocada.