00. Introducción
El tiempo es algo tan extraño, simplemente no lo entiendo.
He leído todos los libros de la estantería vieja de mi padre y las únicas menciones que se hacen sobre el tiempo como para catalogarlo como algo pasajero, efímero. Por ende, hay que aprovecharlo.
Naces, creces, te estableces en el mundo, vives y mueres, así funciona el tiempo, o se supone que así debería de funcionar.
La vida es muy parecida a los libros. Ambos tienen un inicio, un desarrollo y, muy a mi pesar, un final.
Algunos finales son felices, como el final del libro de Orgullo y Prejuicio.
Otros finales son trágicos a más no poder, como la historia de Romeo y Julieta.
Finales esperados e inesperados.
Finales explicables e inexplicables.
Finales felices y tristes.
Finales completos e inconclusos.
Todo llega a su fin.
Es algo a lo que ya el ser humano está acostumbrado, pero...
¿Qué hay de mí?
He vivido al menos doscientos años en este bosque. No creo poder definirme como humana, pero, para mi eterna confusión, es a lo que más me acerco.
La muerte es descanso, un descanso que yo no puedo obtener.
Mi vida es repetitiva, un ciclo constante. Estoy cansada.
He hecho todo lo que un humano puede hacer en un bosque inmenso, o eso creo.
Humanos... Me gustaría poder acercarme a uno, pero me aterra pensar en el daño que pueden infligirles al bosque. O viceversa. Ya tuve una experiencia similar con una humana y no quiero que se repita.
Me niego a tener una vida sin fecha de caducidad.
Encontraré la manera. Tengo que morir.
Mientras descubro un método efectivo para darle fin a todo esto, seguiré fingiendo que puedo tener una vida normal.
Solo espero poder vivir una experiencia que haga que sienta calidez en mi corazón. Después de eso, creo que podré tener mi digno final feliz.
Encontraré una forma de morir, a no ser que encuentre una razón para vivir.
La inmortal desfalleciente
“Nunca estuve dispuesta a vivir por alguien más, pero por él viviría doscientos años de nuevo. No voy a forzarlo, me da miedo lastimarlo. Lo amaré en silencio y lo esperaré en éste bosque, con la esperanza que en todas sus vidas logrará encontrarme”

El mortal viviente
“Solo quiero que sea feliz y, con cada aliento de mi corta y fugaz vida, me encargaré personalmente de ello. Todo un viaje, toda una vida, las recorreré de nuevo solo para ver su sonrisa. No volverás a estar sola”.









