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Sobreviviendo al verano

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Sinopsis

Kara es una chica de 16 años que lo único que quiere es disfrutar del verano, pero se ve obligada a irse con su familia y la familia de su cuñado de vacaciones, estropeando todos sus planes. Sin embargo, conocerá a un chico, que aunque le dé muchos quebraderos de cabeza, hará de su verano uno de los mejores de su vida. Y le ayudará a quitarse muchos miedos. Porque sí, tiene miedos, y él también, y ambos sabrán cómo afrontarlos con la ayuda del otro.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1

Hoy presiento que va a ser un buen día, voy a divertirme como una chica de mi edad, dieciséis. Además, pronto es verano. ¡Solo queda una semana de clase! La verdad es que estoy emocionada, tengo ganas de terminar este maldito curso; pero, a la vez no. Tan solo son tres meses de vacaciones y luego vuelta a la “rutina”. Empiezo primero de bachillerato, algo que no tengo ganas de comenzar porque sé que es difícil. Pero bueno, no quiero pensar en eso, aún tengo tres meses por delante para mí sola; y, por supuesto, para pasar tiempo con Jasper, mi novio. Entro al cuarto de baño para peinarme porque he quedado con él. Bajo las escaleras para esperarle en el salón, pero en el camino me encuentro con mi madre.

―¿Dónde vas tan arreglada?

No voy tan arreglada, solo llevo unos pantalones pitillos negros y una sudadera azul clara.

―He quedado con Jasper.

―¿Aún sigues con ese chico?

―Y lo que me quede.

La relación entre mi madre y yo no es demasiado buena, por no decir que es pésima; es como si le molestara todo lo que hago, todas mis acciones le parecen erróneas, incluso sacar buenas notas. Pero el problema no es ese, sino que hace dos años volvió a casa para formar parte de nuestra vida otra vez. Cuando yo era muy pequeña mi madre se separó de mi padre, yéndose de casa y llevándose con ella a Mia, mi “queridísima” hermana gemela, y nos dejó a los demás con mi padre, pero hace dos años volvió, le pidió perdón y volvieron a estar juntos. Soy la única que le guarda rencor, o eso creo; aunque, como he dicho, es como si le molestara todo lo que hago y eso no ayuda a que la perdone.

Me siento en el sofá con Jade, mi hermana, y Max, su novio. Jade tiene veinticinco años, es la hermana mayor, luego está Stefan que tiene veintiún años, y, por último, Mia y yo. Max tiene veintiséis y lleva ya cinco años siendo la pareja de mi hermana, la verdad es que estoy esperando que se comprometan…

―No puedes quedar esta noche ―dice mi hermana.

―¿Por qué no? ―frunzo el ceño extrañada.

―Viene la familia de Max a cenar.

¡Oh, venga ya! Grito en mi fuero interno echando la cabeza hacia atrás con frustración.

―Y… ¿tengo que quedarme?

Mi hermana me mira alarmada y enfadada, como si hubiera dicho un taco. ¿Qué pasa? No es la primera vez que vienen y yo me voy…

―¡Pues claro! ―exclama mi hermana.

―Vale, vale ―levanto las manos de forma inocente.

―Ni siquiera sé si sabes que tiene un hermano ―agrega mi hermana un poco ofendida.

―Sí, lo sé, se llama… Dereck, ¿verdad?

―Sí… ―Max me sonríe.

―Lo conoceré otro día.

Sé que suena algo duro, pero aún no he conocido al hermano de Max, Dereck; y a su hermana pequeña, Chloe, la vi solo una vez hace ya varios años. Parece como si no me importara, pero sí lo hace, la cuestión es que no he tenido oportunidad, a veces ellos nos estaban, a veces yo no estaba. Aun así me sé bastantes historias de ellos gracias a Max.

―Pero es que os queremos contar una cosa esta noche… ―dice Jade poniendo cara de pena, sabe que esa mirada puede conmigo.

Yo le levanto una ceja a mi cuñado, para ver si es que se van a prometer ya, pero él me niega con la cabeza mientras mi hermana no se da cuenta.

―¿Qué cosa? ―vuelvo a fruncir el ceño, no es que me gusten mucho las sorpresas.

―Que nos vamos todas las vacaciones con su familia ―dice mi madre remarcando el todas y entrando al salón con los brazos cruzados.

¿Qué? ¿He oído bien? ¿Vacaciones? ¿Los tres meses?

―¿Qué? ―abro los ojos sorprendida― No, espera, no podemos irnos tres meses con ellos…

―¿Por qué no? ―salta mi madre a la defensiva.

―Kara… ―empieza mi hermana―, hemos alquilado dos casas en la playa, nos vamos la semana que viene…

―¡Pero yo no quiero ir! ―exclamo indignada.

―Vas a ir y punto, como todos ―sigue diciendo mi madre.

―Es una oportunidad para que nos conozcamos todos mejor ―Max intenta suavizar las cosas.

―¿No nos hemos conocido lo suficiente en cinco años?

Según lo visto, la respuesta estaba clara: no.

―Es un verano en familia… ―dice ahora mi hermana.

Un grito de frustración sale de mi garganta, y cuando veo a Jasper viniendo a mi portal salgo del salón y cruzo la puerta de entrada enfadada, dando un portazo que hace retumbar el marco de la puerta.

―¿Qué ha pasado? ―pregunta Jasper preocupado y asustado a la misma vez.

―Tengo que irme este verano con la familia de Max a la playa.

Me cruzo de brazos, haciendo un mohín y dejo que Jasper me abrace para tranquilizarme. Quizás sí me he pasado un poco, pero mis planes para el verano eran bañarme en la piscina y pasar tiempo con mis amigos y mi novio, porque después llega bachiller y todo se complicará más: cada uno elegirá una rama distinta y si ya este año hemos estado distanciados no me quiero imaginar el año que viene. Jasper me levanta la cabeza y puedo admirar sus facciones de nuevo. Es rubio, de ojos azules, un poco cliché la verdad, pero me gustan los ojos claros. Es alto y… está bueno, y es mío. La verdad es que no sé por qué se habrá fijado en mí, mi pelo es castaño y mis ojos son grises, como tristes. Salimos del portal de mi casa cogidos de la mano.

―No pasa nada, solo es un verano, tendremos más ―me dice.

Yo sonrío derritiéndome ante esas palabras.

―Ya, pero… no sé, quería pasar más tiempo con Bonnie.

―Tranquila… quizás incluso te lo pases bien.

Y, de pronto, lo noto; noto como algo cambia, en su forma de caminar, en su forma de cogerme la mano… no sé qué es, pero, algo ha cambiado. Intento arreglarlo como sea.

―No será lo mismo sin ti ―una bombilla se enciende de pronto en mi cabeza―. ¡Eh! Quizás te dejen venir.

―No creo, Kara, tu madre me odia.

―No te odia, solo que… bueno, no le agradas lo suficiente…―intento arreglarlo de alguna forma, pero no lo consigo, agacho mi rostro con tristeza.

La risa ahogada que sale de su garganta me indica que mi intento fallido no le ha molestado, así que me tranquilizo. Miro el reloj, las ocho de la tarde.

―¿Dónde vamos? ―le pregunto.

―No sé… ¿qué te apetece hacer?

―Ver una película.

―Pues vamos al cine, entonces.

Caminamos por la calle cogidos de la mano. Al llegar al cine, Jasper dice de ver una película de miedo. Sabe que no me gustan, aunque parece que ahora mismo no se acuerda. Yo me dejo llevar y acepto, pensando que en algún momento se dará cuenta de que no me gustan. Sin embargo, pagamos las entradas y las palomitas y entramos en la sala, la película empieza en diez minutos. Yo me siento un poco incómoda y empiezo a temblar. Él no se da cuenta, sólo está tecleando mensajes en el móvil.

La película empieza y yo le miro, sus ojos azules brillan con la luz de la pantalla, sus manos grandes cogen palomitas y las come. Su pelo rubio perfectamente peinado, la cruz que siempre lleva en el cuello… Vale, intento no centrarme en la película porque, si no, esta noche no voy a poder dormir. Miro a mi alrededor, a algunas parejas les ha faltado tiempo para empezar a besarse, otras se cogen de la mano mientras ven la película, cuando la chica se asusta el chico la besa; es raro… Jasper siempre aprovecha cada segundo para besarme, pero ahora solo mira a la pantalla, será interesante la película. Empiezo a comer palomitas sin ganas, solo para inspeccionar cada palomita antes de llevármela a la boca mirando la caja. Al cabo de lo que para mí es una eternidad las luces del cine se encienden y me levanto corriendo, lo único que veo antes de que Jasper me arrastre fuera son los créditos. Ya fuera sigo temblando y él empieza a hablar.

―¿Tienes frío? ―me pregunta mientras me deja su chaqueta.

―No… ―sigo temblando, aunque intento parar el titiriteo.

―¡Dios! ―se da un golpe en la frente como acordándose de algo―. No te gustan las películas de miedo…

¿Ahora se da cuenta? Le miro extrañada, no es como si se te olvidara que tu novia sufre con las películas de miedo.

―¿Lo has pasado muy mal? ―me pregunta, cómo si no supiera la respuesta.

―Bueno… no la he visto mucho…

―¿Por qué no has dicho de ver otra? ―su tono de voz suena un poco molesto, aunque lo dejo pasar.

―Se te veía emocionado ―me encojo de hombros.

Después de escuchar un breve resoplido por su parte, caminamos a la hamburguesería que hay justo al lado del cine y entramos. Nos sentamos en una mesa, uno al lado de otro, y sigo mirándole, lo hago mucho, me gusta memorizar cada fracción de su cara para cuando no puedo verle. Él mira la carta frunciendo el ceño, siempre lo hace cuando lee algo, es algo que me parece mono. Pero, todo en una persona te parece mono si estás enamorada, ¿no? Sí, estoy enamorada de él, desde pequeños siempre me ha gustado, y cuando se fijó en mí en vez de en mi hermana… Aún me late el corazón muy rápido cuando pienso en eso. Mi mirada se dirige a la barra que hay detrás de Jasper. Un chico detrás de esta me mira, es guapo. Intento borrar ese pensamiento de mi cabeza cuando Jasper me habla:

―¿Sabes lo que quieres ya?

―Lo de siempre ―digo de forma obvia.

―¿Y qué es?

¿En serio no sabe qué pido siempre? ¡Si venimos cada semana!

―Un sándwich mixto ―le digo un poco molesta.

No sé qué le pasa hoy.

―¿Y de beber? ―me dirige una mirada hastiada.

―Agua.

Normalmente pido un refresco, pero no estoy feliz, así que mejor pido algo diferente a ver si se da cuenta.

Pero no. Él llama a la camarera y pide nuestra comida y bebida. Empieza a mirar el móvil, ni siquiera me mira a mí, ¿por qué no me habla?

Traen la comida, comemos, pagamos y salimos a la calle. Todo esto sin hablar ni una sola palabra. ¡¿Se puede saber qué le pasa?! Está muy raro, demasiado, normalmente no es así. Normalmente se da cuenta de que tengo frío, me abraza, me besa… A lo mejor está pensando en la forma de juntarnos este verano, quizás sí le pregunte a mi madre si se puede venir con nosotros. O… ¡Dios! Pasado mañana cumplimos dos años juntos. Sí, seguramente piensa en qué regalarme, dos años se dice muy pronto, pero… uf… Me puedo tirar un día entero rememorando un beso nuestro… me podría tirar la vida entera rememorando dos años, entonces. Una sonrisa aparece en mi cara, una sonrisa que no derribarán ni mi hermana, ni mi madre, ni el estúpido viaje de verano. Creo que la sonrisa se ha quedado marcada para siempre.

Llegamos a mi porche y le miro ilusionada para besarle, pero me doy cuenta de que algo no va bien. Él está serio, más serio de lo normal. Le miro alarmada.

―Kara… tengo que decirte algo importante.

Uf, al menos no era un tenemos que hablar, así que no creo que sea nada malo.

―Claro, ¿qué pasa?

―Lo siento, pero… es mejor que lo dejemos aquí.

¿Qué? ¿Está cortando conmigo?

―¿Dejar qué?

Venga, ahora es el momento de que lo arregles o de que me despierte. Sí, esto es más parecido a una pesadilla que a una de sus bromas de mal gusto.

―Lo nuestro ―dice mirando el suelo.

Mi boca se abre, mis ojos le miran asombrados, mi mundo se desmorona, mi corazón se rompe, todo en lo que creía desaparece; sin embargo, sigo en estado de shock.

―¿Por qué? ―consigo articular.

Él sigue sin mirarme, le cojo de las manos para ayudarle a explicarse, pero me las suelta de golpe (de forma inconsciente).

―El verano es muy largo y… tú no estarás aquí, pueden pasar muchas cosas, se conocen a otras personas…

―Pero Jasper, yo nunca te sería infiel, y lo sabes ―con lágrimas en los ojos pongo mis manos en sus mejillas para obligarle a mirarme.

―No hablo de ti ―me coge mis manos y las separa de su cara―, puedo conocer a más gente…

―Y no quieres que nadie te ate ―completo por él.

Y entonces lo entiendo todo: ya no me quiere. Mi corazón vuelve a romperse, noto como duele, noto como la sangre comienza a hervirme, noto como las lágrimas asoman por mis ojos queriendo formar carreras a lo largo de mis mejillas; pero, no lo permitiré, no me derrumbaré delante de él. Jasper me mira como si estuviera arrepentido, pero sus ojos dicen lo contrario, me miran como si se hubiera quitado un peso de los hombros. ¿Eso es lo que soy para él? ¿Un estorbo? Le miro dolida.

―Kara yo…

Me doy la vuelta y entro corriendo a casa, no quiero escuchar ni una sola mentira más de sus estúpidos, carnosos y sexy labios. Nada más cerrar la puerta me echo en ella y me pongo a llorar. Mi hermana aparece con Max en el recibidor y la ira empieza a crecer en mi interior.

―¡Todo esto es culpa tuya! ¡Tú y tu estúpido viaje! ―grito mirándolos mientras subo las escaleras corriendo para entrar en mi cuarto y ponerme a llorar. Tengo que echarle la culpa a alguien, aún no me creo que Jasper me haya hecho esto… es… imperdonable, impredecible, ni siquiera tengo sentimientos ahora mismo. Solo ha cogido mi corazón y lo ha espachurrado entre sus manos, no puedo dejar de llorar y mi mente está en blanco. Oigo ruido abajo y sé que he reaccionado de mala manera, pero lo único en lo que puedo pensar es que, si no nos fuéramos de vacaciones fuera, yo seguiría con Jasper. Pero, si no me quiere, tarde o temprano me hubiera dejado y me habría dolido igual…

Mis pensamientos se ven interrumpidos por la puerta abriéndose. Jade entra seguida de Stefan.

―¡¿Sabes lo mal que ha estado eso?! ―grita mi hermana enfadada, y la entiendo, seguramente Max esté calentándose la cabeza pensando en qué ha hecho para que yo esté así, no suelo llorar de esta forma a menudo.

Gimo entre lágrimas, soy una estúpida, simplemente soy una estúpida, siempre lo hago todo mal, todo, sin excepciones.

―Jade, déjame hablar con ella ―dice Stefan.

Él siempre me ha ayudado, me ha salvado de situaciones vergonzosas, y aunque es un poco sobreprotector siempre ha estado a mi lado sin decirme “te lo dije” cuando él llevaba razón antes de que me pasara algo malo. Mi hermana sale de la habitación, seguramente escuche detrás de la puerta.

―¿Qué ha pasado, Bambi? ―dice mientras me funde en un abrazo.

Me llaman Bambi porque me encanta esa película y mi animal favorito es el ciervo. Solo dejo que él, Jade, Bonnie, Max y mi padre me llamen así.

―Jasper… ―mi voz se quiebra con solo nombrarle y solo puedo abrazarle más fuerte mientras lleno su camiseta de lágrimas para nada silenciosas.

―¿Te ha dejado?

Yo asiento.

―¿Por qué? ―pregunta extrañado.

―¿Qué? ―exclama mi hermana entrando a mi cuarto. Sabía que estaba escuchando―. ¿Por qué?

Me separo de mi hermano un poco para mirarlos a la cara, la cara de compasión que muestran siempre la he querido evitar.

―Ha dicho… ―intento no atragantarme con mis propias palabras―, que… el verano es muy largo… y… y que… podríamos… conocer a… otra persona… ―balbuceo entre sollozos.

―Vamos, que no quiere estar atado ―simplifica mi hermano.

Las lágrimas vuelven más fuertes nublando mi vista otra vez y los dos me abrazan.

―Ese hijo de… ―susurra Jade entre dientes.

El abrazo es realmente reconfortante, nunca había llorado tanto, no desde hace mucho, mis gemidos se vuelven más fuertes mientras me desahogo, pero esto parece no tener fin. Literalmente me duele el corazón, el pecho, la garganta, la cabeza, pero sobre todo siento como si me hubieran cortado el corazón a la mitad, doliendo a cada latido. Quizás esto es llamado “sentir que te rompen el corazón” porque sientes como si te lo hubieran roto literalmente. Me voy calmando poco a poco intentando pensar en otra cosa, y es que, le debo a alguien una disculpa.

―¿Puedes decirle a Max que venga? ―le pregunto a Jade.

Ella asiente y sale de la habitación dejándome sola con mi hermano.

―¿Quieres que le rompa la cara?

Sonrío, la verdad es que eso estaría bastante bien, y sería divertido de ver, pero solo su mención hace que me suma otra vez en la pena de hace dos segundos y las lágrimas salgan otra vez con más fuerza. Le doy una respuesta a Stefan negando con la cabeza.

―…Le voy a romper la cabeza a ese idiota… ―escucho decir a Max entrando en mi cuarto, sin pedirlo siquiera me abraza, es como otro hermano mayor para mí. Es reconfortante saber que tienes a gente alrededor que te quiere, cuando estás realmente mal te das cuenta.

Después de lo que parecen diez minutos me suelta y yo le intento mirar a los ojos, aunque como tengo la vista nublada es un poco difícil.

―Lo siento, siento haberos gritado a los dos ―digo con la voz más rota y baja de lo normal.

Mi hermana me mira satisfecha, aunque en sus ojos aún puedo ver compasión.

―No me pidas perdón, no pasa nada, Bambi…

―Ahora tengo más ganas que nunca de ir con vosotros de vacaciones… ―digo mientras se forma una sonrisa en mi rostro y ellos ríen.

Empiezan a contarme anécdotas, intentando hacerme reír y más tarde se van porque se nos hace tarde. Me pongo lentamente el pijama, haciendo lo que nadie que tenga el corazón roto debería hacer: pensar, y, bajo ningún concepto, pensar en Jasper. Repito una y otra vez todas las escenas con Jasper, las primeras, y las últimas, y empiezo a darme cuenta de cosas que antes no veía. Cosas que creía que estaban bien y ahora no lo veo tan claro, quizás nunca me ha querido realmente. En clase no quería sentarse a mi lado, suponía que era porque no quería distraerse, pero… quizás simplemente no quería estar a mi lado ¡Joder! ¡Siempre me sale todo mal!

Me meto en la cama y las lágrimas vuelven a salir veloces. ¡Ha sido una mentira todo este tiempo! ¡Estoy harta! Quiero irme, irme lejos, no volverle a ver en mucho tiempo, dejar de sentir el constante pinchazo en el pecho, no volver a sonreír mirando una foto suya, quiero dejar de existir…

Y así, entre lágrimas, después de horas llorando sonoramente, mis sueños se entremezclan con mis pensamientos.

¡Cuéntale a Cristina Rodríguez lo que piensas sobre este capítulo!
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