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Osiris

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Sinopsis

Mi cuerpo tiembla frenéticamente ante la presencia inhumana que yace frente a mí. El sujeto sale de las sombras permitiéndome observarlo bajo la luz de la luna, luce una gabardina negra manchada en sangre, su cabello negro le cae por la frente pegándose a este por el sudor que lo recorre, sus ojos grises me observan con detenimiento haciéndome erizar la piel. Sujeto con fuerza mis dagas con miedo a que se me resbalen ante el pánico que me invade. Algo no está bien. Mi razonamiento se está nublando con solo la presencia de este tipo, es como tener a un demonio enfrente y saber que tu hora de morir finalmente ha llegado. —Supongo que si eras tú— su voz es firme e indiferente. Observa el cielo con una expresión de molestia en su rostro. Sujeta una espada negra de la cual gotea un espeso líquido carmesí. Si me enfrento a este hombre moriré… —¿Quién eres?— Pregunto estando alerta ante cualquier movimiento sospechoso. ---Ya veo---dice sujetando su mandíbula abismado. Tengo mucho miedo. No quiero morir, yo no quiero…

Genero:
Fantasy/Mystery
Autor/a:
Betrix7
Estado:
En proceso
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Introducción

El cielo y el infierno están divididos por naturaleza, el cielo está lleno de seres misericordiosos y en el infierno habitan los crueles inhumanos, pero, ¿Es realmente así?

Uriel y Astaroth. Los demonios más poderosos del inframundo, poseían un poder inigualable, sus deseos de destrucción eran incontrolables.

Pero el cielo se apiadó de los humanos.

El arcángel Atenea había descendido del cielo con un único propósito: proteger a la humanidad de los deseos del inframundo.

Su solo presencia hacía temblar a los demonios de bajo nivel, no era así con Uriel y Astaroth, los cuales hicieron mil intentos con tal de engañar a Atenea y abrir las puertas del infierno.

Pasaron mil años, y sus intentos nunca dieron resultados, pues el poder de Atenea sobrepasaba incluso los poderes de Lucifer.

Los demonios se rindieron, pero Astaroth siguió visitando al arcángel en el límite del infierno. Aquella frontera que dividía el inframundo de la tierra: las rejas de ecosia.

Astaroth tenía curiosidad por Atenea, ese ser a simple vista era perfecto, pero no demostraba emoción alguna, no mostraba misericordia o gracia como lo hacían ver los humanos.

---¿Eres un ángel o un demonio?---le había preguntado Astaroth con curiosidad, pues aquel ángel, con forma de humana, estaba manchada en sangre.

---Veo que no hablas mucho ---volvió hablar al no tener respuesta. Los cadáveres humanos estaban apilados alrededor de la puerta, eran seres banales guiados por su hermano Uriel.

Los siglos pasaron y Astaroth siguió visitando al ángel, le hablaba como si dicha mujer había sido enviada solo para escucharlo.

---Uriel solo se la pasa regañándome ¿Sabes? Es tan molesto, es el más fuerte de los dos, así que solo tengo que guardar silencio o moriré---Astaroth solo había dicho “morir” como expresión, ya que él sabía que no podría hacerlo. Pero nunca pensó escuchar tales palabras provenientes de esa mujer.

---Solo yo poseo el poder de acabar con la existencia de un demonio ---- Astaroth abrió los ojos y su boca con asombro. Había perdido la noción del tiempo, ¿Cuántas décadas habían pasado ya? ¡Esta mujer nunca había hecho siquiera un ruido! Sonrió por el pequeño logro que había conseguido, no dejaría pasar esa oportunidad.

----¿Puedes matarme?---le pregunto a la mujer con mirada sincera.

Astaroth era un demonio antiguo, había vivido tanto tiempo que su existencia era de por sí abrumadora. Espero por unos segundos, pero la respuesta nunca llegó, así que sonrió con gracia, no podía esperar mucho.

---¿La vida es tan mala?--- hablo el ángel haciendo sobresaltar a Astaroth.

Él lo pensó antes de responder.

---Yo no tengo una vida---respondió mirando hasta el interior del inframundo, esa era la vista que él tenía, y que tendría siempre.

---¿Qué es una vida?---pregunto de nuevo el ángel. La vista de Atenea se enfocaba en el hermoso cielo que había creado su padre.

Astaroth no sabía cómo responder a esa pregunta, así que dijo lo primero que se le vino a la mente:

---Tener una familia y ser feliz, supongo que esa es una buena vida.

El silencio reinó entre ellos, pero no era un silencio incómodo. Astaroth estaba acostumbrado a solo hablar, y Atenea solo a escuchar, de alguna forma ambos se completaron.

Capítulo 1.

Las notas musicales resuenan por todo el lugar agitando mi corazón por el nerviosismo. Sonrió amablemente al ser objeto de tantas miradas; por supuesto, no son miradas de agrado, seguro se estarán preguntando que hace una plebeya como yo bailando con el hijo del Duque.


El hombre frente a mí se inclina levemente extendiendo su mano, la cual acepto imitando su postura; me sujeta de la cintura coordinando sus precisos pasos de baile con los míos; no soy tan mala, sin embargo, escucho las risillas de burla por parte de las hijas del Duque; las gemelas Dosom. Pisoteo el pie de mi pareja haciéndolo soltar un quejido de dolor.

---Lo siento --- me disculpo sinceramente. Hace caso omiso dando vueltas conmigo mientras mi ostentoso vestido se mueve al compás de la música, el baile culmina y los aplausos resuenan por parte de los invitados. Por supuesto, tal muestra de respeto no va dirigida hacia nosotros, sino a la pareja del lugar.

El príncipe Alexander y su acompañante, la hija del Marqués de Sale. Larissa Bernabé.


Soy llevada junto a mis padres por el hijo mayor del Duque; Stefan Potrey, el cual fue notablemente presionado por mi madre para bailar conmigo, y lo único que se llevó a cambio fueron los pies amoratados por mis pisotones.

Mantengo la cabeza gacha mientras sostiene mi mano dejando un casto beso sobre esta.


Fue un desastre.


La fiesta de gala de la familia real, un evento realizado para que el príncipe conozca a una bella doncella digna de convertirse en reina; las doncellas elegidas para el príncipe pasan por una exhaustiva evaluación con el fin de establecer si son realmente adecuadas para dicho puesto.

Cabe resaltar que dichas doncellas deben pertenecer a la clase noble, deben ser hijas de hombres importantes del reino.

Agradezco que dicha norma esté establecida, o de lo contrario mi madre me hubiese entregado ante los pies del príncipe sin dudarlo un segundo, y eso no es algo que ahora quiera hacer.


Dicho evento también es aprovechado por la clase media, con el fin de conseguir un buen partido para sus hijas.


Entre esas personas están mis padres, mi padre, quien es el Barón de Casal, posee un título con menor valor en este país, pues el Barón no gana ni la tercera parte de lo que gana un Duque, y por ello, estamos en aprietos.


Así es, soy el sacrificio de la familia Benavídez, ya que mi hermana aún es una niña, no puede conseguir un esposo, por lo que, la siguiente en la línea soy yo.

Con diecisiete años edad, mis padres han tratado de conseguirme pareja de una forma bastante insistente, sin embargo, me han rechazado innumerables veces. El motivo más común es la posición económica en la que se encuentra nuestra familia.


Mi familia decidió dejar de buscarme pareja, se resignaron al hecho de nunca verme caminar hacia el altar vestido de blanco, algo con lo que estaba completamente de acuerdo; todo hubiese seguido igual si no fuese porque mi hermano mayor se metió en problemas con el hijo del Marqués y huyó; ahora tengo que cargar con la culpa de sus acciones.


Observó curiosa como Stefan se dirige hasta la mesa de la realeza, no le ha quitado los ojos de encima a la princesa Lea desde que comenzó la gala. Extiende su mano hasta ella, la cual la acepta con una sonrisa; me pregunto si Stefan habría hecho lo mismo si el rey se encontrara presente, según dicen, es un padre bastante sobre protector con su hija, no podría decir lo mismo de su hijo, el príncipe Alexander, el cual se encuentra en una conversación muy incómoda con la hija del Marqués.

A ella se le ve muy feliz, me pregunto si sabe la clase de padre que tiene; un ser despiadado que amenazo con cortarle el cuello a una familia completa solo por unas cuantas libras esterlinas. Apretó los puños al recordarlo.


Observo detalladamente al príncipe Alexander, su cabello castaño está perfectamente cortado y peinado hacia un lado, su nariz es perfilada y su piel blanca, posee unos hermosos ojos verdes los cuales brillan ante la luz que se reflejan en ellos, es el hombre más bien parecido de este reino, hubo una época en la que creía estar enamorada de él, había leído muchos cuentos de fantasía, donde el príncipe se enamoraba de la granjera pobre; pensaba que un día me pasaría, dicha fantasía termino cuando un día, el joven y amable príncipe asesino a seis espías del reino de norte en la capital, frente a los ojos de todo el pueblo, apenas tenía 12 años, ¿Cómo pudo un niño hacer algo así?


Es bastante hipócrita de mi parte deliberar eso.


El príncipe se levanta junto a Gabyna, la hija del Marqués, se encaminan por el pasillo pasando frente a todos, y ya se sabe a lo que va.

Es una pequeña ceremonia privada, donde presenta a su acompañante a su padre, y después verifica que su futura esposa esté libre de impurezas. Si no se convence de que es así, simplemente desecha a la doncella, pasando a la siguiente.


La fiesta llega a su fin para nosotros cuando el hijo del Duque, Stefan, se va del lugar acompañado de la princesa Lea. Cuando subimos al carruaje mi madre estalla soltando maldiciones sin parar, alegando que deje ir una buena oportunidad, pues el hijo del gran Duque era una de las mejores opciones que tenía.

Por supuesto que tenía razón, pero ¿cómo podría yo competir con la princesa?


A su lado solo soy un trapo viejo, la princesa Lea, al igual que su hermano, comparten el título de las bellezas del Reino Dragonsfort. Su hermoso cabello rubio es admirado a diferencia del mío, el cual tiene un color un tanto particular.

Sus rasgos fáciles son delicados, sus mejillas rosáceas la hacen ver un ser inocente y frágil, es pequeña y tiene una figura de admirar. No sería digna ni de ser llamada su competencia.

Pese a presentar esa envoltura perfecta, cualquiera supondría que la princesa es una arrogante que se aprovecha de su poder, ella es todo lo contrario a su hermano, la he visto un par de veces socorrer a los heridos que regresan de la frontera, también se dice que construyeron las torres de cárcel gracias a ella, para así evitar más muertes innecesarias.


El hijo del Duque, por otro lado, es un arrogante que ni siquiera se dignó a dirigirme palabra alguna, era lógico, pues él en ningún momento había mostrado interés en mí, si no fuese por la insistencia de mi madre, él no habría bailado conmigo, pues su atención siempre estuvo puesta en la princesa.


Opto por ignorar los reclamos de mi madre, por lo que ella evita seguir con la discusión, mi padre se mantiene en silencio, ahogado en sus pensamientos. Lo imito mientras observo el cielo, aún es de día, pero es igual de hermoso como la noche.

Al llegar a casa, subo a mi habitación sin despedirme, me encuentro demasiado molesta con mi madre y su insistencia. Arrancó la peluca que cubre mi cabello natural, odio está cosa, me da dolor de cabeza y pica mucho, pero según mi madre debo cubrir el horror de mi cabello o nunca c

onseguiré un buen esposo. Arrojo la cabellera negra contra la pared furiosa.

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Buenos personajes

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