Chapter 1
Tomás era muy tolerante. Bueno, era lo más tolerante que se puede esperar de un adolescente de diecisiete años, pero vamos, que lo intentaba.
Su prueba de fuego vino de la mano de otro compañero de clase con pinta de asiático. Luego más tarde descubrió que era japonés y no chino. Él no podía ver la diferencia entre unos y otros e hizo el soberano ridículo hasta que una compañera de clase lo sacó muy amablemente de su error. Lo siguiente fue pensar en cómo de graciosa sería su voz intentando hablar español. Craso error. Tomás se quedó en shock al oír al chico con carita de chino hablar perfectamente el idioma, sin acentos raros o palabras mal dichas.
—Joder como son los chinos de listos.
—Es japonés, besugo —insistió por tercera vez Raquel.
—Eso, japonés. Se sabe nuestro idioma a la perfección.
Su amiga y compañera cercana de asiento se le quedó mirando plano, parpadeó lento de manera dramática y le susurró.
—Es más español que tú y que yo, lleva en el país desde que tenía un añito.
Tomás se quedó perplejo y no dijo más. Ahora que lo miraba bien... Bueno, seguía pareciendo chino o japonés o lo que fuera, pero al escucharlo más detenidamente lo confirmó: esa manera de hablar era más española que un pincho de tortilla con cerveza.
Yuzu "Nosequé" se llamaba. No muy alto, de complexión delgada, cuerpo fibroso y ojos oscuros extrañamente grandes. Sonreía por todo y a todos, nunca levantaba la voz ni decía palabrotas. Era un estudiante aplicado, responsable, amable, colaborador, solícito y tímido. De gestos suaves y predeterminados.
"Pues para llevar toda la vida en España, parece el típico japonés sonriente y reservado". Aquella fue la primera impresión de Tomás sobre el nuevo alumno.
Con el pasar de los días y las semanas a Tomás le empezó a pasar algo, y ese algo era el tener a Yuzu en su mente más de lo debidamente saludable. Habían coincidido en un par de conversaciones grupales y algún que otro saludo escueto en la mañana, pero nada fuera de lo común. Descubrió que se mordía las uñas, los lápices y hasta los labios en los exámenes. Se fijó también en que al leer, su expresión adquiría una serenidad grave que le confería profundidad a su mirada. Reparó en sus manos, en su piel y en su perfil.
Tomás se preguntó, y no por primera vez, si era normal tomar en cuenta esos detalles de otro chico. "Será porque es extranjero. Bueno, vale no, será porque es de otra etnia". Yuzu había demostrado que de extranjero tenía a sus padres y poco más. Dos meses después, el listado de detalles en los que reparaba Tomás aumentó considerablemente. La piel de Yuzu era lisa y perfecta, su mentón redondeado, sus dedos estilizados, su cintura estrecha y su sonrisa muy llamativa.
Llegó un punto en que Tomás comenzó a ponerse seriamente nervioso en presencia del japonés. ¿Cómo se supone que piensas esas cosas raras de otro chico y te quedas impávido? Pues no se supone, te pones nervioso y punto.
Yuzu no tenía grupo propiamente dicho, se llevaba bien con todos, pero sin definirse. Y por ello Tomás se vio privado de su compañía sin excusas plausibles.
—Hazle una foto, te durará más.
Su corazón saltó, brincó y él enrojeció.
—¿Qué? No sé de qué coño hablas. —Si su voz no hubiera decaído en una afonía, hasta pasaría por seguro e indiferente.
Raquel lo estudió largo y tendido, con sus ojos avellana diseccionando cada gesto de su amigo. La chica pestañeó, giró la cabeza en dirección a Yuzu y lo miró otra vez.
—Vaya, vaya, vaya...
—¿Qué? —Su brusquedad no hizo sino alentar una sonrisa en su amiga.
—Nada, campeón.
Tomás se refugió en Historia del Arte y vio borroso por el pánico. Raquel se apiadó de él y no dijo absolutamente nada.
*
Tocó trabajo grupal. Lejos de parecer excitante o cliché, Tomás se tomaba muy en serio ese tipo de trabajos. Los había que intentaban liderar y controlar al resto, los había dejados en sus responsabilidades y hasta farsantes. Así pues, se aseguró a los de siempre y estos eran: Raquel, Sara, Lola y Carla. Se conocían a la perfección y cada uno sabía el papel a desempeñar. Eran una máquina perfectamente engrasada y lista para dar lo mejor de sí... Todo eso hasta que a Raquel se le ocurrió reorganizar grupos. La muy bastarda sacrificó, en opinión de Tomás, a Lola por la entrada de Yuzu a su club exclusivo. Lo único bueno era que se aseguró de que Lola fuera aceptada en otro grupo y además con buenos referentes.
"Puta entrometida". Desde aquella conversación, su amiga, ex-amiga no paraba de lanzarle sonrisillas y miraditas irritantes. "Tú a lo tuyo". Se insufló valor y actuó súper normal y profesional delante del japonés.
"Madre mía que piel más... cuidada. Tiene los labios gorditos y los pómulos muy definidos. Se está mordiendo mucho las uñas. Me habla muy bajito y se le nota cohibido. Tiene un cuello bonito. El pelo le brilla y es tupido. Su sonrisa es... llamativa. Qué gracia como se rasca la nariz. No es capaz de aguantarme la mirada... ¡Eh! Pero a ellas sí. ¿Qué pasa?¿Yo le caigo peor? Qué organizado es. Pero qué ocurrente. Está mordiendo el puto bolígrafo y... "
Salió de aquella clase con taquicardia y una ofuscación que le duraría todo el fin de semana.
*
Tomás era muy tolerante con todo, pero también disperso y joven. Así que hizo lo que cualquier adolescente distraído y confuso: hacer como que no ocurre nada y encabezonarse en reprimir esos pensamientos tontos.
La tontería de su nueva y restablecida actitud indiferente le duró hasta después de las Navidades y pasado enero. Cuando por fin se rindió a su morboso placer de contemplar a Yuzu, descubrió varías cosas.
La primera era que Raquel estaba muy pero que muy molesta y según palabras textuales: "Mega ultra decepcionada".
La segunda era que Yuzu ni le miraba. Ni una cruzada de ojos ocasional, ni un saludo, ni una sonrisa, ni nada. Le rehuía como de la peste. Incluso si Tomás decidía dirigirse a él para cualquier tontería, el chico le respondía muy correcto, pero serio y seco. Algunos glaciares contenían más calor humano que el rostro del japonés. Fue entonces que empezó a sentirse agitado y nervioso en el mal sentido. En el sentido de la angustia y paranoia. ¿Por qué? Pues a ver... Porque Yuzu era amable con todos excepto con él, que era como que un poquito bastante frío. Porque ver al chico interactuar con todo cristo y quedarse con las ganas de estar con él, de sentirlo cerca, esas cosas extrañas en las que le costaba pensar y admitir, le resultaba muy molesto y le generaba desazón. Sus ojos tenían la cochina manía de observar esos labios regordetes mordiendo el bolígrafo. Tomás no sabía realmente el porqué de esa obsesión por su anatomía y por su frialdad. Intentó por activa y por pasiva establecer algún tipo de contacto o acercamiento y dio resultado un trece de febrero.
—... Puedes venir si quieres. —Era Yuzu invitándolo a tomar algo en la cafetería después de clase.
—Okey.
Tomás perdió la elocuencia, la lengua y varias de sus neuronas. El chico le sonrió y asintió tímido. Él se quedó como un gilipollas apoyado en la pared del pasillo.
—¿Entramos? —sugirió Yuzu suavemente—. La clase va a empezar.
—Claro, claro.
Entraron juntos y la clase al completo los observó entre risitas y cuchicheos, el caso fue que Tomás ni se percató por andar con los ojos pegados al culo del japonés.
La salida a la cafetería no era a solas, de hecho, nunca estaban a solas. Pero no importó porque volvía a tenerlo cerca y a poder hablar con él. A partir de aquel día y a cuentagotas, ambos chicos crearon una relación más cercana y real, en donde la confianza fue ganando terreno. Así supo de peculiaridades de su cultura, de sus padres y por qué se mudaron. De que le gustaba el anime y el manga, de que su color favorito era el azul, de que tenía sólo amigos de su etnia y él estaba cansado de vivir aislado. Supo que cuando se ponía muy nervioso y alterado se mordía las uñas, los labios y destrozaba los bolígrafos. Supo también que su comida favorita era el guisado de carne con patatas.
Y supo... que cuando Yuzu era muy joven practicó patinaje artístico, pero que una caída aparatosa y la elección de querer ser orientador social le hicieron dejar los campeonatos. Podría haber sido profesional y hasta postular para los Juegos Olímpicos.
—No merecía la pena. El nivel de exigencia es tan alto que sólo vi un camino infernal. Me hubiera gustado ser profesional, sí, pero igualmente voy de vez en cuando a algún concurso local y estatal.
—Ohhh. —dijeron todos cabeceando.
—También suelo entrenar los sábados para no perder forma.
—Tenemos que verte, joder —expresaron entusiasmadas Lola y Sara.
—En mallas. —recalcó Carla.
Yuzu sonrió sin sentirse para nada cohibido y asintió. Eran ya muchos meses los que se conocían y aquellas chicas vomitaban más improperios que un marinero curtido y borracho.
Tomás frunció el ceño pensativo. No se imaginaba al japonés patinando así; sus movimientos siempre eran cortos y comedidos, el patinaje en cambio era expresión en estado puro. No es que fuera fanático, de hecho, muy rara vez veía los Juegos de Invierno, pero se hacía una vaga idea.
*
Lo que empezó como pequeñas salidas a la cafetería después de clase se convirtió en Yuzu visitando la casa de Tomás, Yuzu conociendo a sus padres, Yuzu conociendo a sus amigos que no eran de clase y a Yuzu pasando la tarde con él. También se tradujo a Tomás en casa de Yuzu, Tomás conociendo a sus padres, Tomás viendo su cuarto súper ordenado y varias estanterías de cómics, Tomás enviando WhatsApps a Yuzu a cualquier hora del día si no se veían y en definitiva, a vivir pegados como lapas.
Ya había conseguido lo que quería: ser cercano y amigo del japonés. Entonces... ¿Por qué se sentía inquieto y frustrado?¿Por qué necesitaba estar siempre con él? Eso no le pasaba ni con sus mejores amigos del alma.
"A lo mejor es porque como es japonés me retengo en mis muestras de afecto. Yo soy cariñoso con mis amigos y a los nipones no les gusta el contacto físico. Igual si dejo de retenerme y a Yuzu no le molesta... me sentiré por fin tranquilo".
Y con esa bizarra pero convincente premisa, Tomás empezó a tocarle más. Un brazo pasado por los hombros, una mano en la espalda, una caricia en el pelo, un toque de manos, un pequeño golpe en la rodilla o muslo, un abrazo, un toque suave en la nuca, un agarre de muñeca, un susurro cercano con las narices juntas, miradas y sonrisas afines... Sí, decididamente Tomás se sentía menos ansioso y más relajado. Pero le duró un tiempo hasta que empezó a necesitar más.
Lo que también empezó a crecer y a molestarle fueron los cuchicheos y risitas de los demás estudiantes. Eso le hacía sentirse expuesto e incómodo y a Yuzu también, por lo que sin hablarlo, pero en un acuerdo tácito, ambos jóvenes dejaron de ser tan afectuosos en público. A Tomás le jodió como nunca le había jodido nada en la vida verse privado de eso. Con el resto de sus amigos no le había ocurrido jamás.
Tocaba relajarse pues pronto entrarían en la recta final de los exámenes. Salieron una noche a un club todos juntos, lo que se traducía a un peligroso aquelarre de mujeres locas, más agresivas y mordientes que los propios varones. Los únicos chicos eran Tomás y Yuzu, el resto eran bestias desatadas o lo que era lo mismo: Raquel, Sara, Lola y Carla.
Era divertido bailar y dejarse llevar por el ambiente. Durante un buen rato la bola de nervios no se disipó, no si Yuzu bailaba a su lado y le sonreía mucho. No si movía sus caderas y su culo de esa manera tan delictiva. No si bebía rebañando el borde del vaso con sus labios. No si para poder hablar el japonés se acercaba a su oído y se apoyaba en él con un toque en el pecho. Tomás iba a explotar de frustración no identificada, estrés, nervios, tensión y... oh, una muy notable erección. Estaba empalmado, rodeado de sus amigos y la vergüenza estalló. Se separó un poco para disimular y ante la oportunidad una chica se le acercó.
"Rostro aceptable, cuerpo normal, buenas tetas y dispuesta. Allá vamos".
Comenzó a bailar con ella y a insinuarse, algo muy difícil sintiendo cuatro miradas taladrando su nuca y haciendo un boquete. Tomás trató de concentrarse en la chica, pero le faltaba chispa. Una mano le agarró de la muñeca y le apartó bruscamente.
—Perdona, guapa —era Lola con el cubata en la otra mano—, te lo robo un segundin. —Y estiró de él hasta una columna con cara de pocos amigos.
—¿Qué coño te pasa? —le espetó desorientado
—Me pasa que eres gilipollas —Le apuntó con la bebida en la mano y tragó un sorbo—. Todas hicimos un pacto de no intervención porque estamos hasta los cojones de quitarte la venda de los ojos para todo.
—A mí nadie me tiene que quitar ninguna puta venda. —No entendía la actitud de su amiga y mucho menos su enfado.
—¿Seguro?¿Te recuerdo lo de Gabriel y su falsa amistad?¿Te recuerdo el timo de aquella compañía de teléfonos?¿Te recuerdo lo de Estefanía y tu primera vez, que desde luego no fue la suya?¿Te recuerdo lo de Carlos y lo que andaba diciendo a tus espaldas?¿Sigo?
—¿Y eso que tiene qué ver?
Lola parpadeó atónita.
—¿Te suena de algo Yuzu? —Tomás frunció más el ceño— ¿Hay vida inteligente en esa cabeza tuya?
—Me estoy comenzando a mosquear mogollón. —amenazó el chico a la defensiva.
—¿Sí? Mira que poco me importa. ¿Por qué te vas con esa chica?
—Porque estoy cachondo y ella dispuesta.
Lola le miró perpleja.
—¿Y Yuzu?
—¿Qué con Yuzu? —respondió alterado.
—¡Lola! —El resto del aquelarre, como quería llamarlo Tomás, la clamó desde su posición— Déjalo estar y que se atragante. —dijo Sara.
—Que se le caiga la verga por pendejo y no se le pare jamás. —añadió Carla.
—Ya nos vendrá llorando. —culminó Raquel.
Tomás alucinó ofendido por sus contestaciones. Reparó en Yuzu que tenía la mirada hundida dentro del vaso con semblante serio y un ramalazo de angustia le sobrepasó.
¿Qué se suponía que tenía que hacer?¿No liarse con la chica?¿Por qué tenía que ofender a nadie? Estaba caliente y nervioso desde que cruzaron la entrada del local y necesitaba de un buen manoseo.
—Anda, ve campeón —añadió Lola con sorna—, ve y abduce la boca de esa chavala. Y no te dejes ni las bragas.
Le dio un pequeño pero significativo empujón, aquello era aún más extraño dado sus reclamos anteriores. Y Tomás, que estaba versado en el arte de la oratoria femenina, no pudo sino adivinar que era la típica amenaza/advertencia de quién te dice que no hagas algo pero te invita a ello.
—Da igual, ya me habéis cortado el rollo.
Se reunió con el grupo ignorando a la chica, pero la tensión no se disipó. De alguna manera ellas hicieron por reconducir el estado de ánimo general a uno más distendido, Yuzu sin embargo ya no bailó con él, ya no habló apenas y no le sonrió por el resto de la noche. Tomás sufrió de su lejanía e indiferencia como antes de ser amigos. Luego, cuando se despidieron todos para ir a sus respectivas casas, él trató de acercarse al japonés y éste se despidió cortés y comedido.
Ya en su cama, Tomás sintió la consabida opresión en el pecho. Es que el japonés le ponía nervioso, estaba sintiéndose muy inquieto y necesitaba desfogarse. No hacía mal a nadie, era una salida de amigos y en ningún momento se vetó el poder ligar. Y encima iba súper empalmado. ¿Qué querían?¿Que se paseara entre ellas con la polla rompiendo los pantalones? ¿Que aguantara la cercanía de Yuzu con semejante erección? Eso era muy vergonzoso e incómodo.
*
Creía que al volver a clase todo sería muy diferente, pero no lo fue. Todas se comportaban normal, como si lo del club no hubiese pasado. Yuzu le trataba igual siempre... o bueno, como siempre no. Le hablaba, le sonreía, le preguntaba y hasta se reían, pero no era lo mismo. Tomás lo percibió. Era una sensación mínima y ligera latente en el ambiente. Si Tomás le pasaba el brazo, Yuzu ondulaba sus hombros con suavidad y se lo quitaba. Si él le hablaba al oído, Yuzu se mantenía siempre a dos palmos de distancia. Si él le tocaba la espalda o la pierna, Yuzu se apartaba con disimulo, tanto disimulo que no podría decir si era a propósito o no. Si le enviaba WhatsApps, Yuzu ya no respondía al momento sino más tarde. Y eso era lo normal porque con el resto de sus amigos era así. Cuando Tomás lo invitaba a su casa o a salir con sus amigos del barrio, Yuzu ya no iba siempre, de cada diez proposiciones aceptaba tres.
Era como tenía que ser, la amistad típica y lógica entre dos chicos. La amistad que tenía con todo el mundo. Realmente no había diferencia, pero Tomás notó el agujero abismal: La lejanía y la pérdida de la química y la afinidad exclusiva de ellos dos. Lo extrañó incluso viéndolo todos los días, lo añoró pese a quedar con él fuera del instituto y hasta sus amigos preguntaron por el japonés y si se habían peleado.
No se habían peleado, de hecho, ninguno de los dos era proclive al enfado y el rencor. Pero... Se notó, vaya si se notó.
*Chat de móvil/celular.
(Tomás 💔)
Ey Yuzu quedamos el sábado por la mañana?
(Yuzu)
Lo siento mucho, tengo entrenamiento.
(Tomás 💔)
Y después?
.....
.....
(Yuzu)
Ok se lo diré a las chicas.
"Mierda" pensó Tomás "Yo quería estar a solas con él"
(Tomás 💔)
Hablaba sólo de ti y de mí, sin el aquelarre XD.
....
....
(Yuzu)
Por qué? Hay algún problema con ellas?
(Tomás 💔)
No! No sólo que me apetecía pasar el rato contigo a solas.
....
....
(Yuzu)
Es que me sentiría muy incómodo porque luego por la tarde he quedado con Sara y les sabrá mal, no quiero mentirles.
Tomás frunció el ceño.
(Tomás 💔)
Y qué? No tiene por qué sentarle mal a nadie. Has quedado a solas con Sara y nadie se molesta.
....
....
(Yuzu)
Ok. Termino a las 12. Quedamos por el centro, en los cines.
(Tomás 💔)
Guay
👏👏😘
Yuzu se desconectó enseguida y Tomás se quedó viendo la pantalla con la sensación de que el japonés había aceptado de manera forzosa.
Cuando quedaron a solas el sábado anduvieron por el centro de la ciudad mirando tiendas y tomando algo. Hablaron de todo, la conversación fluía aunque seguía notando la subliminal lejanía de Yuzu. A la hora de comer le propuso un restaurante de comida rápida y el japonés vaciló mirando la hora, pero asintió. Tomás no quería despedirse aún del chico, deseaba pasar todo el día con él y gozar de la cercanía física de antaño. Lo intentó, toques y acercamientos leves que no resultaron; Yuzu le rehuía educadamente. Aquello le frustró como nada.
—¿A qué hora has quedado con Sara?
—A las cinco. —Lo notó bastante inquieto.
—Pues te acompaño y hacemos tiempo.
—No hace falta, Tomás.
—No es molestia, en serio.
—... Bien.
"Mal" pensó preocupado "Ese bien ha sonado forzado".
Pasearon por las calles después de comer y mataron el tiempo haciendo nada y hablando. Yuzu estaba muy pendiente del móvil y escribiendo. Cuando por fin se hizo la hora acudieron al lugar de encuentro. Ver a Sara, Lola, Carla, Raquel y un chico el cual le sonaba vagamente, fue como un jarrón de agua fría. Por lo visto habían quedado a sus espaldas y el chico el cual le sonaba era un amigo gay de Lola.
—¿Estáis tratando de juntar a Luis con Yuzu? —les dijo a Raquel y Sara muy sorprendido y alterado.
—Sí.
—Pero no sabemos si Yuzu es gay. Se puede molestar. —Tomás desde luego se estaba molestando.
Ambas le dieron una larga y significativa mirada de: eres imbécil.
—Yuzu es gay, Tomás.
—Nunca nos ha dicho nada.
—No hace falta, eso se nota y en las conversaciones ha quedado claro.
—¿Cuándo?¿Cómo? Porque yo no lo sabía.
Parpadearon atónitas, se miraron entre ellas y compusieron un gesto de verdadero hastío.
—Madre mía Tomás, bájate de ese árbol en el que llevas comiendo plátanos todo el curso porque tela. —dijo Raquel sonriendo.
—Yuzu sabe que intentábamos juntarlo con Luis y le pareció bien. —aclaró triunfante Sara.
Tomás.exe dejó de funcionar. Error 404. Fail.
"¿Cómo?" Pensó en shock "¿Realmente Yuzu era gay, y había accedido a ser emparejado con ese tal Luis? Se quedó de piedra asimilando la nueva información. Y ahí estaban, dos chicos muy sonrientes, habladores y coquetos. Tomás no bajó de ese estado catatónico hasta que la tarde pasó y él no tuvo ni la oportunidad de cruzar dos palabras con el japonés, el cual parecía muy absorbido por el chico gay.
—El veinticinco de junio hay una prueba de patinaje antes del concurso donde se puede acudir gratis —informó Yuzu a los asistentes—. Tengo la intención de invitar a toda la clase.
—Madre mía, no me lo perdería por nada del mundo.
Tomás seguía en shock pero alcanzó a escuchar. Acudiría, por supuesto, salvo que… Miró a Luis que ya se estaba auto invitando, miró al japonés y a sus amigas. Miró alrededor perdido y sintiéndose de más.
La bola de espinas alojada en su pecho creció hasta su garganta y vientre. Una sensación que le acompañaría el resto del curso.
*
—No sabía que eras gay. —le dijo atrevido a dos días de terminar las clases.
—Bueno —Yuzu se mordió los labios con saña y Tomás observó el gesto absorbido como por una ensoñación—. No es que lo oculte, pero tampoco lo voy pregonando por ahí. Creí que había quedado claro.
—No.
—¿No? —El japonés frunció levemente el ceño.
—No. —reiteró Tomás plano.
—¿Te incomoda?
—No, para nada.
—Hum, bien, me alegro.
Hubo un silencio espeso y cortante.
—Tú y Luis...
—No sé —Se encogió de hombros serio—. Es simpático, pero ya le he dicho a Lola que no me interesa.
—Ah.
Y menudo "Ah", menudo alivio y menudo peso que se quitó de encima.
Tomás esta vez analizó de verdad la situación y sus sentimientos. ¿Estaba celoso?¿Era acaparador?¿Demandante?¿Le ponía incómodo la inclinación sexual de Yuzu?¿Le molestaba no haberse dado cuenta?¿Cambiaba en algo las cosas?
Puede que un poquito bastante.
No, normalmente.
Rara vez.
Para nada.
Sí y mucho.
No debería pero...
Ese viernes apenas durmió.








