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La lista de Eiden

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Sinopsis

»-Tus ojos son arte, Mara. Un arte que me encanta admirar« Durante toda su vida, Eiden se apartó de las personas para que no lo hagan sufrir más de lo que él ya estaba sufriendo internamente. Aquel hermoso chico solo tiene un mejor amigo, aquel al que ama con todo su corazón. Tiene a su mamá soltera y a sus abuelos que viven en un pueblo no tan lejos de su ciudad. Eiden creyó una sola vez en el amor, y le fue mal. Desde entonces ya no quiere saber nada del tema, pero, cuando una extrovertida chica de pueblo, que le encanta hacer amigos y es muy sociable, Las cosas se le complicarán a Eiden al momento de tratar de no enamorarse de ella. Al final, Ella logra su cometido. Gracias Mara por llegar a la vida de Eiden y demostrarle que el amor existe y que los atardeceres no son el único arte que le puede gustar a Eiden. »-Cuando no tenga un atardecer para admirar, observo tus ojos y encuentro un arte más hermoso, uno que sin duda me gusta más que un cielo totalmente anaranjado con los últimos rayos del sol adornando en el horizonte«

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

01

Gracias por aparecer un día cualquiera, y cambiar mi mundo para siempre

— Cesar Ortiz

Las luces de los enormes faros en la carretera y la del auto son lo único que iluminan la carretera. Miraba por la ventana mientras veía los enormes árboles a los lados de la calle, la luna estaba en su punto más alto, se veía delante de nosotros, a través del vidrio delantero del auto.

Mi mamá hablaba sobre el vestido que se había comprado hoy Justo para la ocasión. Nos habíamos mudado a Phoenix, a la ciudad lejos del pueblo en el que vivíamos.

A partir de ahora todo sería nuevo, tendría que empezar de nuevo en una escuela nueva y eso me desagradaba un poco—mucho— . Tenía que volver a acostumbrarme a estar rodeado de gente nueva, empezar a ver profesores, preceptores y gente nueva.

Nunca se me dio bien eso de los vínculos amistosos, en la vida solo tengo un solo amigo y es Eliot, lo conozco desde que tengo ocho años y desde siempre ha sido mi mejor amigo.

Hemos ido al jardín, al primario y al secundario juntos, jamás nos hemos separado, ni hasta hoy. Prometimos juntarnos seguido, estábamos a dos horas en auto así que trataríamos de viajar para vernos.

— ¿haz leído el libro que te compre antes de viajar? — pregunta Romina.

Salgo de mis pensamientos y la miro.

— Mamá, me lo has comprado cinco horas antes de salir de casa, ¿acaso piensas que he tenido tiempo?

Ella suspira.

— Okey, estás de mal humor, lo entiendo — se acomoda un mechón rebelde que cae por su frente — pero vas a ver que la ciudad es hermosa, podrás disfrutar tu vida muchísimo más allí que en el pueblo en donde ya vínicas cada rincón, todos los habitantes sabían tu nombre y tu historia, todos te tuvieron en brazos y ...

La paro.

— Ya, mamá. Ya entendí.

— Pues si haz entendido, entonces cambia ese humor que te traes.

— Chasquea los dedos y lo cambio.

Me cruzo de brazos y miro de nuevo a la carretera.

Escucho un ruido a mi lado y, si, lo había hecho.

— ¿En serio? — vuelve su mano al volante.

Si, había chasqueado los dedos.

— Ahora cambia ese humor, Eiden.

— Está bien.

Y lo que resto del viaje se basó en mi madre hablando de vestidos, zapatos, libros, películas y canciones.

Preste atención como ella lo hacía cuando yo hablaba, nos reímos de a ratos y luego los dos nos quedamos callados hasta llegar a lo que sería nuestro nuevo vecindario.

Las casas son todas de dos pisos. Hay jardines en los patios delanteros. Flores coloridas y en algunas otras, solo pasto adornaba en piso. Algunas otras tenían flores marchitas y su casa se veía apagada.

»Justo así se vería mi casa«

Mi madre manejaba despacio por las calles y trataba de ver cual era la de nosotros. Recorrimos dos largas calles y no encontramos nada, pasamos a la siguiente manzana y por fin encontramos el número de casa que buscábamos.

»892«

Mi madre estacionó el auto en lo que es ahora nuestro paso al garage y luego lo apago. Bajamos y rápidamente nos dirigimos a la puerta de entrada. Mi madre puso la llave que nos había llegado una semana antes por correo y luego entramos en la casa.

Como sabía, estaba vacía. El piso era de cerámicos color beige, las paredes eran blancas, literalmente todas eran blancas. El techo también. Pasamos a lo que sería la cocina y mi mamá quedó encantada.

— ¡Es hermosa! — chilló.

Comenzó a revisar las alacenas con una sonrisa enorme en su rostro.

— ¡Eiden ven a ver!

— Mamá estoy detrás tuyo — contesto.

Ella sigue revisando los estantes y luego camina fuera de la cocina hacia la escalera que lleva al segundo piso.

Yo la sigo, prendo la luz que allí había y subo las escaleras. Llegamos a un pasillo con tres puertas. Una al final, otra sobre el otro extremo del pasillo y otra en el medio. Entramos primero a la del medio, rápidamente supimos que era una habitación, era un tanto grande, genial para mi madre. Luego salimos y fuimos a la de la punta. Esa era la del baño. También, todo era blanco.

Contaba con una ducha, un inodoro, un lavado y un espejo grande arriba.

Salimos del baño y caminamos a la que sería la otra habitación. Al igual que la otra, era grande y tenía una ventana que daba a la casa de alado. Tenía un mini balcón con espacio suficiente para dos sillas.

— Bien, creo que esta es la que obviamente te va a gustar más a ti ya que tienes un balcón y puedes salir a leer y todo eso. Yo me quedo con la otra, me queda un poco más cerca del baño y de las escaleras — mi mamá sale de la habitación y me deja solo.

Me quedo mirando por un rato, recreando ideas en mi cabeza sobre cómo la voy a decorar.

Podría poner un escritorio con mi computadora y libros en el medio. En una esquina mis pinturas colgadas y en la otra mi zona para pintar. El placar a un lado de la puerta, contra la pared que da el cabecero de la cama y listo.

Salgo de la habitación luego de hacer un dibujo mental y voy hacia la cocina, al no encontrar a mi mamá salgo de la casa y la veo agarrando unas cajas.

Voy directamente hacia donde esta ella y la ayudo con la caja grande que sostiene.

— Entra esta caja, y quiero que disimuladamente, cuando estés por llegar al porche, mires hacia la casa de alado y mires a la preciosa muchacha que está mirando hacia nosotros — tomo la caja y frunzo el ceño.

Hago lo que me dice, camino hacia el porche y antes de entrar completamente a mi nueva casa, miro hacia la ventana de la casa de alado. Allí, un par de ojos nos mira desde la oscuridad.

»¿Por qué mi mamá dijo que es preciosa si ni siquiera la vio?«

Dejo de mirar y entro en la casa. Dejo la caja en el suelo y vuelvo a salir.

— Mamá, ni siquiera se le ve la cara.

— Si se le ve, es que a ti ya se te ha afectado la vista.

Ruedo los ojos.

Seguimos entrando las cajas hasta que solo quedan las bolsas de dormir y dos cobijas. Las cosas de la mudanza llegaban en la mañana así que por ahora dormiríamos en estas.

Entramos en la casa y hecho una última mirada a la casa de al lado, esos ojos siguen mirando hacia nosotros, niego y entro.

Con mi madre nos acomodamos en la sala, como estábamos cansados por el viaje, rápidamente nos acostamos y nos dormimos.

Los de la mudanza habían llegado, nos ayudaron a entrar los muebles pesados y luego nosotros le dijimos que las bolsas de ropa y decoraciones de la casa las entraríamos nosotros. Ellos no se negaron, nos dejaron las cosas en la puerta de la casa y luego rápidamente se fueron.

Con mi mamá ya habíamos entrado la mayoría de las cosas, cada uno dejo las bolsas de ropa en sus respectivas habitaciones al igual que las sábanas y cobijas. Tome la caja que tenía mi nombre y un libro dibujado, lo subí a mi habitación y lo dejé a un costado. Luego baje por los cuadros y las pinturas, volví a mi habitación y lo dejé a otro costado.

Volví a bajar para ayudar a mi madre con sus cosas y al terminar en su habitación pasamos a acomodar los muebles en la cocina.

Durante todo lo que resto de la mañana y lo que continuó de la tarde estuvimos moviendo sillones, muebles, colgando plantas y acomodando alfombras. Terminamos exhaustos cuando dieron las seis, mi mamá salió de la casa para comprar algo para merendar y al volver, merendamos y luego seguimos trabajando. Terminamos el living y luego la cocina, ya solo faltaban las habitaciones, pero de eso se encargaba cada uno por su cuenta.

Mi madre puso el florero sobre la mesa y suspiró.

— Juro que esta es la última vez que me mudo — cansada, abre una silla y se sienta.

— Si no nos hubiésemos mudado, no estarías tan cansada por haber movido muebles todo el día.

Romina rueda los ojos.

— Eiden, por favor, deja de ser tan gruñón y vive un poco.

— Como si...

— Calla. Ve, arregla tu habitación y luego iremos a comprar algo para cenar.

Vuelvo a rodar los ojos pero esta vez si hago lo que me dice.

Subo a mi habitación y armo la cama, luego subo la caja de libros a ella, voy sacando primero los diarios y luego saco los libros. Voy hacia el escritorio y los acomodo allí, también pongo una silla en el medio y mi computadora arriba de una manta negra que tengo para que no se me polvoree. Pongo una planta que me compro mi mamá para decorar y al terminar ese sector paso a mi favorito.

Mis pinturas.

Bajo a la cocina y busco un martillo y clavos, al encontrar lo que busco, vuelvo a mi habitación. Clavo los clavos en la pared, cuelgo mis pinturas y luego dejo las herramientas de lado. Busco mis lienzos y pinturas y las pongo en un mini estante que compré antes de mudarme, a un lado tengo una mesita de madera en la cual pongo los cuadros en blanco; los que todavía no pinté.

Una vez que termino de acomodar eso, pasó a la ropa. No me lleva mucho tiempo. Cuelgo las camperas y buzos, doblo las remeras, camisas y pantalones. Pongo mis zapatillas debajo de todo y al terminar suspiro cansado.

Me siento en la cama y sonrío.

»No me había cansado, no había tosido«

Sonrío aún más y luego me tiro en la cama.

Como estaba cansado, cierro los ojos y dejo que el sueño llegue a mi.


Me levanta mi madre en la noche para cenar una pasta que había preparado. Comemos en silencio, los dos estábamos demasiado cansados como para si quiera hablar.

La cena transcurrió rápido, al terminar de comer le dije a mi madre que yo lavaría los platos y que ella vaya a descansar.

Luego de desearme buenas noches dejo la cocina y quede solo. Lave los platos y los acomode en la alacena luego de secarlos.

Al terminar volví a mi habitación. Me recosté en mi cama y, como me había dormido una siesta, no tenía sueño.

Miro mis pinturas y sinceramente no me dan ganas de escribir. El libro que me dio mi mamá no me llama la atención y no quería usar la laptop.

Sin saber que hacer, tomo mi celular y le mando un mensaje a Eliot.

Eliot ; Amigo, a que no sabes quien ha preguntado por ti.

Eliot; SARAH ANDERSON HERMANO, se me acercó por la tarde en el parque y pregunto por ti.

Eliot; La mire de arriba a abajo con cara de asco, al final rodé los ojos en su cara y me alejé de ella.

Eliot; Quien se cree que es la enferma esta, nos ha hecho bullyng desde que tenemos memoria. Puta estupida. Todo mi odio va dirigido hacia ella.

Eliot; Hermanoooooooooo

Eliot; en serio una mudanza te lleva todo el día?

Sonrío al ver sus mensajes y los likeo, luego, respondo uno por uno.

Eidan; Sarah anderson padece de Alzheimer, ¡MALDITA ENFERMA!

Eidan; Le hubieses escupido en la cara, por forra.

Eidan; si, he estado todo el día moviendo muebles y decorando la casa con Romina.

Eliot no tarda en contestar.

Eliot; AL FIN HERMANO

Eliot; Yo no entiendo porque en vez de decirle por su nombre, no pones mi mamá, o mamá, o mi mami, o mi hija. ¡Yo que se! Queda mal que la llames por su nombre...

Eidan; El que tiene mamá le dice como quiere.

Eliot; Vete a la mierda. Por eso Nicole no te quiso y se fue con tu primo, ¡Maldito enfermo!

Si; eso dolió.

Eidan; No hablemos de cosas que duelen mejor. Ahora estoy muy cansado; me iré a dormir. Nos vemos mummy.

Eliot; Vuelve a decirme mummy y juro que te arranco la puta polla.

Río y tacleo un último mensaje.

Eidan; M u m m y

Apago el celular luego de ese mensaje y me quedo pensando en que hacer.

Vuelvo a tomar mi celular y veo la hora, 22:46pm.

Como aún era temprano, me acuerdo que a unas calles de aquí había un lago grande. Me visto con algo más abrigado y salgo de mi casa sin hacer ruido para que mi mamá no se despierte.

Salgo de la casa y camino las cuadras hasta llegar al lago. Allí, la luna se refleja en el agua. Me siento en la orilla y me quedo unos instantes mirando solo el reflejo de la luna.

Y es cuando me acuerdo de la diosa luna. Aquella que le brinda una luz a todas las oscuridades de la vida.

Como les brinda una razón de existir, algo que esperan por mucho tiempo y que al final, cuando llega, los completa en alma y cuerpo, brillan entre sí y todo es color de rosa por siempre.

Durante toda mi vida he estado solo. Siempre supe que encontrar el amor me sería difícil.

En realidad, una vez lo encontré. Me arriesgué y fracasé, entonces, juré olvidarme del amor y sellar mi corazón.

Había una enorme barrera que sería imposible para alguna persona poder romperla.

— ¿a caso no te han dicho que la noche pasada le robaron a un joven aquí?

Su voz llegó.

Mi corazón se aceleró y mi vida se iluminó.

¡Cuéntale a Guadalupe Duarte lo que piensas sobre este capítulo!
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