Apuesta a pérdidas

Sinopsis

Desde ese momento en el que nos juntamos, tú mirada y mi sentido del olfato nos dieron la oportunidad. Una apuesta tonta solo para picarte hizo que encontrara mi motivo para vivir. La pregunta es, ¿lo merezco?

Genero:
Drama/Erotica
Autor/a:
GianKosui
Estado:
Completado
Capítulos:
5
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Lo encontré

—No vas a poder conmigo

—Eres más pequeño que un ratón.

—¡Farsante! Ni siquiera sabes dónde está.

—Claro que lo sé, pero no te lo voy a decir.

—¡Mentiroso!

GAME OVER


Así fue como comenzó el juego entre la gran Mafia que controla gran parte de la ciudad y las Ovejas; un pequeño grupo de niños con ínfulas de ser héroes. Un juego o mejor dicho, una apuesta. Esas palabras fueron clavé.

«El que gane obedecerá una orden como si fuera un perro»

Aquel chico de diecinueve vistiendo como un cincuentón, un muchacho vendado hasta la cabeza, él. Quien se comportaba como un adulto y a la vez como un bebé de cuna, el suicida más buscado a estas alturas de la vida. Uno de los jefes de la Mafia, Dazai. Comparte cuarto con su mejor compañero, juntos hacen la pareja perfecta para la mafia; El doble negro. También conocido por sus conocidos más cercanos como el corazón negro.

Todo por una apuesta perdida, una orden.

«Dame un beso»

—¿Qué? -Se preguntó el chico de ojos azules a la par que se fijaban en la sonrisa de su contrincante.

—Esa es mí orden. Quiero un beso.-Dazai había sido claro y conciso después de ganar aquella pelea en la máquina arcade.

—Pero, yo…, -intento excusarse el que hacían llamar Rey de las ovejas en ese tiempo, aunque no era algo que le gustase. —Yo no…

La puerta sonó, la pequeña campana colgada del techo que había colocado el dependiente, fue quien le salvó por un segundo. Su mirada se dirigió a la puerta y allí los vio. Eran parte de su grupo, un grupo que le había acogido cuando nadie más lo hizo, pero Danzai no vio alivio en sus rostros al oír el nombre del pelirrojo en sus bocas.

—¿Chuya donde te metiste?

—Hola muchachos, estaba…

—Te estábamos buscando, han secuestrado a dos de los nuestros. La Mafia lo hizo.

El hombre con tres cuartos negro cerró los ojos, sabía perfectamente de que estaba hablando, pues él mismo lo había visto. Estaban bien cuidados, Dazai se aseguró de eso cuándo empezó a trabajar con Chuya por orden de su jefe. Solo debían averiguar quién estaba detrás de ese ataque, tenían claro que los muertos no se levantan.

Lo que sucedió a continuación le hizo apretar los dientes.

—¿Cómo que lo tienes controlado? No digas tonterías, tenemos que ir a rescatarlos. Tú poder nos ayudará. Haz lo Chuya.

Abrió los ojos al oírlos. ¿Era eso lo que pretendían? Dazai chisco la lengua en el paladar superior y poco a poco se giró hacia la posición de su ahora compañero de aventuras. Estaba con la capucha de la sudadera negra que portaba, puesta. Sus manos se metían en los bolsillos como queriendo resguardarse de la tormenta que se avecinaba. Se suponía que él era el líder de las ovejas, aunque más bien parecía una ovejíta indefensa rodeada de una manada de lobos salivántes; dispuestos a merendar.

No pudo aguantar mucho más, ese nivel de estrés que sentía del chico se estaba contagiando a sus caderas, hacían que le doliera y odia el dolor. Por ello se pronunció.

—Tenemos trabajo Chuya.

Su tono fue más bien infantil mientras se levantaba, pero si mirada era otra cosa. Su ojo marrón penetraba en lo más profundo de tu alma y arrancaba el motor trabado del muchacho. Le dió valor para simplemente asentir e ir con él.

No dejaba de dar vueltas a la petición del muchacho, cuando se giró. Chuya paró en seco sus pensamientos y caminar, alzó la cabeza ya que era más bajito que el quinceañero aún teniendo la misma edad.

—¿Qué ocurre?

—¿Por qué te dejas llevar así? Puedes hacer lo que quieras con tú poder ¿Por qué?

—¿Y tú por qué te quieres morir?

Todo quedó en silencio, la mirada del castaño se hizo mucho más oscura, un aura de incertidumbre comenzó a envolverlo y por un segundo cerró los ojos. Acarició la mejilla derecha de Chuya con el reverso de la mano y suspiró con suavidad recordando que aún no pagó su apuesta. El pequeño cordero se puso nervioso, el toque frío de su mano hizo que los pelos de su brazo se erizarán, se preguntaba si realmente iba en serio. Eran dos chicos y le había conocido hacía dos días. Pero lo más raro para el pelirrojo era descifrar sus intenciones, parecía interesarse por él pero después; esa sonrisa. Veías esa sonrisa siniestra, esa sed de sangre en su mirada.

Parecía estar acercándose en ese momento, ¿acaso pensaba hacerlo en plena calle? Danzai solo estaba probando sus propios sentimientos. Ese chico que le ofreció matar le sin dolor, de una forma rápida comenzó a pasearse por sus pesadillas nocturnas. Era como tener un ángel o más bien un demonio que te obligaba a pecar. La cercanía entre los dos cada vez era más estrecha, su corazón dio un latido. ¿Por fin? Era posible que lo hubiera encontrado, pero nunca se puede estar seguro. Además Chuya estaba comenzando a avergonzarse, sus mejillas estaban rosadas pero su expresión no anhelaba nada más que su separación.

Dazai simplemente sacó su arma más letal, aquella sonrisa maliciosa de medio lado, su pequeño escudo cuando algo le dolía, le hacía sentir triste. Era lo mejor, ya que eso siempre hacía que la gente se apartará.

Chuya dejó salir el aire por la nariz al ver que se separaba. Comenzarían a caminar otra vez como si nada, pues al final nada pasó. No al menos esa vez.

—¿Y bien? -Preguntó Dazai tras unos minutos andando.

—Hmm, no lo sé. Supongo qué después de estar vagando. No me importa que me utilicen.

—¿No te importa?... Bueno, cada uno hace con su vida lo que quiere.

—¿Y tú? -susurró el pelirrojo mientras daba una zancada más grande para ponerse a su lado y poder mirarle.

—Te lo diré con otra pregunta.

—¿He? Eso no vale.

—Escúchame…¿Tanto valor tiene la vida en nuestro mundo?

Chuya tragó saliva al oírle, eso era. Este hombre no tiene nada por lo que vivir por qué no valoraba la vida. La suya propia. Su tono dejaba claro que solo hablaba de él, pues en lo poco que le conocía había dejado en claro que se preocupaba por los demás. «Las vidas ajenas son más importantes que la mía.» Esa es la clave que sacó aquel pelirrojo de su conversación.

No tardaron en llegar a la gran mansión de uno de los testigos, con suavidad Dazai abrió la verja; se caía a trozos. Ésto los puso alerta, el castaño comenzó a pensar mientras miraba a todos lados con disimuló. Chuya: bueno Chuya era mucho más impulsivo, él comenzó andar al medio del pequeño jardín que llevaba a la casa gritando. Dazai le seguía desde atrás cuando escucharon una gran explosión, la mansión estaba en llamas.

Un solo silbido del mafioso hizo que el rostro de su compañero se girara con rabia. ¿Cómo podía ser tan poco empático? A Chuya comenzaba a darle asco esa actitud, no iba a besar a ese psicópata. Lo tenía clarísimo, lo tenía tan claro, se sumió tanto en aquellos pensamientos que no se dio cuenta del trozo de pared que se dirigía hacia ellos.

Podía haberlo parado con rapidez, su poder de gravedad era su mejor arma pero no le dio tiempo. El propio castaño tampoco entendió que estaba haciendo, antes de que se diera cuenta ya estaba enfrente de aquel chico, le había abrazado con fuerza. Sus pies se movieron para hacerlos caer al suelo cuando su cuenta mental terminó. Fue justo a tiempo, lo había planeado perfectamente desde que dio la primera nota del silbido. Aunque realmente sus cálculos habían dicho que aquel pelirrojo haría alarde de su poder, también había pensado en poder salvarle. Lo que no se imaginaba era que salvarle, iba a doler tanto.

Aquel trozo pasó rozando su espalda, gruñó con fuerza al sentirla. Fue extraño pero al sentir aquel dolor, no sintió miedo por él. Si no por el chico debajo de él, apretó con más fuerza al muchacho al notar el polvo que levantó la piedra al chocar con el suelo.

—¡Oye, oye! ¿Dazai estás vivo?

—Desgraciadamente –susurró aquél chico dolorido.

—Estúpido. Quítate de encima.

—No me puedo mover…, mi espalda…

—¿Qué? Arg, vale voy a moverte yo.

—Chuya, ahora podrías pagarme la apuesta.

—¡Eres idiota!

—Estoy encima de tí, nadie nos ve. Solo tienes que apoyarlos… No te pido nada más.

—¡Tks! Te odió.

—Lo sé…

Aquella sonrisa volvió a salir tras oír que nunca podría pasar nada, daba gracias aquella apuesta tonta pues al menos en esos momentos podría disfrutar de sus labios. Chuya pasó las manos por mi cuello, no pudo utilizar su poder como quería, pues mi propio poder de neutralidad se lo impidió. Fue por eso que solo entornó los ojos, yo cerré los ojos al dolerme la herida que tenía. Fue en ese momento que él aprovechó, para iniciar un beso, definitivamente yo no era su primero. Pero él sí era el mío, por eso Chuya fue quien tomó el control, a pesar de que no quería fue él quien comenzó a devorar mis labios. Yo con torpeza solo intentaba seguir su ritmo.

Mi corazón volvió a latir como la última vez, está vez no solo fue ése músculo el que se dejó ver, por mis mejillas. Los lagrimales comenzaron hacer acto de presencia . ¿Cuándo fue la última vez que lloré,? me pregunté. No quería vivir, cada vez tenía más claro que no quería vivir. Por qué él me odia.

«Le encontré»

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