Mi truco es ser rico

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Sinopsis

Así está la cosa, soy un huérfano noble pobre, sin magia ni reputación. Para cualquier persona seria una situación perfecta para suicidarse. Pero yo no soy ese tipo de persona, la razón es algo que descubrí hace poco, tengo recuerdos de vidas pasadas y una extraña habilidad que me permite tener siempre dinero, es decir, mi habilidad especial es ser rico.

Genero:
Fantasy/Other
Autor/a:
Pigman
Estado:
En proceso
Capítulos:
11
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

1.-¿Un buitre o un cuervo?

Me muevo rápidamente en la oscuridad, esta noche no hay luna, es perfecto, sutilmente ingreso en la casa del conde Morart, es un buen tipo aunque tiene un pasado oscuro, por eso sé que lo busco estará acá. Rápidamente entro a su estudio, sé que es un estudio falso, el verdadero está bajo tierra, sobre el escritorio del Conde hay varias cartas, las reviso y encuentro la que quiero, esa la pongo a parte y me llevo todas las cartas, no quiero que sepan que vine a buscar. Tal como entre me deslizo afuera de la mansión, la seguridad es demasiada laxa, confían demasiado en su barrera mágica, estúpidos, si fuese un asesino ya hubiese tomado la vida del conde.

Me muevo rápidamente hacia los barrios bajos, me mesclo con la gente una y otra vez, dejando que los carteristas se lleven las cartas que no me sirven, mi cuerpo es el de un joven alto de 13 años, nadie se fija en mí , rápidamente desaparezco en la multitud para luego mezclarme en otra y en otra. Mientras lo hago cambio varias veces mi ropa y mi olor, un viejo truco de asesino que aprendí. Cuando me siento seguro entro a una taberna, nadie me presta atención, me dirijo al mostrador y le entrego al tabernero un mensaje, obviamente estoy haciendo de mensajero y es tanto un trabajo real como una tapadera. El tabernero me da dos cobres y una hogaza de pan, le agradezco y me marcho de ahí tan rápido que los “sacudeniños” no me ven ¿Qué es un “sacudeniños”? Son tipos que no quieren trabajar pero si beber, así que agarran a los niños que andan de mensajeros o recaderos para robarles el poco dinero que ganan, suena extraño, pero aquí es más común de lo que parece.

Moviéndome rápido me dirijo al centro de la ciudad, acá el crimen es menor y la escoria va desapareciendo a medida que te acercas al barrio noble, el cual es mi destino. Llego a las enormes murallas blancas y con nerviosismo me acerco a los guardias de turno, es extraño, me da más miedo pasar de forma normal que escabullirme. El guardia me ve y me hace una pequeña reverencia, hago un gesto con mi cabeza y entro. ¿Esperaban que me detuviesen? Pues así seria si no fuese porque este pequeño pertrecho de persona no es solo un niño más, soy un noble y no un noble cualquiera, soy un conde, aunque uno bien especial, soy el Conde Guld.

Hace siglos, la familia Guld se formó y forjo entre la sangre y el acero de las guerras de fundación, es tan antiguo y noble nuestro linaje que el rey cenaba en nuestra mesa y visitaba nuestras tierras para relajarse, pero todo eso no es más que mierda en el camino ahora, desde que la generación de mi tatarabuelo hasta la generación de mi padre solo la cagaron una y otra vez, dejándome sin tierras, dinero o prestigio. Ahora soy el jefe de una familia que no tiene tierras, dinero, prestigio o gente. Es cómico, lo único que tiene la casa Guld soy yo. Aunque eso no quiere decir que estoy en el hoyo, bueno si, pero no es tan profundo, no todos los viejos amigos de la familia me han dado la espalda. Un viejo mercader solía enviarme dinero hasta hace un tiempo al igual que algunas aldeas me envían suministros como agradecimiento de que el abuelo y papa los hayan ayudado a solucionar problemas o porque aún le rinden tributo a la familia aunque sea solo en el papel , al principio enviaban muchas cosas y se terminaba pudriendo, así que envié cartas pidiendo que se turnaran, ellos me llenaron de alagados diciendo que yo era bueno porque a pesar de estar mal quería disminuir su carga, los deje creer eso. También he conseguido un par de aliados en los barrios bajos, aunque depender de ellos puede ser más desventajoso que depender de alguna droga.

Llego finalmente a mi casa, es una enorme mansión amurallada dentro de una cuadra amurallada, antiguamente todo esto y más era de la familia Guld, ahora solo nos queda esta mansión vacía. La mansión se compone de una gran casa de tres pisos, un establo y un edificio de dormitorios para empleados, es masivo para un solo habitante. ¿Los empleados? Huyeron apenas se supo de la muerte de mi padre y abuelo, no sin antes saquear todo que pudieron, así fue como quede solo con tan solo 8 años, varios nobles intentaron adoptarme pero se hizo conocida mi incapacidad mágica y luego el emperador prohibió mi adopción, para todos fue un castigo cruel pero nadie se opuso. Cualquiera se hubiese vuelto loco, trastornado e incluso buscado la muerte, pero yo no. Mucha gente lo recuerda, todos esperaban que me pusiera a llorar, a gritar e incluso suplicar, pero yo solo me digne a mirar al emperador con mis ojos llenos de odio y exclamar “Así sea su voluntad” para luego retirarme del salón a paso firme, mi única gran victoria frente a ese imbécil del emperador fue ver su cara de asombro y miedo, si, aunque solo fueron unos segundos ese gran y majestuoso hombre le tuvo miedo a un muchacho de tan solo 8 años. ¿Pero porque no rogué? Porque sabía que de nada serviría, esto era parte del juego enfermizo de la nobleza y rogar solo me hubiese debilitado aún más ¿Qué era maduro para mi edad? Para nada, casi me orino en los pantalones, pero tengo un secreto, bueno dos. El primero es que de vez en cuando escucho algunas voces en mi cabeza, siempre que las escucho aprendo algo, desde cómo comportarme correctamente en la mesa hasta como saltar de un techo a otro sin sufrir daño alguno, es extraño lo sé, pero gracias a eso he podido sobrevivir, ya sea cocinando, negociando e incluso robando. Esto no ha venido gratis, la gente me llama el “Conde negro” y en el pueblo llano hay historias raras sobre mí, desde que soy vampiro hasta que devoro las almas, me gustaría ver sus caras al saber que más de la mitad de esas historias las invente yo.

Sonrió, pongo todo el queso y jamón que queda en el pan que conseguí, hoy malgastare mis recursos porque hoy es un día de celebración. Hoy cumplo los 13 años, lo que legamente me hace un adulto en el Imperio, desde hoy ya no hay un fidecomiso en las propiedades de la familia Guld y todo lo que compre será para mi ¿Qué no estoy en la ruina? ¿Con que dinero comprare? Pues aquí es donde actúa mi segundo secreto, sonrió mientras juego con una moneda de cobre en mi mano, al poco tiempo hay dos, luego cuatro, luego ocho y así hasta que piso de la habitación se inunda de monedas de cobre. Este es mi segundo secreto, uno que aprendí hace muy poco, puedo duplicar cualquier mineral que toque, pero no solo eso, con entrenamiento he aprendido a copiar perfectamente sus cualidades, forma y tamaño, es decir que si quiero puedo copiar infinitamente cuchillos, monedas y cosas hechas de metal, es decir, mi habilidad secreta, mi truco es ser rico, siempre y cuando pueda tocar las monedas claro, sonrió y luego rio como maniaco, cuando amanezca no solo comenzara un nuevo día, sino también una nueva leyenda sobre la familia Guld.

Camino fuera de la habitación, las monedas se desbordan, ve el espejo del salón, el cual está pegado en la piedra y por eso no pudieron robar, la imagen que me devuelve es todo menos guapa. Soy un muchacho alto de cuerpo fornido, mi espalda no es recta y si no me paro bien mi cabeza queda a la altura de mis hombros, mis ojos y cabellos negros combinan bien con mi gran nariz que recuerda al pico de un ave rapaz, si tuviese que compararme con un animal, sería un buitre, un buitre que vuela sobre el imperio esperando alimentarse de su cadáver, sí, eso es, Soy Alex Guld, un buitre hambriento, un buitre que una vez asusto al Emperador.